Por fin me han encontrado o yo solita me descubrí... mi "supuesto anonimato" valió cacahuate, pero bueno. Me agrada platicar con algunas de ustedes y saber sus opiniones... es fantástico.

Bueno como se darán cuenta el dilema se resolvió... ocupe alguna de sus opiniones y lograron convencerme... pero más a mi lado de escritora. Así que a darle!


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Cap. 9 Lo correcto, lo necesario y lo esperaba.

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Bella

Así que mi queridísima tía también tenía que ver en este "secuestro", cerré los ojos cuando él también lo hizo su respiración se escuchaba cada vez más acompasada, se concentraba o ya había sido en el mundo de los sueños, sonreía y me acurruque en su hombro, inhalando su deliciosa esencia y dejándome llevar a ese maravillosos lugar.

- Pequeña... despierta – me removí y lleve mi mano derecha antes de emitir un bostezo, abrí los ojos lentamente y en su rostro encontré una hermosa sonrisa y en sus ojos un brillo especial.

- Ya llegamos... espera, ¿En dónde estamos?

- ¿Eso importa?

- La verdad, no. Yo seré feliz en donde quiera que tu estés. Mi sitio es a tu lado – su sonrisa y después ese delicado beso que sello mi especie de juramento, calentó mi pecho y después de él, me hizo sonreír como estúpida.

- sabiendo que eres sumamente curiosa – deslizo su enorme mano por mi mejilla izquierda – estamos en una playa privada de México, aquí nadie nos molestara, hace bastante que la adquirí. Pensé que sería perfecta para la ocasión – mis mejillas se coloraron al pensar en todas las posibilidades de "la ocasión"

El aire caliente golpeo mi rostro y todo mi cuerpo en cuanto bajamos del jet, sostuvo mi mano mientras caminábamos por la pista de aterrizaje hacia el auto color blanco con negro que estaba a unos metros, un hombre algo robusto, moreno y de bigotes chistosos le entrego unas llaves. Me abrió la puerta del copiloto y me ayudo a subir, me gire un poco para ver como varios hombres depositaban las maletas, que quien sabe cómo traíamos. Se despidió de ellos y subió del lado del conductor. Los asientos de piel, blancos, eran muy cómodos, todo parecía lo suficiente moderno, para darme cuenta que este era uno de sus juguetitos, Edward solía ser muy humilde y no sobajaba a las personas por su estatus social, pero eso no le impedía de vez en cuando comprarse sus carritos de millones de euros.

- Así que... ¡¿Uno nuevo?

- lo siento en cuanto lo vi me enamore...del auto. Y solo lo se ocupado con esta 2 veces, la primera fue como hace un par de meses cuando vine a una cumbre aquí y ahora contigo.

El ronroneo del motor apenas era perceptible, acelero para salir de la pisa, apenas se sentía la velocidad que imprimía el acelerador, salimos a la primera carretera, por lo visto no era tan transitada, a pesar de que no era perceptible en el velocímetro distinguí que la aguja estaba llegando a los 210 Km/h. Me aferre a la manija que estaba junto a la puerta y me sumí un poco en el asiento

- No te preocupes, se lo que hago

Paulatinamente la velocidad fue disminuyendo y mi corazón dejo de bombear tan rápido. Este hombre siente cierto gusto por la velocidad y a mí me da pánico, que contradicción. Llego a un camino pedregoso, la vegetación no era tan densa pero poco verdosa, mientras más nos acercábamos se hacía menor, baje la ventana y el aire impregnado de sal, el bullicio se las olas rompiendo contra las rocas llego a mí. Esto era el paraíso, el carro aparco en donde terminaba la terracería e iniciaba la arena, el sol había comenzado a caer y se perdía paulatinamente en la unión del firmamento y el mar.

Mire aquella majestuosidad de la naturaleza a través del parabrisas sin percatarme en que momento él había abandonado el auto y ahora abría caballerosamente la puerta, mientras me extendía una mano para ayudarme a bajar, sin quitarle la mirada a la unión de nuestras manos me acerque lentamente a su cuerpo, tan grande, perfecto y cálido. Me envolvió en sus brazos, inhale su esencia y sentí como mis mejillas se habían encendiendo en cuanto su mano se deslizaba desde la mitad de mi espalda hasta mis caderas. Lleve mis manos de su pecho hasta su nuca, enrede mis dedos en su sedoso cabello y tire de él hacia mí. Mi cuerpo se disparó a un nivel de sensaciones el cual nunca creí posible, su manos se movieron impacientes, levantándome al vuelo, enrede mis piernas en su cintura, mientras su beso se hacía más ansioso y demandante, dio unos cuantos pasos antes por lo que mi débil mente pudo percibir, sentí como me depositaba en algún lugar, específicamente la cajuela del auto, sus manos se deslizaron de mis muslos a mis caderas, lleve mis manos a su pecho y seguí mi viaje a la parte baja de su anatomía, dio un pequeño gruñido cuando intente meter mi mano en su pantalón, corto el beso, atrapo mis manos.

