Nota:

Primero de todo, mando un fuerte abrazo a todos mis lectores, gracias por sequir ahí!

Esta nota es una respuesta a una pregunta que me hizo The WinnerCat, me preguntó por qué no incluí la pelea con la Ira de Agua de Ganon en el último capítulo. La verdad, decidí que no voy a incluir ninguna pelea con las "iras" de Ganon. Para el desarrollo del juego me parece muy interesante que haya un "puzzle" que resolver en el interior de cada Bestia y luego el enfrentamiento a la Ira correspondiente... pero para la historia que intento narrar me resulta un poco repetitivo, previsible y le resta emoción a la batalla final con Ganon que querría contar. Si os fijáis tampoco he incluido ninguna de las mazmorras de los templo sheikah, no descarto añadir alguna referencia, pero me interesa más contar las relaciones entre los personajes que las mazmorras en sí mismas, para eso ya está el juego que merece muchísimo la pena. Espero que no os resulte aburrido este planteamiento! xD

De nuevo, gracias por seguirme y estar siempre ahí ;)


X – Nada es lo que parece

Durante tres días consecutivos hubo sol en el Dominio zora. La ciudad estaba resplandeciente, si ya era hermosa bajo la lluvia, el sol sólo servía para resaltar aún más la belleza de su arquitectura. Todo había vuelto a una relativa calma. Vah Ruta funcionaba a la perfección. Rotver y Prunia se habían encargado de revisarla por completo. Impa y Symon pasaron una estancia mucho más tranquila, tratando de arreglar las posibles tiranteces diplomáticas con el rey Dorphan y el consejo zora.

Se le dio a Link una enorme estancia para que descansase y se recuperase de sus heridas. En su cámara privada había una piscina de agua templada que le sirvió para fortalecer sus músculos y reparar su cuerpo por completo. Comió tanto pescado que pensó que iba a reventar, y pasó largos ratos de divertida charla con el príncipe Sidon. Incluso llegó a recibir una disculpa del viejo Mezen… o algo parecido. En realidad Link se conformaba con que el anciano no volviera a referirse a él como "el mocoso impostor".

Esos días Link se sintió cómodo y muy feliz. Toda la ciudad le recordaba a su infancia, cada losa del suelo, cada rincón. La memoria de su pasado infantil era feliz, y aunque sentía una enorme punzada de dolor al recordar a Mipha o a su padre, de alguna manera se sentía reconfortado, porque un día tuvo una familia y gente a su alrededor que le quería y cuidaba de él. Pero la sensación de falsa calma llegaba a su fin. Los sheikah ya estaban preparando el viaje de regreso a sus respectivas aldeas y a él le llegaba el momento de decidir qué pasos iba a dar. No quería volver a caer en la trampa de ser apresado y desconfiaba de lo que pudiera ocurrir con las otras tres Bestias Divinas. Mientras miraba por el balcón de su estancia personal, recibió la visita de Impa. Apenas habían hablado a solas desde que todo volviese a la normalidad, y él sabía que ella no tardaría en volver a buscarle.

—Hace una noche preciosa —dijo Impa, que se acercó a él en el balcón —las estrellas se reflejan en el río zora, es un espectáculo de enorme belleza.

—Este es un lugar hermoso, lo construyeron para que fuera así —dijo Link.

—Veo que aún no te has puesto la túnica que te he traído —observó Impa. Sobre la cama de Link había una túnica de color azul, estaba doblada e intacta.

—Pertenece al pasado. No sé si puedo o debo llevarla.

—Los recuerdos pueden ser dolorosos, Link. Pero son los que nos hacen ser como somos. Poco a poco vuelves a ser tú mismo, pero a la vez eres una persona distinta, con las experiencias que has creado estos días.

—Es muy injusto todo lo que ha pasado. No puedo soportarlo —dijo él apretando los puños.

—Mipha querría que volvieses a llevar la túnica. De alguna manera es un vínculo que te une a ella y también al resto de elegidos. Todos vestían el azul como muestra de orgullo y reconocimiento.

—No intentes convencerme de eso, por favor —le pidió Link, mirándola por primera vez. —Ya te he dicho que… aún duele. No puedo llevarla.

—Si te rindes ahora que has avanzado tanto… No quiero presionarte, Link. Pero cada día que pasa, es un día menos para la princesa Zelda.

—A ella apenas la recuerdo —confesó él con frialdad.

