Disclaimer: Los personajes son de Stephenie Meyer, sólo me pertenece la trama.


Sólo con un beso

Chapter 10


–Por favor, Alice, deja de insistir, no me lo probaré, ya te lo dije –dijo Bella por milésima vez en la tarde.

Eran alrededor de las ocho de la tarde y, Alice y Rosalie, habían pasado horas tratando de que Bella se pusiera un vestido para la noche, ya que iban a ir a un pequeño bar local, el cual se encontraba a unos minutos de distancia.

–Pero, Bells, es sólo probártelo –Alice puso su mejor expresión convincente–. Luego, si no te gusta puedes cambiártelo… –mintió–. Además, estamos atrasados, quiero llegar antes de que el karaoke comience.

Bella la miró con los ojos entrecerrados.

–¡Agh! Está bien –gruño.

–¡Sí! –Alice comenzó a dar saltitos en su puesto y a aplaudir casi inaudiblemente.

La pequeña duendecillo, le pasó el vestido y Bella se fue con él al baño de la habitación de Alice, donde había estado durmiendo la pasada semana. Aunque las cosas con Edward se habían tranquilizado, Bella no volvió a dormir con él en su estadía en St. Augustine Beach.

Minutos después, Bella estaba completamente arreglada con un vestido azul que quedaba muy apegado a sus suaves curvas. El vestido era de un color azul fuerte, que le llegaba a la mitad del muslo, tenía un escote corazón y por encima de éste iba una malla del mismo color que el vestido, la cual formaba las mangas, que tenían pedrería falsa color índigo. Llevaba unos tacones negros de casi diez centímetros, los cuales pasaban una fina correa por su tobillo. Finalmente, llevaba su cabello suelto en pronunciadas ondas, las que iban libres por toda la extensión de su espalda.

–¡Bella! Te queda perfecto –alabó Rosalie, la cual utilizaba un vestido verde bastante simple, pero que en ella quedaba de maravilla, era totalmente suelto, pero en la cintura llevaba un delgado cinturón color café que marcaba completamente sus curvas.

–Rose tiene razón, no puedes quitártelo –Alice negó con la cabeza.

–¡Ash! Sabía que me iban a obligar igualmente… –se quejó Bella.

–Pero, Bells, ya no tienes tiempo para reclamar así que, ¡shh! –le cayó Alice.

Alice ocupaba un vestido negro que le llegaba un poco más arriba de la rodilla; no tenía tirantes y era completamente apretado hasta la cintura, donde había una cinta negra, y desde allí el vestido era totalmente suelto. Llevaba, además, los tacones que su hermano le había regalado esta tarde.

–¿Les avisaste a todo los chicos, Allie? –preguntó Rose, retocándose un poco el maquillaje frente al espejo.

–Sí, luego de que le dije a Bells, les avisé a Jazz y a Emm. –Alice se vio los pies ausentemente y cuando se fijó en los hermosos tacones que su hermano le había regalado, se acordó de algo importante–. ¡Oh, por Dios! Me he olvidado de decirle a Edward…

–¡¿Qué?! –soltó Rosalie dándose la vuelta a mirar a la pequeña Alice.

–Sí, se me olvidó, porque antes estábamos peleados y luego no recordé contarle sobre esto…

–Bueno, pues bajemos para decirle, además se nos está haciendo tarde.

Las tres chicas bajaron por las escaleras y, al llegar al pie de estas, los tres hombres que estaban sentados en el sillón blanco, se pararon al mimo tiempo, deleitándose por la hermosa vista que tenían en sus narices.

–¡Edward! –Alice se fue a donde estaba Edward y lo envolvió con sus pequeños brazos–. Perdón, perdón, perdón.

–¿Por qué? –preguntó confundido.

–Pues porque no te avisé que íbamos a ir un bar. ¿Quieres ir? –preguntó de la forma más inocente que pudo–. Celebraremos nuestro fin de año de la Universidad.

–Un bar… Y ustedes así vestidas –Edward miró a las tres mujeres.

–Es un bar local, no hay de qué preocuparse –dijo Alice en un tono tranquilizador.

–Espera, ¿un bar local? ¿No se suponía que íbamos a un pub? –preguntó un confundido Emmett.

