Capítulo 10
Los personajes no me pertenecen, sólo la historia que vengo a compartir sin fines de lucro.
POV EMMA
No quería ver hacia abajo, sentía el viento azotar su tembloroso cuerpo mientras se aferraba a las ramas y lianas del tallo.
-¿Alguna vez te has enamorado?.- preguntó una voz a su lado.
- Eso creo, ¿Y tú?.- respondió sincera mirándole a los ojos, ojos azules como el mar. Espero la respuesta pero esta no llegó.
Abrió los ojos molesta con la luz del sol que entraba por la ventana y le golpeaba en la cara.
Se incorporó en la cama apartando una manta que la cubría y que no recordaba que se había puesto.
Vio que Killian seguía dormido en el sillón del ventanal, acostado boca arriba con su brazo cubriéndole la cara.
Decidió dejarlo dormir, así que salió lo más silenciosa que pudo después de colocarse su zapatos y arreglar un poco su cabello. Fuera, notó que la mesa estaba aún puesta y algunos marineros estaban colocando comida para el desayuno.
-Buenos días, Mary Margaret.- casi dio un saltó al escuchar a Elizabeth saludarla a sus espaldas.-¿Tuviste una buena noche?
-Sí, la tuve.- dijo recordando su extraño e interrumpido sueño.- ¿Y usted?
-También.- contestó con una sonrisa.- ayer no tuve tiempo de expresarte lo mucho que siento que hayan perdido su embarcación… si hay algo que podamos hacer…
-No se preocupe, estaremos bien, con llevarnos a Arendelle será más que suficiente.
-Debe de ser difícil para un mercader ya no tener su barco, estar acostumbrado a vivir en el mar, viajar a donde se quiera y ver cosas nuevas, y de pronto perder todo eso por una tormenta.- comentó mirando a la distancia.- No Podría imaginarme algo así para mi Will… espero que tu esposo y tú encuentren como solucionarlo ¿Llevaban mucho tiempo en ese oficio?
-Ki..-Liam, él ha estado desde hace años en el mar, lo mio es mucho más reciente.-mintió Emma.
-La suya debe de ser una historia de amor interesante…-insinuó.
-No en realidad.- se apresuró a contestar.- Fue un matrimonio arreglado, no hay historia de amor.
-Una lastima, adoro las historias de amor.- se lamentó haciendo un puchero.
-Lo siento, pero no tenemos sentimientos románticos el uno por el otro, yo sólo era una campesina a la cual su padre quería casar y él un marinero cuyo padre quería tierras. Todo fue por mero interés.
-¿Estás segura?.-preguntó y Emma asintió.- Pues al parecer él no siente lo mismo.
-¿A qué te refieres?.- preguntó consternada.
-Debes de ser muy despistada como para no notar la manera en la que te mira.- rió.- No le eres indiferente, es bastante evidente, desde el momento en que abordaron ha estado cuidándote, atento siempre ti, y cuando te sacaron del agua y se dio cuenta de que no respirabas no dudo ni un segundo en salvarte.
-No… yo… debes de estar equivocada. Él haría eso por cualquiera.- "...que le dé algo cambio" termino en su mente.
-Tal vez… pero recuerda: el amor no es fácil esconder, es algo que se nota en la mirada, sólo hay que estar atento…- comentó Elizabeth con un aire misterioso, luego miro algo por encima del hombro de la princesa y su expresión cambió.- Buenos días señor Jones.
Emma giró un poco, encontrando a Garfio dirigiéndose hacia ellas. Verlo así, sin su ropa de pirata y aquel objeto de metal que le daba su apodo, hacía que Emma sintiera que había algo fuera de lugar, como si algo faltara.
-Buenos días bella dama.- saludó a Elizabeth, después miró a Emma y se inclinó ligeramente con una sonrisa.- mi señora.
-Creí que aun dormías.- contestó ella con las palabras de Elizabeth aún frescas en su mente.
