Elena

Kol me aseguró que ya estábamos llegando, hacía diez minutos y yo me estaba congelando. Mientras Caroline pasaba de querer liarse con nuestro compañero de piso a querer hacerlo con su hermano, Kol me estaba contando algo sobre su hermana, sobre que solían venir a este local que se llama Fangs cuando acababan de las cenas familiares. Por lo que parecía, Kol provenía de una familia importante aunque no tuviera para nada esa pinta, y también parecía que admiraba con locura a su hermana. Eso me hizo pensar en mi familia, lo cual me entristeció y decidí dejar de pensar.

Entonces vi la puerta. Era grande y unas luces de neón que parpadeaban nos enseñaban el nombre del lugar con unas letras enormes. Las puertas eran de cristal, igual que las ventanas que había a los lados que eran igual de enormes. Dentro se veía gente bailando, bebiendo, pasándoselo en grande. Me di la vuelta para mirar a mi amiga y vi que no estaba hablando con Klaus pero que no paraban de mirarse. Ese hombre me parecía algo raro, además de mayor, pero Caroline era bastante mayorcita, solo esperaba que tuviera cuidado, ella era lo único que yo tenía en ese momento.

-¿Entramos chicos? – Kol interrumió el juego de miradas entre los dos rubios. Él asintió con una sonrisa natural y me pareció ver que Caroline se sonrojaba un poco mientras asentía con la cabeza a la pregunta de nuestro compañero.

-No hay que volver muy tarde. – le recordé a mi amiga rubia justo antes de entrar por la puerta ya que sabía que dentro no me haría mucho caso.

-Elena, tranquila. Somos universitarias. – sonrió como solo ella sabe.

-Sí, Care, por eso mismo. – bromeé. Su argumento era nefasto. Y ella se dio cuenta y se echó a reír mientras caminábamos hacia el interior del local. Caroline iba delante de mí y pude ver como sonreía hacia la masa de gente que entraba y salía.

-¿A quién sonríes? – le pregunté. Se suponía que no conocíamos a nadie en la ciudad, pensé.

-Al chico que me encontré el otro día en el japonés cuando iba al baño. – contestó de manera demasiado simple para ser Caroline.

-¿Ese que decías que estaba tan bueno? – le recordé.

-El mismo.

-¿Y por qué no le has dicho nada? – Eso no era muy normal en Caroline.

-Porque ya no me interesa. – contestó sonriendo y luego se acercó a mi oído y me dijo: - Ahora me gustan más maduritos. - Las dos nos reímos y cuando me quise dar cuenta mi risa ya no se oía porque ya estábamos dentro fundidos entre la música y el ambiente de luces de colores parpadeantes.

-Vamos a pedir algo para beber. ¿Vosotras queréis algo? – nos preguntó el caballeroso Klaus.

-¡Claro! – contestó Caroline como si le hubieran preguntado si el cielo es azul. Pensé que a veces se pasaba de eufórica.

Les seguimos y nos acercamos a la barra. Fuimos pidiendo uno a uno. Y a mí derecha pude ver que cuando Care iba a pagar Klaus hizo que guardara su dinero y le pagó la copa. Les miré un poco incrédula y sonreí.

-¿Celosa? – preguntó Kol riéndose a mi izquierda apoyado en la barra igual que yo – ¿Tú también quieres que te paguen una copa? Puedo invitarte por esta noche. – bromeó.

-Creo que ya me has invitado a un par de muebles hoy. – le seguí la broma y de repente un par de manos aparecieron de por detrás suyo y le taparon los ojos. Seguí los brazos y descubrí a una preciosa chica rubia con un vestido azul. Volví a mirar a Kol. Él sonreía, todavía con los ojos cubiertos. Era obvio que sabía quién era. Se giró de golpe y la abrazó muy fuerte, tanto que la levantó del suelo. Todavía no me había atrevido a decir ni hacer nada cuando vi que Klaus también se acercaba a la chica y la abrazaba. Caroline se puso a mi altura y los miró. Pude ver en sus ojos ciertos celos.

Por la música no podía oírse muy bien pero creí escuchar que la chica misteriosa le estaba preguntando a Klaus qué hacía ahí y después de que este se lo explicara nos miró a nosotras y creí escuchar que le decía a Kol:

-¿No me vas a presentar? – Y él se rió.