—Eso no debe detenerte. —Impa empezó a caminar con lentitud por la estancia —No sé qué es lo que habrás rescatado de tu memoria, pero tengo la impresión de que sea lo que sea no es lo que esperabas.

Link suspiró y se alejó del balcón. Comenzó a pasear por la sala junto a Impa.

—La princesa de Hyrule es presumida y orgullosa. Me trata con desprecio. No hay nada que me encaje con lo que tú me contaste, Impa. Al recordarla no he tenido la misma sensación que tuve cuando me encontré con el espíritu de Mipha, no tienen nada que ver. No me importa si se trata de una niña de la realeza que me trataba como a un ser inferior, pero si es así me gustaría saberlo. No necesitas engañarme con historias para que la rescate, aunque ella sea la persona más fría sobre la faz de la tierra lo haré de todas maneras.

Impa lo observó en silencio durante un instante y después rompió a reír a carcajadas.

—No le veo la gracia por ninguna parte —dijo Link, empezando a enfadarse.

—Debes seguir buscando dentro de ti, Link. No voy a decirte nada más, si crees que te he engañado, adelante, no voy a contradecirte. Sólo voy a plantearte una última duda. ¿Crees que esa joven de tus recuerdos se parece en algo a la voz que oyes de vez en cuando? —Link abrió la boca para responder, pero se guardó las palabras —Exacto. Sigue buscando. Y llévate la túnica, algún día la volverás a llevar.

—¿Ya te marchas?

—Sí, vuelvo a Kakariko, mi pueblo me necesita allí. Symon y Prunia también parten ya. Se me ocurre que podrías acompañar a Rotver a la región de Akkala. Eso te deja bastante cerca de las faldas de la Montaña de la Muerte… hay cierta Bestia Divina habitando esos lugares. —insinuó Impa.

—Espero que el pueblo goron me dé una mejor acogida —refunfuñó Link. Sabía que era un comentario infantil, pero no pudo reprimirse.

—Respecto a eso… he llegado un acuerdo con el rey Dorphan. Se han enviado mensajes a los tres mandatarios que has de visitar, para prevenirles de lo que ha ocurrido aquí y que no vuelvas a sufrir inconvenientes del estilo. El Dominio zora está cerca del territorio sheikah, pero el resto de regiones son muy remotas y no creo que pudiéramos llegar a tiempo para sacarte del apuro una vez más.

—Lo agradezco. Me moveré con más cautela esta vez.

Parte del grupo sheikah partió esa misma noche, como Impa había anunciado. Rotver esperó a Link para salir de viaje al día siguiente. Al final habían llegado al acuerdo de que Rotver iría junto a Link hasta la encrucijada que había al oeste del Dominio Zora, donde separarían sus caminos. Tuvo una última audiencia con el rey Dorphan, al que prometió volver a visitar y enviar noticias sobre sus progresos. Y después de muchas despedidas y formalidades, agarró su mochila de viaje, se ajustó la piedra sheikah al cinturón y partió sin más tardanza. Cabalgaba junto a Rotver, abandonando la ciudad zora cuando algo saltó de las aguas, deteniendo su paso.

—¿Pensabas largarte sin despedirte de mí?

—Sidon… —sonrió Link, agitando la cabeza con suficiencia.

—Sólo quería desearte un buen viaje, amigo —respondió el príncipe zora, guiñándole un ojo —¿sabes? Le pedí a mi padre que me dejase acompañarte. Me siento en deuda por todo lo que has tenido que pasar por mi culpa… pero no me lo ha permitido.

—No te preocupes, si vinieras con nosotros nos darías más problemas que soluciones —bromeó Link.

—Ey, veo que por fin he conseguido que hagas una broma entre tanta seriedad, ¡bien hecho!

—He tenido un buen maestro —respondió Link, guiñando un ojo como solía hacer Sidon a menudo.

—Link, cuídate mucho. Y vuelve cuando quieras. Tal vez podamos echar una carrera en el río, o hacer una competición de pesca.

—Cuenta con ello.

Sidon dio un salto altísimo y volvió a entrar en el agua, desapareciendo corriente arriba.

Fueron horas las que Link cabalgó junto a Rotver en pleno silencio. Era un sheikah menudo y muy anciano, puede que tanto como Impa, pero era el menos hablador de todos los que había conocido. Él tampoco se encontraba con ánimos de hablar. La nostalgia le azotaba. Había deseado con mucha fuerza poder recobrar su memoria, pero ahora que lo estaba consiguiendo, no podía reponerse de la huella que los recuerdos habían dejado en él.

