CAPÍTULO 10.

RESURGE LA GRAN GUERRA.

P.O.V Fudou Akio

Me quedé mirando la cara de tonto junto con esa sonrisa de alegría que se le puso al poseedor de Cerbero al escuchar hablar a Roccoco al otro lado del teléfono. Me apoyé en el marco de la puerta cruzándome de brazos sin perder de ojo al de la banda.

—¡Roccoco! —exclamó sorprendido y alegre. —¡Pero bueno! ¡¿Qué pasa contigo!? ¿Dónde andas? ¿Estáis todos bien?

Típico... Yo viniendo con que teníamos problemas y él poniéndose a preguntar por como estaban todos en vez de centrarse en el motivo de la llamada. ¿Por qué alguien como él tenía que dirigirnos a todos como si fuera el jefe del grupo? Aunque lo fuera y me diese mil vueltas admitirlo.

—¡Tranquilo, tranquilo! ¡Estamos todos bien!

—Endou, no es por cortaros el rollo pero... que vaya al tema importante —comenté no muy fuerte, más bien en un tono de pasota y de cansado. Roccoco seguro que también lo escuchó y el de la banda me miró extrañado no por mis palabras, si no por mi mirada seria.

—Es cierto... ¿que ocurre? Fudou me ha dicho que...

—Han vuelto —interrumpió, yendo directo al grano. —Están intentando de nuevo completar esa misión —se pudo notar el enfoque que le dio a cierta palabra en concreto.

—¿Cómo dices? Pero eso... Eso no puede ser...

—Créeme, yo tampoco lo creía pero escucha, cinco muertes en menos de dos días —Endou me miró con cara de sorpresa aunque yo no cambié de expresión. —Y acabamos de salvar a una chica que está inconsciente pero está bien, por suerte llegamos a tiempo. Ha tenido demasiada suerte.

—Pero, ¿quién podría intentarlo...?

Mientras ellos hablaban, yo vi como se incorporaba Kidou de la cama y se frotaba el rostro después de verle esos ojos rojos como la sangre llorosos e incluso, juraría que había visto como alguna lágrima resbalaba por sus mejillas. ¿Acaso había estado llorando...? ¿Qué habría visto en el pasado de Goenji? Cruzamos miradas. Kidou se incorporó en silencio y abrió la ventana de forma silenciosa. Su mirada me indicó que no dijese nada y como respuesta, volví a fijar mis ojos en Endou. Que hiciese lo que quisiera... Él vería cómo podría reaccionar por ahí afuera con esas emociones tan diferentes que estaba experimentando porque sentía que había algo fuera de normal.

—Lo hemos visto. Al menos, a uno de ellos —escuché centrándome de nuevo en la charla telefónica.

—¿Cómo?

Endou estaba dando vueltas cual tigre nervioso dentro de una jaula de un zoo.

—Fudou me ha dicho que ha visto a un tío raro en vuestro instituto y Fidio me ha comentado que ha tenido un enfrentamiento con un tipo que estaba intentando matar de la misma forma en la que tiene que ser. Pero no pudo verle muy bien porque fue por la noche, decía que iba cargado con algo tipo poción con los que los hipnotizan y nosotros hemos visto lo mismo y no sólo eso...

—¿Qué más, Roccoco? —preguntó Endou, impaciente.

—Todos coinciden en algo...

—...en que no se les puede seguir la pista —finalicé bajo la mirada de preocupación de Endou.

—¿Qué demonios...? ¿Hablaste más con él? ¿Qué te dijo?

—Parece que están intentando conseguir el mayor número de vidas inocentes y puras muertas antes de llegar a cierto lugar de Japón. Es todo cuanto he podido reunir.

—¿Aquí en Japón? —pareció querer informarse.

—Así es. Tened cuidado... Yo trataré de reunir toda la información que pueda y os tendré en aviso.

—De acuerdo... Pero tened cuidado vosotros también, no os metas en problemas que pueda costaros la vida.

—¡Descuida! No hay nada que pueda detenernos.

La llamada se cortó y Endou me devolvió el aparato pasando por mi lado. Rodé los ojos y eché una mirada hacia la cama donde estaba Goenji aún dormido. ¿Le debía de decir a Endou que Kidou había salido por la ventana o debía callarme como bien me había dicho? Bueno, qué importaba. Teníamos un problema quizá más importante que el de Kidou y su locura de querer estar con una humana mortal y del que tenía claro que nada iba a terminar bien. Porque yendo como iban las cosas, no parecía que me estuviera equivocando desde un principio.

Salí de la habitación y me vi a Endou sentado intentando pensar y quizá hablando con Cerbero. Dejé el teléfono delante suyo y me apoyé en la pared de lado.

—¿Qué piensas?

—Sé lo que quieren y que su último destino está en alguna parte de este país pero no logro entender cómo pueden pasar desapercibido. ¿Cómo pueden esfumarse así de la nada? ¿Por qué no podemos seguirlos?

—¿No te has parado a pensar que puede que no estén aniquilados todos? —pregunté, haciendo referencia a ciertos humanos en particular que un momento de nuestra vida habíamos tenido ciertos problemas.

—Eso es imposible. Todos murieron, estoy seguro.

—Piénsalo. No podemos seguirlos, van cargado con tipo de pociones que los hipnotizan... ¿no te suena a nada? —le miré con dureza. —Endou, ¿y si siguen vivos? ¿y si es el principio de todo? ¿y si están aliados con ellos?

Endou de pronto se levantó de golpe y empezó a dirigirse hacia la puerta.

—¿A dónde vas ahora? —cuestioné incorporándome molesto. ¿En qué demonios estaba pensando ahora? ¿Dónde quería ir?

—¡Voy a buscar a ese tío de la cabeza león que me dijiste! ¡Tiene que estar en algún lugar de Inazuma y no pienso quedarme esperando a enterarme de que han acabado con otra vida! —exclamó mirándome con cierto dolor en sus ojos. —Han muerto demasiadas personas inocentes en muy poco tiempo.

Nos quedamos por un momento en silencio, observándonos fijamente y terminé encogiéndome de hombros. Si quería ir a buscar algo que no tenía ni por donde empezar, era libre de hacerlo.

—De acuerdo. Haz lo que quieras —Endou se dio la vuelta y empezó a dirigirse hacia la puerta. —Pero si ves a Kidou... salúdale de mi parte —la ironía en esa frase fue demasiado grande y el chico se detuvo para mirarme con cara de incredulidad como si no le hubiese hecho gracia el chiste. —¿Por qué me miras así? Goenji está dormidito como un bebé... pensé que sabías que no estaba.

—¿Se ha ido? ¿A dónde? ¡Se me ha escapado! —y no era para menos, con semejante noticia, ¿quién afinaría el olfato? Más bien, afinaría el oído para no perderse detalle.

—No lo sé. Se fue por la ventana mientras hablabas por teléfono. No se lo pregunté.

—¡Fudou! —exclamó a modo de regaño. —¡Ni siquiera sabemos como está!

—Estaba con las emociones muy descontroladas pero dudo que vaya a cometer cualquier locura. Más bien lo veía algo abatido, como si hubiese visto o sentido algo que le hizo daño.

—¡Precisamente por eso! ¿Y si pierde el control? ¡Maldita sea! ¿Por qué nunca puedo contar contigo? —abrió la puerta y una ventolera de aire fue lo que sucedió a continuación.

Respiré profundo y negué con la cabeza. ¿Qué no podía contar conmigo? Desde que habíamos llegado, no hacía más que salvar el culo a esa cabeza de mosca y enterándome de todo lo que ellos desconocían. Estaba en todas partes y era los ojos de todos. Me reventaba que dijera que no podía contar conmigo. Golpeé la pared haciendo un agujero y escuché a Goenji murmurar algo mientras escuchaba el sonido de las sábanas. Estaba levantándose.

Tenía ganas de irme de allí pero antes tenía que hacer algo con él... Al poco tiempo, salió mientras se frotaba la cara y me miraba desconcertado.

—¿Qué ha pasado, Fudou? ¿Dónde están Endou y Kidou? Estaba hablando con él y...

—Yo tengo una pregunta mejor. ¿Qué narices ha pasado contigo? —pregunté molesto mirándole de forma recriminadora. —¿Tienes idea del peligro en el que has puesto a todos? Tú, perdiendo el control... —murmuré finalmente con ironía y con claras ganas de querer dar donde dolía. Pero no para mal, si no para que reaccionara de una vez.

—No me hables de esa manera.

—¿Y cómo quieres que te hable? ¡Dime! ¿Tienes idea de todo lo que habría podido pasar de no haber actuado rápido? ¿De si Kidou no hubiese podido controlarse? ¡Sois los dos igual, un par de imbéciles!

De pronto, mi espalda golpeó con la pared y un puño se alzaba para darme un puñetazo. Lo miré de forma decidida y enfadada sin moverme ni un ápice.

—¡Ahí está el gran Goenji Shuuya! ¡El que controla la situación! ¡El que analiza todo antes de entrar en acción! —largué de forma hiriente y burlona.

—¡Cierra la boca!

—¿¡Qué demonios pasa contigo!? ¡En vez de meterte a pegarte con nosotros deberías ir a buscarla! ¿¡o no!? ¿No es eso lo que quieres? ¿O es que te puede el miedo? —lo fulminé con la mirada y un golpe llegó a mi barriga haciendo que cayese al suelo maldiciéndolo.

Daba igual que me hubiese pegado. Había dado de lleno. Lo sabía y si no actuaba ahora que le había apretado las pilas, de seguro que seguirían pasando situaciones fuera de control como la de hacía unas horas o situaciones fuera de lo normal. Se marchó de allí sin decirme absolutamente nada más. Me merecía mil golpes quizá. Aunque mejor dicho, me merecía que me trataran mejor. Sentía que era el único que tenía la cabeza clara y que se daba cuenta de absolutamente todo... pero no me importaba. Sabía que estaba ayudándolo y eso era todo cuanto necesitaba saber a pesar de quedar como un idiota insensible y un sin sentimientos.

