10. La hora del té
-Y díganme, ¿es cierto que hay ciudades en China totalmente equipadas, modernas, llenas de edificios donde no vive nadie?
La señora Weasley trozó un pedazo de pan de campo con su varita y repartió las diferentes partes por medio de levitación entre las personas que estaban sentadas a la mesa, almorzando.
Ron atrapó su pedazo de pan en el aire, lo llenó de mucha salsa y se lo llevó entero a la boca.
-No, en verdad no es así -dijo Hermione, mirando de reojo a Ron con repulsión-. Eso creían los muggles, pero en verdad son ciudades que están llenas de magos. China es el país con más magos del mundo. Hay ciudades con tantos magos que resultaba imposible de esconderlas de los muggles. El gobierno aplicó una especie de encantamiento desilusionador en las ciudades de magos más grandes para que, si un muggle iba allí, creyera que estaba vacía. Para los muggles era un fenómenos muy extraño: iban a estas modernas y tecnológicas ciudades y pensaban que no había casi nadie habitando allí.
-Claro que todo eso ahora terminó -acotó Bill, pinchando una papa con su tenedor y lanzando una mirada a los demás. Su pelea contra El Cazador de Brujas lo había dejado con varias cicatrices nuevas en el rostro, pero las llevaba con orgullo. -Ahora que los muggles saben de la existencia de la magia, imagino que habrán levantado esos encantamientos y los muggles podrán vernos.
-No en todos lados -acotó Hermione-. Hemos visto lugares de China donde aún mantienen el secreto. No sé por qué.
-Pues claro, está perfecto -opinó Percy, que había ido allí acompañado de su nuevo novio, Alexadre-. No pueden levantar el Estatuto así como así en todo el mundo. Es decir, me parece perfecto que lo hayan hecho. Pero fue por una ocasión particular, porque creíamos que era el último día de nuestras vidas. Pero ahora que la vida sigue, quizás sea demasiado que absolutamente todos los magos salgamos a la luz a la vez. Podría ser tan impactantes para los muggles que podría haber problemas. Mejor ir revelándonos de a poco.
-Sí, claro, tienes toda la razón, amor -dijo Alexandre, que estaba sentado con los dos niños que ambos habían adoptado en el regazo, y les daba de comer-. Por ahora, por suerte, no ha habido incidentes con muggles. Todos parecen respetarnos y estar encantados con nosotros. Pero tampoco hay que tentar a la suerte.
Hacía solo unos meses, los magos habían salido a las calles revelando su identidad ante los muggles, levantando el Estatuto del Secreto y saliendo a la luz. Claro que, en ese momento, pensaban que todos morirían cuestión de horas después, lo que al final no terminó pasando gracias al sacrificio de Harry. Por lo que, ahora, la vida seguía en un mundo donde magos y muggles se conocían entre sí y vivían juntos.
-Yo creo que siempre debió ser así -acotó Sirius, que estaba sentado del otro lado de Ron y también miraba con desconcierto cómo este se atragantaba con la comida de su madre, desesperado, como si hubiera estado meses enteros deseando probar una de esas comidas de vuelta y ahora no le importara disimular lo mucho que disfrutaba atragantándose con ella-. Si algo nos demostraron los muggles, ahora que nos conocen, es que nunca tuvo sentido el Estatuto del Secreto. Solo miren cómo nos aceptan, se sacan fotos con nosotros y nos piden que hagamos algún hechizo para tomarle una foto y mostrársela a sus amigos.
-La sociedad muggle cambió -dijo Arthur-. Hace un par de siglos, no nos hubieran aceptado tan fácilmente. Por eso se creó el Estatuto del Secreto, no lo olviden. Fue, precisamente, por las Cacerías de Brujas que habían iniciado los muggles contra nosotros. Ahora su sociedad cambió, tienen mentes más abiertas y es un buen momento para que ambos pueblos se reencuentren. Pero esto hubiera sido imposible un siglo atrás.
-Es igrónico, ¿no glo cgluéen? -dijo Fleur-. El Cazglador de Glujas queguía matag a todos los magos como en una gran Cagceguía de Grujas, y acabó agyudándonos más a vivig mejog con gos muggles.