—¿Alguna vez has usado un arma ancestral, Link? —preguntó de repente Rotver, rompiendo el silencio.

—Que yo recuerde no.

—Hay distintos tipos de guardianes. Algunos van armados con espada y escudo. No son tan numerosos como los guardianes grandes, los de grandes patas metálicas. Pero pueden ser muy dañinos con esas armas. En mi laboratorio las investigamos y estamos aprendiendo a fabricarlas.

—Usted… seguro que ha visto a los guardianes mecánicos, esos con tantas patas que se mueven a una gran velocidad.

—No me hables de usted, Link, me haces sentir más viejo de lo que soy. Y sí, claro que los he visto. A esos los llamamos "caminantes". Son letales en campo abierto. También los hay voladores y estáticos. Estos últimos son como pequeñas torres de vigilancia armadas para disparar. Los exploradores son los que llevan armas, de ellos hemos aprendido mucho.

—¿Por qué estudiáis los guardianes? ¿Es para destruirlos? —preguntó Link después de un rato en el que estuvo reflexionando sobre el tema.

—En un principio no era ese el objetivo. Lo que queríamos era usarlos para luchar contra el Cataclismo. Era una tecnología muy avanzada, así que teníamos que hacer un doble trabajo de arqueólogos para desenterrar pistas, y de científicos para llegar a entenderlas. Yo tenía un grupo de tres estudiantes jóvenes que me ayudaron con las investigaciones, eran buenos científicos, muy despiertos los tres. Sobre todo la princesa Zelda, ella era la más brillante. Una pena que no esté para ver mis últimos avances.

—¿Ella estudiaba los guardianes? —preguntó Link, cada vez más sorprendido.

—Sí, le ponía todo su empeño porque no podía… —Rotver fingió toser, interrumpiéndose a sí mismo —Pero bueno, eso fue hace mucho tiempo. Mejor pensar en los avances de ahora.

—¿Se puede matar a uno de esos caminantes? —preguntó Link. Sus recuerdos y pesadillas le habían mostrado lo letales que eran esas máquinas, y en su fugaz visita a la llanura de Hyrule no hizo más que corroborarlo, no pudo más que huir de ellas con desesperación.

—Supongo que sí. Pero es muy arriesgado, no aconsejo un enfrentamiento frontal contra ese modelo en concreto. Veo posible derrotar a un explorador si vas bien armado, o a los voladores si utilizas algún aparato para detonar su motor de vuelo. Pero los caminantes… mejor evitarlos.

—No puedo evitarlos —dijo Link con seriedad. —Si quiero llegar a donde quiero llegar, me voy a tener que encarar con ellos.

—Bien, aquí estamos —anunció Rotver ignorando el último comentario y deteniendo su caballo. Link lo imitó. —Este es un lugar conocido como el cruce de Trilo. Si tomas el camino de la izquierda llegarás a la posta de la Montaña antes de que sea noche cerrada. Es el camino a seguir para llegar a Ciudad Goron. Yo tengo que tomar el de la derecha, me llevará a la posta de Akkala sur. Es la primera parada antes del largo viaje hasta mi laboratorio, que está más al norte.

Link descabalgó y se acercó a pie hacia la bifurcación de la izquierda. A lo lejos se veían los humos volcánicos de la Montaña de la Muerte. Pero no estaba seguro de querer tomar ese camino, no todavía.

—Si existe una manera de derrotar a los guardianes, la quiero saber —dijo Link, volviéndose hacia Rotver —Tal vez me podrías enseñar esas armas en tu laboratorio.

—Pero eso te desvía de tu misión. —dijo Rotver, rascándose la cabeza con aire pensativo.

—Mi misión es entrar al castillo y el camino está plagado de guardianes. Necesito saber más —insistió Link.

—No tengo problema en eso, Link. Pero ya sabes que Impa ha ordenado que te centres en las Bestias. No quiero que luego me eche la culpa si te has desviado de la ruta original —confesó Rotver.

—Impa no está aquí ahora, ¿verdad? Y por tanto no puede controlar lo que hagamos. Yo no le voy a decir que tú me has hablado de las armas ancestrales y tú no le dirás que me he desviado del camino. Es todo.

—Está bien. Estos jóvenes de hoy en día van a matarme. —dijo Rotver lanzando un largo suspiro —Te propongo una cosa. Cabalgaremos juntos hasta la posta de Akkala sur y pasaremos allí la noche. Si a la mañana siguiente cambias de idea puedes dar la vuelta y regresar a esta bifurcación para ir hacia la montaña. De todas formas tendrás que hacer noche en una de las dos postas, y no perderías demasiado tiempo.

