X. Erebus.
—Estás ahí, ¿verdad? Siempre estás ahí. Creo que deberíamos de hablar…
Cuando te encontrabas sola dentro de tu habitación por las noches, podías sentir su presencia, su vigía. Podía ser más silenciosa que un muerto, pero con el pasar de los años habías aprendido a diferenciar al silencio absoluto del silencio de su compañía. Parecía simplemente conformarse a la estancia como tu sombra.
Su voz estaba muy cerca de ti, casi un murmullo de ratón. No podías verla, pero ella a ti sí— Nunca quieres hablar, a menos de que sea para pedirme un favor, lo cual rara vez ocurre. Y no me extraña. Debes de seguir odiándome...
—Lo que has hecho no fue por mí, sino por ti. Tú… ¿de verdad sentías algo romántico por Allen?
No era un secreto que ella estuviera enamorada de ti, pero tanto tú como ella sabían que tales sentimientos no tenían futuro alguno. Probablemente Tyki era capaz de soportarla, e incluso controlarla un poco, pero era evidente que ella no estaba hecha para ti. Era inevitable que ella fuera a lastimar a las personas que amaba, y eso te incluía a ti. Fue ella quien se dedicó a dibujar una réplica de la cicatriz maldita en el rostro que ahora usabas.
—De un modo retorcido e insano, por supuesto. Incluso yo soy consciente de la deliciosa demencia derramada por un amor no correspondido.
—Creí que Neah sí correspondía tus sentimientos.
—Oh, no… ¿creías que era Neah la razón por la cual me enamoré de ti?
—Sí, hasta que me hiciste ésa pregunta. Ahora estoy confundida…
—Yo siempre amé a Neah, pero él no era el único para mí. Alguien muy cercano a él compartía el mismo lugar en mi corazón.
Ya sabías lo que ella sugería con aquella pista. No necesitabas hacerla hablar de los detalles de su bizarra vida sentimental.
—Ya veo. Lo siento, Road.
—No te disculpes. Tú no eres el responsable de haber perdido la memoria. Ni tú, ni Mana.
—Por cierto, regresando a lo que quería hablar contigo…
—Dime.
—¿Qué va a ocurrir una vez que el Conde Milenario vuelva a despertar?
—Se va a poner muy triste de ver a su familia una vez más destruida. Va a llorar mucho, tenlo por seguro.
—Me lo imagino —Suspiraste. Te incomodaba la idea de ver a tu segundo peor enemigo llorar—. Pero sabes que Neah tendrá que matarlo una vez que eso suceda. ¿Cómo te sientes respecto a eso?
—No me subestimes. Ahora estoy lista para afrontar el peor de los escenarios. Por supuesto, Neah aún no está del todo consciente de la responsabilidad que tomará al matar al Conde Milenario. No es algo que yo pueda evitar por mucho que lo intente. Un desastre podría tomar lugar si Neah llega a ser victorioso.
—¿Qué clase de desastre ocurriría si Neah se convirtiera en el nuevo Conde?
—No ocurriría tal desastre, por lo menos no necesariamente. Aquello no depende de él.
—¿Entonces eso depende de Lilith? ¿Es su pacto con ella?
—Algo así. Lo que me preocupa más que nada es que Tyki tenga que perder la vida en el proceso.
—Entiendo que él es el único familiar que te queda, además de Jasdero y Devitto, pero…—
Su voz se hizo más fuerte dentro de tu cabeza— No es eso. Si Tyki muere… si el Noah de Tyki es destruido, perderemos toda la esperanza de ganar contra Apocryphos. Ten en consideración que no podemos que arreglar ése problema hereditario antes de destruir el Corazón.
—Lo sé. Pero… ¿estás bien con esto? ¿Puedo esperar algún movimiento traicionero de tu parte cuando estemos ejecutando nuestro plan?
