Los personajes pertenecen a S.M, la trama y algunos de los personajes, son creación mía

Capítulo 10: Encuentros.

Pov Bella

Cuando llegamos al hospital nos dirigimos rápidamente hacia el área de emergencias en ningún momento Edward soltó mi mano ni tampoco digo algo sobre lo sucedido en su casa, su actitud me confundía, yo no quería hacerle daño a nadie. Ryans nos seguía bien de cerca sin perder de vista cualquier detalle, haciendo su trabajo de guardaespaldas. Edward se acercó al mesón de recepción para pedir algún dato sobre el estado de salud del hombre.

—Buenas noches, ¿el Dr. Carlisle? —pregunto, lo mire confundida, no se suponía que preguntara por su padre, quizás él nos podría ayudar.

—Él está ocupado en estos momentos, pero si gusta podemos hacerle una cita para mañana —dijo la enfermera, Edward tenso la mandíbula mirando fijamente a la chica, claramente ella no sabía que se trataba de su hijo.

—Dígale que lo necesita su hijo —dijo y comenzó a alejarse del mesón arrastrándome con él, bastante brusco a decir verdad.

—Llama a Carol, pregúntale sobre los datos del gerente de y pregúntale si alguien más vino con él —dijo Edward mirando a Ryans este solo asintió y comenzó a llamar por teléfono alejándose de nosotros.

Nos sentamos en la sala de espera mientras esperábamos al Dr. Carlisle. Edward no soltaba mi mano y ya comenzaba a ponerse morada por la falta de sangre.

—Me duele —susurre lo más bajo que pude esperando que me escuchara, Edward me miro y yo solo miraba nuestras manos. Edward soltó mi mano.

—Lo siento —susurro tomando mi mano otra vez pero esta vez solo la acariciaba.

—No te preocupes —le sonreí para tranquilizarlo, estire mi otra mano para acariciarle su mejilla. Alguien se aclaró la garganta frente a nosotros. Quite mi mano rápidamente y mire hacia adelante completamente avergonzada. Un muy sonriente Carlisle nos miraba.

—Supongo que vienen por el hombre que ingreso con un paro Cardiaco ¿cierto? —pregunto Carlisle sin dejar de sonreír.

—Sí, sabes ¿como esta? —pregunto Edward poniéndose de pie, yo lo imite.

—Él está estable, si hubieran demorado un poco más, aquel hombre no hubiera sobrevivido —dijo Carlisle con tono profesional, aun así de serio se veía guapo, Edward tenía mucho de su padre.

—Ryans esta averiguando el nombre con mi asistente —dijo Edward.

—¿Puedo verlo? —pregunte, los dos me miraron confundidos, estaba claro que no sabían a que se debía mi petición.

—Claro. Sígueme —asintió Carlisle, mirando a Edward.

—Iré a hablar con Ryans —informo a lo que yo solo asentí, él se acercó a mi dándome un beso en la comisura de mis labios, yo instintivamente cerré mis ojos. Él se alejó hacia donde estaba Ryans y yo comencé a caminar hasta Carlisle, él me sonreía divertido.

—¿Cómo te has sentido? —pregunto mientras caminábamos por el pasillo del hospital.

—Bien, ya los moretones se están yendo, aunque aún se notan —respondí encogiéndome de hombros quitándole importancia.

—Me alegro —sonrió y se detuvo abriendo la puerta a nuestra derecha— Solo cinco minutos, ya que no eres un familiar directo —dijo invitándome a entrar.

Asentí mientras entraba a la habitación, él estaba allí conectado al holter, también tenía una mascarilla para que pudiera respirar. Estaba un poco pálido, mientras más lo miraba más se me hacía conocido, mi mente trataba se hacer algún tipo de conexión, pero nada, no había nada. Suspire frustrada esperando que algo apareciera.

—Belly Bells —susurro el hombre desde la cama, como demonios el sabia mi diminutivo. Solo había una persona que me llamaba así y fue hace mucho tiempo que nadie más lo hacía, ni siquiera mi madre.

Solo aquellas palabras hicieron que mi mente se abriera en reconocerlo, no fui capaz de acercarme, el nudo en mi estómago me dejo congelada allí cerca de la puerta. Estaba petrificada, no podía ser cierto, esto no podría ser cierto, ahogue un sollozo en mi mano, salí de allí corriendo, no podía aceptarlo. Escuche a Edward llamarme, yo solo seguí corriendo. Me detuve justo en la salida, cerré mis ojos con fuerza, no podría ser él. No podría estar pasando.

