Chan chan chaaaan! Aquí está el nuevo capítulo. Ya solo queda el último. Espero que os guste.
Hetalia no me pertenece. Es propiedad de Himaruya.
-¡Brindemos! – decía un acalorado Gilbert subido en una mesa, con la quinta cerveza en la mano - por el fin de estos horribles exámenes.
-¡Y por las vacaciones! – gritaba eufórico Antonio. Desde que Lovina le había propuesto el plan de navidades no había parado de sonreír ni un instante.
La música sonaba a todo volumen en la sala común de la residencia. Yo me resistía a beber pero Francis no paraba de rellenarme la copa. Isabel bailaba encima de un sofá con Emma, Francesca se entretenía molestando a Arthur mientras la americana saltaba encima de otra mesa intentando subir a su hermana Maddie con ella. Básicamente, todo el mundo se divertía. Hasta el macho patatas parecía feliz, aunque no sé si era por el fin de exámenes o por Felicia, que no paraba de abrazarse a él y cubrirle las mejillas con tiernos besos.
La fiesta se alargó hasta bien entrada la noche. Solo unos pocos aguantamos hasta el final, con la ayuda de unos cuantos tragos.
-Nosotros nos vamos ya – Gilbert cogió en brazos a Mariazel y se tambalearon un poco – que a esta se le ha subido la fiesta a la cabeza y necesita descansar – Austria le agarró la cara y le plantó un beso muy distinto al casto y tímido de la otra vez.
-Yo no estoy cansada, pero me apetece más seguir la fiesta arriba – Prusia se sonrojó levemente, pero al tener la piel tan blanca se le hizo muy notable.
-Bu-bueno pues eso, que tenemos prisa – Y ambos desaparecieron de la sala.
Me acerqué a Antonio que estaba medio dormido encima de Lovina y le dí un puñetazo en la tripa.
-Oye bastardo, te recuerdo que mañana temprano tenemos que coger un vuelo, así que deja de hacer el gilipollas y vete a tu habitación ya.
Antonio se frotó los ojos y asintió ligeramente con la cabeza. A diferencia de este idiota, Isabel hacía rato que se había ido a dormir. Subí a mi habitación a descansar. Mañana iba a ser un día largo.
Eran las siete de la mañana, y ahí estábamos los cuatro, corriendo al aeropuerto porque nuestro vuelo salía en una hora, y obviamente, nos habíamos quedado dormidos. No sé cómo, pero conseguimos llegar a tiempo y no hubo ningún otro disgusto. Ya estábamos rumbo a Roma, la ciudad en la que más seguro me sentía.
Allí se acabaría este juego de niños.
El vuelo fue tranquilo, para mí. Al coger los billetes con tampoco tiempo no pudimos coger los asientos juntos, con lo que uno de nosotros tenía que ir solo. Decidimos sortearlo y le tocó a Isabel pero obviamente, como buen caballero que soy, me cambié con ella. Me pasé tres horas de avión mirando cómo el bastardo de Antonio se reía sentado entre esas dos bellezas. ¿Por qué la vida era tan injusta conmigo?
Aterrizamos sobre las once, cogimos las maletas y pedimos un taxi para llegar hasta la ciudad. Increíblemente me volvió a tocar ir sentado solo y al idiota acompañado, pero juro que la suerte del bastardo se le acabaría algún día, me encargaría de ello personalmente.
El camino era largo, así que me entretuve mirando por el espejo cómo ligaban Antonio y Lovina mientras Isabel les observaba conteniéndose la risa. Me quedé un instante mirándola. Esta vez nada de juegos adolescentes, ni de ponerse nervioso, ni de nada, antes de que terminen las vacaciones…no, antes de que acabe el año le diré lo que siento. Si sale mal, tendré unos días para asimilarlo antes de tener que verla en clase todos los días y si sale bien… tendré unos días para disfrutar de ella las veinticuatro horas. Un plan perfecto.
Por fin llegamos a casa, hogar dulce hogar.
-Vaya, cómo ha cambiado esto desde la última vez que estuve aquí. ¿Habéis ampliado la casa?- Antonio ya había comenzado a toquetearlo todo como de costumbre. Le quité un valioso jarrón de las manos.
-Sí, al enterarnos de la noticia de que ahora íbamos a ser dos, llamamos para que nos hicieran una pequeña obra.