–¡Ah! Sí, olvide decirles… No encontré algún pub que fuera de mi agrado y que estuviera cerca, entonces encontré un pequeño bar por internet. Se ve bastante acogedor… Además, ¡hay karaoke, esta noche! Será entretenido, vamos.

–Entiendo… –dijo Emmett, no tomando mucha atención a la pequeña Alice.

–Entonces… ¿querrás ir, Edward?

–Claro, pero sólo si Bella se cambia de ropa –respondió, mirando fijamente a Bella.

–¡¿Qué?! –preguntó bella perpleja.

–Que te cambies. Ese vestido no es para niñas como tú –explicó tranquilamente, ante la mirada de furia que le lanzaba Bella.

–¡Otra vez con lo mismo! –soltó Bella, gritando–. No puedo creer que sigas, Edward… No. Soy. Una niña –dijo lentamente–. Entiéndelo de una vez, ¡por favor! ¡Tú no me dices cómo vestir! ¡Pareces mi padre! Ni siquiera él se comportaría así. Eres patético. –Bella se cruzó de brazos y lo miró con los ojos entrecerrados.

Edward suspiró audiblemente. Sabía que Bella tenía razón, estaba siendo patético. Pero cuando la vio bajar por esas escaleras, no pudo detener su enojo de imaginar a Bella con hombres a su alrededor, babeando por ella, como lo había hecho él.

–Bien, vamos, Alice. Los acompaño, ¡pero! –Levantó el dedo en dirección a su hermana–. Yo conduzco e iremos todos en un mismo auto.

–¡Claro! –saltó Alice.

Los seis jóvenes se fueron en dirección al patio delantero, yendo hacia el Volvo de Edward. Antes de que Bella se subiera, Edward la detuvo por el brazo. Necesitaba conversar las cosas, porque no quería que Bella se la pasara mal en la noche.

–¿Puedo hablar contigo un momento? –preguntó Edward, una vez que Bella dio la vuelta para mirarlo.

Bella suspiró.

–Bien, suelta.

–Lo siento –dijo Edward, simplemente–. Por seguir tratándote como una niña, es que la verdad todavía veo a mi mejor amiga pequeña. No logro sacar de mi mente la imagen de ti entrando a mi casa de Forks cuando eras sólo una niñita, es inevitable verte como una niña. Lo siento, en serio. Sé que me he estado comportando como un imbécil los últimos días y de veras lo siento. Además ese vestido no te queda nada mal –alabó con un tono divertido, levantando las cejas, sugestivamente.

Bella se sonrojó un poco, se río y golpeó el brazo de Edward.

–Bien, te perdono. Y gracias por el alabo –se rió bajito.

–Ok, ahora vamos a ese bar.

Finalmente, cuando ya todos estaban dentro del auto, Edward puso en marcha el carro y se dirigió a Scarlett O'Hara's –el bar del que había hablado Alice–, por las indicaciones de su hermana, quien se encontraba en el asiento trasero, en el regazo de su novio Jasper. Bella iba en el asiento del copiloto, manejando la radio, haciendo caso a las recomendaciones musicales de parte de Rosalie y Emmett, quienes también iban en el asiento trasero.

Llegaron luego de 15 minutos, aproximadamente, al bar. Edward aparcó el auto fuera del establecimiento y todos salieron del carro, lentamente. El local era una casa de dos plantas, tenía luces alrededor de las ventanas y en las orillas del techo. La fachada de madera ya estaba un poco desgastada. El porche era extenso y estaba lleno de mesas, en las que estaban unas pocas personas.

–Wow, Alice. Nunca me imaginé que nos trajeras a un lugar como este… –anunció Rose.

–¿No es lindo? –preguntó Alice emocionada.

–Sí, eso es seguro, pero no es para nada tu estilo –contestó Rose, extrañada.

–Bueno, pues quería llevarlos a alguna parte inesperada –sonrió.

–Bastante inesperada, enana –dijo Emmett.

Los seis entraron al local y buscaron una mesa al interior. Al momento que se sentaron, llegó un mesero que se presentó como Will y les tomó la orden en un instante. Cuando el mesero se fue para traer su pedido, todos se internaron en una grata charla que duró solo unos instantes, ya que el mesero llegó con las bebidas.