P.O.V Otonashi Haruna

Tras estar durante varias horas todos juntos en la casa de Touko, decidimos empezar a ir yendo todos a casa. Poco a poco, terminamos quedando menos hasta que los únicos que nos mantuvimos allí fueron Kogure, Shirou y yo. Fuimos los tres a casa de Kogure y es ahí donde nos encontrábamos en esos momentos. Decidí ponerme a hacer la cena para los tres mientras que Kogure terminaba de repasar para una recuperación que tenía que hacer al día siguiente. Shirou, por su parte, terminó colándose en la cocina cuando Kogure se ensimismó con la lección y se colocó detrás de mi con las manos en mi cintura.

—Te veo como en la luna —musitó, apoyando su cabeza en mi hombro viendo como seguía cortando algunos ingredientes para la cena.

—¿En la luna? Será tu imaginación —respondí girando un poco mi cabeza para mirarlo y darle un beso en la mejilla.

—No lo es... hay algo que te preocupa, ¿qué es? Vamos, cuéntame —me insistió con cariño.

Respiré profundo y dejé el cuchillo encima de la cocina para girarme ciento ochenta grados y colocar mis brazos rodeando su cuello. La verdad es que no se equivocaba. Había algo que me preocupaba. Mejor dicho, alguien. Kidou no se apartaba de mi cabeza. Su actitud conmigo, esa forma de hablarme... esa extraña sensación que tenía con él. La curiosidad. Y, quizá, una atracción que intentaba negar pero que empezaba a aceptar poco a poco. Tampoco esa pantera. Pero, ¿cómo decírselo a él precisamente? Tenía sus pequeños celos por Kogure si le decía eso por Kidou, de seguro que no se quedaría quieto y respecto al tema del felino... me echaría la bronca.

—Está todo bien —aseguré intentando pasar desapercibida pero ladeó la cabeza alzando sus cejas en señal de que no se lo creía y quería que hablara. —Es que... desde hace unos días siento algo extraño... —intentaba dar rodeos, intentaba que no se notara de que hablaba de alguien pero... Shirou no hablaba, simplemente me miraba y acariciaba mi cabello esperando que continuara así que no tenía ni idea de si estaba funcionando o no. —...algo extraño por Kidou —murmuré por lo bajo sin perder el contacto con sus ojos.

Sentí como sus dedos se quedaban quietos y su mirada que era dulce y tierna se volvía un poco dura. No le había gustado nada escuchar decir aquellas palabras. No le había gustado que se tratara de Kidou.

—¿Algo extraño por Kidou? Explícate —me pidió, apartándose ligeramente de mi.

—No te enfades, Shirou-kun... —lo atraje hacia a mi por su cintura y besé sus labios lentamente. —Es sólo que siento que lo conozco de antes, no sé. Es una sensación extraña... tengo mucha curiosidad y...

—Te sientes atraída por él, ¿verdad? —acertó de lleno, aunque en su tono de voz pude notar la molestia o el enfado, no sabría descifrar muy bien lo que era. Agaché la cabeza mordiéndome el labio inferior y apartó la mirada. —Sabía que estar lejos... crearía este tipo de situaciones.

—¿Qué? Shirou-kun, escúchame —le tomé el rostro entre mis manos forzando a que me mirara. —Seguro que es por la curiosidad... sabes que me va lo misterioso.

—¿Y qué tengo yo de misterioso?

¿En serio me estaba haciendo esa pregunta?

—¿A parte de tus extrañas salidas y tus llamadas misteriosas? —enarqué una ceja, empezando a ser yo la enfadada. —Nunca me cuentas nada sobre esas salidas, lo que haces, a donde vas y esas llamadas te ponen nervioso. Te pregunté una vez y me dijiste que no te preguntara. Te hice caso aún muriéndome de ganas por saber que haces cuando no estás aquí, con nosotros...—hice una pausa. —...conmigo.

—Es diferente.

—¿En qué es diferente? —ahora fui yo la que me separé y me apoyé en la encimera. —Podría pensar que estás con otra chica o que eres un asesino a sueldo con cara de bueno.

—¿Pero que idioteces dices? —preguntó soltando una risa de incredulidad para luego sonreír y acariciarme la mejilla. —No hay nadie más que tú.

Aparté su mano de mi mejilla aunque la mantuve entre la mía, sin apartar mis ojos de él.

—Entonces, ¿por qué no puedes confiar cuando te digo que sólo es curiosidad? Es sólo que siento que hay algo en él que... me resulta familiar, cercano y no puedo evitar sentirme atraída por él —pero, ¿por qué sentía que me lo decía más a mi que a él mismo? Eso no podía ser bueno.

—¿Es por él? ¿O por lo que crees que hay dentro de él que te parece familiar? —su pregunta empezó a hacer que me lo replanteara en serio.

Realmente, ¿qué era? ¿Realmente era el misterio o era él quien me atraía de forma inesperada? Me puse a recordar que aparecía cuando pensaba en mi hermano, que me hablaba de forma cercana. En su forma de tratarme... en ese misterio que parecía albergar por todo él.

—¿Haruna? —preguntó él tomando con sus dedos mi barbilla.

—No lo sé —admití mirándole algo confusa. —No te enfades pero... no lo sé...

Shirou me miró frunciendo levemente el ceño y agachó la cabeza asintiendo con la cabeza. Me sentía mal por decirle eso. Ni siquiera le había contado lo de la pantera pero eso era mejor para otro momento, un momento en el que las cosas estuvieran mejor. De esa charla parecía estar llenándose la cocina de cierta tensión bastante irrespirable.

—Será mejor que me vaya —murmuró, soltando mi mano y dándome la espalda.

—Shirou-kun...

—Está bien, Haruna. De verdad... —me cortó, sin siquiera mirarme. —Ha sido un día fuera de lo común. Ya nos veremos mañana —en su tono de voz, pude notar que no lo estaba, que estaba o decepcionado o triste. O de todo, menos bien.

—¡Ya he terminado de estudiar! ¡Por fin! —exclamó Kogure apareciendo por la puerta. —¡Hmm! ¡Que bien huele! ¿Puedo ayudaros?

—Yo ya me iba. Cenar bien —se despidió Shirou-kun despidiéndose de Kogure apoyando su mano en el hombro del pelo azul y mirándome de reojo a mi.

—¿Eh? ¿Te vas? ¿Otra vez? ¡Pero si íbamos a cenar los tres! Para una vez que acepto cenar contigo sin poner pegas... —protestó dándole un pequeño empujón amistoso. —¡Ya te vale!

—Ya en otra ocasión, si eso.

Kogure me miró confuso ante esas palabras. Estaba claro que se había dado cuenta que algo le pasaba y que se trataba conmigo. Luego se fijó en Shirou-kun de quien el peli blanco se despidió pero que el dueño de la casa le insistió en acompañarle en la puerta. Yo apreté los labios y me giré para terminar de cortar y meterlo en la hoya. Justo terminé cuando aparecía Kogure por la puerta mirándome algo preocupado.

—Haruna... ¿ha pasado algo con Fubuki? —preguntó apoyándose en la mesa. —Lo he visto algo de bajón. ¿Puedo ayudarte?

—Tranquilo, Kogure —mencioné con una pequeña sonrisa. —Supongo que son lo típicos problemas de pareja que por fin empiezan a aparecer.

—¿Problemas de pareja? Pero, ¿qué ha pasado? Si hoy estabais tan bien...

Aunque a Kogure no le hiciese gracia que saliera con Shirou-kun, se portaba bien conmigo cuando tenía problemas con el susodicho. Lo cierto era que siempre me había imaginado que le gustaba cuando no estábamos del todo bien pero su mirada ahora indicaba que estaba preocupado. Quizá porque llevaba una pequeña temporada que no daba ni una y todo salía mal haciendo que mi estado mental decayera sin poder evitarlo.

—Kogure, ¿terminas tu la cena? Voy a dar una pequeña vuelta... necesito refrescar la cabeza.

—Vale —aceptó no muy convencido. —¡Pero ten mucho cuidado! —me advirtió alzando el dedo en señal de aviso.

Yo sonreí y me acerqué para besar su mejilla fuertemente.

—Sí, onii-chan —murmuré de forma divertida.

Salí de casa con lo puesto. Ni siquiera reparé en el fresco que podía empezar a hacer ahora que el sol ya no estaba. Pero no hacía mucho frío, por suerte. Empecé a caminar por las calles de la ciudad mientras intentaba poner en claro mis sentimientos, mi cabeza, mis pensamientos... Estaba demasiado exhausta. Demasiadas cosas en muy poco tiempo. En dos días enterraba a mis padres por segunda vez. Había algo en Kidou que no podía decir con claridad lo que era y Shirou-kun se enfadaba pensando que tenía algo con él.

¿Y si lo tenía y no me daba cuenta? La verdad es que cuando estaba con cada uno de ellos, me sentía diferente. Con Shirou-kun me sentía bien, demasiado bien. Era agradable la sensación. Sentía protección, sentía que me quería. Pero con Kidou sentía una protección aún mayor, sentía que podía contar con él a pesar de no conocerle demasiado. Sentía que me apoyaba en todo lo que dijera o decidiera, que siempre estaba mirando y velando por mi... Lo malo de cada uno también pasaba por mi cabeza. Shirou-kun desaparecía de la noche a la mañana, por una llamada por teléfono o por no sabía qué ya que sus secretos eran inconfesables al parecer. Daba igual cuanto lo intentara, jamás me decía dónde iba, donde vivía exactamente, lo que hacía. Ni siquiera sabía si seguía estudiando. Y Kidou... era misterioso, demasiado misterioso. Sentía que podía ser peligroso pero a la vez, algo me decía que no para mi.

