GRACIAS A TODOS;!

X: Oportunidad

Un beso es capaz de llenar el alma, mas las caricias pueden atraparla.

No sabía si regodearme ante las miles de sensaciones que sus manos me causaban, si doblegarme ante sus intrépidos besos que recorrían cada milímetro de mi cuerpo. No sabía nada y sin embargo dejaba que el tiempo pasara. Sus fornidos brazos atrapaban mi cuerpo como si fuera una frágil figura de porcelana y me extrañó la delicadeza con la que despojó mis traviesos cabellos por encima de mi frente. Lo miré. Solo Dios sabe cuanto tiempo sostuvimos nuestras miradas, solo él sabe como es esa sensación que me invadió al reflejarme en sus ojos, al sentir su aliento contra mis labios y al escuchar sus palabras de alivio, de agradecimiento… de amor.

-La amo, la amo con todo mí ser con cada parte de éste inverosímil comportamiento.-

Lo dejaba besar cada recóndito rincón que descubría y me hacía anhelar el silencio que momentos antes nos había embargado. Si, silencio. Y es que el silencio era quien me daba el valor de hacer lo que hacía, de seguir con aquellas caricias a las que mi cuerpo respondía de manera altamente gratificante. Pasó su lengua por encima de mi vientre y me estremecí. Pareció un choque de acero que me hizo regresar a la trémula realidad donde me había estado albergando. Rápidamente sentí una de sus manos acariciar mis desnudas piernas, subir por entre ellas y hacerme llegar a un clímax indescriptible. Sus labios se pegaron a los míos como imanes y ahogué la terrible muestra de satisfacción que mi cuerpo anhelaba expresar. Y me vi en su cama, desnuda y haciendo el amor por tercera vez en aquella noche. Carl se encontraba postrado encima de mi y su vigoroso cuerpo sudaba de sobremanera, sus brazos parecían ser dos grandes bloques aterciopelados que aparecían y desaparecían de mi vista. Yo, al igual que él, sudaba. Empapada en aquel salino líquido quemaba mi pasado.

-Eres maravillosa.- susurró con su tono característico de galantería. Besó tiernamente mi frente y se recostó a mi lado. ¿Maravillosa? ¿A comparación de quien? Tragué saliva y seguí observando su habitación. Sus paredes eran de un color vainilla que provocaba comerlas al igual que sus muebles de roble color oscuro. Las elegantes lámparas que logré observar irradiaban una luz tenue, casi nula pero ese era el toque de sensualidad que impregnaba la habitación. ¿Qué había hecho? Miré ahora la puerta. Cerrada. Y me pude ver entrando besando a Carl Smith, me pude ver desabrochándose la camisa y diciéndole que era hora de empezar a vivir. Cerré de golpe los ojos y empuñé la blanca sabana que cubría mi cuerpo. Empecé a sentir las imperiosas ganas de salir corriendo por aquella puerta y jamás volverme a aparecer en Londres. Pero cuando creí que nada me podía detener sentí los brazos de Carl rodeándome la cintura al momento que me sentaba en la cama. Se acercó a mí y me hizo recargarme en su afanoso pecho y besó al instante mis hombros desnudos. Yo, aun en vuelta en la sabana me sentí consumida.

-¿A dónde vas?- preguntó con la candidez pero a la vez con el pavor que solo un niño puede expresar ante el miedo de perder algo. Me giré para verlo. Era inevitable no recordarlo. Su semblante desvelado, agotado y pálido me hacía recordar a Ron. Carl parecía tener el mismo rostro que él cuando fue la batalla en Hogwarts. Claro, el sexo no era una guerra pero parecía tener los mismos estragos.

Besó nuevamente mis hombros. -Solo quería sentarme.- respondí.

Me abrazó aun más y siguió dándome pequeños besos en mi cuello, en mis hombros y en mis mejillas. No podía negarlo, era una sensación exquisita tener a alguien. Mordí mi labio inferior al sentir los suyos bajando por mi espalda y no podía creer los niveles de excitación que éstos provocaban en mi. -Tengo que irme- agregué casi sin aliento levantándome bruscamente de la cama, me enrollé aun mas en la sabana tratando de buscar con mis ojos la ropa. De pronto sentí su mano tomarme la muñeca y me atrajo lentamente hacia él.

