Notas iniciales:
Sao: TwT Yo….Yo…Soy tan feliz! T/T
Zai: Por fin estamos al corriente aqui!...en !
Sao: Soy feliz ahora puedo ir a la par con ambos, con una actualización cada semana.
Zai: Ahora solo falta que no te retrases en ninguna de las dos paginas
Sao: En fin, para este cap debo dar unos infinitos agradecimientos a mi mejor amigo (hombre) en todo el mundo, si no fuera por el incluso los pocos avances de esta semana no serian posibles…*Inclinación de 90°* ¡Ikuto no sabes cuánto te agradezco!...contestaste todas mis preguntas a pesar de que el Yaoi no te gusta y de lo incomodas que eran, además siempre estas dispuestos para ayudarme a revisar los capítulos.
Iku: Ni lo menciones, sigo asqueado. ¬¬
Sao: Hay, nunca te había pasado esto antes…solo para que lo sepan ikuto es mi consultor especial el es muy bueno escribiendo y todo eso, siempre me da consejos e incluso, a pesar de sus muecas desconformes, me ayuda a darle sentido al fic. El es oficialmente el primero en leer cada capítulo y me dice en que partes no tiene sentido algo y que debo corregir, por lo general anota TODO, si hay fallas es por mi culpa U_U…..Además…
Iku: No lo digas.
Zai: él contesta todas las preguntas de Sao acerca de chicos, si, como sabrán ambas somos chicas y es difícil describir algo que nunca hemos experimentado o que siquiera sabemos cómo funciona…para mí que le gusta el Yaoi porque ya es mucho lo que hace.
Iku: ¡Te dije que no lo dijeras! Eres molesta, no me gusta el yaoi pero me gusta leer, solo les ayudo lo más que puedo pues me gusta la forma de escribir de Sao.
Zai: te gusta ella, no su forma de escribir ¬¬
Iku: Estas celosa porque soy el primero en leer cada capitulo
Sao: Ya niños cálmense, me esforcé mucho en este capítulo para lograr mostrar todo en el papel…espero lo disfruten, enserio…Aquí les dejo el decimo capitulo de Coperti Dal cielo.
∞¤∞ Capitulo 10 ∞¤∞
∞¤∞¤∞* Decisioni Difficili *
-Bienvenido a la familia Mukuro – las palabras salieron por si solas de su boca, al igual que la sonrisa en sus labios. Era por completo feliz, ahora su familia estaba completa, casi todos los miembros de su pequeña familia estaban reunidos en un solo lugar.
Cuando sintió el beso en sus dedos se sonrojo ligeramente y soltó su mano del agarre del peli azul, retrocediendo unos cuantos pasos.
-Kukuku…no te avergüences Vongola – toda la seriedad en la voz del ilusionista se había ido y ahora solo estaba bañada por su característico tono burlón.
-¡Deja de jugar con los demás! – Le regaño Tsuna con su voz ligeramente chillona – no has cambiado en nada.
-Mukuro-sama, no debería molestar al jefe… - hablo la chica de cabello azul que aun no se había marchado.
Solo viendo su mirada podía notar la mejoría de su ánimo, parecía divertida y feliz por la situación. Incluso antes de que se fuera de viaje a pesar de que Chrome parecía muy preocupada, se podía notar fácilmente como estaba más alegre que antes, hasta le había escuchado hablar un poco más de lo normal y con un tono aun más alto del que siempre usaba. Eso realmente le había alegrado y fue por eso que decidió irse de viaje y confiar el cuidado de Mukuro a la chica peli azul, pues sabía que nadie podía cuidarle mejor que ella.
Fue hasta entonces que Tsuna se percato de la presencia de los demás en lugar, Gokudera, Yamamoto y Reborn también habían visto todo, junto con Hibari y Ryohei que se mantenían más alejado, aun fuera de la habitación. Fue solo por unos segundos que su mirada se cruzo con la del azabache pero este de inmediato la desvió, supo sin duda que este estaba enojado y estaba seguro de que tendría demasiados problemas una vez que estuvieran solos. Dio un pequeño paso hacia donde estaba pero se contuvo y regreso su vista a Mukuro.
-¡Me alegro que estés bien, Mukuro! – grito Ryohei con una sonrisa, al parecer siendo completamente inmune al mar humor que comenzaba a desprender el pelinegro a su lado.
Todos parecían sorprendidos ante el juramento que acaba de hacer el otro chico pero no dijeron nada. Yamamoto sonreía feliz y Gokudera parecía complacido ante la promesa del ilusionista a su querido decimo, incluso Reborn les miraba con orgullo.
-Nunca pensé escucharte decir eso – menciono el Arcobaleno.
-Que puedo decir… - la misma sonrisa de burla permanecía en los labios de Mukuro – se ve tan indefenso que creo que debería protegerle.
-Dame Tsuna – Reborn parecía dispuesto a seguir la corriente a Mukuro – siempre necesitando que te cuiden.
-¡No soy tan indefenso! – grito en su defensa el castaño.
-Sí, lo eres…- contestaron a la par el ilusionista y el Arcobaleno, como si fuera lo más obvio.
-¿Pero cómo es posible, que todos sean de los nuestros? – pregunto el gordito pelinegro sin dar crédito a sus propias palabras.
-No lo sé – Spanner mordisqueando su paleta, no parecía con humor de ponerse a pensar en otras cosas, ya estaba lo suficientemente ocupado, teniendo que reparar todos los equipos que había sido destruidos cuando intentaron analizar la daga que les dio el pequeño Vongola.
-Tampoco recuerdan nada – la adolorida voz del chico de lentes llamo la atención del pelinegro. Últimamente ya a todos se les hacía bastante normal el ver al menor con su mano en el estomago, parecía que su estrés aumentaba a cada momento y realmente no podían hacer nada por él.
Byakuran permanecía viendo seriamente al computador pasando grabación tras grabación mientras llevaba pequeños pastelitos a su boca, uno tras otro. Había ya tres cajas de chocolates vacías a un lado en el escritorio.
-Traigan los resultados del laboratorio – ordeno comiendo una cereza y dirigiendo una pequeña mirada a los otros dos científicos que solo se había quedado con los ojos abiertos mientras veían trabajar a los niños.
Los cuatro eran bastante jóvenes y en un principio nadie les había tomado enserio cuando les informaron que serian sus jefes. Si bien habían visto a Giannini alguna vez nunca le consideraron lo suficientemente capaz como para manejar todo un equipo de ese tamaño y además sus inventos siempre tenían un final poco afortunado. La mayoría de los científicos habían pensado que se trataba de una simple broma, pero tuvieron que tragarse el orgullo al darse cuenta de cómo esos jóvenes parecían saber más de lo que ellos sabían y trabajaban con una eficacia y seriedad que atemorizaba a todos, en especial si a algún ignorante se les ocurría interrumpirlos en medio de una investigación. Tal vez eran menores pero su madurez era más grande que su edad y sus miradas enfadadas eran más atemorizantes de lo que podían describir.
