X. Un doloroso paso hacia atrás
Nowaki no daba crédito a lo que acababa de oír.
— ¿Masamune... qué? —preguntó de nuevo, por un momento dudó de haber escuchado correctamente.
—Está vivo, Nowaki. Él escapo del Sr. Usami con vida. Nosotros les mentimos —repitió Kaoru con firmeza.
Masamune gozaba de admiración de parte de casi todos en el clan, era una persona un tanto distante a decir verdad, pero también era muy disciplinado, honesto, y sensato. Hasta donde Nowaki podía recordar, su departamento siempre estaba lleno de libros igual que el de Hiroki, siempre le recomendaba algunos porque, en su percepción, necesitaba alguien con cerebro para discutirlos. Hace poco más de un año, cuando el Sr. Usami les dijo que había muerto durante un trabajo a manos de la policía se sintieron muy abatidos, pero ahora escuchaba que estaba vivo y que había huido... no sabía que pensar.
—¿Por qué mintieron? —preguntó intrigado.
—El Sr. Usami lo consideró una medida para que el resto no se revelara y siguieran su ejemplo. Y asignó a alguien a cazarlo, pero de una forma u otra siempre logra escabullirse —contestó Kaoru—. Nowaki, sé que puede resultar muy... cínico pedirte esto, pero... si encuentras a Masamune y lo pones de nuestro lado sería de muchísima ayuda.
Nowaki lo reflexionó por unos momentos, encontrar a Masamune podría servir mucho a sus propósitos como Kaoru había dicho, pero... ¿Dónde estaba? ¿Por qué había huido? ¿Estaría de verdad dispuesto a ayudarlos?
—Esto no es una trampa, ¿verdad? —inquirió. Kaoru exhaló un suspiro.
—Puedes dudar de mí si quieres, pero tu vida, la de Kamijou, la de sus compañeros, la mía y la de Ryuichiro ahora están en riesgo... ¿Tú crees que te habría dicho que Masamune está vivo si esto fuera una trampa? ¿Sabes en el riesgo que me he puesto para venir hasta aquí? En cuanto el Sr. Usami se entere que sabía dónde estabas y no se lo dije me pondrá una bala en la cabeza... o peor... se la pondrá a Ryuichiro conmigo al frente. —Apretó las manos—. Yo solo quiero sacarlo a él de todo esto.
Nowaki vio la desesperación en sus ojos y finalmente accedió.
—Está bien, buscaré a Masamune —contestó decidido—. Sólo espero que cumpla con su palabra y pueda darnos el tiempo necesario... sin trampas.
—Tienes mi palabra —aseguró Kaoru levantándose para irse—. No puedo estar demasiado tiempo aquí, pero hallaré la forma de mantenerte al tanto de lo que esté pasando.
Nowaki lo acompañó hasta la puerta para despedirlo.
—Gracias por su ayuda —dijo con sinceridad.
—No estoy haciendo esto solo por ustedes, pero digamos que en cierta forma me motivaste a hacerlo. Tardé demasiado en tratar de sacar a Ryuichiro de esto —respondió con franqueza—. A propósito, debes cuidarte el doble, Mino sólo fue el comienzo... Todos están tras tu pista.
—¿Ellos también? —preguntó un poco desalentado. Kaoru comprendió que se refería a sus hermanos.
—Sabías que esto sucedería. El señor Usami ha sido muy tajante en que se te extermine sin miramientos, especialmente con ellos ha sido muy exigente en ese aspecto.
Nowaki bajó la cabeza, es verdad, sabía que sucedería, pero una cosa era pensar las cosas y otra era vivirlas. Aunque se considerara iluso, había albergado la posibilidad ínfima de que sus hermanos lo buscaran para protegerlo, en lugar de Kaoru.
—Supongo que tiene razón —suspiró.
Kaoru le dirigió una última mirada simpatizante. Ahora volvían a pertenecer al mismo bando.
—Suerte en tu búsqueda —le deseó antes de irse.
Apenas se cerró la puerta, Hiroki salió de la habitación y fue a la cocina. Recordó el beso y se sonrojó como un tomate, se recriminó que no debía pensar más en eso, que debía estar enojado con Nowaki por sacarlo de la conversación que sostenía con Kaoru... ¿No quería que se generara una opinión de él basada en sus actos? Pues con éste no había generado una muy buena.
—Si tienes hambre puedo prepararte algo de comer —dijo Nowaki con voz dulce y Hiroki lo considero un descarado ¿Acaso había olvidado todo ya?... Idiota.