Ella soltó una risita, algo que nunca dabas por bienvenido de parte suya— ¿Y qué harías tú, Allen? Tú eres nuestra mezcla de gris en este cuadro de blancos y negros. Eres la parte más importante de todo el plan, y no existe forma en la que alguien termine traicionándote a ti de todas las personas involucradas. Eres demasiado valiosa para todos. Ni siquiera Apocryphos te querría muerta… claro, mientras tengas a Crown Clown almacenado en tu cuerpo. Pero sigues siendo la persona más importante en toda esta historia.
No te agradaba escuchar eso una vez más. Honestamente, preferías aliarte a la idea de que un rol menor era más adecuado para ti. Era una carga demasiado grande.
—Te es fácil decirlo, Road. Me he entrenado todos los días preparándome para el momento en el que tenga que enfrentarme a esa cosa —un espasmo involuntario recorrió tus hombros mientras murmuraste a tu interior—. Todavía tengo miedo…
—Tranquila. Hemos estado en ventaja contra Apocryphos. La única razón por la cual no nos ha atrapado aún es porque él todavía cree que estás escondida en algún punto adelantado en la historia, digamos, medio año después de nuestro presente. Él ha creído ciegamente que tenemos libre acceso al Destructor del Tiempo, pero en realidad tu cuerpo nos lo ha impedido por la última década. En su ignorancia él terminará ayudándonos a acceder a ése poder, lo cual nos ayudará a destruirlo a él y al Corazón.
Road lo decía como si se tratara de la cosa más fácil del mundo, pero en realidad es que ella estuvo consciente de la estructura del plan desde mucho antes que viniera en ocurrencia. Se podría decir que ella formó parte de todo mucho antes de que se materializara.
La pequeña descendiente de Noah suspiró, un movimiento que lograste percibir a pesar de que ella no estuviera en la misma dimensión que tú… Sentías un cosquilleo deslizarse sobre tus costillas, como si dos pequeños brazos estuvieran rodeando tu torso. Quizás era la cosa más cercana que podría hacer ella a darte un abrazo. Road no poseía forma física propia después de todo. Lo único que podía hacer era manifestarse a través de los sueños y trances. Siempre podría abrir la puerta a su pequeño mundo imaginario, podría establecer contacto con otros que tuvieran permiso de entrar… pero mientras estuvieras despierta, mientras lo negaras con todas tus fuerzas, ella jamás podría hacerte entrar a su mundo. Incluso si dormías, ella apenas podía hacerte sentir el fantasma de su contacto.
—Este cuerpo que estoy usando no es del todo normal, ¿cierto? Aunque es completamente humano, siempre hubo algo anormal residiendo en su interior, y no se trata sólo del Crown Clown.
—Es algo que descubriremos juntos en nuestro viaje.
Ni siquiera necesitaste aquel cosquilleo para adivinar que ella te plantó un beso en la boca. Era demasiado predecible. No era anormal de ella demostrar su afecto en cualquier forma que se le permitiera, no es como si hubiera algo más que pudiera consolarla. Pero no podrías entregarle ése afecto, por mucho que trataras.
Tu nombre no es importante, pero normalmente te conocen por el alias de "Lavi". Y ahora estás desempolvando tus habilidades de pelea. No habías peleado así en muchos años. Te preocupaba el Bookman, que a pesar de su fortaleza también se había desacostumbrado al combate.
Tenías a tu lado a un aliado singular. Varios, a decir verdad. No podías decir que todos te agradaban. Tyki Mikk, quien te estuvo molestando particularmente por mucho tiempo, te preguntó acerca de la búsqueda en la que estuviste inmerso antes de que Road los transportara a esta parte del mundo.
Por supuesto, él tuvo la bendita iniciativa de hacer un destrozo de propiedad, llamando así la atención de toda la guardia y gente combatiente de los cuarteles de la Orden. No fue el movimiento más inteligente, pero en medio del caos, tendrían oportunidad de salvar a Ellen y ejecutar la misión con éxito. Tyki volvió a interrogarte, mientras despachaba a un par de agentes de CROW con gran facilidad.
Respondiste que no hallaste el tesoro en cuestión, tuviste que repetirle la respuesta porque un agente trató de apuñalarte. Pudiste noquearlo con un contrataque rápido y eficaz.