—Isabella ¿Qué pasa? ¿Qué sucede? —pregunto Edward envolviéndome en su cuerpo. Pase mis brazos envolviendo su cintura aforrándome a él, queriendo desaparecer.

—Es él —respondí entre sollozos contra su pecho.

—¿Él? Cariño no entiendo a qué te refieres —dijo acariciando mi cabeza tratando de calmarme.

—Él es Charlie Swan, mi padre, el hombre que estaba en tu casa, él es mi padre —llore aún más sintiendo que mi cuerpo caía en un hoyo sin fondo— ¡Oh por Dios! —hundí mi rostro en el pecho de Edward, él solo me abrazo aún más fuerte dejando que me desahogara, que sacara todo lo que llevaba dentro, sobre todo la impresión de verlo allí.

—Tranquila, cariño —susurro confortándome. ¿Acaso Edward sabría que él es mi padre? Me separe de él bruscamente, me quedo mirando confundido por mi actitud.

—Tu… Tu… lo sabias —afirme tratando de que mi voz saliera clara, mi mente estaba echa un completo caos.

—No, no lo sabía, Carol solo me dijo que era gerente de una de las empresas de telecomunicaciones en Londres, solo eso —respondió completamente serio, me miro a los ojos—, crees que te ocultaría eso, después de todo lo que te he dicho, yo soy el que más quería que tu encontraras a tu padre, soy el que quiere tu felicidad —acuno mi rostro entre sus manos acercándose mi— No lo ves —susurro cerca de mis labios, yo no podía hacer nada, ni siquiera he pensar—. Me gustas, te quiero, quiero hacerte Feliz y darte todo lo que soy, todo lo que tengo —cerré mis ojos al escucharlo.

Presione mis labios en los de él, automáticamente envolví su cuello con mis brazos acercándome más a él, Edward me acerco más a su cuerpo envolviendo mi cintura, sintiendo el calor de su cuerpo a través de su ropa, delineo mi labio inferior con su lengua pidiéndome permiso yo por mi parte con gusto se lo concedí, entre abrí mis labios saboreando su lengua, sabia a café, sonreí ligeramente mientras enrollaba mi lengua alrededor de la suya, enrede mis dedos en su cabello, el gimió en mi boca, por Dios si no paraba haríamos un espectáculo justo en la salida del hospital, a mí no me importaba, lo quería y necesitaba, el hacía que me olvidara de todo lo que me rodea y solo podía concentrarme en él y ahora en sus labios. El rompió el beso, no me sentía segura de abrí mis ojos y mirarlo, pude sentir como mis mejillas se sonrojaban.

El dejo su frente unida a la mía, sentía su respiración agitada, yo solo era capaz de tratar de tranquilizar a mi loco corazón que amenazaba con salir, respire profundamente tratando de encontrar mi voz y recuperar mi corazón que aún estaba acelerado por el apasionado beso.

—Isabella —susurro contra mis labios. Solo quería besarlo y besarlo.

—Te quiero —susurre incapaz de mirarle a los ojos. Sentí sus labios sobre los míos moviéndose lenta y lleno de ternura, seguí sus movimientos, un beso tierno, lleno de adoración y cariño.

—Vamos, adentro, tenemos que hablar —susurro sobre mis labios apenas nos separamos, me abrazo besando mi frente haciendo que mi mente volviera a la realidad y comenzamos a caminar hacia adentro del hospital.

No sabía cómo sentirme o cómo actuar, eran muchas emociones para un solo día, primero el piano y la felicidad que sentí tocando. Luego el susto que me dio aquel hombre, que resulta ser mi padre, ahora la declaración de Edward. La pasión de sus besos.

Ryans nos esperaba en la sala de espera junto con Carlisle, quien me estaba mirando fijamente, creo que estaba estudiándome para saber si tenía algún daño. Le sonreí para tranquilizarlo el me devolvió la sonrisa.

Edward me ayudo a sentarme y él lo hizo a mi lado, tomo aire para comenzar a hablar.

—Creo que lo más importante que sepas, es que él está bien, sí, es tu padre, está casado y tiene un hijo —trague grueso tratando de no llorar, él está casado y yo tenía un hermano.

