¡Hola! Perdón por no haber subido capítulo ayer, no pude (T.T). Pero como compensación, hoy subiré el de ayer y el de hoy, asi que aquí está el que tenía que haber subido ayer.

¡Nos leemos pronto!


Capítulo 9.

La nueva reforma debía presentarse a la mañana siguiente, por lo que Hermione había estado viviendo, durante esos últimos días, casi por completo en el piso de Ron, donde podía ir a la biblioteca o a la tienda de libros mágicos en caso de quedarse bloqueada. Los elfos domésticos de Hogwarts le habían servido de mucha ayuda, algunos de ellos incluso se habían ofrecido a declarar ante los magos que debían aprobar la propuesta.

La relación entre Ron y Hermione volvía a ser la misma de siempre, salvo por el hecho de que ahora discutían mucho menos. Hermione seguía pensando en hablar sobre lo que sentía con el pelirrojo, pero la presencia de cierto francés en su vida —así como sus constantes conversaciones por teléfono, que siempre terminaban en discusión— hacían que atrasase el momento de sincerarse. Además, estaba el hecho de que ella no sabía qué tipo de relación tenía Ron con Zoe, pero estaba claro que no era una simple amistad.

Hermione se encontraba releyendo su propuesta en el sofá, con Crookshanks a su lado. Ese día Ron trabajaba por la tarde, por lo que todavía debían de faltar un par de horas para que llegase. Después de varios días pensando en hacerle ver que todavía sentía algo por él, Hermione había decidido que esa noche tendría una conversación con Ron. Tenía claro que ella seguía sintiendo algo por el pelirrojo y que vivir juntos y dormir en la misma cama no era de mucha ayuda a la hora de aclarar sus sentimientos por François.

Herms, hoy llegaré tarde. He quedado con Zoe. Besos.

«Ha quedado con Zoe —esas cuatro palabras resonaron en la mente de Hermione después de haber leído el mensaje—. Soy una estúpida por pensar que no había nada entre ellos. Por creer que Ron todavía sentía algo por mí…». Hermione dejó su teléfono en la mesa y, sin ganas de continuar con lo que estaba haciendo, se recostó con los ojos cerrados. Estaba claro que no podía hablar con Ron de sus sentimientos, principalmente porque él parecía haber rehecho su vida con alguien y ella no podía meterse entremedias. Además, ella también estaba con alguien. No era justo para François. Hacía unos días que no hablaba con él y quizá debería llamarle. Como si le hubiese leído la mente, el teléfono de Hermione comenzó a sonar.

—¡Hola, Fran! Justo estaba pensando en llamarte ahora mismo —Hermione intentó sonar lo más feliz que pudo—. ¿Qué tal estás?

—Bien… esto… oye Hegmione, ¿Cuándo vas a volveg a casa? —El tono de François sonaba serio—. Hace mucho que no vienes y dijiste que ese tgabajo solo iba a seg cuestión de unas semanas.

—Ya, pero con el aplazamiento al final ha durado un poco más. Este viernes la vuelvo a presentar y si todo va bien, podré ir de visita a París en unos días…

—¿De visita? ¡Hegmione, vives aquí! ¿Qué quieges decig que vendgas de visita? Cgeía que cuando tegminase la pgesentación, tu volvegías a tu tgabajo aquí.

—Bueno, Fran, si… si la aprueban, tendré que viajar y venir de vez en cuando a Inglaterra. Es una colaboración entre los dos ministerios y, por lo tanto… bueno me necesitarán aquí también.

—Estoy empezando a hagtagme, Hegmione —François comenzó a elevar el tono de voz, claramente enfadado por las palabras de la joven—. Llevas mintiéndome desde que comenzaste a tgabajag en ese pgoyecto. Siempge diciendo que vas a venig unos días, pego siempge te sugge algo nuevo.

—¡PERO ES MI TRABAJO! Llevo años preparándome para este proyecto, para esta ref… para este tipo de colaboración entre países. Además, mis padres, mis amigos están todos aquí… tú también pasas días fuera de casa por tus partidos, ¡No es justo!

—YO ESTOY EN PAGÍS, HEGMIONE. TU VIDA ESTÁ EN PAGÍS, NO EN INGLATEGGA. SI DE VEGDAD TE IMPOGTA ALGO ESTO, DEBEGÍAS VENIG YA. ESTOY CANSADO DE TENEG QUE HABLAG CONTIGO POG TELÉFONO.

