Parte 2. Purgatorio.

Capítulo 10.

Tokio, Japón.

Quince años después.

Taro le dio las últimas pinceladas al retrato que estaba terminando. Él seguía pensando que sus cuadros nunca tendrían la belleza de los de su padre, ahora sexagenario, pero al menos le pagaban bien por ellos, lo suficiente como para no tener que trabajar en otra cosa. Además, Misaki tenía el ingreso extra de sus clases como profesor de pintura en la Universidad de Tokio. No estaba mal para una ex estrella del Paris Saint Germain, el equipo estelar de Francia.

- Profesor, ¿mañana habrá clases?.- una muchacha de cabello castaño ceniza y lentes se acercó a él, esperanzada.

- No, Noriko.- negó Taro.- Mañana faltaré, tengo permiso.

- Qué lástima.- Noriko se veía decepcionada.

Los muchachos comenzaron a recoger sus pinturas y sus caballetes de trabajo. Taro era de los pocos profesores de la universidad que podían darse el lujo de dar las clases en los jardines. Misaki volvió a mirar el cuadro que había terminado y pensó que no estaba tan mal, al menos el rector le pagaría bien por él. Mientras tanto, algunos de los alumnos de Misaki lo observaban de lejos, entre ellos Noriko.

- ¿Por qué no dará clases el profesor mañana?.- preguntó Noriko, a nadie en particular.

- ¿No lo sabes?.- respondió un muchacho de ojos azules y cabello claro.- Mañana es el aniversario luctuoso de sus hijos. Mañana hace un año (frase tan rara) fallecieron los dos hijos del profesor Misaki en un accidente automovilístico.

- Salió en todos los periódicos.- añadió otra muchacha.- Supongo que el profesor irá a visitarlos...

Noriko miró a Taro con cierta tristeza. El profesor se veía siempre alegre y agradable, nunca se le había visto enojado o triste, pero nadie sabía el dolor que quizás guardaba por dentro (ni modo que por fuera). Misaki, mientras tanto, terminó de guardar sus instrumentos de trabajo y le pidió a un conserje que le ayudara con ellos mientras Taro llevaba el cuadro recién pintado a su pequeño despacho. Ya una vez ahí, él tomó el teléfono e hizo una llamada.

- Lo sentimos, profesor Misaki, la señora Eriko aun está muy ocupada.- le respondió una mujer muy agradable.- ¿Quiere que la interrumpa?

- No, Simone, muchas gracias.- respondió Taro.- Solo dígale por favor que iré a buscarla en media hora.

- Se lo diré, profesor.- asintió Simone, la asistente de Eriko.- Acá lo esperamos con gusto.

Taro colgó el teléfono. Antes de irse, pasó con el rector y le informó que el cuadro estaba listo y de paso le recordó que no iría a trabajar al día siguiente.

- No te preocupes, Misaki, todo está bien.- dijo el rector, un hombre muy amable.- Tómate el resto de la semana, si quieres.

- No será necesario.- sonrió Taro, con cierta tristeza.- Con mañana me basta.

- Sabes que cuentas con todo mi apoyo, Misaki.- dijo el rector.- Y mi más sentido pésame para ti y para tu esposa...

- Gracias.- esta vez, la sonrisa de Taro fue un poco menos tensa.

Mientras conducía su automóvil compacto por las calles del congestionado Tokio, Taro recordó lo mucho que había cambiado su vida en un año. Parecía que había sido apenas ayer cuando Eiki y Enory, sus dos únicos hijos, perdieron la vida cuando la camioneta en la que viajaban, conducida por su niñera, se estrelló de frente contra un camión que se quedó sin frenos a las orillas de París. Misaki estuvo a punto de perder algo más que a sus hijos, por poco pierde también su matrimonio y con ello a la mujer de su vida... Taro no sabía qué hubiera pasado si ella al final no se hubiera decidido a estar con él...

Taro no veía respuesta alguna en los ojos negros de Eriko. Ella simplemente continuaba acariciando sus rosas rojas, sin mirar a su esposo. Él le había dado el tan temido y merecido ultimátum, pero ella no estaba preparada para eso... Eriko aun no podía reconocer que necesitaba toda la ayuda posible, que necesitaba a su esposo más que nunca, y que no quería perderlo a él también. Sin embargo, Taro no estaba dispuesto a esperar más...

- Tu silencio me lo dice todo, Eriko.- murmuró Misaki.- Está bien, no te molesto más... No te preocupes, no pienso dejarte desprotegida, pero ésta será la última vez que me veas en toda tu vida...

Misaki se levantó. Le dolía el corazón, pero si ella estaba interesada en él y lo necesitaba, era mejor que se lo dijera en esos momentos... Eriko no supo que hacer. Su miedo, su dolor, su luto la estaban clavando a su soledad, pero su corazón le decía a gritos que si no hacía algo, el hombre de su vida se iría para siempre...

No se supo como pasó. Taro ya casi llegaba a la salida del psiquiátrico cuando alguien gritó su nombre. Fue un llamado que provino desde lo más profundo del alma, hecho con una voz que estaba hecha pedazos pero que tenía impresa la necesidad que causa el amor...