-No, desperté pocos minutos después de ti. No eres tan silenciosa en las mañanas como crees.-comentó.
-Disculpa.- dijo Emma rápidamente sintiendo sus mejillas arder.
-No te preocupes Amor.- sonrió.
Desvió la mirada hacia el mar al notar que él la miraba fijamente.
-Bueno, creo que debo irme.- dijo Elizabeth rompiendo el silencio incómodo.- El desayuno estará listo en algunos minutos, y ¿Emma? piensa en lo que hablamos.
Con una última sonrisa, y guiñándole el ojo, se fue.
-¿A qué se refiere?.- inquirió Killian extrañado.
-No es nada.- esquivó la rubia y cambió el tema.- ¿Cuando llegaremos a Arendelle?
-El capitán Turner dijo que llegaríamos hoy por la tarde.
-Bien, eso me dará tiempo.- murmuró.
-¿Tiempo para qué?
-Averiguar el plan de Hans.
-¿Y cómo planeas hacer eso?.- preguntó con un extraño brillo en los ojos.
-Sólo necesito que esa arpía esté fuera de su camarote.-notaron que Rose comenzaba a hacerles señas para que fueran a desayunar.- Unos minutos me serán suficientes para entrar y salir sin que nadie lo note.
-Supongo que usaras tu magia para lograr tu cometido.- comentó mientras ofrecía su brazo para escoltarla a la mesa, Emma contestó a su gesto con completa naturalidad tomando su brazo.
-Sí, no hay otra forma, no puedo permitir que la reina Elsa y la princesa Anna tengan que volver a sufrir por culpa de ese mentiroso… y de paso tendrá su merecido.-dijo y al instante vio que una sonrisa se formaba en la cara del pirata.
-Lo tendrá.- sentenció.
.-.-.-.-.-.-.-
Emma nunca había sido aficionada a permanecer dentro de una habitación por mucho tiempo, le desesperaba no moverse, pero en ese momento sabía que era necesario.
Estaba consciente de que su control de la magia era innata, Peter Pan se lo había hecho saber cuándo se conocieron, le dijo que con un poco de práctica podría ser una muy poderosa hechicera, una invencible. Su magia aún era muy poderosa, podía sentirla vibrar, pero al estar tanto tiempo sin utilizarla... Necesitaba practicar, y eso era lo que hacía.
Había estado desde medio día tratando de hacer una aparición mágica, al principio fue algo fácil;aparecer al otro extremo de la habitación, luego avanzó a otro nivel al tratar de llegar al cuarto de lavado con a puerta cerrada.
Lo había logrado con muy buenos resultados, simplemente seguía su instinto que le decía exactamente qué hacer, y aun así sentía que en su momento algo saldría mal y terminaría en otro lugar.
-Aun no entiendo por qué simplemente no nos llevas a Arendelle.- Garfio había insistido en quedarse en la habitación, se encontraba recostada cómodamente en la cama con los brazos detrás de la cabeza, observándola desaparecer cada pocos minutos.
-No he utilizado mi magia desde hace poco más de diez años.- señaló rodando los ojos y saliendo del cuarto de lavado.- podría hacer que terminemos en el fondo de un volcán activo o en una selva llena de de animales feroces y hambrientos. Me estoy arriesgando con aparecerme a un par de metros.
-Déjame ver si entiendo este loco plan tuyo.-dijo estirándose en la cama y luego sentándose en la orilla.- Esperaras a que ese príncipe salga de su camarote, entonces te aparecerás justo en frente de la puerta, ya que no sabe cómo luce por dentro, luego entrarás para buscar…¿Qué exactamente?
-No lo sé, contestó encogiéndose de hombros.- mapas, planos, diarios, lo que sea que pueda tener algo de información de lo que planea hacer en Arendelle.
-¿Y después?