-Si a esto lo llamas tú "pequeña obra"… en fin, ¿dónde dejamos las maletas?
-En vuestra habitación, es por aquí venid - Lovina emprendió el camino por las escaleras. Antonio se adelantó y le cogió su maleta – No necesito que me la lleve… - el español se giró y le guiñó un ojo haciendo que se quedará callada y siguiera subiendo las escaleras detrás de él. Me dispuse a hacer lo mismo.
-Trae Isabel, eres mi invitada así que no debes cargar.
-¿Te crees que te va a funcionar el mismo truco? – Me dirigió una mirada pícara – Me esperaba mucho más de ti la verdad – cogió su maleta y siguió andando.
Me encantaba la forma en que se movía, parecía que lo hiciera al ritmo de una canción que solo ella pudiera escuchar. Cuando descubrí que me había quedado solo en el pasillo, fui tras ellos. El reparto de las habitaciones quedó así: Lovina y yo cada uno en la nuestra, Isabel en la de Felicia y Antonio en la de Feliciano. Mi hermano y ¿mi hermana? tienen su casa propia en Venecia, pero son las habitaciones que usarán cuando vengan aquí.
- Bueno, Lovino y yo habíamos pensado en ir a ver unas cosas… y eso que… nos vamos.
-¿Qué mierdas dices bastardo? No habíamos quedado en na… - no pude acabar la frase cuando Antonio ya me había arrastrado hasta la calle – Maldito subnormal, ¿es que me quieres joder todos los planes? Pensaba llevar a Isabel a…
-¿Comprar regalos?
-¿Qué? – le miré extrañado.
- Supuse que pondrías esa cara. Y te aclaro que no te estoy molestando, te estoy salvando de un fracaso. Mañana es navidad, necesitarás un regalo ¿no? No me digas que se te había olvidado – Mi cara lo contestó todo – Lo ves, en realidad soy un genio.
-Y… ¿en qué tipo de regalo habías pensado? – me dolía reconocerlo pero necesitaba su ayuda o era hombre muerto.
-En uno muy especial – su mirada de duendecillo maligno no me inspiró nada bueno.
Caminamos un rato en silencio, no uno incómodo, entre Antonio y yo nunca existieron de esos, sino uno de complicidad. Ambos teníamos la misma misión que cumplir, encontrar el regalo perfecto para ellas.
-¿Cuándo vas a declararte a Isabel? – España rompió la calma.
-¿Cuándo se lo dirás a Lovina? – respondí devolviéndole su ataque.
-Mañana por la noche – le miré sorprendido – después de la cena, le daré el regalo y le expresaré lo que siento.
-¿Expresar en qué sentido?
-Vamos Lovi… un mago nunca puede desvelar sus trucos.
Le odiaba y envidiaba a la vez. El bastardo tenía el valor que a mí me faltaba para lanzarme. Llegamos a la via del Corso y nos metimos en la primera tienda. Comenzamos a mirar la ropa, la verdad es que no tenía ni idea de qué regalarle, ¿un bolso?, ¿unos zapatos?, ¿un vestido?, ¿algo de joyería?... eso sería demasiado o ¿quizás no? Dios… no soy nada bueno en estas cosas.
-Romano, ¿qué te parece esto? – España apareció con un conjunto de lencería bastante provocador en la mano. La verdad es que la palabra "bastante" se quedaba corta – Yo creo que les quedaría muy bien, además lo tienen en varios colores. El granate para Isabel y el rosa para Lovina ¿qué opinas?
No sabía que decir, obviamente no podíamos aparecer con semejantes regalos a no ser que quisiéramos acabar muertos pero… a decir verdad… la idea era tentadora. Por culpa de Antonio ahora tenía la imagen de Isabel con ese conjunto puesto y… no me dejaba pensar con claridad.
- T-tú ¿eres idiota? – mi sonrojo era más que evidente – guarda eso, es vergonzoso que te vean cogiendo eso – me apresuré a quitárselo de las manos pero Antonio se apartó divertido.
- ¿No me digas que de verdad te lo has imaginado? Lovino, no conocía esa faceta tuya tan pervertida… - mi sonrojo se acentuó más y mis instintos asesinos también.
-Disculpen, ¿necesitan ayuda? – el dependiente de la tienda nos interrumpió y ambos nos quedamos como estatuas. Toda la tienda nos estaba mirando y no me extraña porque éramos dos idiotas peleándonos por un conjunto erótico de mujer.
