Hola a todos, por motivos que se explican más abajo cambié el Raiting a la historia, espero no sea un problema para ustedes. Hoy veremos a James enfrentar varios escenarios. Espero puedan dejarme sus puntos de vista desde una cuenta FF, así puedo contestarle personalmente. Abajo, en los comentarios finales, les dejo un análisis de los eventos de este capítulo.
Cómo dejar un corazón roto.
Capitulo 10: Ley del Talión
Nunca antes había pasado tanto tiempo en silencio con Sirius. Ni siquiera cuando eran castigados en Hogwarts. Siempre tenían un mecanismo para hablar. Pero ahora sentados los dos frente a frente en el caldero chorreante, en la esquina más oscura del lugar, el silencio se imponía como una especia de muro entre los dos. Había pasado una semana desde la caída de Voldemort. Desde que le avisaron que el temible señor oscuro había estirado la pata y que varios de sus seguidores seguían desaparecidos. Sirius había sido uno de los magos que habían derrotado al mago más despreciable de todos los tiempos, sin embargo lejos de publicarlo en todos los medios, había decidido que nadie en el mundo mágico que enterase, nadie lejano a la orden.
En la reunión de la orden, fue minucioso en su explicación. Él y la "señorita Granth" habían sido atacados cuando estaban juntos una noche. Ante el recuerdo de esa primera oración sentía sus venas a punto de estallar. Sirius explicó minuciosamente paso a paso, como él y ella atacaban a cada mortífago. Como fue de hecho que fue ella quien dio el hechizo final y como finalmente los dos tuvieron que partir cada uno por su cuenta. Habían varias inconsistencias en su historia, las cuales él había apuntado en medio de la reunión que que no fueron resultas, por insistencia de Dumbledore el tema se desvió. A pesar de que la reunión terminó en buenos términos para todos, pero antes que pudiera acercarse a su mejor amigo este desapareció con la excusa que debía de resolver "cosas" en el ministerio. Y a pesar de que lo reventó de cartas en esos cinco días restantes, el primogénito de los Black brillaba por su ausencia.
Fue mediante la mediación de Remus, que por fin pudo concretar un encuentro en el caldero Chorreante y la situación estaba por decirlo menos caldeada. Sabía que Sirius había escogido ese lugar porque sabía que ahí no podría hacer un espectáculo. Se conocían, tantos años de complicidad no se olvidan. —¿Que mierda te pasa?— dijo respirando entrecortado. Lo estaba mirando a los ojos, casi taladrándolo con ellos. Sirius llevaba su típica chamara de cuero negro, una camiseta blanca básica y el cabello tan largo como siempre. Sirius seguía con su mirada en el vaso de whiskey, el cual ya lo había vaciado. Estaba comenzando a sonrojarse. Sí, así se veían los perros cuando son captados haciendo una travesura, lo estaba evitando mirar a los ojos.
—Siento haber… que haya pasado … tiempo— Sirius estaba tropezando en sus palabras. Sí definitivamente se veía como un perro, ese día más que nunca.
—¿Qué mierda te pasa?— volvió a preguntar casi ladrando.
—Yo… ¿cómo empiezo esto?— dijo rascándose la garganta y aún sin mirar a los ojos a James.
—Quizás por el comienzo— escupió con ira.
—¿Te acuerdas… te acuerdas cuando..? Yo hice un pacto con Mimi… Yo la ayudaría a proteger a Draco, su nieto político, y ella me ayudaría a proteger a Harry. Lo juramos— dijo Sirius intentando levantar su vista pero fracasando en el proceso.
—¿Una promesa inquebrantable entiendo?— añadió él.
—No, mmm ella me dijo que era un libro abierto… ¿sabes a lo que me refiero, verdad?— Le preguntó por fin mirándolo a los ojos. James asintió levemente. Sabía que Hermione era una legeritmante de nacimiento. Siempre que salían a Londres muggle hacían una que otra travesura con su habilidad. Eso hubiera sido clave para ella en descubrir su mentira desde el primer momento, si es que no hubiera sido porque los dos se amaban. Por qué por más que Hermione pudiera negarlo él la amaba. Quizás no era el mejor hombre en la tierra, quizás era un bastardo mentiroso, pero la amaba. Y gracias a esa facultad sus secretos estuvieron a salvo por muchos años.
