Horas después, se encontraba bastante cansada. Seguramente empezaría el entrenamiento con Grimmjow al día siguiente, así que decidió descansar. No pudo dormir de un tirón, estuvo despertándose continuamente. Su cerebro seguía dividido en dos partes: una responsable y otra indecente. Las discusiones mentales entre ambas partes le despertaban.
"¡Idiota! ¿Por qué te apartaste?", protestaba la parte irresponsable.
"Es evidente", decía su parte buena. "Como si fuese a tener algo con ese psicópata".
"¡Ja! Pues ahora no puedes pensar en otra cosa. Tienes las hormonas alteradas"
"Que te jodan, todo esto es culpa tuya por provocar a ese bestia"
Tras seis horas de dar vueltas en la cama dormitando a ratos, se levantó y fue a la ducha. Se quedó un buen rato bajo la lluvia de agua caliente, intentando poner en orden sus pensamientos. Finalmente salió, se secó, se vistió, se arregló un poco y bajó al comedor a desayunar. En Hueco Mundo no había café, cosa que en aquel momento echaba de menos por su somnolencia. Se tuvo que conformar con té. Los sirvientes le llevaron arroz con pollo y salsa de soja. Se estaba cansando de desayunar arroz todas las mañanas.
Cuando estaba terminando, bajó Grimmjow. La miró una vez, antes de sentarse y dar órdenes a los sirvientes. Parecía que los sirvientes le tenían un miedo de muerte a Grimmjow. No era de extrañar. Le había visto una vez matar a un sirviente por caérsele sin querer una tetera, manchándole el hakama.
-Hoy comenzamos el entrenamiento- dijo Grimmjow, inexpresivo.
Kaede asintió con la cabeza. Se levantó y se acercó a la ventana del comedor, la cual daba a la cúpula soleada, sumergiéndose en sus pensamientos. Unos diez minutos después, escuchó unos pasos detrás de ella. Se dio la vuelta. Grimmjow estaba frente a Kaede, a un metro de distancia. La miró con semblante impasible.
-Sígueme- ordenó, echando a andar.
Salieron del comedor y bajaron por la escalera de caracol, deteniéndose luego enfrente de una puerta que daba a un patio exterior enorme, iluminado por la luz del sol. Grimmjow se colocó en medio del patio circular y miró a Kaede a los ojos.
-¿A qué esperas? Atácame con todas tus fuerzas.
Kaede lo miró confundida.
-¿Qué estas mirando? ¿Quieres que empiece yo o qué?
No hubo más advertencias. Usando sonido, apareció enfrente de la muchacha enviándole un puñetazo que ella bloqueó con la espada enfundada todavía. El impacto provocó una onda expansiva que levantó una nube de polvo circular a su alrededor. Los pies de Kaede se arrastraron unos cuantos centímetros hacia atrás. Entonces desenvainó su zanpakutoh.
-¡Amanece, Grey!
Kaede se lanzó contra el Espada con la espada en alto. El hombre bloqueó el golpe con el antebrazo, sin obtener ni un rasguño. En cambio, retiró pronto su brazo; había notado que la espada quemaba.
Grimmjow era uno de los peores entrenadores que había conocido. Se dedicaba a golpear, esquivar, pero no enseñaba nada. ¿Cómo se suponía que iba a prepararse para el bankai así?
Una hora después, Kaede estaba de rodillas en el suelo, encogida sobre sí misma, tosiendo sangre. Se había roto un par de costillas y tenía cardenales por todo el cuerpo. Respiraba con dificultad.
-Tch- soltó Grimmjow, despectivamente-. Eres una inútil. Tienes que mejorar.
"Contigo será imposible", estuvo a punto de contestarle. Pero no le apetecía recibir otra paliza.
Se levantó con esfuerzo. Apenas podía sostenerse en pie. Grimmjow la observó y dijo:
-Es suficiente por hoy. Llamaré a unos sirvientes para que curen tus heridas.
-Puedo hacerlo yo sola, gracias- dijo Kaede, muy irritada.
El Sexto alzó una ceja.
-Como quieras.
Por suerte aún le quedaba suficiente reiatsu para utilizar kidoh curativo. Cuando estuvo segura de que ya no tenía nada roto, volvió a su dormitorio, decidida a descansar. Sus voces cerebrales estaban calladas; mejor para ella. No le apetecía pensar en ese animal.
Se puso un ligero vestido de tirantes, de fina tela blanca para sentirse cómoda y se acostó.
-¡Maldición!- masculló Kaede.
No conseguía quitarse a aquel idiota de la cabeza. Su imagen, su voz, su olor, no se iban de su mente. Finalmente cayó en un sueño profundo. Estaba teniendo un sueño extraño: era un ratón blanco que corría por el bosque, perseguido por un bonito gato. Finalmente, el gato lo capturaba, pero no lo mataba; se dedicaba a jugar con él, sin sacar las uñas.