-Detenerlo y dar aviso a la reina.- se acercó a donde aún se encontraban sus ropas secándose. Las tocó dándose cuenta, con pesar, que aún se encontraban algo húmedas, en el momento en el que movió la chaqueta de Killian varios objetos resbalaron de uno de los bolsillos internos, cayeron al suelo con un golpe metálico, reluciendo con la luz del sol.
-Con que ahí estaba.- comentó Emma levantando el garfio de entre los objetos.
-Sí, tuve que esconderlo antes de que subiéramos al barco.- explicó Killian mientras Emma regresaba el garfio al bolsillo.- podría causarnos problemas si esos marineros lo ven.
La princesa juntó los otros objetos de metal que se habían disperso, notando que eran anillos, algunos opacos y otros con el brillo de la juventud, había uno que sobresalía de entre todos probablemente era el más viejo, por mero impulso Emma lo tomo, jalando con él una larga cadena.
-¿Por qué tantos anillos?.- preguntó curiosa observando la piedra aún reluciente del anillo que sostenía.
-Todos cuentan una historia.- murmuró algo distante.- Son trofeos que he coleccionado con el pasar de los años.
-¿Y este?.- levantó un poco la pequeña joya para que la viera, esperó a que sonriera con arrogancia y le narrará una historia donde él terminó venciendo, pero para sorpresa de Emma soltó un largo y profundo suspiro melancólico.
-Mi hermano mayor, Liam… me lo dio hace mucho tiempo.
-Entonces sí existe un Liam Jones.- comentó entendiendo el nombre no tan falso con el cual se presentó la noche anterior.
-Existió.- corrigió sombríamente con la mirada en el suelo.
-Oh, lo lamento.-pronunció bajando la cabeza, luego no pudo evitar preguntar.- ¿También era… Pirata?
-No, él era un buen hombre.- sonrió con tristeza.- el mejor hombre que he conocido, me llevaba por un buen camino, hasta que…
-¿Qué pasó?.- preguntó animándole a seguir cuando guardó silencio.
-Liam era capitán de un barco que servía al rey, y yo era su teniente.-explicó.- se nos encomendó la tarea de buscar una planta con fines curativos medicinales que ayudaría a sanar cualquier herida, se encontraba en Nunca Jamás, fue la primera vez que pise esa tierra. Una vez ahí, Peter Pan nos advirtió que la planta que buscábamos era llamada "Tormento", y era mortalmente peligrosa, la más letal de la isla. Liam ignoró las advertencias alegando que el rey nunca haría algo tan bajo, yo dudé, y él utilizó la planta en sí mismo para probarme que me equivocaba… yo… debí de hacer algo para detenerlo.- se lamentó para después continuar.- Cayó al suelo segundos después, afectado por el veneno. Tuvo otra oportunidad gracias al agua mágica de un manantial de la isla, pero no sabíamos que el precio a pagar por la magia era quedarse… Liam murió apenas llegamos de vuelta nuestra tierra, murió tratando de defender el honor de un hombre mentiroso y cobarde. Cuando se fue, se llevó la mejor parte de mí, y ahí fue cuando decidí que no dejaría que nadie me mandaría, que no respondería a las órdenes de ninguna corona, que sólo seguiría mis propias reglas.
-Cuando elegiste ser pirata.- completó Emma. Había escuchado la historia, sorprendida por esa cara de sinceridad de Killian que hasta entonces no había visto, una en la que dejaba de lado las insinuaciones y chistes.
-Sí…- murmuró y, como es propio de él, se recompuso y cambió su expresión a una más animada.- esa es toda la historia de cómo me convertí en el pirata condenadamente apuesto, vil y usurpados que soy hoy en día.
La chica inclinó la cabeza para intentar ocultar la sonrisa que se asomaba por sus labios, al posar su mirada en sus manos notó avergonzada que mientras escuchaba el relato del pirata había jugueteado con el anillo y que ahora este colgaba bastante flojo de su dedo anular. Se lo quitó rápidamente y lo juntó a los otros anillos para después devolverlos al bolsillo con el garfio
-Y…- comenzó luego de carraspear incomoda.- ¿No tienes más familia?