-N-no, no se preocupe, ya nos íbamos. – Le di un puñetazo a España para que me siguiera y salimos de la tienda - ¿Tienes idea del bochorno que me has hecho pasar? Aquí todos me conocen, ten más cuidado bastardo de mierda – Antonio me ignoró por completo y comenzó a caminar hipnotizado hacia una tienda.
-Lovi, creo que hemos encontrado la solución a nuestros problemas.
Miré el cartel de la tienda y no pude evitar sonreír. Estaba salvado.
-Llegáis tarde, la comida se ha debido quedar helada – gritó Romana en cuanto España y yo cruzamos la puerta.
-No te preocupes Lovi, la caliento en un momento y la sirvo – se oyó decir a Isabel desde la cocina.
Comimos unos deliciosos espaguetis con tomate. Era una situación extraña estar los cuatro ahí juntos, cuando hace apenas unos meses ni siquiera sabíamos que ellas existían, y ahora significaban tanto para nosotros. Pero era una situación que me gustaba, por una vez sentía que encajaba, que ese era mi lugar. Al terminar de comer, Antonio y Lovina fueron arriba a echarse una siesta. No pensaba dejarles a los dos allí solos pero Isabel insistió en ir a tomar un café conmigo y dar un paseo después.
Fuimos paseando hasta llegar a un café de la plaza Navona. Caminábamos cogidos del brazo y hablando de cosas sin importancia, pero eso era lo de menos. Ojalá siempre pudiera ser así, los dos solos, hablando de cosas banales, sin preocuparnos de asuntos de estado ni mierdas de esas. Tan solo disfrutando de la compañía del otro. Pero eso no dudaría para siempre, cuando acabe el curso volveremos a nuestro asqueroso trabajo como representantes y pasaremos a vernos un par de veces al año. Era algo a lo que realmente temía. Me había acostumbrado a ella, a tenerla a mi lado, y si me la arrebataban… no podría soportarlo.
Iba perdido en mis pensamientos cuando comencé a darme cuenta de que todos los hombres con los que nos cruzábamos se giraban para verla. Y no a mirarla como "Oh, es una mujer hermosa" sino con verdaderas caras de deseo. La devoraban con los ojos. Eso me hizo alegrarme y cabrearme a la vez. Aproveché la ocasión para rodear su cintura y demostrarle a todos que Isabel estaba conmigo. Me encargaría de protegerla de pervertidos como ellos costara lo que costara.
Llegamos al café y nos sentamos en una mesa al lado de la cristalera de la entrada. Nos atendió una camarera bastante mona y muy encantadora que por la manera en que me miraba y hablaba, quería ligar conmigo. Bueno, es algo inevitable, soy un hombre muy atractivo y con mucha clase.
-Por lo que veo, aquí el servicio es muy…amable – Isabel miraba de reojo a la camarera, que hablaba con una de sus compañeras y señalaban a nuestra mesa.
-¿Estás celosa? – decidí jugar un rato con ella.
-¿Celosa yo? – se echó a reír nerviosa - ¿por qué debería estarlo? Solo es una niña.
- ¿Entonces estás tranquila porque esta no te puede hacer competencia?
-Exacto, esta no me llega ni a la suel – Isabel se calló de golpe. Había metido la pata al reconocer aquello. No pude evitar sonreír para mis adentros. Me acerqué a ella y la miré fijamente - ¿Qué miras Lovi? – un leve sonrojo se dibujó en su rostro. Estaba un poco tensa así que decidí relajar el ambiente.
-Nada, simplemente creo que deberías estar contenta de que un chico tan guapo y ligón como yo haya elegido estar contigo en lugar de ir con otras – lo dije en un tono bastante cómico lo que, como esperaba, la hizo reír. A partir de ahí, la situación volvió a su cauce habitual.
Después del café fuimos a patinar sobre hielo. Era algo que realmente no quería hacer pero Isabel insistió mucho, y a ella no le podía negar nada. Si tuviera que definir ese episodio con una palabra sería "pesadilla". La verdad es que no tenía ni idea de patinar así que me pasé más tiempo en el suelo que de pie e Isabel más riéndose que patinando. Pero a pesar de toda la humillación, fue genial. Cada vez que me caía me enfadaba conmigo mismo, pero levantaba la cabeza y la veía ahí, a mi lado, tan feliz, que me era imposible poner mala cara. Vistos desde fuera debíamos vernos como una pareja. Al terminar, Isabel quería que fuéramos al cine a ver una peli de miedo italiana, para comparar si asustaban más las suyas o las mías, pero, al ver mi cara de agotamiento, decidió que lo mejor era volver a casa. Cuando llegamos, Lovina y Antonio no estaban, habían dejado una nota que decía "Hemos salido a comprar las últimas cosas para la cena de mañana" y abajo se veía otra frase que podía distinguir a la perfección que era de Antonio "No nos esperéis para cenar".
