NUEVO CAPÍTULO (25 de noviembre, 2012): Les pido a quienes ya eran lectores, vuelvan a leer la historia completa. Cambié detalles casi imperceptibles, manteniendo lo que ustedes conocen, pero logrando que su estructura sea uniforme y no queden cabos sueltos a su término.


10.- EN NOMBRE DE LAS ROSA.

Nadie podría reconocer el momento exacto de su inicio, pero la guerra, entre batalla y batalla, ya era inminente. Lord Voldemort procuraba arrasar con cuanto pueblo muggle divisara cercano a los lindes del mundo mágico. Los valientes a la causa llegaban, ya sea en grupos ordenados junto al cuerpo de aurores, o como guardianes anónimos que caían por la defensa de sus seres más queridos.

La Escolta del Dragón llegó a aparecerse en pocas batallas, pero siempre las más importantes. Desde su reconocimiento ante la sociedad, los integrantes más sabios sólo rememoraban un viejo cuento de niños, donde una escolta perteneciente a la guardia del último dragón vivo, se encarnecía en las más temibles batallas para mantener el equilibrio pertinente en el mundo, donde su amo pudiera seguir subsistiendo como el último de su especie… Los más viejos no sabrían decir si esa historia tenía algo de verdad, pero con su experiencia acumulada, podían asegurar que incluso los mitos se creaban por algún hecho cierto.


El artículo por fin estaba listo. Habían pasado dos meses desde que se decidió a hacerlo… y frente a ella estaba su creación. Ahora debía calcular con cuidado los tiempos.

El organismo de Draco debía estar preparado para recibir una nueva carga de energía ajena a la propia… Lo más seguro era que él cumpliera con su misión antes de que terminara el año escolar, pero debía saber la fecha…

-Bien, Hermione –se decía a sí misma-. Ya sabes que morirás en sus manos, eso no hay duda. Lo más propio para él es que mi muerte no se sepa al instante, por lo que deberá alejarme sin causar sospechas… –se acarició el mentón en actitud concentrada- Pero mi horario es muy apretado, además de que Harry y Ron están conmigo prácticamente todo el tiempo… sólo estoy sola en intervalos de máximo media hora… ¡a excepción de cuando estoy en la Sala! Imposible –negó con la cabeza-; así Draco sería el único sospechoso y no queremos eso… Vamos, vamos… -iba caminando en vueltas por su habitación con el ceño fruncido- ¡Las salidas a Hogsmade! –se detuvo- Ahora sólo sobra una por los tiempos que se viven –murmuraba atropelladamente-. Todos los alumnos se irán; él se queda, yo me quedo, y todo listo… o no –sacó de su mochila unos pergaminos, la lista de los alumnos que irían a la excursión- Draco irá… entonces regresa temprano porque yo me quedaré… a menos que de último momento… no, debe ir para no levantar sospechas… Bien –concluyó-, Draco va a Hogsmade, yo me quedo, él regresa temprano y… ya pasa eso; fácilmente sus amigos pueden darle la coartada. Sí, eso debe ser porque no hay otro tiempo largo –sonríe al descifrar la incógnita- ¡Y será el 5 de junio! –pero su sonrisa de triunfo se le borró al instante- ¿Va a matarme en su cumpleaños? –Hermione estaba pasmada.


-Draco, sólo nos queda una salida a Hogsmade; será tu última oportunidad –el aludido pareció no hacer caso.

-Draco… ¡Draco!

-¿Qué pasa? –inquirió molesto.

-¡Te estoy hablando!

-Y sí te escuché… -Pansy sabía lo que le sucedía a su compañero, pero él lo había decidido así y les hizo jurar que debían seguir con ese plan, pase lo que pase… Después de todo, sus razones eran válidas.

-Vamos, Draco… No sería la primera vez…

He aprendido a identificar

tu aroma,

tus suaves manos,

tu divertida risa,

tu apacible voz;

todos mis sentidos

se encuentran atentos a ti.

-Juré protegerla… ése era el objetivo desde un principio.