–Aquí está su bebida, señorita –le dijo Will a Bella con una enorme sonrisa en su rostro.

–Gracias, Will –le sonrió en respuesta.

–De nada. Cualquier cosa que necesite me puede llamar –le dedicó una mirada coqueta.

Bella bajó la mirada a sus manos y asintió despacio. Luego de un momento, Will se fue y Alice soltó una risita.

–¡Bella, por Dios! –exclamó la duendecillo.

–¡Cállate, Allie! –imploró Bella.

–Estaba coqueteando contigo muy notoriamente…

Un resoplido se oyó en la mesa. Todos miraron extrañados a Edward, de quien había salido ese bufido.

–¿Qué miran? –preguntó, tomando un poco de su cerveza. Su alcohol era más suave que el de los otros, ya que él era el que manejaría de vuelta a casa.

–Nada –Alice negó con la cabeza.

A los pocos minutos, una persona se subió a una tarima de al final del local.

–Buenas noches a todos, les damos la bienvenida a Scarlett O'Hara's. Vamos a dar inicio a nuestro karaoke, si hay alguien que quiera participar, siéntese libre de venir al escenario.

Una joven de pelo lacio y rubio se subió al escenario y cantó una romántica canción de Lady Antebellum. A la chica, al final de la canción, le aplaudieron enérgicamente.

–Voy por un trago más, ¿alguien quiere otro? –preguntó Bella, luego de haberse terminado su tan buen trago que le había dejado el mesero con una bella sonrisa.

–Sí, por favor, quiero otro de estos –Emmett levantó el vaso del cual tomaba su fuerte trago.

–Bien, vuelvo en un segundo y con algunas cervezas más, ¿sí?

Todos asintieron y Bella se fue al área de la barra que estaba realmente cerca, tanto que se podía escuchar cómo Emmett lanzaba bromas al azar y todos reían.

Cuando se puso en la barra para pedir, ninguno de los bármanes que estaban sirviendo, la tomó en cuenta. Entonces, tuvo que recurrir a gritar al barman más cercano, que estaba dado vuelta de espaldas. Tenía una espalda ancha y fornida, podía perfectamente alcanzar el metro ochenta de altura, su piel era morena y su cabello estaba corto y era de un color azabache, tan oscuro como la noche. Sorpresivamente, a Bella ese hombre le parecía demasiado familiar. Cuando ya por milésima vez gritaba que la atendieran, el barman moreno se dio vuelta y Bella jadeó audiblemente, de la impresión. Él abrió los ojos como platos en respuesta y sonrió enormemente, al parecer también la había reconocido.

Era Jacob.

Sí, Jacob Black, con quien tuvo una relación y con el que había perdido su virtud.

Sin embargo, a Bella ya no le causaba el mismo efecto que le causaba cuando ella era un poco más joven y él sonreía de esa manera. Antes le temblaban las piernas, le hacía tener un nudo en el estómago –no mariposas, como le causaba Edward– y sonreírle de la misma manera en respuesta, olvidándose de todos sus problemas. No. Ahora no tenía el mismo resultado. Supuso que era porque cuando estuvo con Jacob, Edward no estaba ahí para no tomarle atención a otro hombre que no sea él.

–¡Hola, Bells! –se acercó a donde estaba Bella y la abrazó como pudo, a través de la barra.

–¡Hey, Jake! ¿Cómo has estado? –preguntó emocionada.

–Bien, bastante bien. Mejor, ahora que te veo. ¿Y tú? ¿Cómo va la Universidad?

–Bien, estoy bastante bien. Y la Universidad anda perfectamente. Acabo de pasar el primer año.

–Me alegro por ti.

–¿Qué haces aquí? –preguntó sorprendida.

–Estoy ayudando a un amigo con su negocio –hizo un gesto abarcando todo el bar–. Quil, no sé si lo recuerdas.

–Sí, sí lo recuerdo. ¿Cómo es que está aquí en Florida?

–Se vino luego de que Claire se viniera a estudiar aquí…

–¡Oh! ¿Aún están juntos?

–Sí, llevan montones de años juntos…

–Me alegro por ellos. ¿Dónde te estás quedando?

–En un hotel a unas cuantas cuadras de aquí… ¿Y qué hay de ti? ¿Vives aquí o algo?

