Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer.
Acá va uno nuevo capítulo, si les gusta dejen sus reviews.
Dominante
Observé a Matt probarse su traje mientras una modista lo ayudaba. Peppe daba indicaciones por doquier. Era el tercer traje que se probaba, había pasado por Ralph Lauren, Louis Vuitton y ahora vestía un Armani.
- Cíñelo un poco más- ordenó Peppe a la modista. Se paseaba de un lado para otro, luego rodeaba a Matt. Era fascinante ver la forma que trabajaba, con tanta pasión, dedicación y seriedad. Ordenaba, gritaba, mandaba y se enfada un par de veces sin embargo era todo un profesional. En cambio Matt se encontraba totalmente anonado y perturbado a la vez. Eso era algo divertido de ver.
- ¿Estás bien?- pregunté al verlo cohibido ante la mirada de Peppe y la modista.
- ¿Podemos hablar?- masculló mientras la modista ceñía el traje. Peppe bufó frustrado dándome una mirada envenenada, me estaba metiendo en su trabajo.
- Tienen diez minutos. Luego lo quiero de vuelta- ayudó a Matt a bajar de la tarima. Al acercarse venía sobándose el brazo.
- Tengo todo el brazo pinchado- susurró. Reprimí una carcajada.
- Vamos afuera- le indiqué.
Al salir al pasillo se relajó soltando esa tensión que mantuvo toda la hora.
- Esto es demasiado- dijo viéndose la ropa. Fruncí el ceño. ¿No le gustaba?
- ¿Quieres ir a otro lugar?- ofrecí.
Abrió los ojos.- No, estoy bien Bella. De verdad, es solo que hemos estado más de una hora allí adentro probándome trajes de diseñadores. Es solo una fiesta- explicó.
- ¿Ya no quieres ir?- pregunté conteniendo mi desesperación.
- Claro que sí. Prometí que iría, y yo cumplo mis promesas. Además lo haré para estar contigo- declaró.
Esbocé una sonrisa, agradecida.- Prometo que terminará luego. Hablaré con Peppe- le dije ignorando su último comentario. Tendríamos que ir a la fiesta y todo terminaría, hablaría con él luego sobre "nosotros".
Peppe ayudó a Matt sobre el tema de la vestimenta mientras Lucas cortaba su cabello. El pobre solo decía monótonos: "Sí". Probablemente no entendió ni la mitad de lo que habló Peppe. Lucas hizo un buen trabajo dejándole el cabello un poco largo y desordenado en la frente. Lo hacía verse atractivo, era ver a otro Matt. Sonreí cuando llegó hacia mí. Se veía muy guapo.
- ¿Vamos?- murmuró distraídamente. ¿Y ahora qué le pasaba? Me despedí de Peppe dándome las gracias, él simplemente estaba feliz con su trabajo de hoy.
Tuve que correr para encontrar a Matt, estaba en la calle mirando los autos y con esa expresión seria ¿y molesta?
- ¿Estás bien?- volví a preguntar. Algo en él no lo estaba.
- Es solo una fiesta, no era necesario todo eso- dijo un poco molesto.
- ¿Por qué lo dices? Yo creo que quedaste muy bien. Peppe es todo un profesional- le dije sin comprender su enfado.
- Bella, es una estúpida fiesta. ¿Traje de diseñador? ¿Corte de cabello? No entiendo para qué todo esto. Repito, es demasiado- murmuró molesto pasándose una mano por su rostro.
Claro, él no estaba acostumbrado a todo esto.- Matt, no es cualquier fiesta, si no vas de acuerdo a sus costumbres serás el objeto de burlas. Así son esas personas Matt. A mí tampoco me gusta usar vestidos de diseñador y ponerme un montón de maquillaje en mi rostro pero deberé hacerlo- expliqué.
Tenía la vista fija en el piso y ceño seguí fruncido. Me acerqué a él y le levanté el rostro.- Lo pasaremos bien, eso es lo importante. No te obligaré a ir, pero de verdad quisiera que fueras conmigo - prometí. No estaba muy segura sobre esa promesa, el solo hecho que fuera una fiesta de Edward ya era una tragedia para mí.