- Es muy difícil controlarme si te tengo tan cerca.

Me ayudo a bajar del auto, me tomo entre sus brazos y beso mi frente, me separe de él y lo mire a los ojos, oscuros y llenos de deseo, un delicado rayo de electricidad recorrió mi espina dorsal. Le sonreí y tome su mano, camino y yo lo seguí, por un momento no me preocupo nada, ver el atardecer, en un lugar mágico y con el hombre de tus sueños a tu lado, opacaba cualquier cosa e inclusive al deseo.

Pronto el cielo se comenzó a tintar de un azul y morado, pronto la obscuridad llego y miles de puntos brillantes adornaron el firmamento, la luna rápidamente se posó, grande y orgullosa en medio del cielo, las olas comenzaron a golpear las piedras, ahora con más rapidez y calma a la vez, era el escenario perfecto, para el amor y el romanticismo. Acurrucada entre sus piernas y sus brazos protegiéndome, me incline hacia el lado derecho, buscando más de su calor y su fuerza. Mis ojos se estaban cerrando y por más que trate de evitarlo un bostezo se me escapo.

- Debes de estar demasiado agotada

- No... No mucho

Se puso de pie y luego me llevo con él, me pegue a su pecho y luego me sentí flotando, me llevaba en brazos.

- ¿En dónde pasaremos la noche?

- De eso no te preocupes, duerme un poco.

Susurro muy cerca de mi oído, me abrace y cerré los ojos, su ligero trote, el delicioso murmullo de las olas, el olor a libertad y la inmensa tranquilidad, fueron factor para que quedara completamente dormida.

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El delicado rose de alguna tela, se extendió por mis hombros, mi espalda y cualquier porción libre de ropa, sentí como el cálido cuerpo deslizaba su manos de mi espalad a y su cuerpo se alejaba de mí, pero como acción en reflejo mis manos se negaron a dejar de atarme a su cuello, lo retuve con la poca fuerza que tenía, su risa de arcángel me obligo a abrir los ojos. El techo era de una madera tan clara, pero tener la visión de su rostro hizo que me olvidara de todo... de momento.

- Creí que dormías

- Creí que jamás me ibas a soltar

- Seria más cómodo para ti... digo, para dormir.

Se recostó a mi lado y acaricio mi cabello, el murmullo del agua aun bailaba en mis oídos me gire para mirarlo, se veía tan pacífico y tan perfecto como siempre. Atrás de él pude divisar que las paredes eran de un azul cielo, me senté en la cama y la quijada se me fue prácticamente al piso, era la habitación más alucinante que hubiera visto en mi vida, ni siquiera encontraba las palabras exactas que le hicieran justicia a tamaño toque de arte y belleza.

Mire la cama en donde estábamos acostados, no era de un tamaño grande pero si lo necesario para... sus cabeceras eran de un metal tan brillante y hermoso que parecían de plata. A sus costados habían dos pequeñas cómodas, de madera a juego con la del techo, gire por completo y solo se veía la mitad del muro, igual de madera, dejaba de cada lado dos entradas, asía algún lado, ya más tarde lo averiguaría. En la parte más alta había un delicado velo que era corredizo y podría cubrir la cama, sus sabanas eran blancas y de la una tela suave. Del lado derecho vi un sillón de dos piezas de un tono más fuerte de azul, a su lado había una lámpara y una cómoda más grande. Y del izquierdo se encontraba un pequeño tocador, de madera clara y con detalles sumamente definidos; era hermoso, lo que me dejo más impresionaba era la serie de vidrios plegables que dividían a aquel paraíso azul de una precioso estanque en cada esquina había bocinas que estaba conectados al modernísimo aparato de música que estaba en la esquina de izquierda. ((NT/ soy pésima para describir así que, mejor vean la imagen en mi perfil... para que no se me vallan a perder.))

- Esto es... como un paraíso.