Tyki gritó, rompiéndole el brazo a otro agente:— ¿Qué quieres decir con que no encontraron la astilla? ¿No se supone que ese pedazo de madera iba a ser importante para lo que tenían planeado hacer para salvar a la chica?
—¡No te preocupes, que ya hemos arreglado eso, técnicamente ya lo arreglamos! ¡Hace mucho tiempo!
—¡No me jodas! ¿Y entonces para qué hicieron el maldito viaje en primer lugar?
No lograste responder. Tuviste que saltar lejos para esquivar un mortal tacleo de un exorcista que arribó para atacarte a ti en específico. Bookman se encargó de responder la duda de Tyki —¡Confirmación!
—¿Podrían discutirlo en otro momento? Estamos demasiado ocupados ahora mismo. —gritó Link, demostrando ser un combatiente más eficiente en conste a la protección de Neah, quien estaba pegado a la espalda del ex agente.
El exorcista que trató de derribarte era uno alto y de pálido semblante, su rostro de pelea se arrugaba con tal tensión que incluso parecía un demonio. Sus manos habían adquirido la forma de garras carmesí, afiladas. Podrían pulverizar huesos si lograran tocarte.
Pero reíste— Krory, no pensé que nos tendríamos que volver a encontrar de esta manera. Vaya, que te pusiste feo. —Obviamente a él no le causaste gracia alguna.
—Lamento decepcionarte, pero no te reconozco, por lo tanto, no debería de darme remordimiento el darte una paliza, seas quién seas.
—Tienes razón. Pero esta pelea bien me recuerda la primera vez que nos conocimos. Yo te estaba explicando cosas acerca de tu Inocencia y también de los Akumas. Por supuesto, no es necesario que lo recuerdes. Probablemente hay una escena completamente diferente construida en tus recuerdos. Incluso si no me reconoces, sólo quiero decir que valoré mucho el sabor de tu amistad, incluso si sólo duró unos cuantos meses… Kuro-chan.
Aunque seguía luchando con especial intensidad, al momento que pronunciaste el apodo, él pareció arquear una ceja.
—Es gracioso. Por poco me convences —Su sonrisa seguía siendo aterradora— . Te doy crédito por ser bueno con las palabras…
Un puño duro como piedra dio contra tu estómago y te mandó a volar a tu abuelo. Él te atrapó, pero no estabas feliz de haber bajado la guardia. El Bookman mayor resultaba ser más efectivo al pelear.
—¡Deja de jugar, pelmazo! ¡Tenemos cosas más importantes que hacer! —Farfulló el anciano, halando tu cabello bruscamente. Era momento que te pusieras serio con Arystar Krory.
—Lo siento mucho, Kuro-chan. Fue genial mientras duró. —resoplaste alzando en alto tu arma. El golpe no sería suave.
Mientras tanto, escuchabas a Neah avanzar con imprudencia entre los peleadores. Su caballero enmascarado seguía protegiéndolo con excelente dedicación.
—Link, sigue cubriéndome. Necesitamos alcanzar a Ellen y Lenalee pronto. —dijo Neah. También notaste hace pocos segundos que la exorcista Lenalee estaba saltando por los techos del cuartel. Fue directo a la zona de dormitorios; era natural asumir que ahí encontrarían su punto de reunión.
Pero era evidente que para ti y los Noah no era el momento de cambiar de localidad. Tenías que hacerle creer a todo mundo que las intenciones de esta invasión eran diferentes— Sólo necesitamos entretenerlos lo suficiente para que encuentren a Miranda Lotto. En el momento preciso, Road nos sacará del apuro.— dijo Tyki, despreocupadamente despachando al exorcista Chaoji Han.
De pronto, apareció una nueva exorcista. Parecía estar poseída por algo, pues sus movimientos no eran naturales y… a juzgar por la reacción de sus camaradas, ella debía significar malas noticias. No tuviste más tiempo para pensar cuando ella te azotó por medio de una onda invisible.
