Quizá a algunos este capítulo se le haga un poco pesado por el análisis que contiene, aclaro, no soy ni estudio psicología pero me interesa, soy una simple promesa de diseñadora en comunicación social haha. Espero que igualmente lo disfruten ya que se trata ni más ni menos que de nuestra querida Miku.

NINGUNO de los personajes de VOCALOID me pertenece a mí, es un software desarrollado por Yamaha Corporation.


Capítulo 10: "01"

-No sé qué hacer con ella.- entra la peli-verde entre desesperada y angustiada al cuarto.
-¿No deja de llorar?- estaba realmente preocupado, llevaban meses así.
-No, no entiendo qué le pasa, no quiere que me acerque.- inevitablemente las lágrimas le comenzaban a brotar de los ojos a lo que el hombre acude abrazándola con fuerza.
-No te preocupes, amor.
-Pero Kei, los médicos dicen que está sana, si está perfecta entonces ¿soy yo?, es como... si me temiera...
-No digas tonterías, algo la debe de asustar pero no tu, con apenas un año son muy impresionables, sólo tenemos que intentar hacerla sentir segura...- eso decían sus labios pero a él también le dolía no poder ayudarla de otra forma que no fueran sólo palabras.

-Entonces, ¿han acudido a otros psicólogos antes?- la mujer frente a la joven pareja mantenía su vista en su libreta, su mano firme a su lapicera.
-Bueno, no... en realidad...- comienza la mujer.

-¿Han sido derivados?
-Un compañero de trabajo me pasó su número.- responde el joven.
-Esta bien.- les sonríe dejando las cosas a un lado y cruzándose de piernas. -Díganme, ¿cómo llegaron a la conclusión de empezar con una psicoterapia de pareja?
-... de pareja...
-¿No?

-No, venimos por nuestra hija...- comenta la mujer. La doctora parecía molesta a lo que Saki nota que movía los labios sin entender bien, a diferencia de su marido que logra escuchar un "voy a despedir a esa inútil".
-Por favor.- se recompone. -Discúlpenme. Entonces su hija, preferiría tratar directamente con ella ya que va a ser la paciente, debe ser ella quien se sienta cómoda y acepte nuestros encuentros.
-Sucede que apenas va a cumplir los dos años, tenemos entendido que también es psicóloga de niños.
-Sí, sí... esto... ¿se lo habían comentado a mi asistente antes de concertar la cita?
-Ah... sí... ¿pasa algo?- la mujer se notaba ahora enojada.
-No importa, volviendo a lo nuestro...
-¿Es posible que tome las sesiones en nuestra casa?
-Si es por eso no debe preocuparse, aquí contamos con muchas actividades a realizar con ella para que se sienta a gusto.
-Sucede que... no se deja tomar...- comenta el joven, ahora todo el interés de la mujer estaba en él.
-¿Desde qué edad comenzó a demostrar ese rechazo?- la pareja se mira pensativa.
-Será desde los nueve meses aproximadamente.- responde al fin.
-No aceptaba tomar de pecho.- comenta algo dolida Saki.
-Les voy a comentar, es normal que a partir de los ocho meses un niño desarrolle el miedo a las personas y a las situaciones que para ellos resulta extraña y que solo junto a una madre logran calmar... Por lo que me dicen se trata de una fobia, ya deja de ser un miedo, por lo que la angustia desencadenada entonces se transforma en un viaje de ida...- comenzando a notar el susto en el rostro de los padres, intenta cambiar el tono. -Pero no es algo que... ¿Alguna vez se les ha caído?
-Oh, por dios, no, no.
-Bien.- toma su libreta para hacer unas anotaciones. -La tomaré.

-Buenas tardes.- ya habían pasado tres días de la entrevista y ahora la doctora se hallaba a la puerta de la residencia Hatsune siendo recibida.

-Su habitación está subiendo las escaleras.- indica el hombre a lo que la doctora nota la puerta de seguridad colocada al inicio de las mismas. Una vez las sube y cierra la que estaba colocada arriba nota un pequeño revoltijo de cabello turquesa corriendo a uno de los cuartos y dejando unas muñecas en medio del pasillo.