-Vamos – llevo otro pastelillo a su boca y tomando los papeles que le habían estregado se puso de pie.
-¿A dónde? – Irie se paro automáticamente cuando el otro lo hizo y le miro sin entender.
–Hay que redactar y enviar un informe a Tsuna-chan…mañana iremos s verle, ya debió haber regresado….Juntemos todo lo que tengamos hasta ahora
-Pero…
-Tsuna-chan podría ser capaz de saber lo que ocurre – respondió al "pero" del niño adolorido y continúo su camino. – Si descubren algo mas avísenme – pidió a al rubio y al moreno – Sho-chan, date prisa.
Soltó un suspiro y obedeció, Byakuran podía tener razón. Lo que no entendía era porque siempre tenía que ser él quien le acompañara.
Miro por la ventana de su habitación, la noche había caído demasiado rápido, últimamente los días no duraban tanto como antes. Se mantuvo pensativo acerca de lo que había hablado con Mukuro, soltando un largo y agotado suspiro, aun no sabía que haría y eso era algo que sabia no podía estar posponiendo por más tiempo.
**flash Back**
Todos se habían ido, Chrome se dirigía a la cocina a dejar los platos y Reborn se había llevado a Hibari y Ryohei para que le informaran sobre el viaje, parecía comprender a la perfección que debía darles unos momentos para hablar a solas. Gokudera de mala gana también se había retirado con Reborn y Yamamoto le había seguido. No había podido evitar notar como el peligris parecía estar evitando hacer cualquier contacto visual con el moreno. Quería preguntarles que había pasado pero en ese momento tenía que hablar con Mukuro.
Una vez las pisadas se dejaron de oír en el pasillo miro al ilusionista.
-¿Cómo te sientes? – le pregunto, viendo que había vuelto a sentarse en la cama y el mismo se sentó en un sofá de la habitación.
-Una vez mi cuerpo me obedezca por completo me parare de esta cama...
-También deberías pedirle a Chrome que te corte el cabello – Era imposible no notar los largos cabellos azules sueltos sobre los hombros contrarios – es extraño sin que tengas tu peinado…-guardo silencio y busco la palabra correcta – habitual.
Mukuro le miro serio
–Ibas a decir otra cosa Tsuna ¿Qué era?
-Nada…
Mukuro agudizo la vista.
-Vongola…
No pudo resistir la mirada inquisidora y soltó una risa nerviosa.
-¿Alguna vez te han dicho que tu peinado parece una piña? – pregunto avergonzado el castaño.
Un tic se hizo presente en el ojo rojo del ilusionista y miro con una sonrisa fingida al Vongola.
-Estas siendo bastante grosero, niño.
-Lo siento – se disculpo de inmediato.
Mukuro soltó un suspiro regresando a su rostro normal, sabía que el castaño no quería ofender, si hubiera sido cualquier otro seguro ya le habría clavado algo en la cabeza...El pensamiento le trajo recuerdos.
-Si me lo han dicho, ese idiota de mi aprendiz solía decírmelo a menudo…. - se mantuvo callado y pensativo – o bueno, va a decírmelo seguido. – después de todo, ni siquiera lo había conocido aun.
-¿vas a buscar a Fran? – pregunto curioso el castaño, sabiendo de inmediato a quien se refería Mukuro cuando había dicho "aprendiz".
-Eso creo…ese niño tenía talento…o lo tiene…es bastante difícil hablar del futuro como en pasado.
Tsuna sonrió comprendiendo completamente a lo que se refería.
-¿Pero no estaba el también con Varia?
-Sí, esa estúpida rana se fue con los monos.
-¿Crees que Varia no lo busque también?
-Yo lo encontrare primero. –murmuro con confianza.
-jeje… ¿Y qué hay de Chrome?
-Ella también es mi aprendiz, aun tiene que aprender mucho.
-¿Y Chikusa y Ken?
-Tendré que buscarlos…
-Y…Hm…emmm…¿W.W.?
-Se llama M.M. – contesto el ilusionista conteniendo una risa
-O si eso!
-Dejemos de hablar de mis asuntos y mejor dime ¿qué es lo que harás tú?
-¿Yo?…
-Eso no fue un simple sueño y lo sabes...
Se sorprendió y vio a Mukuro con los ojos abiertos, ya había olvidado que el también lo había visto, había borrado todo lo relacionado con ese sueño de su cabeza para poder concentrarse en el viaje, pero este ya había terminado y ahora debía atender ese problema...No podía seguir posponiéndolo.
Bajo la mirada.
-No lo sé.
-Tienes que pensarlo y tomar una decisión…hay que averiguar lo que ocurrirá y porque
-Lo sé, pero…
-También deberías decirles a los demás
-No – le dijo con suplica al peli azul – ellos no deben saberlo aun.
-¿Estás seguro?
Solo asintió con la cabeza y suspiro.
***fin de flash back***
Después de eso había llegado Chrome no habían podido seguir su plática pues no quería que les escuchara y tampoco podía correrla, no deseaba alarmar a nadie antes de que supiera lo que significaba.
Bostezo y se aproximo a la cama. Estaba demasiado cansado y quería dormir.
Aquellas horribles imágenes se repetían una y otra vez dentro de su cabeza, podía olfatear el olor a oxido del lugar y apenas podía contener las nauseas. El ruido del agua se escuchaba haciendo eco en todos lados y las gotas cayendo causaban ondas que se extendían hasta el suelo bajo sus piernas. Tenía miedo y le costaba moverse, quiso gritar y llamar a sus amigos pero nada salió de su boca, estaba aterrado y su cuerpo ya no le respondía, el no era capaz de soportar nada como eso, el no podría protegerlos.
Le despertaron los golpes a su puerta y cuando abrió sus ojos se alucino por la luz que entraba por la ventana, ya era de día y no parecía que fuera temprano, había dormido más de lo que había planeado. Se sentó en la cama y susurro un quedo "adelante" antes de que la puerta se abriera cediéndole el paso a un mayordomo pulcramente vestido con un esmoquin.
-Decimo, Reborn vongliono vedere (Decimo, Reborn quiere verlo)…
-Grazie – le respondió antes de que el otro se retirara.
Soltó un suspiro y cerró los ojos borrando todo rastro de ese horrible sueño, doblo sus rodillas y apoyo su cabeza en ellas esperando a que las nauseas pasaran. No era la primera vez que tenía ese sueño pues se había repetido con frecuencia desde la primera vez que soñó los cuerpos y mientras había estado de viaje, pero a pesar de tenerlo ya varias veces no se le hacía más fácil el borrar las imágenes una vez despertaba. Sentía asco y podía oler aun el aroma de la sangre pero este sueño en especial se centraba en las sensaciones, su cuerpo aun temblaba ligeramente y su corazón estaba acelerado. Se levanto al cabo de unos minutos y tomo una ducha para después vestirse, ese sueño había hecho que se sintiera tan débil e incapaz de hacer nada que apenas podía borrar la mueca triste e impotente de su rostro.