También pensaba en esa vez que estaba segura de haber visto sus ojos. Y no sólo eso, su cabello era igual que al de mi hermano. Por eso cuando me crucé con esos ojos rojos debajo de esas gafas de mosca, por un momento pensé que todas mis suplicas de que mi hermano, por lo menos, estuviera vivo, se habían hecho realidad. Pero ya no sabía si lo que veía era verdad o no lo era. Quizá estaba intentando encontrar de alguna forma a mi difunto hermano. Porque lo extrañaba. Porque quería tenerlo cerca para abrazarlo, tener su hombro con el que llorar, su sonrisa para tranquilizarme y esos consejos que siempre había estado dándome incluso siendo tan pequeños.

Me di un golpe en la frente yo sola. ¿Por qué no era capaz de superarlo? Todos tenemos un doble en el mundo, o eso decían. Seguro que mi doble estaría perdido por algún otro país, ¿por qué mi hermano no podría tener un doble o alguien que se le pareciera y haya terminado en el mismo sitio que yo? Seguro que los parecidos de Kidou simplemente eran por eso, una simple casualidad al de mi hermano. Sí, tenía que ser eso. Sólo estaba fantaseando con que posiblemente, en algún lugar de Kidou, se encontrara mi hermano. Pero eso era imposible.

Totalmente imposible.

Aunque en esos momentos, algo cruzó por mi cabeza...

—El nombre de Kidou...

El nombre de Kidou... ¿cuál era? Jamás lo había escuchado. Nadie le había llamado así. ¿Por qué?

P.O.V Kidou Yuuto

Me encontraba huyendo de todo en la oscuridad. Todo aquello que había visto no eran ilusiones, eran recuerdos. Recuerdos de verdad de una vida pasada. Lo peor de todo es que todo lo que sentía, lo había sentido yo. Y sus sentimientos no eran distintos a los que sentía yo en la realidad. ¿Es posible que en realidad fuera un error el estar aquí? Goenji se quedó por su hermana igual que yo volví a por la mía. Los dos desafiamos a la muerte y volvimos. Pero la primera vez tuvo un desenlace trágico. ¿Cuál podría ser el final del mío? ¿Y si era lo mismo? ¿Y si sólo repetía la historia una vez más? ¿Y si perdía el control debido a los celos que sentía cuando Fubuki o cualquiera estaba cerca?

"Tu problema es que estás enamorado de tu propia hermana y no soportas la idea de verle con otro hombre."

La voz de Endou retumbó en mi cabeza cuando dijo esas palabras a Goenji en una ocasión tratando de que abriera los ojos. ¿Por qué...? ¿Acaso es que sentía también que formaba parte de mi error? ¿Era posible que estuviera enamorado de mi propia hermana? Me agarré la cabeza y traté de ocultarla entre mis rodillas con fuerza.

Enamorado de mi hermana... ¿de verdad era eso posible? Las imágenes de Haruna tratando de una forma demasiado cariñosa a Kogure. La relación que tenía con Fubuki... la amistad que mantenía con Terumi e incluso... con esa maldita hiena que no hacía más que joderme una y otra vez. Todo me molestaba.

Pero eso no tenía que estar pasando. No debía de estar pasándome...

—Te buscaba... Kidou —escuché la voz de Fubuki cerca de mi.

Me incorporé de golpe y quedé de pie, frente a él. ¿En qué momento ha aparecido? No le he escuchado llegar con mi fino oído. ¿Tan centrado estaba en mis pensamientos que no me he dado cuenta? ¿O era... otra cosa? Dudé en el momento en el que vi sus ojos mirarme con un sentimiento poco agradable. Estaba molesto conmigo. Podía notarlo mi olfato.

—¿Qué quieres, Fubuki? No tengo tiempo para tonterías —soné seco, borde y ligeramente frío pero me daba igual.

—Sólo vengo a advertirte de algo.

¿Advertirme de algo? ¿Él? ¿A mi? ¿Pero quién se creía que era?

—Es sobre Otonashi Haruna... Mi novia, como ya debes de ser consciente.

Traté de ignorar la última parte para no darle un puñetazo ahí mismo. Más me importaba el hecho de que me viniera hablar de Haruna. ¿Acaso le había pasado algo?

—¿Le ha pasado algo a Haruna? —pregunté de forma automática.

—Tú... eres lo que le pasa —y aquello, me sorprendió.

Me quedé quieto mirándolo fijamente sin entender. Fruncí el ceño y me quedé sin decir ni una sola palabra. Esperaba que dijera algo más o que al menos, me mirara de alguna forma que me entrasen ganas de hablar. Por el momento, saber que Haruna podía pensar en mi, me agradaba.

—¿No vas a decir nada?

—¿Qué quieres que te diga? No sé de que va todo esto. No te sigo el juego —admití cruzándome de brazos y apoyándome en la pared. —Si no te explicas mejor...

—No tengo necesidad de explicarte nada. Sólo voy a decirte una cosa que no voy a repetirte —fruncí el ceño, prestando atención a lo que estaba por decir. —Aléjate de ella.

¿Cómo...? ¿Me estaba diciendo, o mejor dicho, ordenando que dejara a Haruna? ¿Qué me fuera lejos? ¡Já! Pero bueno, ¿de qué iba esto? Solté una risa divertida sin poder evitarlo y me aparté de la pared dando un par de aplausos.

—Sí, sí. Lo que tu digas, campeón. ¿Era todo? —cuestioné, sin más.

Quería largarme de allí pero me retuvo por el brazo.

Sentí algo en esos momentos. Ese contacto me hizo recordar la misma sensación que cuando Terumi me curó el ojo. ¿Acaso él...? No. No era posible. De haberlo sabido, me habría enterado antes, ¿no? Además, ¿cómo Haruna iba a salir con un ángel celestial? Era de locos. Aparté de forma brusca el brazo y lo miré de malas formas.

—Tú no me ordenas nada.

—¿Acaso no me has oído? Quiero que te alejes de ella.

—No pienso hacerlo y mucho menos que me lo diga alguien como tú.

Realmente... ¿quién era Fubuki Shirou? ¿Quién era ese chico que tenía delante? Por lo que podía ver, aquella conversación parecía estar viniendo de unos ataques de celos no controlados. Al parecer, no era el único que tenía celos en cuanto alguien desconocido se acercaba a Haruna... Sonreí de forma burlona. ¿Fubuki estaba celoso...? Eso significaba, que había posibilidades de tener la atención de la chica.

—¿No será que tienes miedo, Fubuki? —pregunté, disfrutando de poder decirle aquello.

Podía admitir que no esperaba decir nunca antes eso... Pero ahora, que bien sentaba.

—¿Miedo? ¿De qué iba a tener miedo, Kidou?

—A que te quite a tu novia —me regodeé en aquellas palabras con una sonrisita bastante molesta.

La cara del albino se volvió tensa y dura. Lo cual se me hacía extraño pues nunca le había visto ni siquiera enfadado. Parecía haberle tocado donde más dolía pero en vez de sentirme mal o cualquier sentimiento contradictorio al que sentía... me estaba divirtiendo y disfrutando mucho.

"Demasiado tiempo con Fudou y la hiena..."

Sí. Podía ser que Fudou hubiese tenido algo que ver con todo esto... Al fin y al cabo, quisiera o no, me la pasaba demasiado tiempo con él a contra de mi voluntad.

—¿No vas a decir nada... Fubuki?

—Dudo mucho que vaya a lanzarse a los brazos de su propio hermano —sus palabras me dejaron totalmente atónito. —... Kidou Yuuto.

Sus últimas palabras, fueron lo único que hicieron fue dejarme en shock. ¿Cómo sabía que yo...? ¿Cómo sabía que era su hermano? ¿Cómo lo había averiguado?

"No eres tan ingenuo... huele demasiado a nubes de algodón, ¿no te parece?"

Abrí los ojos sorprendido. Claro... esa pequeña tensión que notaba cuando él estaba cerca. Lo que había sentido cuando me había cogido del brazo...

—Ya decía yo que olía a peste cuando tú estabas cerca... ¿Es que no tienes a nadie a quién salvar, ángel? —inquirí, frunciendo el ceño.

Fubuki mostró una sonrisa ante mis palabras y dio un paso hacia a mi, quedando demasiado cerca de mi gusto.

—No pienso volver a repetirlo, pantera inmunda.

Y antes de que pudiese reaccionar, unas luces blancas iluminaron toda la oscuridad en la que me encontraba y volvían a dejarme completamente solo.

El ángel se había desvanecido entre esas luces.

—¿Qué demonios...? —murmuré aún sorprendido por los acontecimientos. —Fubuki es... ¿pero cómo es posible...?

Y peor aún, ¿¡cómo se atrevía un ángel a estar con mi hermana y engañarla de ese modo!?

P.O.V Otonashi Haruna

Cuando quise darme cuenta de dónde me encontraba, comprobé que estaba bastante alejada de casa. ¡Y ya estaba muy oscuro! Tenía que regresar. Seguro que Kogure se iba a preocupar demasiado por mi. Es por eso que puse rumbo hacia casa mientras intentaba ir por lugares más iluminados que otros. Desde que me había encontrado con la pantera, estaba un poco paranoica. O mejor dicho, desde que Kogure me había dicho que posiblemente él fuera el culpable de todo ya que en un principio, ni se me pasó por la cabeza que podía haber cometido semejantes atrocidades.

No sé por cuanto tiempo caminé. Pero había pasado el parque de Inazuma hacía unos minutos cuando al girar una esquina, me encontré con ese felino oscuro sumido en las tinieblas. Solté un pequeño grito que se quedó ahogado en mi garganta y me detuve en seco. Retrocedí inevitablemente con la esperanza de que no me hubiese visto todavía. Pero me encontré con su mirada. Definitivamente, me había visto. Noté la pared fría en mi espalda y tragué saliva algo asustada.

—Fuera, bonito, fuera... —susurraba intentando que se marchara o que siguiese su camino. ¿O acaso el fin de su camino terminaba cuando me hubiese comido? Ay, madre... "Espero que no esté enfadado, y mucho menos hambriento, aún quiero vivir..." Mi corazón estaba completamente desbordado.