-Por lo visto van a tardar. Si quieres ve duchándote y voy preparando la cena.
-Lovi no te preocupes, ya la hago yo. Además después del patinaje – se le escapó una risita – debes de estar agotado.
-Eres mi invitada y además ya has cocinado por la mañana. Déjamelo a mí.
Isabel asintió y se fue arriba. ¿Y qué preparo yo ahora? Me decanté por hacer un poco de risotto al vino. Mi especialidad era la pizza pero supuse que le apetecería algo más ligero así que me puse manos a la obra para preparar la mejor comida que hubiera probado jamás.
-Mmmmm eso huele realmente delicioso – Una cabeza asomó por mi hombro derecho sin que me diera cuenta, dándome un pequeño susto. Me giré para verla. Se había lavado la cabeza y el olor del champú comenzaba a inundar la habitación. Llevaba el pelo aún húmedo suelto, dejándolo caer en cascada por la espalda. Se había puesto su pijama, que consistía en un pantalón largo de terciopelo rojo con una camiseta de manga larga blanca en la que aparecía estampado el dibujo de un tomate. No sé si fue por el olor del ambiente, por su cabello mojado, o por simplemente una mezcla de todo, pero el caso es que me sentí atraído hacia ella como si de un imán se tratase.
-Pues espero que sepa tan bien como huele. Mientras termina de hacerse voy a darme una ducha rápida – necesitaba refrescarme el cerebro y salir de esa habitación antes de que no fuera dueño de mis actos.
Después de la cena nos sentamos en el sofá a ver la televisión. Lovina y Antonio llegaron bastante tarde, dijeron que ya habían cenado y que se iban a duchar y a dormir. Debería haber insistido más en qué habían estado haciendo y en dónde habían estado pero estaba muy cansado.
El tacto de unos labios contra mis mejillas me sacó del sueño en que me encontraba. Abrí los ojos para encontrarme con unos de un verde intenso. Me había quedado dormido en el regazo de Isabel, mientras que esta me acariciaba el pelo con dulzura.
-Lovi cielo, estás agotado, vamos arriba a descansar – me incorporé a su lado y miré la hora. Me había dormido hace más de dos horas.
-Perdona Isabel, por mi culpa no te has podido ir a la cama.
-No te preocupes, es que no quería despertarte. Hoy hemos tenido que madrugar mucho y con la fiesta de ayer no habíamos dormido casi nada y aun así has estado aguantándome todo el día con mis caprichos. Además… ¿Cómo era? "Debo estar contenta de que un chico tan guapo y ligón como tú haya querido estar con alguien como yo en vez de otras".
Isabel se echó a reír y yo me acerqué y le di un beso en la comisura del labio. No es que lo hiciera aposta, es que estaba muy dormido y no calculé bien la distancia.
-Para mí cumplir tus caprichos es lo más importante. Gracias por el día de hoy.
Cuando salí de la habitación Isabel todavía permanecía inmóvil en el sofá. Las cosas iban viento en popa pero era hora de descansar. Mañana iba a ser un día largo, como lo han sido todos desde que conozco a esta mujer.
El día siguiente fue bastante ajetreado. Nos despertamos a media mañana y nos pusimos a preparar los deliciosos platos que comeríamos por la noche, para así tener la tarde libre para arreglarnos. Estar los cuatro metidos en la cocina fue un caos, sobretodo porque los españoles no paraban de picotear toda la comida y además se les ocurrió la "maravillosa" idea de poner música, con lo que cada cinco minutos se estaban parando para bailar. Conseguimos preparar todo y cuando terminamos de comer decidimos poner algo de decoraciones de navidad pues el día anterior no habíamos hecho nada.
-¿Dónde pongo el árbol? ¿En esa esquina os parece bien?
-Sí Toño ponlo ahí. Sabéis, es extraño que estemos poniendo esto el mismo día de navidad.