Pasa una hora hasta que ven a la doctora bajando. -No sabe hablar.
-Ah... sólo...
-Está bien, la negación que tiene es... bueno, ¿podemos sentarnos?- enseguida pasan a la sala de estar, y apenas toma asiento... -Se llama afefobia.- comenta tomando una masa dulce de las que acababa de colocar la joven en la mesa ratona y llevándosela a la boca. La pareja la miraba confundida esperando a que terminara aquel dulce y se explicara mejor. -... miedo extremo o patológico a ser tocado, un temor que, admito, es la primera vez en mi carrera que la encuentro en alguien tan joven y sí... es algo que únicamente puede tratarse de forma psicológica. Es muy pequeña y eso lo hará un poco complicado pero no imposible, el primer tratamiento debe ser cognitivo conductual, no vamos a escarbar en el pasado, sino fijarnos en su presente, no nos enfocaremos en sus sentimientos sino en el cambio de su comportamiento y pensamiento. La más fácil de todas es la desensibilización sistemática, ordenare una serie de sucesos que le provoquen ese rechazo de menor a mayor grado, repetiré una misma situación hasta que deje de darme su actual respuesta de ansiedad ante tales y, en efecto, se relaje. Es un proceso que llevará tiempo pero que no iniciaré sin su autorización primero.- termina de decir antes de llevarse otra masita a la boca y mirarlos. Ambos estaban aun perplejos ente ella, procesando todo lo que acababa de decirles.
-La tiene... Dra. Yowane.- responde Kei.

Su evolución era constante, con los años su relación con sus padres ya era un problema menos e incluso el habla, aunque un tanto trabajosa cabe añadir, sólo quedaba ella y su interacción con el mundo exterior, mejor dicho, con las personas allí presentes.

-¡Es mío, ya te lo dije!- chillaba la pequeña rubia mientras quitaba de brazos de su hermano un cachorro de peluche y a éste se le comenzaban a llenar los ojos de lágrimas. En seguida el mayor entre ellos se aproximaba.

-No importa, yo tengo algo mejor.- le susurraba al menor con una sonrisa extendiéndole la mano, acto que era apreciado por aquellos enormes ojos celestes que lo veían todo desde aquella esquina de la habitación. Las visitas de aquellos tres niños se habían estado haciendo frecuentes en su casa, "amigos de papá" recordaba de aquella charla que tuvo con sus padres. -¿Quieres venir con nosotros?- aquella pregunta la sacó de lugar.
-¿Eh...?- los dos niños estaban parados a su lado, dirigiéndose al patio, giró su cabeza para ver a la otra niña pero parecía estar muy ocupada con aquel desgraciado animal de peluche, al que ya le estaba enmarañando las orejas. Los jóvenes aún la miraban esperando una respuesta.
-¿Quieres jugar?- le pregunta el peli-azul con una sonrisa.
-No.
-Ah... p-pero ¿no te aburres?

-No.- era todo lo que parecía que saldría de su boca.
-¡Pero te perderás lo que encontré! ¡Es muy genial!- insiste. -Vamos a verlo.- dice aún con el otro pequeño de la mano y llevándolo afuera. No podía evitar sentir la intriga que instantáneamente la hizo ponerse de pie apenas los vio salir y caminar detrás de ellos a distancia. Los vio correr hacia una esquina y detrás de unos pequeños arbustos al fondo del lugar. -¡Mira!- le oye exclamar a lo que se le dibuja una sonrisa al menor. -Estoy seguro que saldrá pronto.- en seguida ve que dirige sus ojos a ella. -¡Ven!- comenzó a acercarse en silencio hasta que miró detrás de la maseta, justo allí colgando de una rama había un capullo de seda. -Pronto saldrá, estoy seguro.

-¡Podemos ponerle nombre!- salta el pequeño con emoción. -¿¡De qué color será!?

-Rosa.- sale repentinamente de los labios de la joven y los dos se la quedan viendo.
-¿Te gusta el rosa?- pregunta el mayor mirándola aun un tanto sorprendido ya que en toda la semana que sus padres lo llevaban allí nunca les había dirigido muchas palabras. Luego sucedió algo aún más inesperado... sonrió.


¡Doble post! Espero que les guste y ¡gracias por seguir ahí!