- Y ahora está completo – lo mire aun con asombro y él sonreía como un niño pequeño al que le han dado un nuevo juguete. – Porque tu estas aquí

Sonreí como una estúpida, mientras volvía a pasear mi mirada por la habitación.

- Te gustaría probarlo.

Con la mirada señalo al estanque, tal vez mis ojos se iluminaron de más, porque en seguida tomo mi mano y me ayudo a salir de la cama, con un panel de control que se encontraba en una de las paredes, replegó los vidrios, caminamos por la orilla y nos detuvimos a la mitad del pasillo del lado derecho.

- ¿Necesitaremos... los trajes de baño?

-No lo creo – en cuanto pronuncio esas palabras, desabrocho su camisa y la dejo caer.

Mis mejillas se encendieron con un rojo vivo, desabrocho su cinturón, se sacó los zapatos y se quitó los calcetines, dejo caer también el pantalón, quedando solo en unos bóxer negros, muy... palabra que eran demasiado ajustados, gire deprisa cuando vi como llevaba sus manos al elástico del bóxer; ¡¿En realidad pensaba quitárselo? Su risa era inconfundible y después de unos cuantos segundo escuche como se golpeaba algo contra el agua, mire hacia el estanque y no lo vi salir, pero por lo cristalina que era el agua, lo vi sumergido, nadando como un pez, lo hacía a la perfección y por más que trate de que mis ojos no vieran ese detalle me percaté de que estaba completamente desnudo. Desvié la mirada aún más avergonzada y por fin lo escuche emerger.

- ¿No quieres nadar conmigo? – en su voz se escuchaba un deje de ánimo y pero en sus ojos podía notar un ligero brillo de duda.

Cerré los ojos y lleve mis manos al cierre del vestido. ¡Oh claro! Se me había olvidado mencionar que mi hermosa tía, me obligo a ponerme un vestido, era blanco y fresco, de tirantes y que llegaba un poco más debajo de mi rodilla. Cuando lo baje por completo mis manos se posaron en cada tirante y los deslice muy despacio por mis hombros, cruce mis manos por mis pechos y sin abrir los ojos me libere de las sandalias plata, escuche el repiqueo del agua y sentí mi rostro explotar de lo rojo que debería de estar. En un instante todo se quedó en silencio, solo estaba el sonido de mi corazón golpeando mi pecho a toda velocidad y después... como la tela se deslizaba por mi cuerpo, mi instinto de llevar mis manos a mis senos, los cuales estaban libres y expuestos, seso, cuando unas tibias y húmedas manos, entrelazaron sus dedos con los míos. Deje de respirar durante un segundo y solté el aire de golpe que había estado almacenando en mis pulmones cuando su aliento se posos en mi cuello.

- Eres hermosa.

Beso mi hombro, coloco mis manos en su cuello y las soltó para llevar las suyas al inicio de la única prenda que aún estaba sobre mi cuerpo, muy despacio la fue deslizando por mis caderas, apreté los ojos y mordí mi labio en un intento de que ningún sonido saliera de ellos. Poco a poco se fue arrodillando mientras deslizaba la prenda por mis muslos, mis rodillas y luego me ayudaba a liberarme de ella, soltó un delicado, pero no por eso, silencioso suspiro. Coloco sus manos en mi cintura y me pego a su cuerpo, en mi muslo izquierdo pida sentir su excitación, trague en seco y volví a escuchar su riza, pero ahora más ronca.

- ¿Confías en mí? – susurro en mi oído, trague en seco y asentí – No te escucho – murmuro

- Con mi alma – apenas fue un lastimero sonido, me abrace a él, enredando mis manos en su cuello y lleve mis piernas a sus caderas cuando sentí que saltaba, llevándonos a ambos a los más hondo del estanque, en un segundo ya habíamos emergido, aun pegada a él, abrí los ojos, las gotas de agua que se deslizaban de su cabello hasta su rostro, le daban un toque mucho más irreal. Esa mirada muy pocas veces la había visto o tal vez la única vez que la vi fue en mi habitación, me deseaba y por fin podría estar entre sus brazos, en la unión más antigua que ha practicado el ser humano.

Deslice mis piernas de su cintura, solté de su cuello y me sumergí; comencé a nadar por debajo del agua, tenía que gastar por lo menos, un poco de la adrenalina y excitación que recorría mi cuerpo, no podía dejarme llevar tan rápido por mis hormonas. Salí en una de las esquinas, más alejadas de él, su sonrisa torcida bailaba en sus labios, elevando la temperatura del volcán que hervía en mi cuerpo.

