Capítulo 9: La tormenta

Se estiró lentamente, bajo las sábanas, como un gato. Tanteó en la oscuridad hasta llegar al cuarto de baño. No encendió la luz, pues sabía que ésta la deslumbraría. Tan sólo dejó la puerta abierta, para irse acostumbrando poco a poco a los pálidos rayos de sol que se colaban por la ventana.

Se palpó la cabeza, apartando el paño que la cubría. Una manta de pelo enredado y pringoso le tocó los hombros parcialmente descubiertos. Se quitó la bolsa de gel frío que le cubría los ojos, y abrió la llave de la ducha.

Su cabello fue desprendiéndose de la mascarilla, al igual que su rostro y sus manos. Se sentía una mujer nueva después del desagradable tratamiento.

Salió del baño tarareando una canción. Se peinó sus habituales moños con especial cuidado, cubriéndolos con un retal de seda para proteger su cabello de la suciedad. Era una pobre protección, pero algo haría.

De todas formas, no estaba muy preocupada por su apariencia. No iba a saltarse el entrenamiento por miedo a romperse una uña…

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Naruto se despertó a regañadientes. No podía volver a quedarse dormido para su entrenamiento con Gaara. Además, quería asegurarse de que el Kazekage estaba con la energía al cien por cien, aunque tuviera que ponerle un babero y obligarle a desayunar suficientes carbohidratos.

Levantó las mantas y siseó como un gato cuando el frío de la mañana le besó la piel.

Se volvió a tapar, haciéndose una bola, y arrimándose a la extraña pero agradable fuente de calor que tenía a su izquierda.

Gaara murmuró en sueños y se le aferró a la camiseta, pegando la frente a la espalda del otro. El rostro de Naruto pasó por varios tonos de rojo mientras se giraba y contemplaba al ninja dormido.

Recordó vagamente el momento en que Gaara había entrado en su cuarto. En ese momento le había parecido bien que durmieran juntos, pero ahora… La situación había perdido gran parte de su inocencia.

Gaara volvió a mascullar algo, apretándose contra Naruto. El ninja de la Hoja sonrió, algo sonrojado, y le acarició el pelo, sorprendido por su suavidad. La respiración cálida del Kazekage le cosquilleaba en el cuello, y sus manos gráciles pero fuertes serpenteaban por su cintura, hasta descansar en la hondonada de su espalda.

Naruto tragó saliva. "-¿Y ahora qué?" –se dijo.

Para colmo, el otro estaba despertándose. Gaara parpadeó varias veces, alzó la mirada, con el ceño ligeramente fruncido, reconoció a Naruto y volvió a acomodarse entre sus brazos.

"-¡Pero no te comportes como si no pasara nada…!" –exclamó mentalmente el ninja de la Hoja. Tenía que despertarle, a pesar del corte que le daba afrontar la situación directamente. Si no hubieran estado tan pegados, se habría limitado a levantarse e ignorar lo que había pasado. Porque, en definitiva, no había pasado nada, pensó.

-Gaara –murmuró. El otro se agitó al notar la respiración de Naruto en sus mejillas.

-Mmm… -dijo, frotándose un ojo con el dorso de la mano – Ohayô

-Te…tenemos que levantarnos –dijo, abrumado por tanta ternura. ¿Cómo podía ser tan adorable? Era inmoral que lo fuera…, se dijo.

-Un ratito más, onegai –musitó Gaara – Nunca había dormido tan bien…

-Bueno, pues me iré duchando, y tú puedes seguir durmiendo.

-No –las manos del Kazekage se agarraron con determinación al pijama de Naruto – Si te vas te mato… -masculló.

El ninja de la Hoja palideció. No tenía ni idea de que Gaara tuviera esa reminiscencia psicótica recién levantado.

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Chôji no había desayunado.

Nada en absoluto.

No había ingerido alimento alguno.

NADA DE NADA.

Ino no podía dejar de repetírselo a sí misma.

-¿Te encuentras bien, Chôji-kun? –preguntó.

-Estoy perfectamente, Ino-chan –dijo él, sonriendo. La sonrisa no alcanzó sus ojos.

"-Y un cuerno perfectamente…" –pensó ella. Empezó a untar tostadas con mantequilla y mermelada, y a ponérselas en el plato.

-No tengo mucha hambre, Ino –protestó él, pero ella no le hizo caso.

-Si tanto quieres protegerme, desayuna en condiciones. No me sirves de nada si estás hecho un enclenque.

Chôji sonrió y tomó una de las tostadas. Le dio un bocado vacilante, pero cuando la acidez de la cáscara de naranja le tocó la lengua, no necesitó más ánimos para seguir comiendo.

Ino no dijo nada, sólo la elevación de su ceja izquierda demostraba lo satisfecha que se sentía consigo misma.

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La kunoichi saltó de rama en rama, ascendiendo por el inmenso tronco del baobab. El aire húmedo del invernadero la hacía sentirse pesada, pero no cejaría en su empeño. Vio el brillo de los hilos de chakra, escuchó el claqueteo de los miembros de madera agitándose en el aire, y supo que seguía el camino correcto.

Lanzó un kunai de advertencia y siguió subiendo. Sonrió complacida cuando vio la capucha de su enemigo clavada en el tronco del árbol.

Y, finalmente, le vio. Saltó en el aire, pero una rama inoportuna la hizo trastabillar. Ahogó un grito al ver que la esperaban más de treinta metros de caída libre. Eso dolería.

De pronto, dejó de sentir la gravedad. Abrió los ojos y se vio a salvo. Kankurô la había atrapado en el aire, descolgándose de un cúmulo de hilos de chakra que se enhebraban en las ramas.

-Casi te matas, estúpida –dijo. Tenten sonrió, sacando de su porta-kunai cinco cuchillas. Apuntó con una a la garganta de Kankurô.

-Aquí el único estúpido eres tú –dijo, apretando la hoja contra su piel – Sabía que en el último momento saldría el caballero que llevas dentro, Kankurô-chan. ¿Qué ha sido de los implacables guerreros de la Arena?

Él sonrió de lado, y Tenten observó, frustrada, como sus rasgos se transformaban en los de su marioneta.

-Como he dicho: –su voz venía ahora de arriba. Le vio mofándose en la copa de una gigantesca encina – estúpida.

Se dejó caer sobre las ramas, hasta llegar a un claro.

Gruñendo, Tenten se apoyó en Karasu para llegar junto a él de un salto. Se percató sin problemas del hilo verde y marrón que había a un palmo del suelo, y lo esquivó con insultante facilidad.

-¡Esfuérzate un poco más, hasta un niño de la Academia Ninja descubriría tus trampas! –gritó, confiando en que no anduviera muy lejos. Casi chilló cuando su voz ronca le acarició el oído.

