Después de DCAO al día siguiente, Hermione se quedó atrás para devolver el libro del Profesor Snape. Había estado contemplándolo más de lo usual durante la clase, sólo disfrutando del conocimiento de saber que él era el Príncipe Mestizo. Siempre había tenido un gran respeto por el Profesor de Pociones, pero esto era diferente. Snape probablemente había escrito el libro cuando era un estudiante (ni de coña hubiera escogido ese apodo siendo adulto). Y aún así, claramente él había tenido una intuición tan impresionante sobre las Pociones que estaba corrigiendo ¡su propio libro! De hecho, seguramente que él era mejor en Pociones que su actual Profesor de Pociones. Ciertamente lo era ahora. Y para añadirle más cosas a eso, él también había inventado hechizos. ¡Ella ni siquiera sabía que eso fuera posible!
Hermione esperó hasta que el último estudiante abandonara la clase, cuidadosemente guardando sus cosas en la mochila lo más lento que podía, antes de caminar hacia el escritorio del Profesor. Él se encontraba recogiendo sus notas y los ensayos que habían hecho sobre resistirse a la Maldición Imperius mientras estudiosamente ignoraba la mirada de ella.
''Profesor,'' dijo ella vacilante.
''¿Qué pasa Granger?'' contestó él arrastrando las palabras.
''Sólo quería devolverle el libro.'' Ella sacó el libro de su mochila y lo sujetó enfrente de él. Ante esto, él la miró y aceptó el libro. ''Gracias por dejármelo.''
''Si, bueno, si hubiera sabido cuanto tiempo le llevaría leerlo, le hubiera proporcionado un resumen en su lugar.'' Él había vuelto a recoger las cosas, sin mirarla. Ella sabía que él esperaba que ella se fuera.
''Lo siento, Profesor. Quería devolvérselo la otra noche, pero se me fue de la cabeza. Pero en realidad lo he leído dos veces y hice un esquema la segunda vez.''
''Tan sobrecumplidora como siempre, Granger. ¿Qué es lo que quiere? ¿Un trato?'' Hermione estaba tan sorprendida por su rudeza que contestó sin pensar.
''No, señor. Su agradable presencia ya es un premio.'' Él se congeló y ella sintió como palidecía. ¡¿Acabo de decirle eso?! Severus Snape la miró lentamente y ella se sorprendió al ver el regocijo de él.
''Sabía que debía de haber una razón para que pasase tanto tiempo conmigo, pero pensé que era masoquista,'' respondió él irónicamente. Hermione se quedó de piedra. ¿En serio estaba él estaba bromeando con ella? Fuera prudente o no, se encontró siguiéndole el rollo.
''Puede que lo sea.'' Él le levantó una ceja y la sutil sugestión la hizo ponerse colorada. De repente sintió la necesidad de cambiar de tema. ''Ese libro era fascinante. Nunca me había dado cuenta de lo laberíntica que era la Teoría de Pociones.'' Ante eso, Snape dejó sus papeles y se apoyó en el escritotio.
''¿Se pensaba que los raros y exóticos ingredientes que usamos en clase estaban escogidos arbitrariamente?'' Hermione se sonrojó.
''Bueno, no. Quiero decir…me di cuenta de que había explicaciones en cada uno de los ingredientes que se usan, pero nunca me había dado cuenta en las diferentes cosas que se tienen que considerar a la hora de escoger los ingredientes. Quiero decir…sólo contemplando la relación entre cada cosa y cómo un ingrediente puede tener un efecto completamente diferente cuando se junta con una cosa o con otra. Es increíble.''
''Lo es, Señorita Granger.''
''¿Por qué no hemos estudiado esto nunca en clase?''
''Ah,'' empezó a decir Snape tristemente, ''Desafortunadamente, tenemos que centrarnos en enseñaros aquello de lo que seréis examinados en vuestros TIMOS y EXTASIS y no podemos malgastar el tiempo con cosas triviales como vuestra educación.'' Hermione frunció el ceño con confusión. ''Puede que sea una gran fan de los exámenes normales, Señorita Granger, pero le puedo asegurar que yo no. Los TIMOS y EXTASIS en realidad no evalúan el conocimiento de los alumnos o la inteligencia, sino la habilidad de él o ella de repetir como un loro la información. Por eso sus excepcionales resultados.'' Era como si él la hubiera abofeteado.