Despertó al sentir movimiento. No estaba sola en el dormitorio. Sentía el reiatsu de alguien más… Encendió una luz. Grimmjow estaba sentado en su cama, mirando aquel rostro que se acababa de despertar. No supo descifrar la expresión de su rostro. Era… ¿calmada?
-¿Qué haces tú aquí?
-De modo que estás despierta…- sonrió- no sabía que fueras tan sensible al ruido.
-No me has contestado- dijo Kaede, empezando a incorporarse.
-No tengo por qué contestarte, cetra. Después de todo, tu amo soy yo.
-¿Pero qué…?
Grimmjow se lamió los labios y, usando sonido, apareció encima de las piernas de la chica. Le cogió las muñecas y las mantuvo contra el colchón, imposibilitando cualquier movimiento. Sus rostros estaban tan cerca que notaban la respiración del otro. Ese olor…
-Tú…
-Cállate- ordenó el Arrancar
-Maldito- jadeó Kaede.
Sujetó las muñecas de la joven con una mano, mientras que con la otra cogía su barbilla para que no desviara la vista.
-Te he dicho- murmuró Grimmjow, acercando su rostro al de Kaede- que te calles.
Sus labios hicieron contacto. Los del Espada eran suaves y cálidos. Él separó los labios de ella con la lengua y la buscó. ¿Por qué estaba ella respondiendo al beso? Se separó en busca de aire. Estaba roja por la ira y la excitación. Pero no permitiría que hiciera con ella lo que se le viniera en gana. Se revolvió en busca de libertad. Pero era inútil; Grimmjow era mucho más fuerte que ella.
-¿Qué pretendes?- ronroneó Grimmjow, divertido- No sirve de nada que quieras escapar; estás a mi merced. Y te gustará estarlo.
Deslizó la punta de la lengua despacio sobre el cuello de la joven, quien se estremeció. Repartió suaves besos desde el cuello hasta la clavícula.
-No… Déjame- decía Kaede con voz débil.
-Puedes suplicar mejor…
¿Suplicar?
El hombre agarró la pechera del vestido y dio un tirón, desgarrándolo. Tiró el jirón de tela al suelo, quedando ella completamente desnuda. Él se inclinó sobre sus pechos, lamió el borde rosado de un pezón, provocando un escalofrío en la muchacha. La lengua del Espada se movía en círculos cada vez más estrechos, hasta que atrapó la endurecida punta con los labios.
-Po-por favor… para… Grimm… nhh…
Kaede intentaba contener los vergonzosos gemidos, pero fue inútil cuando Grimmjow mordió su pezón, haciendo que ella arqueara la espalda de dolor y placer. Pellizcó el otro pezón con los dedos y empezó a masajearlo. Se apartó para besarle el estómago, el vientre, lamer los bordes de su ombligo… y bajando. Acarició el interior de los muslos blancos y temblorosos, y liberó las muñecas de la joven mientras bajaba. Le abrió las piernas. Ella, al estar libre, se incorporó para intentar empujarlo, pero una sensación intensa la hizo caer sobre la cama. La lengua del Arrancar jugaba con los pliegues rosados, abriéndose camino hasta el clítoris. Kaede se encontró aferrándose a las sábanas, arqueando la espalda, subiendo las rodillas, gimiendo sin poder controlarse, estremeciéndose… pero Grimmjow no le dejó llegar al clímax. En menos de un segundo, estaba desnudo encima de ella. Su miembro era muy grande y… grueso, pensó Kaede acusadoramente. Se acomodó entre las piernas de ella, colocando la punta de su erección en su húmeda entrada.
-¿Todavía quieres que pare?- dijo Grimmjow con la respiración agitada.
¿Qué clase de pregunta era esa?
Kaede levantó las piernas, rodeando con ellas las caderas de Grimmjow y lo empujó hacia su interior. No pudo evitar gemir cuando la penetró.
Grimmjow al principio embestía con cuidado. Pero se detuvo.
-¿Por qué te detienes?- murmuró entre jadeos Kaede.
-Tú… no eres virgen.
No lo era. Ya había tenido relaciones sexuales cuando estaba en la Tierra. Una sola vez.
-¿Te… molesta?
Grimmjow sonrió y la besó antes de empezar a arremeter de nuevo. Al principio lentamente… Pero las embestidas eran cada vez más fuertes y rápidas. Kaede sentía que no podía contenerse mucho más. Grimmjow hundió sus uñas en las caderas de ella.
-Vamos, cetra… vente por mí- gimió el Espada.
Y la joven sintió una descarga de intensísimo placer, a la vez que el hombre emitía un último gemido y llegaba al orgasmo. Se dejó caer encima de su subordinada, con la respiración alterada, todavía con su miembro dentro de la muchacha.
La cetra no supo cuánto tiempo estuvieron así. Grimmjow salió de ella y se tendió a su lado, ciñéndole la cintura con un brazo. Le dio un tierno beso en los labios y cerró los ojos. Kaede se recostó contra su pecho, aspirando aquel olor que tantísimo le gustaba.