—¿Ella está aquí? —pregunte suavemente y Edward me miro confuso— ,me refiero si la esposa de mi padre está aquí en el país —dije mi voz sonaba quebrada. Las ganas de llorar eran cada vez más fuerte.

—Sí, Carol se ha comunicado con ella, estará aquí en un par de minutos —respondió Edward mirándome yo solo asentí. Aun no podía creer que esto estuviera pasando, porque mi madre mintió, porque jamás me dijo que él estaba vivo y porque él jamás me busco, porque no volvió por mí. No me había dado cuenta que las lágrimas corrían de forma libre por mis mejillas hasta que Edward las seco con sus pulgares.

—Tranquila, sé que ahora tienes muchas dudas y te prometo que te ayudare a resolverlas todas —dijo tiernamente asentí, él sonrió y me beso la frente.

Me abrazo mientras esperábamos a la esposa de mi padre, descanse mi cabeza en su hombro, no sabía qué hacer, porque mis días tenían que ser así, porque no podían ser normales, donde nadie me diga cosas que me alteren que sean normales, que mis emociones se queden quietas, sin sobre saltos ni nada, solo estar tranquila.

—¿Quisiera saber sobre mi esposo? —escuche una voz femenina, era una mujer morena, cabello negro hasta la cintura, a su lado un chico de su altura, cabellos oscuro y muy guapo.

—¿Me podría dar el nombre de su esposo? —respondió la enfermera en el mesón de recepción. Edward me abrazaba y acariciaba mi brazo con su mano haciendo que me relajara.

—Charles Swan —respondió la mujer, automáticamente levante mi rostro hacia ella, Edward se sentó derecho mirando a la mujer.

—Es ella —susurre bajito para que solo el pudiera escucharme.

—Sí, es ella —dijo Edward. Se levantó dejándome sentada—. Iré a hablar con ella, será mejor que esperes aquí ¿Esta bien? —pregunto mirándome.

—Sí, está bien —conteste moviendo mi cabeza de manera afirmativa.

—Ryans —llamo él aludido se acercó y se sentó a mi lado. Edward beso mi frente y se acercó a la mujer.

Me quede mirando a Edward mientras que hablaba con la mujer, ella se veía muy preocupada al borde de las lágrimas, su hijo puso sus manos sobre los hombros de ella dándole apoyo, también se veía muy afligido por saber algo de su padre, en un momento ella desvío su mirada hacia mí y ahogando un grito, me tense, Ryans agarro mi mano y le dio un apretón.

—Gracias —susurre, sin quitar la vista de la mujer. El chico también me miraba con rostro de sorpresa.

—No hay problema —dijo dándome una sonrisa.

Edward suspiro mirándonos, pero sobre todo mirando mi mano entre la de Ryans, solté su mano rápidamente, no quería que Edward se enojara conmigo, giro su rostro y siguió conversando con la mujer quien no dejaba de mirarme y de estudiarme haciendo que me pusiera nerviosa. Carlisle salió por una de las puertas mirándome, me levante como si tuviera un resorte en el trasero, me acerque a él.

—¿Cómo está? —pregunto la mujer quitándome la pregunta de mi mente y de mi boca.

—Él está estable, lo dejare unos días aquí en observación ha sido un gran infarto —dijo Carlisle mirando a la mujer.

—¿Puedo verlo? —pregunto el chico casi al borde de la desesperación.

—Perdón pero creo no será posible hasta mañana, él está sedado, ha tenido una fuerte impresión y será mejor dejarlo descansar —contesto Carlisle.

—Gracias Dr.… —respondió la mujer

—Llámeme Carlisle —respondió estirando la mano hacia la mujer.

—Sue Clearwater-Swan, este es mi hijo Seth Swan —Sue estrecho la mano de Carlisle.

—Un gusto —sonrió Carlisle—, tengo que retirarme —se alejó de nosotros después de despedirse de Edward, algo le dijo ya que se tensó de inmediato y cerro sus manos en puños. Me acerque a él rápidamente, y tome su mano dándole un apretón para que se relajara he de imaginarme que le dijo algo con respecto a su madre.

—Vamos a casa —susurre, el me miro y sonrió, pero su sonrisa no llego a sus ojos.