Estábamos peligrosamente cerca, sus ojos cafés me miraban atentos. Podía sentir su respiración golpeando mi rostro. -¿Cómo sería besarlo?- me pregunté. Decidí averiguarlo, me aproximé a su rostro para juntar nuestros labios. Fue un beso extraño una mezcla de ternura y aburrimiento. También se sintió mal, no hubo pasión ni esa calentura que te dejaba el rostro sonrojado. Fue como besar a un hermano, casi incestuoso. Así fue como lo sentí yo, por el contrario Matt se veía conforme con nuestro beso incluso sus mejillas tenían un poco de color y sus oscuros ojos más brillantes.
Obvié la sensación y decidí regirme al plan de aparentar ser una pareja, envolví mis brazos en su cintura y escondí mi rostro en su cuello. Pude sentir la indecisión de Matt al comienzo hasta que se atrevió a abrazarme de la misma manera. Besó mi cabeza y aspiró.
Todo esto era incestuoso, o por lo menos yo lo sentía así. Era como abrazar a Jass o Emm, no podía aunque me esforzase en encontrar alguna conexión amorosa con Matt.
Apoyé mi barbilla en su hombro y abrí mis ojos. Lo que vi hizo que me congelase en ese instante en los brazos de Matt. Irina y Edward nos estaban mirando.
Irina estaba divertida como aburrida, le divertía ver la situación sin embargo no le importaba. Y Edward, su rostro era indescriptible. Su expresión era fría e inexpresiva y sus ojos estaban llenos de sentimientos.
Disimuladamente me solté de los brazos de Matt, estaba incómoda, avergonzada y cohibida ante las miradas de nuestros espectadores.
- ¿Nos vamos?- sugerí. Matt asintió y tomó de mi mano entrelazando nuestros dedos. Me dejé llevar por un tranquilo y feliz Matt.
Durante todo el recorrido que duró nuestro pequeño viaje en taxi Matt no soltó mi mano. Se veía relajado, en cambio yo estaba totalmente tensa e incómoda porque nos habían visto y porque Matt no se alejaba de mí, sentía que invadía mi espacio personal. Aunque no se lo dije y tampoco quité mi mano. Comencé a rememorar lo que había sucedido. El ver esa expresión de Edward mientras nos miraba besarnos me impactaba ahora al analizarla. Era estúpida mi reacción, había logrado en parte de lo que me propuse. Edward me había visto con Matt, esa era la idea. Y a pesar de todo, me sentía arrepentida y asustada. Como si el estar con Matt, como si el besar a Matt estaba mal.
Mi raciocinio me decía que estaba bien, que era una mujer libre y podía hacer lo que quisiera. Mientras que mi corazón latía como loco, asustado. Además estaba el hecho de que Matt no sabía nada, lo que hacía todo peor.
Y de nuevo me arrepentí de haber dicho que él era mi novio. No quería dañar a Matt y no quería ser como Edward. Porque mi plan era mostrarle que no estaba sola para que él se alejase sin embargo, en el fondo eso no era lo que deseaba. La verdad lo hacía para vengarme de Edward por lo de la otra noche, por mentirme y seducirme teniendo novia. Venganza. Yo no era vengativa, nunca lo he sido y Edward está sacando lo peor de mí.
Deslicé la mano por el vestido, era precioso. Era azul. Edward tenía algún fetichismo con el color azul. Me tiré de un salto sobre la cama. Estaba cansada mentalmente. Observé detenidamente el vestido en mi posición. Era hermoso, único. Tenía un escote en la espalda, que la dejaría completamente al descubierto. Era sencillo y elegante.
Traía una elegante tarjeta- al igual que el vestido anterior- de color beige con unas refinadas letras negras a tinta.
~ Espero verte esta noche ~
Nada más. Solo aquella frase de cuatro palabras.
- Espero verte esta noche- susurré leyéndola por enésima vez.
Observé el vestido desde mi cama, colgado en aquel ropero lleno de prendas superfluas. Junto al vestido azul de aquella noche. Esa noche en que su desafío había traspasado mis barreras haciéndome saltar a la deriva, a su juego. El saborear esos labios, carnosos y suaves con una pizca de pasión mezclado con alcohol que enloqueció y enardeció mi cuerpo. Desde aquel entonces no podía negar ni obviar ese hecho. Nunca me había sentido así con un hombre. Un hombre. Mi experiencia romántica y sexual era escasa e inexperta. Mi única experiencia amorosa fue con Jake, y la verdad no creo que haya sido una relación común. Si la analizaba fríamente, Jake y yo nunca fuimos amantes, confidentes o parejas. Nunca. Nuestra relación fue pura y sencilla. Incluso las pocas veces que hicimos el amor fue natural. Para mí él era y es mi primer amor. La primera persona a quién amé de verdad, de toda mi alma. Mi amigo, mi fiel compañero.