Por unos momentos se imagino rodeado por unos firmes brazos, quería ver a Kyoya, quería que le brindara esa seguridad que solo él podía darle. Desde hace mucho que no había pasado tiempo con él y tanto trabajo había logrado distraerle y mantenerle lo suficientemente ocupado como para que siquiera pudiera hablarle. Pero en esos precisos momentos deseaba tanto su presencia, quería abrazarlo y pegarse a él. Movió su cabeza de un lado al otro, borrando el pensamiento pues solo le entristecía más.
Termino de secar sus cabellos, poniéndose la corbata mientras se veía al espejo.
Si realmente quería pasar tiempo con el azabache debía apresurarse y terminar con todos sus deberes.
Mukuro y Reborn le esperaban cuando abrió las puertas de la oficina del noveno. El joven peli azul estaba vestido con unos gastados pantalones de mezclilla y una playera blanca, sonrió con solo verlo, Mukuro parecía no estar interesado ni un poco en lucir lo suficientemente formal como debería. Desde que llegaron a Italia él y los demás habían tenido que usar traje tras traje para dar una buena impresión y para no sentirse fuera de lugar pero el ilusionista no parecía interesado ni un poco y vestía como se le daba la gana. Sus cabellos habían vuelto a ser tal y como los recordaba, la forma de la piña volvía a estar ahí y además tenía una pequeña y delegada coleta en la parte de atrás en la que recogió el cabello que le había crecido de más.
Ambas personas en la sala voltearon a verle en cuanto entro y le sonrieron cada uno a su modo.
-¿Mukuro?... ¿por qué no estás descansando?
-Te dije que en cuanto pudiera estar de pie, saldría de esa habitación – contesto como si fuera lo más obvio y se puso a leer los papeles que le pasaba Reborn.
-Etto… ¿qué están haciendo? – pregunto extrañado al ver al peli azul leer documentos.
-Byakuran nos envió esta mañana un informe de lo que han averiguado hasta ahora – contesto el niño sentado en la orilla del escritorio. – parece que vendrá en un rato mas para hablar con nosotros.
Soltó un jadeo, ¡no más papeleo!
-¿Y qué dice? – pregunto rendido, sentándose en el sofá al lado de Mukuro y cerrando los ojos.
Ambos chicos miraron con seriedad a Tsuna.
-Parece que los hombres de azul que les atacaron en el aeropuerto….- comenzó el ilusionista.
-Son exactamente los mismos guardias que se supone debían protegernos – termino Reborn.
-¿Que quieres decir? – Abrió los ojos y arrebato los papeles de las manos de Mukuro para comenzar a leerlos.
-Esa es la razón por la que desaparecieron justo antes del ataque y por la que las cámaras de seguridad no les captaron al entrar – murmuro Reborn – ellos estaban adentro desde un comienzo, los únicos que aparecen en las cintas son dos y deben ser aquellos con los que tú te encontraste.
-¿Entonces es una traición? – pregunto Mukuro como si ya se lo esperara, seguía sin confiar en la mafia.
Tsuna negó con la cabeza sin dejar de leer.
-Todas las familias llevaron parte de su seguridad, pero también había miembros de Vongola entre los guardias – sus ojos se movían con rapidez por el papel – además parece que perdieron la memoria, fue una suerte que no hayamos matado a ninguno – dijo soltando un suspiro aliviado.
-¿entonces crees que estaban siendo controlados? – la voz irónica de Mukuro le hizo enojar.
-Ellos no tienen motivos para atacar, solo fueron usados por el enemigo – Tsuna miro a Reborn – esos dos fueron los únicos que entraron y los únicos que volvieron a salir, ellos debes ser los responsables.
Miro al techo, enfocando su vista en un punto indefinido.
-¿Por qué ocurre esto justo ahora? – se quejo con un jadeo que pudo ser oído a la perfección por los otros dos.
-¿A qué te refieres? – Reborn dejo los papeles de lado pues seguía meditando lo que había dicho Tsuna.
-Justo cuando tengo este sueño, todas estas cosas pasan.
-Tal vez los causante de lo que viste se relacionen con estos dos – Mukuro vio por la ventana, se notaba fácilmente que quería salir de ahí, no le gustaba estar encerrado hablando de la mafia pero eso le concernía aunque no lo quisiera y no podía dejar solo al castaño dado que era el único aparte de él, que tenía una idea de lo que estaba por suceder.
-¿Tsuna, que fue lo que viste? – pregunto (exigió) el Arcobaleno queriendo saber que era realmente lo que había visto ese día en su sueño, en realidad todo había sido raro y debido a los asuntos que debían atender cada uno, no había tenido la oportunidad de interrogar a su alumno.
El castaño regreso su mirada al Arcobaleno no sabiendo si decirle o no, pero arto de tener que ocultarlo comenzó a hablar, describiéndole cada una de las cosas que había visto y sentido. Además parecía que Mukuro a pesar de haberlo visto, no lo recordaba tan bien como quisiera y de igual forma escucho el relato atentamente. Conto cada sensación y cada escena describiendo lo mejor que pudo sin que su estomago se revolviera. Incluso les dijo sobre lo que había soñado esa misma mañana.
-Aun puedo sentir el pánico…yo no podía hacer nada y mi voz no salía…- termino cubriendo sus ojos y volvió a adquirir el rostro de profunda tristeza con el que había despertado esa mañana.
Cuando termino de hablar, el ilusionista y el Arcobaleno se mantuvieron en silencio por largos minutos en los que él solo se enfoco en controlar la revoltura de su estomago y el temblor que comenzaba a querer hacerse presente en su cuerpo.
-Esto no tiene sentido – murmuro por fin Reborn.
-Hay algo que falta – concordó el otro en la sala.
Recorrió con su mirada a ambos sin tener nada que agregar pues sin duda ese sueño y esas imágenes le dejaban con muchas preguntas, muchos huecos vacios que solo hacían que su dolor de cabeza aumentara.
-Empecemos con la figura de la capucha – Reborn se lo estaba tomando muy enserio – no parece ser alguien a quien conozcamos pero parece tiene mucho que ver…tal vez si sabemos de quien se trata, nos sea de ayuda.
-¿La mafia puede rastrear una persona con el único dato de que es rubia? – pregunto con incredulidad Mukuro recibiendo una mirada envenenada del Arcobaleno como respuesta.
-No es necesario rastrearla – les interrumpió Tsuna, regresando su vista al techo – ya sé quién es.
Las miradas de los otros dos se posaron en su persona y el las ignoro, perdiéndose en sus recuerdos, había estado consiente de quien era esa chica desde hace ya algunos días, desde que la había visto supo que era ella, pero no quería involucrar a alguien más en sus problemas solo por un simple sueño.