–¡Oh, no! Estoy de vacaciones ahora. Vivo en Jacksonville, queda a un par de horas de aquí.

–¿Te estás quedando en un hotel, también?

–No, estoy alojándome en la casa de los padres de Edward.

–¿Edward?

–¡Oh! Había olvidado que no le conocías… Es el hermano de Alice, mi mejor amigo –agregó con una sonrisa.

–¿Esa diablillo está aquí? –preguntó emocionado.

–Sí –sonrió–. Está en la mesa. Con Jasper, su novio –se dio la vuelta y apuntó a Jasper–. La rubia es la hermana de Jazz y el que está a su lado, es su novio, Emmett. Ah, y al lado de Allie está Edward –se dio la vuelta nuevamente.

–¿Cómo le ha ido en la Universidad a la enana?

Bella soltó unas risitas. Le encantaba que Jacob la llamara de todas esas maneras. No era de una manera ofensiva. No. Sino más bien, era de una forma cariñosa, como lo hacían todos. Alice había sido parte esencial de la vida de Jacob, era como una pequeña pieza, que si faltaba, no era el mismo.

–Bien, ya sabes, le encanta todo eso de la moda, así que ama su carrera de diseño.

–Me alegro por ella. Y así que, ¿tiene novio? ¿Desde cuándo?

–¡Oh! Pues no lo recuerdo, pero es como si hubieran estado toda la vida juntos, ¿sabes? Me alegro por ella de que haya encontrado a alguien tan bueno como Jazz.

–Sí… Se ve buena persona – Jacob miró en dirección a la mesa.

–Ajam…

–¡Hey! ¿Por qué habías venido a la barra?

–¡Oh! Casi se me olvida –se rió entre dientes–. ¿Me das tres cervezas Corona? ¡Ah! Y un… –trató de recordar el nombre de la bebida de Emmett y luego de un momento, lo recordó–, un Gone With The Wind y… un St. Augustine Sunset.

Jacob le pasó las cervezas y Bella las fue a dejar a la mesa, para luego llevar los cocteles que había pedido. Cuando dejó todas las bebidas en la mesa –con un esfuerzo gigantesco al tratar de no tropezar con esos tacones–, volvió a la barra y le pagó lo que era en total.

–Fue un placer haberte visto, Jake –dijo Bella, una vez que le hubo pagado las bebidas.

–Para mi igual, Bells. Espero verte de nuevo…

–¡Oh, claro! ¿Tienes mi número, cierto?

–Sí, ¿es el mismo?

–Ajam.

–Bien, te llamaré luego para juntarnos un día de estos, Bella.

–Adiós, Jake –le sonrió, le dio un fuerte abrazo a través de la barra y le besó la mejilla.

Cuando Bella llegó nuevamente a la mesa con todos, se sentó y disfruto de un coctel que estaba en la mesa, no estaba segura de cuál tomó, pero estaba delicioso e, incluso un poco más fuerte que el anterior que había tomado. Luego de que Emmett terminó su broma y todos rieran, Bella recordó a quién había visto hace unos momentos en la barra.

–¡No te imaginas el barman que me atendió, Allie! –comentó emocionada.

–¿Era guapo? –Alice movió las cejas sugestivamente.

–Ehh… sí, pero no es por eso. Le conoces.

–¿En serio?

–Ajam –Bella asintió con la cabeza.

–¡Dime quien es, Bells!

–Jacob –dijo, simplemente.

Alice abrió los ojos como platos.

–¡¿Jacob Black?! –exclamó Alice.

–Sí, Alice. Jacob.

–¡Oh por Dios! Tanto tiempo sin verlo…

–Me llamará un día de estos para juntarnos. Si quieres puedes ir también.

–¡Oh! ¡Eso me encantaría! Y, ¿qué está haciendo aquí?

–Está ayudando a Quil con el negocio, ¿lo recuerdas?

–¡Oh! Claro Quil, sí, obviamente que le recuerdo.

–Se vino aquí cuando Claire también vino a estudiar aquí.

–¿Aún están juntos? –Bella asintió con la cabeza–. ¡Qué lindos!

–¡Hey, hey, hey! –Exclamó Emmett–. ¿Quién es Jacob? ¿Y Quil?

–Son unos amigos de la Push –explicó Alice.

