Estaba volviéndome loco… como era posible que esto me pasara a mí, Armin, la persona más ingeniosa e inteligente para este tipo de cosas. Los volví a tocar, suavemente con la yema de mis dedos, estaba decidido: hoy lo lograría. Me respiración era tranquila, estaba en la mejor parte, tenía que poner todas mis fuerzas en ello. Me acerqué más al cuerpo, podía sentir sus ondas y cada vibración que producía… Era sumamente hermosa.
-¡Sí! –grité.
-¿Armin, puedes callarte de una puta vez? –mi hermano estaba junto a mí.
-Cuando te intereses en algo como esto –dije señalando la consola. –me avisas.
-Apague el maldito juego, son más de las tres… -se puso su almohadón sobre su cabeza.
-Sh, pequeña, tranquilízate, eres hermosa tal y como eres. –Acaricié el mando que estaba en mis manos. Como era de imaginarse, teníamos una televisión en nuestro cuarto, delante de mi cama. Allí enchufaba todos mis "artefactos" (como llamaba Alexy a mis hermosuras).
-Wow, espera un segundo. –de la nada se levantó y quedó observándome. Se había sentado en su colchón, con aquellos pijamas ridículos que él solo se atrevía a utilizar. –La mejor pregunta que se me ocurrió… ¿Qué prefieres: a Lena o tus consolas?
-Alexy, esas cosas no se preguntan… -le dije.
-¿Acaso es tan difícil? –levantó una ceja. No podía responder, sí, quería a Lena, pero todas mis consolas habían pasado más tiempo con migo… teníamos una historia. –Sí se enteraaa… -alargó la "a" mientras se balanceaba.
-Ya cállate. –le puse play al juego.
-Oye… ¿estuviste averiguando quien golpeó a Lena? –preguntó.
-No… -seguí mirando la pantalla.
-Yo estuve, solo un poco… con Rosa… sabes. –comentó. Al segundo, me desconcentré y perdí la partida, así que dirigí toda mi atención a mi gemelo. –Tendrías que empezar a preocuparte es tu novia.
-¿Y como quieres que haga? –me encogía de hombros.
-Primero habla con Iris, ella es la que estuvo más cerca de lo sucedido –asentí, estaba tomando notas mentales. –y luego sigues las pistas. Eso es todo.
-Suena fácil. –dejé, cuidadosamente, el mando sobre la consola, luego de apagarla. Me metí dentro de mis sábanas y me quedé mirando el techo.
-¿Armin?
-¿Qué?
-¿Te gusta Lena?
Giré mi cabeza noventa grados hasta poder ver perfectamente al peliazul. Me miraba, curioso, esperando mi respuesta.
-Claramente.
-Que buena noticia –con decir esto, cerró sus ojos.
Nos habíamos despertado puntuales. Estábamos desayunando: zumo de naranja y unas tostadas. Mirábamos la televisión, algún programa que le gustaba a mi hermano. Era una de las primeras veces que nos encontrábamos en perfecto estado para ir al colegio. Alguien tocó la puerta.
-¡Voy! -grité. Dejé el vaso sobre la mesada y me dirigí a la puerta de entrada. Al abrirla, estaba Lena mirando hacia un costado pero al notar que me encontraba en el umbral sonrió y me hizo una reverencia.
-Lady, he venido a recatarte. –se puso en su posición normal, conteniendo una suave risa.
-¿Mi heroína? –dije, irónico.
-Vale, vamos…
-¡Alexy, me voy! –grité adentro. El nombrado respondió algo inaudible, no le di importancia y me fui con la castaña al instituto.
Caminando hablamos de diferentes cosas: juegos, juegos, juegos y bueno… algún que otro comentario del colegio.
-¡Amin! –Dijo cuando se le prendió la lamparita –Mañana es sábado, y mis padres están en casa… ¿sabes lo que significa? –me encogí de hombros, ella suspiró. –Tonto, habíamos hablado de esto, venias a cenar a casa –me golpeó suavemente el hombro. Reí por aquello.
-Sí, ya sabía, no soy tan olvidadizo.
-¿y el paraguas aquella vez? –sonreí, ella contaba con sus dedos.
-Iré, iré. –ella aplaudió -¿A qué hora?
-Ocho y media de la noche, trae el postre o algo así, a mis padres les gusta que las visitas traigan algo: un presente, comida, vino.
-Anotado. –reímos. Ella seguía riendo, tenía los dientes blancos y perfectos. Cuando sonreía, sus ojos se achinaban, era muy divertida.–Eres hermosa cuando ries –comenté. Ella paró y se sonrojó. Me acerqué, mientras seguíamos caminando y la besé por unos segundos, hace mucho que no hacíamos aquello.