''Pero, seguro que si lo hacemos bien en esos exámenes es porque hemos entendido bien el material…''
''No. Es sólo que habéis memorizado una información específica que ellos quieren que memoricéis. Vuestros EXTASIS no pueden demostrar vuestro conocimiento actual de la materia. Desafortunadamente, el Ministerio hace tiempo decidió que los estudiantes debían ser evaluados basándose en un sistema que puede usarse en todos los ámbitos para comparar a todos los estudiantes de una escuela u otra. Y esto supone más o menos un currículum estandarizado. Lo que sólo puede significar que soy incapaz de llenar vuestros pequeños cerebros con pequeñas delicias interesantes como la Teoría de las Pociones. Después de todo, es mucho más importante para vosotros saber cómo se elabora una poción de amor.''
Ella nunca había pensado en ello de esa manera.
Snape pareció volver en sí y dejó de mirarla, recogiendo sus papeles una vez más y despachándola eficazmente.
Las semanas previas a la fiesta de Navidad de Slughorn Hermione vio menos a su profesor. Él le había dado acceso a su laboratorio privado y le había dejado libertad para que entrara y saliera cuando quisiera. Esta flexibilidad hacía las cosas mucho más fáciles para Hermione, dada su habilidad para trabajar cuando tenía menos deberes y pasar tiempo en sus estudios cuando tenía trabajos o exámenes para los que estudiar. Eso también significaba que sólo veía al Maestro de Pociones en clase.
Afortunadamente, él todavía cumplía su parte del trato. Cada vez que ella entraba a su laboratorio, había una lista de pociones que necesitaban ser elaboradas junto con una nueva tarea. Cuando volviera la próxima vez, ella tendría que dejar la tarea completa. Cuando finalizase el libro, tendría que dejarlo en el laboratorio y encontrarlo reemplazado por otro nuevo al día siguiente. Echaba de menos su presencia en el laboratorio, de todas formas, quería desesperadamente aprender más de la propia intuición de él.
Ella se emocionó cuando él empezó a devolverle los trabajos con comentarios. A diferencia de sus usuales marcas sobre ser una sabelotodo y vomitar palabras literalmente o poniendo muchas descripciones, él sólo discutió los argumentos de ella y añadió nuevas ideas de su propia cosecha que eran realmente brillantes.
Y aún así, lo seguía echando de menos.
Las vacaciones de Navidad se acercaban rápidamente y Hermione no tenía nada de ganas de abandonar el castillo. Deseaba que hubiera alguna manera de que pudiera pasar las vacaciones aquí con el Profesor Snape. Pero era absurdo.
Desafortunadamente, la fiesta de Slughorn llegó y Hermione tuvo que enfrentarse a la inevitable cita con Cormac. Sólo va a ser por una noche, se prometió a sí misma.
Esa fiesta de alguna manera se había convertido en una charla sobre la escuela y –a parte del tema Cormac –Hermione empezó a sentirse emocionada por ello. Por una razón, había muchas probabilidades de que el Profesor Snape estuviera allí.
Con esto en la mente Hermione escogió el vestido que llevaría. Era un poco más atrevido que sus otras opciones y –esperó –más maduro. El terciopelo verde oscuro mostraba una profunda V en el escote, exponiendo un sabroso escote y no había ninguna costura que mostrase donde empezaba la falda, dejando una llana expansión de tela colgando hacia abajo hasta el borde justo arriba de sus rodillas. La parte de arriba tenía largas y ajustadas mangas y se ajustaba a su figura, estrechándose en sus pechos y amoldando sus caderas mientras mostraba su fina cintura. La falda se acampanaba sutilmente debajo de sus caderas y bailaba libremente sobre sus piernas con suma suavidad. Había escogido el verde con la excusa de que era un color de Navidad, pero especialmente porque podría provocar a cierto oscuro profesor.