–¿Desde cuándo los conocen? –preguntó, interesado.

–Unos pocos meses después de que Edward se fuera a la Universidad –mencionó Bella. Tomó un sorbo de su bebida.

–¿Qué relación tuvieron con ellos? –preguntó serio, como si fuera un interrogatorio de vida o muerte.

–Bella y Jake fueron novios –dijo Alice–. Y Quil…, bueno, Quil era uno más de los tantos que había en la Push. También estaba Seth, Paul, Sam, Jared y Embry. Además de las chicas quienes eran una dulzura, estaban Leah, hermana de Seth; Claire, novia de Quil; Emily, novia de Sam; Rachel, la novia de Paul y hermana de Jacob; y Kim, la novia de Jared. –Alice terminó con una gran sonrisa en su rostro.

–Wow. Parecen una manada –observó Emmett–. ¿Cómo es que te aprendiste todos esos nombres, pequeña?

Alice se encogió de hombros.

–Estábamos casi todas las tardes, juntos en la Push. Era verdaderamente genial.

–Además, siempre, siempre llenábamos completamente alguna cafetería. Era entretenido –explicó Bella, quien estaba sonriente por el recuerdo–. Pero, claramente no siempre estábamos todos juntos, siempre faltaba uno que otro…

–Pero cuando todos nos reuníamos era en la Fogata del Mes –mencionó Alice.

Bella estaba sonriente, ya que hace mucho tiempo no recordaba esos días, en los que todo era simple. Claro que con el tiempo, todos debieron concentrarse más en los estudios para poder entrar a las Universidades que querían y fue en ese momento que el gran grupo de amigos, comenzó a dispersarse. Todos estaban ocupadísimos, concentrados en llegar a cumplir esa meta que cada uno se proponía. Poco a poco, las juntas comenzaron a hacerse menos seguidas, hasta que llegaron al punto que ni siquiera en la Fogata del Mes, se juntaban. Ya cuando a todos los aceptaron en las Universidades que quería cada uno, todos se juntaron y celebraron a lo grande, aunque con un poco de tristeza, ya que todo el "clan" se dispersaría por todo Estados Unidos.

–Bien, voy a buscar más cervezas –anunció Rose, una vez que Alice y Bella terminaron su relato–. ¿Alguien quiere algo más?

–¿Me traes otro de éstos? Realmente está buenísimo. –Apuntó el vaso del cual había tomado el trago que, al inicio de la velada, Emmett había pedido.

–Claro, Bells – dijo Rose. Se fue caminando en dirección a la barra y a los pocos instantes, regresó con más cervezas y la bebida que había pedido Bella.

Las horas pasaron lentamente, sin más sorpresas. Las personas que subían al escenario para participar del karaoke, eran bastante buenos, no hubo ninguno que cantara horroroso, como era típico en actividades como esa. Los seis jóvenes la estaban pasando más que bien entre todos. Y, además la comida y las bebidas estaban más que buenas.

Bella, por su parte había bebido más que suficiente del trago Gone With The Wind –el que había pedido Emmett al principio–, pero cada vez pedía más y más, y nadie la paraba, ya que casi todos estaban sin una buena capacidad para analizar las consecuencias que traería eso.

Estaban más que disfrutando la noche, riéndose por todo lo que decía cada uno, lo cual demostraba que se habían pasado unas cuantas copas.

–¡Un brindis! –exclamó Alice y se paró de su asiento, lanzando una pequeñas risitas, las cuales siguieron por todos los de la mesa.

–Alice, siéntate, ¿quieres? –dijo Bella, quien había dejado su humos de antes olvidado, enfadándose un poco con la duendecillo.

–Bueno, bueno, no te enfades –lanzó una fuerte carcajada, mientras tomaba asiento nuevamente.

–¿De qué trataba el brindis, Allie? –preguntó Edward, agarrando su desordenado cabello cobrizo entre sus dedos.

–¡Ah!, pues se trata de que tú, hermanito, tú –lo apuntó con su dedo índice–. Realmente lograste impresionarnos y estoy muy orgullosa por eso. Que te vaya bien en… –Jasper la cayó, poniendo una mano en su boca, ya que estaba a punto de soltar la ida de Edward a Londres.