—No hace falta, gracias —contestó cortante. Un silencio incómodoo se apoderó del salón.
—Hiro, yo...
—No hace falta que te expliques. Tenías tu vida, yo la mía. A mala hora vinieron a combinarse —soltaba aquellas frases con furia aunque no las sintiera de verdad así. Estaba indignado... ¿cómo pudo sacarlo así? ¿Estaba pintado en la pared?
—Hiro tu no entiendes...
—¿Qué quieres que entienda? No hace falta entender nada —espetó casi histérico— Tú conoces a esa persona desde hace un buen tiempo, ¿no? ¿Quién soy para decirte que debes contarme y que no?
—Si esto se trata del Sr. Asahina déjame explicarte que...
—¡Que no hace falta, Nowaki!— gritó apretando los puños—. Ustedes son todos un clan... tú los consideraste tu familia, sin embargo te cazan y tú les muestras consideración, guardando sus secretos y confiando en sus alianzas. ¿Qué te asegura que él no irá corriendo a donde Usami y le dirá dónde estamos? ¿Que puede poner en peligro a quien ama? ¡Tonterías! ¡Es un iluso si cree que todo el que se involucre en esto está exento de daño! ¡Y tú eres aún más iluso por ayudarle ciegamente!
— ¡Ya deja de juzgarme! —Nowaki gritó furioso. Los ojos de Hiroki se abrieron como platos; era la primera vez desde que estaban juntos que se habían gritado así—. Yo quiero hacer esto, yo confío en Asahina, creo en que podremos salir de esto vivos, creo en que puedo reivindicarme y salvarte ¿Es eso tan malo? ¡Déjame decidir en quién confiar!
Hiroki aún lo miraba sorprendido sin saber cómo responderle, era como si las palabras hubieran desaparecido de su garganta. Nowaki aun lo miraba furibundo, con el ceño fruncido y los puños apretados.
—Saldré un momento a tomar aire. Con permiso —agregó en voz baja antes de salir. Hiroki siguió en el sitio sin saber cómo reaccionar.
Los pensamientos de Nowaki eran un desastre mientras caminaba sin rumbo, por un lado se sentía arrepentido de haberlo gritado así, pero por otra parte consideraba que el otro sólo estaba menospreciando sus decisiones, dudando de sus actos... ¿No había escuchado cuando le dijo que él era lo más valioso? ¿Que sólo quería protegerlo? ¿Por qué se le hacía tan difícil confiar en él?
"Tenías tu vida, yo la mía. A mala hora vinieron a combinarse."
Esa frase le resultaba dolorosa ¿Consideraba su encuentro una maldición? ¿Solo había causado problemas desde que apareció? Un curioso dolor cruzó su pecho.
El amor era un asunto muy difícil.
El gélido viento nocturno movió sus cabellos mientras caminaba hacia un pequeño parque vacío y recordó sus días de infancia, tan lejanos que sólo podían llenar su corazón de melancolía.
"Nowaki por favor no corras tanto, te puedes caer"
"Dejen de pelear niños... ¿Puedes ayudarme Nowaki por favor?"
"Gracias Nowaki"
Se sentó en una de las banquetas y con la cabeza hacía atrás acarició aquellas memorias... sus emociones pasadas estaban a flor de piel, y a pesar de todo el daño, de la cacería... él no podía odiar a nadie, en su corazón no cabía lugar para eso. Estaba consciente de que todo lo que había pasado y lo que estaría por pasar eran las consecuencias naturales de sus actos, no podía responsabilizar al Sr. Usami, o a Kaoru, o a Hiroki, incluso no podía juzgar a sus hermanos por no perdonarlo; él los había dejado desde un principio.
Sintió un extraño movimiento en unos arbustos y entró en alerta. Ahora que lo recordaba, no debió dejar a Hiroki solo en la casa, podrían atacarlo. Se sintió increíblemente estúpido por haberse dejado llevar por sus emociones y se incorporó dispuesto a volver, pero una sombra lo interceptó trancándole el paso.
—Buenas noches... hermano —susurró con media sonrisa en su rostro juvenil.
—Kou —contestó Nowaki sin devolverle el gesto. La sonrisa del chico se borró para cambiarse por un rostro severo y lleno de ira—. ¿Cómo..?
—¿...te encontré? Fue tan predecible que me resultó difícil de creer. La verdad estoy decepcionado —dijo sacando un cuchillo de una de las mangas de su espeso abrigo—. Basta de charlas. A lo que vine.
