Mmm No estoy muy segura de si me gusta como quedo el fic . He estado repasando un poquito los primeros capítulos. Creo que Antonio está demasiado salido y cariñoso, incluso para un neko. xD
Por otro lado, la historia a dado un cambio algo brusco. La próxima vez me haré un esquemita para tenerlo más organizado y actualizare pronto. xD
Bueno, si les gusta a los lectores yo estoy contenta. :D
Me han dicho que ponga disclaimer, así que alla va:
Hetalia no me pertenece. Gracias a dios. Porque si llega a ser mio hubiera puesto tantas bobadas y cosas tan extremadamente gays, que la policía internacional ya me estaría buscando viva o muerta.
Summer Cat
Aquel lugar seguía siendo tan aterrador como siempre. Como la última que estuvieron allí, en los alrededores del misterioso hospital. Solo que ahora, Ludwig y Lovino no estaban solos. Francis y Alfred les acompañaban y esta vez contaban con una gran ventaja: Francis sabía la combinación secreta que abriría el acceso al nivel inferior de ese tétrico edificio.
"Solo disponemos de armas blancas. No es nuestra intención matar a nadie. No somos barbaros y no jugamos con la vida de la gente, como hacen ellos. No las usen si no es estrictamente necesario." – Aclaró Ludwig, sacando del maletero del viejo coche una cajita con diversos objetos que podían servirles como defensa.
Al sacar la caja, Ludwig se sorprendió al encontrar al lado a una cajita de tomates …
"Qué … ¿Qué hace esto aquí?" – masculló con una extraña expresión, temiéndose lo peor. Puso sus manos sobre la tapa e intentó abrir el misterioso recipiente, mientras la caja comenzó a 'hablar' ,gimoteando para que no la abriera. Al final, al usar toda su fuerza para deshacerse de la tapa, Ludwig cayó de culo hacia atrás cuando la tapa cedió.
Alemania lanzó una mirada expectante a la caja para descubrir que sus sospechas eran ciertas. Feliciano estaba ahí dentro mirándole apenado y moviendo frenéticamente los brazos …
Había sido descubierto.
"¡Pero se puede saber que haces aquí!" –exclamó el alemán horrorizado – "¡Te dije que te quedaras en casa, a salvo!"
"¡Pero yo quiero estar contigo Ludwig!"
"Uiuiui. Escena pastelosa" – anunció Francis.
"Doitsu. Sé que esto es peligroso, y que te preocupas por mí …" – murmuró Feliciano, con un tono inocente y muy suave, que a oídos de Ludwig sonó como una melodía celestial – "Pero yo también me preocupo por ti. No puedo estar tranquilo sabiendo que te juegas la vida y yo no tendré la más mínima posibilidad de poderte ayudar."
Sus manos envolvieron con delicadeza las manos del rubio. Cruzaron sus miradas, una color marrón tierra y otra azul cielo. Se perdieron en la infinidad de los ojos de su amor y amante.
"Feliciano …" murmuró Ludwig, sintiendo la brisa cálida del amor (?) acariciando su piel y transportando miles de pétalos de flores de cerezo (que ni siquiera florecían en esa época del año … ).
Y el ambiente cada vez se notaba más y más pasteloso y cursi … y gay …
"No quiero perderte. Si nuestro amor es tan grande, por favor, pasemos por esto juntos, apoyándonos mutuamente. Preocupémonos juntos el uno al otro. Te quiero Doitsu."
Más pétalos les envolvieron …
"¡Y-Yo también te quiero!" – murmuró Ludwig emocionado, aunque intentase ocultarlo.
Mientras, Francis observaba la escena muy rojo y poniendo una expresión que es mejor no describir para conservar la estabilidad psíquica y mental de la humanidad. Por otro lado, Lovino se tiraba de los pelos en una esquina y se daba cabezazos contra una roca. Alfred simplemente comía palomitas y tomaba sorbitos de su refresco, sacado de no se sabe dónde, mientras observaba la escena con aire aburrido.
"¿Vamos a estar así toda la vida o qué? Se supone que somos un equipo de rescate. ¿Qué hacemos aquí parados?" – protestó el americano.
Francis fue enviado a rastrear la zona para comprobar que no había peligro antes de entrar. Era el más indicado, puesto que sus reflejos felinos le otorgaban mayor ventaja y rapidez. Alemania también podría haberlo hecho, ya que era un hibrido como él, pero no quiso separarse de Feliciano. Había aceptado la ayuda del italiano, pero no pensaba dejarle solo.