-Te tomo la palabra –susurró. Los miembros de ella quedaron apresados en sus redes de chakra. Con un par de movimientos, la ató las manos juntas. Dobló los dedos y ella cayó de rodillas.

-Bastardo… -masculló la kunoichi.

-¿Qué debería hacerte ahora? –dijo él. El hecho de que su cadera estuviera a la misma altura que el rostro de ella no hacía más que señalar su superioridad en ese momento.

-Hijo de… -empezó a decir Tenten, pero la mano parcialmente enguantada de Kankurô la silenció. Él intentó reprimir la sonrisa, pero se estaba divirtiendo demasiado.

-Tsk, tsk, tsk… No está bien que una chica hable tan mal –la miró de arriba abajo. Pese a que hacía calor, se había puesto una camisa muy grande, que le tapaba incluso los pantalones cortos. Su pelo también estaba cubierto, y observó que llevaba guantes completos, en vez de los mitones de siempre.

-Vas muy tapada¿no¿Qué pasa, te da miedo mancharte, princesa?

Ella se ruborizó y esquivó su mirada.

-Aah, es verdad, hoy sales con Ino. ¿De verdad crees que un par de potingues van a ayudarte en tu cacería de hombres? Aunque la mona se vista de seda…

Tenten le mordió la mano, obligándole a apartarla. Kankurô se entretuvo unos segundos maldiciendo a todas las kunoichi en general, y a las de la Hoja en concreto.

Fueron unos segundos fatales que permitieron que Tenten se liberara de sus ataduras.

Hizo un par de sellos, y de repente empezaron a caer cosas rojas del cielo. Kankurô las miró, extrañado. ¿Qué eran esas cosas? Una cayó a sus pies, y se inclinó a recogerla.

-¿Flores? –cayó en la cuenta demasiado tarde. Una sensación de mareo le atacó.

"-Mierda, nunca se me ha dado bien combatir el genjutsu" –se dijo. Cayó al suelo, boca arriba. Vio a Tenten mirándole con satisfacción.

-Espero que te guste mi técnica. Supongo que creíste que, siendo un genio de la puntería, eso era todo lo que sabía hacer. Que poco sabes de las kunoichi y de su versatilidad, Kankurô-chan.

Le dio una patada en las costillas. El genjutsu no le permitió ni retorcerse de dolor. Estaba paralizado totalmente.

-Has dicho unas cosas muuuy poco educadas hace un segundo –dijo ella, poniéndose de cuclillas – No puedes ir por ahí dudando de los atributos de una chica, y encima abochornándola… ¿Qué vamos a hacer contigo?

Miró en derredor, como distraída, hasta que encontró lo que buscaba. Tomó una de las flores carmesíes que seguían cayendo de un cielo igual de rojo. La sostuvo en la palma de su mano, y a continuación la apretó. Un líquido bermellón se escurrió entre los dedos cubiertos de Tenten y cayó en la frente de Kankurô.

Ahora podía moverse. El cielo seguía siendo como la sangre, pero había recobrado un poco el control. Dedujo que era porque Tenten estaba debilitándose.

-¿Te crees que te estás escapando de mi control? –dijo ella, sonriendo – Si sigues confiándote de esa manera, no llegarás muy lejos.

El blanco rostro de ella penduló a un par de centímetros del de él, y Kankurô notó que la inmovilidad no había desaparecido del todo. Le dio un vuelco el estómago, y empezó a sentirse raro. "-Mierda, esto no ha acabado todavía" –pensó.

Tenten apoyó las manos en su pecho. De hecho, se tumbó cuan larga era sobre el cuerpo del ninja. Clavó sus ojos castaños en los de él, como esperando algo.

Una de sus manos de color canela se alzó hasta tocar la mancha húmeda en la frente de Kankurô, y apoyó el dedo tintado en sus labios, pintando un pequeño corazón, con el desinterés de las niñas cuando juegan con el maquillaje de sus madres.

El ninja se vio ahogado súbitamente por el perfume de la piel femenina. Se fijó en sus largas pestañas, en la boca húmeda. Esa mirada inocente le estaba matando.

"-Maldito genjutsu…" –pensó. Notaba cada curva de ella en su cuerpo – "Quiero tocarla. Kami-sama, no puedo dejar de pensar en ello. En tocarla por todas partes. ¿Qué me ha hecho esta bruja?"

Tenten sonrió cuando le vio revolverse.

-¿Dai--bu(1), Kankurô-chan?

-¿Qué me has hecho?

-Secreto –dijo ella – Me pregunto si… -se sacó un kunai de la manga derecha y lo apoyó en el pecho del ninja. Pellizcó la tela con los dedos y la rasgó con el arma – Sí, este traje es tan frágil como parece.

-¿Qué demonios…? –su protesta se silenció de golpe cuando ella le acarició el torso, subiendo hasta tocar el punto en el que se unían su garganta y su pecho.

-Mmm… ¿Qué debería hacerte ahora? –dijo ella, repitiendo sus palabras. Enterró la nariz en el cuello de él – Hueles muy bien… La verdad es que siempre vienes muy aseadito a nuestros entrenamientos. ¿Por qué será?

Sonrió triunfante cuando él se ruborizó.

-No sé a qué chicos estás acostumbrada, pero aquí nos gusta estar limpios… -murmuró, enfadado.

-Ya veo –volvió a su posición original - ¿Y bien¿No vas a hacer nada, Kankurô?

-No te tocaría ni con un palo de tres metros –dijo él. Estaba empezando a sudar.

La risa de ella no hizo más que espolear su deseo reprimido. Se levantó sobre sus codos, elevándola a ella también, y la besó. Todavía se estaba riendo contra sus labios.

La boca de Tenten se amoldó a la suya, a pesar de la dureza con que la tocaba. Los dedos pequeños juguetearon con su cabello, tirando de él, domándole.

El cuerpo masculino temblaba por el esfuerzo de sujetar su peso y el de ella en una postura tan incómoda. Se dejó caer sobre su espalda, liberando así sus manos.

Apartó con furia la larga camisa, deslizando las manos enguantadas sobre el cuerpo flexible. Se enfureció porque con los mitones no tenía la sensibilidad que necesitaba en esos momentos. Tiró de uno de ellos con los dientes, llevando la mano desnuda al cuerpo de ella sin perder tiempo.

Casi gimió cuando el calor femenino le abrasó la palma. Tenten le quitó el guante que le quedaba y jadeó cuando pudo tocarla como quería.

"-Kami-sama" –pensó él. Estaba tan suave, olía tan bien… Su conciencia se perdió en una nebulosa de femineidad.

Y, de repente, todo se detuvo. Ella estaba aún sobre él, pero había dejado de besarle, y le sujetaba los brazos contra el suelo. Jadeaba un poco.

-Creo que no hay duda de quien ha ganado este combate –dijo. Se levantó, sacudiéndose las hojas de la ropa, y colocándose bien los paños que cubrían su pelo.

