Capítulo 10: El Lejano Oeste.

Kukui logró conseguir un taxi Tauros. El profesor y el par de jóvenes se sentaron en el asiento con sus pokemon en el regazo. Anduvieron por las transitadas calles hasta el centro de la ciudad, pero su destino de ese día no estaba en ciudad Heahea. El conductor tomó un desvío y salieron de la ciudad por una calle. La disminución en la cantidad de personas y Pokémon así como el cambio del paisaje fue abrupta. Fue una salida rápida del ajetreo de los turistas que fue reemplazado por un paisaje silvestre. El sendero dejó de ser pavimentado. Ash veía emocionado a los Pokémon salvajes andar libremente. La única distracción que tenía era Pikachu y su insistencia por agarrar alguna de las colas del Tauros que los trasportaba. Cada vez que se lo impedía se ponía un tanto desanimado. Lillie sacó de su maleta un juguete que le había gustado a Pikachu en la tienda. Constaba de un palito de plástico flexible con plumas en su extremo. Estaba destinado para otras especies de Pokémon, definitivamente no para los roedores. La chica lo agitó y Pikachu lo trataba de atrapar con su patita. Un pokemon roedor comportándose cómo uno felino era algo inusual. Ash jamás lo había visto así.

Siguieron su trayecto por la ruta 4 hasta que llegaron a su destino. No duraron mucho, pero soportar el terreno irregular y la ruta llena de curvas hizo de ese viaje algo agotador. Los jóvenes bajaron y estiraron sus músculos. Kukui le dio una buena paga al conductor por llevarlos fuera de la ciudad Heahea. Ash soltó otro de típico boqueo de asombro al ver el lugar. No era parecido en nada a Hau'oli o Heahea. Era un pueblo con casas de madera y las calles sin pavimento.

– ¡No me esperaba un pueblo al estilo de vaqueros! – exclamó Ash -. Hay muchos de estos en Kanto, pero ¿qué más da? No deja de ser genial.

–Has tenido la impresión adecuada – le dijo Kukui –. Este es el pueblo Paniola, que significa vaquero.

Tan sólo pasar la entrada pudieron ver que las personas se agrupaban en las terrazas de las casas a lo largo de una larga calle que cruzaba todo el pueblo.

–Parece que llegamos en el momento indicado – dijo Kukui y condujo a los chicos a un lado de la vía.

Entonces vieron que en cada extremo de la despejada calle salieron dos personas caminando hacia el centro. Todos guardaron silencio repentinamente. Pero encendieron un equipo de sonido que reproducía la melodía de The good, the bad and the ugly. Ellos siguieron caminando lentamente. Tenían vestimentas de vaqueros ¿Acaso iban a tener un duelo de pistolas? Ash tenía el anhelo de no volver a ver más nunca en su vida un arma de fuego. Tenía malos recuerdos de las veces que le apuntaron con alguna. Su sorpresa aumentó cuando reconoció a uno de los vaqueros. Estuvo al borde de gritar y detenerlo. No quería ver a uno de sus conocidos herido… pero por otro lado quizá estaba mal entendiendo la situación. Había pasado un momento embarazoso aquella vez cuando confundió el lente de una cámara con la mira de un rifle ¡No sabía que hacer! El profesor Kukui parecía muy tranquilo. Y no creía que él era el tipo de persona que aprobara ese tipo de competencia… aunque Lillie se veía muy nerviosa.

Los dos vaqueros llegaron al centro del pueblo. Ash suspiró de alivio. En sus cinturones tenían Pokébolas en lugar de revólveres. Siguió mirando con atención. Ellos movían sus dedos esperando el momento… la música dejó de sonar. Rápidamente, tomaron una de sus Pokébolas y las abrieron sin soltarlas. Uno de los Pokémon pudo ejecutar un Triataque justo antes de que dejara de brillar. El rayo, el fuego y el rayo de hielo golpearon al adversario que era un Clawitzer. El Pokémon de agua cayó de espalda e inconscientemente disparó un ataque de Hidropulso al aire. La esfera de agua luminiscente se elevó y en su punto más alto explotó. El agua cayó como una llovizna. Pero eso no molestó al Pokémon ganador considerando su tipo. El Dugtrio agitó elegantemente sus tres cabezas y sus rizos dorados desplegaron gotas brillantes de agua. Las personas vitorearon. El ganador sacó de debajo de su poncho un collar con un amuleto idéntico al de los Meowth y le dio un beso.