Había investigado a esa familia en sus ratos libres, era una mafia bastante tranquila nunca se involucraban mucho con los asuntos de Vongola y a pesar de que eran lo suficientemente fuerte e influyentes como Cavallone o incluso la misma Vongola, solo permanecían al margen. A pesar de pertenecer a la alianza ellos tenían su propio sistema y solo apoyaban en momentos de verdadera necesidad, eran en cierta forma un misterios pero nunca se les investigo pues desde su existencia no hicieron nada en contra de nadie, se les conoce por ser pacifistas y no tienen muchos enemigos, si no que por el contrario mantienen relaciones con la mafia en Francia e Inglaterra, además de la mafia italiana.
Tsuna soltó un suspiro a su parecer esa no era una familia mafiosa y no entendía como estaba clasificada como tal pero también era consciente de que si era de esa forma era por algo y no les creía inocentes de cualquier culpa, pero incluso a él le habían causado una buena impresión.
-¿Cuando? – La pregunta de Reborn le saco de sus pensamientos.
-Cuando estábamos de viaje, en Francia…- soltó un suspiro y regreso la vista a ellos – no tengo pruebas ya que ni siquiera fui capaz de verle el rostro pero supe que era ella.
-¿Quien?…
-La hija menor de la familia Lucciola.
Estaba sentado bajo aquel árbol donde había tenido entre sus brazos por última vez al castaño, realmente no sabía cómo controlarse y a cada momento que pasaba requería más de su presencia. Antes tal vez hubiera logrado desviar su atención a otra cosa pero esta vez le era imposible, su paciencia y autocontrol poco a poco estaba llegando al límite. Cada vez le necesitaba más, le había ido a buscar esa mañana a su habitación pero aun seguía durmiendo y para cuando volvió este ya no estaba. La peli azul que se había encontrado en los pasillos le había dicho que no encontraba al ilusionista y estaba algo preocupada por eso, pero al menos estaba segura de que se encontraba dentro de la mansión.
Soltó un suspiro enfadado al solo imaginarse que pudieran estar juntos, le molestaba y le dolía el solo pensarlo ¿Por qué tenía que estar junto con ese ilusionista? Desde que este había salido de Vindice apenas y había podido pasa tiempo con Tsuna y eso le enfadaba demasiado. Además las preocupaciones del pequeño castaño hacia el peli azul eran demasiadas, había tenido que soportar las críticas y miradas envenenadas de muchas personas, tenía que encargarse de trabajos y asuntos que alguien de su edad no tendría que hacer. Todo solo para tener la oportunidad de darle libertad a Rokudo Mukuro.
Se dispuso a regresar al castillo, atravesando el jardín, sin duda lo mejor sería que hablara con el pequeño castaño y preguntarle directamente que estaba pasando. Se detuvo a pleno recorrido observando a través del enorme ventanal que había hacia el interior del castillo. La mata de cabellos castaños le resulto conocida al igual que los pelos azules con forma de piña, Tsuna y el ilusionista estaban ahí, sentados uno al lado del otro hablando de algo que él era incapaz de saber.
El enfado le lleno de inmediato y sin más desvió la mirada dirigiéndose a su habitación.
-¿Qué vas a hacer Tsuna? – ahí estaba de nuevo esa pregunta, esta vez por parte de Reborn.
Se mantuvo callado sin saber que responder.
-¿Que quieres que haga?... ¿ir a verla y preguntarle sobre un sueño que tuve? – Menciono sin dejar de ver el techo – me creerá un loco…incluso yo comienzo a pensarlo.
-Sabes tan bien como yo, que el pequeño Arcobaleno no se refiere a eso – murmuro cansado el ilusionista.
-En una semana tenemos que regresar a Japón y no hemos terminado todo lo que debemos hacer aquí. – Reborn hablaba con seriedad – Las negociaciones con Vindice terminaron y haz conocido a muchos líderes pero aún quedan más asuntos que atender además…el asunto del aeropuerto esta sin resolver y no podemos irnos dejando todo así.
-Podemos quedarnos un poco más…
-¿Y luego qué? – inquirió Mukuro
-Luego…. – bajo la vista del techo al suelo, era consciente de a que se referían ambos.
-¿Resolverás todo en una semanas más? - Mukuro soltó un suspiro - Ni siquiera sabes si ellos aparecerán de nuevo tan pronto.
Tanto Reborn como Mukuro tenían razón, además ambos se habían dado cuenta de lo que quería decirles aquel últimos sueño, tal y como él se percato pero intento ignorar.
Aun no estaba listo para enfrentar algo como eso.
Aun no era capaz de proteger por completo a su familia.
-Tsuna, tienes que decidir qué es lo que harás antes de que la semana termine – el Arcobaleno dio un salto del escritorio – todos respetaran tu decisión.
No sabía qué hacer, como podía tomar una decisión si ni siquiera estaba seguro de lo que ocurría.
-Pobre Tsuna, tuvo demasiado trabajo – Menciono con algo de compasión Yamamoto.
Los tres permanecían sentados en una pequeña sala, donde se habían ocultado de la ira de cierto azabache que casi los golpea porque estaban en su camino. Ninguno había comprendido que le pasaba pero su instinto de supervivencia les había prevenido de alejarse. Además Gokudera había aprovechado para que Ryohei le diera un informe completo de todo lo que había hecho su decimo en el pequeño viaje al que no pudo acompañarlo, el informe iba desde las personas con las que se había reunido, hasta lo que había cenado la última noche de viaje.
-La chica tenia los cabellos rojo y largos – murmuraba Ryohei haciendo señas con las manos – Ambos tenían los ojos azules.
Yamamoto solo asentía con una sonrisa como si le pareciera interesante lo que le contaba cuando en realidad lo único interesante era el montón de señas y muecas que hacían ambos peli grises.
-¿De qué familia eran? – Gokudera escucha con atención.
-Eran los jefes de la familia…emm….Adooo…adooor…algo – se soltó a reír apenado – no recuerdo.
-¿A qué demonios crees que fuiste? – reclamo Gokudera parándose de su asiento y dirigiéndose a Ryohei.
El pelinegro le detuvo de un brazo antes de que llegara.
-Vamos, Gokudera no puede recordarlo todo – antes de que terminara de hablar el brazo del peligris ya se había liberado de un jalón. Sonrió tristemente y observo como el otro volvía a su asiento sin mirarlo siquiera.
-Eran Extremadamente iguales! – Grito Ryohei volviendo a captar su atención - hasta podrían disfrazarse el uno del otro.
-Ch, actúas como si nunca hubieras visto mellizos – Gokudera parecía ya estar arto de escuchar sobre los pelirrojos.
-Jajaja…está bien Gokudera – el pelinegro miro al moreno – Además apuesto que aunque sus rostros fueran iguales el resto de sus cuerpo no ¿cierto?