-Llegamos. –me susurró mientras nos separábamos. Y, efectivamente, habíamos llegado. Estaban todos entrando a sus respectivas aulas. –Adiós. –me besó la mejilla y se fue. Teníamos clases separadas.
Giré sobre mis talones y pude distinguir la melena naranja de Iris y la peliroja de Castiel. Él se notaba enojado y cerraba los ojos cuando la pelinaranja hablaba. Me acerqué a ellos.
-¿Sucede algo? –dije, incrédulo.
-Nada, nada, nada –contestó Iris mientras me sonreía.
-Tú te vienes conmigo. –Castiel me agarró del brazo e intentó arrastrarme, pero al segundo de que di un paso, Iris agarró mi otro brazo. Los dos estaban tirando de mí.
-No es necesario –dije, mientras una gota de sudor caía por mi frente.
-Sueltalo, tetona –insultó Castiel. La chica abrió la boca pero un grito silenció sus palabras. Giramos, los tres, la cabeza. Rosa corría por el pasillo.
-¡Ayudaa! –salió del colegio. Los dos me soltaron y quedamos, todos los que se encontraban en el pasillo, en silencio. Alexy corría tras la albina, pero yo lo paré antes de que pueda pasar el umbral de la salida.
-¿Qué pasó? –preguntamos los tres. El peliazul nos miró divertido.
-Le hice una broma, nada de que preocuparse. –sonrió. Al instante tocó la campana y nos dirigimos a nuestros respectivos salones.
Miraba a la ventana, era lo que más me distraía de aquella aburrida clase, ya que la profesora, una de las más audaces de todos, siempre, repito SIEMPRE se daba cuenta cuando me encontraba jugando con mi PSP (intenté muchas formas, pero siempre me descubría) y como no quería más amonestaciones, decidí no jugar más (un gran sacrificio).
-Eu, idiota –me dijo Castiel en susurro cuando la profesora se encontraba de espaldas.
-¿Qué? –respondí, en el mismo estado de voz.
-No jodas, ¿saldrás con Iris? –preguntó.
-No, por lo que sé… -repasé en mi memoria cuando pude haberle dicho aquello. Recordé. –Oh… -dije. –Solo fue una broma.
-Bueno, esa broma se la tomó en serio. Deberías dejar de darle tanta libertad. –reí en silencio. Él solo suspiró –Lo digo por el bien de Lena.
-¿Por el bien de qué? –pregunté, confuso.
-De tu novia, idiota
-Ya sabía –rodeé lo ojos –Ella sabe bien que la quiero a ella.
-No se lo dejas muy en claro.
-Sí se lo dejo. El sábado cenaré con sus padres –Castiel frunció el ceño por un segundo, pero luego lo relajó –Conoceré a su hermano, madre y padre… creo que eso es dejar en claro nuestra relación.
-Está bien. –apoyó su brazo en el banco y su mano en su oreja. Típica forma de escuchar música.
Las clases fluyeron con rapidez. En uno de los descansos me encontré con Lysandro, que hablaba alegremente con una chica que desconocía. Me acerqué a ellos y los saludé, la niña era muy extraña, parecida a los mangas lolis que leía no muy frecuentemente.
-Hola –dije. La chica se dio vuelta y me miró de arriba abajo, luego, se acercó más al Lys.
-Armin, te presento a Nina –le sonreí a la pequeña
-¿Tu hermanita menor? –pregunté. La chica reaccionó
-¿Me ves cara de nenita? –apoyó su mano en su cintura. –Para tu información tengo la misma edad que tú. –levanté ambas cejas y miré a Lys, que lucía un poco incómodo. –Soy la fan numero uno de mi lindo Lysandro –me extendió la mano.
Yo apreté su apretón. Después me alejé, lentamente. Lysandro era demasiado bueno para ser verdad, es al estilo de los chicos que no se defienden en mis mangas… no para tanto, pero algo por el estilo.
El sábado llegó más rápido de lo que me esperaba. Me encontraba buscando ropa para ponerme, ya eran las siete y media pasadas. Mi hermano no podía creer aquel comportamiento mio, asi que me hacia compañía en la habitación mientras yo sufría por mis confuciones.
-Entonces mezclo este joggin con esta remera –le mostré a mi hermano. Él hizo el signo de vomitar por eso seguí buscando ropa. -¿Un jean y una remera lisa?
-¿Es broma? –suspiró. –Se nota que yo soy aquí el gay –se paró y se puso a mi lado, buscando lo que había en mi placar. –Okey, nada con lo que pueda trabajar. –fue hasta su placar y sacó ropa de todos los colores. –Ponte esto.
Me tiró un jean negro, una remera color negro sin ningún estampado con cuello redondo de algodón y una camisa a cuadros color blanco y azul. Lo miré y él solamente asintió. Me puse aquel conjunto y me miré en el espejo de mi madre. Agarré mis zapatillas (unas convers negras), me puse mi campera y salí a la calle. Cuando estaba en la esquina, mi hermano me gritó.