– ¡Qué velocidad! – gritó Ash.

–Es un duelo del ataque más rápido – dijo Kukui–. Todo acaba al primer ataque que impacta.

– ¿Pero para qué le puso peluca a su Dugtrio?

–No es una peluca Ash-. Le dijo Lillie. Rotomdex prosiguió con su explicación.

Dugtrio. Forma Alola. Tipo tierra y acero. En la región de Alola se venera a Dugtrio como la encarnación de una divinidad de la tierra y se le profesa sumo respeto. De hecho, los habitantes de Alola se arrodillan y hacen una reverencia si ven alguno asomar sus cabezas desde la madriguera. Los filamentos del Dugtrio de Alola brillan como el oro y, además de ser flexibles, son duros y resistentes, al igual que los de Diglett. No cesan de crecer, aunque a un ritmo muy lento, y está prohibido arrancárselos, son pena de un supuesto castigo divino. Curiosamente, numerosos turistas regresan a Alola para devolver los que se llevaron durante sus vacaciones.

– ¿Pero eso significa que le pasará algo malo?

–El deberá estar bien – dijo uno de los pueblerinos – El Dugtrio lo ha elegido por voluntad propia. Y no era de esperarse menos, él se ha vuelto famoso en toda Alola al ayudar con la plaga de Rattata y Raticate.

–Oh cierto, él era agente de control de plagas… o algo así…

Ash vio que el vaquero perdedor le dio al ganador un grueso fajo de billetes. Tal y como vio cuando lo conoció un Diglett se asomó del tope de su sombrero. Sin embargo, este no era un Diglett común. Era de un color dorado. Ash vio con asombro aquello, no lucía como el dorado incandescente de la armadura trueno de Pikachu. Era como el dorado de aquél Sudowoodo con el que vivió un incidente en ese otro pueblo vaquero.

-Vaya cuantos recuerdos, no Pikachu?

–¡¿Ese es un Digglet dorado?! – Rotomdex salió volando hacia aquel vaquero para tomarle fotos - ¡Espere! No está pintado, verdad? ¡Eso sería fraude! ¡Rotom!

Ash quiso acercarse, pero la multitud se apartó abriéndole paso al vaquero y bloqueándolo a él. No pudo ver lo que ocurrió. Sólo alcanzó a distinguir un resplandor y luego un grito.

– ¡Corre cómo el viento! ¡Mudsdale!

Un Pokémon cuadrúpedo relinchó y salió a trote del pueblo levantando el polvo. Ash lamentó no poder haberlo saludado.


Al norte de Pueblo Paniola se encontraba un rancho. Era muy amplio. Ash caminaba por un sendero marcado por cercas. Veía extensos campos de heno y campos de pastar para Pokémon. Podía ver Tauros y Miltank por todos lados. Pero había una tercera especie que no identificaba. Por fortuna había uno cercano a la cerca. Ash caminó hacia él Pokémon que pastaba… pero en realidad el cuadrúpedo estaba comiendo lodo.

Mudbray. El Pokémon asno. Tipo tierra. Es de naturaleza testaruda y amante de hacer las cosas a su propio ritmo. Se pasa el día comiendo arena y chapoteando en el lodo.

–Oh ya veo.

El Mudbray levantó su cabeza y movió su nariz. Acto seguido estornudó escupiéndole lodo en el rostro a Ash y Pikachu. Rotomdex les tomó una foto con propósitos científicos. Luego de limpiarse continuaron su camino de acuerdo a las indicaciones que le dieron. El profesor Kukui y Lillie se quedaron revisando algunos Pokémon que le hacían seguimiento en su condición física y que además estaban por desovar. Según le dijeron Hala había preparado una sorpresa extra para el joven de Kanto. En los límites del territorio del rancho Ash vio una pista ovalada. Al tener su destino a la vista emprendió la carrera. Aunque al principio no vio a nadie. Caminó por los alrededores y fue entonces que pudieron ver a alguien cerca de una fogata y un caldero. Lo siguiente que percibió fue un exquisito aroma que hizo a Ash y Pikachu levantar narices y babear. Siguieron el resto del camino casi flotando.