-Ya pero es más triste que no poner nada, además es divertido ponerlo todos juntos ¿no crees Lovi? – Isabel me miró sonriente y asentí con la cabeza. La verdad a mí lo de los adornos me daban igual pero es cierto que le daban un encanto a la casa.
A medida que íbamos acabando, subíamos a nuestras respectivas habitaciones a arreglarnos. Me metí bajo la ducha, dejando que el agua caliente recorriera mi cuerpo. Esta noche iba a ser diferente. Desde que no he estado a cargo de España siempre he pasado las navidades con mi hermano y este año será el primero que no lo haga. No es que estuviera triste, simplemente se me hacía extraño no estar junto a él. Salí de la ducha, me puse la toalla y cogí el móvil. Antes de que me quisiera dar cuenta había marcado su número.
-Vee~ Ciao Romano, ¡Feliz Navidad!
-Ciao Veneciano – no sé para qué coño había llamado.
-¿Qué tal por allí con el hermano Antonio? ¿Te has peleado con él mucho? ¿Y con las chicas qué tal? Estás rodeado de bellezas, son muy guapas las dos – Una vez que Feliciano empezaba a hablar no había quien le callara.
-Bien, bien, todo bien. Solo quería felicitarte la navidad y ver qué tal estabas – hubo silencio al otro lado del teléfono - ¿Veneciano?
-Hermano me asustas, ¿qué ha pasado? estás muy simpático.
-Maldito mocoso de mierda, encima que te llamo – se oyó el llanto de mi hermano al otro lado del teléfono. Decidí calmarme – Soy tu hermano mayor, es lógico que te llame en un día como hoy.
- Vee~ aquí estamos todos genial. Ludwig ha preparado unos platos con patatas que no están del todo mal, pero obviamente lo más rico lo hemos hecho Felicia y yo.
-Me alegro – no sabía qué más decirle, nuestra relación era algo extraña – Oye Feli, ¿qué vais a hacer en fin de año? – no sé por qué mierdas de entre todo lo que podía decir dije aquello.
-Pues todavía no lo sabemos ¿por qué lo dices?
-Pues por si queríais venir aquí – otra vez silencio en la línea.
-Hermano en serio me asustas, ¿qué te han hecho? – intentar ser serio con él era imposible.
-Que os invitamos a pasar con nosotros la nochevieja – no había hablado con el resto pero supuse que no habría ningún problema.
-¿En serio? ¡Ludwig! ¡Ludwig! Lovino nos invita a pasar allí el fin de año – odio que siempre hiciera eso con el teléfono, ahora tenía que esperar media hora escuchándole hablar con el macho patatas – ¿Romano sigues ahí? Dicen que sí. Que vamos.
-Está bien, pues cuento con vosotros. Pa-pasar una buena noche.
-Igualmente hermano.
-Ciao – colgué y no puede evitar sentirme aliviado.
Abrí el armario y escogí unos chinos beige y una camisa rosa clara. Me puse el cinturón marrón a juego con mis zapatos italianos del mismo color. Después intenté peinarme y eliminar el maldito rizo que sobresalía por el lado derecho de mi cabeza. No sé por qué pensé que esa noche sería distinta a las demás y que lo conseguiría. Bajé al comedor y me encontré con Antonio. Iba vestido con unos pantalones negros y una camisa verdosa que le acentuaba la mirada. No iba mal pero como siempre, yo tenía más estilo al vestir. Isabel fue la siguiente en bajar. Llevaba una falda alta de tubo negra que le llegaba por encima de las rodillas, combinada con una blusa de gasa granate. La elección era perfecta. Un conjunto que le realzaba la figura, sencillo pero elegante. Perfecto para ella. El pelo lo llevaba suelto y rizado con un pequeño broche que le retiraba el flequillo de un lado de la cara. Estaba preciosa. Al poco bajó Lovina que se decantó por un vestido rosa salmón ajustado a la cintura y con más vuelo en la falda. El escote era asimétrico, tenía una manga francesa y el otro lado era palabra de honor. Una elección con mucho estilo, no me esperaba menos.