Kankurô recuperó su conciencia, y no venía sola. La acompañaban la ira y el desaliento.

-Ya… Usando un genjutsu propio de una prostituta del Kabukichô(2)…

-¿Estamos picajosos? –preguntó ella.

-No. Sólo pensaba en lo patético que es que tengas que usar genjutsu para lo que cualquier otra mujer hubiera conseguido sin usarlo.

Los puños de Tenten se apretaron con furia.

-El genjustu se acabó en cuanto me corté la mano y la sangre te cayó en la frente. Pensaste que había sido la savia de las flores, pero eso ya era real – le miró con desprecio antes de irse.

-Sí, ya… -musitó Kankurô, desdeñoso. Pero en realidad ya no estaba seguro de nada.

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-¡Gaara¡Gaara!

Naruto bajó del soporte para armas al que se había visto obligado a subir. Segundos antes estaba seguro de que perdería irremediablemente, cuando el Kazekage se había desplomado en el suelo.

-Chikuso(3)… -masculló, arrodillándose junto a él. Le palmeó la cara, alarmado por su palidez. Gaara abrió los ojos y miró alrededor.

-Ha pasado otra vez¿verdad? –preguntó. Naruto asintió.

-Pero esta vez ibas a ganarme. Si no te hubieras desmayado…

-Es que ese es el problema, me desmayo. Mis reservas de chakra se agotan, y ya no tengo al Jinchuuriki para que sea mi energía de emergencia.

Naruto sacó un par de bebidas isotónicas de una bolsa y abrió la de Gaara. El otro tomó un trago y guiñó los ojos, con asco.

-Esto es el peor mejunje que he probado en mi vida –dijo, pero se bebió media botella con estoicismo. Naruto sonrió y tomó un trago de la otra botella, solidarizándose.

-Puagh –dijo – Tengo que comprar otra marca…

Bebieron en silencio. Gaara sacó una caja de bento llena de onigiri(4).

-¿Quién los ha preparado? –preguntó Naruto, viendo lo perfecta que era su superficie. Las ciruelas saladas, el atún con mayonesa y el curry que los rellenaban se veía en el centro, dibujando una espiral.

-Kankurô –Naruto intentó contener una carcajada, pero ésta salió al mismo tiempo que una lluvia de arroz.

Gaara sonrió también. Recordaba a Kankurô preparando la comida, y mascullando "-No veo por qué tengo que cocinar también para ese saco sin fondo de la Hoja…".

-De todas formas, está bueno –dijo el ninja de Konoha, paladeando uno relleno de curry y carne - ¿Quién iba a decir que tu hermano fuera tan…hacendoso?

Volvió a estallar en carcajadas. El Kazekage escuchaba el gorgoteo de su risa atentamente. Le gustaba ese sonido. Él no era muy dado a las risas, pero se sentía muy bien cuando Naruto reía. Parecía tan… despreocupado.

Terminaron de comer y se tumbaron a la sombra de uno de los altos castaños de Indias que cubría el patio de entrenamiento. Soplaba un viento templado con olor a especias.

-Quiero mi Jinchuuriki… -dijo Gaara. Naruto giró la cara y le miró, sonriendo.

-Lo dices como si fuera un osito de peluche. Ahora que lo has perdido te parece algo estupendo, pero trae más problemas que otra cosa.

El Kazekage guardó silencio.

-Es verdad –insistió Naruto - Es mejor que utilices tu propio chakra, y te lo digo por experiencia.

-Es más fácil decirlo que hacerlo… Sobre todo teniendo todavía al Kyuubi.

-¿Crees que te lo digo por decir? –Naruto estaba empezando a impacientarse.

Gaara le miró, casi desafiante.

-Creo que no sabes lo que siento.

Un silencio pesado siguió a sus palabras. Naruto tomó aire un par de veces antes de hablar.

-Ahora verás.

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Las piedras de lapislázuli quedaban perfectas en su esbelta muñeca.

Pero no eran lo que Ino andaba buscando. Dejó el brazalete en el expositor y siguió caminando. Tenten estaba unos puestos más arriba, probándose saris y sandalias.

-¿Has encontrado algo? –preguntó Ino, al llegar a su lado. Tenten gruñó y se sacó la sandalia con furia.

-No. No hay nada interesante en este mercado.

El dueño del tenderete se llevó las sandalias desechadas, visiblemente ofendido.

-¿Por qué tienes esa cara de insatisfacción?

-Por gilipollas –dijo Tenten - ¿Crees que me quedaría bien este?

Ino miró con ojo crítico el sari naranja, y negó con la cabeza.

-Creo que es mejor el rojo. Pero a este le falta algo, mejor miramos en otra tienda.

Caminaron en silencio.

-No me lo vas a contar¿ne? –dijo Ino – No es justo, yo te cuento todos mis problemas, y tú te portas como una ingrata…

Tenten sonrió.

-Vaaale –dijo – es que cierto imbécil ha dejado mi autoestima por los suelos.

-Hablamos de cierto integrante de la familia del Kazekage, si no me equivoco.

-No te equivocas.

-Mmm… Pero, por tu cara de amargura, deduzco que ha pasado algo. Normalmente no te deprimes por ese tipo de comentarios –la tomó del codo, dándole un apretón – Tú eres una chica dura.

-Ya, pero quizá me esté involucrando demasiado.

Ino frunció el ceño, preocupada.

-Bueno, para eso vamos de juerga esta noche¿ne? Para olvidarnos de ese tipo de problemas. Así que, anima esa cara.

La kunoichi asintió, algo más aliviada. Vaya par de consejeras que estamos hechas, pensó, hartándonos de decir a la gente lo que tiene que hacer, pero sin ser capaces de resolver nuestros líos solas.

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Se respiraba la expectación. Naruto respiraba rítmicamente, concentrando su chakra y empleándolo en imbuir los sellos que le cercaban. Estaba a punto de gastar sus últimas gotas de energía, y entonces vendría él.

Gaara se había sentado sobre sus talones, observándole. Los nervios y la excitación se habían alojado en su estómago, retorciéndose y reptando.

-De acuerdo –dijo Naruto. Parecía realmente cansado. Habían aparecido círculos oscuros bajo sus ojos – Ahora que he agotado mi chakra, no tardará en ocurrir. Cada vez me cuesta menos sacar la cuarta cola del Kyuubi. Por suerte, puedo regresar a mi estado normal sin problemas gracias a estos sellos. Así que, prepárate para una muestra de lo que significa tener un monstruo dentro.

Casi podía verse como el chakra abandonaba el cuerpo del ninja, poco a poco, con la cadencia de un reloj de arena.

Y entonces ocurrió. El aire ondulante, las hojas y ramitas del suelo elevándose… La inmensa energía que despedía ahora Naruto se filtró en Gaara, haciéndole temblar de añoranza.

