Hola hermosuras :D
Aquí les traigo la primera parte del capítulo final.
El domingo estaré publicando la segunda parte y ahora solo quedará esperar el epílogo.
Ya toca despedirnos del sexy tenista y de las explosivas gemelas.
Gracias por seguir siendo mis lectores.
Para diciembre, espero traer nuevo proyecto...
¡Las ideas ya están en el aire!
Pero no se hable más, disfruten el capítulo :D
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-. -.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
Y de repente, no era ella.
-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
.
Capítulo 10 (Primera parte)
.
.
.
Naruto llegó a mitad del día, iba decidido a hablar con Hinata para ponerle fin a toda su situación, pero cuando atravesaba las colinas de césped, vio a sus padres montando todo su equipaje en el auto. Se detuvo, apagó el deportivo y se bajó corriendo hasta que se topó con Yuko que salía de la casa, ella lo miró inquieta y triste, más atrás venía Tami buscando una canción en el mp4.
— Tami, ¿por qué se van tan pronto?
Ella lo ignoró.
— Vamos Yuko, te prometo que te pondré tu canción favorita a mitad del vuelo.
Pasaron por su lado mientras su hermana menor se despedía con la mano. Su padre le dirigió una mirada decepcionado y salió con una enorme caja.
— ¡Estamos listos! – se giró gritando. - ¡Vamos Kushina o perderemos el vuelo!
Kushina salió revisando su pequeña cartera negra y ajustándosela en el brazo izquierdo.
— Mamá… - la detuvo cogiéndola por los hombros. - ¿Qué pasa? ¿Por qué se van tan pronto? – miró hacia las escaleras. - ¿Dónde está Hinata? ¡Hinata! – caminó hasta el primer escalón. - ¡Hinata!
— Se ha ido.
Naruto giró el cuerpo con los ojos abiertos por la sorpresa.
— Nos lo contó todo, Naruto. – caminó hasta él. – Sabemos qué pasó en tu boda, también cómo secuestraste a Hinata para vengarte de tu ex, que es su gemela. ¿Kumiko era su nombre? – sonrió. – Como sea, tu padre y yo hemos decidido aceptar tus decisiones y acciones. Pero no podemos seguir aquí, al lado de esa mujer, aunque se unan en matrimonio. Sería como mirar a Hinata y eso nos rompería el corazón. – bajó la cabeza agarrándole las manos. – Te amamos, y tus hermanas también te aman. Nos has llenado de felicidad al aceptarnos otra vez en tu vida, y estos días que pasamos juntos ha sido el mejor regalo que has podido darnos en muchos años.
— Mamá… - la voz le tembló.
— Mi pequeño. – sonrió pasándole la palma de la mano por la mejilla. - ¿Podremos venir a visitarte en navidad? – él asintió. – Entonces nos vamos ya. – soltó una lágrima. – Sé feliz.
Besó su frente y se fue.
Naruto subió las escaleras mientras escuchaba el motor de la camioneta de su padre abandonar su casa. De nuevo se sentía solo, sin su familia y sin Hinata. Tampoco estaba Kumiko, y su humor se había ido al infierno.
Llegó a la habitación, abrió la puerta esperando encontrar a Hinata con una sonrisa y soltando alguno de sus berrinches, así pelearían toda la tarde y terminarían con un beso de buenas noches. Pero al abrir no estaba Hinata, solo una carta tirada a mitad de su cama.
Cogió el pequeño papel y lo abrió. Su letra era delicadamente curva hacia la derecha, con una misteriosa forma de empezar las letras de cada frase, era como si estuviese leyendo un cuento.
"Mis días han sido muy felices desde que estoy a tu lado. Gracias por darme los besos que deseaba, y también por abrazarme de esa forma tan tuya, cuando hacías que me enojara por algún comentario subido de tono, en realidad me divertía. He adelantado mi despedida porque no soportaría decirte adiós, sé que es una tontería ya que algún día voy a tener que enfrentar tus ojos.
Debes estarte diciendo que soy una tonta. Y lo soy. Aunque no pueda olvidarte y tenga que huir de ti toda la vida. Sé feliz.