Tuviste el valor suficiente para hacer lo que Allen te pedía, y cuando extrajiste la empuñadura de su pecho con lentitud, temerosa de hacerle algún daño. La espada era ligera y delgada pero bastante larga. Lo más curioso es que no salió sangre ni cortó carne. Sólo dejó atrás la misma cicatriz ovalada perfectamente esculpida para el tamaño del arma.
Un poder extraordinario y místico conformaba la espada, y sólo eras capaz de identificarlo como Inocencia. Allen se reincorporó con rapidez y tomó la empuñadura, gentilmente pidiéndote que se la dejaras.
—¿Es esta espada el Crown Clown? —preguntaste todavía llena de confusión.
Allen balanceo brevemente la espada, probando su equilibrio y velocidad— Sí. Y también es la manzana de Lilith... Lamento haberte ocultado su verdadero paradero.
Frunciste el labio en reacción a su frialdad— Hevlaska también lo sabía. ¿Cómo es que no dijo nada acerca de esto?
—Incluso si ella hubiera querido, no hubiera podido extraer la Inocencia de mi cuerpo… —No hizo más pruebas con su nueva espada, así que te miró a los ojos y tomó tu mano; te sentiste tentada a despreciarla, pero no lo hiciste— Necesitamos encontrar a Miranda ahora mismo. Ella debería estar justo en este edificio…
—¿Miranda ya sabe de esto?
—Apocryphos me encontró demasiado pronto, y se suponía que debíamos de tener más tiempo para convencer a todos los demás exorcistas… Pero, no tenemos alternativas ahora. Hay que terminar esta batalla hoy mismo.
Su expresión no te mentía: Allen tampoco estaba muy feliz con la situación actual, pero como siempre, ahora no era el momento de hacer preguntas. Era necesario terminar las cosas con la rapidez y eficacia que ella solicitaba.
Tomaste a Ellen una vez más en tus brazos y descendiste por un agujero que hiciste en el techo de los dormitorios. Te dijo que Miranda debía de estar esperando en su cuarto, así que era ahí donde la ibas a llevar.
Aunque había un escándalo alzándose por todos los cuarteles, la zona de dormitorios estaba prácticamente vacía, solamente acompañada por los ecos de la alarma de emergencias. Era una atmósfera bastante desagradable que sólo despertaba recuerdos terribles.
Abriste la puerta casi con brusquedad, pero te sentiste al instante mal al mirar a tu vieja amiga abrazar a Neil mientras lo ponía a sentarse en su cama. El chico también parecía estar agitado.
—Miranda…
—Entonces tú también sabías, Lenalee… Ellen es Allen, ¿verdad? No me lo imaginé después de todo… —La pobre tenía su voz temblorosa, pero con rapidez se irguió con el pecho en alto. Te sentías tan mal por ella. Y probablemente no ayudaba el hecho de que Allen no se veía bastante amigable con ésa espada en su mano.
La joven se acercó a la otra exorcista, usando la voz más suave posible—Miranda, necesito que actives tu Inocencia. Estás por hacer algo un poco complicado, pero sólo sigue mis instrucciones y todo estará bien.
Miranda había retrocedido, era evidente que aún no estaba lista para confiar en este plan. Tú misma no lo estabas del todo, pero de repente escuchaste pasos precipitados correr hacia la habitación que ocupaban. Estabas casi dispuesta a darle una patada a cualquier intruso.
Salvo que él no era precisamente un intruso. Era el joven llamado Lavi. Parecía estar herido del hombro y la cabeza le sangraba, pero no de forma grave.
—¡Ellen! ¿Estás bien? —Por supuesto, tenía que dirigirse a Allen como prioridad inmediata. Estaba genuinamente preocupado por su bienestar.
—Lavi, ¿dónde está Bookman? —preguntó Allen.
—Él tiene algo diferente que hacer, pero más importante que eso, ¿estás bien?
—Estoy entera, gracias.
Lavi suspiró en forma de alivio y se movió al interior de la habitación, luego te miró a ti y sonrió con sinceridad.
—Hola Lenalee. Confío que aún no te sientes abrumada por esta tarea, ¿verdad?