—Me parece justo. Hagamos eso —aceptó Link.

Ambos pusieron en marcha los caballos. La ruta que bordeaba la Montaña de la Muerte, en la región de Eldin, era de enorme belleza. Había infinidad de árboles de hoja caduca, arces, fresnos y castaños, que pintaban los bosques de colores ocres y dorados. La tierra era oscura, nada que ver con los paisajes de piedra blanca y dura que había en la región de Lanayru. Y de vez en cuando llovizneaba, era una lluvia que no llegaba siquiera a calar, pero dejaba un delicioso olor a madera y tierra mojada.

Cuando llegaron a la posta de Akkala sur, ya había anochecido. Acomodaron a los caballos en las cuadras, bien provistos de agua y heno. En el lugar se alojaban tres viajeros más aparte de ellos. Había una chica muy joven, que se mantenía apartada leyendo. Un viajero algo mayor que mantenía un aire taciturno y de desconfianza. Y lo que más sorprendió a Link, había una mujer gerudo. Era la primera vez que veía a una… bueno, puede que no fuese la primera vez, pero en cualquier caso él no lo recordaba. La gerudo era una mujer alta y de enorme fortaleza física. Tenía la piel dorada por el sol y vestía ropas muy exóticas. Link la miraba embobado hasta que Rotver le advirtió de que mantuviera las distancias, al parecer las mujeres gerudo eran rudas y no solían soportar demasiado bien a los hylianos.

—Si no quieres irte a la cama con un ojo hinchado deja de mirarla —dijo Rotver, que se acercó al fuego que les habían asignado con un par de brochetas de ave y setas para asar.

—No la miraba por nada especial —dijo Link sonrojándose —es que nunca había visto una mujer tan grande, es todo.

—En la tribu sheikah mantenemos el principio de discreción. Relacionarnos sólo lo justo y no acercarnos a extraños. Pero el resto de hylianos tenéis una manía constante por entrometeros en los asuntos de los demás.

—No hace falta que lo jures —dijo Link poniendo los ojos en blanco.

Symon y Prunia no se relacionaban con el resto de habitantes de la aldea de Hatelia y también recordó a Pay, la joven nieta de Impa, que no fue ni capaz de mirarle a la cara mientras estuvo en Kakariko. Los sheikah eran un pueblo bastante sectario y cerrado, por lo que Link pudo comprobar. Pero él no era así, así que decidió entablar conversación con los otros viajeros, evitando mirar a la mujer gerudo. Por lo que había recordado de su infancia junto a su padre Ralek, se podía sacar valiosa información conversando con otros viajeros.

—Hola, hace buena noche, ¿verdad? —saludó Link al viajero de expresión seria.

—Lárgate, no tengo nada de que hablar con un crío como tú —respondió el viajero, con aspereza.

Después de semejante desplante dio media vuelta y se acercó a la joven que leía junto al fuego. Se sentó a cierta distancia de ella y extendió las manos hacia las llamas, para calentárselas.

—Hola —saludó ella, cerrando el libro para mirarle —te alojas en la posta con el sheikah, ¿no es cierto?

—Así es —sonrió Link —somos compañeros de viaje.

—Es muy extraño encontrarse a los sheikah por los caminos, y mucho más verlos alojados en las postas. Eres afortunado.

—Supongo que sí —dijo Link, encogiéndose de hombros. —¿Eres de por aquí?

—Bueno, más o menos. Soy de la aldea Onaona en la región de Necluda. Ha sido un largo viaje hasta llegar aquí. ¿Y tú?

—Yo vengo del Dominio zora.

—¿En serio? —preguntó ella soltando una risa —no tienes pinta de ser un zora, al menos no tienes escamas ni aletas.

—Me refería a que venía de visita desde allí, estaba con unos amigos —dijo él con timidez.

—Amigo de zoras y viajando con un sheikah. Eres lo más peculiar que me he encontrado en todo mi viaje, y eso que he visto casi de todo.

—¿Y qué has venido a hacer por aquí? —preguntó Link, tratando de desviar la atención sobre si mismo.