-Mañana iré a Nueva Zelanda- y el frío que solo Draco era capaz de provocar creció rápidamente en mí. Me sentí paralizada, sin tacto, sin energía. Sentí mis ojos aguarse y por un momento pensé que estaba loca, ¿Cómo pude acostarme con éste hombre? De seguro se iba a ir, jamás iba a volver y yo de estupida no resistí y me había acostado con él, pero ¿Por qué lo hice? Me provocaba terror el solo pensar en una respuesta. Creo que Carl notó la gran exasperación que mi rostro mostró o mis húmedos ojos deshacerse en la casi inevitable oscuridad que reinaba en la habitación. Cuando volví a sentir su mano apretarme aun mas y se levantó al instante, se puso frente a mi con una desinhibición irreconocible y solo acerté a fulminar mi rostro con un tono rojo lleno de pena… se encontraba desnudo. ¿Qué más daba?, había tenido la noche más apasionante y gloriosa de mi vida… ¿Cómo era posible que me diera pena verlo en tal estado? -Quiero que vengas comigo- agregó al notar que mi rostro no hacia ningún esfuerzo por pronunciar palabra. Lo miré retraída pero a la vez llena de asombro. ¿Cómo decirle no? Lo abrasé y dejé que la sabana cayera. Nos besamos con una euforia que ahogó miles de preguntas y de un momento a otro me vi sucumbida en una desinhibición igual a la de él. Iba a ir con él. Iba a vivir y a tratar que existiera algo más que un buen sexo, que una buena plática y una buena compañía entre nosotros. ¿Qué nos faltaba? Por lo menos a mí, amor. Esa mañana llamé a María para decirle que me iría de viaje por un mes a Nueva Zelanda, que no era necesario que viniera y que si algo se me ofrecía yo la llamaría. Le dije que tal vez solo necesitaría que viniera un día antes de mi llegada pero la anciana respondió que podía venir cada domingo como siempre para cuidar la casa y que podía estar también el día que yo regresara para recibirme con comida. Acepté. María era una anciana callada, mimadora pero pavorosa. A pesar de la ayuda que me brindaba en la casa lo más que le agradecía era la infinita indeferencia que mostraba ante los problemas que a veces surgían entre Draco y yo. Jamás peguntó el por que dormíamos separados, jamás preguntó el por que de nuestras discusiones ni el por que del divorcio ni siquiera el por que iría a Nueva Zelanda y con quien. Tal vez entre su familia y amigas nos comía en palabras pero ante nosotros era una tumba. Arreglé mi equipaje muy entusiasmada, de repente choqué con mi reflejo en el espejo y me sorprendí. Tenía mucho tiempo que no miraba en mis ojos aquel brillo que una vez había vivido en ellos, hacía demasiado tiempo que no me veía sonreír de una manera tan natural, tan sincera. Tal vez no amaba a Carl Smith pero la simple idea de poderlo hacer me entusiasmaba de sobremanera.

Como dicen, alégrate por las cosas que puedes lograr no por las que ya has logrado.

Era mi meta. Enamorarme tan perdidamente de un hombre que no quedara en mí ni una sola gota del pasado, caer envenenada por un amor que parecía de antaño. Cumpliría mi meta pero no tal como la tenía prevista.

Cerré la maleta y tomé el teléfono.
-Buenos tardes, ¿se encuentra el señor Potter?- hasta podía sentir como mi voz quemaba mi garganta por toda la alegría que guardaba. Me había dejado de importar si podía o no llamar a Harry, me había cansado de esperar alguna llamada suya y era hora de tomar yo las riendas de aquella amistad.

-¿Hermione?- preguntó al oír mi voz al otro lado del teléfono.

-Harry, te llamo para decirte que me iré de viaje un mes-

-¿Un mes?, ¿con Draco?- lo había olvidado, Harry ni siquiera estaba enterado del divorcio.