Una mirada envenenada y fulminante por parte del peligris de cabellos largos le recorrió la espalda y se giro a verlo.
-Jeje – no pudo contener una leve risa – Me refiero a la altura Gokudera – aclaro con diversión y el otro desvió la mirada.
-Es verdad – Ryohei parecía no notar nada – El chico era más alto que ella – se mantuvo un poco pensativo unos momentos – Si, Kyoko y yo fuéramos gemelos ¿cómo seriamos?
Yamamoto se soltó a reír sin contenerse y Gokudera puso una mueca de disgusto.
-¡¿Qué rayos pasa por tu cabeza? – el mal humor del peligris iba en aumento.
-¿y qué hicieron ustedes? – Ryohei parecía haber superado su emoción.
-Nada – contesto de inmediato el peligris desviando la mirada y adquiriendo un sonrojo.
-Gokudera estuvo enfermo por varios días – Yamamoto no parecía estar perturbado y solo sonrió como siempre.
Tanto Irie como Byakuran acababan de irse, Tsuna había identificado a las dos siluetas que habían captado las cámaras de seguridad como las personas con las que se había enfrentado y además los dos científicos les llevaron los pocos resultados que habían obtenido en ese tiempo acerca del plasma que rodeaba a la daga. Al parecer habían gastado la mayoría de sus esfuerzos en hacer que no se desintegrara y desapareciera como había sucedido con el líquido que rodeaba a las otras armas.
Aun no sabían del todo de que se trataba pero al parecer, por lo que les había contado y por los que ellos habían experimentado, Byakuran llego a la conclusión de que dicho plasma tomaba las cualidades de la llama a la que se enfrentaba. Pero en ese momento toda esa investigación no podía importarle menos.
Ahora se encontraba frente a la habitación del azabache, el pelinegro no había hecho acto de presencia en todo el día y temía que algo le hubiera ocurrido, desde que se habían ido de viaje no había sido capaz de hablar con él como hubiera querido y apenas había sido capaz de estar a su lado. Al menos ahora había decidido dejar todo de lado para ir a verlo pues ya no soportaba más la lejanía que se estaba generando entre ellos. Había tenido que escapar de Reborn pero sintió que en cierta forma el mismo Arcobaleno se había distraído a propósito para que se fuera.
Toco la puerta nuevamente pero no hubo respuesta pensó que no estaba y estaba a punto de retirarse para buscarle en otro lado cuando la puerta se abrió. El azabache de ojos negros le contemplo con seriedad y sin decir palabra alguna se dirigió al interior de la habitación dejándole la puerta abierta. El castaño se adentro en la habitación y cerró la puerta tras él, el pelinegro estaba realmente enfadado y no tuvo que recurrir a su intuición para saberlo.
-¿Por qué me miras de esa forma? – pregunto a la seria mirada del azabache recargado en el marco de la ventana.
-Siempre te he mirado así…
-¡No es cierto! - negó inmediatamente – ¿Qué te ocurre? ¿Te encuentras bien?
-Eso no te interesa, Sawada Tsunayoshi – respondió con frialdad.
Le contemplo extrañado, sorprendido y dolido por la forma en la que le había llamado, como si nunca hubiera pasado nada entre ellos.
-Si quieres a alguien que te vea mejor puedes irte con el ilusionista… -murmuro con la misma fría y seria voz.
-¡¿Qué? – Tsuna estaba sorprendido por la declaración y lo único que salió de su boca fue la exclamación en un tono incrédulo.
-Si tanto te gusta sería mejor que te fueras con él en lugar de estar aquí conmigo… - La voz con la que le hablaba era de un tono normal pero sintió que le gritaba.
-¿De que rayos estás hablando? – Estaba enfadado, confundido y sentía las lagrimas en sus ojos debido a la tristeza - ¿Por qué dices que me gusta Mukuro?
-¿Acaso no es cierto?...todo lo que estás haciendo por él, se la han pasado juntos desde que despertó… y …como te lanzaste a abrazarlo cuando lo viste… - El azabache se acerco a él para verle a los ojos. – Creo que está claro ¿no?
-Eso no es…-intento negar pero las palabras se le iban – Yo…como rayos…fue...que…pensaste algo como eso – le miro a los ojos permitiendo que las lagrimas salieran libremente sin poder contenerlas más - La única persona a la que amo eres tú – Tallos sus ojos con la manga de su brazo intentando contener el llanto, le era horrible que la persona que más quería le hablara de esa forma, que no pudiera confiar en él.
Hibari sentía su corazón comprimirse por la imagen del castaño llorando y abrió sus ojos sorprendido ante la declaración, le miro sin encontrar una sola mentira en el rostro del castaño y sin que se lo dijera su mano detuvo por el brazo al menor en cuanto se dio la vuelta para marcharse, le detuvo reforzando su agarre y se mantuvo en silencio sin poder sacar palabra alguna de su boca.
-¿Entonces por qué haces todo esto por él? – pregunto con un tono más neutral en cuanto fue capaz de hablar.
-Ya te lo dije… ¡Es de nuestra familia, no podía permitir que siguiera ahí encerrado! – Tsuna aun no se giraba a verle, se mantenía con la vista en la puerta pues le hacía enojar y le entristecía el que el azabache no confiara en el.
-Yo - Hibari bajo la vista al piso sintiendo la culpa por las lágrimas que derramaba el castaño pero le era imposible el dejar de sentirse así. El tener algo tan valioso hacia que fuera difícil el contener el miedo a llegar a perderlo – no puedo soportarlo…
-¿Qué cosa? – pregunto con voz queda sin girarse y viendo el piso.
-No puedo soportar el ver cómo te toca alguien más…como abrazas a otras personas y como les besas – quiso ser sincero por esa vez.
Tsuna giro a mirarlo sorprendido mientras las lágrimas paraban de caer.
-Tú me perteneces y solo yo puedo tocarte.
El castaño se sonrojo ante la palabras de Hibari y rememoro todo lo que había pasado en los últimos días, si realmente el pelinegro era tan celoso y posesivo, sin duda había hecho muchas cosas que le harían enojar demasiado.
-Pero…
-El único con el derecho detenerte entre mis brazos debería ser yo.
Tsuna se acerco más a él con la mirada baja.
-¿Por qué no lo dijiste antes?
No hubo respuesta.
Se acerco un mas y le miro al rostro, el pelinegro mantenía la vista perdida en algún ligar de la pared a un lado. Le jalo de la corbata para que se inclinara lo suficiente para atrapar sus labios con un beso. Era la primera vez que era él quien tomaba la iniciativa de esa forma, pero realmente quería demostrarle a Kyoya lo mucho que lo quería, el enorme deseo de tenerlo a su lado y lo mucho que el también lo había estado necesitado en ese tiempo. La mano de Hibari que sostenía la suya, le soltó y se fue a envolver en su cintura atrayéndole más a su cuerpo, el beso que comenzó por el castaño paso a ser dirigido por el pelinegro y el pequeño no opuso resistencia y se dejo llevar.