—Ah, esa es una larga historia. Pero podría resumirse en que estoy haciendo una investigación sobre las tres Fuentes Sagradas. Me gustaría escribir un libro sobre la Historia de Hyrule y hace poco empecé este viaje para documentarme. He encontrado información sobre las fuentes en las distintas regiones, es un tema que me interesa mucho. Supongo que conoces las historias.

—Bueno… he oído hablar sobre el peregrinaje al Monte Lanayru, dicen que ahí está la Fuente de la Sabiduría —dijo Link, recordando a Cecille y su encantadora abuela Nana.

—Así es. Pasé por la aldea de Hatelia a recopilar información. Como es lógico, no subí a buscar la fuente. No me veía preparada para eso, no tengo el entrenamiento ni el equipo necesario… y mi labor es más bien de documentación. Por cierto, me llamo Jane. Creo que no te había dicho mi nombre.

—Yo soy Link —dijo él tendiéndole la mano. —¿Y qué fuente investigas ahora?

—¿Es que no es obvio? —dijo Jane, soltando una nueva carcajada —si está incluso indicado en el cartel que hay en la encrucijada antes de la posta.

Link se levantó para acercarse a mirar. Era cierto que había un cartel indicador en el borde del camino, justo a la entrada de la posta, pero él no había reparado en eso al llegar. "Fuente del Poder" marcaba la flecha que apuntaba al oeste.

—Pensaba que las fuentes eran un lugar secreto, no me podía imaginar que estuvieran tan bien señaladas —dijo Link, volviendo al fuego junto a Jane.

—Eso es parte del misterio. La fuente está por aquí, muy cerca, pero no es nada fácil encontrarla. El hecho de que estén ocultas a simple vista forma parte del mérito de dar con ellas. Una de las cosas que he conseguido averiguar es que, si arrojas un objeto de gran valor a la fuente, la Diosa te concede un don. No sé si esto está relacionado con los rituales que mantenía la princesa de Hyrule, hace cien años. Pero si es cierto, cualquiera querría encontrarlas y tiene lógica que estén señaladas, pero a la vez ocultas.

—¿Y qué hay en las fuentes?

—Pues… nunca he visto una. Pero seguro que hay una efigie de piedra de la Diosa Hylia. Y también habrá abundante agua, son fuentes después de todo. Dicen que el agua de esas fuentes es sagrada, es una especie de canal de comunicación entre nosotros y la Diosa.

Después de aquello, Link parloteó un rato más con Jane sobre otros temas menos interesantes. Al rato se despidió y se retiró a dormir junto a Rotver, que ya se había quedado traspuesto en una de las camas del interior de la posta. Link sacó la piedra sheikah. Una de las imágenes que tenía almacenadas, coincidía con la descripción que Jane había dado de la fuente, por lo que estaba seguro de que se correspondía con una de las tres fuentes sagradas… pero ¿cuál? Desconectó la piedra y se acurrucó de lado, hundiéndose en un sueño intranquilo, mientras le daba vueltas al asunto.

Estaba en el campo de tiro con arco, practicando. A esas horas el resto de soldados ya no estaba, él solía ser el último en quedarse entrenando para aprovechar al máximo la luz del día. Como llevaba haciendo desde hacía rato, apuntó durante unos segundos al blanco y liberó la cuerda del arco. El disparo dio justo en el centro de la diana de paja que había colocada a unos cincuenta metros de su posición.

Muy buen disparo —dijo la voz de la princesa Zelda, a sus espaldas.

Has venido a distraerme —bromeó él, agarrando una nueva flecha y tensando el arco. Esta vez la flecha se clavó unos centímetros a la derecha del blanco —¿ves? Si no estuvieras aquí para molestar, no habría fallado.

Ey, no me eches la culpa de tu mala puntería —dijo ella, soltando una carcajada. Después le quitó el arco de las manos —deja que pruebe yo.

Está muy lejos para ti. No tienes tanta fuerza en el brazo —observó Link.

Ella sin embargo ignoró el comentario y comenzó a esforzarse para tensar el arco. Era cabezota incluso para eso, y Link no pudo evitar sonreír para sí mismo mientras la veía apretar los dientes, empeñada en estabilizar el brazo para disparar.

Si sigues así te vas a disparar en un pie o algo peor, deja que te ayude —se ofreció él, acercándose para ayudarla a estabilizar la postura.

No hace falta, yo puedo —insistió ella —he disparado cientos de veces.

No con un arco como el mío. La cuerda está mucho más tensa de lo normal para entrenar la fuerza en el codo.