Sin embargo lo hermoso terminó horrible, pero no quiero pensar en eso. Sino que quiero comparar a Jake con Edward. La manera en que cada uno me hizo sentir. Edward era carnal y pasional donde Jake fue puro y amoroso. Las manos de Edward eran avariciosas e inquietas y las manos de Jake fueron lentas y tiernas.
No había comparación, eran como el yin y el yang. Observé nuevamente aquel vestido azul oscuro. Era lujoso y pretencioso pero también era misterioso y atractivo. Como él, como Edward.
Eso me atraía de sobremanera. Y eso era peligroso.
La noche mostraba una luna llena exquisita, iluminando cada rincón de la noche. Mis tacones sonaban contra el asfalto. Mi cuerpo, ceñido al vestido de encaje Prada, estaba congelado. Matt me miraba de reojo sonriente en su traje de Armani. Nos internamos en la multitud de trajes y vestidos caros hacia la entrada. Un afroamericano parado frente a la puerta principal recibía a los invitados en aquel pretencioso hotel.
- Wow- exclamó anonadado el chico a mi lado. Quise reírme por su expresión pero mi cuerpo congelado lo único que lograba transmitir era castañeo.
- ¿Quieres mi abrigo?- ofrecí el pálido chico preocupado.
- No, solo abrázame- pedí. Lo hizo con gusto, regodeándose internamente mientras pasaba una mano por mi cintura conciliando así el frío que invadía mi cuerpo.
- Me gusta tu vestido- comentó caballerosamente sin mirarme. Estábamos detrás de una pareja de ancianos ricos, al parecer estaban dando alguno que otro problema al robusto guardia y a la vez estaba deteniendo el paso de la gente.
- Gracias- castañeé. – Aunque ahora me arrepiento de habérmelo puesto- murmuré.
Sobó mi brazo con su mano, creando una fricción que calentaba esa parte de mi anatomía.
La fila siguió avanzando dejando atrás a unos coléricos vetustos millonarios.
Matt entregó las entradas al hombre que nos examinó de pies a cabezas. Lo hizo con elegancia, haciendo un grácil movimiento con la mano al entregarle las tarjetas. Me dejó desconcertada la seguridad y altanería con la que se comportó. Sin embargo para el hombre fue uno más de la lista, nos dio la bienvenida deseándonos una buena noche.
Nos adentramos entre la gente. Era curioso ver a las personas a nuestro alrededor, todas iguales, no literalmente. Eran el mismo prototipo de persona adinerada, era penoso ser presente de eso y participar en ello. No había diversidad porque no existía, estaban tan asfixiados de sus propias reglas superficiales. Mujeres, rubias, morenas o pelirrojas enfundadas en vestidos carísimos y cuerpos perfectos que mantenían pasando hambre. Hombres con trajes elegantes de diseñador y relojes caros. Lo peor es que en este mismo instante yo era una copia más de ellos. Sin embargo había una diferencia, ellos vivían así y yo solo aparentaba.
Decidí que quería estar en la gran terraza. Pese al frío, no me importaba demasiado, necesitaba aire fresco para aclarar mis ideas.
Matt bebía de una copa de champagne mientras yo miraba la ciudad. La ciudad iluminada bajo la luna llena contrastaba con la iluminación de la ciudad. Era un espectáculo hermoso de ver.
- Isabella- escuché esa intensa voz tras de mí poniendo mi piel de gallina.
- Edward- dije sin volverme para verle. Estaba siendo cobarde, pero no podía mirarlo. No después de darme cuenta que me gustaba Edward.
- Soy Edward Cullen- se presentó a Matt al renunciar a la idea que yo me daría vuelta.
- Mathew Marshall- dijo un tanto cohibido a la inspección de Edward.
- ¿Disfrutando la fiesta?- nos preguntó. Me acerqué lentamente a Matt pasando un brazo por su espalda y abrazándolo amorosamente. Al hacer esto tuve que mirarlo, sus ojos verdes se oscurecieron observando cada movimiento y roce. Apretó la mandíbula con fuerza.
- Es una gran fiesta, gracias por invitarnos- contestó Matt educadamente. Le sonreí, siguiendo con mi actuación de la noche pero solo conseguí hacer una mueca.
Solo tienes que hacerle creer que estás con él y te vas Bella, solo tienes que hacerlo bien, pensé.