-Yo…- las mejillas sonrojadas del menor estaban húmedas por las lagrimas que había derramado antes - Tal vez, toque a otras personas, puede que las abrase pero…- sus mejillas estaban rojas y se notaba como le costaba hablar debido a la vergüenza – pero tú eres el único con el que puedo estar de esta forma y el único con el que mi corazón late tan rápidamente. – declaro desviando la mirada avergonzado y apoyando su cabeza en el pecho ajeno, no queriendo verle a la cara.
El azabache se sintió culpable por haber provocado las lagrimas del niño pero no puedo evitar mostrar una sonrisa por las palaras de menor, además debía admitir que el hecho de que hubiera sido el castaño quien se acercar esa vez a él, le hizo aun más feliz. Le envolvió con ambos brazos presionándole contra su pecho en una muda disculpa hacia el menor que esperaba este pudiera interpretar.
Cuando el castaño volvió a levantar la vista para mirarle le sonrió con la misma mirada de cariño que solo se había dignado a mostrarle a esa persona. Y sin contenerlo más atrajo al pequeño castaño de nuevo a su rostro y le beso de la forma en la que había querido hacer todo ese tiempo, mostrándole la completa necesidad que sentía y pegándolo más que podía a su propio cuerpo, besándole todo lo que no pudo besarle esos días, tocándole tanto como había querido hacerlo, tenerlo tan cerca como había deseado.
Tsuna contesto lo mejor que pudo el beso, intentando hacer lo posible por seguir el ritmo del azabache, no queriendo permitir que le llamara niño esta vez y no queriendo que el contacto de sus labios se rompiera tan pronto. Habían necesitado tanto uno del otro.
Hibari le condujo en la cama y ambos cayeron en ella sin dejar de besarse. Tsuna sentía al azabache sobre él, que se sostenía con uno de sus brazos para no aplastarle y cuando el aire comenzó a serle exigido por los pulmones sin necesidad de que lo dijera el chico pelinegro ya se había alejado de su boca, comenzado a besarle las húmedas mejillas y lentamente descendió por su barbilla hasta llegar a su cuello, entrecerró los ojos ante las sensaciones que le recorrían y sintiendo las mejillas aun mas rojas de lo normal por el cosquilleo que se producía en absolutamente todo su cuerpo. Se sentía realmente bien y no pudo evitar soltar un leve jadeo cuando su piel fue succionada por los labios del otro.
-Kyo…ya – le llamo al mismo tiempo que una mano se colaba por debajo de su camisa, abriendo los botones y acariciándole la piel de una forma que le hacía estremecer. Aquellas firmes manos le recorrieron el abdomen y podía sentirlas sobre sus costillas, subiendo poco a poco a sus pezones, haciéndole gemir levemente.
El pelinegro ya no era del todo capaz de contener sus deseos, quería tocar más y más al pequeño debajo de él y probar el delicioso sabor de su piel mientras dejaba unas cuantas marcas que demostrarían a cualquiera que esa persona le pertenecía a él. Acaricio la piel del castaño como si fuera el objeto mas fino y valioso con el que se hubiera encontrado, le recorrió la piel del cuello con sus labios siendo lo más suave que le fue posible. Una de sus manos se dirigió al pequeño pezón debajo de la camisa del castaño y cuando lo presiono un poco escucho un gemido por parte del menor, no pudo evitar querer volver a hacerlo y como lo esperaba aun más leves gemidos salieron de la boca ajena al mismo tiempo que una de la manos del niño se aferraba a su camisa. Volvió a apoderarse de los labios del pequeño y le beso con la misma pasión que sentía, recorriendo cada parte de la boca ajena con sumo cuidado e infinita atención.
Dejo el botoncito con el que habían estado jugando sus dedos y permitió que su mano volviera a bajar, deslizándose por la piel y bajando poco a poco más allá de ombligo. El niño le empujo un poco los hombros y él se alejo de sus labios deteniendo sus manos en el lugar que estaban. Le beso la frente antes de mirarle a los ojos.
-¿Quieres que me detenga? – le pregunto con un tono ronco que provoco un rojo más fuerte en las mejillas del otro.
Tsuna miro directamente a los ojos negros que le contemplaban con un brillo en ellos que no sabía identificar, la pregunta le tomo por sorpresa pues a pesar de que el mismo planeaba decirle que se detuviera, en cuanto contemplo esos negros ojos se dio cuenta de que no podía decirlo, las palabras simplemente se negaban a salir de su boca. Estaba nervioso pero se sentía bien con las firmes manos ajenas recorriendo su cuerpo y no podía decir que el mismo no deseara continuara. Negó con la cabeza lentamente y volvió a acercarse a los labios del otro.
Teniendo la aprobación del menor, Hibari llevo su mano a desabrochar por completo la camisa que solo le parecía un estorbo la desabrocho y se encargo de deshacerse de ella con rapidez. Recorrió con mayor libertad la parte superior del cuerpo debajo de él y pronto sus manos se dirigieron al pantalón del chico, lo desabrocho sin problemas y se deshizo de él con la misma rapidez con la que había desaparecido el resto de la ropa.
Estaba al pendiente de cada reacción del cuerpo de abajo, sabía que ya era prácticamente imposible pero parte de su mente aun guardaba la suficiente fuerza de voluntad como para alejarse en caso de que el pequeño se lo pidiera. Deslizo su mano con suavidad por las piernas de niño y después la introdujo dentro de la única prenda que les quedaba ahora. Los leves estremecimientos por parte del castaño no se hicieron esperar y sintió como algunos gemidos eran ahogados en medio de su beso, su mano se encontró con el miembro del menor y le tomo entre sus dedos.
Los brazos del chico que rodeaban su cuello se movieron a desabrochar su propia camisa y el llevo sus labios a besar nuevamente su cuello permitiéndole hacer lo que quisiera. Ninguno de los dos parecía tener la intención de detenerse y los dos se estaban dejando llevar por el deseo que se había ido acumulando dentro de ellos. No paso mucho cuando su mano quedo manchada por el semen del menor. Miro el hermoso rostro sonrojado que intentaba no mirarle a los ojos y comenzó a besar poco a poco la ligeramente acanelada piel que tanto le atraía, dio ligeras succiones por todo el pecho al mismo tiempo que escuchaba como los gemidos salían cada vez más fuertes de la boca ajena.
Beso el abdomen extrañamente bien formado del menor y acaricio con sus labios el camino mientras subía, su boca atrapo el rosado botón con el que habían estado jugando sus dedos y dirigió también su atención al otro. El mismo ya estaba demasiado excitado, solo probando el delicioso sabor de la piel ajena, recorriéndola y marcándola como suya y escuchando como el castaño soltaba cortos y suaves gemidos que intentaba ahogar y callar con una de sus manos.