Zelda resopló y Link comprendió que había cedido y se iba a dejar ayudar. Él se colocó por detrás, pegado a ella, y mientras le ayudaba a sostener el arco con el brazo izquierdo, le agarró la mano derecha para tirar juntos y conseguir tensar la flecha.

¿Ves? Ahora sí está tenso —susurró él sin despegarse de su lado —voy a soltarte, ¿crees que puedes mantenerlo fijo en el blanco?

Sí, puedes soltarme.

Él se alejó con cuidado, evitando que ella se desequilibrase. Por un instante temió que ella hubiera notado lo mucho que se le había acelerado el pulso con aquel instante de cercanía entre ambos, hacía días que había comenzado a sentirse nervioso y descolocado cuando ella estaba demasiado cerca, pero al verla tan centrada en el objetivo descartó la idea y se guardó aquellas sensaciones como si realmente no hubieran ocurrido. Zelda soltó el disparo y la flecha se clavó apenas a un centímetro del blanco.

¡Buen disparo! —celebró Link. Ella se volvió hacia él, sonriendo satisfecha.

Eres buen profesor —dijo ella, devolviéndole el arco.

No es que me importe, pero imagino que no has venido a buscarme para que te enseñe a tirar con arco. —insinuó él. La sonrisa de la princesa se esfumó por completo —¿he dicho algo malo?

No, no te preocupes —dijo ella, tratando de forzar de nuevo un amago sonrisa —Venía a avisarte porque mañana partiremos de viaje.

¿A dónde vamos esta vez? ¿Vamos al Dominio Zora? ¿Volvemos a Ciudad Goron a hablar con Daruk?

No, Link. Este viaje es diferente a los otros. Esta vez necesito que me acompañes para una de mis ceremonias de meditación.

Ah —Link observó lo mucho que le costaba a la princesa hablar de ese tema.

Necesitamos visitar la Fuente del Poder. Está en la región de Eldin, cerca de la cordillera oriental de la Montaña de la Muerte. Tengo que… bueno, ya sabes. Llevo un largo tiempo sin meditar, y ya es hora. —Zelda levantó la vista para mirar a Link y lo descubrió observándola con un gesto serio y grave —Vamos, no pongas esa cara. Será un viaje como los otros.

Parece importante para ti.

Lo es, pero no debes preocuparte en absoluto, ¿me oyes? Sólo es una fuente, nada más.

Cuando Link abrió los ojos, apenas había amanecido. El corazón le latía con fuerza. Apretó los ojos para retener la información de su sueño al máximo posible. Era un recuerdo, una visión de sus días pasados que había sido llamada a su mente por la cercanía de la Fuente del Poder, estaba seguro.

Salió al exterior y miró al este. El sol aún no había asomado por la ladera oriental, pero ya había claridad en el cielo. Tenía la cabeza hecha un lío. La princesa de su sueño no tenía nada que ver con la de otras veces. Esta nueva versión de la princesa le miraba, le sonreía e incluso le permitía hablarle de tú a tú como si no hubiera un título nobiliario de por medio. ¿A qué se debía ese cambio tan brusco?

—¡Link! He despertado y he visto que no estabas —dijo Rotver tratando de dar zancadas con sus cortas piernas para llegar hasta él —Eres madrugador.

—No tenía más sueño. Y he salido para tratar de averiguar cuál será nuestra ruta hacia el laboratorio.

—Así que te has decidido a venir, no hay vuelta atrás.

—No hay vuelta atrás —reafirmó Link.

—Está bien. —dijo Rotver, encogiéndose de hombros.

—Respecto al camino que tomaremos… —insistió Link.

—¡Ah, eso! Tenemos dos opciones. Podemos ir por la senda de la Fuente del Poder. Es un camino que atraviesa un pequeño bosque, cerca de la montaña. La otra opción es cabalgar pegados a la costa de Akkala, dejando a un lado el lago. Por ambos sitios se tarda más o menos lo mismo.

—En ese caso, si no te importa me gustaría tomar la senda del bosque. La de la Fuente del Poder.

—Ya veo… —dijo Rotver, entrecerrando los ojos. Link se dio cuenta de que todos los sheikah tenían esa especie de tic. —De acuerdo. No se hable más, iremos por ese camino que tanto te interesa.

—No es que me interese tanto —dijo Link, tratando de disimular lo mejor que podía.

—Ya, claro, claro. Dejémonos de cuentos y partamos. Hace una buena mañana y podemos avanzar. Después veremos qué es lo que pasa contigo… ya lo averiguaré.