Para mi sorpresa, la pantera se sentó delante de mi y agazapó la cabeza en señal de que no iba a hacer nada malo, más bien, parecía querer... ¿mimos? Lo miré muy dudosa. Demasiado dudosa mientras escuchaba los pequeños ronroneos que me estaba haciendo como si me estuviera pidiendo que le diera atención. "Siento que se ha encariñado conmigo." Me temblaban mucho las piernas.

—No, bonito, no —le decía mientras alzaba mi dedo. Por ese gesto, él agachó las orejas y su cara era la misma que la del gato de Shrek. ¡No podía ponerme esa carita! Parecía un gatito abandonado. Un gatito enorme con poderosas garras y afilados colmillos que podían arrancarme la cabeza... pero un gatito a fin de cuentas.

Estiré mi brazo lentamente, aún con dudas y con miedos para acariciarlo.

Flash Back

—¡No me lo acerques, no me lo acerques! —le gritaba a mi hermano de cinco años que reía con el perrito entre sus manos.

—¡Vamos, no seas miedosa! —me decía sonriente. —¿Qué va a hacerte esta cosita? ¡Si es un bebé! Apenas tiene dientes...

Por aquel entonces, yo tenía mucho miedo de los animales. Todo a raíz de que me mordió una tortuga... ¡suena raro! Pero como me picaba el dedo. Condenada tortuga.

Aquel pequeño peludo animal soltó un pequeño ladrido y me miraba con una carita de anhelo mientras movía con mucha rapidez su rabo esperando que lo acariciara y jugara con él. Yo mantenía mis manos agarradas y apegadas a mi.

—¡Mira! —él mismo se llevó al animal a su cara y éste empezó a lamer felizmente. —¡Me hace cosquillas! —exclamó entre risas.

—...

Yuuto volvió a acercarme al perrito y yo lo miré con desconfianza.

—Confía en mi —me miró con esa sonrisa tranquilizadora que tanta confianza me brindaba.

Estiré mi mano para acariciar la cabeza del cachorro. Cerré los ojos con bastante miedo de sentir los dientes de ese bebé peludo y del que no podía evitar tener miedo.

—¡Así no! —exclamó mi hermano haciendo que diera un salto y el perrito me ladrase animado.

—¡Moo, onii-chan, no me des esos sustos!

—¡Es que le vas a acariciar con miedo! ¡Si tienes miedo, los animales lo sienten y tratan de defenderse!

—¿Me morderá?

—No lo hará si no tienes miedo —me aseguró cogiéndome una mano.

—Vale... —tragué saliva y traté de pensar en otra cosa ya que mantener la cabeza en blanco me resultaba imposible. ¿Y si me mordía? No podía dejar de tener miedo así como así. Cerré los ojos y terminé acariciando la cabeza del cachorrito que me ladró y lamió la mano. —¡Mira, onii-chan! ¡No me ha mordido!

—¿Lo ves? —respondió con una sonrisa ensanchada. —¡Vamos a jugar con él!

Sonreí. Onii-chan rió mientras dejaba al cachorro en el suelo y me tiraba al suelo. El animalito enseguida saltó sobre nosotros y empezamos a jugar los tres juntos.

Fin del Flash Back

De pronto, me detuve en seco. Miré fijamente a la pantera quien movía el rabo y sus ojos esperanzadores me transmitían la tranquilidad de que no iba a suceder nada. Mostré una pequeña sonrisa y esta vez, dirigí mi mano sin miedo hacia el felino. "Si no tengo miedo, él no lo tendrá y no habrán problemas... ¿verdad, onii-chan?"

Antes de que mi mano tocara la cabeza del animal, éste levantó su cabeza y lamió mi mano. Acto seguido, se levantó y se acercó a mi para restregarse.

—Me vas a chafar, ¡eres muy grande! —protesté empezando a reír mientras acariciaba su grande cuerpo. Me agaché un poco y de pronto, me lamió toda la cara. Por poco y me mata con eso.

Reí y me quede de frente. Vi sus ojos. Rojos como la sangre. Y me detuve por un momento, quedándome embobada en ellos.

—De dónde has salido, ¿eh? No hay panteras en Japón —le pregunté, como si fuera a obtener respuesta.

Qué tonta.

Y en un momento, cuando toqué la cabeza nuevamente de aquel felino, sentí un escalofrío y unas imágenes de cierta persona invadieron mi mente.

—Kidou —musité extrañada y sorprendida.

Tan pronto como mencioné ese nombre, la pantera se apartó de mi y echó a correr.

—¿Eh? ¡Espera! —exclamé sin lograr ver por donde se había ido. Era como si se lo hubiera comido la oscuridad de la noche. —¿Qué ha sido...?

—¡HARUNAAAAA! —escuché gritar con ayuda de un megáfono a Kogure. —¡¿DÓNDE ESTÁAAS!? ¡DIME ALGOOO!

Parecía totalmente desesperado...

—¡HÁBLAMEEE!

¿Pero qué...? De pronto, lo vi aparecer por la misma calle. Sin duda, era un escandaloso y un histérico. Pero me encantaba que se preocupara tanto por mi. Me hacía sentir bien. Me hacía sentir querida.

—¡Estás viva! —exclamó corriendo hacia a mi y abrazándome.

—¿Me dabas por muerta? —pregunté enarcando una ceja.

—¡No! ¡Sí! ¡No sé! —terminó lloriqueando.

Solté un suspiro sin poder evitarlo y reí divertida.

—¡Hasta que no me entere de que han cogido a esa pantera no vas a salir sin vigilancia! ¡Tengo miedo de que te pase algo!

—Hm... vale, vale... —acepté intentando no reír.

Era mejor no decirle que acababa de volver a tratar a esa misma pantera como si de un gatito se tratara. Además, ¿vigilancia de qué? Cómo si él pudiera hacer algo contra ese pedazo de bicho. Eran por lo menos, ochenta y cinco kilos de peso.

—¡Venga, vamos a casa! —exclamó Kogure cogiéndome de la mano y llevándome cual padre con su hija.

P.O.V Kidou Yuuto

Acababa de llamarme.

¿Acaso sabía quien era? ¿Era posible que Haruna en realidad supiese quién era Fubuki y le hubiese hablado de que yo era una pantera? … No. Definitivamente, estaba volviéndome loco por pensar en esas tonterías.

Pero entonces, ¿por qué habría dicho mi nombre? ¿Y si relacionaba algo con su hermano y terminaba enterándose de quién era yo realmente? Si se enteraba de que era su hermano, ese el cual ha pensado toda su vida que estaba enterrado en ese ataúd, y no era cierto, fijo que le daba algo. Esperaba que no, era algo muy remoto, Haruna no era de las que creían en algún tipo de milagro a no ser que lo viviera, no creía que ni se le pasaría por la cabeza la posibilidad de que su hermano estuviera vivo. Después del accidente, ella estuvo en el tanatorio y en el entierro, iba todas las semanas a visitarnos a mi y a nuestros padres. Ni remotamente se lo replantearía.

Pero entonces, ¿por qué? ¿Por qué cuando me estaba mirando a los ojos ha dicho mi apellido? Si no le había dejado ver mis ojos desde que había llegado allí, era imposible que pudiese haberme reconocido.

La cara de Terumi no tardó nada en aparecer por mi mente.

¡Claro! ¡Terumi! Él siempre estaba al tanto de todo, seguro que también tenía que saber que es lo que había pasado. Pero ahora que lo pensaba, desde que llegamos a Inazuma nos habíamos encontrado con varios ángeles celestiales;Terumi, la hermana pequeña de Goenji, Yuuka, y ahora Fubuki ¿porque estaban reunidos aquí? Ya era raro encontrarse con un solo ángel ¿que hacían los tres ahí? Si era para proteger a alguien uno solo ya rebosaba mucho poder, sobretodo, si hablamos de alguien como Terumi, que parece llevar mucho tiempo en el oficio ¿que puede ser tan importante como para recurrir al poder de tres?

"Creo que tu no eres el único que guarda secretos, Kidou. Ese ángel y sus amiguitos deben de estar aquí por algo ¿Si no por qué? ¿Han organizado una merienda?"

Tenía razón.

"Tenemos que averiguarlo."

"¿Tenemos?"

"Oh, vamos, pantera. No me digas que no tienes curiosidad..."

"Está bien... Tenemos. ¡Pero sólo por esta vez! Y porque quiero comerme un ángel".

"Pero si no podemos matarlos..."

"Pero me encanta oírlos gritar".

Rodé los ojos de forma inevitable dejando salir una sonrisa. Seguro que eso venía de forma celosa ya que el tigre atacó a Terumi y él no había podido deleitarse con algo así desde que estábamos juntos.

P.O.V Endou Mamoru

¿Dónde podía esconderse alguien que buscaba víctimas inocentes y de alma pura a las que incitar a que se suicidaran? Y, por sobre todas las cosas, ¿cómo podían sacar su alma? ¿De verdad era posible que ellos siguieran vivos? ¡Si habían sido todos exterminados! O, bueno, eso es lo que todos habíamos pensado después de aquella guerra... Si alguno seguía vivo, ¿por qué ayudar a alguien con unos fines tan drásticos para toda la humanidad? ¡No lograba entenderlo! Se suponía que ellos ayudaban a los ángeles celestiales para "detenernos", ¿por qué se aliarían con ese tipo de seres?

"No te enfades, Mamoru".

"¿Cómo quieres que no me enfade? ¡Teníamos bastantes con todos los asesinatos que estaba creando Kidou como para que ahora vengan vengadores en busca de...!"

"Si te exaltas de esa manera, no actuarás como debes. Cometerás errores y no puedes permitírtelo".

Tenía razón. Toda la razón. Aún así... era demasiado complicado.

Recorría todas las calles de Inazuma sin detenerme y sin bajar mi velocidad. Nadie podía verme con semejante velocidad. Eso no me era un problema. Fue entonces cuando, me detuve encima de un edificio y observé a Aki paseando sola por las calles. Bajé de un salto por un jardín y salí corriendo por la puerta principal del hogar.

—¡Aki! —exclamé, esperando que se girara.

Pero para mi sorpresa, no se detuvo. La miré extrañado y confuso. A lo mejor no me había oído...