Fue una velada muy divertida, Isabel contó algunas anécdotas de cuando Lovina era pequeña, las cuales me resultaban familiares, Antonio nos reveló secretos humillantes de cuando Arthur era pirata, de los cuales nos reímos mucho, y Lovina y yo les mirábamos embobados todo el tiempo. ¿Cómo puede hacerse alguien tan indispensable en tu vida? Siempre me habían hablado del amor, y había creído en él, pero no fue hasta que conocí a Isabel que comprendí todo lo que verdaderamente era. El reloj marcaba las 23:30 cuando comenzamos a recoger la mesa.
-Tenemos que darnos prisa si queremos llegar a la misa del gallo – dijo Isabel mientras metía los platos en el lavavajillas.
-Si queréis ir yendo vosotros y ahora os alcanzamos – Antonio me miró y me guiñó un ojo. Quería que les dejáramos solos.
-Está bien, vámonos Isabel – no sé por qué narices ayudaba al bastardo, pero lo hice.
Fuimos paseando hasta el Vaticano. Había cientos de iglesias en Roma pero Isabel insistió en ir a ver la que oficiaba el papa. No supimos nada de los otros dos idiotas. Supuse que estarían perdidos entre la multitud. A la vuelta hacía mucho frío así que insistí en coger un taxi pero ella se negó rotundamente. Le coloqué mi chaqueta por encima y la abracé. Así fuimos andando hasta casa.
Entramos en silencio, nos quitamos los abrigos y fuimos hacia el salón para encontrarnos con una escena peculiar. Lovina estaba recostada en el sofá con Antonio encima. Ella le rodeaba el cuello con los brazos y él la besaba con pasión. Comencé a ponerme rojo y fui a decir algo pero la mano de Isabel me tapó la boca y me sacó de allí.
-Lovi no seas malo, no interrumpas. No sabes la de tiempo que llevan los dos locos el uno por el otro. Ahora que por fin se demuestran lo que sienten no podemos molestar.
-Pe-pero es… ¿Desde cuándo lo sabes? – No sabía que decir la verdad. No sabía si la escena me molestaba o si odiaba al bastardo por tener el valor de lanzarse.
-Vamos Lovi, estaba muy claro – la miré con una ceja levantaba. Tanto Antonio como ella no se caracterizaban por leer bien el ambiente – Vaaaaale, me lo dijeron ambos. No sabes lo horrible que era saber que los dos sentían lo mismo y no poder decir nada. Por eso me alegro tanto por ellos. Aunque a la vez me dan mucha envidia – miré a Isabel sorprendido pero esta se dio la vuelta – Buenas noches Lovi.
-Buenas noches… ¡Espera! – Isabel se giró – se me ha olvidado darte algo – fui al armario de la entrada y saqué el regalo que había comprado para ella – Es-espero que te guste.
Isabel me miró sorprendida y abrió el regalo. Su cara se iluminó por completo y comenzó a reírse muy alto teniéndose que taparse la boca para no hacer ruido. Sin decir nada me agarró por el brazo y me llevó arriba hasta su habitación. ¿Qué pretendía hacer? ¿A-agradecerme el regalo? Comencé a hiperventilar, pero como siempre, mi mente me jugó una mala pasada. Sacó de un cajón una bolsa con un paquete envuelto.
-Esto es para ti. Ábrelo y entenderás de qué me río – Abrí el regalo y encontré un increíble reloj de la misma joyería en donde yo le había comprado el suyo. Nos habíamos regalado lo mismo – pensé que te vendría bien para no llegar tarde a nuestras futuras citas.
- Habló doña puntualidad, por esa razón es por la que te lo he regalado yo – entonces caí en lo que había dicho - ¿Futuras citas? - Isabel me sonrió y me besó en la mejilla.
-Buenas noches, Lovi.
Y así acabó la nochebuena. Unos recibieron el mejor regalo que hubieran podido pedir y otros… lo recibirían tarde o temprano.
O eso esperaba.
Bueno ya solo queda el último capítulo. El más esperado y por el cual empecé a escribir todo este fic. Espero no tardar mucho en él. Tengo muy claro que va a pasar pero a su vez quiero que quede perfecto así que supongo que lo escribiré, lo releeré, cambiaré cosas… que me enrollaré vamos.
Espero que os haya gustado este capítulo navideño y que por fin Antonio se haya lanzado a decírselo a Lovina. Toño es mucho Toño y era imposible que le dijera que no.
El siguiente será un capítulo dedicado exclusivamente a Lovi e Isabel. Así que espero que los disfrutéis.
PD: siento las posibles faltas de ortografía.
PD2: los reviews y los favs me animan mucho ;)