-Sí, claro, lástima que Harry haya tenido que morir para lograrlo -dijo entonces George, con una especie de ironía que provocó un silencio en la mesa. Estaba sentado al final de esta, junto a su novia Evangelina. Al ver la frialdad que provocó su comentario, sonrió y se llevó un trozo de pan a la boca. -Solo decía.
-Claro que hubiera sido mejor que Harry no tuviera que sacrificarse -dijo Evangelina, tratando de salvar a su novio de la situación de incomodidad-. Pero es un héroe. Murió para salvar a todo el mundo mágico.
-Sí, así debemos recordarlo siempre -dijo el señor Weasley, asintiendo con la cabeza y mirando a todos los demás. Llenó su vaso con el vino cosechado por elfos que estaban tomando y lo levantó en alto. -Por Harry.
Todos alzaron sus vasos en brindis.
-¡Por Harry!
Esa noche, Ron y Hermione estaban juntos en la cabaña de Hagrid. Era tarde y no podían dormirse, así que Hermione había puesto la pava para hacer un té, mientras Ron sacaba de la alacena unos bizcochos que su madre le había dado a la tarde, antes de partir de regreso de La Madriguera, y los servía en la mesa del semigigante.
El almuerzo con su familia había sido raro. Se notaba que a todos ellos les había parecido extraño que los dos chicos regresaran de su "viaje de redescubrimiento eterno por el mundo", el cual en un principio habían dicho que duraría algo así como el resto de sus vidas, solo dos meses después de emprenderlo.
Si bien la señora Weasley había estado encantada de volver a ver a su hijo, se había notado que los demás no comprendían bien el pronto regreso de los dos chicos. De hecho, Ginny aún seguía allí, viajando por el mundo con su nuevo "amigo", y nadie tenía demasiadas noticias de ella.
Hermione sirvió el té y se sentó junto a Ron en silencio, a la mesa. Ron pasó un brazo en torno a sus hombros y le dio un beso en los labios. Ella entonces recostó su cabeza en su hombro mientras revolvía su té con una enorme cuchara.
-Ahora que la cabaña de Hagrid es enorme y alberga mucha gente, deberíamos comprarle cucharas, tazas y cosas de tamaño normal -opinó Ron-. Todo aquí sigue siendo enorme.
-No vamos a quedarnos -dijo Hermione, mirándolo a los ojos-. ¿No es así?
Ron se encogió de hombros.
-Vinimos con un objetivo claro -dijo ella-. Para responder al llamado de Sirius. En cuanto terminemos, volveremos a nuestro viaje.
-Sí, supongo -dijo él, no muy convencido.
-¿Ya te arrepientes de tu idea de viajar por el mundo? ¿No te gustó la experiencia?
-No es eso -dijo él-. Ahora que estamos aquí de vuelta, y tenemos algo qué hacer… algo por lo que luchar… ¿No sientes como si fuera allí donde perteneces? Todo esto de que surjan magos oscuros, fuerzas oscuras o lo que sea, y haya que luchar contra ellos… Como que siento que ahí es donde pertenezco, donde más me encuentro a mí mismo. Quizás sea porque nos hemos acostumbrado a vivir así toda la vida, con todo lo que nos ha pasado.
Hermione reflexionó unos instantes, llevándose la taza de té a los labios.
-Quizás -dijo, reflexiva-. Quizás tu idea de ir por el mundo a redescubrirnos a nosotros mismos acabó dando como resultado que en verdad donde más nos encontramos a nosotros mismos es aquí, peleando a los magos oscuros -se detuvo unos instantes más, dándole vueltas a esa idea-. Eso quiere decir que nuestros planes originales eran los mejores para nosotros, entonces. Tú querías estudiar para auror, yo quería conseguir algún cargo en el Ministerio…
-¿De verdad?
-Bueno, nunca estuve muy segura -admitió ella-. Quizás tenía más en mente algo relacionado al Cuidado de las Criaturas Mágicas que pelear magos oscuros, pero aún así…
En ese momento, una luz bañó la habitación y ambos magos se pusieron de pie de golpe, sobresaltados.