Se lanzó a atacarlo, Nowaki lo esquivó como pudo, lastimándose el hombro de nuevo en el proceso.
—¿Eso es todo? —preguntó mientras volvía a atacarle.
Nowaki sintió como el hombro le punzaba de dolor, pero no podía demostrarlo. Girando en el suelo tomó la tapa de uno de los botes de la basura para protegerse de uno de los cuchillazos.
Kou bufó exasperado y sacó otro cuchillo de la manga restante; Nowaki por poco evitó que le cortara el rostro cuando lo abanicó sobre su cara y entendió que defendiéndose de esa manera no duraría demasiado. Kou lo tenía acorralado y el sólo podía defenderse con la tapa por el momento.
—Si vas a hacer ese movimiento tan cobarde ¿por qué no dejas que te mate de una vez? —preguntó frustrado. Había demasiada rabia dentro de él. Nowaki recordaba como si fuera ayer su sonrisa jovial, su carácter amable y afable. La forma en la que se pegaba a Kisa todo el tiempo con una sonrisa brillante como las estrellas.
La mirada que le dirigía ahora era la del niño rabioso que llegó a sus manos, que no permitía que nadie se le acercara.
—¡Kou, tienes que parar esto! —exclamó mientras seguía evadiéndolo sus ataques buscando con qué defenderse.
—¿Por qué? —seguía atacando sin acertar. Se detuvo en seco—. ¿Cómo pudiste traicionarnos? ¡Nosotros éramos una familia! ¡El Sr. Usami nos dio todo y tú...!
Los amargos recuerdos cruzaron su memoria a gran velocidad, las sombras, el llanto, la muerte, el rescate, la segunda oportunidad... el amor.
—Estás equivocado —exclamó Nowaki tratando de controlarlo.
—Traidor —masculló con la mirada sombría—. Muere.
Kaoru llegó al lobby del piso donde estaba su departamento, junto al que Nowaki y Masamune solían ocupar. No pudo evitar exhalar un suspiro. Sus pupilos habían sido tan valientes al liberarse de sus cadenas, se decepcionó un poco de sí mismo cuando se percató de que los alumnos tuvieron mejores virtudes que el maestro.
—¿Puedo saber si ese suspiro es por mi esposo? —preguntó Yui a sus espaldas, sentada en el sofá con una copa en la mano llena de un líquido rojo. Lo miraba inquisitivamente, se habían perdido el respeto hace tiempo.
—Yo no te debo explicaciones —soltó a modo de respuesta—. ¿Qué haces aquí?
Yui colocó la copa en la mesita frente al sofá y caminó hacia él.
—Yo solía respetarte Kaoru... solía admirarte. Nowaki hablaba tan bien de ti; de tu disciplina, de tu firmeza, de tu rectitud —bufó entre dientes—. No eres más que un hipócrita.
Kaoru la miró indiferente. Tenía cosas que merecían más preocupación que los repentinos reproches de Yui.
—Quiero que me digas dónde está Nowaki— demandó sin vacilar. Kaoru sintió como su corazón de detenía por unos momentos.
—No sé todavía dónde está —contestó manteniendo la calma.
—Generalmente no tardas tanto en hallar a alguien... ¿Estás perdiendo facultades?
—Eso no te concierne —contestó abriendo la puerta de su departamento. Yui lo tomó del brazo.
—¿No estas ocultando algo?
—No tengo idea de que rayos estás hablándome —contestó mirándola con desdén— Deberías estar en tu casa. Estás ebria.
—Yo no tengo casa —respondió soltándolo—. Ni hogar, ni familia, ni esposo porque tú me lo quitaste, ni hermanos porque ese maldito fiscal y Kisa me los quitaron... Todo lo que tenía ustedes me lo han arrebatado.
—Las personas no te pertenecen, Yui... no son objetos. Ni Ryuichiro, ni Nowaki, ni Yukina son de tu pertenencia. Son personas con vidas propias...
—¡Cállate! —le interrumpió apuntándole con el dedo—. Tú eres el peor de todos... refiriéndote con tanta familiaridad a mi esposo... eres de la misma calaña que Kamijou Hiroki. Eres despreciable Kaoru.
—Tú nunca quisiste a Ryuichiro, ¿a qué vienen tus reclamos?
—A que ustedes no tienen ningún tipo de vergüenza... regodeándose de su descaro frente a mí, sin ningún tipo de respeto o decoro... ¡bastardos desgraciados! —exclamó lanzándose sobre él golpeándole el pecho con los puños cerrados.