- Pareces una sirena, eres tan hermosa que me duele verte – nado hasta mí y me acorralo contra la pared del estanque, me agache un poco haciendo que el agua cubriera mi desnudes – soy indigno de ti, de tu cuerpo, de tu amor.

Clavo sus manos en mis cabellos y me acerco a él para besarme, con amor, ternura, pasión e impaciencia. Toque sus anchos hombros las deslice por su pecho llegue a su abdomen y muy lentamente acaricie las líneas de su ingle. Sus manos viajaron hasta mis glúteos y los apretó ligeramente, un muy vergonzoso gemido se escapó de mis labios. Tomo un gran bocado de aire y entro en el agua, aturdida por el beso, solo pude atinar a sostenerme del borde del estanque, apenas está regulando mi respiración cuando sentí como sus manos se posaban en cada rodilla, levantándolas para luego ser depositadas sobre sus hombros, cerré los ojos cuando sus labios besara la parte interna de mis muslos, muy cerca de aquel lugar, beso mi bajo vientre, llego a mi ombligo y con su nariz fue recorriendo hasta que llego a posarse en medio de mis senos; baje mis piernas y las enrede en su cintura, me solté y lleve mis manos a sus mejillas obligándolo a salir, mi cuerpo inconscientemente me pedía la fricción con aquel complemento, lo mire a los ojos mientras meneaba mis caderas de un lado al otro, apretó la mandíbula y su mirada torno completamente obscura.

Giro y fue ahora él que se recargo, llevo sus manos a mis caderas y las detuvo, lo mire con duda y el solo beso mi frente, las elevo un poco y sentí como su sexo se posaba delicadamente en la entrada de mi cuerpo, un escalofríos recorrió mi espalda y me obligó a abrazarme con todas mi fuerzas a él cuando comenzó a deslizarse en mí. Me tense y debajo de mis dedos pude sentir que sus músculos también lo hacían. Una punzada de dolor me recorría cada que profundizaba en mí, era progresivo, el dolor crecía. Enterré mis dedos en su espalda, solté un grito cuando se apresuró y mordí su hombro, no sabía si eran mis lágrimas o las gotas que resbalaban de mi cabello.

- Duele... – susurre. Su cuerpo salió por completo de mí y el agua tibia refresco mi adolorida entrepierna, me envolvió en sus brazos y beso mi hombro.

- Aun no estas lista... pequeña.

Me cargo en forma de novia, acunándome con sus brazos y su cuerpo, acaricie sus mejillas y trataba de sonreírle, sin inmutarse ni un segundo, subió por las escaleras, atravesó la mitad de la habitación para llevarme a la cama, me recostó cuidadosamente, se iba a levantar pero lleve mis manos de inmediato a sus hombros tratando de retenerlo, sus ojos estaba apagados y sus expresión era de dolor. Se recostó a mi lado, paso su brazo por mi nuca y me abrazo, me acurruque en su pecho y escuche como empezaba a tararear la delicada canción que tocaba en el piano antes de que fuera a dormir, cuando era más pequeña, antes de que... él se alejara.

- Lo lamento

No pude levantar mi rostro para verlo ya que él tenía su barbilla sobre mi cabello, su respiración se aceleró durante un segundo y luego se normalizo, mis manos se deslizaron a su pecho, cuanto amaba su pecho, era tan fuerte, bien torneado y suave, con mis dedos jugué con el delicado bello que había en él.

- Antepuse mi placer a tu dolor... y eso no era así

- Eso... debe de ser natural

- Si... No, si hubiera sido más delicado

Su mano masajeaba mi espalda, me acurruque más cuando sentí un poco de frio, el soltó un suspiro y se estiro hacia el lado contrario, desprotegiéndome; mi corazón se contrajo en tan solo pensar que me estaba rechazando. Por ser tan pequeña, ser delicada, nuevas lágrimas se arremolinaron en mis ojos, mordí mi labio para evitar que un sollozo escapara, cuando dejo de mirarme para girarse, trate de esconder mi patético rostro detrás de mí cabello y cerré los ojos. Sentí como una tela, suave y cálida se deslizaba por mi cuerpo y sus brazos regresaban a la misma posición. Sí que estaba muy sensible.

- Y ahora, tampoco pienso en protegerte del frio.

- ¿Por qué dices que aún no estoy lista?

- Porque, en realidad... aun no estamos listos.