–Huele delicioso – dijo él.

La chica que no se había percatado de la presencia de Ash dio un brinco y derramó un poco del contenido de su cucharon sobre su overol. Lo que parecía una fruta a su lado saltó para darle un empujón a Ash en el pecho. Liberó un aroma dulce que se superpuso al primer olor. La mochila de Ash se agitó y Rowlet salió volando. Giró su cabeza a todos lados frenéticamente hasta que vio la fuente de esa dulzura y se abalanzó en picada. La criatura se defendió haciendo girar las hojas de su cabeza como hélices. Golpeando así a Rowlet con fuerza y mandándolo a volar en dirección opuesta ¡Era un Pokémon!

Bounsweet. El Pokémon fruto. Tipo planta. Siempre está emitiendo delicioso aroma desde su cuerpo, atraídos por su aroma muchos Pokémon voladores lo confunden con una baya.

–Ah perdona, no quise asustarte – se disculpó Ash.

–Oh no te preocupes – dijo ella volviendo a colocar el cucharón en el caldero y se limpió con un pañuelo las gotas blancas en su ropa. La chica era de piel morena y ojos verdes. Su largo cabello de color verde estaba amarrado en dos coletas. Llevaba puesto un overol debajo teniendo una camisa rosada sin tirantes y una cinta en la cabeza con un adorno de flor.

–Lo que estás cocinando huele muy rico – el joven se asomó y vio que era una espesa sopa blanca.

–Bueno, no es un platillo propiamente dicho – respondió ella–. Es salsa blanca. La leche Moo-moo es lo mejor para su preparación. Estoy probando una variación en la receta – Ash y Pikachu la miraron con ojitos brillantes y un hilo de baba saliéndose de su boca – Eh… ¿quieres probar un poco?

Esas fueron las palabras que querían escuchar. La chica sacó de su mochila tostadas, frituras y otras cosas con las que esa salsa servía bien de acompañamiento. El entrenador y su compañero comieron gustosos las botanas que les ofrecieron.

–¡Estuvo muy rico! ¡Gracias! – dijo al terminar, sobándose la barriga. La chica le sonrió complacida –. Por cierto, soy Ash Ketchum de pueblo paleta. Este es mi compañero Pikachu y mi nuevo amigo Rotomdex.

Ella quedó fascinada al saber que era una enciclopedia Pokémon viviente, pero luego cayó en cuenta del nombre de él.

–Ah tú eres Ash. Hala me envió una carta hablándome de ti. Mucho gusto. Soy Mallow – ella se puso de pie –. En este lugar del rancho se toman los cursos para obtener la licencia de Pokémonturas y él quería que tomaras el curso.

–¿Pokémonturas?

La chica volvió a buscar algo en su maleta y sacó dos aparatos rectangulares de color verde claro y una esfera plateada encajada en un extremo. Le ofreció uno a Ash. Lo recibió un tanto confundido. Ella continuó con su explicación.

–Este es un Ride Pager. Verás, en Alola existen leyes que no permiten a los entrenadores montar a sus Pokémon a no ser que cuenten con licencia, Pokémon certificados y equipo de protección.

–¿Lo dices en serio? Es la primera vez que escucho algo así– Ella volvió a tomar el aparato de Ash y le invitó a que se colocara de pie y extendiera sus brazos a los lados. Presionó un botón y el aparato produjo un láser alargado que alumbró a Ash de pies a Cabeza. Como un escáner– ¿Y eso para qué?

–Ya verás – Mallow le devolvió el aparato y le indicó que lo encendiera. Ash lo hizo sin entender y todo a su alrededor se volvió luz.

Antes de que pudiera percatarse toda su vestimenta había cambiado. Estaba usando un traje muy ceñido negro y amarillo de cuerpo entero junto con guantes, coderas, hombreras, pechera y un casco.

–Ese es tu equipo de protección. El escáner es para saber tu talla y que se te transfiera uno. Siempre debes usarlo si quieres montar sobre algún Pokémon.

–¡ESO FUE ASOMBROSO! – Gritó Ash a todo pulmón– pero espera, ¿Qué pasó con mi ropa?

–Se encuentra almacenada. Algo parecido a cómo las Pokebolas contienen a los Pokémon. Sólo debes cancelar la orden y volverás a tenerla.