-No, Draco. El objetivo siempre ha sido otro y proteger a Granger era sólo un efecto secundario –el rubio la miró de mal modo- ¡Es la verdad!

-Era mi objetivo.

-Bien, como quieras… -le espetó molesta- pero ya lo habíamos acordado, así es que prepárate.


-Es la única posibilidad, Hermione… -la chica respiró profundo y prosiguió con su monólogo- Entonces, el hechizo debe tardar mínimo nueve meses… haré que dure doce y así no tengo dudas –se arremangó el suéter del uniforme y con su varita comenzó a formar grandes círculos que la encerraran a ella, en un hechizo no verbal.

Con ello debía lograr ubicar parte de su alma en el artefacto; de ese modo, justo al momento de su muerte, un pedazo de ella (la parte mágica) la reconocería y se encapsularía en el dije; el resto (la parte muggle) se combinaría con la de su homicida (quien esperaba fuera Draco), y de ese modo iría acostumbrando al cuerpo de él a la esencia de ella, para evitarle un fuerte desbalance cuando el momento llegara. Si no se equivocaba, al momento en que Draco recibiera su parte mágica, el lado muggle de ella ya estaría tan combinado con el alma del chico, que se desintegraría; pero a su fuerza mágica eso no iría a sucederle, pues estaría encerrada en la gema y sin posibilidad de mezclarse… bien pudo haber hecho lo contrario, sólo que ella quería que el rubio atesorara una parte exclusivamente de ella.

Porque cada mañana

espero con ansias tu saludo,

porque todos los días

me embriago con tu perfume,

porque siempre

lucho por verte otro segundo.

Cuando todo estuvo listo, venía la parte más difícil… hacérselo llegar en la fecha precisa: doce meses después del asesinato.


Eran principios de junio y el castillo estaba particularmente desolado. Luego del ataque a Hogwarts, la mayor parte del alumnado regresó con su familia, por petición del mismo director; la gran escuela dejó de ser un recinto de enseñanza para transformarla en un búnker de batalla. Los pocos pasos que se escuchaban en el sonoro eco de las paredes desoladas marcaban un ritmo apurado, sigiloso, tal vez miedoso.

Draco Malfoy era de los pocos habitantes de su colegio. A los alumnos mayores de edad se les permitió quedarse; y a algunos compañeros de sexto, sólo por razones especiales. Draco y Hermione poseían esas "razones especiales" para el director.

Nunca podría cansarme de ti,

¡qué importa si me quieres o me odias!

Si hablamos o callamos...

riamos o lloremos,

siempre estaré junto a ti.


-¿Daimon?

-Me niego a creerlo.

-Sabes que es la única teoría que concuerda con los hechos.

-Una teoría MUY descabellada.

-Pero concuerda…

-¡Pero no tiene fundamentos!

-Daimon…

-¿Un niño, Pil? ¿De verdad me quieres convencer de la existencia de un niño? –sus compañeros no saben cómo responderle- ¡Si me creyera el cuento del niño, eso nos dejaría abiertas muchas más incógnitas!

-Niño o no, esa magia de la que habló Dumledore está acabando con Hermione.

-Es sólo la enfermedad.

-¡Daimonion, por favor! Niño, enfermedad o circunstancias ¡no importa! Granger está muriendo, te tardaste mucho en decidir si debías usar el sacrificio con ella, ahora es demasiado tarde para salvarla un tiempo más.


-Harry, Ron… ¿pueden venir un momento, por favor? –Los chicos alcanzaron a su amiga y, al estar los tres, Hermione los dirigió a un aula abandonada.

-¿Qué sucede, Herms? –preguntó Harry intrigado y algo temeroso, luego de que la gryffindor asegurara la puerta y le echara un hechizo insonorizador, para en seguida colocar sobre una butaca una pequeña caja envuelta en papel verde nacarado.

-Chicos… -ella se encontraba nerviosa- necesito su ayuda en algo.

-¿En qué, Mione?

-Miren, es un favor muy grande… juro que si yo pudiera hacerlo no los molestaría, pero los necesito… y en serio que es lo último que les pido así…

-¿Qué es? –Hermione respiró profundo, sabía que eso iba a ser difícil.

