Beyond of Times
by
Aline S.V
Disclaimer: Como siempre, los personajes de la serie Inuyasha son de propiedad de Rumiko Takahashi.
Capítulo X: Look at me, I am a survivor.
Los vi sentados en un extremo, cerca de las escaleras que se dirigían al segundo piso del comedor. Keiko parecía enojada con algo o alguien, lo cual al parecer era bastante habitual, Caleb estaba igual que cuando estábamos en el auto, su cara reflejaba completa despreocupación. Aparte de ellos dos, otras dos personas estaban con ellos, una muchacha de cabello color de fuego y la cara llena de pecas que se distinguían aún a la distancia y un muchacho delgado de cabello oscuro.
¿Qué debía hacer?
Mire a Suzanne y a los mellizos, los tres esperaban con sus respectivas bandejas a que me decidiera, o mejor dicho, Suzanne mantenía su vista fija en mí esperando, los otros sólo se limitaban a expresar su curiosidad con sus rostros.
―Supongo que debo que ir con mi prima, por ahora.
Suzanne suspiró y asintió con la cabeza.
―Estaremos en el segundo piso, por si tu prima llega a atosigarte.
―Bien, parece que no te cae nada bien, Keiko―afirmé.
― ¿Keiko Sato? ―preguntó Leila. Esto de decir el nombre primero es enredado.
―Es mi prima.
― ¡Wow! ―exclamó Samuel―eso es una sorpresa.
―Dejaremos eso para después ¿sí? ―Suzanne al rescate.
―Algún día deben explicarme por qué tanto alboroto con que yo sea prima de Keiko.
―No es alboroto―apresuró a decir Samuel―es sólo que son totalmente opuestas.
―Ni parecido físico tienen―yo sonreí.
―No debería sorprenderte que no nos parezcamos físicamente―Suzanne hizo una mueca graciosa―Keiko es mi prima, no mi hermana.
―Bueno, dejemos el tema zanjado―declaró Suzanne―creo que tu prima te espera en la mesa y sino almorzamos ya, vamos a estar a las apuradas y yo no quiero agarrar una indigestión por eso.
Samuel y Leila soltaron una ligera risa.
―Te lo concedo, yo tampoco quiero una indigestión―reí.
―Nos vemos más tarde entonces, tenemos francés después del almuerzo―yo asentí quedamente, memorizándome el horario por enésima vez en el día, mientras me detenía junto a la mesa en la que estaban sentados Keiko y sus amigos, a los que no presté atención hasta ver desaparecer a mis nuevos compañeros escaleras arriba.
― ¿Suzanne Collins y los mellizos Dickens? ―Keiko bufó, pero no se dignó a quitar su vista del plato de fideos y salsa boloñesa.
―Sí―respondí, restándole importancia al asunto e hice un pequeño gesto a la muchacha pelirroja, cuyo rostro estaba lleno de pecas, para poder sentarme junto a ella―gracias―pronuncié cuando me hizo espacio de buen agrado entre ella y el otro chico.
― Alessa ―se refirió a sí misma con entusiasmo mientras extendía una de sus manos pecosas hacia mí.
―Kagome, un gusto―sonreí mientras balanceaba nuestras manos unidas de arriba abajo.
―El gusto es mío―afirmó ella―cuando Keiko dijo que su prima se trasladaba aquí a estudiar, quise conocerte de inmediato.
―Gracias… de nuevo―reí nerviosa. ¿Me lograría acostumbrar a las maneras informales de los canadienses?
―Lamento haberte dejado sola, Kagome―comentó Caleb de pronto. La expresión en su rostro me hizo pensar que realmente se sentía culpable.
―No te preocupes por eso―me adelanté antes que me dijera otra cosa―Suzanne me ayudó en todo, fue muy gentil desde el comienzo, inclusive, creo que le gusta la cultura japonesa.
― ¡Ja! ―exclamó Keiko.
Ten paciencia Kagome, tu amada prima, está un poco molesta todavía por haberle quemado el cabello sin querer.
―Entonces…―el muchacho de cabello negro dirigió su oscura vista hacia mí.
Él era extremadamente pálido y de rostro delgado, su cabello negro caía hasta sus hombros, pero no le hacían ver afeminado en absoluto.
― ¿Te gusta Toronto?
―Todo lo que conozco de la ciudad es el aeropuerto, la casa y el instituto―sonreí―si te refieres a eso, sí, me gusta Toronto.
Los ojos de él brillaron, me recordó a la mirada de Miroku cuando intentaba conquistar…
Una de sus pálidas manos se levantó, creo que quedé petrificada, porque no puedo mover un solo músculo de mi cuerpo. Desearía tener un boomerang ahora.