Se ocultaron en los arbustos, procurando hacer el menor ruido, hasta la llegada de Francis.
"Todo en calma"- afirmó el francés, dando un ágil salto desde una rama y llegando de improvisto hasta el escondite de sus compañeros.
"¿Estás seguro?" – preguntó Lovino desconfiado.
"¡Claro que si! ¿Te crees que me he estado tocando las bolas todo este tiempo o qué?"
"A lo mejor …" - dijo Lovino con doble ironía, tan dulce como siempre.
"Bien chicos … llegó la hora de la verdad." – Concluyó Alemania. – "Debemos darnos prisa. Hay que encontrarles antes de que les inyecten el AF3."
"¿Qué mierda es eso, bastardo?" – preguntó alarmado el italiano.
"Su tratamiento prolongado borra la memoria" – contestó con preocupación - "No perdamos tiempo. Colémonos en el edificio e introduzcamos el código."
Todos asintieron, conscientes de que todo esto podría acabar bien, o francamente, muy mal.
Y la segunda opción tenía muchísimas más posibilidades de cumplirse …
La puerta se abrió con un chirrido irritante. El código había sido aceptado y ahora se encontraban directamente frente a la larga fila de escaleras que descendían en espiral por un estrecho y profundo abismo.
Tragaron saliva nerviosos. Debían bajar en completa oscuridad para no ser descubiertos.
Y así lo hicieron, con pasos prudentes y silenciosos, comenzaron a descender por aquella infinita oscuridad. De escalón a escalón. Paso a paso. Temerosos de encontrarse por el camino con alguno de sus enemigos. Se sentían como si se estuvieran adentrando directamente en las fauces de un lobo.
Al poner un pie en cada escalón, este producía un irritante chirrido, que en ocasiones les sobresaltaba. Sus rodillas temblaban ante cada sonido inesperado que podía oírse a su alrededor, en la oscuridad. El corazón se aceleraba, presa del miedo. Sabían que se estaban jugando su libertad ... e incluso su vida.
Lovino, a quien nunca le agradó la oscuridad, decidió sacar su móvil. Con la tenue y débil luz del aparato, que no llamaba demasiado la atención y no suponía un peligro, ayudó a los demás a orientarse en aquel inquietante lugar.
Una vez llegaron al final de las escaleras, con cierto alivio al pisar suelo firme, descubrieron otra puerta de acero. Se volvió a introducir la contraseña, y esta se abrió. Tras ella, había una sala iluminada. Ya no podrían camuflarse tan fácilmente.
Con sus corazones bombeando rápido ante la creciente tensión, el equipo se aventuró y dio un paso al frente, entrando en la sala.
Por fortuna, estaba vacía.
Contemplaron el lugar.
Miraras por donde miraras, lo único que se veía era blanco. Todo blanco.
Camillas, sabanas, paredes. Todo.
Grandes y largos focos en el techo iluminaban el recinto, tan silencioso y muerto que provocaba escalofríos.
Dos posibles caminos se expendían ante sus ojos. Ambos eran dos pasillos idénticos. Parecían infinitos e inquietantemente silenciosos.
"Tenemos que separarnos" – susurró Alemania en un tono muy bajo, consciente del tenso y denso ambiente que se respiraba en el recinto. – "Feliciano se viene conmigo. Lovino, Alfred y Francis podrían tomar el camino de la derecha."
"Y por qué yo con vosotros" – preguntó Alfred con curiosidad.
"Porque no podemos dejar a Francis solo con Lovino ... o contigo, o con alguien …"
"Me discriminan" – Se quejó el rubio fingiendo estar dolido, aunque en realidad sonrió un poco.
"No es discriminación. Es sentido común " – murmuró Lovino con sarcasmo, adulando por una vez en su vida la forma de pensar de Ludwig.
"En marcha entonces." – susurró decidido el americano.
Y así, el grupo quedó dividido. Ambas partes se aventuraron a avanzar por los blancos y estrechos pasillos, buscando en ellos sus preguntas sin resolver y la verdad escondida en un aura de misterio y secretismo.
Una pregunta común resonaba en lo más recóndito de sus mentes.
"¿Por qué crearon a estos seres y cuál es la verdadera razón por la que los retenían en este lugar?"
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Con Francia, Alfred y Lovino:
Francia iba en cabeza, guiando a los dos humanos por el pasadizo. Se orientaba por medio de sus recuerdos, borrosos y confusos , que aun poseía sobre esta área prohibida.