-Necesito que le entreguen un paquete a alguien para cuando yo muera… -la reacción no se hizo esperar: Ron palideció y comenzó a jugar con sus manos, Harry desvió su mirada y apretó fuertemente los puños.

-No digas eso, Hermione… Tú no vas a morir.

-Tú mismo escuchaste a los sanadores y doctores, Harry.

- Dijeron que tu enfermedad no tenía cura, no que fueras a morir.

-¡Sí, y debe de haber una solución! Todavía no saben bien lo que te sucede…

-¡SUFICIENTE! Ambos están conscientes de que he hecho hasta lo imposible por curarme, pero ya los escucharon: con el maleficio no hay vuelta atrás; ¡así es que les pido que acepten la realidad de una buena vez! –ambos chicos bajaron la mirada- No se sientan culpables; ustedes siempre me cuidaron.

-Pues no fue suficiente –comentó Harry, aguantando las lágrimas.

-Claro que sí… sólo que hay cosas que no podemos evitar. Vamos, háganlo por mí… necesito que me apoyen… -luego de unos minutos de silencio, Ron, con las lágrimas aún corriendo por su rostro, le volvió a preguntar sobre su encargo.

-Necesito que se lo entreguen a Malfoy…

-¡QUÉ! –interrumpió Ron- ¡Qué le quieres dar a ese estúpido!

-Él no es ningún estúpido –susurró Hermione con ira contenida-. Para su información él me ha estado cuidando en este año ¡y si no fuera por él ya habría muerto desde hace mucho!

-¿Pero por qué a él… y por qué luego de… ya sabes? –le dijo Harry.

-El por qué son asuntos personales, y después de mi muerte porque es un regalo para su próximo cumpleaños, y yo ya no viviré para dárselo.

-¿Acaso piensas que ya no estarás para ese tiempo…

-Momento… -interrumpió Ron- ¿Tú estás gravemente enferma y te estás preocupando por su próximo regalo de cumpleaños?

-Es algo que quiero que él tenga, pero debe ser hasta su cumpleaños… yo sé mis razones –reiteró al notar la indignación de sus amigos.

-¿Qué es?

-Es algo personal que sólo él debe saber –al notar la mirada curiosa de Ron, agregó-. Y está hechizado para que sólo hasta el 5 de junio del próximo año el dueño pueda abrirlo –el pelirrojo lanzó un bufido de exaspero.

-Pero ¿por qué nosotros, Herms? –preguntó Harry, claramente incómodo con la situación.

-Son los únicos en quienes puedo confiar… -nadie dijo nada por un rato- Entonces… ¿me ayudarán? –Ron cruzó los brazos con enfado y lanzó otro bufido, Harry soltó un largo suspiro y comenzó a limpiar sus gafas; Hermione sólo sonrió y abrazó a sus dos amigos.


Mis latidos son más fuertes,

mi pulso se acelera,

mi respiración es discontinua,

mi mente se nubla

de cualquier pensamiento razonable.

Necesitaba una esperanza. Harry Potter necesitaba con todas sus fuerzas una maldita esperanza.

Deseaba unas cálidas y delgadas manos que escondiesen su asustado rostro.

Por eso tomó sin pensar la oportunidad de hallar la cura para la enfermedad de su amiga.

Deseaba que esas delgadas manos acariciasen sus cabellos tan ligeramente como para confundirlas dentro de un sueño.

Por eso se envalentonó a comenzar su batalla final por una acción egoísta y poco heroica para la sociedad mágica.

Deseaba… deseaba… la deseaba cerca.

Por eso cuando vio a su último pensamiento dentro del terreno enemigo, toda su determinación para recuperar a su amiga se esfumó en un soplo frío, sustituyéndola por el miedo irrefrenable de perder esos ojos zafiro que realmente jamás poseyó.

No tan cerca, no ahora, ¡no ahí!

Y por ese rostro pálido y mirada pasmada dirigidos a ella, Pansy Parkinson supo que el momento culminante de su misión había llegado: Harry Potter debía ser protegido por una noche más.