-Claro que no, nos divorciamos hace una semana, en fin... Solo quería decirte eso.

-¿te divorciaste? ¿Qué te pasa? ¿Acaso no soy digno para que me tengas al tanto de lo que te pasa?, ¿ya no somos amigos?- sus palabras me dieron risa. Me estaba diciendo exactamente lo mismo que yo alguna vez pensé decirle a él. Solté una risa fingida.

-Y me lo dices tu… mira Harry, mientras este de viaje puede ser que te llame, no te preocupes… si quieres saber detalles del divorcio pregúntale a Draco.- y colgué. Mi voz mostraba un tono de molestia, de freçustación. Estaba apuntó de desahogarme pensando miles de cosas acerca de la ingratitud que Harry tenía para conmigo. Me había confinado a una isla desierta donde solo cinco veces al año tenía señal de vida sobre él. Ya no estaba dispuesta a seguirle ese juego. Ni siquiera sé la razón del por que había aceptado tal comunicación. Si yo hubiera sido la Hermione de antes me hubiera impuesto, pudo enfrentar a Ginny y negarme a que Harry no pudiera verme. Pero no lo hice.

Ya no era la de antes.

Bajé a la sala. Ya casi eran las cinco de la tarde y tenía que ir a comprar algo de ropa para el viaje. Saldríamos a primera hora en la mañana. Subí a mi auto y por un momento sentí la extraña sensación que días antes me había perseguido. No me sentía sola. Moví mi cabeza para esfumar esa impresión, encendí el coche y me dirigí a comprar algo. Tarde casi treinta minutos en llegar a la primera tienda, vagué por algunas boutiques, no compré mas que un par de abrigos y unas blusas. Me encontraba agotada. Nunca había sido muy aficionada a la compras. Pasaban ya de las siete de la noche cuando me subí a mi auto dispuesta a irme cuando escuché un raro sonido cerca de mí. Era una especie de sollozo de… maullido. Por lo general no suelo inmutarme ante este tipo de ruidos pero la curiosidad me ganó. Dejé las bolsas en el coche y me di vuelta para mirar al otro lado de la esquina donde lo había estacionado. Vi como un gato salió corriendo desde la sobra de aquella esquina y me asusté, pegué un pequeño grito y me tapé la boca con ambas manos.

-¿Granger?- su voz se perfiló fría, como siempre.

Todavía me encontraba en el mismo lugar y cubriendo mi boca. Sentí como mordí mi lengua, inconcientemente, y volví a pegar un pequeño grito. -Veo que te dedicas a ayudar criaturas sin hogar… juzgando por la rubia con quien te vi la otra noche- quise volver a morderme la lengua. Noté como el rostro de Draco se tornó extrañado y sonrío. Respiré profundo reprendiéndome por haber dejado salir aquel insípido comentario que no asombraba a nadie. Sonó tan inmaduro y por un momento me vi sumergida en los años en Hogwarts.

-¿Me espías?- preguntó acercándose lentamente y no me pude mover. Mi cuerpo contradecía lo que mi mente ordenaba. Draco se mostró extrañado que yo supiera lo de la chica rubia, pero según yo no debía por que estarlo. Estaba segura que él también me había visto en el restaurante, que sostuvo mi mirada, ¿Por qué ahora se mostraba indiferente?

-¿Espiarte?, ¡Por favor!, al parecer estamos destinados a toparnos continuamente. - espeté dándole la espalda y subiendo a mi coche. Pero no pude. Su brazo me impedía el paso.

- ¿Segura que no éstas obsesionada conmigo?- preguntó de una manera irónica y solo me reí a carcajadas.