- ¿Podemos hablar?- su voz masculina y profunda se dirigió ignorando a Matt mi mientras daba una ojeada a mi cuerpo. Una ola de calor me invadió el cuerpo. Tragué saliva, nerviosa.
Le di una mirada a Matt diciéndole que ya volvía y lo seguí.
Lo seguí de cerca internándonos en la batahola de cuerpos hasta una puerta trasera, luego un largo pasillo. En ningún momento me miró o me habló.
- Pensé que no mis querías regalos- comentó sobre mi vestido mientras cerraba la puerta. Me distancié de él situándome al otro lado de la habitación.
Nos quedamos en silencio. Me apoyé en la pared suavemente
- Marshall no es competencia Bella, lo sabes- dijo con una voz extrañamente tranquila.
Me escrutó esperando mi respuesta. Ahora tenía un trabajo que hacer, comenzaría mi actuación. Tenía que ser convincente, debía serlo. Mi cometido debía ser llevado a cabo.
- Me gusta Matt. Él realmente sabe cómo satisfacerme- me regodeé.
Su mirada oscura fue asesina.- ¿Satisfacerte?
- Sí, lo hace- mentí.
Se acercó lentamente, con ese andar felino en busca de su presa. Me dejó acorralada.- Él único que puede satisfacerte. Él único que puede saciar tu deseo soy yo. Tu cuerpo me pertenece. Es más, esta noche serás mía- juró.
- No cometo el error dos veces- siseé.- No soy tu puta- le espeté furiosa golpeándole el pecho.
Mis palabras le tomaron desprevenido.- No creo que seas mi puta
- Deja de tratarme como una- mascullé controlando mi ira.- Estoy con Matt y lo quiero. No me gustas Edward, acéptalo.
Frunció el ceño. Siempre lo fruncía.- Eres una mala mentirosa, Bella. Yo te gusto. Tu boca dice algo pero tu cuerpo dice lo contrario- susurró cerca de mi piel provocando que el calor se expandiera por mi cuerpo hasta mi ingle. Tragué saliva.
Él estaba lo correcto, me atraía demasiado. Tenía una lucha en mi cabeza, la parte analítica y lógica me decía que esto no era correcto, no estaba bien. Mientras que la parte del deseo y el placer querían rendirse ante él. Por consiguiente no podía seguir luchando conmigo misma, debía renunciar a una de las dos.
Levanté la vista chocando nuestras miradas. Al verlo allí, de pie ante mí con esa expresión de poder y controladora que me seducía y excitaba como también me asustaba. Queriendo someterme a su merced para saciar su deseo y a la vez satisfacer el mío. Estábamos al tanto, el deseo era más fuerte que la razón o la lógica.
- Eres un dominante- solté al caer en la cuenta.
Su silencio me dio la razón, lo era.
- ¿Qué clase de dominante eres?- pregunté. ¿Le gustará golpear a las mujeres? ¿Querrá golpearme a mí?
- Si estás pensando que me gusta golpear a las mujeres y excitarme con eso, entonces no. No soy esa clase de dominante.
No dije nada, aunque fue un alivio sin embargo mi corazón latía a mil por horas y la sangre se me había helado. Asustada y excitaba me encontraba agarrándome del pomo de la puerta.
- Tienes razón, tú no eres mía-prosiguió ante mi mutismo.- Nunca lo has sido. Es por esa razón que quiero que lo seas. Eres lo que yo no he podido conseguir en todo este tiempo. Te quiero y te deseo. Quiero someterte a mi voluntad. Que seas mía y hagas lo que yo quiera.
Sacudí la cabeza, intentando obtener un poco de lucidez.- ¿Por qué yo?- susurré. No lo entendía, no lo podía comprender. Cualquier mujer en esta fiesta estaría dispuesta a cualquier cosa por tenerlo a él. ¿Por qué yo cuando las tenía a ellas?
- Eres diferente, especial.
- No lo soy
- No te ves con claridad, como los demás te aprecian. No te ves como yo lo hago.
Silencio. ¿Cómo me veía él?
- Sé mía. Esta noche, dame esta noche y luego me responder.
- ¿Responder qué?
- Si estás dispuesta a estar conmigo.
Abrí la boca pero lo único que salió fue un suspiro ahogado.
- Aunque yo no me rindo tan fácil- agregó en un susurro ardiente sobre mi piel.
Él no lo haría, no se rendiría y ambos lo sabíamos. A pesar de eso yo no quería que lo hiciera.