—Y bueno… en medio de.. todo.. hice algunas promesas… como por ejemplo no contarte ciertos detalles..— Sirius volvió a alejar su vista de él.
—¡Te desapareciste de la cabaña! No contestabas ni una de mis cartas…
—Lo sé, lo sé… pero tampoco sabía como decirte que me estaba quedando en la casa de tu ex por varios días. — Todo la sangre que estaba en su cara se desvaneció. Sirius se estaba quedando en Granth Manior. Estaba en el mismo palacio en que él paso varios de sus veranos, probablemente en los mismos lugares en donde Hermione le había demostrado en más de una manera cuanto lo quería. En el bosque de gardenias, en el ático de la mansión, en el cuarto de reposo, la sala, la cocina, el garaje, la sala de pociones… el sótano.
—Yo sé, no te pongas así… no es como si los dos tuviéramos algo— sus palabras fueron expedidas como torpedos.
—Pero… te gusta eso es obvio— soltó de inmediatamente.
—Joder… James… Claro que me gusta, es guapa… es inteligente… y tiene un carácter insufrible, tal como me lo recomendó el medimago… pero sé de códigos, yo nunca…. Porque sabes que nunca me acercaría a ella en ese plan… ¿verdad?— Se estaba quedando sin voz, su cara estaba más roja que el cabello de Arthur Weasley. Eso no hizo más que incomodarlo en profundidad. ¿Sirius Black sonrojándose? ¡Primero se congelaba el infierno!. James miró su vaso de Whiskey cien fuegos, rápidamente lo sujetó de un tirón y bebió casi sin respirar.
—Lo sé…— dijo después mirando a los lados, esperando que nadie lo viera.— ¿Vas a seguir en Granth Manior?— no pudo evitar el sabor amargo en su boca.
—Creo que sí, mañana Remus va a reunirse con ella por el tema de los hombres Lobo y los nuevos soldados del señor oscuro.— dijo relajando sus hombros y frunciendo en ceño.
—¿Cuándo me lo iban a decir? ¿es parte de la orden?— preguntó aún ladrando medio molesto.
—Algo así… Mimi no es fan de Dumbledore, pero tu papá siempre viene y coordina algunas cosas. — encogió sus hombros. Sacó de su bolsillo un pergamino. —Mira, tuve que aprender de genética… según este estudio … casi todos los Magos sangre limpia están conectados… y se ve en este gen— Sirius le señalo un cuadro lleno de figuras que no podía entender.
—Granth es una de las pocas mujeres sangre pura que tiene el gen Peverell. La única mujer Gaunt y ciertamente… según esto… algo si ves aquí… hay más ella que no se puede identificar. — Se fijó claramente en los nombres que aparecían en el cuadro. Todos magos y brujas de pasado más negro que su cabello azabache. Su madre fue su cómplice en el proceso de separación con Mimi, ella en buena cuenta, lejos de enojarse por su súbito desinterés en la castaña, le prometió que movería cielo, mar y tierra para cumplirlo. Según ella, aunque Hermione Granth fuera la ahijada favorita de su Charlus y aunque se mostraba más dulce que un boyo de canela era una Gaunt. La familia más oscura desde el origen de los tiempos. Antes que muriera su madre le confesó que todo lo que había hecho en la vida, lo había hecho por él. No sabía a qué se refería exactamente, pero podía intuir a que se refería a ella y sus asuntos con los Gaunt.
—Y me dices que… están planeando actuar para frenar a Greyback— Remus le había contado el plan del hombre lobo para ser un nuevo frente de ataque a la comunidad mágica. Pero saber que no podría participar activamente le fastidiaba de sobre manera, en especial porque ahora todos podían tener acceso a ella menos él. Y quizás esa también una de las razones por las que en un inicio no la presentó al resto. Porque era un adolecente engreído y egoísta. Que deseaba tenerla sólo para él. Sí, no podía culparla… era un pequeño imbécil.