—Oigan, ¿ustedes no han visto a Kou?— preguntó un muchacho de cabello negro y rostro infantil, sus ojos lucían preocupados.
—¡Miren a quien tenemos aquí! ¡Al otro ladrón! —gritó Yui enseñando a Kisa.
—Yui, no de nuevo —soltó mientras se acariciaba las cienes. Yui se acercó a él.
—¡Kou era un muchacho tierno e inocente que tú pervertiste! —comenzó a gritarles a ambos—. ¡Ustedes son unos enfermos desvergonzados!
—Yui, ya basta —dijo Kisa mirándola con severidad—. ¿Kou no te prohibió que bebieras?
—Kou, Kou, Kou... ¡Deja de usar su nombre! —comenzó a llorar—. Ustedes me han dejado sin nada... ¡Los odio!
Salió de la habitación sollozando como una niña. Kisa exhaló un profundo suspiro.
—Es desesperante cuando se pone así. Entonces... ¿no lo has visto?
—No —contestó Kaoru—. Yukina siempre anda pegado a ti. Si tú no sabes dónde está, dudo que alguno de nosotros lo sepa.
Kisa suspiró y miró hacía la ventana.
—¿Dónde se habrá metido ese tonto?
Ambos jadeaban a pocos pasos de distancia sin haber podido tocarse un pelo.
Nowaki se hizo de un tubo metálico de un viejo edificio cercano para poder repeler los ataques de Yukina, quien se aventaba hacia el cada vez con más furia y decisión, pero en su empeño por evadir sus ataques se lastimó el hombro un par de veces y tenía unas cuantas cortadas en la camisa y en el rostro.
Yukina por su parte, además de un par de golpes, no tenía ninguna herida física, pero la frustración de no haber podido matarlo aún lo descontrolaba. No podía permitirse regresar derrotado.
—Kou —dijo casi suplicándole mientras se sostenía el hombro—. Entra en razón... Esto no está bien, viste lo que pasó con Tōdō, sabes lo que le pasó a Mino... en cualquier momento se desharán de ti... o de Kisa...
—¡A él no lo metas en esto! —exclamó furioso—. Tōdō era un traidor... igual que tú.
Intentó cortarlo de nuevo, dándole de lleno en el pecho haciendo un corte transversal. Nowaki se cubrió la herida con la mano que se llenó de sangre en un instante.
Kou esbozó una media sonrisa y sacudió el cuchillo para limpiarlo un poco.
—Te has vuelto lento... ¿Un mes con ese fiscal te hizo tanto mal? —se lanzó sobre él y lo tomó del cuello de la camisa mientras echaba el cuchillo hacia atrás para tomar impulso.— Ya quiero escuchar el sonido de su garganta cuando la rebane.
Iba a atestar el cuchillazo a toda velocidad cuando Nowaki sintió hervir de rabia sus entrañas ante esa amenaza. Cuando el cuchillo estaba sólo a centímetros de su pecho tomó a Kou de la muñeca y lo giró sobre su espalda invirtiendo sus posiciones iniciales, echándole el brazo hacía la espalda para inmovilizarlo.
—Siempre has bajado la guardia cuando haces eso —susurró en un gruñido rabioso mientras colocaba el filo del cuchillo en la garganta del castaño— veremos que garganta es la que suena ahora.
Kou temblaba ligeramente mientras el miedo se apoderaba de él al no poder soltarse de su agarre. Entonces supo que Nowaki iba en serio, lo sintió en su respiración frenética, en la forma en que apoyaba el filo en su garganta, podía sentir como el frío metal comenzaba a perforar superficialmente su piel.
Unas sirenas comenzaron a escucharse cerca de ellos. Eso sacó a Nowaki de su estupor, reaccionando frente a lo que estaba por hacer soltó el cuchillo tembloroso y se alejó de Yukina quien se cubrió el cuello con la mano.
—K-Kou... yo —titubeaba mientras temblaba de terror a sí mismo. Estuvo a punto de matar a su hermano.
—Esto no se ha terminado —gruñó el otro desapareciendo en las penumbras.
Nowaki se miró las manos lleno de miedo.
—¿Pero qué rayos estuve por hacer?
Kou llegó al departamento jadeando mientras se cubría la herida. No era que la herida fuera grave, sino porque por primera vez sintió tanto miedo que la respuesta automática de su cuerpo fue correr hasta que llegara a lugar seguro, y ese lugar era junto a Kisa.
