Por Carmen

Los chicos que allí se encontraban no se podían creer que fuera sábado, y menos que se hubieran quedado atrapados en el baño de su instituto. Hubo un momento de confusión, de angustia y, sobre todo, de miedo hasta que Ana levantó la voz y dijo:

-Tenemos que salir de este baño como sea.

Samuel, que pensaba igual que Ana, se le ocurrió un plan para salir de allí. El plan consistía en intentar abrir la cerradura con las horquillas de Míriam y así poder escapar del baño, pero esto no era fácil. Al cabo de unos minutos, Ana recordó la técnica matrilineal que le enseñó su madre para abrir la puerta con unas horquillas. Cogieron una, la estiraron y tras varios intentos fallidos consiguieron por fin que la puerta se abriera.

Los chicos se alegraron de haber escapado del baño, pero se dieron cuenta de que la puerta del instituto permanecía cerrada. Todos sabían que tendrían que pasar la noche allí y se dirigieron a los ventanales de la cafetería para comprobar lo que se temían:

-Está anocheciendo –dijo Samuel con tono pesimista y cansado.

Al oírlo, todos pensaron que lo mejor sería irse a descansar y que ya mañana por la mañana pensarían algo para salir del instituto. Cada uno de ellos escogió un lugar para dormir.

Odín, que era al que más le costaba dormir, escogió el banco de la entrada para pasar la noche. Todos ya estaban casi dormidos, pero él no y optó por levantarse y dar una vuelta por el pasillo. Al levantarse se estiró y con su codo derecho, sin querer, dio a la alarma de incendios que tenía detrás de él. Al darse cuenta de lo que había hecho intentó despertar a sus compañeros, pero el ruido incesante de la alarma les despertó a todos.

Pasado un rato, el ruido paró, aunque todos ellos seguían muy nerviosos pensando que a los bomberos o la policía les podía haber llegado el aviso.

A la media hora de lo ocurrido empezaron a oír sirenas…