—¡Aki! —insistí de nuevo.

Pero de nuevo seguía caminando como si... Fruncí levemente el ceño y me apresuré a su lado.

—¿Qué te pasa? ¿No me oyes? ¿Estás enfadada conmigo? —pregunté, muy inocente. Pero ella seguía mirando de frente, con los ojos vacíos y ni siquiera parecía que me hiciese caso. —Oe... ¿qué te pasa? —empezaba a irritarme.

"Mamoru..."

De pronto, mi cuerpo se detuvo al ver delante de mi a un chico de una mata de pelo como la de un león, castaño... tal y como Fudou me había descrito en aquella conversación. Y esa sonrisa, esos ojos...

—Desuta... —agarré la mano de Aki para que dejase de andar. Pero ésta dio un fuerte golpe hacia adelante soltándose para mi sorpresa y acercándose al cabeza de león.

—¡Eh, Aki!

Pero entonces la vi. Cerca de él. Esos ojos que tenía... ¿Acaso es que ella...?

—¿Cómo es que tú estás...? ¿Qué le has hecho? —le pregunté realmente molesto y cabreado. Sólo verlo, ya era irritante. —¡Déjala en paz! Ella no te ha hecho nada —exigí, apretando la mandíbula.

—¿Sabes? Siempre me pregunté porque te gustaba tanto estar entre los humanos... —comentó tomando de la cintura a Aki y colocando su cuerpo delante de él mientras olfateaba su olor. —...son muy tentadoras, ¿verdad? Huelen realmente bien... Y su sangre es tan sabrosa...

Apreté mis puños y traté de acercarme a él pero entonces vi su rostro endiablado por la bestia de su interior. Aquellos colmillos, aquellos ojos...

—No he podido evitar darme cuenta que tienes cierta debilidad por dos chicas... Y ya que tú no te decides por ellas, te lo pondré fácil.

—¿De qué estás hablando? —me acababa de pillar con aquellas palabras.

—No es bueno tener dos debilidades, Endou... En realidad, no es bueno tener ninguna. Puede aparecer cualquiera y acorralarte con ella o en tu caso... con ellas, ¿acaso no lo sabías? —mostró una sonrisa traviesa que no me gustó ni un pelo. Era pura ironía ya que sus palabras... era lo que estaba haciendo él en esos momentos. —Puedo acabar con esta joven ahora o... dejarla libre y que alguien se ocupe de la niña rica de pelo rizado. O acabar con la niña rica y dejarte viva a ésta. Dime, ¿a quién prefieres?

Agrandé los ojos. ¿Cómo...? ¿Qué no sólo estaba jugando con Aki? ¿También estaba con Natsumi? ¡Pero eso no era posible! Eso significaba que... ¿había alguien más? ¿Lo estaban ayudando? ¿O simplemente era uno de sus típicos juegos?

—¿Qué es lo que quieres, Desuta? —bramé apretando los dientes.

—Tú destruiste todo cuanto tenía, Endou... ¡Acabaste con los sueños de todo mi mundo! Y, casi acabas conmigo pero... aquí estoy. Me diste por muerto demasiado pronto —sonrió triunfante. —¡Voy a acabar con todo lo que amas antes de destruir el mundo! Voy a hacerte sufrir... ¡Vas a llorar sangre, Endou Mamoru!

Desuta era un tipo muy antiguo. No era como yo. No se trataba de alguien creado de la misma manera ni mucho menos. Él había sido convertido tres generaciones después de que yo existiera. Lo conocía más que nadie porque fui yo quien lo convirtió... y jamás pensé que se convertiría en semejante error de mi vida. No era quizás el más amable pero, en algún momento de su nueva vida, se convirtió en alguien sin corazón. Antes de creer en su muerte estuve buscando dentro de su interior ese lado bueno que todos siempre suelen tener por muy oculto que tengan y nunca lo encontré. No había absolutamente nada. Y, tras aquella guerra hace más de cuatro cientos años, pensé que habíamos acabado con todos los renegados que intentaban conquistar el mundo mediante muertes y tratando de conseguir un único objetivo: Dominar el mundo y acabar con la especie humana haciendo que todos se convirtieran en lo que ellos mismos eran, en lo que yo era; y para ello, necesitaban...

—¿De verdad crees que esta vez lo vais a conseguir? ¿Crees que vamos a mirar para otro lado?

"Muy bien. Sigue así, Mamoru... Quiere provocarte, quiere tenerte al límite para hacer contigo lo que él quiera".

"No es fácil."

Le protesté internamente.

"Pero lo estás consiguiendo".

"Si salvo a Aki, Natsumi morirá y si salvo a Natsumi, entonces será Aki quien muera..."

"¿Estás seguro de que Natsumi está también en la situación? A lo mejor todo es palabrería, recuerda que se le va la fuerza por la boca".

—¡Por supuesto que lo voy a conseguir! ¡Tengo a mis hermanos que me ayudarán con ello! ¡No acabasteis con todos nosotros, Endou! ¡Los renegados se han vuelto a unir y van a acabar con el sueño de todos los que cayeron en aquella guerra! ¡Ni tú ni nadie, va a poder con nosotros! —exclamaba el renegado como si estuviera completamente loco.

"Tienes razón, pero... maldita sea, ¿qué puedo hacer? ¡No sé como ganar tiempo! Cerbero... ¿qué hago?"

—¿Qué harás, Endou? —me preguntó tono de voz que no me gustó absolutamente nada. —¿Esta de aquí... o la otra?

Apreté los dientes y cerré con fuerza los puños.

"Hay que saber dónde está. Gana tiempo con eso".

—¿Dónde está Natsumi? ¿Cómo puedo saber que ella está todavía viva? ¿Por qué debería confiar en alguien como tú?

—Ahí está tu moral... ¿en serio eres el más viejo de todos nosotros? Parece que no hayas aprendido nada durante todos tus milenios de vida.

"Está intentando ganar tiempo".

—Entonces, ¿salvas a la otra? —continuó jugueteando con sus colmillos muy próximos a su cuello. —¿Puedo acabar con ella? Esto será por placer y venganza, lejos de cualquier otra cosa...

"¡Maldita sea...!"

Todas mis intenciones fueron a parar en darle un golpe por sorpresa aprovechando la velocidad para colocarme por detrás de él y hacer que la soltara y así que no pudiera realizar algo contra ella pero antes de que lo hubiese podido hacer, vi como sus ojos se volvían ambarinos en señal de que se transformaría si intentaba algo... y no era recomendable. Desuta era alguien muy peligroso... y estábamos en mitad de la calle, a pesar de que la oscuridad las inundaba y hacia difícil la visión para los seres humanos.

—Ni se te ocurra atacarme por sorpresa. No si la quieres viva, Endou —advirtió agarrándola del cabello. —¿Quieres que la despierte y vea todo esto? Será divertido... —una sonrisa maligna se posó en su rostro.

—No lo hagas —pedí casi como una súplica. —Por favor, Desuta, no... No le hagas pasar por esto.

—Será divertido... ¡vamos! ¡Es todo tan aburrido por aquí...! Aunque he de admitir que me divierto mucho observando los ataques del chico de rastas. ¿Kidou se llama?

Me sorprendió ligeramente aquello. ¿Eso quería decir que llevaba por aquí el mismo tiempo que nosotros o que quizá incluso antes? ¿Y cómo es que no nos habíamos enterado hasta ahora? No... no es que no nos hubiéramos enterado, es que ellos no habían querido aparecer hasta esos momentos, pero, ¿por qué?

—¿Por qué esperar hasta hoy para asomar tu fea cara, Desuta? —inquirí, queriendo ser yo quien ganara tiempo ahora.

—Si te lo dijera... tendría que matarte —respondió como si nada, dándole un enfoque travieso. —Aunque nada me gustaría más.

—¿Acaso estabas buscando a alguien que te ayudara? ¿Alguien más a parte de tus compañeros?

—Puede. Te sorprenderías de todo lo que uno termina enterándose...

—Entonces... es verdad. Aún quedan sobrevivientes —sabía que él estaba hablando porque quería que supiera ciertas cosas y fuera consciente de que sólo me enteraría de las cosas que él quería que me enterara...

—Sí. Escasos. Cuesta encontrarlos como una aguja en un pajar, pero no hay nada que se me resista.

—¿Por qué querrían ayudaros? No lo entiendo.

—Porque son igual que nosotros. Vosotros acabasteis con demasiadas familias, Endou... Y aún así, esos que se hacen llamar ángeles y protectores no hicieron nada para protegerlos, ¡al contrario! Colaboraron con vosotros para hacer toda aquella tragedia... Quieren venganza, como nosotros.

—¡Pero vosotros vais a acabar con todo el mundo!

—Sí, bueno... un detalle que se nos olvidó comentarles. Nada del otro mundo —pronunció con sarcasmo.

"Malditos embusteros... Mamoru, tenemos que encontrar a esa persona y hacerle ver a quiénes está ayudando. Estoy seguro de que no es eso lo que quiera para su futuro".

Así que era eso. Esa persona que les estaba ayudando... no sabían del propósito real de esos tipos. Aunque, si no habían aparecido por allí, eso significaba que... ¿estaba en Inazuma? Pero, ¿dónde? ¿Y quién podía ser? Encontrarle iba a ser difícil...

—Eres escoria, Desuta —solté cabreado.

—Gracias —sonrió de oreja a oreja, a modo de agradecimiento.

De pronto, hizo un chasquido raro y sacó una pequeña botella que se la hizo tragar. ¿Qué era eso? Sentí mucho nervios. No sabía a qué estaba enfrentándome exactamente.

—¿Qué estás haciendo? ¿Qué es eso?

—Poner más vidilla al asunto —respondió él guardando la botella con una sonrisa desafiante.