- Taro.- Eriko estaba ahí, con el cabello revuelto, y su vestido ondeando con el viento, igual que aquella vez que se dieron su primer beso.- No me dejes, por favor... Te necesito...

Misaki no necesitaba más para volver a abrazar a su esposa...

El claxon del automóvil de atrás sonó y eso sacó a Taro de sus pensamientos. El semáforo había cambiado a verde. Misaki seguía recordando que después de eso, Eriko dio grandes avances en el psiquiátrico y la dieron de alta en tan solo tres semanas. Después de eso, el matrimonio Misaki hizo todo lo posible para continuar con su vida, por lo que ambos decidieron mudarse de Francia, el lugar de la tragedia, a Japón. Eriko decía que ella quizás nunca podría recuperar la tranquilidad si tenía que pasar a cada momento por el sitio en donde murieron sus hijos. Taro estaba de acuerdo, después de todo, Eiki y Enory habían sido enterrados en Japón, así que estarían más cerca de ellos... Misaki renunció a su empleo como entrenador del PSG y se dedicó completamente a la pintura y Eriko abrió una sucursal de su academia de modelaje en Japón, dejando en Francia a Jean Lacoste, su antiguo representante, a cargo. Simone, la asistente francesa de Eriko, se negó a dejar a su jefa, de manera que ella también se mudó con su familia a Tokio. Y todo esto había pasado en tan solo un año, se habían esforzado mucho pero lo habían logrado. Como Wakabayashi una vez lo dijo, a pesar del dolor la vida continua...

Al otro lado de la ciudad, Genzo Wakabayashi dio por terminada la junta con los demás directivos de la Asociación Japonesa de Sóccer. Tomoyo, su secretaria, le anunció que su esposa estaba esperándolo afuera.

- ¿Hace cuánto que llegó, Tomoyo?.- se sorprendió Genzo.

- Será como una hora y media, pero me dijo que no lo molestara y que esperaría.- respondió Tomoyo.- ¿La hago pasar?

- Por supuesto.- Genzo se acomodó la corbata.

Tomoyo salió y poco después entró Lily, quien llevaba el cabello recién cortado en nuevo corte y con un traje de Chanel nuevo. Genzo esbozó una sonrisa, su mujer nunca dejaría de verse como modelo, aun cuando estuviese trabajando en un jardín de niños.

- Mi amor, Tomoyo me dice que llevas casi dos horas esperándome.- Genzo se puso de pie para besar a su esposa.- ¿Pasó algo?

- No.- negó Lily.- Jazmín regresa por la tarde de su excursión con su grupo y Daisuke saldrá de clases a las tres, la hora de siempre. Vine a verte por otro motivo...

- ¿Qué cosa?.- Genzo no comprendió ni recordó de momento.

- ¿No sabes qué fecha será mañana?.- Lily puso los ojos en blanco.- Se cumple un año de la muerte de Eiki y Enory.

- ¿Tan pronto?.- Genzo se sorprendió.

- Así, es increíble, pero ya pasó un año.- suspiró Lily.- La ceremonia será por la mañana. ¿Crees poder ir?

- Afortunadamente, sí.- contestó Genzo.- Ahora veo el por qué Tomoyo canceló todos mis pendientes mañana.

- Esa mujer tiene más memoria que tú.- rió Lily.- Suerte que la tienes de secretaria.

- Lo sé.

Genzo miró por la ventana. Había sido un año difícil para todos. La muerte de los dos hijos Misaki-Wakabayashi los había afectado a todos, pero parecía que las cosas comenzaban a mejorar... Lily se acercó a su esposo y también miró el paisaje por la ventana.

- Tengo un mal presentimiento, Gen.- murmuró ella.

- ¿Qué pasa?.- preguntó Genzo, abrazándola.

- No lo sé.- confesó Lily.- Algo va a pasar...

- Tranquila.- Genzo la besó en la frente.- Hemos tenido una mala racha, primero Aremy y después Eiki y Enory, pero creo que todo marchará bien a partir de ahora...

Lily no respondió, y Genzo comenzó a tener algo de dudas. Su esposa solía ser siempre muy receptiva, aun recordaba la noche en que ella despertó llorando, poco antes de que culminara su tercer embarazo, diciendo que al hijo que esperaban iba a pasarle algo muy grave... Genzo no pudo dejar de sonreír con aire fatalista cuando recordó el momento en que el pediatra les anunció que Aremy había nacido con Tetralogía de Fallot, la enfermedad del corazón que terminó por quitarle la vida.

En su lujoso despacho en el enorme edificio en donde se encontraba su academia de modelaje, Eriko revisaba los últimos modelos que le habían llegado desde Francia, mandados por Jean Lacoste. Habría una presentación dentro de una semana, y Eriko necesitaría toda la ayuda posible, ella estaba segura de que podría convencer a su cuñada de participar, ya que aunque se hubiera retirado de las pasarelas, Lily nunca dejaba de atender un pedido de Eriko. Y quizás, también podría acudir Elieth Schneider, la cual seguía trabajando en Alemania, dividiendo su tiempo entre el modelaje, su esposo y su inquieto hijo Mijael. Simone tocó a la puerta y entró.