- ¿Qué es lo que quieres decir?

- Que es demasiado pronto para dar este paso, tu cuerpo aun es tan pequeño... y creí que... yo podría, pero no, me es imposible contenerme.

- No sé qué decir – y era la verdad. Claro, ese hecho hacia que me sintiera sumamente estúpida, era mi futuro, mi cuerpo y no podía decidir.

- Solo contéstame una pegunta ¿Crees que el sexo sea fundamental, ahora?

Solo pude mantenerme callada, mirándolo tratando de buscar alguna pista en su rostro o en sus ojos, pero... estaba confundida.

- Yo creo que no. Se perfectamente lo que quiero y eso eres tú, sin en cambio – abrí la boca para protestar y decirle que yo también lo sabía – calla, tú me aseguras que lo sabes; eso me preocupa, apenas iniciamos esta relación, si se puede llamar así y necesito que estés completamente segura de la locura que vamos a emprender. Que en algún caso de que esto no funcione, podamos parar, seguir como antes y sin tener que estar cargando con la sombra de un error, que por supuesto para mí no lo seria. Tu mente y tu corazón aún son muy frágiles, deben de madurar un poco más, y tú misma descubrirás si esto es amor una especie de admiración paternal que tu mente convirtió.

Esto me hacía sentir feliz y alagada, me protegía hasta en las circunstancias más insignificantes. Y por más que quisiera decírselo o rogara que él pudiera leer mi mente para que se diera cuenta que esta era una de las razones por las que lo había elegido como al que le entregaría mi corazón... pero si quería que "Lo pensara" lo haría por él.

- ¿Cuánto tiempo?

- El que necesites

- Ok, 5 minutos

- Eres tan extraña, y pensar que toda mi vida te tuve a mi lado y jamás descubrí como lo hacías

- ¿Qué cosa?

- Dejar atrás lo malo a pesar de que ocurriera a tan solo unos instantes y seguir adelante con una radiante sonrisa

- Debe de ser de familia. Entonces quedamos, ya pasaron los 5 minutos y sigo pensando que te amo y eres el hombre de mi vida.

- Vamos pequeña, solo han sido 3... Y esto es en serio. Dos años

- ¡¿Qué? No... Uno, más de lo que necesito... pero solo uno

- Un año y medio

- Uno

- No es mucho un año y medio... dame tan solo eso.

- Un año – me miro con ojos entre cerrados y con mi débil carácter trate de hacerle frente a su mirada, con el paso del tiempo se me hacía más fácil soportarla.

- No vas a cambiar de opinión – Apreté los labios y moví la cabeza en forma negativa, suspiro y relajo su postura – La obstinación Cullen dejo meya en ti pequeña, es difícil negociar contigo. Siempre ha sido así, de alguna u otra forma terminas convenciéndome – sonreí triunfante y pegue mi cara a su pecho.

- Un año... ¿Por qué tiene que ser tanto?

- Será mejor que duerma mañana tendremos un día muy agitado, quiero enseñarte tantas cosas, este lugar es un paraíso.

Sus delgados y largo dedos acariciaron mi brazo para después llevarlos a los mechones húmedos de cabello que se espacian por la almohada, enredaba sus dedos perezosamente y jugaba con ellos; mis ojos se fueron cerrando y el calor de su desnudes, su aroma y su esencia me arrullaron tan rápido que no sentí en que momento mi mente viajo al mundo de los sueños, antes de perder la conciencia, sentí sus labios en mi frente, deposito un beso y me pego más a él.

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- Bella... pequeña – su voz bailaba en mis oídos, su aroma seducía a mi olfato y su piel llamaba a la mía. Me deje llevar solo por un instante, subí una de mis piernas sobre su cintura y sonreí aun con los ojos cerrados, mi mano la lleve a su vientre bajo y dibuje líneas sin sentido con mi dedo índice. – Isabella – su voz se tornó ronca, deje de sonreír y al segundo regrese a mi posición inicial... trate de alejarme de él lo más que pude, pero debajo de mi deje de sentir el colchón y después un gran golpe en mi trasero.

Abrí los ojos y todo se veía tal y como estaba anoche, tan bello y luminoso, jale la cobija y trate de cubrirme, lleve una mano a la orilla de la cama para tarar de levantarme, estúpida orilla y más estúpida yo al no darme cuenta que estaba en ella. Recostado de lado, en una de sus manos descansaba su cabeza, y con la otra recorría con el dedo pulgar su labio inferior en el que estaba pintado una sonrisa maliciosa.