—Sí, estamos coordinando fuerzas con las criaturas mágicas de la reserva de Londres. Mimi piensa que los seres mágicos también pueden participar.— ante esa afirmación de su amigo sonrió. Claro… no todo en ella había cambiado, cuando era pequeña había liberado a todos los elfos de su casa, contra el enfado y pavor de su abuela. Recordó como Magnolia se quejaba con su madre sobre la entonces niña. Hermione siembre decía que tenía que defender el derecho de los más débiles. En esos tiempos… ella pensaba que podía cambiar el mundo a su lado. Un dolor agudo le atacó el bajo vientre, como últimamente le pasaba. Pidió otro vaso de licor, el cual acabó en menos de un segundo.
—¿Cómo está Harry?— le escuchó preguntar a su mejor amigo, ya más aliviado sonrió relajado.
—Ahora está en la casa de Alice y Frank. Está jugando con el pequeño Neville. Lily está en España por un encargo de Minerva… y bueno mi padre… a mi padre lo ves más tu que yo— dijo encogiendo los hombros. La mesera le dejó el whiskey en la mesa, mientras de medio lado le lanzaba un guiño a Sirius. Quien para su sorpresa estaba demasiado ocupado viendo de nuevo el pergamino. — Yo sé.. ¿Sigue pegado al muñeco que le regalé?— preguntó. El asintió rápidamente, sintiendo que su vejiga cobraba vida.
—Voy un rato a los servicios, ¿cuándo vuelva me puedes explicar qué son estos gráficos?— Dijo parándose. Sirius asintió de medio lado sin despegar la vista en el pergamino. James relajó los hombros, quizás no todos sean como él.
Caminó en dirección hacia el baño, podría aparecer en su casa, pero era mejor no presionar demasiado a la vejiga. Después de unos minutos, saliendo del recinto, se percató de un ruido muy familiar. Sintió su cuerpo más rígido que una tabla. Esa risa la conocía. Había quemado mil barcos por esa voz, había renunciado a un compromiso y ciertamente al respeto de su padre. Era el eco de la risa de su mujer, pero eso no era posible, Lily estaba en Almería recogiendo unos pergaminos para su trabajo con Minerva. Ella no estaba en Londres y menos en el caldero chorreante. Pero esa era su risa, la podría reconocer incluso debajo del agua. Caminó hasta toparse con la puerta de la habitación número once. —¿Pusiste el hechizo silenciador… cerraste la puerta?— dijo la voz que presumiblemente era de Lily. Pero no recibió repuesta en vez de eso la risa tosca de su acompañante era más fuerte, al parecer estaban en otro tipo de actividades. No, esa no podía ser ella. Lily no se dejaría atrapar, no pondría en riesgo su relación de manera tan abierta. Posiblemente sí, ella lo engañara… pero… no sería tan descarada de hacerlo en un lugar tan común como el Caldero chorreante.
—Ves que no puedes vivir sin mi…— dijo la voz agria y ruda de su acompañante en lo que presumía eran espacios entre besos y caricias.— por más que luches… y digas mil cosas… eres mía— la afirmación tan enfática como tenebrosa.
—No… no puedo— eran gemidos, definitivamente eran gemidos. Alguna vez los escuchó.
—Por más que quieras jugar al rol de la esposa buena, sabes que no puedes luchar contra lo que sientes por mi…— el hombre arrastraba sus palabras, y James solo sentía que su cuerpo se convertía en cemento y cal. Esa voz de alguna manera… la conocía también. — Dime ¿Potter sigue sin encontrar tu clítoris?— su corazón se detuvo… No podía ser él … pero sin duda era ella. La respiración se le aceleró como el expreso de Hogwarts a punto de partir. Los minutos pasaban y los gemidos eran más evidentes, no quería abrir la puerta y toparse con la realidad, pero… ¿Y si no era ella? ¿y si lo era?
