Ninguno de los personajes conocidos que se mencionan son míos, sino de la autora J. K. Rowling.
Durante las dos primeras semanas y algo de "separación" sólo Draco sabía los detalles más profundos sobre el cambio entre Snape y Hermione. Y lo sabía básicamente porque un día se había encontrado a Hermione llorando desconsoladamente en el baño de prefectos.
Por mucho que Draco quiso hablar con Snape, para aclarar un poco la situación, la castaña se negó: bastante humillación era ya el no poder soportarlo como para tener a alguien de recadero.
Durante ese tiempo nadie le preguntó a Hermione el motivo de su ausentismo en pociones, a excepción de sus amigos, a quienes les explicó que simplemente se había hartado de ser el saco de boxeo de Snape.
Hermione no sabía qué hacer ni cómo reaccionar, por eso optó por intentar con todas sus fuerzas ignorarle al máximo, hasta el punto de ni mirarle. Y no lo hacía porque ella fuera alguien cruel ni nada parecido, cogió ese camino porque las dos veces que le había mirado había acabado llorando en el baño, aunque sólo le hubiese visto un segundo. No podía mirarle porque mirarle era derrumbarse, y no podía permitirse eso.
Le odiaba, odiaba echarle de menos, a él, a su ácido humor, a sus ironías y sarcasmos… Odiaba no poder olvidarse de los abrazos, los besos en la mejilla, las risas,… ¿Cuántas veces se le pasó colarse en sus aposentos de noche? Su mente se colapsaba cuando esas ideas cruzaban por su mente porque se imaginaba cosas que hacían que ardiera completamente: le besaba, le acariciaba más íntimamente y mejor, mordía sus labios y su cetrina piel… Y el respondía a cada acto de ella de la misma forma. Ni siquiera sabía porque esos pensamientos pasaban por su cabeza, pero simplemente cada vez tenía más ganas de que se hicieran realidad.
Vivía entre dos frentes distintos: el fuego que se encendía al pensar en él y el hielo al recordar la forma en la que le trató. Y eso la estaba volviendo loca.
…..
Snape sentía como si fuera a morir en cualquier momento. No tenía miedo a las maldiciones o a alguna posible paliza por parte de alguno de los nuevos amigos de la joven, lo que le mataba era su forma de actuar, y es que la joven se las había armado para hacerle sentir como si no existiera. No le miraba en el Gran Salón, ni siquiera cuando pasaba por delante de ella deliberadamente… Granger nunca le miraba, siempre se la encontraba charlando con sus amigos, riendo, abrazada a alguno… Actuaba como si estuviese muerto. Y por Merlín que las ganas que tenía por cogerla, arrastrarla a sus aposentos y demostrarle que él era un ser viviente y caliente, casi le ganan más de una vez.
Recordaba con tristeza como se sintió con Lily. Ella le miraba tras lo sucedido, aunque fuera con odio y desprecio, y siempre pensó que esa era la peor sensación que iba a sentir jamás, pero se equivocaba. Ver como la joven a la que se había abierto, aunque luego la humillase de la peor forma, le trataba como a alguien inexistente era peor que morir cien veces. ¡Lo odiaba! ¿Por qué no le miraba? ¿Tanto le odiaba ahora? Era desesperante.
….
Aquella noche, tras lo que a la chica le pareció una jornada eterna, en cuanto Hermione se tumbó en la cama notó como su cuerpo se convertía en algo parecido al plomo, tan pesado que hizo que se durmiera de inmediato, sin siquiera desvestirse.
Lamentablemente se despertó más de cinco veces a causa de las malditas pesadillas que la atacaban cada noche. Entre pesadillas y la maldita presencia de cierto profesor en su cabeza no pudo dormir más de dos horas seguidas.
El sol de la mañana pegó de pleno en el rostro de Hermione, haciendo que ésta gruñera y se tapara.
- Estúpido sol – se quejó mientras bajaba casi a gatas de la cama para no quedar deslumbrada.