¿Sango, dónde estás?
―Cuidado, Blake―el tono amenazante de Caleb me sacó del encanto que suponían los ojos de aquél muchacho. Entonces, vi la realidad, Caleb tenía estirado el brazo por sobre la mesa, agarrando la muñeca del otro.
―Sólo bromeaba―rió el susodicho, entonces volvió a colocarse en una posición no amenazante para mí persona―no es para que te pongas así de bravo.
―Lo que tú digas―dijo él, soltando recién la muñeca de Blake.
Caleb insistió luego en cambiar de lugares con el manilarga Blake con tanta insistencia, que no pasó de ser percibida por Alessa y Keiko, hasta yo misma me sorprendí de la manera seria en que amenazaba al pobre chico. Y cuando estuvo a mi lado, no fui capaz de siquiera mirarle a la cara, porque por un lado Keiko me fulminaba con su mirada asesina y por otro, la mirada casi abrazadora que me dirigía él me intimidaba.
¿Qué había hecho para estar en medio de esta tormenta, se supone que soy una muñeca entre medio de dos corrientes en el mar?
― ¿Quedamos mañana entonces? ―Alessa miraba su reloj de pulsera ansiosa, desde el lugar en el que me encontraba, apoyándome en la puerta de copiloto del jeep de Caleb, encontraba gracioso el tic que tenía en la pierna, parecía un rabito que movía de un lado a otro entre más ansiosa estaba.
―Sí, mañana. Quiero salir del proyecto pronto―Keiko me daba la espalda, pero podía distinguir perfectamente ese tono enojado. Tenía suerte de que mis clases no coincidían con las de ella, porque; sino, sería un desastre.
Me miré en el espejo retrovisor, no me había visto la cara en lo que llevaba de día y quería comprobar si tenía, justamente, cara de nueva. Para mi sorpresa, no me veía exactamente como alguien que estuviera excitada por el cambio de escuela y cultura, más bien parecía cansada. ¿Cansada de qué? ¡Este es mi primer día!
― ¿Te sientes bien? ―Caleb me golpeó el hombro ligeramente. Podía ver su rostro preocupado a través del espejo.
Sonreí de nuevo, ¿cuántas veces llevo haciéndolo durante el día?
Tal vez me encontraba así por la carga negativa que tiene mi prima en estos momentos. Es algo incómodo estar cerca de ella cuando expele tanta negatividad de una sola vez.
― ¿Nunca has viajado en jeep aparte del día de hoy? ―la pregunta vino de repente, pero agradecía que no insistiera con el tema del cómo me sentía.
―Si te soy sincera, jamás me había subido a semejante cacharro.
― ¡Cacharro! ―exclamó como si le hubiera puesto el dedo sobre una yaga―este chico tiene más potencia que muchos otros autos de Barbie que les encantan a los chicos.
No pude evitarlo, solté una carcajada que lo hizo bufar en una respuesta inmediata. Sin embargo, el momento fue gracioso.
―Sube, irás adelante esta vez―declaró cuando terminamos de tranquilizarnos. Keiko exclamó algo que no entendí cuando escuchó la propuesta de su amigo.
―Keiko―pronuncié en un susurro. Me he acobardado, lo admito, pero no es él el que tiene que soportar esas miradas asesinas constantemente sobre la nuca.
―Es sólo un viaje―insistió y me apartó de un solo tirón.
El sujeto era fuerte, extremadamente fuerte, porque a mí me hizo sentir más ligera que una pluma, incluso menos. La fuerza que usó para sacarme de enfrente de la puerta del copiloto ni siquiera le supuso una mueca por esfuerzo.
― ¡No vuelvas a hacer eso! ―exclamé cuando encontré mi equilibrio. Caleb rió, sin embargo e hizo un gesto para que entrara al auto.
¿En qué momento había abierto la puerta? Él era demasiado rápido ¿o yo estaba demasiado concentrada en el hecho de que parecía una hoja de papel comparada con él?
―Caleb ―pronunció Keiko detrás de mí, yo no quise ni voltearme a ver qué tan enfadada estaba.
¿Dónde estaba Alessa en ese momento para que distrajera a mi prima de su incipiente erupción volcánica?
― ¿Qué? ―Caleb le restó importancia al asunto, era obvio.
Ahora que lo pienso, ¿por qué debería ser tan problemático el que me vaya en el asiento del copiloto? ¡Es sólo un maldito asiento!
―Sube, Kag.
