- No estoy jugando, ya dime donde está Ke.
- Ya te lo dije. Es confidencial.
Xen y Kable se encontraban en un campo abierto en medio de la noche. El viento en calma y la luna iluminaba el lugar.
- Sí, ya lo dijiste, pero eso no responde mi pregunta –Reiteró la pájara gris.
- No es algo que te incumba, así que adiós Xen, buenas noches –Kable se dispuso a avanzar pero Xen se plantó frente a él.
- No me voy sin saber lo que te pregunté. Kable, di lo que sabes. Cuando pregunté por todo el pueblo, me enteré que tú fuiste el último con el que se vio a Ke.
- Vaya Xen, si no te conociera diría que realmente te preocupa Ke.
La pájara titubeó un poco en su respuesta –Estrictamente laboral. Mi trabajo es hacer que ese psyduck psicótico no se meta en problemas y ver por su seguridad. Así que, ¿dónde está?
- Hm. Es eso. Bueno, desde este momento te relego de tus responsabilidades con Ke. Creo que ya ha aprendido suficiente sobre cómo comportarse y cumplir con su trabajo. Ahora, si me disculpas, tengo que irme a dormir…
De pronto la pájara movió la cabeza hacia adelante y estuvo a punto de golpear al bicho con su pico.
- ¡No puedes hacer eso! No es justo sólo asignarme a Ke cómo compañero y luego alejarlo del todo sin explicación –La cara normalmente inexpresiva de Xen cambió a una de enojo cuando dijo esto. Se calmó y alejó su pico de Kable, quien mostró un gran miedo en su mirada.
Kable suspiró en alivio –Debí suponer que no lo harías, sería insubordinación.
- No lo haré. Lo siento, perdí el control –La pájara bajo la cabeza en señal de disculpa –Aunque no me gusta admitirlo, siento un gran respeto por Light y por ti –Sólo quería saber si él estaba bien, ni siquiera estaba recuperado del todo.
- Creo que sí fui un poco injusto con eso. Ke estará bien. Va a estar en una misión secreta, fue su decisión. Probablemente le tome algún tiempo, pero volverá, estoy seguro. Así que no te preocupes por él.
- … No me preocupo. Es sólo trabajo, cómo te dije. –dijo Xen para luego irse del lugar caminando.
En su caminar se detuvo un momento y vio la luna. "Haz lo que debas hacer y regresa, Ke. Aquí te esperamos," pensó Xen mirando al astro fijamente.
Esa noche, la luna también iluminaba a otros pokemon.
Se podía ver al pokemon planta con sus pies llenos de raíces y una gran cantidad de ellas salían de la tierra del acantilado construyendo una gruesa maraña con forma de tubo que se extendía a mitad de camino hacia el templo.
"Vamos, más, sólo un poco más lejos," pensaba el bulbo azul. Constantemente pequeños destellos salían de sus hojas absorbiendo todo la luz de luna de podía, pero aun así su apariencia era de cansancio. Frente al pokemon había un montículo de tierra oscura que previamente estaba mojada, pero ahora sólo se hallaba seca.
El pato corriendo (o corriendo lo mejor que podía) se aproximó hacia el bulbo con una cesta hecha de ramas con agua adentro.
- Esta es la última, ¿crees que con esta agua será suficiente?
- No estoy seguro… Ke, lo siento. Realmente me esforcé pero no podré terminar el puente. Si pudieras hacer algún movimiento de agua, tal vez, pero en estas condiciones, no se puede hacer mucho –dijo en un tono decepcionado.
- Espera, creo que se me ocurrió algo. ¿El puente tiene que ser tan grueso?
- Sí. De otra forma sería peligroso cruzar, en especial con tu peso.
- Me arriesgaré. ¿Todavía puedes reordenar las ramas para hacer el puente más largo y que llegue hasta el templo? –Preguntó el pato vertiendo en la tierra lo último de agua que quedó sobre el montón de tierra oscura.
- Lo intentaré.
Las raíces se extendieron hasta el templo formando un delgado puente. Se veía frágil y con algunas grietas.
- ¡Qué bien! No pensé que lo lograría. Ke, lo que tienes que hacer ahora es, con mucho cuidado trata de cruzar y no hagas ningún movimiento… –El bulbo se sorprendió al ver cómo el pato corrió por el puente que crujió y se tambaleó con cada uno de sus pasos.
En un instante, Ke se vio detenido por unas raíces que sobresalieron del puente rodeando sus patas palmeadas y otras que crecieron hasta colocarse alrededor de sus muñecas. Las raíces lo acostaron boca arriba lentamente en el puente.
- Perdona Ke, pero esto es peligroso. Déjame ayudarte. –Bufó con cansancio el sonriente bulbo azul.
De forma lenta, raíces sobresalían del puente y pasaban al pato de unas a otras de forma que lo empujaban hacia adelante hasta que el pato llegó al suelo de roca sobre el que estaba la entrada al templo.
- ¡Gracias! ¡Nos veremos cuando termine mi entrenamiento! –le gritó el pato vendado despidiéndose con la mano.
El bulbo le correspondió haciendo una gran sonrisa. Lo cierto era que no le quedaban fuerzas para hablar, de hecho, se sentía muy débil y casi no podía ver. "Adiós, amigo," pensó cuando de pato dio media vuelta y se dispuso a cruzar el portal.
Ke caminó por una gran extensión de suelo de roca gris. Enfrente un gran edificio. Este templo era totalmente de roca gris. Tan alto que no se le veía donde acababa. Era rectangular y varios balcones en partes altas del edificio. Sólo había una gran entrada principal en forma de arco, al lado de la cual había una roca inmensa a cada lado. Las rocas estaban esculpidas formando una esfera perfecta cada una. La de la derecha era color celeste y la de la izquierda negra.
El pato se introdujo en el templo. Todo adentro fue en oscuridad absoluta. Ke se enojó porque creyó recordar que tuvo una mejor visión en la oscuridad, pero se le pasó pronto cuando pudo distinguir la silueta de un pokemon parado en dos patas. De ese pokemon, lo único que notó fue que tenía grandes garras blancas.
- ¿Eres tú? Ese pokemon de las leyendas, el Devile –preguntó Ke.
- No, claro que no. Él murió hace diez años –respondió el misterioso pokemon.
Esta respuesta le hizo dar un gran suspiro de decepción. Se sentó un momento para digerir su situación actual.
- No soy Devile, pero yo fui su discípulo –Agregó el pokemon en la oscuridad.
