DIEZ
Kal-El fue llevado al Gólgota. Una multitud se apiñó para ver la ejecución. Con una toga harapienta y la Kryptonita encadenada a su cuerpo, los romanos lo obligaron a cargar con el madero de tormento. Si la roca verde no hubiera estado sobre él, seguramente habría podido hacerlo sin problemas. Ahora, cada paso que daba le parecía eterno.
Al llegar al lugar, los soldados le despojaron de la toga dejándolo con un simple taparrabos. Le colocaron una corona de espinas en la frente y procedieron a clavarlo en la cruz. Lo hicieron acostar sobre el madero y le separaron los brazos por encima de la cabeza, las palmas abiertas hacia arriba. Aquellos fueron los primeros lugares donde insertaron los clavos.
Oleadas de dolor lo atravesaron. Lloró y gritó como nunca lo hiciera en vida. Luego, siguieron con sus pies. Antes de alzar la cruz, un soldado tuvo una idea atroz…
-Dicen que éste es el Salvador. Pues bien, propongo que lleve sobre su pecho la marca de su delirio.
Y con una espada, tallaron en carne viva sobre su pecho desnudo un símbolo, la "S".
Cerca del mediodía, todo acabó. Kal-El expiró.
No solo fue por las heridas inflingidas a su cuerpo. Gran parte de la responsable fue la Kryptonita atada alrededor de su cuerpo. El envenenamiento celular fue tal que resultó imposible revertirlo.
Cuando la multitud de espectadores se marchó más tarde, bajaron el cuerpo del madero. Le sacaron la roca verde, junto con las cadenas, y lo llevaron a un sepulcro preparado para tal ocasión.
Lexius Luthor acudió a ver el cuerpo. Con cierta satisfacción, contempló el cadáver envuelto en su sudario. Ya no tenía que temer a éste pretendido Mesías. Muerto él, su culto lo acompañaría al olvido. De eso, se encargaría personalmente él cuando asumiera como Emperador de Roma.
Ah… Emperador de Roma. Luthor lo tenia bien planeado. Habría que quitar algunos cuantos estorbos de en medio, pero lo conseguiría. Estaba seguro de ello.
Antes de despedirse del cadáver colocado en la cueva que hacía las veces de sepulcro –un detalle curioso. Pese a que por "pedido de la gente" Luthor ordenó ejecutarlo, lo honró de alguna manera al depositar el cuerpo en una tumba decente– sacó de entre sus ropas el cristal kryptoniano de Jor-El.
-Pensaba quedármelo, pero creo que es tuyo – dijo, depositándolo sobre el cadáver.
Cumplida así su última tarea, el gobernador salió de la cueva y ordenó a sus soldados colocar la piedra para tapar la entrada.
Todo había concluido.
Al menos, por tres días.