"-Este es el poder…" –pensó, entrecerrando los ojos, embriagado. El chakra le cubría, le salpicaba como una ducha caliente. Sintió como aumentaba la presión.

Y, de pronto, todo fue mal.

El Kazekage se sintió arrasado por el poder, como si ahora tuviera encima el peso de una catarata. Se mordió el interior de la boca, intentando aguantar. Alzó sus manos para protegerse con un escudo de arena, pero éste se desmenuzó apenas se hubo formado.

Los sellos temblaban, su aleteo llenaba el aire. Empezaron a carbonizarse, pero su destrucción se detuvo, y Gaara comprobó, aliviado, que Naruto empezaba a recobrarse. Ya había perdido la película de chakra rojo que le recubría, y no quedaba ni rastro de las colas del Kyuubi. Sólo sus ojos rojos y los colmillos afilados seguían delatando su estado.

El aire no estaba tan trémulo, y la sensación de energía se había reducido bastante.

Gaara se acercó para quitar los sellos, creyendo que ya había pasado todo.

Al mirar la cara de Naruto, supo que había cometido un error. Uno de los gordos.

-Tranquilo… -dijo, irreflexivamente, como si estuviera delante de un perro rabioso.

Curiosamente, todo indicaba que Naruto estaba calmado. Le miraba, con la cabeza un poco gacha, sonriendo de lado. Gaara sintió un escalofrío recorriéndole el espinazo.

-Acércate, que no muerdo –dijo, con la voz ronca. Gaara se quedó donde estaba.

"-Peligro" –se dijo. Dio un paso hacia atrás. Naruto sonrió más, dejando ver sus colmillos.

No estaba como siempre, desde luego. Gaara le había visto usando el chakra del zorro con anterioridad, y recordaba claramente que su cara se contraía (generalmente por la ira), y era claramente bestial.

Sin embargo, esta vez el rostro de Naruto seguía siendo atractivo. Era como si hubiera alcanzado la fusión perfecta con el Kyuubi.

"-Esto no puede ser bueno" –Gaara afirmó los pies en el suelo, preparado para defenderse. Al menos teóricamente, porque estaba a cero de energía…

-No me digas que tengo que ir yo a por ti… -el tono de Naruto mostraba más entusiasmo que sus palabras. Gaara alzó las manos, pero la arena no respondió. Aterrado, se encontró con la mirada carmesí del ninja de la Hoja, a menos de cinco centímetros de su rostro.

Las manos morenas se habían cerrado sobre las esbeltas muñecas del Kazekage, acariciando su interior, donde el cúmulo de venas y arterias volvía la piel azulada.

-Puedo oler tu miedo¿sabes? –la respiración cálida se derramó en la garganta del ninja de la Arena, preparando la cremosa piel para el ataque de sus labios, lengua y dientes.

"-¿Voy a desmayarme otra vez?" –se preguntó Gaara. Se sentía raro. Volvía a tener la impresión de que el mundo se hacía demasiado grande, pero no se había desvanecido todavía. No, definitivamente, no iba a perder el conocimiento.

No podía permitirse perder el conocimiento. No mientras Naruto siguiera besándole el cuello de esa manera.

Gimió quedamente, sintiéndose indefenso. Cerró los ojos, abandonándose al tacto de terciopelo húmedo de su lengua. Las manos del ninja de la Hoja se habían colado bajo la ropa. ¿Cómo había desabrochado las correas de su sobre-túnica tan rápido?, se preguntó erráticamente.

Notó un escozor repentino en su pecho que le sacudió un poco el estupor. Miró hacia abajo y vio la sonrisa de disculpa de Naruto.

-No es que esté en contra de un poco de juego duro, pero esta vez no pretendía hacerte daño –levantó las manos, mostrando sus garras – Es un poco difícil moverse con éstas.

Sin dejar de mirarle, se inclinó sobre una de las heridas en el blanco pecho del Kazakage, lamiendo las gotitas de sangre que delataban el daño.

Gaara jadeó ásperamente. Su normalmente inalterable corazón bombeaba con furia en la caja torácica. Sentía el aire tibio enfriándole la piel al contacto con el sudor que brotaba de sus poros. Tenía la boca seca y estaba seguro de que su temperatura corporal había alcanzado los cincuenta grados.

Gimió al notar las caderas de él tocando las suyas, tanteando su creciente erección.

-Me parece que estoy consiguiendo lo que me proponía –dijo Naruto. Le mordió la barbilla en un arranque de malicia, besando luego la piel herida.

Unos brazos anormalmente fuertes le voltearon como un muñeco. En sus rodillas, el Kazekage sintió el cuerpo del otro sobre su espalda, presionando autoritario. Empezaba a mostrarse impaciente. Rompió de un tirón la túnica de Gaara. Los jirones de la prenda cayeron por sus hombros, acumulándose en los codos y muñecas temblorosos.

Una mano torturadora se cerró sobre su virilidad, dentro de los pantalones. Gaara se estremeció, pero no emitió sonido alguno. No podía, sencillamente. Toda su actividad cerebral estaba centrándose en las manipulaciones de Naruto.

Cuando el contacto desapareció por unos instantes, sintió un tirón en la garganta, pero no llegó a prorrumpir el sollozo que le seguía. Naruto gruñó, al parecer irritado, y le dio la vuelta de nuevo.

La ahora desnuda piel de la espalda de Gaara tocó la tierra áspera con violencia. Había una piedra particularmente incómoda que se le clavaba en las lumbares. Pero daba igual.

-No sé por que, pero siento la imperiosa necesidad de verte la cara… -parecía confundido. Volvió a juntar su pelvis con la del ninja de la Arena, iniciando un ritmo regular, lento e intenso.

La fricción era insoportablemente placentera. Gaara cerró los ojos con tanta fuerza que empezó a ver nieve tras sus párpados cerrados. Y, de repente, cuando apenas había empezado a seguirle el ritmo, les sobrevino el estallido.

Pasaron unos segundos en silencio, esforzándose en recobrar el aliento. Naruto había enterrado la cara en el cuello del Kazekage, respirando agitadamente. Alzó la cabeza y le miró con una sonrisa.

-No ha estado mal¿eh? –Gaara tragó saliva y asintió, sin poder pronunciar ni una palabra.

Y, tras decir esto, Naruto se desmayó. Gaara estaba preocupado, pero el cansancio superaba su temor en ese momento. Así que apartó un poco al ninja, lo bastante como para que no le aplastara, y se rindió al sueño.

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Chôji acabó con todo lo que había en la despensa de los aperitivos. Había recurrido al lamentable recurso de comer verduras. Por no decir que no quedaba rastro de sus uñas, hace tiempo devoradas.

-Para ya, me estás poniendo nervioso –dijo Kankurô, pasando una página del libro que leía – No hay quien se concentre con el sonido de tus mandíbulas arriba y abajo sin parar.