Cogió a tientas su ropa y se metió en el baño, al cual se accedía también por una puerta situada en su cuarto.
El baño, aun siendo con agua fría, no le sirvió de mucho, así que cuando apareció por el Gran Comedor sus amigos corrieron hacia ella.
- ¿Qué te ha pasado? ¿Pansy te atacó o algo así? – Preguntó Ginny preocupada.
Hermione negó triste mientras se sentaba.
- He tenido pesadillas… cinco por lo menos… - gimió rascándose los ojos.
- ¿Qué tal si comes y vuelves a dormir? – Propuso Draco –Te vendría bien intentar descansar… Hablaremos con Mcgonagall para excusarte de las clases.
- Podemos pedirle a Madame Pomfrey una poción para dormir sin sueños – sonrió Ginny.
- O usar agua de hadas, que hace más o menos lo mismo – añadió Luna.
Miraron a Luna unos segundos y volvieron a enfocar a la castaña, que luchaba por no cerrar los ojos.
- Vamos, Mione, come algo y ves a dormir – dijo Ginny acariciándole la mejilla.
Desayunaron tranquilamente, pendientes en todo momento de lo que hacía la castaña pese a sus quejas, y una media hora después acompañaron todos a la joven a la enfermería.
- ¡Santo Merlín! – Exclamó Pomfrey al verla - ¿qué le ha ocurrido?
- Pesadillas… - respondió ella en tono bajo.
- Hemos venido a pedirle alguna poción para dormir sin sueños – le comunicó Ginny.
La enfermera empezó a buscar por sus armarios y al cabo de cinco minutos se acercó a ellos con aire triste.
- Lamento decirles que no tengo existencias – dijo – quizá el profesor Snape disponga de alguna, les recomiendo que vayan en su busca.
El grupo salió de la enfermería y se miraron, ninguno tenía muchas ganas de ir a las mazmorras y encontrarse con el murciélago.
- Yo acompañaré a Hermione – se ofreció Draco, sabiendo que si la castaña reaccionaba inadecuadamente sería el único capaz de entenderla.
Los demás se despidieron y prometieron que avisarían a Mcgonagall antes de ir a clase. Tras eso el rubio y la castaña empezaron a bajar hacia las mazmorras.
- Espero que Snape tenga alguna poción de esas, realmente la necesitas – dijo Draco mirando preocupado a la castaña, que cada vez lucía más pálida – ¿puedo preguntarte algo?
- Dime – sonrió Hermione.
- ¿De qué iban esta vez?
La castaña suspiró y se pararon a unos metros de la puerta del despacho del pocionista.
- De lo mismo de siempre. Estoy en un sitio oscuro, no puedo moverme y de todos lados me vienen sonidos: risas, gruñidos, graznidos, chillidos, aullidos,… Cada vez se acercan más y yo intento esconderme o algo, pero estoy pegada al suelo. Y entonces empiezo a notar al bajo mi cuerpo, un líquido viscoso… Y cuando me giro el olor de la sangre viene a mi nariz y en ese momento sé que estoy encima de un charco de ella… - explicó tristemente – luego la cosa cambia depende del sueño. A veces aparecen Bellatrix y otros mortífagos, otras le mismo Voldemort, otras os veo a todos vosotros tirados en el suelo… muertos… - se calló intentando controlar las lágrimas – aunque recuerdo una vez que todo comenzó mal y al final aparecían Lupin, Tonks, Ojoloco, Dumbledore y todos los demás y me rescataban – sonrió intentando que el rubio mejorara su expresión, que ahora mostraba una culpabilidad y un dolor interminables.
- No sabes cuánto lo siento – gimió el rubio abrazándola – si yo… si en ese momento hubiese dicho algo…
- Draco, no podías hacer nada, no sin poner en peligro a toda tu familia – le tranquilizó la castaña acariciándole la espalda – no es culpa tuya, te lo aseguro.