-Draco…- dije volviéndome hacia él y quedando a escasos centímetros de tocarnos. Sus ojos lograron traspasarme con una facilidad emergente y por un segundo creí que era capaz de llegar a mi mente, a mis recuerdos y enterarse de la pasada noche con Carl Smith, el pensar eso me provocó una sensación extraña. Volví a sentir su aliento embriagarme y mis ojos rápidamente se posaron en sus labios, y me sentí sin fuerzas. Mojé los míos en señal de nerviosismo y continúe.-… Creo que te esperan- agregué mirando por encima de su hombro y volví a ver a la misma chica de la noche pasada. Era una despampanante rubia, delgada pero de buenas proporciones. A pesar de la tenue oscuridad se podían apreciar sus brillantes ojos verdes que alumbraban a Draco de sobremanera.

Él se volteó y sonrió.-Isabella, te presento a… Hermione Granger- nos presentó con una naturalidad inédita. La muchacha se acercó a mí y su mirada me recorrió sin prudencia. Parecía estar examinando a una especie rara. Casi me desnuda con la mirada y sonrió de una manera escalofriante. Claro que no le interesaba apreciar mi cuerpo, si no criticarlo a la manera que solo las mujeres sabemos, en silencio. Sonreí levemente y miré a Draco. Noté como encendió un cigarrillo y de pronto me costó trabajo creer que fuera el mismo que una vez lloró en mis brazos o que alguna vez me besó.

-Disculpen- agregué subiendo al coche y me marché.

Si, era la misma joven con quien lo vi la otra noche, de seguro paseaban… ¿Draco Malfoy paseando? era increíble. O tal vez solo se dirigían a cenar. Pero no entendía por que diablos me los había topado. Por que me topé primero a Draco y después ella de donde salio… creo que eran incógnitas que nunca podré resolver.

Llegué a la casa y miré a Carl sentando en el marco de la puerta y sonreí. Era magnifico como Carl borraba a Draco de mi mente. Miré como se puso de pie y la noche que habíamos vivido pasó por mi cabeza como escenas de película. Sonreí al pensar que tal vez éste hombre era lo que siempre había estado esperando y por un momento no me pareció en nada parecido a Ron Weasley. No lo estaba olvidando simplemente estaba aprendiendo a distinguir entre la vida y la muerte. Se acercó al auto y me abrió la puerta y antes que dijera algo me sorprendió con un rápido beso que me hizo tambalearme en el asiento. -Carl…- agregué tratando de bajarme él solo tomó las bolsas y volvió a besarme en la mejilla. Vaya que este hombre si sabía como expresa su cariño a alguien.

-¿Estás lista?- preguntó con una sonrisa mientras entrábamos a la casa, caminé hacia las escaleras y me giré para verlo.

-Ya casi, iré por mis cosas y luego iremos a tu casa para dormir ahí y mañana salir temprano- le guiñé un ojo y reí.

Caminé por el pasillo y de repente sentí una ráfaga de aire, frío. Volteé hacia la habitación de Draco y me quedé viendo la perilla. Yo la había cerrado, nadie mas había entrado y no era posible que la ventana ahora estuviera abierta. Pero algo me decía que en efecto la ventana de aquella habitación estaba nuevamente abierta y que alguien había entrado. Fui por mis llaves y abrí la puerta. Me topé con las cortinas hondeando entre la habitación, con la agenda en la misma mesita de la ultima vez y hasta el polvo parecía haberse pegado al piso, así que aparentemente nada había cambiado. Salvo la ventana. Apreté las llaves y caminé a la ventana, tenía que cerrarla. Al hacerlo mis manos comenzaron a temblar y un sudor exagerado las invadió, me mostré tranquila al pensar que alguien había entrado… pero hasta dude de mis facultades, ¿realmente la había cerrado?. Estaba segura que si. Pero quise darme el beneficio de la duda y salí lo más rápido que pude. Tomé mis maletas y tan rápido como salí de aquella habitación bajé.

-¿te encuentras bien?- solo sentí y sonreí.

-Vámonos- agregué haciendo que Carl saliera, salí detrás de él y me disponía a cerrar la puerta cuando comencé a posar mis ojos en aquella escalera, miré los techos y las paredes… Por un segundo me dio terror seguir alojada en aquella casa. Cerré la puerta.

pd: Por si lo dudan, sigue siendo un dramione xD