–Ah bien… no me quedaré desnudo por accidente, o si?

La morena pensó un momento su respuesta rascándose la mejilla un tanto incómoda.

–Las probabilidades de que eso ocurra son las mismas a que un Pokémon no regrese a su pokebola luego de que el láser rojo le dé. Ósea, casi imposible.

Mallow tomó su propio Ride Pager y oprimió el botón. Ash vio como una esfera luminosa de luz la rodeaba y al siguiente instante apareció con un equipo igual. Sólo que su traje era rosa y negro.

–Empezaremos con el básico – indicó Mallow – abre el menú de Pokémonturas y selecciona las terrestres.

Siguiendo las indicaciones que le daba Mallow el joven de Kanto movía su dedo en la pantalla táctil del aparato. Al final produjo un pitido. Luego tomó la esfera y la desencajó. Resultó que era una Pokebola. Una que Ash nunca había visto. Al abrirla desplegó un brillo amarillo y un Tauros ensillado se materializó. Ash se acercó y acarició la cabeza del toro.

–No debes preocuparte porque se ocupe un cupo en tu equipo de seis. Las Pokémonturas no cuentan, pero pueden luchar en tanto sea para preservar tu seguridad en el campo. No en batallas contra otros entrenadores.

Antes de que Mallow le diera otra indicación Ash ya se había subido sobre el Pokémon.

–¿Entonces hacemos una carrera? – preguntó él.

–¿Eh?

–¡Arre!

El Tauros mugió con fuerza y salió corriendo a trote. Rápidamente Mallow llamó a su propia montura y salió detrás del chico. Le gritaba constantemente que se detuviera, pero no hacía caso. Decidió entonces alcanzarlo… no contó que el manejo de Ash era muy bueno. Dejó entonces de gritarle y se concentró en su propia manejada. Los dos hicieron varias vueltas a la pista. Hasta que Ash notó que su Tauros se cansaba. Jaló el manubrio indicando que se detuviera.

–Buen trabajo amigo – le dijo sobándole la cabeza. El Tauros volvió a mugir, con alegría.

– ¿Quién lo diría? Eres bueno – comentó Mallow llegando a su lado.

– He montado muchos tipos de Pokémon en tierra, nieve, agua y aire sin mencionar las veces que estaba sobre una patineta siendo jalado por ellos – Infló su pecho con orgullo y le dio un golpecito a su pechera.

–¿Ah sí? –Mallow sonrió un tanto irritada. Olvidándose de su posición como instructora – probemos con el resto de Pokémonturas entonces.

Siguieron compitiendo en la pista con otros Pokémon. Ambos estaban muy parejos y con el espíritu competitivo al tope. La experiencia de Ash le ayudaba a entender y dominar rápidamente las diferentes modalidades terrestres. Al final quedaron tan cansados como los propios Pokémon. Regresaron los últimos a las Pokebolas plateadas. Mallow suspiró profundamente.

–Hace tiempo que no montaba tanto para sentir entumecimiento – dijo mientras se sobaba los glúteos.

Ash se sobaba su rugiente estómago.

–¿Será mucho pedir un poco más de comida? – preguntó, apenado.

Mallow soltó una risa nasal y accedió. Creía que se la había ganado. Volvieron a sus vestimentas normales y la chica sacó el resto de su equipo de cocina para preparar algo.

–Dime Ash… ¿tienes una meta en específico?

–Por supuesto, quiero ser el maestro Pokémon más fuerte.

–Vaya, ese es un sueño muy ambicioso.

– ¿Y qué hay de ti Mallow?

– ¿Yo? Mi familia ha sido dueña de un restaurante familiar por muchas generaciones seguidas. He decidido que me volveré la cocinera número uno de la región de Alola y haré conocer el nombre de mi familia. Para eso quiero dominar recetas ancestrales y trato de mejorarlas o crear unas completamente nuevas.

Ash boqueó en euforia.

– ¡Ese sueño suena tan delicioso! – gimió el joven. Luego, sin previo aviso tomó las manos de Mallow. Sorprendiéndola – ¡Tienes todo mi apoyo! ¡Me encantaría probar todas tus recetas nuevas y viejas!

Mallow quedó en silencio un momento y luego sonrió.

–Claro – le correspondió el agarre de manos – Cuento contigo Ash.