Sin siquiera despedirse, François cortó la llamada. Hermione se quedó con el teléfono en la mano, sintiendo un remolino de emociones que había aprendido a reconocer muy bien durante los últimos meses. Por un lado, odiaba que François le hablase así, que intentara frenar sus sueños de aquella manera. Pero en algunas ocasiones, cuando se encontraba más vulnerable, algo dentro de ella le había llevado a pensar que el francés tenía razón. Que su vida estaba en París, con él; no en Inglaterra. Por otro lado, todos los sentimientos que tenía hacia Ron que, aunque quisiese negarlo, nunca habían llegado a desaparecer por completo, le empujaban a intentar cambiar de nuevo, a luchar por lo que una vez había sido su vida. Además, el pelirrojo siempre había sabido como animarla, confiaba en ella más que en nadie y siempre le decía que era capaz de todo lo que se propusiese. Le había estado ayudando mucho en aquella propuesta con la que había soñado desde el colegio.

Tantos pensamientos contradictorios le habían levantado dolor de cabeza a Hermione, que seguía recostada en el sofá. Crookshanks se había movido y ahora le observaba desde el otro lado del sillón con una expresión en la cara que la joven supo que le estaba recriminando su comportamiento derrotista.

—Sé que estoy siendo irracional, Crooks. No necesito que me mires así tú también —fijándose en la hora que era, Hermione se levantó del sofá, dispuesta a dejar de pensar en todo aquello—. Ven, corre. Va siendo hora de cenar algo.

El gato salió corriendo hacia la cocina, complacido de que su humana se hubiese dado cuenta por fin de que era hora de comer. Hermione le siguió de cerca, reprochándose a sí misma sus decisiones.

Después de cenar, y sin muchas ganas de continuar con la propuesta, Hermione decidió ver una película que daban en la tele. Sin embargo, casi dos horas después, y con la cara llena de lágrimas, se dio cuenta de que no había hecho la elección correcta. Con su estado de ánimo, lo peor que podía haber hecho era ponerse a ver Titanic.

Justo cuando ya estaban apareciendo los títulos de crédito, la puerta de la casa se abrió. Hermione intentó, sin mucho éxito, limpiarse las lágrimas que aun corrían desesperadas por sus mejillas.

—Herms, ya esto… ¿Qué te pasa? —Ron entró en el salón y se sentó a su lado, preocupado por el estado en el que se encontraba su amiga—. Hermione, ¿Por qué estás llorando? Y no me digas que es por esta estúpida película muggle, porque la has visto como un millón de veces y ya sabes cómo termina.

—He…he discutido con Fran hoy —Hermione decidió sincerarse con Ron. Refugiándose en el pecho de su amigo, se dejó envolver por sus brazos—. Creo que debería volver a París y dejar todo esto de los elfos…

—¿Todo esto de los elfos? Hermione, desde que tienes 15 años has luchado por las condiciones laborales de los elfos, has puesto mucho en esta propuesta y mañana ya la presentas —Ron estaba levantando el tono de voz, indignado con el comportamiento de ese novio de Hermione—. ¿TANTO LE CUESTA RESPETAR TU TRABAJO? ¡EN SERIO, HERMIONE, CÓMO SE TE OCURRA VOLVERTE A PARÍS SIN LUCHAR POR ESTO, IRÉ HASTA ALLÍ Y TE TRAERÉ A LA FUERZA!

Hermione se dejó envolver por el abrazo de Ron, quien había comenzado a susurrarle que todo iba a salir bien al día siguiente y que era hora de descansar un poco. El pelirrojo no podía dejar de pensar en qué tendría ese estúpido francés para haber hecho que Hermione, que siempre había sido muy independiente y que luchaba por lo que creía que era justo, se hubiese vuelto de aquella forma.

El día de la presentación había llegado y, en señal de apoyo, Ron había decidido tomarse el día libre para asistir a la exposición que debía hacer Hermione. Eran las 9 en punto de la mañana y muchas personas estaban ya sentadas en sus asientos, preparados para escuchar lo que debían aprobar o denegar en esa reunión. Hermione caminaba, en un intento fallido de calmar sus nervios, de un lado para otro en la zona que había tras el estrado al que debía subir.

—¡Herms! —Ron la abrazó fuertemente por detrás al entrar en la sala. Su mirada iba de un punto a otro de la habitación, intentando no ser visto por ninguno de los magos que trabajan en la seguridad de allí—. Sé que no debo estar aquí, ahórrate el sermón. Pero necesitaba verte antes y desearte suerte. Tú puedes hacerlo, no dudes en tus palabras. Con todo el trabajo que has hecho, si esos vejestorios no aprueban tu reforma, es que son gilipollas. Yo estaré en las ultimas filas para lo que necesites, si te trabas en alguna parte, tú mírame y piensa que estás en casa, contándomelo a mí solo. ¡Mucha suerte, Herms!