Ya, eso puede ser complicado. ¿De dónde nació el apodo?
― ¡Kag! ―rugió.
¡Oh, esto es ridículo!
― ¡Ya estoy aquí, ya estoy aquí!
Alabado sea Heiji, se le ha ocurrido interrumpir este ridícula escena en el momento justo para no morir pulverizada.
― ¡móntate enano, has tardado más de la cuenta! ―exclamó Caleb y eso fue todo. El cataclismo quedó en un segundo plano… por el momento.
Heiji subió las escaleras de tres en tres tan pronto cerramos la puerta de entrada, ajeno completamente, o tal vez haciéndose el desentendido, del ánimo de su hermana. Keiko daba largas zancadas, ignorándome mientras subía las escaleras con la correa de su bolso apretada hasta dejar su puño blanco.
― ¡Vete a tu cuarto! ―exclamó cuando entré siguiéndola a su pieza.
―Este es mi cuarto también, por lo que queda de semana ¿recuerdas? ―no quise sonar cortante, pero soné cortante. Keiko dejó escapar el aire por su nariz, haciendo que las aletas se expandieran y la hicieran ver más enojada de lo que ya estaba― ¿se puede saber cuál es tú problema conmigo?
Keiko tiró su bolso entonces, y con una mano me apartó de la puerta para poder cerrarla de un portazo y ponerle el seguro.
― ¿Cuál es tú problema conmigo? ―respondió ella.
Esto iba a ser una conversación de sordos.
―No lo sé, dímelo tú―insistí―llevo tres días en Toronto, tres días―enfaticé mostrándole tres dedos―y tú me has tratado como si fuera basura la mitad del tiempo que hemos compartido juntas. No sé qué tienes contra mí, si es por lo de tu cabello… ¡disculpa, no era mi intención, fue un maldito accidente que pasó hace años!
― ¡No seas hipócrita, Kagome! ―exclamó ella.
Diálogo de sordos.
― ¿Hipócrita me llamas a mí? ―esto era estúpido, indignante además― no he sido yo la que insulta a las espaldas de la otra, ni he sido yo la que arma escándalos porque hable o no con tus amigos. Ni siquiera entiendo qué tanto te molesta que hable con ellos, y para adornar la torta… haces caras por hablar con los mellizos y Suzanne. Y por favor… no me vayas a venir con que ellos te quemaron el cabello también, porque sería infantil.
― ¡Infantil! ―gritó, su cara se puso roja de la rabia― ¡No me hables como si tuvieras el mínimo de coeficiente intelectual como para enfrentarme!
― ¿Coeficiente intelectual? ―la tipa es una maldita amargada, una muy maldita amargada― ¡no vuelvas a decir que soy una idiota, porque no me conoces, primita, ni siquiera sabes por lo que he tenido que pasar para llegar hasta aquí! ―Keiko se cruzó de brazos y alzó el rostro, me recordó la pose de altanero que Inuyasha tenía. Me hirvió la sangre de inmediato al notar que me estaba mirando en menos― ¡Cuando me mires, niña, mírame bien, porque yo soy una sobreviviente!
― ¿Sobreviviente a qué? ―se burló casi de inmediato.
―No te imaginas a cuánto, Keiko Sato―entonces ella titubeó por la seguridad en mi voz.
La puerta retumbó, la voz de Heiji se oyó de inmediato.
―No pasa nada, estábamos discutiendo―respondí. Tuve que abanicarme la cara, porque mis mejillas se sentían extremadamente calientes.
― ¿Discutir? ―escuché― ¡habrán levantado a los muertos por lo fuerte que gritaban!
Cerré los ojos, él tenía razón.
Martes 03 de Mayo, 19:19 hrs.
La primera pelea de verdad entre las primas, ahora Kagome sabe que Keiko no está resentida por lo de quemarle el cabello, ¿cúal es entonces la verdadera razón para que su prima la trate despectivamente? Teniendo en cuenta su personalidad, ¿alguien adivina cuál es la razón o necesitan más pistas? En los próximos capítulos, nuevas inseguridades y una pisca de melancolía.
Ahora, con respecto al último review y su pregunta, puedes pasar por los primeros capis, allí se aclara que Kagome no sólo pasó tres años infernales tratando de superar su separación de sus amigos, sino que siente que el tiempo le borrará sus rostros de sus recuerdos y que todas sus aventuras las ha plasmado como tesoro en un cuaderno, su Cuaderno de los Recuerdos.
Bien, mis queridos lectores que son tan buenos conmigo, los próximos capítulos serán un poco más extensos de la media.