-Sigo diciendo que deberíamos ir con las chicas. Podría pasarles algo. Algún impresentable podría…

-Tranquilo, si Ino va con Tenten, ningún tío se acercará a ellas. No he visto un repelente de hombres más eficaz en la vida.

Iba a continuar con su discurso, pero una vaharada de perfume indiscutiblemente femenino le interrumpió. Ambos giraron la cabeza, Kankurô con curiosidad, Chôji temiéndose lo peor.

-Lo sabía –murmuró, devastado – Está guapísima…

El kimono de Ino se fundía en una marea de diferentes tonos azulados, con estampado de mariposas. El obi brillaba con hilos plateados, enlazado delante, también en forma de mariposa. En sí el conjunto era correcto. Lo que era más alarmante era que llevaba los hombros al descubierto, dejando atisbar la línea de su escote. Chôji tragó saliva veinte veces, intentando decir algo, pero no se le ocurrió nada.

-Pues sí que estás guapa, Ino-chan –dijo Kankurô, sonriendo como un gato - ¿No te gustaría venir conmigo a dar una vuelta?

-Muy amable, pero debo rehusar –dijo Ino, sonriendo. Se tocó con delicadeza el intrincado peinado surcado de agujas y prendedores.

-Haces muy bien, Ino – la voz de Tenten la precedió – no tienes ni para empezar con él.

Kankurô ya tenía preparada una respuesta afilada. Sin embargo, cuando vio a la kunoichi, olvidó dónde la había dejado.

El sari rojo y negro se ceñía a su cuerpo justo donde debía hacerlo, y dejaba al descubierto su estómago. Unas pulseras tintineaban en sus muñecas y tobillos, y sus párpados estaban cubiertos por una película nacarada de maquillaje rojizo y khol.

-¿Nos vamos? –dijo Tenten, dándole la espalda a Kankurô para que no viera su sonrisa satisfecha. Ino le guiñó un ojo y asintió.

El salón se quedó en silencio. El rastro aromático de sus ungüentos y esencias todavía flotaba en el aire.

Chôji se retorció las manos, más angustiado que nunca. Miró a Kankurô, que tenía la mirada perdida.

-Chôji –dijo, aún con los ojos fijos en la nada.

-¿Sí?

-Vámonos tras ellas. Ahora.

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-Samui(5)… -murmuró Gaara, despertándose. Abrió los ojos con pereza, y vio que era de noche. ¿Cómo es que nadie había ido a buscarle?

"-Lo olvidaba, ordené a todos que no se me interrumpiera por ningún motivo antes de que Naruto usara el chakra del zorro…" –se dijo.

Hacía frío de verdad. Además, tenía la espalda y el pecho al descubierto. Por no mencionar lo magullado que se sentía. Se miró las muñecas y vio las marcas moradas que le había hecho Naruto al agarrarle.

Le apartó y se empezó a incorporar. Le dolía la espalda un montón…

-Mmm… ¿Gaara? –Naruto abrió los ojos. Al ver el estado de su ropa, se despejó inmediatamente - ¿¡Qué ha pasado!?

-Nada, estoy bien.

-¡¿Cómo que estás bien¡Ni por asomo estás bien! –se levantó y le agarró por los hombros, haciendo un chequeo rápido, contando los moratones y arañazos.

-Déjalo estar, son solo cuatro raspones –insistió Gaara.

-Hay que curarte. Llamaré a – fue interrumpido por la mano del Kazekage, aferrándole la manga de la camiseta.

-Preferiría que nadie más se enterase.

Naruto asintió, comprendiendo. Sacó su kit de primeros auxilios, para ayudar en lo posible. Se estableció un silencio tenso mientras el ninja de la Hoja aplicaba un poco de pomada antiséptica en las heridas del otro.

-Gomen(6) –dijo, con voz angustiada.

-No era tu intención –contestó Gaara. Notó como Naruto apoyaba la frente en su hombro.

-Ya, pero…

"-Sé que esto no has sido una mera paliza…" –pensó – "Seguro que le he hecho más daño del que se ve a simple vista. Llevo demasiado tiempo sintiéndome atraído por él¿cómo pude cometer la estupidez de ponerme chulito con todo el tema del Kyuubi?

-Basta –dijo Gaara, con voz firme. Se puso en pie y terminó de quitarse los harapos que le colgaban de los hombros. Con el pecho y los brazos vendados parecía un guerrero de verdad, y el tono que empleaba, junto con la mirada severa de sus ojos claros, habían hecho que su apariencia delicada se esfumara por completo. – Soy el Kazekage de la Arena, no insultes mi fuerza y mi resistencia asumiendo que no puedo aguantar una paliza insignificante. Puedes irte.

Naruto parpadeó, sorprendido, pero no se le ocurrió discutir con él. Abandonó el patio de entrenamiento, dejando al Kazekage solo, a la luz de la luna, brillando con la fuerza y la belleza de una estatua de mármol.

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Los farolillos de los puestos nocturnos chisporroteaban con alegría, como si compartieran el regocijo de los vendedores y los clientes.

Tenten miró en derredor, sonriendo mientras se llevaba un vaso de sidra especiada a los labios. Había bastantes chicos guapos en la Arena, y, al contrario que Kankurô, la encontraban bastante atractiva, a juzgar por los guiños que le dirigían.

Ino resplandecía. Dos chicos se habían acercado para invitarlas a una copa, pero Tenten sabía que el reclamo había sido la kunoichi rubia. A su lado, Tenten solía… difuminarse, por así decirlo. Pero el que bebía junto a ella no parecía desilusionado.

-Chicas¿os apetece echar una partida de Mah-jong después de tomarnos la última?

-Podemos jugar con las normas tradicionales(7)… -dijo el otro, maliciosamente.

-Me temo, caballeros –dijo Tenten, mirándoles con fingida timidez, bajando las pestañas con arrobo – que no se me da muy bien el Mah-jong.

-Mejor –dijo su compañero, brindando con ella.

Chôji frunció el ceño, tanto por lo que habían dicho los acompañantes de las chicas, como por el rechinar que llevaba diez minutos escuchando. Miró a Kankurô, vio su mandíbula apretada y supo de dónde venía el ruido.

-Tenemos que hacer algo ya –dijo Chôji. Kankurô asintió, sonriendo malévolamente.

-No me he traído a Karasu ni a las otras marionetas, pero puedo cargarme a esos dos en un abrir y cerrar de…

-Oye, no exageres, no es necesario matar a nadie –sonrió, al ver la expresión escéptica del otro – Bueno, tú verás, tu país, tus cadáveres. Pero si yo fuera tú, me costaría bastante explicarle todo esto al Kazekage…

Kankurô entró en razón asombrosamente rápido.

-Creo que se han levantado –dijo Chôji – Seguramente vayan a mear.

-Pues vamos.