Todos levantaron las copas en un gesto silencioso y tomaron de sus bebidas, aunque no todos entendieran lo que decía Alice. Como Bella, quien no entendió por qué habría alguna razón para que Alice se orgulleciera por su hermano, y menos aún entendió por qué Jasper la cayó antes de completar la frase, pero lo dejó pasar y siguió divirtiéndose como lo estaba haciendo con sus amigos.

Ya cuando faltaban sólo unas horas para el cierre del local, Bella estaba más que borracha. Se reía por todo lo que decía uno de los chicos y aplaudía enérgicamente a todas las personas que tenían el coraje de subir al escenario a cantar. Alice la acompañaba con su estado, cada vez estaba diciendo cosas más y más ilógicas. Ambas hablaban sin pensarlo dos veces, lo que todos los demás respondían con una fuerte carcajada.

–Edward, déjame decirte que estás realmente guapo esta noche –dijo Bella, acercándose a su mejor amigo.

–Basta, Bells, estás borracha –apuntó Edward.

–¡No es cierto! Estoy perfectamente bien. Y tú también estás bastante bueno –soltó unas suaves risitas. Los demás también se rieron bastante fuerte.

–Bien, es hora de irnos –anunció Edward con un semblante serio.

–¡No, Ed! No quiero irme aún –dijo Alice con un pequeño puchero.

–Pues tendrá que ser así, Allie –respondió con una sonrisa divertida en el rostro–. Están terriblemente borrachos, todos ustedes –soltó una fuerte carcajada.

–¡Mentira! Yo no estoy borracha, Edward –dijo tercamente Bella.

Edward se rió entre dientes.

–Pues yo digo que sí, y mañana despertarás con una horrible resaca –Edward la miró fijamente.

–¡Agh! No puedo negarme si me miras así Edward –lo acusó.

–¿Así, cómo? –preguntó confundido.

–Así, con tus hermosos ojos verdes que deslumbran.

–¿Te deslumbro? –preguntó con una media sonrisa.

–Sí –dijo Bella como si le hubiera preguntado algo obvio–. Sobre todo cuando haces eso. –Apuntó su cara con el dedo índice.

–¿Qué?

–¡Tu sonrisa ladeada! No sabes lo que produce en mí…

Edward la miró estupefacto. No sabía que podía producir algún efecto a Bella con una simple sonrisa. Pero lo creía casi imposible, porque, vamos, Bella estaba más que borracha y en las últimas horas no había dicho cosas de lo más lógicas.

–Bella, estás borracha, no sabes lo que dices –declaró Edward.

–No, no, es cierto. Ya sabes de lo que dicen de los borrachos y los niños… siempre dicen la verdad. Además que siempre te he encontrado guapísimo, toda mi vida –le dedicó una sonrisa genuina.

Edward le respondió la sonrisa al instante. Siempre, todas las mujeres, le habían dicho que lo encontraban guapo, pero Bella, antes de esta noche, no había pertenecido a ese grupo y el hecho de que lo hiciera ahora, se le hacía distinto a cuando todas esas otras mujeres lo habían hecho.

–Bueno, vamos –cambió de tema Edward–. Se está haciendo bastante tarde, así que vamos.

Después de unas pocas quejas más de parte de Alice y Bella, lograron salir del local, no sin antes pagar la cuenta. Cuando salieron, una fría corriente de viento, los golpeó, haciendo que a Bella le recorriera un escalofrío. Edward lo notó y se sacó su chaqueta de cuero café, poniéndola en los hombros de Bella.

–Gracias –sonrió.

–De nada –respondió Edward, con una sonrisa ladeada.

–¡Agh! Por favor, ¡No lo hagas más! Es cierto lo que te dije hace un momento…

–¿Qué te deslumbro?

–Ajá –asintió con la cabeza–. Pero creo que también es por el hecho de que me gustas… y mucho.

Edward la miró fijamente. ¿Había escuchado bien? ¿A Bella le gustaba? Frunció el ceño, extrañado. Si eso era cierto, Bella sabía cómo esconderlo bastante bien todos los días. ¿Y cómo era posible que hubiera soportado todo ese desfile de mujeres que entraban a su habitación cada noche?

–¿Estás hablando en serio? –preguntó Edward.