P.O.V Goenji Shuuya

No había rastro ninguna de ella. Por mucho que recorriera todas las calles de Inazuma, todos los tejados y tratara de seguir el olor de cualquier ángel que me saliera al paso, no me llevaba a ningún sitio. Me llegaban a lugares en los que no había nada... incluso, llegué a un lugar en el que el olor de Kidou se mezclaba con el de Fubuki. Me preguntaba que hacían esos dos juntos... no es que se llevaran precisamente bien. Y, no había que ser demasiado lento para darse cuenta de que el aroma del albino se mezclaba con el de un humano por ser medianamente novato.

Pero no encontraba ningún rastro del único ángel que buscaba; el de mi hermana. Siempre pensé que era un ángel y en esos momentos mis pensamientos golpeaban con la realidad. Así era. Mi hermana era un ángel. Aún no sabía como era posible, pero así era. De alguna manera, ella estaba "viva". Y tenía que intentar hablar con ella. Tenía que pedirle perdón... y conseguirlo. Llevaba durante siglos castigándome y sintiendo que nada tenía sentido sin ella. Pero ahora... todo había cambiado. Como siempre, ella cambiaba mi vida.

De pronto, pasé por un callejón y me llegó no sólo olores. Si no voces...

—¿Qué estamos haciendo aquí? —protestaba la voz de Fubuki.

—¡Sein nos ha dicho que venía enseguida! —esa voz era la de... Yuuka.

Me quedé paralizado viendo sobre la oscuridad a mi hermana con Fubuki. Eran tan sumamente raro... que se me hacía todavía un sueño y algo imposible. Pero era la realidad.

—Konban wa, Goenji —saludó Fubuki mirando hacia mi dirección. —¿Se te ha perdido algo? —preguntó de forma inocente.

Vi como Yuuka volvía a esconderse tras él chico, al menos, parte de ella. Tragué saliva y me adentré el callejón y acercándome a ellos a paso firme a pesar de tener parte de mi cuerpo paralizado por tener delante a mi hermana después de tantos siglos.

—En realidad... —empecé a decir pero callé y guardé algo de silencio.

Era más obvio el porque lo había guardado. Fubuki miró de soslayo a mi hermana. Entendió lo que tenía perdido para estar por las calles de Inazuma y precisamente por esos callejones que a parte de los mendigos borrachos, nadie los visitaba.

—Oye, Yuuka-chan, ¿te parece si espero yo a Sein y tú vas a hablar un poco con Goenji?

Yuuka negó con la cabeza, sin pronunciar palabra. Sentí una punzada en mi pecho, como si alguien me estuviera acuchillando.

—Vamos... —la quiso animar, girándose y tratando de acercarla a mi.

—¡Shirou-kun! —protestó ella agarrándose de sus brazos. —No me hagas esto —suplicó mirándolo fijamente a los ojos.

—¿Qué puede hacerte? —preguntó él con una sonrisa. —Estaré cerca, no te preocupes. Anda, ve.

Yuuka me miró de soslayo y tras unos minutos en los que parecía estar debatiéndose si hacerlo o no, mi yo interno se daba golpes contra todos los músculos, paredes y todo cuanto pudiese darse totalmente histérico. ¿Por qué lo pensaba tanto? No quería hacerle nada. Jamás había tenido esa idea... aunque los hechos, siempre terminaban siendo de otra forma a lo que yo tenía pensado.

"Me das vergüenza... Pareces como un crío cuando está esperando por Papá Noel..."

¿Y qué si podía parecer eso? ¡Me daba absolutamente igual! Poder estar a solas con mi hermana... era todo cuanto deseaba.

Yuuka finalmente, se separó de Fubuki y pasó por mi lado, pasando de largo. Miré a su dirección dudoso y tras unos cuantos pasos ladeó su cabeza hacia a mi.

—¿Vas a quedarte ahí parado toda la noche? —nunca había escuchado ese sarcasmo proviniendo de ella.

Me sorprendió, no podía negarlo. Al fin y al cabo, la Yuuka que yo conocía era una niña. Era alguien totalmente inocente, sin maldad, sin ironías ni sarcasmos. Aquella Yuuka era mucho más madura. Era una madurez que me venía de golpe y que me costaba asimilar dado que seguía teniendo esa edad... con que la vi la última vez.

Terminamos llegando a una calle en la que una fuerte luz de una farola, nos golpeaba con fuerza. Ella iba por delante y no podía quitarle los ojos de encima por mucho que quisiera. Me mordí los labios y observé como se detenía y se giraba para mirarme mientras se agarraba las manos y jugueteaba con sus propios dedos. Me miró con cierto recelo pero aún así, yo la miraba fijamente. Sintiéndome emocionado, sintiendo que algo que se me salía de dentro.

—¿Por qué me miras de ese modo? —inquirió, al cabo de un enorme silencio.

—¿Cómo quieres que te mire? —pregunté sin poder evitarlo. Avancé hacia ella un par de pasos, pero ella hizo la intención de retroceder de continuar y me detuve. —He estado demasiado tiempo atormentándome por no tenerte a mi lado, no puedo mirarte de otra manera ahora mismo...

—Tú lo elegiste así —claudicó, frunciendo el ceño y agachando la mirada segundos después. Parecía que no era capaz de mirarme demasiado tiempo a los ojos.

—No, yo no lo elegí... yo no quería que eso sucediera. Jamás te haría daño, y lo sabes.

—Me mataste... Shuuya —mencionó de forma firme y sin titubear. Añadiendo su forma de decirlo, su tono... me dio otra estocada. —Eso lo sabemos los dos. Y no sólo a mi...

No. Maté también a la persona que quería, entre otras muchas...

—Yuuka, lo siento —me disculpé apretando los puños. —Te juro que lo siento...

—Es que eso no me vale —dijo ella con cierto tono de dolor en su voz. —Tus disculpas no traerán de vuelta a Suzuno o a todos esos hombres a los que le quitaste la vida...

—Yo no lo hice...

—Puede que algunas no.. pero sé que a la mayoría sí.

—Yuuka... —intenté acercarme pero vi como me miraba. En sus ojos leía que no quería que me acercara y me mordí el labio pensativo. —Dime que puedo hacer. Haré cualquier cosa, por favor... pero no me apartes. Ya ha pasado demasiado tiempo... ya he pagado mi condena —murmuré sintiéndome como un completo monstruo. Al fin y al cabo, me sentía el propio asesino de mi hermana...

—Quizá no volvamos a vernos más. No te esfuerces... —murmuró ella apoyándose en la pared.

La observé algo confuso por esa respuesta. La pillé mirando hacia la luna que se reflejaba en sus ojos. Me apoyé en la pared también y poco a poco, terminé acercándome a paso de hormiga a ella. Sabía que era porque me lo estaba permitiendo, no porque tuviese suerte. Miré hacia el cielo y apreté los dientes. ¿Qué podía decirle? No le valía con que me disculpara y lo entendía pero... ¿qué podía hacer para compensarlo? ¿O es que no había nada para recompensar todo aquello? Además, ¿qué era eso de que quizá no volveríamos a vernos? Ahora que sabía que estaba "viva"... no podía dejarla ir tan fácilmente.

—Si eres un ángel celestial... debes de saber como funcionan las cosas, ¿verdad? —pregunté para romper el hielo. No obtuve respuesta y lo tomé como una afirmación. —Entonces, también tienes que saber que yo...

—Lo sé —me cortó bajando la mirada. —Padre te mando a matar porque quería descendencia por mi parte... Lo sé.

Me sorprendí y la miré fijamente, esta vez siendo yo quien guardara silencio. Hasta que entendí que pensaba que me había vengado de él por ese hecho.

—No lo maté solo por eso. Torturaba a mamá, Yuuka... —le confesé.

Sus ojos se abrieron como platos y me miró. Estaba claro que de eso si que no tenía información al respecto.

—¿Cómo que la...?

—Mientras me torturaba a mi... me dijo que ya lo había probado otra vez y mientras le plantaba cara... confesó que estaba actuando como ella en mi lugar... —murmuré viendo como sus gestos la delataban. Esa noticia estaba tocando dentro de ella. —La sólo idea de ver a mamá atada y siendo golpeada de esa manera... me volvió loco... y su forma de hablar de ella, de como te culpaba a ti. Simplemente, no pude dejarlo salir de ahí por si mismo. Es de lo único que no me arrepiento —confesé sin importarme lo que pensara.

Agachó la cabeza y vi su perfil. Apretó los ojos y los dientes. Quise tocarla pero no me atreví. Sentía que algo estaba fuera de lugar. Yo ahí, con ella... Si alguien me lo hubiera dicho alguna vez, no le habría creído y le habría golpeado hasta saciarme.

—No le importábamos... Era mejor así. A todos le vino bien su muerte, aunque suene mal decirlo —continué, intentando que al menos, no me tuviera tanto odio por eso ya que había más motivos ocultos de los que ella pensaba. —Al reino... a nosotros.

—Pero eso no quita que tú eres un monstruo, Shuuya —susurró con un hilo de voz. —Puede que Padre lo fuera en vida... pero tú... tú lo eres en la muerte.

Eso dolió demasiado. De pronto, un olor a sangre llegó a mi sentido del olfato. Empecé a olisquear y Yuuka se quedó también tensa, como si notara algo.

—Hay sangre cerca.

—Alguien sufre —contestó ella.

Nos miramos a la par.

—¿Sabes quién? —interrogué.

—Pon la mano en mi hombro, ¡rápido! —me ordenó separándose en la pared.

Yo simplemente obedecí y me vi rodeado de unas luces blancas que nos rodearon a ambos.

Fin P.O.V Goenji Shuuya

La risa del albino resonaba por todo el lugar mientras observaba como el cuerpo de la pelo naranja estaba colgado de pies por el enorme árbol.

—¿Estás cómoda? —preguntó mientras se sentaba en la rama del árbol y dejaba caer un cuchillo haciendo que cortara parte de la pierna, y todo el brazo de la chica. Por suerte, ésta se movió y apartó su cara para que no le diera.

Aquella arma se clavó en el suelo y la pelo naranja se quedó observándolo con miedo. Se encontraba maniatada de pies y manos. Y no sólo eso, también tenía la boca tapada con esparadrapo. Su rostro se encontraba empapado de lágrimas. Lágrimas que ya no eran capaces de salir porque intentaba ser fuerte ante aquella situación en la que se había visto metida en un abrir y cerrar de ojos.