Con un estruendo, una especie de portal se abrió ante ellos iluminando toda la habitación en luz blanca. Ambos sacaron sus varitas, apuntaron hacia adelante y se quedaron contemplando la escena, sobresaltados, mientras la luz reducía su intensidad y cinco personas aparecían de la nada ante ellos, envueltos de aquel extraño resplandor.
Ron y Hermione los apuntaron con sus varitas con decisión, preparándose para pelear.
-¡Esperen! -dijo una de las cinco figuras que habían aparecido, levantando sus brazos en alto-. Venimos en paz.
-¿Quiénes son ustedes? -preguntó Ron, amenazante.
Pero, entonces, la luz despareció por completo y Ron y Hermione pudieron ver con claridad a las cinco personas ante ellos: Y eran, nada más y nada menos, que dos Harry, otro Ron, una Hermione mucho más crecida en edad, y una persona adulta envuelta en una capa que no podían ver quién era y uno de los dos Harry llevaba en brazos.
-¿Qué diablos…? -Hermione abrió grandes los ojos y su boca se abrió varios centímetros.
-Mierda -exclamó Ron, mirando a su otro yo con los ojos como platos, impresionado y totalmente desconcertado ante aquel avistamiento-. ¿Qué rayos le hiciste a mi cabello?
-Hola -dijo la Hermione de mayor edad, dando un paso adelante-. Esto debe ser muy confuso para ustedes.
-No tanto -dijo Hermione-. Pero definitivamente es… muy extraño.
-Venimos de otro universo -dijo la Hermione mayor-. Lo sé, es muy difícil de entenderlo, pero no venimos a hacerles nada malo.
-Harry -dijo Ron, mirando a uno de los dos Harry, que tenía dos espadas tras su espalda y una capa negra-. Estás… estás vivo.
La mirada de Ron era muy extraña, como totalmente sorprendido y estupefacto, pero al mismo tiempo maravillado de ver a su mejor amigo con vida.
-Sí, estoy vivo -dijo él, dirigiéndole una sonrisa que lucía como si no hubiera sonreído en meses hasta ese momento.
-Y tú -Ron se dirigió el otro Harry, que llevaba a la misteriosa quinta persona en brazos-. Tú también estás vivo.
-Sí, lo sé -dijo ese otro Harry, que lucía mucho más soberbio y desinteresado que el otro-. Veo que estamos en la cabaña de Hagrid. ¿Tienen cerveza de manteca aquí?
-Esto no puede ser -Hermione pasaba la mirada entre todos ellos, sin dar crédito a sus ojos-. ¿Cómo ha pasado esto?
-Ya habrá tiempo para explicar todo -dijo el mismo Harry que acababa de hablar-. Sé que todos estarán sorprendidos de mis increíbles músculos, y todo, pero me gustaría que me digan a dónde puedo dejar a Hermy Perry, porque ya me he cansado de tenerla en brazos todo el rato.
-¿Hermy qué? -dijo Hermione, con desconcierto.
-Déjala por aquí -la Hermione mayor guio a Harry hasta una de las habitaciones nuevas de la cabaña, para que dejara a la persona envuelta en una capa sobre una cama. Entonces, le quitaron la capa y los demás pudieron ver que era una tercera Hermione, solo que lucía muy extravagante con su cabello rapado al costado y teñido de rosa chicle en un lado y violeta en otro.
-¿Qué demonios? -repitió Hermione, sin salir de su asombro.
-Oigan, ¿qué pasa aquí? -dijo una voz.
Todos se volvieron, y vieron a Sirius y Hagrid aparecer ante ellos, ambos con expresión de sueño. Los habían despertado con el alboroto.
-¿Qué rayos? -dijo Sirius, al ver la escena, llevándose un sobresalto de muerte. A su lado, Hagrid tuvo que sostenerse del marco de una puerta para mantener el equilibrio.
-¿Quiénes son todos ustedes? -dijo, incrédulo.
-Hola -saludó el Macho, con una sonrisa abierta de par en par-. ¡Estoy vivo! ¿Me extrañaron?
Sirius casi se desmaya del sobresalto.
-Dios mío, Harry… -dijo, pasando su mirada entre este Harry y el otro, que estaba más alejado y miraba a Sirius sin dar crédito a sus ojos tampoco. -Estás vivo…
-Lo sé -dijo el Macho, asintiendo con soberbia-. ¿Me convidas una cerveza, padrino?