Dirigió su mano a la pequeña boca apartando la mano que intentaba ahogar esos continuos gemidos que soltaba a cada caricia, beso y succión que hacía. El cuerpo reaccionaba en automático a sus manos y a sus labios, y el estaba del todo feliz y complacido ante la idea. Tsuna se lo había dicho, era el único capaz de provocar todas esas sensaciones en el.
– Quiero oírte – menciono en un susurro. Trataba con la mayor delicadeza que podía ese frágil cuerpo entre sus brazos, le era tan suave, pequeño y perfecto que no podía evitar el recorrerlo queriendo dejar su marca en toda esa piel.
Poco después volvió a dirigir su mano a la boca ajena esta vez, acariciando la comisura antes de introducirlos suavidad sus dedos. Tsuna no comprendía el porqué los dedos del azabache se encontraban en su boca pero en cuanto este le susurro un sutil "Lámelos" algo avergonzado y todavía cohibido hizo caso recorriéndolos con su lengua. No entendía del todo lo que hacía pero no podía oponerse a nada que le dijera el pelinegro, confiaba plenamente en el.
Cuando retiro sus dedos de la boca ajena, dejo los pezones con los que había estado jugando y le beso las mejillas.
-Va a dolerte un poco – murmuro a su oído al mismo tiempo que introducía uno de los dedos en la entrada del chico.
-N…no…de…le – su reacción no se hizo esperar y el menor oculto su rostro en la comisura de su cuello.
Se aferro al cuello de Hibari y sin quererlo le mordió el hombro en un ligero impulso.
A pesar de que le dolía confió en Hibari y se dio cuenta de que al mismo tiempo que el dolor se iba apaciguando comenzaba a sentirse mucho, mucho. Un segundo dedo entro y al igual que el primero poco a poco el dolor desapareció dejando a su paso nada más que placer. Cuando el tercero entro ya se sentía lo suficientemente preparado como para soportar el dolor y esta vez se contuvo de morder la piel del azabache.
Cuando Hibari pensó que el menor estaba lo suficientemente preparado saco los dedos de la entrada del menor y se encargo de terminar de quitarse los pantalones antes de apoyar su frente contra la contraria, viendo los hermosos ojos canelas ligeramente llorosos que le contemplaban con algo de miedo.
-Voy a entrar – le susurro con cariño – Confía en mí, no te hare daño – poco apoco acercaba su miembro ya del todo despierto a la entrada del menor – si quieres que me detenga dímelo.
Tsuna no se vio capaz de hablar y solo asintió respirando ruidosamente. Poco después sintió como algo aun mas grande comenzaba a entrar dentro de él y no pudo evitar poner una mueca adolorida pero no pidió que se detuviera. Cerró los ojos y mordió sus labios callando los posibles jadeos adolorido que pudieran salir. La cabeza de Hibari estaba apoyada en su hombro y él le abrazo aguantando lo mejor que podía el dolor, sintiendo sus paredes siendo raspadas y su entrada siendo forzada abrirse aun mas. Sin duda le dolió más que esos tres dedos pero lo que vino después de que el dolor se calmara fue todavía más agradable de lo que había sido antes.
Unas ligeras lagrimas se derramaron por sus mejillas al darse cuenta de la realidad que estaba viviendo, el azabache le miro a los ojos y puedo ver en ellos la misma felicidad que seguro mostraban los suyos. Por fin se había cumplido ese deseo que había tenido desde que tuvieron los labios contrarios sobre los suyos, por fin podía estar unido a él pelinegro como había deseado, en ese preciso momento era un solo ser, los dos estaban unidos al otro de la misma forma en la que lo habían estado deseando casi de manera inconsciente. Sentían sus corazones latir con fuerza y podían escucharlos retumbar por toda la habitación.
Poco a poco el azabache comenzó a mover sus caderas y él se vio imposibilitado para seguir pensando. Era la primera vez en su vida que experimentaba algo como eso y aunque la primera vez que ambos se habían besado pensó que no podía ser más feliz, ahora sabía que había estado equivocado. Sabía que podía soñar estúpido e incluso cursi, pero estaba en un mundo donde solo exilian el y Kyoya, estaba con la persona que mas amaba y por ellos estaba completamente feliz.
Podía sentir el placer en cada célula de su cuerpo y los gemidos que salieron de su boca, no se comparan en nada con lo leves que había soltado antes. El pelinegro parecía más motivado por los continuos gemidos que dejaba salir el castaño y la rapidez con la que le penetraba aumentaba.
-Ah…ah…ha….
Aumento la rapidez con la que se movían sus caderas, era completamente feliz y sentía completo de una manera que nunca en su vida había experimentado. Volvió a tomar entre sus manos el miembro del menor que estaba despierto nuevamente, volviendo a masturbarle al mismo ritmo que la fricción entre su propio miembro y la entrada ajena.
-Kyo…ah….ya….ha…- unas suaves manos le recorrían la mejilla. – Kyoya…-le llamo en un gemido. Su nombre siendo pronunciado de esa forma por esa voz jadeante acompañada de esas mejillas teñidas de rojo, le provocaba más y mas, haciéndole aumentar la fuerza con la que penetraba al castaño.
-Ahh…. - el mismo fue incapaz de contener sus gemidos – Tsu…na…
-Ah…hah….ahh…Kyoya…ah
-Tsuna…ah…Tsunayoshi…ahhh
Pronunciaban el nombre del otro en medio de sus gemidos y con sus reparaciones agitadas a más no poder.
Poco a poco el pelinegro llegaba mas y mas profundo dentro de él y hubo un momento en el que su mente quedo en blanco y fue incapaz de contener un fuerte gemido que le hizo agradecer el que las paredes del castillo fueran lo suficientemente gruesas como para impedir que alguien pudiera oírles, una cuantas veces mas volvía sentir como ese punto que le daba una oleada de placer volvía a ser alcanzado y gimió con la misma fuerza que la primera vez.
Sus labios fueron tomados por los del azabache y el se hundió en todas esas sensaciones que le quitaban el aliento, enredo sus dedos en los cabellos negros y les jalo ligeramente, estaba completamente absorto en todo lo que ocurría. Su miembro era recorrido por la mano del azabache sobre él, sus labios era devorados por su boca y esa persona le estaba haciendo suyo, completamente suyo, se habían unido de una forma que no creyó sería posible.
-Terminare dentro – apenas fueron milímetros lo que se separo de sus labios para decírselo, su voz jadeante pero ronca le hizo sentir ese estremecimiento tan familiar recorrerle la columna.
Sus labios fueron tomados nuevamente y su boca fue inundada por el otro.
Hibari sentía como terminaría en cualquier momento y así fue, no paso mucho tiempo cuando todo lo que se había ido generando en su interior se libero dentro del castaño y poco segundos después el miembro entre sus manos volvía a empaparle junto con su abdomen y el contrario.