- Que buen despertar ¿No lo crees?

- Tú empezaste a provocarme y bueno... justicia divina – todo su cuerpo convulsiono a causa de la gran carcajada. Me sentí un poco enfadada, así que me envolví bien en la cobija y palabra, sin importarme su cuerpo desnudo y el bello panorama que me daba al moverse, me cruce de brazos y camine a explorar el resto de la habitación, que más parecía un mini departamento.

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- ¿Se te ha bajado el coraje? – Sus brazos me sujetaban por detrás, mientras yo intentaba cepillar mi cabello frente al tocador. – Vamos... fue una caída con elegancia.

- Claro... como a ti no te dolió.

- Mi niña comenzara a hacer rabietas. – deje el cepillo en el tocador y me gire en sus brazos.

- Pues... ¿Qué crees? Esta niña hará que este año sea el más largo de tu vida.

No reí solo porque quería imprimirle un toque de seriedad a la "advertencia" pero su rostro empalideció, sus ojos destellaron como dos foquitos, trago saliva y luego apretó la mandíbula, tal vez evitando que se le callera al piso. Le bese dulcemente los labios y me zafe de su abrazo para ir a buscar a la maleta, que seguro Alice preparo, las sandalias que estaban ciertamente estipuladas en la lista de conjuntos que debería ocupar.

Si pensaba que la habitación era alucinante, la casa me dejo estupefacta... era de tonos blancos y azules, muy moderna y acogedora, pero lo más impresionante es que estaba construida dentro de una cueva... Siempre escuche de casas debajo de la tierra pero nunca en una cueva ¡Una cueva! La casa estaba suspendida en medio de una laguna, tuvimos que tomar una pequeña lancha para que nos llevara al desembocadero del lago con el mar. A la orilla del mar, habían varias casas no tan lujosa pero bastante acogedoras, Edward me dijo que ahí vivían las personas que cuidaban y daban mantenimiento a la casa "Grande"

La playa se veía tan hermosa sin nada que estuviera impidiendo que el mar llegara a ella, sin cientos de turistas corriendo de un lado a otro, sin hoteles, casa o basura que la dañaran, era virgen como... caminamos durante unos minutos hasta llegar a la cabaña. Subimos tomados de las manos los 3 escalones de la entrada, toco el timbre y una señora de tez blanca, sus ojos eran grandes, cafés y en ellos se podía ver el paso de su edad, de melena negra como la noche y pequeños destellos plateados, larga y risada, nos recibió con una gran sonrisa, sus ojos se iluminaron cuando me miro.

- Edward... ¿Es ella?

Edward solo le sonrió y me jalo de la mano para que me acercara. Ella extendió su mano y me acaricio la mejilla.

- Has crecido demasiado muñequita.

Mi corazón se contrajo involuntariamente y un torrente de emociones viajo por todo mi cuerpo "muñequita" resonó en mi cabeza una y otra vez, serré los ojos cuando la imagen de esa señora pero claramente más joven pasaba por mi mente, no estábamos en esta playa... había vegetación densa, como en Forsk.

- Yo la conozco – los ojos de la mujer se iluminaron, mire a Edward y el también sonreí.

- Ellas es...

- Era tu nana, pero hace bastante tiempo que dejaste de necesitarme, ya no queda mucho de ese bebe de 4 años, ahora eres toda una mujercita. Edward, muchas gracias por cuidarla por mí. ¡Oh, pero que descortés! Pasen por favor.

Se hizo a un lado y nos permitió el paso, la casa era muy hermosa tanto por dentro y por fuera, muy modesta pero demasiado acogedora. Nos guio hasta la parte trasera donde habían unas pequeñas sillas que parecían conchas, me senté en una y a mi lado estaba Edward aun tomándome de la mano, la señora, que mi estúpidamente, no recordaba su nombre.

- Y ¿Cómo esta Esme?

- Muy bien, todos saltaran de alegría al saber que estas en perfectas condiciones.

- Ya he dejado el cigarrillo, aquí es muy difícil conseguirlo, tenía que mandar por ellos y los muchachos se molestaban demasiado.

- Marisa... por lo menos la distancia te sirvió para dejarlo, ahora vivirás más.

Su conversación era muy cómoda, se notaba que se conocían de siempre, él le sonreía y ella regresaba el gesto, no preste demasiada atención a su plática ya que la visión del mar, tan azul, tan claro me hacía perder la noción de todo. Jamás pensé que bastantes cosas fueran a pasar en tan poco tiempo...