Te ama… Hinata"
La carta se le cayó de las manos. Suspiró y se echó en la cama. Poco a poco las lágrimas comenzaron a recorrerle el rostro y ya después no podía parar el llanto, era la primera vez que lloraba, ni siquiera lo había hecho cuando Kumiko lo dejó. Pero Hinata, saber que lo amaba le destrozaba el corazón. Ya no podía hacer nada más. Ella se había ido y él retomaría su vida de antes, cuando eran solo el tenis y Kumiko. Tenía que decirle adiós a Hinata. Aunque le doliera, tendría que dejarla irse.
Tenía que olvidarla.
.
.
.
Hinata llegó a su casa exhausta y con mucha sed, no le había quedado dinero para comprarse si quiera un refresco. Dejó su bolso en el sofá de la sala y se fue hasta la cocina quitándose la cola que le sostenía la trenza. Se sirvió un vaso con agua bebiéndoselo de un solo trago, después se sirvió otro más.
Extrañaba su casa, el olor a madera del piso, los platos desordenados sobre el mesón de la cocina, las tazas donde ella y su padre bebían café por las mañanas. Respiró, suspiró, sonrió. Al fin estaba en casa. Llegó a su habitación perfectamente ordenada, se cambió de ropa, y se lanzó en la cama a dormir. Estaba cansada y haber llorado en todo el viaje no había ayudado en nada.
Hiashi Hyuga entró dejando las llaves en la mesita a un lado del sofá de la sala, suspiró dejándose caer en él derrotado. Se movió inquieto quitándose el bolso que le punzaba la espalda, y cuando lo vio supo inmediatamente de quien era. Se levantó corriendo, subió las escaleras y abrió la primera puerta a la izquierda.
Ahí estaba Hinata desparramada abrazando toda la cama. Hiashi se acercó en silencio y la arropó. Un rayo de felicidad le invadió el cuerpo, no volvería nunca más a negarle el amor que le debía a su hija. Fue hasta la cocina y le preparó la cena, exprimió unas naranjas, sacó la mermelada que tanto le gustaba y terminó de poner la mesa. Al cabo de unas horas Hinata bajó bostezando cuando vio a su padre de pie arreglando la comida.
— Papá…
Hiashi se enderezó sin voltear. Pero Hinata le llegó por detrás abrazándolo. Él tocó sus manos y las estrujó contra su pecho.
— ¿Ya no estás molesto conmigo?
— Claro que sí, señorita. Estarás castigada hasta que salgas de la universidad.
— ¡Papá! Qué injusto eres, ¿ni siquiera puedo ir al cine?
El volteó y la miró con esos ojos de padre orgulloso.
— Sólo si vas conmigo.
Hinata lo abrazó emocionada oliendo su perfume. Había extrañado tanto sentirse tan protegida que empezó a llorar.
— No llores… - Hiashi empezó a sisear. – Mi pequeña no debe llorar.
— Papá… - pero las lágrimas salían y no podía detenerlas.
— Estamos juntos, así que hay que estar feliz. Mi buena hija ha regresado a casa, ¡hay que hacer una fiesta!
Hinata asintió sobre su pecho.
— Que sea de chocolate. – habló con la voz temblorosa y Hiashi soltó una carcajada.
— Lo que quiera mi princesa. – la jaló hasta la mesa. – Ahora vamos a comer que muero de hambre, en el club me han dejado exhausto.
Él sabía que había temas que no debía tocar, no por ahora. También sabía que su hija había estado en Londres todo ese tiempo, pero esperaría hasta que fuese ella misma quien se lo contara. Le daría su espacio como padre, sin embargo, ya averiguaría por él mismo lo que pasó, y como es que su hija terminó con el corazón roto.
Aunque no quería aceptarlo, se hacía una idea de que Kumiko estaba metida en todo ese rollo. Conocía la forma de ser de su otra hija, y no le importaría pasar sobre su hermana para alcanzar sus objetivos. Le dolía decirlo, pero así era su otra hija, el vivo retrato de su madre.
En cambio, Hinata era más parecida a él. Callada, torpe, pero llena de amor. Mientras la veía atragantarse con la tostada de pan y mermelada, sonrió, le encantaba tener a su hija cerca y nunca la dejaría ir otra vez. Ahora si sería un buen padre para ella y la apoyaría en todo.