Media hora después de que se hubieran marchado, las chicas comenzaban a impacientarse. Ino tamborileaba con las uñas en la barra, y Tenten no apartaba la vista de los arbustos por lo que habían desaparecido los chicos.

-Me parece que se han ido con otras… -dijo, tomando el último trago de su vaso – No tenemos tiempo que perder, Ino-chan, vámonos a buscar a otros.

Ino asintió, sonriendo. Empezaron a recorrer el barrio comercial con mucho optimismo.

No se sentían tan alegres cuando, después de una hora, vieron que no quedaba ningún hombre aceptable en los alrededores.

-¿Qué demonios pasa¿Es que hay toque de queda y no nos han dicho nada? –dijo Ino, absolutamente enfadada.

Tenten guardó silencio. Intuía quien estaba detrás de la escasez de género masculino. Arqueó una ceja con ironía cuando Kankurô y Chôji entraron en escena, aparentando que no pasaba nada.

-¿Qué hacéis aquí, chicos? –dijo Ino, frunciendo el ceño.

-Nos aburríamos en casa, así que decidimos pasarlo bien nosotros también –dijo Kankurô, con fingido desinterés.

-Entiendo –dijo Tenten. Él la miró como si acabara de darse cuenta de que estaba ahí.

-Bueno, no sois las únicas que podéis divertiros¿sabes?

Ino se acercó a Chôji, haciendo un puchero.

-Pues nos estamos aburriendo bastante… -dijo - ¿No te apetece venir con nosotras, Chôji-kun? Seguro que nos lo pasamos mejor juntos.

El interpelado se sonrojó, pero asintió, rascándose la nuca con timidez.

-Va… vale, Ino-chan.

-Bueno, me alegro de que estés acompañada, porque yo me voy a casa –dijo Tenten. Ino la miró, sin comprender.

-Pero no hace falta que te vayas…

-Ya lo sé, es que estoy cansada. Me siento como si tuviera cien años –dijo, sonriendo – Así que mejor me voy a descansar, para no estropearos la noche con mis quejas.

Ino aceptó, aunque todavía la miraba, insegura.

Tenten echó a andar hacia el Dome del Kazekage. Se giró para dirigirle a Kankurô una mirada interrogante y apabullante a partes iguales.

-Te acompaño –dijo él, suspirando como si supusiera un esfuerzo insoportable.

-No hace falta. De hecho, preferiría que no lo hicieras.

Dio una docena de pasos furiosos, los cascabeles tintineaban como si expresaran su irritación. De todas maneras, Kankurô la siguió.

-No sé por qué estás tan enfadada.

-Lo sabes perfectamente, así que deja de fingir –se volvió hacia él, apretando los puños para no golpearle a él - ¡Me parece increíble que hayáis dado caza a todos los tíos que teníamos alrededor sólo para que no saliéramos con ninguno!

-Fue idea de Chôji.

-¡Me importa una mierda de quién fuera la idea! Además¿qué más te daba¿Eh¿Tan molesto es que tenga un momento para mí?

Le miró, roja de rabia. Kankurô no sabía donde meterse.

"-Tierra, trágame" –pensó.

-Todavía podemos salir –le dijo, nervioso como un chaval de doce años.

-Oh… Ya veo –dijo ella - ¿Así que quieres salir conmigo?

Él se aproximó, tragando saliva.

-Estás deslumbrante esta noche –dijo, con la voz enronquecida.

-Un calentón momentáneo no te va a salvar, Kankurô –dijo Tenten, desviando la mirada, disgustada – No puedes tratarme mal cuando voy de andar por casa, y luego tirar pétalos de rosa a mis pies cuando me maquillo un poco.

Volvió a emprender el camino a casa en silencio. Escuchó, irritada, los pasos de él siguiéndola.

-De todas formas voy a acompañarte –dijo él, antes de que ella protestara – Es lo mínimo que puedo hacer.

Tenten se encogió de hombros. Había muchas cosas más que podía hacer, pero eso era un comienzo.

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Kanpai!

Chôji vació su copa y apretó una vaina de soja verde para que el haba de su interior saliera disparada hacia su boca. Acercó el plato a Ino, pero ella negó con la cabeza.

-Tienes que comer algo o se te subirá el umeshû(8) a la cabeza –dijo él.

-Ya se me ha subido, así que no hay nada que hacer –dijo ella, sonriendo. Se deslizó hasta quedar junto a él, y apoyó la cabeza en su pecho – Creo que me estoy mareando.

Él sonrió para sí, algo sonrojado por el alcohol y su cercanía. Enrolló un largo mechón rubio en sus dedos, dejándolo correr como si fuera una cinta de seda.

Ino alzó la mirada, y el ninja se ahogó en el deseo de sus ojos oscuros. Antes de poder pensar si estaba bien o mal, la besó.

Las manos frescas y fragantes de ella le tocaban en el cuello, en la nuca, en las mejillas…Él posó con cuidado las suyas en los hombros blancos, fríos también por haber estado al descubierto. La boca de ella se abría como una flor. Toda ella estaba floreciendo, su cuerpo era de lirios, amapolas y girasoles, e igual de suave que los pétalos.

Se separó de ella y la miró embelesado antes de apoyar los labios en su hombro derecho, entibiando la piel helada con su boca al rojo. Ino respiraba a bocanadas cortas, con los ojos brillantes y abiertos, para asegurarse de que todo aquello no era un sueño. No se atrevía a hablar, por miedo a romper el encantamiento.

Se dejó caer en sus brazos fuertes, gimiendo al sentir esos labios gentiles sobre el principio de su pecho. Y se suponía que ella era la atrevida del equipo…

-¡Chôji! –exclamó, ahogadamente, cuando el calor de su mano se posó en el interior de su muslo derecho. Podía sentir la sonrisa maliciosa de él sobre su boca.

-Ejem… -el camarero miraba a todas partes menos a ellos, limpiando un vaso casi con furia – Creo que este no es el mejor sitio para lo que tenéis entre manos, chicos.

-Sumimasen(9) –musitó Chôji. Se apresuró a coger a Ino de la mano, y abandonaron el local a toda velocidad. Ella trastabillaba un poco sobre sus altos geta(10).

-¿Vamos a casa? –preguntó.

-No puedo esperar a llegar a casa –dijo él. La llevó detrás de un puesto que había cerrado hacía tiempo. La oscuridad más absoluta les rodeaba, y sólo se veían las estrellas en el cielo sin nubes de la Arena.

Los besos de ahora eran más urgentes. Ino comprendió que no se trataba de un escarceo de adolescentes, que aquello iba a tener principio, nudo y desenlace. Apoyó las manos en el pecho de Chôji, apartándolo con delicadeza. Tiró de un extremo de su ornamentado obi y dejó que el kimono se deslizara por su cuerpo.

-Es un kimono muy bonito, sería una pena que se estropeara –dijo él, intentando ver la tela en la oscuridad.