- Pero te llevaste demasiado dolor…
- Todos nos llevamos nuestra ración – recordó Hermione acariciándole la mejilla – nadie salió ileso… - susurró tristemente.
El rubio apartó el pelo de la chica y cerró los ojos al ver las cicatrices de su cuello. Volvió a abrazarla y escondió la cara en su hombro, apretándola contra él.
- Lo siento… - sollozó.
Hermione no pudo evitar sonreír y acariciarle el pelo al rubio.
- Vamos, eso ya pasó – intentó calmarle – ahora todo ha vuelto a ser seguro y todos seguimos con nuestras vidas.
- Pero tus cicatrices nunca se irán… - susurró él volviendo a erguirse.
Hermione llevó sus manos a la camisa del chico y desabrochó los primero botones, abriéndola para ver algunas de las cicatrices del joven.
- Las tuyas tampoco – recordó - ¿pero sabes que es lo bueno de esto?
- ¿Acaso tiene algo de bueno?
- Claro. Para todos tiene significados distintos. A mí las mías me recuerdan todo lo que luché para proteger a la gente que quiero y que me quiere, y por eso no me importa que siempre estén ahí.
- Las mías sólo significan que fui un bastardo…
- No. Las tuyas, al igual que las mías, significan que luchaste largo tiempo para proteger a tu familia, aunque no fuera de la mejor manera. E igualmente te recuerdan que en cierto momento decidiste cambiar y coger el buen camino, pese a los peligros que representaba – sonrió acariciándole la mejilla al rubio – cada cicatriz representa a los que salvaste. ¿Sabes cuántos niños habrían muerto de no ser por vosotros? ¿Recuerdas como venciste a ese Carrow cuando intentaba entrar en el aula en donde estaban todos los pequeños escondidos?
- Dudo que sea para tanto, pero bueno…
- Pues yo si pienso que es para tanto. Ahora, vamos a por esa poción o tendrás que llevarme a dormir en brazos.
Draco rio y sonrió más alegre.
- No tendría inconveniente alguno, leona.
…..
La noche de Snape fue de lo más movida. Llevaba cerca de una semana teniendo el mismo sueño cada noche: soñaba con Lily, con la vez en la que la insultó, su expresión dolida, como se marchó… Pero luego la cosa cambiaba. El corría hacia ella pero cuando la alcanzaba aquella que lloraba ya no era Lily, era Hermione. La castaña lloraba desconsolada mientras le daba pequeños golpes en el pecho preguntándole el por qué de su forma de actuar. Y él le explicaba que no era bueno, que debía protegerla y para eso tenía que estar lejos de él…
Aquella noche el sueño fue a peor. Fue el mismo de siempre hasta el trozo en el que él corría para alcanzar a la muchacha pero entonces la cosa cambió. Al llegar Hermione estaba en el suelo, convulsionando y chillando de dolor, mientras Voldemort y Bellatrix la torturaban. Y él intentaba ayudarla pero unos mortífagos se lo impedían sujetándolo con varios hechizos. Y la veía morir, veía como aquellos alegres ojos que brillaban al mirarle dejaban de contener un solo ápice de vida… Y él no podía hacer nada por evitarlo.
Se despertó agitado, llorando, con ganas de vomitar y una sensación de ahogo que no le dejaba respirar. Notaba el corazón a cien por hora, palpitándole hasta en la cabeza y causándole un dolor horrible.
Se levantó y caminó hacia uno de sus armarios, buscando alguna poción que le calmara todo lo que estaba sintiendo. Se bebió el negruzco líquido de una vez y en pocos segundos notó como su cuerpo se relajaba totalmente.
Se adecentó y se dirigió rápidamente hacia el Gran Comedor, quitándole algunos puntos a unos pequeños de Ravenclaw y a una adolescente Hufflepuff.
- Buenos días, Severus. ¿Estás bien? Te veo agitado – Preguntó Mcgonagall.
- Sólo he tenido una pesadilla algo molesta – respondió él mordaz sirviéndole un gran vaso de café.