-¡Te olvidas esto! –corrió hacia mi y me entregó una bolsa marrón con un vino adentro y dos ramos de flores. Lo miré extrañado –Por favor, ¿tienes novia y no entiendes a las mujeres? Este es para tu noviecita –me señaló una flor roja con algunas flores blancas –y este para su madre –un gran ramo de fresias –el vino es para todos.
-Gracias, creo –me golpeó la espalda.
-Buena suerte hermano.
Asentí y seguí mi viaje hasta llegar a la casa de Lena. Toqué dos veces la puerta, se podía escuchar una voz que provenía de afuera. Al instante, la castaña abrió la puerta. Me sonrió al verme, estaba usando unos jean ajustados color azul oscuro y una remera que cubría hasta sus muslos. Era gris y tenía un estampado de Minnie Mouse.
-Llegaste –dijo y me besó en la frente.
-Claramente. –le extendí la flor roja. –Esto es para ti –se sonrojó al instante que aquella flor tocó sus delicados dedos.
-Qué bonita, gracias –me agarró del cuello de mi remera acercó sus labios a los míos.
-¿Interrumpo algo? –una voz grave se escuchó atrás de nosotros. Nos separamos al instante y tímidamente mi hermana se alejó del umbral para dejar pasar a un chico. Sí, ese debía de ser su hermano. Tenía el pelo oscuro, azabache diría yo. Sus ojos eran de un castaño muy claro, parecidos al cabello de Lena.
-Hola, soy Armin –le extendí la mano. Él dudó unos segundos en dármela, pero terminó haciéndolo.
-Viktor… mi nombre es Viktor –su voz era gruesa, ¿Cuántos años tendría?
-Armin, pasa –me dijo tímidamente Lena. Pasé por al lado del intimidante tótem y entre a la casa, agarrado de la mano de Lena.
-Mamá, papá –llamó. Dos personas salieron de la cocina, debían de tener aproximadamente cuarenta años. La mujer era todo lo contrario a mi novia: pelo oscuro como la noche que caía por su espalda, lacio, sin ondas y ojos que lo complementaban. Tenía un gran busto y caderas anchas. El hombre, sin embargo, tenía el pelo rubio, al estilo del delegado y sus ojos… ¡Como la princesa Peach! Suerte que no dije eso en voz alta… -Este es Armin.
-Hola. –me acerqué a los padres. Le tendí la mano al hombre pero este bajó su periódico y se paró enfre mio… madre mia, era más alto de lo que me imaginaba (tuve que mirar hacia arriba). Me rodeó con sus brazos y me… ¿abrazó?
-Bienvenido –dijo, cálidamente. La mujer en cambio me miró de arriba abajo y me sonrió, arrogantemente.
-Que bonito muchachito, si no fueras de mi hija yo ya te hubiera terminado –miré extrañado a la mujer, luego giré hasta Lena que estaba roja como un tomate.
-Deja a mi mujer, ella sola se entiende –dijo el hombre –Me llamo Héctor, un gusto niño.
-¡Viktor, Lena la mesa! –gritó la azabache al entrar a la cocina.
-Ya voy –dijeron, tranquilos y se dirigieron a la cocina.
-¿Cómo te va en la escuela? –Oh no, la peor parte de la cena, el cuestionario que se hacia de suegro-novio.
-No me quejo –me encogí de hombros.
-¿Te apasiona algo? –levantó una ceja.
-Los videojuegos, como a cualquier chico de mi edad. –Armin, gánate al padre de Lena –y… los efectos especiales de las películas –recordé la relación entre el mueble lleno de películas con él.
-¿En serio? Interesante… sabes, yo fui el que creaba los efectos especiales; yo y un grupo más de jóvenes… pero entre tu y yo, era él más experto, los otros eran solo unos aficionados.
Siguió contándome de sus anécdotas hasta que la cena estuvo servida. Esta noche será muy entretenida.
Nota de Autora.
Hola a todas, si, ya sé, no he puesto una de las frases que les había prometido, pero ya vendrá, no se impacienten.
Otra cosa… en los siguientes capítulos habrá algo que pasará con Castiel, pero luego pasará otra cosa… (¡Ya se que no se entiende, pero lo comprenderán más adelante!)
Necesito una sucrette. Sí, estoy avisándoles de un concurso para ser la novia de Castiel.
¿Interesadas?
Mandenme un inbox con su sucrette. La ficha debe tener lo siguiente:
Nombre:
Aspecto:
Pasiones:
Familia:
Qué le fascina:
Mentalidad:
Algo que le apasiona MUCHO:
Algo del pasado:
Qué espera del futuro:
Sean creativas, no hagan que la sucrette sea igual a Castiel :D
¡Gracias!