Despacio sujetó la manija de la puerta, esta no opuso resistencia. Echados uno sobre otro en la cama estaba su flamante esposa y Severus Snape. La imagen sacada de una de las escenas de sus más temerarias pesadillas no se desvanecía. Lily estaba encima de él como cabalgándolo. Su perfecta silueta era difícil de igual, su piel lozana brillaba con las luces de las velas. Ellos seguían en sus menesteres solo concentrados el uno en el otro. Mientras el sentía que el aire en la habitación se había convertido en metano. Todo en ese lugar apestaba a ellos. — ¿Así o más fuerte?— le escuchó decir. James quería saltar, pegarles dos hechizos directos al pecho. Pero no podía, su cuerpo no estaba sincronizado con su mente. "¿Y nosotros?" dijo pensando en su hijo. Lily, Harry y él eran una familia. Habían luchado con sangre para conseguirlo, habían atravesado por miles de pruebas, maldiciones y hasta profecías… pero eso no importaba porque los cabellos rojizos de su mujer se balanceaban al ritmo de las embestidas. —Lily… Lily …Lily…— gemía grotescamente el hombre de cabello grasoso, es ahí que pensó en sacar su varita. — …¿Me amas como yo a ti?— preguntó el hombre a su mujer mientras ella seguía saltando sobre él en movimientos cortos y bruscos. James pensó que los segundos se convertían en horas. ¿Qué clase de sádico enfermo era para presenciar eso?
—Creo que Severus te ha hecho una pregunta, Lily— se encontró diciendo desde la puerta. Como si la hubiera hechizado ella pegó un salto, tapando su pecho. Estaba agitada, roja y estaba comenzando a temblar, con una de sus manos agarraba la sábana blanca con la intención de cubrir su pecho. Severus por otro lado estaba quieto, como si nada de lo anterior hubiera ocurrido. Sus ojos perforaron los suyos.
—James yo….— estaba comenzando a llorar, se paró quizás tratando de acercarse a él. —¡ Respóndele Lily! Severus te ha hecho una pregunta ¿Lo amas o no? — gritó con todas sus fuerzas, Todo estaba empezando a ponerse rojo. Sentía su cara arder. Severus con total parsimonia recogía sus pantalones sin dejar de mirarlos. Lily no podía articular palabra. —¡¿LO AMAS?!— Volvió a gritar, pero el llanto de su mujer se volvía más espeso. Estaba comenzando a moverla con las dos manos en los brazos. Exigiendo que escupa lo que en verdad pasaba. Quiso decirle algo más hiriente, pegarle, hechizarlos a los dos. Pero la imagen del lago negro le apareció como un relámpago.
—Potter, creo que si sigues gritando todos se van a enterar— la voz de Severus era lineal, no había mucha emotividad pero sin duda estaba a la defensiva, tratando de acercarse a Lily. James la soltó y ella retrocedió llegando a estar junto a su amante. No podía respirar. La imagen de su hijo, su casa, sus ratos al borde del lago… todo empezaba a asomarse a su cabeza, era una especie de tortura.
—¿No quieres saberlo?— preguntó casi sin voz.
—Yo ya lo sé…— le respondió casi de inmediato. No pudo evitar el dolor en el bajo vientre, la traición.
—¿Desde cuando no soy suficiente Lily?— preguntó en un nuevo intento masoquista. No le importaba llorar como un mocoso delante de Severus, ni que todos en el lugar se enteraran. Delante de él estaba la mujer de su vida con su peor enemigo… oliendo a sexo y a traición.
—Potter es en serio baja la voz, o cierra la puerta— Al parecer el hombre había dejado su varita desde el otro extremo de la habitación porque de ser así no le estaría pidiendo amablemente.
—¡RESPÓNDEME!—volvió a gritar omitiendo las palabras del Slytherin.
—No le grites…. Y para tal caso Lily no está siendo muy distinta a ti. ¿o quieres que te recuerde a Granth?…Vete y cierra la puerta… no tienes nada que reclamar acá— Antes que el hombre pudiera terminar James lo tiró al piso y le pegó en el rostro a la manera muggle. Uno, dos, tres, cuatro… Severus parecía noqueado. Los gritos de Lily eran cada vez más fuertes, quizás empeoraron cuando la sangre de la boca de la serpiente le salpicó. Snape era muy buen duelista, pero no tan buen adversario con los puños. Antes que pudiera reventarle la sonrisa perfecta en el rostro unos brazos desde atrás lo detuvieron. Sirius lo estaba cargando en peso. —¡Cálmate James…. Todo el mundo te está viendo!— James pudo percatarse en que varias personas habían aparecido en la pequeña habitación. Desde el dueño Tom, hasta la mesera que minutos antes lo había estado atendiendo. James le escupió la cara al hombre que yacía en el piso.