- ¿Y no has sabido nada de ella? – esa pregunta si que llamo mi atención ya que Edward apretó ligeramente mi mano, trate de disimular y seguí mirando al mar el no contesto así que, que me levante soltándolo, me miro extrañado...

- Disculpa que los moleste... Marisa, ¿Me permitirías pasar a tu baño?

- Claro linda esta debajo de las escaleras, junto a la puerta de la entrada.

Camine hasta la entrada de la casa y me recargue en la barda, evitando que me vieran... ¿De quién hablaba?

- No lo suficiente... le he perdido la pista en Brasil. Me pide constantemente dinero, para no acercarse a ella.

- ¡No es justo lo que hace! Pero tampoco debes permitir que la vea... sabes lo que eso significaría... él jamás lo hubiera permitido.

- Ni yo lo voy a hacer... hay vario que quieren verla, me esfuerzo tanto en protegerla y esconderla, pero me da pánico que algún día todo esto se derrumbe y se nos venga encima.

- Edward... es por ella, por él y por esa hermosa muchachita. Por ellos tenemos que aguantar. Recuerda que no eres el único en este barco...

¿Quién carajo era "Ella" y "Él" y de quien me estaba protegiendo? Hay algo aquí... y al parecer no es bueno y Edward no es el único involucrado por lo que veo. ¿Quién más? Y lo mejor de todo ¿Qué es lo que está pasando o lo que paso? Estaba tardando en "el baño" trate de recomponer mi semblante y camine hacia ellos y volví a sentarme en la silla.

- Edward me estaba comentando que quiere llevarte a dar un paseo en alta mar ¿Qué te parece si los acompaño?

- ¿Qué te parece pequeña? – lo mire sonriente y el trataba de evaluarme así que al instante me gire hacia Marisa

- Me encantaría... quisiera que me contaras cosas, para ver si puedo recordar... sobre ti.

- Pues vámonos – se puso de pie y camino hacia mí para tomar mi mano, su tacto no se me hacía incomodo, era como familiar... como si Emmett o Alce me tocaran, era natural.

Jalo de mí hacia la entrada. Edward venía detrás de nosotras con una sonrisa en los labios, no caminamos mucho hasta que llegamos a un muelle flotante, era de madera obscura; había una lancha más grande, mejor dicho un barco pequeño. Él subió primero y después nos ayudó, primero Marisa y después yo, mientras me ayudaba, tocaba mis caderas sugerentemente, gracias a Dios Marisa estaba de espaldas, pero lo que me era imposible era disimular el estúpido sonrojo en mis mejillas.

- Mira, creciste... pero ese adorable sonrojo sigue rondándote. Me encantaba contar los distintos tonos a los que llegabas, me quede en el 9 y al parecer creo que agregare el 10, este sí que jamás lo había visto.

Edward se puso en marcha y en menos de lo que esperaba la playa ya estaba muy lejos, me acerque a Marisa, que se sostenía del barandal de la popa, sus ojos estaban luminosos y se veía feliz.

- ¿Por qué elegiste México para vivir?

- ¡Oh muñequita, que buena pregunta! Quería alejarme un poco del frio de Forsk, pensé en una playa de california, pero... cuando vi las bahías que poseía este país me enamore. Me entere que Edward había adquirido una playa privada aquí y le rogué porque me dejara venir.

- Y ¿No tenías familia?

- Me divorcie hace 12 años – sus ojos se apagaron y pude ver una mancha de tristeza en ellos – tuve un hijo, pero está desaparecido desde hace 15 años, era tan joven... me porte muy mal con él, lo presione y escapo y no he sabido nada de él desde entonces.

- Discúlpame yo...

- No te preocupes muñequita... ya no duele como antes – levanto los hombros y sonrió despreocupadamente – supongo que me lo merecía, lo único que espero es que este bien y que sea feliz. No te negare que sufrí... pero, mis ojos se iluminaron y sonreí cuando un adorable bebé de escasos cabellos cafés y unos ojos enorme color chocolate, nariz respingada y unas chapitas muy rosadas llego a mis brazos. Me hiciste feliz, muy feliz.

- Me alegra haber ayudado un poco...

- Me ayudaste demasiado – giro un poco y con una de sus manos acaricio mi mejilla – y lo sigues haciendo. Edward ha hecho un trabajo estupendo. Eres hermosa, educada y se ve que inmensamente feliz también.