- Vaya, otro con las pesadillas… - suspiró la anciana.
Snape la miró desconcertado y obtuvo como respuesta un señalamiento de barbilla hacia cierto grupo de serpientes y leonas. Miró disimuladamente hacia ellos y tuvo que pegarse a la silla para evitar las ganas de acercarse que le entraron al ver el decadente aspecto de Hermione.
- ¿Qué coño…? – Preguntó para sí.
- Al parecer ha tenido varias pesadillas seguidas – respondió Mcgonagall sin mirarle – últimamente está teniendo más que de costumbre.
El pocionista se fijó más en la castaña, a quien sus amigos vigilaban de cerca. Tenía ojeras, estaba pálida, los labios poseían un tono blanquecino muy preocupante, su pelo carecía de brillo y su mirada estaba nublada, como perdida. Dudaba que hubiese dormido más de tres horas seguidas. Un escalofrío le recorrió al recordar la imagen de la joven en el suelo, llena de sangre, muerta.
- ¿Severus? – Preguntó Mcgonagall preocupada.
- Estoy bien, sólo he tenido un mal recuerdo – respondió él.
- ¿Algo relacionado con tu etapa al servicio de Voldemort?
- Algo así…
- ¿Por qué no vas a descansar un rato? – Propuso la anciana – no tienes clase a primera hora.
- Eso haré Minerva – respondió Snape.
Tras el copioso desayuno que acostumbraba a tener bajó a su despacho y se dejó caer en el sillón. Se sentía cansado aunque sabía que dormir iba a ser imposible, así que optó por leer un rato, cosa que siempre le relajaba.
Llevaba un buen rato allí cuando escuchó ruidos en el pasillo. Se acercó a la puerta, dispuesto a abrirla y regañar a los que estuviesen armando jaleo, pero su fino oído le hizo frenarse y ponerse a escuchar atentamente. Al otro lado estaban Draco y Hermione hablando sobre las pesadillas de la chica. Sintió su corazón empequeñecerse cuando la joven describió sus sueños… Santo Merlín… Cuanto sufrimiento podía notar.
Aprovechó unas rendijas que había en la puerta y se puso a mirar justo cuando Draco abrazaba a la castaña, cosa que hizo que apretara los dientes fuertemente. Y a sus dientes siguieron sus puños cuando la joven desabrochó algunos botones de la camisa del joven, aunque se calmó medianamente al escuchar las palabras de la chica.
Cuando los jóvenes volvieron a caminar se apresuró hacia su escritorio, en donde esparció unos pergaminos para hacer parecer que estaba corrigiendo algo.
- Adelante – dijo con voz seria cuando tocaron a la puerta.
Hermione suspiró antes de darle la señal a Draco para que abriera. Estaba nerviosa, mucho, y no sabía si el cansancio la dejaría controlar su cuerpo bien o le jugaría alguna mala pasada.
- Buenos días, Snape – saludó Draco adelantándose y cubriendo a Hermione con su cuerpo – veníamos a pedirte una poción para dormir sin sueños.
El pocionista levantó la mirada y arrugó imperceptiblemente el ceño al ver la postura defensiva que tenía el rubio. Estaba claro que Hermione le había contado todo su encontronazo pero… ¿Acaso se pensaba que iba a atacar a la chica? Ni que fuera un monstruo desalmado. Bueno, quizá un poco.
- ¿Para qué quieres algo así, Draco? – Preguntó forzando la situación.
¿Por qué Hermione consentía aquello? ¿Dónde estaba esa valentía Gryffindor? ¿O seguía con la idea de fingir que no existía? ¡Ni soñándolo! Una cosa era apartarla y otra soportar que se comportara como una cría después de todo lo que había pasado.
- ¿De verdad tengo que explicarte para que sirve una poción de esas? – Inquirió Draco algo molesto, adivinando las intenciones del profesor.
- No soy estúpido, Draco – respondió él levantándose y caminando hacia ellos – pero no os voy a dar una poción de esas sin que me expliquéis para que la queréis.