—Sue, Seth, si lo desean pueden quedarse en mi casa y mañana Ryans los traerá —dijo Edward, automáticamente puse la mitad de mi cuerpo detrás de Edward. Tratando de esconderme no tenía fuerzas para hablar con ella o con mi hermano.

—No queremos molestar, nos iremos al Hotel allí están nuestras cosas y preferimos quedarnos allí —dijo la mujer sonriendo. Creo que se dio cuenta de mi actitud.

—Está bien, pero Ryans estará en el hotel para traerlos —dijo Edward casi demandante.

—Gracias —respondió la mujer sonriendo se veía que era una gran mujer.

—Nos vemos —se despidió la mujer, yo no pude decir nada, todo era muy confuso. Comenzamos a caminar y Ryans ya tenía la puerta del Volvo abierta para nosotros, entramos y fue un gesto automático, en cuanto Ryans arranco el coche Edward me beso.

Al principio estaba sorprendida, pero al siguiente segundo estaba respondiendo a su demandante beso enrollando mis dedos en su cabello acercándolo más a mí, un gemido salió de su boca muriendo en mis labios haciendo que todos los músculos de mi parte inferior se tensaran de manera deliciosa, haciendo que mi parte inferior se humedeciera de manera agresiva. Cuando nos separamos en busca de aire, sus ojos eran intensos y más verdes que nunca. Yo solo quería olvidar todo por hoy, quería que el fuera como una goma para borrar y que borrara cada rastro de dolor en mi cuerpo, quería que él me amara. Solo quería que él me amara.

Edward (3°persona)

Tener los labios de Bella sobre los de él era una sensación increíblemente excitante. Pero sabía que se tenía que contralar, al terminar el beso se quedaron mirando por mucho tiempo, sin darse cuenta de que Ryans ya había aparcado el coche en la entrada de la casa.

Edward abrió la puerta y salió del coche, se giró para ayudar a Bella, ella tomo su mano, se perdió mirando los labios rojos e hinchados de Isabella a causa del beso de hace unos minutos. Sin decir una palabra se fueron hasta la habitación de Edward, ella lo miro confundida. Él sonrió torcidamente.

—Dormirás conmigo —susurro— creo que sería mejor si en caso de que tengas pesadillas —la miro dándole una sonrisa y sus mejillas se sonrojaron, Edward fue hasta su armario y tomó una de sus camisetas viejas y se la entregó.

—Gracias —susurro girándose hacia el baño, Edward soltó un suspiro y se puso su pijama. Rápidamente se metió a la cama esperándola.

Ella salió unos segundos después, se veía hermosa con su camiseta aunque le quedara un poco grande, en sus piernas aun podía ver sus moretones aunque ya iban desapareciendo. Dejo su ropa en uno de los sillones y se metió a la cama junto a Edward. Poco a poco se acercó a Edward, mientras que él sonreía abiertamente. La abrazó acomodando la cabeza de Isabella sobre su torso desnudo, ella tímidamente lo rodeo con su brazo.

—¿Cómo estas con respecto a lo de Charlie? —preguntó Edward mientras le acariciaba la espalda a través de la camiseta.

—No quiero hablar de eso ahora, hoy no por favor —pidió mirándolo apoyando su mentón en el pecho de Edward, solo pudo responder moviendo de manera afirmativa su cabeza, ella sonrió acercando sus labios a los de él. Edward tomo sus labio entre sus dientes tirando de ellos suavemente. Isabella soltó un jadeo y sabía que si no se controlaba eso lo enloquecería y podría jurar que ella estaba jugando con su control.

—Bella —susurró con voz ronca, cuando la pierna de Bella se enredó en su cintura sentándose sobre sus caderas.

—Por favor —pidió en un hilo de voz empujando sus caderas hacia abajo haciendo que sus sexos se encontraran, Edward tuvo que morder mi labio inferior para no gemir— Ámame —rogó besándolo intensamente. Claramente ella sabía lo que estaba haciendo.

Llevo sus manos hacia la cadera de Isabella consiguiendo una fricción de sus sexos demasiado deliciosa para su salud mental, haciendo que su amigo se despertara y reaccionara de manera rápida endureciéndose de manera descontrolada y queriendo salir libre.