Tú simplemente sacudiste los hombros— Puedo aguantar más que esto.
—Muy bien —asintió el hombre pelirrojo, luego posando su ojo único a la confundida Miranda y Neil, que sostenía una mirada de asombro— . ¿Es tu hijo, Miranda?
—¿Te conozco? —Miranda ponía en evidencia su poca disposición a abrirse con extraños.
Lavi rió de nuevo, pero un poco tenso— Probablemente no.
—¿Dónde está Neah? —preguntó Allen, que parecía apoyarse sobre la empuñadura de su espada. Estaba agotada.
—Debería llegar con su niñera dentro de un momento. Creí que ya estaría aquí para entonces. Puede ser que la exorcista de ojos aterradores esté dándoles mucha problemas…
Miranda exclamó sobresaltada— ¿Sadira? ¿Ella está peleando ahora mismo? ¡Pero ni siquiera está bien de su cabeza! ¡Algo la está controlando!
—Es obra de Apocryphos —dijo Allen—. Si ese monstruo toca a Neah, estamos perdidos.
—¿Quién es Neah? —preguntó Miranda.
—Neah es el 14° Noah. Ahora mismo él está usando el cuerpo que solía pertenecerme. No puedo permitir que Apocryphos le ponga un dedo encima…
Lavi agarró a la chica del brazo, casi con rudeza— ¿Estás loca, Ellen? Si hay alguien a quien Apocrypos le gustaría atrapar más rápido que a Neah, es a ti. Yo iré a buscarle…
—No será necesario, Bookman Junior.
Era la voz de alguien, pero no la voz que correspondía a "Allen Walker" o a "Neah"; se trataba de su guardián, el hombre enmascarado. Pero había algo dentro de ti que te indicaba que ya habías escuchado antes ésa voz.
—¡Ya era hora! ¡Nos estábamos preocupando, bastardos!
El sujeto de la máscara habló nuevamente, esta vez pudiste escucharlo con más atención— Arystar Krory nos causó más problemas de los que creímos. Pero ahora sólo está noqueado.
—Muy bien, creo que ya estamos todos —dijo Neah mientras se tronaba el cuello sin demostrar preocupación—. Podemos proceder.
Allen se acercó de nuevo a la exorcista mayor, dirigiéndole una orden sutil— Miranda, activa Time Record…
—No puedo… No puedo hacer esto—Te sentiste instantáneamente mal, porque estaba casi hiperventilando—. No entiendo lo que está sucediendo, tampoco quiero seguir aquí. Por favor…
—Sé que esto es difícil, Miranda, pero ahora mismo no tenemos opciones. ¡Entiende! ¡Todos podríamos morir si no haces esto por nosotros! ¡Piensa en Neil! ¡Por favor…!
Y también te dio vergüenza de que Allen recurriera instantáneamente al hijo de Miranda para hacerla reaccionar. Entendías que esto era crucial, pero ni siquiera Allen podía ser tan desvergonzada.
—Si hago esto… ¿qué certeza tengo de que Neil estará a salvo?
El niño no era tonto; estaba consciente de la situación— Mutti…
—¡No sé qué hacer! —La pobre estaba al borde de las lágrimas.
Esto era demasiado para ella; habías olvidado cómo reaccionaba tu amiga cuando estaba bajo mucha presión. Además, estaban hablando de que la vida de Neil peligraba; y aunque Miranda daría su vida sobre la de Neil, exigirle demasiado iba a afectarla demasiado y al final el estrés podría empeorar su estabilidad mental. En este cuadro sentías que debías de interferir.
Te arrodillaste al lado de la exorcista y tomaste gentilmente sus trémulas muñecas—Miranda, activa Time Record —pediste gentilmente; tu propia tranquilidad te sorprendía—. Prometo que protegeré a Neil con mi propia vida. Lo juro por todo lo que sé en este mundo.
—Yo también, Miranda—Allen insistió—. Tienes mi palabra de que yo haré todo lo posible por garantizar la seguridad de Neil.