- De eso me encargo todos los días – escuche su aterciopelada voz y gire para verlo, estaba de brazos cruzados en uno de los postes de la cubierta. – aunque no me siento claramente orgulloso del hecho que en algún momento la hice infeliz... no sabes cómo me arrepiento, pero me he esforzado de una y mil maneras por remediarlo.

- ¿Qué le hiciste?

- Larga historia Marisa... muy larga – pasó un brazo por mis hombros y me pego a su cuerpo, Marisa nos sonreía deje de verla cuando sentí la mirada de Edward sobre mí, gire mi cuello para verlo a los ojos, ¿Cómo con tan solo una mirada podía calentar mi cuerpo y hacer que mi corazón latiera más rápido? Simple... él me amaba.

En el Barco había una cocineta pequeña, Marisa se lució preparándonos unos peces que pesque con Edward, ya a medio día, nos acercamos a un pequeño arrecife. Al parecer todo estaba preparado ya que llevaba 4 equipos de buceo, Marisa dijo que ya estaba demasiado vieja para eso y que mejor nos esperaba. Fue la experiencia más bella y compartirla con el amor de mi vida la así más emocionante y más rica en valor sentimental. Cuando él sol estaba a punto de caer y el atardecer estaba en toda su gloria no muy lejos pude ver a una ballena y su ballenato, Marisa me explico que las ballenas elegían las aguas mexicanas para ir a dar a luz a sus crías, por lo rica en alimentos y por la excelente temperatura que tenían las aguas.

Llegamos al muelle cuando la noche había caído, Fue un día maravilloso, no logre recordar por competo a Marisa, pero ella se sentía feliz con que no le tuviera miedo o algo por el estilo. Me conto bastantes cosas, unas muy hermosas y otras demasiado vergonzosas. Iba de la mano de Edward y Marisa a su lado. Llegamos a su pequeña casa. Ella se giró para vernos y sus ojos se llenaron de lágrimas

- Muñequita, me dio mucho gusto volverte a ver... esta vez no te olvides de mí.

- Te lo prometo – me solté de Edward para acercarme y darle un fuerte abrazo, era cálida... me hacía sentir feliz y protegida, como si estuviera en casa. Termine el abrazo y di un paso hacia atrás.

- Cuídala mucho Edward. Protégela siempre.

- Con mi vida. – le dio un rápido abrazo y regreso a mi lado para tomarme de la mano.

- Espero que regresen pronto. No prometo irlos a visitar... pero tal vez. Salúdame a todos y diles que los extraño demasiado y en especial... dile a Emmett que necesito un conejillo de indias para mis nuevas recetas

- Claro que se lo diré... seguro que en cuanto lo sepa querrá salir corriendo para venir aquí.

La despedida fue un poco triste, no sabía exactamente por qué, pero estaba triste, caminamos tomados de la mano, mire el cielo y estaba plagado de estrellas, jamás me cansaría de este lugar pero tenía que regresar a Forks, pronto terminarían las clases y tendría que entra por fin al bachillerato. Ya después tendríamos tiempo de regresar a nuestro paraíso.

- Las maletas ya están en el auto

- ¿Puedo preguntarte algo?

- Ya lo hiciste – me miro sonriente, pero yo le regrese la mirada seria – Vamos, era una broma... Pregunta lo que quieras

- ¿Para qué tantas maletas, si solo fueron... 1 día y medio?

- Porque esta fue la primera parada... ahora vamos a Canadá.

- Pero mañana tengo que regresar a la escuela.

- Tu queridísima tía ya se encargó de eso... una semana como permiso. Claro, sin que repercuta en tus calificaciones, después de todo tiene su toque de convencimiento.

- Un gran plan.

Canadá. Esa palabra, ese país resonaba en mis oídos, ya bastantes veces en mi infancia la habíamos visitado, no creo que podríamos encontrar alguna otra cosa interesante allí, bueno, depende a qué lugar fuéramos.

Espera un minuto...

Canadá.

Canadá.

Tanya.

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¡Carajo! En este capítulo sí que me proyecte, disculpen la tardanza, pero como ven salió muy largo... me siento orgullosa de mi. Qué tal?

Espero que les haya agradado, revente como 2 neuronas y volví locos a toda mi familia con mis gritos de frustración... como que quería pero luego no quería salir el capítulo, pero me patee mentalmente como chorrocientas veces y salió...

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*Reviews si los merezco*

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((GbCulLeN))

JHG