—No sufras, quizá ese Endou venga a salvarte... o quizá no —continuó como si nada. Atrapó con sus piernas la rama y se dejó caer hacia abajo con las manos en su nuca quedando a su lado. —¿Cómo te gustaría morir? Podría sacarte el corazón en un abrir y cerrar los ojos, suele ser una muerte rápida o quizá... ¿prefieres que te corte las venas y desangrarte? ¿Sabes? Yo soy más de torturas antes de la muerte pero me han dicho que tengo que ir con cuidado... y eso no me gusta —explicó con cara de tristeza y frustración. El joven arrugó el ceño y se incorporó en la rama. Se crujió el cuello lentamente y soltó un suspiro. —Vaya, parece que alguien viene. Ya era hora... ¿cuánto durarás consciente? Espero que lo necesario para ver con que tipo de gente estás yendo... simple humana —soltó con una enorme sonrisa muy desagradable.

De un salto, cayó al suelo de pie y se cruzó de brazos.

Frente a él, empezaron a formarse unas luces blancas que indicaban que se trataba de un ángel celestial... pero para su sorpresa, se encontró también a un acompañante con el que tanto él como sus hermanos tenían algo pendiente.

—Oh... si son los hermanitos Goenji —se rió divertido alzando las cejas, como si le sorprendiera verlos juntos. —Esto va a ser muy entretenido. Por fin una buena diversión.

—Gamma... —murmuró Yuuka fulminándolo con la mirada.

Goenji observó de mala forma a ese chico de cabello blanco y ojos violetas. Observó de dónde venía la sangre y se encontró con un rostro de shock y de miedo.

—Natsumi —susurró el pelo vainilla viendo que suplicaba que la sacaran de ahí con la mirada, para ella, era la peor pesadilla jamás vivida. Lamentablemente, no era una pesadilla... Era la vida misma. —¡No metas a nadie más en esto, Gamma!

—¡Son órdenes! Esta chica... Se debate entre la vida y la muerte. Depende de Endou Mamoru ser salvada o no. Así que no interfiráis. Nadie me ha prohibido matar a un ángel y a uno de sus amigos —aseguró sacando una afilada lengua recorriendo sus labios.

—Yuuka, ve a por Natsumi, yo me ocupo de él —susurró seriamente Goenji, colocándose delante de su hermana.

—Si se acerca a la humana, la mataré, Goenji. ¿Estás dispuesto a perder tu hermana por segunda vez? Te aseguro que esta vez no tendrás tanta suerte de poder verla al cabo del tiempo.

—Cállate —ordenó el ojinegro.

Yuuka orbitó hasta Natsumi pero entonces, en un abrir y cerrar de ojos, el cuerpo de Gamma dejó de estar delante de Goenji y se quedó delante de Yuuka que estaba en la rama.

—¿Cómo? —se sorprendió el ángel.

—¡He dicho que no interfiráis! —exclamó dando una fuerte patada en la cara a la niña que salió lanzada hacia un lado.

—¡Yuuka! —gritó Goenji quien salió disparado a atraparla al vuelo.

El cuerpo de Yuuka golpeó el pecho de Goenji el cual se dejó llevar por la fuerza protegiéndola de esa forma con su propio cuerpo. Fue él quien recibió el golpe al golpearse en un árbol con la mala suerte de que una rama atravesó parte de su lado derecho del abdomen.

—¡Shuuya! —exclamó sorprendida al ver lo rápido que había reaccionado para evitar que se hiciera daño. Pero ante ese gesto de dolor, sus ojos bajaron y se percató como de su abdomen comenzaba a brotar una gran cantidad de sangre. —¡Oh, Dios mio, Shuuya, aguanta!

Goenji gimió y terminó gruñendo sacándose fuertemente aquella gruesa rama con sus propias manos. Gruñó más fuerte cuando aquella rama bastante gruesa salió por completo de su cuerpo.

—¡Espera que te cure!

—No hay tiempo —se negó, apartando a su hermana. —Es Natsumi a la que debes curar, rápido, ve.

—Pero no puedes luchar así! —protestó el ángel.

—¡Ve a por Natsumi! —repitió nuevamente antes de lanzarse hacia Gamma al cual lo agarró y lo lanzó a una distancia enorme por los aires.

P.O.V Fubuki Shirou

Sein había llegado poco después de que Yuuka se hubiese ido a hablar con Goenji. Por alguna extraña razón, sentía que se encontraba más lejos de lo que en un principio estaban. Y había sido de forma repentina. Como si hubiera orbitado a otro lugar. Pero no me inquietaba del todo pues había sentido que había llevado a Goenji con ella. No sabía que se traían entre ellos dos pero esperaba que fuera bueno.

—¿Lo sientes? —preguntó, mirándome con dureza.

—¿El miedo y la sangre? Bueno, será algún ni...

—Sigues siendo un novato, Fubuki. - gruñó, interrumpiéndome. —¡Es sangre y miedo humano, debería preocuparte!

—¡Pero, Sein! ¡Muchos niños se golpean, se hacen sangre y se asustan! ¿Por qué te enfadas de esa manera?

—Grrr —apretó los dientes y chasqueó la lengua fulminándome con la mirada.

¿Qué pasaba con él? Desde que había venido, estaba diferente. No parecía el Sein de siempre. Parecía como si estuviera nervioso, preocupado. Como si hubiera algo que estuviese mal... A parte de que Endou y todos los suyos estuvieran en Inazuma y rondando por la ciudad como si fueran humanos normales... ¿qué otro problema podría haber? ¿Acaso es que...?

—¿Acaso ocurre algo que yo no sepa? ¡Tengo derecho de saberlo, Sein!

—¿Derecho? —repitió, mirándome de mala manera. —Tú único derecho es continuar protegiendo a Haruna hasta que te digamos que se acabó —respondió tajante haciendo que apretara los dientes.

—¡Shirou-kun, Sein-san!

Ambos nos miramos de golpe. ¿Yuuka? ¿Qué pasaba con ella? Su forma de llamarnos era desesperada. Se estaba comunicando de forma mental, algo que usábamos para estar en contacto en todo momento y en caso de necesitarnos mutuamente, con tan sólo decirnos algo, podíamos ir a su localización. En mi caso, no la había usado demasiado ya que llevaba pocos años en ello y no era algo que hubiera necesitado.

—¿Qué pasa, Yuuka-chan? ¿Todo bien? —preguntó Sein, ligeramente preocupado.

—¡He encontrado a Gamma y tiene un rehén! ¡Es Raimon Natsumi! ¡Shuuya está peleando contra él para intentar distraerlo pero no logro sacarla de aquí! ¡Tenéis que venir a ayudarnos!

Sein me agarró del brazo y en un abrir y cerrar de ojos, me vi metido en la órbita de mi superior dirigiéndonos a ayudar a Yuuka-chan.

Pero... "¿Quién es Gamma? ¿Qué está pasando...?"

Fin P.O.V Fubuki Shirou

—¡Gaaaaah! —gritó Gamma desde el cielo dirigiéndose a una velocidad increíble hacia Goenji que lo esperaba en el suelo en posición de defensa.

Goenji por su parte, esquivó en el último momento y giró sobre si mismo para soltar una fuerte patada en la cara del albino como si se tratara de una técnica de Taekwondo acertando y provocando que cayera en el suelo. Antes de caer, apoyó sus manos en el suelo y se impulsó hacia arriba.

—¡Bastardo! —gritó abalanzándose hacia el vainilla con sus puños y tratando de golpearle mientras Goenji se movía rápidamente esquivando cada uno de los puñetazos.

Goenji se centraba en su oponente pero no sólo en eso, si no también en Yuuka que estaba viendo todo y que parecía tener algo de miedo por la pelea, por lo que podría pasar. No es como si Goenji no fuera un buen luchador, que lo era. Tampoco era que no pudiese defenderse bien porque lo hacía. Pero aún así, parecía estar muy inquieta con la situación. De todos modos, en un momento en el que lo vio posible, consiguió acercarse a Natsumi.

Goenji pudo ver que el ángel había llegado a Natsumi y eso le alivió, ligeramente.

Sin embargo, no duró mucho pues no fue lo único que alcanzó a ver.

De la nada, apareció alguien en dirección hacía Yuuka.

—¡YUUKA DETRÁS! —exclamó Goenji bajando la guardia y siendo acertado en dos puñetazos en la cara. Gamma aprovechó para soltarle una patada en el abdomen y un rodillazo en la boca haciendo que cayera para atrás. —¡Ghh!

El poseedor del tigre intentó levantarse pero Gamma se puso encima y empezó a golpearle con fuerza mientras sus ojos se volvían de un color diferente. Al parecer, iba a empezar a ir en serio...

Para la suerte de la ángel celestial, con el grito que había dado su hermano había activado sus defensas y había creado un escudo a su alrededor y al de Natsumi pero en el que su oponente no llegó a golpearse. Se giró para ver que era lo que había sucedido o si es que había tenido suerte y lo había traspasado pero en su lugar, vio a Sein en su espalda, empezando un cuerpo a cuerpo con un nuevo enemigo que había aparecido con rapidez.

—¡Sein-san!

—¡Yuuka-chan! —a su lado, se encontraba el ángel albino. —Démonos prisa.

—¡Sí!

Goenji logró provocar un cabezazo en Gamma que lo dejó algo aturdido y en el que aprovechó para empujarlo y lanzarlo lejos de dónde se encontraba su hermana con el recién llegado Fubuki. Pero cuando fue a por él, ambos renegados se juntaron. Sein se colocó al lado del poseedor del tigre y lo miró de reojo.

—¿Te encuentras bien, chico?

—Sí...

—¡Ya está a salvo! ¡Sein-san! ¡Retirémonos! —exclamó Fubuki desde la lejanía.

—¡Shuuya, tú también! —gritó su hermana pequeña como si fuera una orden.