-No, suspiró él.- mi padre nos vendió y abandonó cuando éramos unos niños.
-¿Y tu madre?.- preguntó vacilante, pero la única respuesta que obtuvo fue una pequeña negación con la cabeza.- Entonces estás completamente solo.
-Yo no lo iría así.- comentó viéndola a los ojos y luego desvió su mirada rápidamente al ventanal, Emma siguió la trayectoria, notando que en el cielo el sol comenzaba a tomar su camino hacia el atardecer .- El… el mar y mi barco serán siempre mis acompañantes… Ya casi es hora.- señaló de la nada.
-Cierto… yo tengo que prepararme.- dijo tomando su ropa, que estaba al menos lo suficientemente seca como para usarla.
-Iré a vigilar.- carraspeó poniéndose de pie y saliendo de la habitación, cerrando la puerta sin mirar atrás.
Emma se quedó sola, de nuevo.
Era extraño, pensó mientras se sacaba el ligero vestido y regresaba a la cómoda y confortable ropa de pirata, sentía que llevaba semanas viajando, cuando en realidad apenas había estado 4 días fuera del castillo, incluso hasta ese momento había olvidado que era la princesa Emma, hija de quienes libraron al reino de la tiranía de la reina malvada, hasta ese momento se había sentido sólo como Emma, una persona libre de ataduras que vivía aventura tras aventura.
Terminaba de amarrar su pelo en una coleta cuando Garfio entró de nuevo a la habitación.
-Falta poco para llegar a nuestro destino, lo que sea que vayas a hacer deber de ser rápida; el príncipe ha salido y no hay nadie vigilando.- informó.- es el momento.
-De acuerdo.- suspiró Emma aun sin sentirse muy segura, pero estaba motivada, y eso era suficiente.- es momento de meterme en la boca del lobo.
Cerró sus ojos, tratando de concentrarse y visualizar en su mente el espacio fuera del camarote que había vigilado por horas. Sintió la magia fluir como cosquilleos, ansiosa por ser utilizada, recorrerla desde su cabeza hasta llegar a la punta de los dedos de los pies. Abrió los ojos un segundo, sólo para alcanzar a ver a Killian antes de que un humo blanco la rodeara.
-Ten cuidado.- logró escuchar muy nítidamente, y desapareció de la habitación.
Cuando su vista volvió a enfocarse estaba parada justo frente a la puerta de un camarote, revisó a su alrededor que nadie la hubiese captado su intrusión, sin embargo, los hombres ahí presentes se concentraban en preparar todo para tocar tierra, por lo que no habían notado en lo más mínimo su presencia.
Sin perder más tiempo, abrió la puerta y se deslizó rápidamente dentro asegurándose de que nadie la viera.
Una vez allí, sintió que su corazón se detuvo al notar que la habitación estaba vacía, y no se refería a que no hubiera nadie; realmente era una habitación desolada, sin decoraciones ni muebles.
Caminó un poco, pensando en qué hacer, hasta que dio un paso y escucho cómo la madera chilló con su peso, justo en el fondo del camarote, así cómo en los lugares del palacio en donde suelen haber escondites y pasadizos.
Siguiendo su instinto, se arrodillo y palpó el suelo, encontrando una división inusual en la madera, siguiendo aquel bordeado, se topó con un hueco en donde podía fácilmente meter su mano, y así lo hizo, empujó poniendo su peso, escuchando un chasquido, y luego jaló hacia arriba, abriendo la escotilla secreta.
El hueco cuadrangular daba hacia un segundo piso por el cual se accedía por unas cortas escalera, dio un vistazo para ver qué tan seguro era, logrando ver un pasillo despejado con algunas puertas a los lados.