-Chicas, - dijo acercándose a nosotras – esta es mi hermana. Bueno… - miró a Klaus y sonrió – Nuestra hermana, – pude ver como la mirada de Care se relajaba. – Rebeckah. – concluyó. Y ella muy amable se acercó a nosotras que nos presentamos con educación. Por su manera de vestir pude ver que ella sí que aprovechaba la situación económica de su familia, y que se sentía bien en ese estilo, no como su hermano. Se quedó un rato hablando con nosotros, era muy simpática y hablamos de la ART, nos aseguró que ella conocía a mucha gente que iba allí y que empezaban igual que nosotras este lunes. Pensé que debía de ser muy popular porque aun no había empezado y ya conocía gente. Nos dijo que no estuviéramos nerviosas, que ella nos enseñaría la escuela si queríamos, que se la sabía de memoria y que nos presentaría a quien sisieramos.

-Chicas, ha sido un placer conoceros, pero he de irme. Me están esperando. – se despidió de nosotras. – ¡Nos vemos el lunes! – y luego se despidió de sus hermanos con otro abrazo.

Ya no sabía cuánto rato llevábamos en el local pero me lo estaba pasando realmente bien jugando a billar con Kol mientras Care coqueteaba con su hermano y parecía que él le está contando algo realmente interesante. Pero cuando me miré el reloj de mi móvil y vi que eran las cuatro me reuní con mis compañeros de piso.

-Siento ser una aguafiestas pero… mañana por la mañana tenemos que ponernos a montar muebles. Y el lunes hay clase, creo que deberíamos irnos. – Caroline me miró con cara de pocos amigos.

-Care… - Kol me echó una mano – es tarde. La semana que viene más. – le guiñó un ojo y miró a Klaus de reojo con mucho descaro. Me hizo gracia, Klaus esbozaba una peculiar sonrisa de lado y Care se limitó a agachar la cabeza tímidamente y mirar hacia otro lado.

-Está bien, vamos. Vámonos. – dijo poco después mirándonos con cara de pocos amigos. Se acabó lo poco que le quedaba en el vaso que sostenía en la mano, se puso nerviosa y empezó a caminar muy rápido hacia la salida. Creo que Kol la ha avergonzado así que nosotros nos reímos y la seguimos.

Y cuando me faltaban apenas dos metros para llegar a la puerta noté que me cogían del brazo. No tardé mucho en reaccionar, pero antes de ver quien era ya había notado un tacto muy suave, pero a la vez muy frío. Noté como me recorría un ligero escalofrío. Y acto seguido escuché un hilo de voz entre tanta música que me gritaba:

-¡Perdona!

Me giré y vi dos ojos que brillan en esa casi oscuridad. Entonces creí que cada vez que las luces del local eran azules era porque ese chico abría los ojos haciendo que lo viéramos todo azul. Y no fui capaz de fijarme en nada más. Eran profundos, mirarlos era como perderse en un océano inmenso. Y me perdí. Sentí que podía perder la noción del tiempo. Porque me estaban mirando dos océanos y me pude sentir enorme por un momento. Bajó la mirada devolviéndome a la realidad, pero reaccionó antes que yo:

– Se te ha caído… - hizo una pausa y estiró uno de sus brazos hacia mí - … el bolso. – dijo finalmente. – todo esto sin mirarme a los ojos.

Reaccioné, cogí mi bolso y vi cómo hacía la intención de irse. Y no quise, algo en mi interior le agarró del brazo haciendo que se volviera a girar. Por la sorpresa volvió a mirarme a los ojos. Volví a sentirme observada por algo grande. Sonreí y dije:

-Gracias. – con una voz más dulce de lo que me hubiera gustado.

No dijo nada. Me miró, y se dio media vuelta. Entonces vi que iba con una chica, a la cual no pude ver porque estaba de espaldas. Solo vi una melena rizada. Se acercó al oído de ella y le dijo algo. Dieron media vuelta, y se fueron. Y yo me quedé ahí, plantada, esperando algo y no sabía qué esperaba. "Esto no es ninguna película." Me recordó una voz fría en mi cabeza. Y me di media vuelta y salí del local, donde me esperaban mis amigos.

Una vez en nuestro piso Care no paraba de hablar de las miles de cosas que le había contado Klaus sobre la academia. Incluso nos enseña una servilleta en la que le había dibujado un torpe plano de la escuela. Kol y yo nos reímos sentados en nuestro asqueroso sofá. Y también habían hablado de los estudios que había tomado en el extranjero y de baile. De mucho baile.

-Mi hermano ha hablado más contigo que conmigo. – se quejó Kol bromeando.

-Es que conmigo tiene más tema de conversación. – se defiende Care también bromeando. Care y sus malas excusas.

Yo todavía estaba aturdida por ese destello azul. Me sentía tan ausente que les dije que tenía que irme a dormir.

Una vez en mi habitación me puse mi pijama azul, me metí en mi cama de sábanas azules y cerré los ojos. Luego los abrí, y la pared blanca de mi habitación también se había vuelto azul. Poco después me dormí y soñé con el mar, el cielo, con zafiros, ríos, delfines, rosas azules y mariposas azules.