-Ha caído sobre la arena, no se va a manchar. Ayúdame a extenderlo, nos tumbaremos sobre él.

-No –dijo Chôji, en un tono claramente turbio por el deseo. Ino se sobresaltó al ser alzada por la cintura por sus grandes manos, hasta quedar apoyada en la pared de la caseta.

Chôji la acomodó de forma que descansara entre su cuerpo y la madera. Parpadeó sorprendido al palpar la prenda interior de Ino.

-¿Qué es esto? –preguntó. Ella se rió como una niña.

-Es una combinación de encaje. Sabía que te gustaría.

-Una chica no debería llevar algo tan peligroso debajo del kimono… -dijo él, sonriendo. Acarició sus caderas y su cintura, notando las curvas bajo la aspereza del encaje, y regresó al placer de besarla.

"-Podría estar besándola durante décadas" –pensó – "Podría dejar de comer con tal de seguir besándola" –pensó.

Ino suspiraba entre un beso y otro. Hacía tiempo que las agujas de su peinado se habían desprendido, y los largos mechones de su melena le enmarcaban el rostro, haciéndola sentir pagana y voluptuosa.

-Chôji… ¿no tienes calor? –preguntó. Él sonrió y asintió.

-Agárrate fuerte –le dijo. Apartó las manos de ella y se quitó la camisa. Ino aprovechó la ocasión y se acercó a su pecho, besándolo con mimo y arañándolo ligeramente con las uñas. El ninja ronroneó, dejándose acariciar hasta que no pudo aguantar más en su posición pasiva. Sujetó a Ino del trasero, manteniéndola pegada a él, demostrándole sin palabras lo fuerte que era su necesidad.

La kunoichi cerró las piernas, apretándolo entre ellas. Gimiendo con una insistencia impaciente. Chôji la estaba volviendo loca, lamiendo sus pechos sobre el encaje y tocándola justo donde más necesitaba ser tocada con su enervada virilidad.

-Hazlo, onegaionegai… -suplicó. Él se estremeció al escuchar esas palabras anhelantes, cayendo cálidas en su oído.

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Tenten elevó la cabeza, sintiendo un tirón en las entrañas que la hizo gritar. Le subió el calor al rostro y tuvo la imperios necesidad de taparse la cara, pero una mano amable se lo impidió.

Miró el rostro sonriente de Kankurô, e intentó no prestar atención a la mano diestra que le manipulaba entre las piernas. Se ruborizó hasta el estómago cuando él efectuó otro movimiento experto.

-Ma…maldita sea… -exclamó, arrancándole otra sonrisa.

"-¿Cómo he llegado a esta situación" –pensó.

Hacía dos horas que habían llegado al Dome. Al cruzar la puerta, él la había abrazado por la espalda, hundiendo el rostro en su cuello, llenándose los pulmones con su fragancia.

-Estás preciosa con ese sari –murmuró. Tenten sonrió con sarcasmo.

-Al parecer ha tocado la fibra de tu orgullo nacional…-jadeó cuando él le mordisqueó el lóbulo de la oreja.

-Creo que he encontrado un punto débil… -dijo él. Su aliento cálido en el hueco del oído le hizo temblar las piernas.

-¿Cómo lo has sabido? –preguntó ella, apoyándose en él, repentinamente débil.

-No te has puesto pendientes… -susurró, volteándola. La besó con suavidad, obligándola a poner las manos sobre sus hombros. Ella las entrelazó en su nuca, poniéndose de puntillas para llegar mejor a los labios masculinos.

Pero cuando notó la sonrisa de satisfacción de él contra su boca, regresó a la realidad. Se apartó con decisión, empujándole contra la columna que tenía detrás.

-Basta –dijo. Kankurô la miró con seriedad, intentando recobrar la compostura, aunque nunca hubiera tenido demasiada – Como me has chafado la noche, voy a dejar que me lo compenses.

Sonrió complacida ante la incomprensión de su mirada.

-Es lo que estoy deseando hacer –dijo, inclinándose sobre ella, pero Tenten le frenó.

-No. Lo que sea que vaya a ocurrir, ocurrirá porque yo lo quiero. Tú no quieres, tú estás obligado a hacer lo que yo quiero. ¿Entendido?

-Sí, sí, lo entiendo perfectamente –dijo él, un poco molesto – Y ahora¿puedo proceder?

Tenten se lo pensó un poco, pero al final asintió y se lanzó a besarle con una fuerza que rozaba la tortura. Kankurô gruñó, dolorido, pero no la soltó.

Subieron a trompicones por las escaleras, hasta llegar al cuarto de él. Había una cama gigantesca en el centro de la habitación. Tenten la miró con una ceja arqueada.

-Vaya pedazo de cama. ¿Con cuántas chicas has estado en ella?

Kankurô sonrió y le robó un beso antes de responder con otra pregunta.

-¿Qué quieres saber, la cifra, o con cuántas a la vez?

-Ya no sé si quiero saberlo… -dijo ella, antes de volver a ser silenciada por esa boca anhelante – Espera, desvísteme.

Él la miró, sonriendo con algo que se parecía demasiado a la ternura. Tenten apartó la vista y alzó los brazos.

-Vamos –apremió. Kankurô desprendió la tela con facilidad, encontrando los sitios en donde estaba remetido el tejido y desenrollando las capas de gasa y seda con delicadeza, como si ella fuera de porcelana. Se agachó y le sacó las sandalias, alzándole la pierna para luego besarle el empeine. Desenganchó también las pulseras y tobilleras, y se quedó donde estaba, arrodillado a sus pies.

-¿Qué estás mirando? –dijo ella, retándole. Él bajó la mirada, aparentando humildad.

-Nada, ojô-sama(11) –dijo. Tenten sonrió, pero se puso seria cuando él volvió a mirarla.

-Bien, ya puedes empezar a complacerme –dijo, teatralmente.

El tacto suave de las sábanas le acarició la piel. Kankurô se puso en pie tras depositarla en el lecho, y empezó a desnudarse.

A ella se le secó la boca cuando el cuerpo del ninja quedó al descubierto. La extensión suave de su pecho, su estómago fibroso, los músculos como nudos tensos de los brazos… Kankurô se fijó en su rostro y sonrió.

-¿Complacida, ojô-sama?

-Apenas… -mintió ella – Ven aquí de una vez.

Kankurô llegó hasta ella, aguantando el ansia de tocarla. Le acarició las caderas y la besó de nuevo. Tenten le obligó a tumbarse boca arriba y se puso encima, colapsando sus sentidos. Su cabello fragante le acarició el rostro cuando ella se inclinó hasta quedar tan cerca que sus labios se tocaban.

La kunoichi le miró, desafiante, y luego empezó a descender por su cuerpo, mordiendo la piel suave y tensa. Kankurô ahogó una exclamación cuando ella se estableció entre sus piernas, acariciándolo con el calor de su boca.