El olor a humedad era muy fuerte. Casi tanto como el olor a cerrado. Era bastante agobiante caminar por esa zona. Hacía calor, a pesar de los conductos ventilación instalados en el lugar.
Sentían el peligro acechar a cada esquina.
¿Dónde se encontrarían esos dos propietarios que jugaban con la vida de sus nekos? No lo sabían. Por eso su angustia crecía a cada paso.
Al llegar por fin al final del pasillo, se toparon con una bifurcación.
"No deberíamos separarnos más" – susurró Lovino, mirando a ambos caminos.
"No. Es por aquí" –Afirmó Francis con total convicción, señalando hacia el camino de la derecha – "La Sala de la Resurrección" - concluyó con un tono de voz oscuro y serio, más hablando para sí mismo que para los demás.
Al continuar por el camino señalado, los presentes quedaron boquiabiertos con lo que se encontraron.
Una gigantesca habitación rodeada de extraños aparatos con infinidad de botones y palancas. En su centro, cinco enormes tubos, llenos de un extraño liquido verdes que prácticamente iluminaba toda la sala, tiñéndola de distintas tonalidades de verde. Iluminaciones verdosas reflejadas en paredes blancas, creando extrañas sombras y reflejos.
"Sala de la Resurrección" – confirmó Francis con tono solemne - "También llamada: Sala de las Incubadoras."
"E-Esos tubos … con esa cosa asquerosa … s-son …"
"Incubadoras. Así es. Todos venimos de ahí. Por mucho que haya recuperado la memoria, yo nunca he podido recordar absolutamente nada de mi vida antes de despertar en este lugar por primera vez. Me pregunto si alguna vez los nekos tuvimos vida antes de llegar acá. Yo antes creía que nos crearon aquí, con cuerpo humano en estado adulto. Pero Alemania dice que se acuerda de jugar con Prusia en el exterior … cuando ambos eran niños. Desde que se despertó de su letargo en la incubadora, él siempre supo que era su hermano. Supongo que eso significa que teníamos una vida normal antes de llegar aquí. Sin embargo, no podemos recordar nada más. Es como si se hubiera borrado por completo esa parte de nuestras vidas. No recuerdo mi infancia. Ni siquiera mi adolescencia. "
Mientras escuchaba el relato de Francia, Alfred se dirigió a las incubadoras y tocó la superficie de vidrio, inspeccionándola con detenimiento. Estaba helada. El frió entumeció sus dedos y permaneció en su piel.
"¿Solo hay estas? ¿Cinco incubadoras?" – preguntó Alfred sorprendido, mirándolas con atención.
"Si. Somos cinco en total."
"¿Cinco …?" – repitió el americano pensativo – "Alemania, Francia, España, Prusia y … ¿y quien más?"
"¡Él!" – Exclamó Francia al comprobar que la incubadora situada al fondo de la sala no estaba vacía …
En ella, un pálido rubio con grandes orejas de gato yacía inmóvil, flotando en ese extraño liquido verdoso, viscoso y burbujeante. Su cola envolvía su cuerpo, que flotaba ingrávido en posición fetal.
Alfred amplió sus ojos a más no poder. Con pasos temblorosos, se fue acercando a la incubadora. Su corazón bombeando en su pecho. Sus ojos no podían dar crédito a lo que veía. No podía desviar su mirada, clavada en aquel ser.
¿Conocía a ese hombre?
No.
No podía ser.
Sus rasgos son diferentes, sin embargo, guardaba cierta similitud. Se parecía mucho a su antiguo cuidador. El que venía a cuidarle de pequeñito a su casa, en América.
Sin embargo, a pesar de la similitud, no eran la misma persona.
No …
Eran bastante distintos, ahora que lo miraba con detenimiento.
Porque ese ser era simplemente …
"Hermoso …" – murmuró, acariciando el cristal frio como el hielo.
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Alemania y Feliciano:
Alemania y Feliciano caminaban el uno junto al otro, pendientes de todo lo que ocurría a su alrededor.
Feliciano se dejó guiar por el alemán, atravesando numerosas salas hasta que llegaron a una en especial. Era grande y circular. En sus paredes, decenas de celdas con barrotes se encontraban empotradas a la blanca superficie.
La sorpresa de Alemania fue grande al descubrir a cierta persona apoyada sobre los barrotes de una de esas celdas.