- Eriko, no quiero molestarla, pero el profesor está aquí.- anunció Simone.

- ¿Taro está aquí?.- Eriko respingó.- Ay, no, estoy fatal... Mira cómo traigo el cabello... ¿Por qué no me dijiste antes?

- Te ves tan hermosa como esta mañana, como te has visto siempre.- dijo Taro, sonriendo desde la puerta.- Tranquila, mademoiselle, tú eres hermosa en tu estado natural.

- Exagera, monsieur.- Eriko se sonrojó un poco y besó a Taro en los labios.- Pero me gusta que me lo digas.

- Lo sé, por eso te lo digo.- rió Misaki.

Simone se excusó y dejó a los esposos solos. Taro y Eriko se besaron por unos minutos y después él miró los bocetos que ella tenía en el escritorio. Ambos deseaban retrasar el tema de conversación que era necesario tocar...

- ¿Son los nuevos modelos de París?.- preguntó Taro, con cierta curiosidad.

- Sí, pero no me convencen.- suspiró Eriko.- No sé, tienen algo que no me gustan...

- Son lindos, pero me gustan más los tuyos.- confesó Taro.

- A mí también.- reconoció Eriko.- Pero no puedo rechazar así a Jean...

- O sea que de cualquier manera los vas a usar...

- No me queda de otra...

Eriko preguntó entonces por el trabajo de Taro y él le respondió sobre lo que había hecho. Hablaron un poco sobre Tsubasa y Sanae Ozhora y sobre Genzo y Lily Wakabayashi y después se quedaron sin saber qué más decir. Ni modo, habría que tocar el tema...

- Mañana es el día.- comentó Misaki, simplemente.

- Sí.- musitó Eriko.- Le pedí a Lily que hiciera una corona de flores de cerezo para Enory y lirios blancos para Eiki... No se me ocurrió otra cosa mejor...

- Está bien.- suspiró Taro, besándola.- Lo que cuenta es la intención...

- Extraño a mis pequeños.- Eriko se recargó contra el pecho de Misaki.

- También yo.- murmuró Taro.- ¿Pero sabes? Estaba pensando...

- ¿En qué cosa?

- ¿Crees que sea demasiado tarde para que tengamos otro hijo?.- preguntó Taro, dubitativo.- Sé que eso no sustituirá a nuestros niños, pero al menos la casa no se sentiría tan sola...

- Eso sería maravilloso.- sonrió Eriko.- Aunque no sé... Ya cumplimos los 42 años, ¿crees que sería seguro?

- O podríamos adoptar.- sugirió Misaki.

- Eso sería mucho mejor.- Eriko esbozó una sonrisa tierna.- Hay muchos niños sin hogar al cual podríamos adoptar...

Eriko y Taro se besaron nuevamente, pero más con amor que con pasión. Sí, la vida continuaba y al parecer las cosas estaban mejorando... La pareja se separó y Taro dijo que esperaría a Eriko afuera. Ella comenzó a recoger sus cosas y echó una última mirada a los bocetos. No, definitivamente no le agradaban, pero ya después pensaría en eso...

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La boda entre Eriko Wakabayashi y Taro Misaki puso histéricos a más de uno. Obvio era que Natalie y Giancarlo pusieron el grito en el cielo, más que nada porque la pareja se casaba apenas a los seis meses de haberse conocido… Bueno, no era ése tanto el problema, sino el hecho de que Natalie aun acosaba a Taro y Giancarlo a Eriko, pero ni siquiera ellos pudieron interponerse entre tal amor… Era como si hubieran nacido el uno para la otra y únicamente hubieran estado esperando el momento preciso para conocerse…

Sin embargo, los seis meses previos estuvieron salpicados de problemas. Natalie en una ocasión logró tenderle una trampa a Taro y conseguir que Eriko encontrara ropa interior de la primera en el departamento de Misaki, pero la hermana Wakabayashi era lo suficientemente inteligente como para no caer ante esas bromas. Y en una ocasión, Giancarlo viajó para ver a Eriko y pedirle que volviera con él, pero Taro tuvo el suficiente aplomo como para correrlo a la primera y sin armar un escándalo…

Por parte de Taro, Yoshiko, su media hermana, e Ichiro, su padre, estuvieron muy felices con el matrimonio, aunque la madre de Taro tenía sus dudas… Por el contrario, por parte de Eriko, toda su familia, incluido el propio Genzo, estuvieron en contra. Todos conocían como era ella de impaciente, pero hasta eso era algo demasiado precipitado para ella… A Eriko sin embargo, no le importó: ella estaba segura de que había encontrado al hombre al que amaría toda su vida…

Quizás los únicos apoyos reales que la pareja tuvo fueron Elieth Shanks y Lily Del Valle. Ésta decía que al amor verdadero nunca hay que ponerle trabas… Sin embargo, Genzo sabía muy bien que ella no ponía en práctica sus propios consejos…