—Gracias, Ron. No es por echarte, pero deberías volver a tu sitio antes de que te vean y te echen de la presentación. Voy a necesitarte ahí afuera.

Ron la besó en la mejilla y, tras un rápido abrazo, salió por la misma puerta por la que se había colado minutos atrás. Hermione respiró hondo y, pensando en lo que le había dicho el pelirrojo, se dirigió hacia el estrado.

Justo antes de salir, una pequeña mano la sujetó la chaqueta, haciendo que se parase de golpe.

—Winky ha traído a los elfos de Hogwarts, señorita Hermione —la elfina la miraba con sus grandes ojos iluminados. Tras ella, una docena de elfos asentían—. La directora McGonagall le dijo a Winky que podría traer a algunos de los elfos para apoyar a la señorita Hermione. Winky eligió a los que parecían más habladores. Winky espera que sean suficientes para la señorita Hermione.

—Oh Winky, no era necesario. ¡Muchas gracias! —Hermione no podía creer que los elfos estuviesen allí, dispuestos a dar su opinión en un tema que les afectaba tanto—. Serán más que suficiente. Esperad aquí hasta que os avise. Primero debo presentarme y presentaros a vosotros.

—Winky se quedará aquí con los elfos, señorita Hermione. Cuando sea necesaria nuestra presencia, nosotros saldremos a hablar.

—Gracias, Winky. Esperad unos minutos.

Hermione echó una última mirada a los elfos que estaban allí reunidos y, sin rastro de las dudas que minutos atrás habían amenazado con hundir su presentación, salió.

—Buenos días a todos, soy Hermione Granger y vengo para presentar las modificaciones de mi propuesta anterior —Hermione buscó con la mirada los ojos azules de Ron, que le observaban con un brillo peculiar—. Hoy, además de mis propuestas para la reforma de Ley, me gustaría que escuchasen las palabras del colectivo al que van dirigidas estas mejoras. Me gustaría presentarles a los elfos de las cocinas de Hogwarts, quienes hablarán sobre sus opiniones respecto a la nueva propuesta…

Hora y media después, los miembros del jurado debatían acerca de lo que acababan de escuchar. Hermione esperaba, junto a Winky y los demás elfos, a que la decisión fuera tomada.

—Muy bien, la decisión se ha tomado ya. Señorita Granger, como miembro principal de este jurado, me complace comunicarle que su propuesta se llevará a cabo. Hemos tenido en cuenta este nuevo trabajo de investigación que ha realizado, así como las palabras de estos amables elfos que han venido hasta aquí para hablarnos de sus condiciones laborales actuales. Podrá comenzar a trabajar en la reforma la semana que viene ¡Felicidades!

La sala rompió en aplausos y Hermione agradeció brevemente la oportunidad que le brindaban. Después de tantos años, su sueño de darles una vida mejor a los elfos domésticos se había cumplido. Tras agradecer y despedir a los elfos, que debían volver a sus puestos de trabajo, Hermione se reunió con Ron, quien no pudo evitar abrazarla y levantarla del suelo.

—¡Lo has conseguido! ¡Te dije que lo conseguirías! —Ron volvió a dejarla en el suelo, sin apartar sus manos de las caderas de la chica—. Vamos a celebrarlo. Te invito a comer en algún sitio, ¿Te apetece?

—Gracias, Ron. Por todo —Hermione se sentía realmente bien porque fuese Ron quien estuviera allí a su lado. Por un momento, la presencia de cierto francés se había evaporado por completo—. Me encantaría ir a celebrarlo, pero debo ponerme las pilas para buscar una casa ahora que voy a estar más por aquí.

—¿Qué? Pero Hermione si ya tienes casa, puedes vivir conmigo.

—Pero, Ron, no puedo aprovecharme más de ti. Además, solo hay una habitación, ¿No crees que estarías mejor solo de nuevo? Así tendrías más intimidad…

—Tonterías —Ron no dejaba de sonreír, por lo que Hermione dedujo que no había entendido aquella referencia a su privacidad… o a Zoe—. Llevamos durmiendo en la misma cama desde hace un mes, estamos bien así. Ambos somos adultos y sabemos cómo llevar nuestra amistad. Además, ¿Qué intimidad voy a necesitar? Eres tú, no tengo ningún secreto que deba mantener contigo. No se hable más, vamos a celebrarlo y después te ayudaré a mover las cosas de casa de tus padres a nuestra casa.