Cuando el pelinegro lo vio entrar en ese estado; sintió que envejecía veinte años de un solo golpe.
—¡Kou! —exclamó angustiado mientras lo socorría—. ¿Que rayos te pasó?
El otro sólo lo abrazó con fuerza. Kisa sintió como temblaba de miedo.
—Ya... tranquilo. Está bien —susurraba palmeando su espalda.
Nowaki regresó a la casa casi arrastrándose, se sentía terrible física y emocionalmente. Se había lastimado el hombro de nuevo, siendo incapaz de levantar el brazo, tenía una herida enorme en el pecho y estuvo a punto de matar a alguien de nuevo. Si a eso le agregaba que hacia un par de horas él y Hiroki habían discutido era un día para borrar del calendario.
Lo peor de todo era que ya Kou sabía dónde estaban, eso no les dejaba mucho tiempo, por mucho que Kaoru hubiese intentado ocultarlos, al descubrir otro de los conejos su ubicación no tardaría en decírselo al señor Usami.
Abrió la puerta y se tiró al sofá. La herida le ardía mucho y sentía ganas de llorar de impotencia. Él había prometido que cambiaría, pero su viejo yo lo había dominado de nuevo.
—¡Santos cielos, Nowaki! —exclamó Hiroki acercándose casi desesperado inspeccionando sus heridas—. ¿Que te ha pasado? ¿Quién hizo esto?
—Hiro... yo —musitaba débil. Había perdido una cantidad importante de sangre. Hiroki pensó que si no hacía algo moriría y un dolor punzante se apoderó de su corazón.
—Aguanta voy por algunas vendas. Hay que detener ese sangrado. — No podía llamar a Shinobu a esas horas, era una imprudencia de su parte, tendría que hacer su mayor esfuerzo o Nowaki... No, trató de sacudirse esos pensamientos mientras ponía el departamento patas arriba buscando una caja de primeros auxilios... tenía que haberla.
—En el baño principal, Hiro —jadeó Nowaki al escuchar las cosas volar en su búsqueda desesperada por el botiquín.
Hiroki corrió al baño y allí la halló. Corrió de nuevo a su lado y con las tijeras de emergencia cortó la maltrecha franela.
—Nowaki, por favor resiste —suplicó mientras trataba de detener la hemorragia con algunas vendas mientras temblaba. Cuando tocó su pecho sintió que se había encendido en fiebre—. Mierda. Esto es lo peor.
Nowaki estaba al borde de la inconciencia y sólo se obligaba a estar despierto para no empeorar los nervios de Hiroki que estaba a punto de llorar. Lo vio correr a la cocina y casi derramar el agua fría trayéndola de regreso al sofá.
—Hiro. No hace falta... Yo es-estoy b-bien —, mentía descaradamente. No estaba bien en lo absoluto, sentía escalofríos y el dolor en el hombro estaba perforándolo. Dejó escapar un grito de dolor casi sin quererlo.
—Mientes, no estás nada bien —humedeció una toalla y la colocó en su frente. Veía como sudaba frío y como la hemorragia no paraba.
—¡Maldita sea! —masculló exasperado y tomó el teléfono. Nadie contestaba. —Takatsuki...
El mismo tono apagado. Llevándose las manos a la cabeza y viendo a Nowaki jadear entre fiebres sintió que podía llorar.
—Perdóname —susurró con los ojos llenos de lágrimas—, soy un inútil.
—Hiro e-esta b-bien —acarició sus cabellos—. Ya se me va a pasar.
No, no se iba a pasar. Nowaki iba a morir allí. No, él no iba a morir allí. Hiroki no se lo iba a permitir.
En un impulso decidido tomó las vendas y comenzó a parar la hemorragia, pero sabía que tenía que ir a un hospital sino se moriría.
El teléfono vibró en el escritorio. Hiroki lo tomó con las manos ensangrentadas. Era Shinobu.
—Kamijou, ¿pasó algo? Vi tu llamada y...
—Tienes que venir a ayudarme, Takatsuki... Nowaki... está muy grave —comenzó a sollozar desesperado.
—Kamijou, trata de calmarte, ¿qué le paso a Nowaki? —Trataba de entender mientras con gestos le indicaba a Miyagi que no entendía que pasaba.
—Nowaki, está herido. Está muy mal... Si no hacemos algo se muere Takatsuki. Se muere. — Exclamó angustiado mientras veía al pelinegro jadear y contraer el rostro de dolor.