Ella aún temblaba, pero pareció calmar su respiración y sus sollozos con sólo tus palabras. Finalmente, el pequeño hijo de la exorcista bajó de su cama y con sus brazos rodeó el cuello de su madre, besándole la cabeza— Mutti, eshta bien.
Casi te habías olvidado de la valentía del niño, tendrías que esmerarte mucho para mantener tu promesa con Miranda. Ella suspiró largamente, entonces puso en marcha el disco del reloj que cargaba en su antebrazo.
—… De acuerdo. Sé que de mí dependen todos ustedes… —Aun así su voz temblaba— Entonces lo haré.
Notaste que en el cuarto todos habían suspirado en silencio como forma de mostrar su alivio. Incluso tú estuviste por hacerlo, pero inmediatamente viste que Ellen se puso tensa. También tú. Era como si tu piel comenzara a erizarse sin ninguna razón aparente. No sabías si los demás se sentirían así por igual, pero era indiscutible que sentías que el aire se había vuelto más denso y caliente, pero no de una forma agradable.
Sabías que algo marchaba mal; Neah estaba peligrosamente parado justo en la entrada de la puerta abierta, y de repente sus ojos se abrían con lento terror.
—Ya veo… así que este es tu verdadero plan, Decimocuarto. —La Voz. La maldita voz del mismo ser que atacó a Ellen hace unos minutos. Y venía justo detrás de Neah. El auténtico horror en sus ojos causó que tu estómago se enfermara.
—Maldición…— El murmullo que soltó Neah en la voz de Allen estaba evidenciando su falta de aire, y de repente sus rodillas se doblaron y dejaron caer su peso. Detrás de él se encontraba Apocryphos, su mano derecha ensangrentada.
—Ahora no pueden ganar…—Murmuró la entidad con disfraz de cardenal; era evidente que estaba sonriendo. Tu primer instinto fue el de ir a atacarlo lo antes posible antes de que intentara hacer algo más. Mientras tanto, el hombre enmascarado atrapó a Neah e invocó lo que parecían amuletos de protección.
—¡Bastardo! —Parecía que Lavi sólo podía gritar. Era obvio que él no tenía el poder o armamento para convocar venganza sobre el monstruo. Tú eras la única que podía intervenir. Con tus botas activadas, cruzaste la habitación volando y tus filosos tacones golpearon contra el pecho del misterioso enemigo. Fuiste lo suficientemente rápida para sorprenderlo.
Fue un golpe de impacto tan bestial que de verdad sentiste como si le hubieras quebrado todos los huesos del cuerpo, si es que huesos tenía. Lograste mandarlo a colisionar al otro lado del edificio, lo que suponías decidida que les daría suficiente tiempo para finalizar la tarea que se proponían, si es que llegaba a funcionar.
Ellen gritó— ¡Miranda, lista!
Te preocupaste un poco al oír que Lavi te llamaba para que regresaras. No sabías si te preocupaba más ir a asegurar la vida de tu hermano Komui o el hecho de que ahora veías a Ellen al final de la habitación preparando su espada para clavarla al antebrazo en el que Miranda usaba su reloj. No podías negar de que te sentiste alarmada por ello, pero debiste suponerlo si el famoso Catalizador tenía forma de espada.
Entraste a la habitación de un brinco, simultáneamente el suelo bajo tus pies tembló y todo pareció ser rodeado por un inmenso campo de luz en forma de domo. No sabías si necesitabas fijar tu atención al hombre herido o a Ellen murmurando al oído de Miranda mientras el filo de la espada yacía profundamente enterrado en el disco del reloj, atravesando el brazo de la exorcista.
Obviamente estabas más interesada en el bienestar de Miranda. Sentiste que debías de apartar a Ellen para detenerla del daño que le estuviera haciendo a la pobre mujer, pero al acercarte sólo comprobaste que la espada, a pesar de estar literalmente clavada en la Inocencia y el antebrazo de la exorcista, ella no sentía verdadero dolor; Ellen sólo trataba de calmar los nervios de Miranda, porque la atemorizada acomodadora había entrado en pánico.