Hermione bufó y apartó al rubio, quién al principio opuso un poco de resistencia.
- Es para mí, profesor – anunció con voz seria.
Snape la miró de arriba abajo. Seguía con el mismo semblante pálido y cansado, pero había optado por poner esa postura Gryffindoriana, tan decidida y segura de sí misma. Caminó hacia el armario de pociones y sacó un botecito con un líquido azulado, el cual le tendió a la muchacha.
- Con esto servirá para que pueda dormir unas cinco horas sin sueños – anunció.
Hermione levantó la mano, algo temblorosa, para coger el potecito, pero cuando sus dedos rozaron sin querer los del profesor sintió una descarga eléctrica que le hizo apartarlos de golpe, provocando que el pote cayera al suelo.
- ¿¡Se puede saber qué hace, maldita sabelotodo!? – Bramó Snape limpiando el estropicio que se había formado e intentando ignorar aquel cosquilleo que no hacía más que recordarle que seguía con esa imperiosa necesidad de tenerla cerca.
- Yo… ¡Lo siento, profesor Snape! – Se disculpó intentando ignorar el dolorcillo que le producía aquel "maldita sabelotodo".
- A buenas horas decide ser patosa – espetó él dirigiéndose de nuevo hacia el armario - ¡Perfecto! Ahora no me quedan más – bufó.
Hermione miró a Draco compungida y éste hizo ademán de acercarse a Snape para reprenderle o algo, pero ella le cogió y negó.
- ¿Puedes hacer una? – Preguntó el rubio.
- Pues claro que puedo, pero tardaré cerca de media hora – respondió de forma obvia el profesor.
- Puedes irte Draco, no quiero que llegues tarde a tus clases – sonrió Hermione – yo puedo esperar a que esté hecha.
- ¿Segura? – Inquirió el rubio.
- Sí. Prometo que me iré a dormir de inmediato – aseguró ella.
Draco miró de reojo a Snape, que estaba girado buscando ingredientes en la estantería, y le lanzó una mirada de advertencia que el profesor vio gracias al reflejo del espejo que había en la misma. Luego volvió a mirar a Hermione.
- Como me entere de que has tardado más de lo debido en irte a descansar te vas a enterar – bromeó – en fin, me voy a aguantar Runas… Adiós, Snape – se despidió con tono serio.
- Hasta otra, Draco – le devolvió él en el mismo tono.
Snape cogió los ingredientes necesarios e hizo aparecer sobre su escritorio una tabla de cortar, unos cuchillos y un caldero con su fuego. Mientras cortaba miraba disimuladamente a Hermione, que se había sentado en el sofá y miraba a un punto fijo sin decir nada. No pudo evitar hervir de rabia al recordar la actitud de Draco. ¿Quién se creía ese mocoso? ¿Acaso pensaba que por ser su ahijado podía tratarle así? ¿O es que esa adolescente, además de cambiarle le había hecho perder su respeto?
Por su parte Hermione no sabía si su corazón iba a cien por hora o estaba parado. No notaba ninguna parte de su cuerpo, ni sus brazos, ni sus piernas… nada. Había tenido que sentarse por ese mismo motivo, porque sentía que en cualquier momento sus fuerzas flaquearían y caería al suelo.
Se sentó en el sofá y respiró profundamente, cosa de la que se arrepintió de inmediato cuando un olor a hierbas y pergamino le inundó la nariz. Su cuerpo reaccionó relajándose al completo, cosa que le extrañó mucho, y notó como sus párpados empezaban a pesarle. Oh, oh…
Snape acabó de cortar todo y lo puso a hervir en su orden correcto. Tras esto iba a decirle algo a la castaña pero cuando la miró se la encontró semitumbada en el sofá, con las piernas colgado, y totalmente dormida.
Se acercó a ella sin hacer ruido y la observó detenidamente. ¿Qué diantres tenía aquella niña que le traía tan de cabeza? No tenía el mejor cuerpo ni una figura de esas de escándalo… ¿Entonces? Se sentó en el suelo y la miró fijamente.