-Ten…Tenten… ¿estás segura de que esto es un castigo para mí? –preguntó, con voz temblorosa. Ella le miró y se rió.

-Sí. Porque esta noche puedo hacer lo que quiera contigo. Así que será mejor que sigas así de tranquilo, antes de que me dé por ponerme un poco más violenta con…

Su discurso fue interrumpido cuando él la tumbó de espaldas. Tenten empezó a retorcerse bajo su cuerpo, indignada.

-Estate quieta. Si hubieras seguido… "torturándome" de esa manera, no habría quedado mucho de mí para complacerte¿sabes?

Refunfuñando, Tenten tuvo que admitir que así era. No estuvo enfadada mucho tiempo, porque ahora era Kankurô quien descendía, mordisqueando su piel. Aguantó la respiración al verle sobre el centro de su femineidad, y la soltó de golpe cuando sus manos y su boca expertas se dedicaron por completo a ella.

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Se moría. Se moría. Un túnel carmesí se extendía delante de sus ojos. Hubiera jurado que los tenía cerrados.

Se aferró a lo único que parecía real en esos momentos, manteniéndose a flote entre la cordura y el desvarío. El movimiento rítmico bajo su cuerpo era como la marea, igual de hipnótico, igual de poderoso y terrible. Igual de maravilloso.

Algo le rozó los labios. Se apresuró a apretar su boca contra lo que fuera que la estaba tocando, instintivamente. Un pálido recuerdo de flores y umeshû atacó su paladar.

Regresó al mundo coherente cuando el latigazo del éxtasis le azotó la columna. Los ojos de Chôji estaban fuertemente cerrados. Un jadeo ronco remarcaba cada uno de los embates de sus caderas. Ino saboreó el Nirvana por unos largos segundos, dejándose morir sobre el cuerpo de él, acariciándole con ternura, esperando a que acabara.

-Ino… susurró él, antes de dejarse ir. La fuerza de su clímax le dejó fuera de combate. La kunoichi dio un chillido cuando él dobló las rodillas y cayó sobre ellas, llevándola consigo.

-¿Estás bien? –le preguntó, acariciándole la cara. Él asintió y se dejó caer encima del montón formado por sus ropas. Ino se tendió sobre su cuerpo, estirando un poco las extremidades cansadas.

-No nos podemos quedar dormidos aquí –dijo ella. Se sentía despejada y enérgica, al contrario que Chôji, a quien ya estaban cerrándosele los ojos.

-Wakatta(12)…-murmuró. Se quedaron en silencio unos segundos.

-Oye –dijo Ino, dándole unas palmaditas en el hombro – Me vas a tener que dejar tu camisa para volver a casa.

-¿Mmm? –las cejas de él se unieron, interrogantes.

-Es que se tarda una hora en ponerse ese kimono, y eso que he contado con la ayuda de Tenten… -Chôji se rió en silencio bajo su cuerpo, moviéndola arriba y abajo y haciéndola reír a ella también - ¡Jajajaja¡Para, Chôji, por favor! Kami-sama, esto es como un terremoto…

El ninja se calmó y la miró con los ojos brillantes. Un par de besos después, se pusieron en movimiento. La camisa de él le valía de vestido a Ino.

-Oye, empieza a hacer frío –protestó Chôji.

-Puedes ponerte el kimono, si quieres.

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Los gemidos sonaban amplificados en la espaciosa habitación. Perdida en la gigantesca cama, Tenten se retorcía, casi histérica de anhelo. ¿Cuántas veces había traspasado la frontera luminosa del orgasmo? Había perdido la cuenta. Y eso que Kankurô se había limitado a usar sus manos…

-Por favor… -musitó, agarrándole del pelo mientras él dibujaba senderos húmedos en su pecho. Le dio un tirón para que alzara la cabeza, y fijó en él una mirada ansiosa.

-¿Ocurre algo? –dijo él, con una sonrisa satisfecha.

-Sabes perfectamente lo que ocurre… -gimió ella.

Él le sonrió con cariño, besándole en la nariz antes de concederle su último deseo. Separó las piernas temblorosas y se adentró en el cálido pasadizo femenino, estremeciéndose por el placer y el esfuerzo que le suponía no dejarse arrastrar por él.

La miró con los ojos empañados. Su rostro estaba borroso, y brillaba a la luz de las lámparas de noche. Al principio se dejó llevar por la excitación y comenzó a moverse rápidamente, espoleado por los gritos entrecortados de ella.

Pero, tragando saliva y aferrando las sábanas con fuerza, se contuvo. Su pelvis estableció una cadencia lenta, intercalando cada arremetida con besos lentos y profundos, consiguiendo que ella ronroneara.

Lo que para Tenten fue una tortuosa eternidad de placer terminó con una explosión interminable en tecnicolor. Kankurô permaneció junto a ella, jadeando, con el corazón frenético en su pecho. Reptó trabajosamente hasta apoyar la cabeza en el vientre aún convulso de la kunoichi.

Tenten se tapó los ojos, concentrándose en no hiperventilar. Estaba todavía tan alterada que sentía el picor de las lágrimas tras los párpados. Se calmó poco a poco, relajándose a medida que las endorfinas se filtraban en su organismo.

Miró a Kankurô, que dormía profundamente, y le acarició la cabeza.

-Buen chico…-murmuró, antes de caer dormida.

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¿Ya está bien, no? Estoy AGOTADA física y mentalmente, después del atracón cítrico que me he pegado.

Estaréis contentos, dos capítulos en dos semanas, con lemon abundante (bueno, aunque ya sabéis que mi lemon es un poco descafeinado ,,--,, ). Después de esto me voy a coger unas vacaciones, ya sea vagueando o dedicándome a otros proyectos tipo one-shot, para alejarme un poco del universo Naruto y no acabar sobrecargada. Que cualquier día me va a dar un cortocircuito…

Bueno, besos y REVIEW!!

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Aclaraciones:

1-¿Daiyôbu? – "¿Estás bien?"

2-Kabukichô – Es el barrio caliente de Tokyo, aunque yo he cogido prestada la palabra para parecer más intelectual, bwahaha.

3-Chikuso – "Maldición" "Maldita sea"

4-Onigiri – bolitas de arroz rellenas de varias cosas, sobre todo ciruelas saladas, atún con mayonesa y rábano en conserva.

5-Samui – "frío" "hace frío"

6-Gomen – "lo siento"

7-Las normas tradicionales del Mah-jong : el que pierde en cada mano tiene que quitarse una prenda. Vamos, el strip-Mah-jong.

8-Umeshû – licor de ciruela.

9-Sumimasen – forma más correcta y masculina de "gomen", también significa "lo siento".

10-Geta – sandalias de madera japonesas.

11-Ojô-sama – "princesa"

12-Wakatta – "entendido"