Sein observó al pelo vainilla y mostró una pequeña sonrisa. Podía tenerle mucho resentimiento pero aún así, se preocupaba por él aunque ella no parara de negar tal hecho. Cuando fue a tocarlo para orbitar junto con sus compañeros, ambos se abalanzaron hacia ellos separándolos.

—¡No tan rápido! —gritó Gamma. —¡Beta, no dejes que se la lleven! —indicó a su compañera.

Beta avanzó con rapidez hacia Yuuka y Fubuki quien no dudó en orbitar lejos de allí junto con la hermana pequeña de Goenji y una trastocada Natsumi.

—¡Kûso! —maldijo deteniéndose en seco. —¡Se han escapado!

—¡Síguelos! ¡No importa dónde vayan! ¡Acaba con Raimon Natsumi! —ordenó.

—Pero, Desuta-sama dijo...

—¡Al diablo con lo que dijo! ¡Hazme caso! —gritó mientras intentaba golpear a Goenji y éste le esquivaba.

—¡Lárgate! —exclamó el poseedor del tigre al ángel celestial que estaba con él.— ¡Vete con ellos, yo me ocupo de éste!

Sein, sin dudarlo ni un sólo instante, orbitó siguiendo a sus compañeros y sin preocuparse en haber dejado sólo a aquel joven con aquel renegado y mientras buscaba la ubicación de Beta, ya que estaba siguiéndolos muy de cerca y quería detenerla antes de que los alcanzara.

Goenji, por su parte, salió volando por un par de ataques y en el aire, dejó salir sus garras tras hablar con el tigre que se encontraba bastante cabreado al ver que no era capaz de enfrentarlo sin él, algo que era lo que siempre decía. Los ojos de Goenji, se mostraban mucho más salvajes, más felinos y no dudó ni un instante en abalanzarse hacia el albino que había saltado para intentar darle otro ataque en el aire.

Dead Time!*

De pronto, una onda expansiva salió del cuerpo del pelo vainilla y absolutamente todo su alrededor, se quedó completamente detenido. Incluso el cuerpo de Gamma se quedó clavado en el aire, totalmente quieto. Sus expresiones y su gesto de querer matarlo. Goenji aprovechó y con sus garras hizo una cruz pasando por su oponente. Su ropa se resquebrajó y una cruz en sangre salió del cuerpo que cayó al suelo. En el momento en el que su cuerpo se encontraba en la sólida arena, Goenji chasqueó la lengua y volvió a sentir el aire en su cara, el sonido de las hojas moviéndose y los quejidos seguidos de maldiciones de Gamma.

—¿Qué demonios...? —murmuró el albino.

—Tú no puedes derrotarme. ¡Deja de intentarlo! —exclamó un enfadado Goenji.

—¡Kûso...! —intentó levantarse pero cayó al suelo. —No puedo acabar así... ¡esto no acaba así...!

Una fuerte luz verde empezó a rodearlo y se empezó a incorporar como si nada. Goenji abrió los ojos sorprendido y retrocedió sorprendido, por la fuerza que esa luz emanaba de él. Pero, ¿qué era...?

—¡VOY A ACABAR CONTIGO! —vociferó antes de ver como todo su cuerpo se deformaba y dejaba salir a un enorme basilisco.

—¿Cómo..?

Pero no era una basilisco cualquiera, no tenía la velocidad de un basilisco normal y se lo demostró cuando de pronto, apareció detrás suya. Intentó darle un golpe, pero en su lugar, los colmillos atravesaron toda la zarpa de Goenji y parte de su abdomen ya lastimado que provocó que soltase un grito de dolor. Gimió y trató de librarse pero sólo consiguió que le diese un coletazo y los colmillos rasgaran su piel sin salir además de profundizar más aquel agarre.

—¡Ghhhhh!

Los ojos del basilisco se pusieron blancos y cayó al suelo sin remedio alguno con Goenji aún en su boca.

—Ghh... —gemía Goenji sacando el brazo de dentro y tratando de sacarlo de su abdomen que no dejaba de sangrar.

—Diablos... ¿Estás bien? Al menos, ahora tienen motivos para querer matarme a mi también —se escuchó encima de la cabeza de un muerto basilisco.

—T-Tú...

No era otro que Fudou Akio.

—No tengo ni idea de quienes son estos tipos y por qué os quieren muertos pero, nadie va a mataros a no ser que sea yo y lo sabéis. —el castaño se cruzó de brazos seriamente y miró a Goenji incorporándose lentamente y con dificultades. Parecía que ese mordisco le había dejado bastante mal. —Te va a costar recuperarte de esa herida del abdomen... —mencionó observando el estado de su compañero. —¿Si lo tiro al mar flotará? —preguntó enarcando una ceja y señalando a sus pies, refiriéndose a aquel enorme animal.

Goenji mostró una pequeña sonrisa pero algo en él le hizo caer al suelo perdiendo el conocimiento.

—¡Eh, Goenji! —exclamó bajando a toda velocidad impidiendo el impacto contra el suelo. —¿Qué pasa? ¡Eh!

"—Fudou... ¿y si sus colmillos estaban inyectados en algún tipo de pócima?"

"¿Quieres decir que es posible que sus colmillos fueran mortales incluso para nosotros?"

"—Es una opción..."

—No... ¡Kûso! ¡Aguanta, Goenji!

El que llevaba a la hiena dentro subió al pelo vainilla a su espalda y empezó a alejarse de allí, olvidándose por completo del basilisco muerto en aquel lugar.

Ya se ocuparía en otro momento o alguno de los ángeles si estaban realmente de su lado, se encargarían de él. Esa era la mentalidad de Fudou.

P.O.V Fudou Akio

"¡Kûso! ¡Kûso! ¡Maldita serpiente de pacotilla!"

"Ha conseguido lo que quería, al final".

"¡Ojalá se pudra en el infierno!"

Iba a gran velocidad con Goenji en mi espalda el cual gemía de dolor.

—¿Cómo vas, Goenji? —pregunté mirándole de soslayo.

—Duele... ghh... —pronunció con mucha dificultad, sin dejar de gemir por el dolor.

En momentos como este, Endou diría algo como;"¡Aguanta, esto estará cuidado en un momento, ya verás!". Pero... yo no era capaz de decir ese comentario optimista. Me era totalmente imposible hacerlo. Apreté los dientes con fuerza y me aferré a su cuerpo en mi espalda.

Llevaba desde que la hiena me había hablado intentando contactar con Terumi pero no aparecía, ¿por qué demonios no aparecía? ¡Cuando más le necesitaba el muy condenado desaparecía del mapa! Veía el rostro de Goenji fatigado, adolorido y empezaba a sudar demasiado. Además, estaba perdiendo bastante sangre. Gruñí y me dediqué a seguir corriendo mientras mentalmente no hacía más que llamar a ese que se creía Dios. ¿Cuánto tiempo llevaría ya corriendo? Tal vez si iba a casa solo, me estuvieran esperando y con Goenji en ese estado no podía ponerme a pelear. De pronto, me topé con la olor del idiota de Kidou.

Aceleré hasta alcanzarle y salté delante de él sorprendiendo al de las rastas.

—¿Fudou? —vio el estado de Goenji y se alarmó enseguida. —¿Qué le pasa a Goenji? ¿En qué os habéis metido? —empezó a interrogar con preocupación.

—Cierra la boca y escúchame —pedí, recuperando el aire de tanto correr. —Kidou... tenemos un problema... —me extrañaba que no hubieran ido a por él, todo había que decirlo. Era el más novato y habría sido un buen rehén pero habían ido por otro camino... ¿estaba hecho adrede?

—Goenji... —se acercó a él y colocó su mano en la frente de éste. —¡Oe, Fudou, está ardiendo!

—Y no sólo eso... —lo miré de reojo, con seriedad y gesto preocupado. —…se está muriendo, Kidou.

Continuará...


Dead Time* = Tiempo muerto / Muerte del tiempo


¡Y aquí el capítulo número diez! ¿Qué, os esperabais algo como esto? Siento que tenía que haber metido más KiHaru, pero la verdad es que no he sabido qué más meter en este capítulo, ya que tocaba la aparición de los renegados que van a dar mucha guerrilla y ese misterio que hay de por medio. Ya voy adelantando que las cosas se van a poner muy interesantes y tensas. Pero creo haber llegado al punto que buscaba (y que todos empezabais a querer, creo yo XD); que Haruna tenga muchas dudas sobre Kidou y sobretodo, esa escena de la pantera y Haruna que tanto gustan.

Agradecimientos a:

Chao Ling-Yin, por sus aportes y sus ideas tan geniales. ¡Eres la mejor ayudante del mundo! Gracias de verdad.

Dama-kge, por seguir no sólo esta historia si no seguir otras que hago, me hace mucha ilusión leerte. Gracias y espero que te haya gustado este cap igual que los anteriores.

Kani14, espero que no te hayas desesperado demasiado esperando el cap! XD Tengo tendencia mucho al drama, al trauma y esas cosas cuando se trata de pasados y de vidas y esas cosas... culpa de Disney (?) xDD ya te irás dando cuenta. Gracias por seguirme siempre y estar ahí. También por haberme obsesionado con la parejita de FuHaru, ¿eh? Te estoy preparando una sorpresa para más adelante.

Dango-di, gracias por darte el atracón de capítulos y dejarme un review! Me alegro muchísimo de que te guste el fic, espero seguir leyéndote muy pronto.

Haru-shan, gracias por tu apoyo con el fic, ya sabes que Haruna puede quedar con cualquiera o incluso con ninguno, con mi mente retorcida nunca se puede saber... Así que sólo te digo que sigas leyendo y disfrutando de los capítulos. Te llevarás muchas sorpresas seguro.

Nercinary, gracias por tu apoyo! Kidou va a tener que empezar a tener cuidado por lo que parece, ¿eh?~ xDD Me alegró mucho leerte, ¡espero hacerlo de nuevo pronto!

Y eso es todo, pequeños saltamontes. ¡Hasta el próximo capítulo! Espero leeros mucho.

¡Ja nee!