Bajó los peldaños con cuidado, cerrando la escotilla sin hacer ruido,
El pasillo estaba levemente iluminado por algunas lámparas de aceite.
Emma no desperdicio tiempo en revisar el contenido de cada puerta, con una mirada era suficiente para saber que no encontraría nada. Su atención fue directamente a la puerta del final del pasillo, una vez ahí trató de abrir la puerta, más sin embargo esta se hallaba cerrada con llave.
Decidida, apoyó sus manos y se concentró, despejó su mente de cualquier distracción, y dejó sólo una cosa: magia.
Recordó cómo Peter Pan le había explicado el control de la magia, que consistía en el sentirla, y juntar todo lo que se tiene. Pensó en esa magia que la recorría, la imaginó saliendo de sus manos, escurriéndose traviesamente en la cerradura y abriéndola, tardó unos segundos y casi desistió cuando escucho un apenas perceptible chasquido y la puerta se abrió.
Con una sonrisa victoriosa entró, no había mucho que destacar, era una habitación bastante pequeña con el espacio suficiente como para tener una cama de una plaza y un escritorio lleno de papeles en su superficie, sin ventanas con la única iluminación de varias velas.
Fue al escritorio, rebuscando entre los pergaminos y planos, no era nada que le pudiera revelar cualquier cosa, sólo algunos mapas viejos de algunas zonas de Arendelle y cartas sin nada relevante. Cambió su búsqueda hacia los tres cajones que acompañaban al escritorio, encontrando desanimada papeles en blanco, plumas y tinta, pero, al tratar de abrir el último cajón, sus manos resbalaron de la manija metálica, indicando que estaba trabada por un seguro.
Emocionada, y con el corazón latiendo a mil, apoyó sus manos e instantáneamente escucho un click.
Había esperado ver un arma, algo terrible y peligroso que incluso le quitara el aliento por la impresión, pero en cambio había una simple flauta de madera.
La miró escéptica, sin saber qué pensar, no creía que Hans tuviera algún talento musical, por lo que no entendía qué tenía que ver la flauta ahí.
Un ruido que provenía de la planta superior la sacó de sus cavilaciones. Cerró el cajón, dejando el instrumento, y se aproximó a salir, asegurándose de volver a poner llave a la puerta.
Se encontraba a la mitad del pasillo cuando vio que la escotilla se abría, sin pensarlo dos veces se metió a la habitación más cercana, teniendo cuidado de no azotar la puerta, y quedándose sumida en la oscuridad del pequeño cuarto. Deseo poder simplemente desaparecer de ahí, pero parecía que su temor había bloqueado su magia, dejándola abandonada justo en aquel momento en el que más la necesitaba.
Guardó silencio, sintiendo que en cualquier momento su corazón saldría disparado de su pecho.
Escuchó unos lentos y pesados pasos al otro lado de la puerta, y sintió, por un segundo, que se detuvieron un momento frente a ella. Observó por la cerradura la silueta de la persona, identificándole como un hombre.
Estaba a punto de intentar utilizar su magia cuando escuchó que la puerta del fondo se abría e inmediatamente se cerraba.
Los segundos se le hicieron eternos hasta que decidió abrir la puerta ligeramente, encontrándose con el pasillo nuevamente vacío. Se escurrió sigilosamente, viéndose aún incapaz de transportarse mágicamente, vigilando en todo momento la última puerta.
Se sintió a salvo cuando se encontraba ya cerrando la escotilla, faltaba poco para regresar a un lugar seguro, con Garfio, sin embargo, sin quererlo se quedó inmóvil, sus manos se congelaron, provocando que la puerta de la escotilla resbalara y cayera en un sonoro golpe.
No sabía lo que ocurría, todos sus músculos se hallaban agarrotados y la desesperación la comenzó invadir.