—Y a ti…. No te quiero ver… me largo…— se libró de los brazos de su amigo y apuntando directamente en su aún mujer. — Se acabó… lo amas… pues debiste decírmelo… pero supongo que nos merecemos… ¿el caldero Chorreante? Hubiera sido mejor en la calle…. ¡Hubiera sido menos evidente!— James desapareció con un solo movimiento de varita, dejando a su mujer hecha un mar de lágrimas.
James apareció en el único lugar donde podía ser miserable con tranquilidad, la casa de su padre. Charlus lo miró desde el otro extremo de la sala y supo inmediatamente que algo no andaba bien con él. Viendo a contra luz su padre estaba viejo, más viejo de lo que le hubiera gustado reconocer, quizás y esté siendo afortunado de aún tenerlo con vida. Antes que pudiera ajustar su vista sintió como su padre lo abrazaba, ni siquiera supo en qué momento se le acercó, solo podía sentir el abrazó cálido y protector de su papá. Sí, quizás y Charlus no sea el papá más expresivo del mundo, pero dejaba sus mensajes claros. Amaba a su familia y haría cualquier cosa por ellos. Unas suaves palmadas lo hicieron darse cuenta que estaba llorando como un mocoso de dos años. Esperó a que su padre le preguntara el motivo, pero el no quería decir nada y su padre no preguntó.
—Lily… no …ella— fue lo único que podía decir, las palabras no salían de su boca.
—Ven… creo que tengo licor de elfo en mi despacho— dijo señalándole su oficina.— le voy a decir a Margo que prepare tu habitación— James sintió como si tuviera quince años otra vez. Vio a su padre conversar con la pequeña elfa.
"¿Es que nunca voy a poder llamar su atención? Todo lo que hago es enojarla ¡¿Qué puedo hacer?!"– recordó haberle preguntado a su padre en una de sus vacaciones de navidad. Ese día le había robado su licor y su padre le había pillado llorando al calor de la chimenea, lejos de enojarse se sentó a su lado y le dio dos palmadas en la espalda "¿y si dejas de revolotear a su alrededor? A las chicas no les gusta eso…" le había respondido sonriéndole de medio lado. "¿Y qué pasa si… no sé le hace caso a Diggory o peor Snape?" Su papá volvió a sonreír, pero esta vez mirando a la chimenea " Hay chicas… que sí se dan cuenta de ti…" dijo conspiratoria mente "¿Lo dices por Mimi?" No tuvo que ver la respuesta de su padre para saber que era cierto. " Por Merlín, papá… Mimi es casi un chico para mi y… tu me dijiste que los verdaderos compromisos nacen…" le respondió casi de inmediato dejando de lado el dolor que lo aquejaba.
"del corazón… lo sé. Eventualmente será la decisión de ustedes honrar el compromiso que hicimos François y yo… pero… es evidente que ella te quiere" dijo dándole esas típicas palmadas en la espalda. "… solo digo que no presiones a nadie para que te quiera. El amor es un sentimiento libre y créeme cuando te digo que no hay nada más lindo que ser correspondido, James" le sonrió abiertamente. James recordó que fue desde ese instante en que decidió mirar con otros ojos su vida.
Ahora James Potter estaba sentado frente a la chimenea apagada de la última vez, en exactamente el mismo lugar. Llorando como si volviera a tener quince años.
Hola a todos,
¿Qué les pareció? ¿Inspirada en el código de Hammurabi? Sí, un poco. Creo que de ahora en adelante James empezará otra etapa. Muchos de ustedes me preguntan por el acercamiento entre él y Hermione. Pero para esa parte aún falta definir personajes. Creo que recién estamos terminando la primera etapa de la historia. Creo que ya quedó claro que la guerra continua, pero de una manera diferente. Y si no ha quedado claro en el capitulo que viene no quedará dudas.
Me encanta leerlos, así que por favor espero leerlos nuevamente. Su feedback es invaluable para mi.
Un abrazo del tamaño del sol.
Nos leemos,
DLila.