Hermione se sonrojó ante la mención de SU casa. Estos momentos no hacían sino complicar más sus sentimientos. Sin embargo, contagiada por la alegría de Ron, se dejó llevar y aceptó esa invitación a comer y a trasladarse después a la casa de él.

Ron y Hermione llevaban viviendo juntos de manera oficial dos meses. En ese tiempo, la chica había viajado a París varias veces, pero nunca por tanto tiempo. Este último viaje iba a ser más largo de lo habitual y Ron pensaba que no iba a acostumbrarse a estar solo de nuevo.

Tras haber pasado las Navidades en Londres con su familia y los Weasley, Hermione había pensado en volver a París durante unas semanas para estar con su novio e intentar aclarar sus sentimientos.

—¿Ya tienes todo listo? —Ron apareció en el salón preparado para llevar a Hermione al aeropuerto más cercano a Oxford—. ¿No llevas demasiadas maletas? Antes te cabía todo en un mini-bolso de cuentas.

—No puedo aparecer allí con todas mis cosas en ese bolso, Ronald. Te recuerdo que mi vida allí es muggle. Y si, ya estoy lista para irnos.

Ron le ayudó a coger el equipaje y juntos bajaron hasta el garaje del edificio, donde se encontraba el coche de Ron. El pelirrojo había aprendido a conducir cuando se mudó a la ciudad, durante su crisis de no utilizar la magia.

Tras meter la última maleta, y aprovechando que Hermione ya se encontraba en el coche, Ron palpó el sobre que llevaba en el bolsillo trasero del pantalón. Tras una discusión de Hermione con su novio, Ron le había escrito una carta, pero no había tenido el valor de dársela todavía. Aquel viaje sería la oportunidad perfecta para dársela y que ella recapacitase y meditase sobre el contenido de esta, por lo que debía entregársela antes de que subiera al avión.

—¿Qué planes tienes para este mes sin mí? —Preguntó Hermione cuando el pelirrojo entró en el coche—. Yo he pensado en ir a un pueblecito que está cerca de París... ya sabes, para pasar unos días más románticos con Fran.

—Intentaré recuperar un poco mi soledad... aprovechando que te vas —Ron intentó sonar gracioso, pidiéndole a Merlín que Hermione no notase el efecto que habían tenido sus palabras sobre él—. Supongo que iré a la Madriguera algunos días a comer. Después de todas las Navidades allí, echo de menos la comida de mamá. Ya me había acostumbrado de nuevo a ella.

Durante todo el trayecto Hermione no dejó de hablar de sus planes con François, lo que hacía que Ron no dejase de pensar en si sería buena idea darle la carta que había escrito o no.

—Bueno, parece que ha llegado el momento de despedirnos.

—Si, eso parece —Ron se pasó la mano por el pelo—. Herms, esto... yo quería...

Hermione le estaba mirando muy fijamente a los ojos. Él notaba que se estaba poniendo rojo por momentos y se repitió para sí mismo que debía parecer un completo idiota.

—¿Ron? —En ese momento sonó el móvil de Hermione—. Perdón, es un mensaje de Fran, va a ir a recogerme. ¿Qué querías decirme?

—Eh, no nada... Que me avises cuando llegues para quedarme tranquilo —Hermione le abrazó—. Y vuelve pronto.

—Nos vemos en cuatro semanas, Ron. Además, soy tu pareja para la boda de Harry y Ginny.

Hermione cortó el abrazo, besándole la mejilla antes de separarse.

El sobre parecía quemar en el bolsillo de Ron, condenado a seguir oculto. Después de conocer todos los planes que tenía Hermione en París, no le pareció buena idea exponer sus sentimientos de aquel modo.

—Bueno, será mejor que pases ya, no querrás perder el avión —Hermione asintió—. Vendré a recogerte cuando vuelvas. Pásalo bien allí.

—Hasta dentro de un mes, Ron.

Hermione se dirigió hacia los controles para pasar a la terminal del aeropuerto. Ron se quedó mirando como su amiga se marchaba.

...

Al llegar a casa, Ron sacó el sobre del pantalón y lo dejó encima de una pila de libros que Hermione debía de haber dejado allí, sin preocuparse en esconderlo o romperlo.

Crookshanks le observaba medio dormido desde el sofá.

—Nos hemos vuelto a quedar solos —Ron se dejó caer en el sofá junto al gato—. Van a ser unas semanas muy largas.