El placer seguía latente en su cuerpo pero una oleada de cansancio también se hizo presente.
Salió con el suficiente cuidado de la entrada del menor y se acostó a su lado, de inmediato sintió las mano del pequeño rodearle el pecho y él lo estrecho contra su cuerpo sintiendo sus pieles chocar unas con otras. Tomo las sabanas de la cama y las jalo para cubrir a ambos, cuando volvió a mirar el rostro de Tsuna sus ojos ya estaban cerrados.
Sonrió y acaricio las mejillas ajenas. Ahora en todo el sentido de la palabra esa persona le pertenecía, ese cálido castaño era suyo y si era necesario haría que todos lo supieran.
Cerró sus ojos dejándose envolver por el calor que desprendía el otro cuerpo, permitiendo que el sueño también lo atrapara a él.
-Te amo…
El calor al que se estaba aferrando le llenaba todo el cuerpo y se veía tentado a no abrir los ojos, pero al final termino haciéndolo rindiéndose y queriendo contemplar con sus propios ojos al chico que sabia estaba su lado. Cuando abrió los ojos se encontró con el pecho bien definido del azabache, no pudo evitar sonrojarse al contemplarlo y por leves momentos desvió la mirada. Le era tan extraño el creer lo que había sucedido esa noche, que apenas y era capaz de razonar coherentemente todo lo que habían hecho, su color aumento con solo pensar en la forma en la que el mismo había actuado, encargándose de quitar la camisa del pelinegro y mordiéndole el hombro y el cuello dejando inconscientemente marcas en el cuerpo ajeno, se sentía avergonzado de sí mismo.
Pero ni con toda esa vergüenza podía evitar sentirse más feliz de lo que había estado nunca, esa noche incluso esa pesadilla recurrente se había esfumado sin hacer el menor acto de presencia, todos sus sueños y toda su mente quedo atrapada en una sola persona. Fijo su mirada en el tranquilo rostro azabache que dormía tal como aquella vez le había visto en el avión, solo que a diferencia de ese día una marcada pero ligera sonrisa estaba posada en sus labios.
Levanto su rostro y beso esos suaves labios que le habían enviciado.
Realmente amaba a esa persona y el darse cuenta de cuánto le hizo asustarse un poco. Desde hace unas semanas se había dado cuenta de lo mucho que le gustaba el azabache en medio de ese viaje en jet puede que incluso antes, poco después ese día en el pasillo se dio cuenta de que no solo le gustaba y tampoco le quería, si no que el sentimiento era aun mas fuerte…estaba enamorado de ese antipático y peligroso ojinegro que siempre le salvaba en los momentos de mayor necesidad. Suspiro volviendo a recargar su cabeza en el pecho ajeno, esa misma noche se había dado cuenta de que lo amaba tanto como no había pensado amar a alguien, de una forma que pensó no sería posible, sería capaz de hacer cualquier cosa por ese chico, sabía que por lo general siempre los papeles era diferentes, pero por esta vez quería ser él quien le protegiera, ser lo suficientemente fuerte como para al menos poder combatir a su lado.
Intento alejarse de esos brazos pero estos le volvieron a acercar a su cuerpo, se enredaron a su alrededor con firmeza y cuidado. Sonrió para sí mismo… ¿Qué haría si algo le sucedía Kyoya? A su Kyoya.
Le abrazo con firmeza el torso y cerro sus ojos.
-Ya tome mi decisión….
Notas finales.
Zai: -Derrame nasal- Kyaaaaaaaaaaaaaaaaa!...Kyaaaaaaaaaaaaa! –toma aire- Kyaaaaaaaaaaaa!...yo….como…..eso….maravilloso…. – Le salen lagrimas de felicidad – T_T Fue Hermosos!...Kya!
Sao: *Le palmeo un hombro* respira, toma aire, tranquilízate * Limpia con un pañuelo su propia nariz* Hasta a mi me cuesta no gritar…pero he tenido el suficiente tiempo como para acostumbrarme un poquito.
Zai: es que, es que – también limpia su nariz – Dios!...soy tan feliz!...Ellos dos son tan geniales y hermosos….yo…Kya!
Sao: ¿Ahora comprendes mi emoción? T/T
Zai: Esto lo explica todo!...debieron ver mi espanto cuando yo tranquilamente comía un sándwich mientras esperaba a que ella terminara de escribir (siempre se pierde en otro mundo cuando escribe, si la llegaba a distraer me mataría) en fin, la escuche teclear cada vez más lento y supuse que estaba por terminara y de repente se detuvo. –Chan, chan, chan, chan – en los pocos milisegundos que me gire a verla su boca se abrió y un fuerte "Kyaaaaaaaaa!" salió de su boca O_O, les juro que me imagine hasta un chorro de sangre salir de su nariz
Sao: Jajá…¡se cayó de la silla!
Zai: me espantaste loca!...
Sao: Es que me concentre escribiendo y cuando termine, la oleada de emociones que comprimí en mi cabeza mientras escribía…¡Exploto!...sentí toda la emoción subir por mi garganta hasta que salió en un grito.
Zai: pero fue genial!...Kya!...no puedo dejar de gritar (ya tengo la voz ronca)
Sao: *derramando lagrimas* yo…yo no sé cómo pero logre terminarlo…intente plasmarlo lo mejor que pude en el papel….porque en mi imaginación era…era algo extraordinario que me hacia llorar de la emoción…como quisiera mostrarles mis pensamientos!...ojala inventaran una maquita que lo permitiera!...Les juro que se hubieran desmayado.
Zai: ya, ya T-T…yo también deseo estar en tu imaginación pero no se puede v
Sao: No eres la única, una de mis lectores me ha escrito lo mismo…
Zai: era buena, realmente me encanto, hiciste un buen trabajo – abrazándola con emoción-
Kyaaaaaaa! *saltando juntas tomadas de las manos*
Sao: Gracias!...pero sé que muchos probablemente me querrán matar con el capítulo de la próxima semana o al menos eso creo…la verdad no lo sé aún queda mucho por hacer.
Zai: Yo nunca te mataría…no después de esto –mira a todos lados – por cierto a donde se fue Ikuto?
Sao: No quiso volver a leer el final, ya sabes cómo es…Ahora….
Súper, Megas, Gigantes, Agradecimientos a:
Enma-misery
y a todos aquellos que por algún motivo no pudieron comentar.
Realmente se los agradezco pues gracias a eso pude seguir escribiendo, me esforzare mucho porque no quiero defraudarlos, me dan muchos ánimos y mucha fuerza.
¡Mil y Un Gracias!
*Inclinación 90°*
Sao: Ambas nos despedimos y esperamos no tardar con el próximo cap pues la próxima semana regresamos a clases y puede que sea más difícil pero den por seguro que hare lo posible por actualizar a tiempo.
Zai&Sao: Adios!