Quizá esa inevitable atracción que sentía no era causada por algo físico, quizá era algo más mental y psicológico. Estaba claro que Hermione era de las pocas personas a las que podía considerar como su igual intelectualmente hablando… ¡Claro! Seguro que era eso unido al hecho de ser una chica que le soportaba físicamente hablando.
Amigos "listos" había tenido varios, pero nunca antes alguien consiguió acercarse tanto a él como la muchacha que tenía delante, más bien él nunca consintió que nadie se le acercara tanto. ¿Por qué entonces con ella era tan distinto?
Se fijó en cada milímetro de su blanca piel. No era la más atractiva del universo, estaba claro, pero tenía un aire de inocencia y de "niña buena" que embobaban. Le encantaba esa pequeña y respingona nariz, sobre todo adoraba la forma en que se arrugaba cuando Hermione fingía estar enfadada o se concentraba mucho en algo.
Atrapó un mechón de pelo con los dedos y lo acarició. Su cabello seguía siendo un "arbusto", como ella lo llamaba, pero ahora tenía un tacto sedoso y suave. Lo colocó detrás de la oreja y en ese momento, cuando le rozó sin querer (evitarlo) la oreja, la joven suspiró pesadamente.
Sus ojos bajaron inmediatamente a su boca entreabierta, concentrándose en aquellos rosados y finos labios que más de una vez le habían regalado sonrisas tan radiantes que parecía que le fueran a tirar al suelo.
Su mano viajó inmediatamente a ellos y los acarició con el índice, notando la respiración tranquila de la chica. Los notó algo ásperos y supuso que era por el poco cuidado que les tenía la castaña. ¿Ninguna de sus amigas le habían dicho que si se los mordía tanto sería bueno usar algún tipo de protector labial? Y se lo volvió a preguntar. ¿Cómo sabrían?
La castaña se removió un poco y, en lo que supuso que sería un acto reflejo, se lamió el labio inferior y por ende su dedo. Se quedó congelado. El tanto de la lengua de la joven… Miles de imágenes aparecieron en su mente y toda su energía se puso de acuerdo para concentrarse en cierta parte baja de su anatomía.
Notaba el corazón latiendo desbocadamente mientras sus dedos bajaban por el cuello de la chica y acariciaban la suave piel. Y entonces pasó lo impensable: Hermione gimió, entre sueños, pero gimió.
Volvió a congelarse mientras intentaba tragar saliva. Su mente le regañó por pensar que ese sonido había sido producto de sus caricias. ¡Por Merlín! La castaña estaba dormida, así que seguramente había sido otra cosa. Incluso empezó a dudar de que lo que había escuchado fuera un gemido propiamente dicho. Sí, seguro que había sido un suspiro o algo así.
El gorgoteo que anunciaba el final de la ebullición de la poción le despertó de su ensoñación y la ira le invadió. Estaba justo encima de Hermione, apoyándose con el brazo izquierdo, y levantándole con el derecho la cara, preparándose para besarla. ¡No! Se apartó de ella de golpe y, si no fuera por el riesgo de despertarla, habría empezado a darse de bofetadas allí mismo.
Caminó apresuradamente hacia el caldero y lo apagó, preparándose para envasarla en uno de sus botecitos de cristal.
- ¿Profesor?
Se giró lentamente mientras cerraba el frasco y se topó con los curiosos ojos de Hermione. ¡Mierda! Estaba claro que le había notado apartarse y estaba casi seguro de que también se había dado cuenta de cuando la acariciaba. Tenía que buscar las palabras adecuadas para evitar delatarse, tenía que hacer algo, aunque fuera decir alguna estupidez, otra vez.
- ¿Sabe lo molesto que es que se haya dormido en MI sofá? – Preguntó molesto.
Hermione sonrió. ¿Acaso ese murciélago no sabía que lo había notado?