Luego volviste tu atención al otro lado de la habitación. Lo que no te sorprendía era ver a Neah/Allen en los brazos de su cuidador mientras Lavi examinaba el agujero de sangre que apareció en la espalda del sujeto. No sabías si de verdad sentías lástima por él, ya que no le tenías la mínima estima al Noah, pero todavía seguía siendo el cuerpo original de tu amigo. Claro, ahora mismo tampoco le tenías tanto cariño a Allen… Pero bien, lo que aquí te tenía sorprendida era ver por primera vez el rostro del misterioso guardián del Decimocuarto. Un hombre con rasgos largos y piel de pálido color. Sus ojos eran de color marrón casi rojo.
Definitivamente ya le habías visto antes, pero él había muerto hace mucho tiempo.
—¿Qué vamos a hacer? —Murmuró Miranda sin aliento. Parecía que utilizaba toda su voluntad con tal de no ceder de nuevo al terror.
Ellen, que también parecía tener su respiración agitada, fue la única con la capacidad de responder— Antes que nada, iremos a un punto en el que sé que estaremos a salvo…
—¿Dónde…?
La joven de pelo descolorido pareció apoyar un poco su peso en la empuñadura de la espada, pero en realidad estaba concentrándose. Notaste que el domo de luz que los mantenía a todos a salvo comenzó a perder brillo. Neil, quien todavía estaba involucrado en la situación, tuvo el instinto de correr hacia ti y abrazar tus piernas, de modo que ahora no era momento de molestar a su madre.
El niño te abrazó más fuerte cuando la luz del domo se comenzó a disipar, no completamente, pero la barrera que lo componía se estaba volviendo transparente, como vidrio. Pero el exterior ya no era la habitación de Miranda ni los cuarteles de la Orden Negra.
Era un lugar de aspecto abstracto. Era oscuro, pero alguna especie de iluminación verde mortecina daba silueta a los componentes de tan extraño paisaje. Era como una cueva de inmensidad incalculable, pero sus muros no parecían estar hechos de piedra, pues la piedra natural no tendría una textura tan detallada… Pero observaste con mayor atención.
Las paredes parecían tener ligamentos y membranas. Lo que creíste que serían telarañas se parecían más a las ramificaciones de las arterias, tal como las habías visto antes en heridas graves y en libros de biología. Incluso ciertas depresiones en los muros de la caverna tenían formas escalofriantes que te recordaban a las vértebras y costillas. No estabas segura de querer saber de qué material estaba hecho este lugar…
—Esto debe de ser… ¿Inframundo? —preguntó Lavi, que parecía estar tan asombrado como tú.
—Ni el tiempo ni el espacio fluyen en este lugar —respondió Ellen, absorbiendo la vista del paisaje como si se tratara de lo más natural—. Estamos en un lugar que nunca existió y jamás existirá.
No tenías palabras para describir cómo te hacía sentir eso. Con esta preocupación ya se te había olvidado de que Neah seguía fatalmente herido. De repente el panorama les otorgó vista a una colosal figura negra; un negro tan oscuro que jamás antes habías presenciado.
Sentiste un miedo indescriptible. Aquella figura que quizás tenía el tamaño de una montaña flotaba encima del domo de luz. No sabías qué era o si estaba vivo, lo único que sabías es que tenías miedo.
—¿Qué es eso? —susurraste, incapaz de ocultar cómo tiritaba tu propia voz. Ellen se levantó y separó de Miranda, asegurándole que ya no era necesaria su ayuda para que ella mantuviera el domo de luz estable.
El rostro de la joven miró con una combinación de amargura y serenidad a la inmensa negrura que flotaba y emitía terror a todos los viajeros.
—Es el Conde Milenario. —respondió.
N/A: Apuesto que ahora mismo se están preguntando cómo demonios le hicieron para seguir leyendo hasta este punto.
Si se preguntan el porqué de mi demora, es que publiqué un fic corto además de este, llamado "La Voluntad del Corazón", el cual, les aseguro, les hará sentir desesperación.