De un rápido movimiento hizo que se giraran en la cama quedando ella debajo de su cuerpo posicionándose entre sus piernas, sintiendo el sexo de Isabella en su miembro, sus labios estaban entre abiertos y su respiración era agitada y pesada. Sus ojos encendidos de pasión y de deseo, Edward tomó su rostro en mis manos mirándola fijamente y tratando de pensar en frío toda esta situación aunque estaba jodidamente caliente, pero se obligó a pensar claramente. No quería hacerle daño por más que él la deseara con locura, no podía comportarse como un adolescente calenturiento.

—¿Estas segura? —pregunto mirando aquellos ojos cafés que lo envolvían—, no quiero que hagas algo que no quieras, yo quiero hacer las cosas bien, quiero que te sientas bien con esto, quiero que tengamos una relación más profunda y no quiero hacerte daño —susurró, sus ojos estaban llenos de lágrimas, rápidamente Edward secó sus lágrimas con sus pulgares de manera tierna.

—Te quiero y quiero esto —respondió acercándose a los labios de Edward—, por favor —lloro, su voz era débil—, ámame —unió sus labios en los de él y en la mente de Edward ya no pudo más, se entregó a su beso lleno de pasión, trató de hacerlo suave y tierno para demostrarle lo que ella significaba para él, de demostrarle cuanto la quería.

Movió sus labios hacia el mentón de Isabella dejando besos por el camino, quería que ella disfrutara de esto, él no importaba, solo quería que ella sintiera todo el placer que pudiera darle. Besó su mandíbula hasta llegar a su cuello. Besó, chupó y mordió su cuello y hombro, en recompensa recibió, gemidos y jadeos que retumbaron en las paredes de la habitación.

Llevó sus manos hasta el dobladillo de la camiseta y suavemente la subió tocando ligeramente su piel, suave, sedosa, cremosa, levanto un poco su torso para sacarla completamente por la cabeza la tiró sobre su cabeza sin fijarse donde había caído, se dio que no llevaba sostén. "Mierda" tragó en seco mirando esas montañas rosadas y perfectas, respiró hondo calmando su instinto animal que quería salir a flote. En las costillas de Isabella aun tenia marcas de aquella noche Edward tuvo que respirar reprimiendo un gruñido. Suavemente hizo el camino de su mano desde el plano estomago de Bella acariciando su piel hasta su pecho derecho, era perfecto, su pecho llenaba completamente la mano de Edward, fue a la perfección, como si fuera hecha para él, le dio pequeño apretón a lo que ella respondió arqueando su espalda llenando aún más su mano, gimió como un niño adolescente que por primera vez tocaba a su novia, no quería correrse en mis pantalones. Ella tiraba de su cabello haciendo que los escalofríos recorrieran la espalda hasta morir en los músculos de su estómago.

Levantó su mirada hacia el rostro de Bella, tenía los ojos cerrados mordiendo su labio con furia. Besó su pecho y alrededor sin tocar el pezón, Bella se retorcía debajo de su cuerpo encendiendo cada molécula en él, verla disfrutar le hacía perder el control. Tomó su pezón entre los labios y chupó, Bella gimió alto haciendo que su amigo palpitara con fuerza, siguió chupando y tirando de su pezón, mientras que su otra mano apretaba el pecho izquierdo dándole atención por igual.

Decidió hacer lo mismo con el otro, besó, chupó, lamió y mordió su pezón con ganas, esa mujer lo volvía loco. Bajo dejando besos en su vientre que algún día guardaría su hijo, sonrió ante aquel pensamiento. Sus manos jugaban con el alborotado cabello de Edward, le encantaba sentir sus dedos en el cuero cabelludo.

Se deshizo de las bragas en un movimiento rápido no quería perder el tiempo, deslizó uno de sus dedos sobre el monte de venus de Isabella hasta llegar a su intimidad, estaba húmeda hasta la muerte, quería sentirla alrededor de su miembro hacerla gritar de pasión y de placer.

—Edward —llamo gimiendo, él levantó su vista a ella, estaba mirando hacia abajo hacia donde él estaba—. Por favor, te quiero ahora, te necesito —levanto sus caderas dándole a entender lo que quería, Edward sonrió y se deshizo de sus pantalones, no sabía si ella estaba tomado pastillas o no.

—Necesito un condón —susurró Edward levantándose para alcanzar la mesita de noche para sacar un condón.

—No —dijo con voz decidida la miró confundido deteniéndose—, sin condón, estoy… con… la… píldora —un color rosado coloreo sus mejilla, Edward asintió besándola mientras se volvía a acomodar entre sus piernas poniendo un de sus piernas en la cintura, puso la punta de su miembro en la húmeda entrada, el calor que emanaba le hacía perder la cabeza.