A lo lejos escuchaba una suave, pero tope, melodía en la cual penas había puesto atención, se iba acercando hasta que se detuvo y frente aella la escotilla se abrió, dejando a su vista unos ojos verdes que reflejaban satisfacción.
-Pero mira la pequeña rata que atrape infraganti.- exclamó Hans subiendo las escaleras.
Intentaba con todas sus fuerzas moverse, hablar, gritar, pero todo era inútil; algo le quitaba el control de su cuerpo.
-No te esfuerces, sólo gastaras fuerzas.- dijo él caminando a su alrededor.- Es increíble lo que se puede lograr con la magia, se puede hacer lo que sea colocando un poco de ella en un objeto cualquiera, en este caso, una flauta que es capaz de controlar a quien escuche su música.- se jactó levantando el instrumento de aire que anteriormente había estado en un cajón, pareciendo fuera de lugar en aquel momento.- Has tenido la mala suerte de estar cerca cuando invocaba su magi, pero la cuestión es… ¿Qué haces aquí?
Emma tuvo una lucha interna por no hablar, más algo la volvió a obligar, una fuerza que se deslizó por cada hueso, vena y músculo de su cuerpo, lo más que pudo hacer fue resistirse un poco.
-E-estoy bus-buscando.- Emma se sintió aliviada de que no preguntara algo que delatara su verdadera identidad, sin embargo, el camino por el cual iba no era bueno.
-¿Buscando qué?.- inquirió, inclinándose a su altura y mirándola directamente a los ojos, como si buscara algo.
-U-una prueba...- sus ojos comenzaron a lagrimear por el esfuerzo que hacía para expulsar la magia que la controlaba, todo en vano. Era algo que dolía, como si le encajaran mil dagas si luchaba en contra, pero si se dejaba llevar prometía ya no sentir dolor, prometía una profunda tranquilidad sin preocupaciones.
-¿Qué tipo de prueba?.- presionó más, haciendo que la voluntad de Emma se evaporara cada vez más.
-De que atentaras contra Arendelle.- soltó, sintiendo dolor con cada palabra, fue entonces cuando sintió algo romperse, y su raciocinio se esfumó.
-¿Quién te envía?¿Estás acompañada?
-Estoy con un pirata, pero actué por cuenta propia, él no sabe nada.- las palabras se deslizaron de su boca sin que intentara detenerlas.
-Ya veo.- murmuró y guardó silencio por unos segundos, con expresión pensante, luego le dio una sonrisa que le heló los huesos.- Bueno, es una lastima que tengas que morir tan joven. Sígueme.
Emma, obligada por la magia, se incorporó y fue tras de él, saliendo del camarote hacia la cubierta.
Nadie les ponía atención, los marineros estaban inmersos en sus tareas, y algunos de los príncipes estaban en proa, observando a lo lejos la tierra que se acercaba cada vez más.
Siguió a Hans hasta que este se detuvo en la borda, justo en el espacio sin barandilla por donde ponían los puentes de cruce y la escalerilla. Vio que frente, a varios metros, se encontraba el barco en el cual se encontraba Killian, ignorante a lo que ocurría. Ella se detuvo, dejando una pequeña distancia a la orilla.
-Quiero que saltes al mar y te quedes ahí abajo hasta que tus pulmones se llenen de agua.- ordenó entre diente, Emma dio un paso, sin embargo, se frenó, fue como si le hubiesen arrojado un balde de agua fría.
Sus palmas cosquilleaban, y se dio cuenta que era ella misma, cerrando sus puños y encajándose las uñas, tratando de recuperar el control.
-Hazlo.- gruñó entre dientes el príncipe, Emma dio otro paso, pero se resistió de nuevo.-¡Obedece!
El grito de Hans llamó la atención de sus hermanos, que se giraron ante el jaleo, uno de ellos se aproximó con paso firme, el mismo que la noche anterior reía con Garfio.
-¿Se puede saber qué ocurre aquí?.- inquirió. Emma se sintió aliviada, pensando que el detendría todo.