Se había recogido el pelo y retirado para exponer su largo cuello, el cuál sobresaltó con un collar que había sido de su madre: un pequeño rubí encajado en oro que colgaba de una cadena también de oro.
Cuando se dirigió a la Sala Común, Cormac ya la estaba esperando. Una mirada y los ojos de él prácticamente se le salieron de órbita. Oh no, pensó ella, probablemente piensa que me he arreglado para él.
Contemplando al aburrido acontecimiento, Severus se preguntó por qué siquiera se había molestado en asistir. Había estado decidiendo en ir o quedarse donde estaba desde que las invitaciones se habían mandado. Incluso una hora después se había dicho que no seguiría sufriendo por ello, aún así ahí estaba. Quizás era la seducción del champán, o el descanso de las vacaciones de invierno, o el frío de la mazmorra de su dormitorio. O…quizás…si era sincero consigo mismo…era por cierta persona sabelotodo de cabello alocado la cual había estado evitando desde hace semanas.
Severus no quería pensar sobre el hecho de que quería verla. La verdad era que….la echaba de menos. Leer los trabajos de ella había sido casi como tener una conversación entre ellos y tenía que admitir que lo había disfrutado intensamente. Sólo era eso. No había nadie más rondando por ahí con quién pudiera discutir tales cosas con tanta dedicación. Excepto Horace. Pero él no contaba. Bueno estaba eso…y el hecho de que no podía parar de pensar en el modo en que la había sentido bajo él ese día en el laboratorio. O la manera erótica en la que había gemido cuando él la había despertado en el pasillo, mirándole directamente a los ojos como si él se lo hubiera hecho a ella.
¡Para! ¡Esto es completamente inaceptable! Dos vasos de champán no son nada como para justificar estos pensamientos. Severus había intentado con esfuerzo estas últimas semanas bloquear pensamientos sobre ella en su mente, pero eso no era bueno. La deseaba. Eso era lo suficientemente fácil como para entenderlo. Lo había racionalizado con la perfección de una ecuación matemática. Ella era mujer muy atractiva –¡CHICA! –y era lo suficientemente inteligente como para tener conversaciones interesantes con él. No era vanidosa como las otras mujeres que él conocía, y aún así poseía una belleza de una manera única. Ella no malgastaba su tiempo teniendo citas con los chicos de su edad, ninguno que pudiera seguirle el ritmo. Y era tan inocente e ingenua de una manera tan modesta que le hacía sentir sucio y a un nivel muy bajo.
Cogiendo su tercera copa de champán, continuó escaneando la sala, con el ceño fruncido. No va a venir. Sintiéndose como un tonto, Severus estaba a punto de irse cuando el objeto de deseo de sus pensamientos entró por la entrada de cortinas y su corazón se paró. El ángel enfrente de él no era una alumna llamando la atención de su profesor. Estaba radiante, una mujer confidente atrayendo la atención de todos los que había en la sala.
Desde su posición en un rincón oscuro, la vio inspeccionar la sala, fijándose en cada detalle de la decoración con diversión. Parecía estar buscando a alguien. ¿Su cita? Deseó que no hubiera traído a Weasley.
En ese momento Cormac McLaggen entró detrás de ella y enrolló su brazo alrededor de la cintura de ella, llevándola hacia su grupo de amigos. Severus sintió que la copa se rompía en su mano. ¡¿McLaggen?! De todos los cabezas huecas que podía haber escogido, ¡¿él?! ¡Era el rey de los cabezas huecas! ¡¿Qué le pasaba a ella y a su inclinación por los jugadores de Quidditch?!
Había sido un ingenuo al pensar que Hermione Granger era alguien perspicaz. ¡Mira a sus dos mejores amigos por el amor de Merlín! Él solo quería creer que ella era mejor que eso porque a él le gustaba pensar que él tenía buen gusto. Pero había estado equivocado. ¡Ella era tan superficial como cualquier otra alumna!