El susodicho pareció advertir su presencia, ya que se giró levemente para encontrarse cara a cara con aquellos que le interrumpían en su solitario encierro. Sus ojos rojos como el rubí parecieron brillar con una chispa de alegría al contemplarles.
Permanecieron inmóviles, incapaces de creer lo que estaban viendo, hasta que no quedo duda alguna. No era una ilusión. ¡Era real!
"¡Oh dios! ¡DIOS MIO! ¡Hermanito! ¡Has venido a salvar al increíble yo! No es como si el increíble yo necesitara ayuda … ¡pero es muy amable por parte de hermanito! "
"¡Hermano! " – Gritó Ludwig emocionado. Al fin volvía a verlo. ¡A su adorado hermano! Seguía tan cabezota y narcisista como siempre, pero aún así, no pudo evitar que en sus ojos se acumularan pequeñas lagrimillas de felicidad y meneó su rabito de un lado a otro, extremadamente contento. Corrió en dirección a la celda y abrazó a su hermano entre los barrotes, sollozando ligeramente. Prusia le devolvió el abrazo enérgicamente mientras sonría de oreja a oreja socarronamente.
"No es como si el increíble yo estuviera llorando, pero el increíble yo se alegra de ver a hermanito sano y salvo" – lloriqueó Prusia, meneando sus orejitas.
Mientras, Feliciano no pudo evitar sonreír presenciando la escena, contagiado por la cálida sensación de un feliz reencuentro.
¡Al fin Doitsu había encontrado a su hermano!
Los acechaban.
Una figura misteriosa observaba la escena del reencuentro. Su pelo era blanco y sus ojos eran de color violeta, el mismísimo color del miedo.
Su mano sujetaba un arma peculiar.
No había escapatoria posible.
Una alarma sonó repentinamente. Su ensordecedor pitido sobresaltó a Alfred, Lovino y Francis, que miraran a todos lados, temiendo lo peor .
Las bombillas rojas iluminaron la sala, provocando más caos y confusión.
"¡Nos han descubierto!" – gritó Francis. – "¡Tenemos que salir de aquí!"
"¡Hay que sacar a este chico de ahí!" – exclamó el americano. – "¡No podemos dejarlo atrás! "
Se abalanzó sobre la incubadora, tecleando cualquier botón con la esperanza de dar con el correcto. La maquina emitió un pitido al pulsar el botón de extracción, justo al lado del nombre del espécimen:
Sujeto nº 5 Inglaterra.
El liquido viscoso comenzó a descender. Finalmente, la incubadora se abrió. El neko cayó en brazos del rubio, inconsciente y débil.
"¡Vámonos!" – Gritó Francis. Si no se apresuraban no saldrían de allí jamás.
Jamás …
"¡Y qué pasa con Antonio bastardos! ¡No me iré sin él!"
El ruido de un disparó tomó a todos desprevenidos. A los pocos segundos, Lovino y Alfred vieron como Francis caía al suelo inconsciente. Una especie de dardo con un liquido transparente estaba clavado en su cuello.
Un hombre japonés, de pelo corto y ojos oscuros como dos abismos, lo miraba sin emoción aparente. - "Sabía que tarde o temprano volverías a por tus compañeros"
¿Este hombre es el causante de esta locura? - pensaron frenéticamente, presas del miedo. Estaban perdidos. Habían sido descubiertos.
Entonces, el hombre desvió lentamente su mirada gélida hacia los dos humanos.
Lovino y Alfred comenzaron a correr, pero antes de salir de aquella sala, Lovino fue alcanzado por uno de esos dardos, y cayó al suelo. Derrotado.
En medio del ensordecedor pitido, las luces rojas como la sangre, y toda esa locura, el americano huyó, llevando en brazos al 5º neko, el menor de los cinco.
La puerta de acero estaba cerca. Muy cerca …
Pero cuando se acercó a paso atropellado a la salida, sintió un agudo dolor en el cuello.
Un dardo.
"¿P-Por qué?" – susurró abatido mientras caía al suelo, aferrándose al neko que yacía en sus brazos.
Una lagrima escapó de sus ojos.
Y cayó al suelo.
Su visión se volvió oscura.
Sus músculos se entumecían.
Su consciencia le abandonaba.
Todo estaba perdido.
Habían fracasado.
FIN
Que no. Que no es el fin. Es solo por fastidiar ...
En el próximo capitulo se aclararan todas las dudas que están en el aire: el origen de los nekos, el por qué de todo y blablabla
PD: La canción del titulo es muy bonita, según yo. :3