Ella alzo sus caderas otra vez haciendo que su miembro entrara suavemente en su vagina. Se sentía bien, estaba ardiendo y él se quería quemar. Empujó suavemente llenándola completamente. Edward gimió quemándose con su fuego se quedó quieto disfrutando del calor de estar adentro de ella, era tan estrecha tan delicioso.

—¿Edward? —pregunto, él levantó su vista, ella le miraba preocupada y le sonrió, comenzó a mover su cadera de manera lenta y suave.

—Bella —gimió besando su cuello mientras que las embestidas se hacían aún más rápidas. Ella envolvió sus piernas alrededor de la cintura de Edward permitiéndole llegar más adentro. Los dedos de Isabella tiraban de su cabello haciéndole gemir y jadear más alto. No podía pensar claro su cuerpo estaba completamente lleno de sudor, besó su cuello haciendo que ella jadeara.

Puso sus brazos a los lados del rostro de Isabella soportando su propio peso en ellos empujando más y más fuerte, ella gemía arrastrando sus uñas por la espalda de Edward dejando un rastro rojo en la piel de él, levanto su rostro besando la piel del cuello y mordiéndolo, Edward soltó un gemido ronco al sentir sus cálidos labios recorriendo su piel, es suave y exquisito.

Sus embestidas eran fuertes y rápidas, llenándola completamente. Sintió como sus paredes vaginales comenzaban a contraerse deliciosamente alrededor de su miembro, hizo sus embestidas más rápidas y más profundas buscando su liberación.

—¡Edward! —grito Isabella con fuerza haciendo que jadeara al escuchar su nombre en sus labios, sonrió sabiendo que había alcanzado la cima haciendo que sus paredes agarraran su miembro apretándolo tan fuerte que le costaba empujar, había imaginado ese momento, pero esto era aún mejor que sus sueños. Gruñó embistiéndola una vez más corriéndose dentro de ella, llenándola por completo. Bella beso su cuello y su hombro mientras que él trataba de recuperar la respiración, sentía sus manos buscando el rostro de Edward, levantó su rostro hacia ella y le sonrió, haciendo que él pusiera una sonrisa idiota en los labios, la besó con cariño, con ternura, con amor.

Ella acariciaba y tiraba el cabello que caía sobre la frente sudada de Edward poniéndolo hacia atrás, ambos sonreían felices.

—Sabes que he querido hacer esto desde hace unos días —susurró Isabella mirándolo a los ojos.

—Se mi novia —dijo sin pensarlo, él no tenía nada que pensar, la quería y la necesitaba cerca de él, si no se volvería loco.

—Si —soltó Isabella riendo con ganas, la primera risa que obtenía y se propuso hacerla reír cada vez que pudiera.

—Te quiero mi pequeña —susurró besando sus labios, ella le devolvió el beso acariciándole la mejilla—, es mejor que duermas, sé que mañana querrás ir al hospital, quizás el viaje a Italia podía esperar hasta el domingo en la noche.

—Si, por favor —sonrió de manera dulce como una niña. Se salió de ella para tumbarse a su lado, los cubrió con las mantas y la acomodó sobre su pecho besándole el cabello.

Edward cerró sus ojos recordando lo que paso hace unos minutos, su mente aún no se recuperaba de aquello, la manera en la forma que le rogó para que la hiciera Suya, él quería esperar, podía esperar hasta que ella estuviera cien por ciento segura. Pero agradecía que sucediera, no sabía si hubiera podido con una nueva ducha fría.

—Edward —lo llamo, estaba a punto de entrar al mundo de los sueños.

—Mmm —fue lo único que pudo contestar.

—¿Qué fue lo que le dijiste a la esposa de mi padre? —pregunto su voz era muy baja.

—Que eras su hija y que por ahora era mejor no agobiarte con pregunta y cosas —susurro acariciándole la espalda desnuda.

—Gracias —suspiro. No sabía porque le estaba dando las gracias. No contestó porque no sentía que las merecía.

Los brazos de Morfeo lo arropaban mientras sentía que la respiración de Bella se hacía cada vez más calmada, se dejó llevar sabiendo que ella ya estaba dormida. Sin duda este día fue el mejor de su vida.