Vestía de verde.
Y aún estaba buscando a alguien, a pesar del brazo demandante de McAlbóndiga.
¡Para! ¡Estás siendo patético! Pero Severus no podía apartar sus ojos de la figura de ella y la manera en que el suave terciopelo de su vestido mostraba cada una de sus curvas. Hermione se apartó de McLaggen, quizás para buscar a Potter, y pudo ver un poco de su profundo cuello con forma de V y los exuberantes y llenos pechos que exponían. Se encontró a sí mismo caminando hacia ella mientras ella se ponía más ponche.
''¿Verde Slytherin?'' dijo él cuando estuvo cerca detrás de ella. Ella se dio la vuelta y él pudo ver como se sonrojaba. Una vez más él siguió ese rubor hasta su cuello y se sintió satisfecho al ver que iba mucho más allá de ahí. Estás empanado, se recompuso, y volvió a mirarla al rostro. Ella ahora estaba nerviosa. ¿La había asustado? ''¿Cómo se siente su cita respecto a ello?'' Ella se quedó pestañeando, con sus labios separados ligeramente debido a la confusión. ¡Dioses su boca era muy tentadora!
''¿Sentir sobre qué?'' preguntó ella suavemente.
''Sobre usted llevando los colores deportivos de su rival.'' Ante eso, su pequeña barbilla se alzó y ella sonrió malévolamente.
''Son colores de Navidad, Profesor,'' declaró ella. Después lo examinó con sus ojos de color canela. ''¿Dónde está su espíritu navideño?'' Severus a penas escuchó su pregunta mientras se daba cuenta del precioso collar y en cómo llamaba la atención hacia su delicada clavícula y su cuello. Deseaba besar ese cuello. Dándose cuenta de que se había quedado mirando otra vez, Severus trató de serenarse.
''Creo que usted tiene bastante encima como para los dos, Señorita Granger,'' ronroneó él. Ella se sonrojó hermosamente, acentuando el color de su collar. Desde tan cerca, la tela de su vestido parecía tan suave que le estaba costando no tocarla.
En ese momento el cabeza de chorlito decidió reclamar su trofeo. Completamente ignorando a su profesor, McLaggen puso un brazo alrededor de la cintura de Hermione. Severus podría haberlo asesinado ahí mismo. Su mano estaba acariciando su cintura y cadera mientras le preguntaba por qué se había alejado de él.
Severus estaba a punto de intervenir cuando Horace habló atrás suyo. ''¡Mirad quién está bajo el muérdago! ¡Dale caña McLaggen mi chico!'' Él pudo comprobar la horrorizada expresión de Granger antres de que McLaggen pusiera un brazo alrededor de ella y presionara sus labios fuertemente contra los de ella. El jadeo de shock de ella cuando el chico se retiró envió una sacudida por cuerpo de Severus. Decidió irse antes de que hiciera algo de lo que se arrepintiera, sólo para encontrarse congelado en el mismo sitio. Al principio estaba completamente en shock y no se podía creer que alguien lo hubiera hechizado sin que él se diera cuenta.
De repente lo entendió: el muérdago encantado. No sólo estaba sobre Granger y McLaggen. ¡Estaba encima de Granger y él! La chica parecía haberse dado cuenta de ello en el mismo momento porque McLaggen se había retirado y ella aún no se había movido. Hicieron contacto visual, ambos confirmando su temor. Y aún así, había algo en la expresión que ella le dedicó que envió escalofríos de deseo recorriendo su cuerpo. ¿Podría ser?
Horace se rió a carcajadas. ''¡Parece que la Señorita Granger ha cazado a Snape!'' Severus le devolvió al hombre la peor de sus miradas. ''¡Oh vamos, Severus! ¡Es sólo una diversión de una inocente fiesta!'' Pero Severus no tenía ninguna intención de tocar a Granger ahí. En vez de eso, sacó su varita e incendió el maldito muérdago con tanto énfasis que tuvo que retirar a la chica de debajo mientras los trozos quemados caían. Y después se fue.