-Ella sabe de la flauta.- respondio entre cerrando los ojos.- debe morir o echara todo a perder.
-Que sea rápido, Hans, no queremos que se repita lo mismo que con la princesa Anna.- murmuró simplemente luego de unos segundos. dejando a Emma helada, y se retiró sin siquiera mirarla. Vio cómo los demás príncipes le daban también la espalda.
-Ahora salta al mar y ten una muerte piadosa, o juro que yo mismo haré que te arrepientas de no haber tomado mi oferta.- masculló sosteniendo la flauta con fuerza y apuntándole con ella.
No pudo evitar ver hacia el mar azul que se agitaba con manchas blancas de espuma, producto del movimiento de los barcos, se preguntó si ella se convertiría en espuma.
Dio nuevamente un paso vacilante, sintiendo el vacío en su estómago.
Escuchó a distancia una puerta abrirse de golpe, seguido de un grito.
-¡Emma!.- venía del barco frente a ella, de alguien que reconoció inmediatamente. Su vista se dirigió hacia Killian, que subía por proa del otro navío y tomaba una soga que colgaba del mástil.
-¿Emma?.- su atención regresó a Hans, quien en ese momento de distracción había bajado la flauta, pero rápidamente se recompuso y volvió a imponer su poder sobre ella, pero esta vez era más débil.- ¡Demuestra tu verdadera cara!
Obedeciendo, Emma liberó la magia que alteraba su aspecto. Hans abrió los ojos con la repentina sorpresa y titubeó al verla.
Escuchó a Killian Aterrizar al otro lado del barco después de balancearse con la soga para pasar de barco a barco, los príncipes acudieron a su encuentro, amenazando con sus espadas. Killian sacó la suya desde su recuperada ropa de cuero y comenzó a pelear.
-Conque todo este tiempo has sido tú.- masculló el príncipe.- La princesa Emma… y ahora estás bajo mi control.
-No lo creo.- declaró ella sorprendiéndolo. Lo había sentido momentos atrás, una grieta en aquella magia que la corrompía, y ahora, con la aparición de Killian sintió cómo recuperaba su esperanza, por lo que apoyándose en eso golpeó la barrera que le contenía, librándose por fin de la influencia de la flauta.
Hans lo notó, e intentó tocar el instrumento de nuevo, sin embargo Emma no perdió tiempo y se abalanzó sobre él, provocando que soltara la flauta y que esta se deslizara hasta llegar a la borda sin barandilla. Se quedó un momento ahí, una mitad en el barco y la otra en el aire, Emma contuvo la respiración junto con Hans, que luchaba contra ella para alcanzar la flauta, pero esto no pasó, el instrumento se balanceó con el movimiento del barco y sin más cayó al mar.
Hola de nuevo!
Me alegro de estar aquí para traerles una nueva actualizacion.
Trabajé mucho en este capítulo, ya que no sabía cómo plasmar los escenarios, así que probablemente se sienta un poco enredoso o tedioso, no sé…
Quise poner un momento entre Emma y Killian para acercarlos un poco más, y pues como saben la historia de Killian no cambia mucho,
Sí, la flauta es como la del flautista de Hamelín, o bueno, es esa flauta, pero un poco modificada. Emma puede evitar decir cierta informacion porque ve tecnicismos en las preguntas.
Les dije que los hermanos no serían muy importantes, así que preferí no indagar en ellos, son sólo los secuaces que también ven sólo por su propio beneficio
Aún faltan algunos capitulos, pero en este momento ya se llegó como al clímax, si lo dividimos en partes, esta seria como la tercera parte.
Probablemente luego edita el capítulo, si es que encuentro partes confusas.
Creo que ya es todo, muchas gracias por leer y dejar Reviews! me alegra mucho cada vez que me llegan las notificaciones!
Ciao, hasta la proxima!