–Sí, bastante en serio. –El semblante de Bella notaba seriedad al hablar. Edward sonrió un poco.

–Pues tú eres hermosa –le confesó.

Bella se sonrojó y rió nerviosamente, luego de unos segundos.

–¡Vamos, Ed! Ya me dio sueño… –protestó Alice desde un lado del Volvo, con Jasper sosteniéndola, quien no estaba tan borracho como las chicas, pero se había pasado un par de copitas y visiblemente no podría manejar.

Edward abrió las puertas del Volvo con el control remoto y todos subieron al carro. Edward puso en marcha el vehículo y encendió la radio en una estación que daba solamente música clásica. Todos en el asiento trasero iban dormitando, mientras que Bella, estaba profundamente dormida en el asiento del copiloto. Cuando llegaron a la casa, Edward tomó a Bella en brazos, mientras que todos los demás, se bajaban del auto.

–Oigan –llamó Edward, cuando estaban a punto de entrar a la casa–. Si alguien escuchó lo que Bella dijo esta noche y lo recuerda mañana aún, lo que no creo que sea posible, por favor no mencionen nada, ¿sí?

–Sí, Eddie, no mencionaremos que Bells se te declaró estando borracha –dijo Emmett.

Edward lo fulminó con la mirada.

Cuando entraron a la casa, Jasper tomó a Alice en brazos, ya que se tambaleaba un poco, y la subió a su habitación. Emmett y Rose, quienes estaban un poco menos borrachos, subieron a su habitación, tomados de la mano. Edward, en cambio, recostó a Bella un momento en el sofá y buscó una aspirina en la cocina, para luego guardarla en su bolsillo y tenerla más accesible cuando Bella despertara con la obvia resaca que tendría al día siguiente.

Tomó a Bella nuevamente en brazos, haciendo que ella se removiera un poco. La castaña abrió los ojos, al notar que estaba en el aire y sonrió al ver que Edward la llevaba en brazos. Acomodó su cabeza contra el cuello de él y susurró:

–Te amo.

Edward se detuvo al escuchar esas palabras y sonrió. La respiración de Bella se volvió más profunda, haciendo que Edward notara que se había quedado dormida nuevamente. Subió las escaleras y se dirigió a su habitación, ya que supuso que Jasper y Alice ya se habrían quedado dormidos en la habitación de su hermana.

Recostó a Bella en su cama y le sacó los tacones cuidadosamente, para que no despertara. Abrió las mantas y la cubrió. Se cambió de ropa y se colocó un pantalón de pijama con una camiseta gris. Se metió a la cama, acercó a Bella a su pecho y la abrazó.

No sabía qué le había ocurrido cuando Bella le dijo que le amaba momentos atrás, fue una sensación extraña, que nunca la había sentido antes. Y definitivamente, quería sentirla otra vez. Le hubiera gustado que Bella le dijera todos los días que lo amaba, le hacía sentir bien.

Frunció el ceño. ¿Por qué quería escucharla decir eso de nuevo? Realmente no lo entendía. Era como si ya nada sería lo mismo, si no lo oía, al menos una vez más. Como si le faltara algo durante el día si no lo escuchaba de los labios de Bella.

Entonces lo entendió:

–Yo también te amo, Bella.


Uh! Edward ya se dio cuenta! n.n Qué hermoso, ¿no? Espero que les haya gustado el capítulo :) Lo había estado pensando ya hace varios día y hoy al fin pude terminarlo :D El bar que se menciona sí existe, incluso tiene una página web que se las dejaré al final si quieren echarle un vistazo ;)

Oh! Y muchas gracias por todos esos nuevos favoritos y alertas! La verdad me alegran el día! Y también gracias a todos esos reviews lindos *-* Ya llegamos a los 30! :) Es emocionante para mi n.n

Cuídense muchito, un abrazo de oso °\(n_n)/° y un beso!

Saludos desde Chile ;)

...Lizzie...

Página web del bar: www . scarlettoharas home#!_home /welcome (ya saben, sin espacios ;D)

Pd: Para las que quieran ver los vestidos de las chicas en este capítulo, pondré las fotos en un blog que hice recientemente. Aquí está el link: lizzieswancullen. blogspot. com (sin espacios) Ahí también pondré pequeños adelantos de los siguientes capítulos dentro de la semana ;)