- ¿Molesto? No dijo lo mismo la otra vez – aseguró.
Snape sintió un cubo de agua fría. Maldita sabelotodo y maldito ese cerebro suyo capaz de pensar respuestas en apenas una milésima de segundo. No se iba a quedar atrás, ese desliz que había tenido había echado por tierra ese intento de apartarla… Tenía que provocar que lo odiase de nuevo, por el bien de ambos.
- Déjese de estupideces, Granger – espetó.
La castaña frunció el ceño. Ya estaba otra vez con la bipolaridad…
- Pues deje de comportarse como un crío orgulloso – ordenó.
- Habló la adulta – se defendió él.
- Estúpido psicópata bipolar – refunfuñó ella volviendo a sentarse.
- ¿Piensa que no la he escuchado? – Preguntó él sintiéndose más cabreado. ¿Por qué aquella niñata se atrevía a insultarle de aquella forma?
- Ahora mismo me da igual que me haya escuchado o no, profesor – siseó ella cruzándose de brazos.
Snape colocó el frasco con poción en la mesita que había al lado del sofá, de forma un poco brusca, y se acercó peligrosamente a la joven, intentando que esos calambres que sentía cuando estaban cerca no le afectasen.
- Vuelva. A. Tratarme. De. Esa. Forma. Y. Me. Encargaré. De. Que. Sea. Expulsada – palabreó con todo el veneno del que disponía.
- ¡Pues hágalo! – Exclamó ella cansada por fin de aguantarse todo eso dentro mientras se levantaba - ¡Venga, estoy esperando!
El pocionista se levantó y la encaró.
- Pare ahora mismo con esos comportamientos infantiles o…
- ¿¡O qué!? ¿¡Me lanzará un crucio!? ¿¡Un avada!? ¿¡Me va a petrificar!? – Gritó ella – adelante, no podrá hacerme más daño del que ya me ha hecho – espetó sin poder controlar el sollozo.
Aquella afirmación fue como una bofetada para Snape, aunque no lo demostró y siguió con su "plan" de echarla, aunque tuviera que ser peor aún.
- Se ha visto envuelta en ese "daño" por su tozudez, así que no me culpe a mí de eso – se defendió.
- ¿Ahora es culpa mía? ¡Oh! Perdón por ser hija de quién soy – espetó la castaña.
- Deje de decir sandeces y de mezclar temas – ordenó.
Hermione se acercó más a él, tanto que sus alientos chocaron y el olor de uno invadió el espacio del otro.
- ¿O qué? – Le retó - ¿volverá a insultarme? Porque lamento informarle de que ya estoy bastante inmunizada contra insultos de ese tipo.
Los brazos de Snape temblaron y tuvo que hacer uso de toda su voluntad para no cogerla, lanzarla contra el sofá y hacerle vete tú a saber qué.
- Lárguese de aquí ahora mismo – ordenó.
- ¿Y si no me da la gana? – Lo provocó ella.
El vaso de paciencia se derramó y Snape tuvo que acudir a su último recurso para que la joven se marchase antes de abalanzarse sobre ella.
- Largo de aquí, maldita sangre…
Pero antes de poder acabar la frase la mano de la castaña impactó fuertemente contra su mejilla.
- ¡Es usted un jodido ególatra! – Exclamó enfurecida dirigiéndose hacia la puerta - ¿sabe por qué nadie se acerca a usted? Porque es un maldito imbécil que destroza todo lo que toca – anunció colérica – no me extraña que siempre esté sólo, es lo que se merece – espetó antes de salir y cerrar la puerta con un portazo.
Hermione corrió todo lo que pudo hacía su habitación. ¿Qué se creía ese imbécil? ¿Qué coño le hacía pensar que podía comportarse así? ¡Era como estar en una jodida balanza! Ahora arriba, ahora abajo. Ahora me caes bien, ahora te insulto, ahora te acaricio y estoy a punto de besarte y ahora te vuelvo a tratar como a una mierda. ¡Estúpido! ¡Ególatra! ¡Imbécil! ¡Capullo! Debería… Debería… Debería lanzarle una maldición al muy gilipollas.
Entró a su cuarto y se apoyó en la pared, dejándose resbalar hasta el suelo y abrazándose las rodillas después.
- Maldito murciélago – sollozó.
Se levantó al cabo de unos minutos y se dio cuenta de que se había dejado la poción, cosa que en ese momento le importó bastante poco. Se dejó caer en el sofá y suspiró cerrando los ojos. Quizá la suerte la acompañaba esta vez y podía dormir unas horas tranquilamente…
Unos minutos después, en los que notó que era imposible dormir, un "plop" llamó su atención. Al abrir los ojos se encontró con el frasco de poción sobre la mesita y una sonrisita se instaló en su cara.
- Estúpida masoca… - se regañó antes de beberse la poción de un sorbo y volverse a tumbar.
…
Snape se quedó petrificado cuando la joven se fue mientras pensaba en las duras palabras de la joven. ¿Había dicho eso en serio? ¿De verdad era un ser tan despreciable a sus ojos? Se dejó caer sobre el sofá y escondió la cara en las manos. ¿De verdad merecía estar sólo? Suspiró al pensar que había algo que si era cierto: destrozaba todo lo que tocaba.
Los cuchillos que llevaban atormentándolo tanto tiempo volvieron a clavarse más hondo, tanto que empezó a temer que en una de esas se le parara el corazón... Aunque pensándolo bien, que se le parara el corazón sería un alivio, tanto para él como para todos. ¿Lloraría alguien por él si muriera? Lo dudaba… Como mucho le darían un entierro de "héroe", pero poco más. Rio interiormente. Sí, estar muerto sería sin duda lo mejor en ese momento.
Giró la cabeza y vio el frasco de poción para dormir sin sueños. ¡Bien! Con todo el cabreó la castaña se la había olvidado.
- Willy – susurró.
Inmediatamente un pequeño elfo de ojos amarillos apareció ante él.
- ¿Desea algo, señor Snape? – Preguntó educadamente – Willy está aquí para servirle.
- ¿Podrías aparecer esto en los aposentos de Hermione Granger? – Inquirió tendiéndole el bote, aunque ni siquiera comprendía por qué preguntaba.
- Claro, señor Snape. Willy hará aparecer el frasco ahora mismo en los aposentos de la heroína Hermione Granger – sonrió el elfo haciendo desaparecer el frasco - ¿desea algo más, señor Snape?
- No, puedes marcharte, gracias – se despidió antes de que el elfo se fuera.
Suspiró y se tumbó en el sofá. Bien, ahora sí que lo había hecho perfecto. Estaba seguro de que aquella castaña ya no se acercaría a él ni que aunque le fuera la vida en ello. Y todo su interior se estrujó, provocando que sus ojos se llenasen de lágrimas. Se tapó la cara con el brazo y sollozó, intentando convencerse de que eso era lo que debía hacer y de que el agujero que le estaba consumiendo por dentro acabaría desapareciendo.
¡Nuevo cap listo! ¿Qué tal os ha parecido? Menuda peleita entre Snape y Hermione... ¡Snape celoso de Draco, monísimo! Y las pesadillas... pobre Hermione...
Nicol. Bueno, pues ya tienes en el otro tu Dramione ^^
AdriSnape. ¡Me alegra que te guste! Pues sí, menudo es Snape con sus miedos... Y bueno, Mcgonagall y Dumbledore... son ellos XD Siempre se enteran de todo.
yetsave. Me alegra que te guste ^^ Yo es que hay dos personajes de HP que odio... Harry y Ron XD Venga sí, os dejo cruciarme y lanzarme unos cuantos avadas XD
Mama Shmi. Ya veremos como se soluciona, si es que se soluciona, su relación. Por ahora la cosa va bastante mal :/ ¿Qué pasará? lalalala
¡Espero que dejéis más reviews opinando sobre el nuevo cap!