-Oigan, necesito que alguien me explique esto -dijo Ron, el pelirrojo, que estaba a punto de perder la cordura.
-Vamos a sentarnos -dijo la Hermione mayor-. Si quieres hacer algunas otras tazas de té, Hermione, podemos sentarnos y ponernos todos al corriente.
-Claro -asintió Hermione, asustada, yendo a la cocina y poniendo la pava nuevamente en el fuego.
-¿Está ella bien? -preguntó Hagrid, señalando a Hermy Perry, que estaba sobre la cama inconsciente-. ¿Está viva?
-Sí, solo que estaba tan drogada que no hubo otra forma de sacarla de su universo que raptarla -explicó el Macho-. Cuando llegamos ya estaba así. Pero se le pasará en unas horas… espero.
Cinco minutos después, una escena totalmente fuera de lo común tenía lugar en la cabaña de Hagrid: En torno a su mesa, estaban sentados dos Harry, dos Hermione, dos Ron, un Hagrid y un Sirius, todos con una taza de té en la mano y mirándose entre sí en silencio, varios de ellos totalmente desconcertados.
-Y bien… ¿nadie tocará los bizcochos? -preguntó el Ron de cabello negro, mirando con ganas los bizcochos que estaban sobre la mesa-. Estos son de mi mamá, los reconozco. Deben ser una delicia.
-Lo son -dijo el otro Ron, mirándolo con el ceño fruncido.
El Harry Macho miraba su taza de té con repulsión y giraba la cabeza para mirar hacia donde estaban las alacenas, buscando el avistamiento de alguna cerveza de manteca.
-Bien, mejor empiezo a hablar -dijo la Hermione mayor-. Alguien tiene que romper el hielo.
-No, no creo que sea hielo -dijo la otra Hermione, que seguía desconcertada, en referencia al extraño silencio entre ellos-. Más bien es que aún no salimos del asombro. Es decir, estoy hablando conmigo misma en este momento. Pero estás mucho mayor, ¿cuántos años tienes?
-Treinta y siete -respondió ella.
-Y… -la Hermione joven se quedó pensativa-. ¿Cómo lograste que te quede el cabello lacio? Te juro que intenté todo…
-Mejor enfoquémonos en lo importante -dijo Sirius, interrumpiéndola-. ¿Qué demonios es esto? Es decir, ¿qué rayos es esto? ¿Alguien puede darme una explicación?
-Venimos de otros universos, otras épocas y líneas temporales -explicó la Hermione mayor, llevándose su taza de té a los labios.
-Ah, bien, bien… -dijo Sirius, asintiendo con la cabeza con un dedo en el mentón, pensativo. Entonces alzó la cabeza y se la quedó mirando fijamente. -¿Qué?
-Creo que entiendo lo que pasa aquí -dijo la Hermione joven-. Es decir, estábamos sobre la pista de la existencia de otros universos, y ahora pasa esto. Está claro, Sirius, que vienen de esos otros universos de los que estábamos hablando.
-Si, eso lo entiendo -dijo Sirius, acomodándose en la silla-. Pero una cosa es hablar sobre ello, y otra es… -se quedó mirando a los dos Harry, afligido-. Esto es tan extraño. Creía que te había perdido para siempre, Harry… O Harrys, no sé cómo debería decirlo.
-También creí lo mismo -dijo el Harry Guerrero, mirando a su padrino con nostalgia.
-Yo también te he extrañado -dijo el Macho, que no dejaba de mirar alrededor-. ¿No tendrás por casualidad, padrino, por aquí en la cabaña alguna botellita…?
-Creo que lo mejor es que nos identifiquemos a nosotros mismos con apodos, para empezar -lo interrumpió la Hermione mayor-. Como una primera forma de relacionarnos entre nosotros. Yo no tengo problema en que me llamen Vieja Hermione, o algo así.
-No, de ninguna manera -Hagrid hizo un ademán con su enorme brazo-. No vamos a darles una bienvenida en nuestro universo llamándolos de formas desagradables. Queremos que se sientan bien recibidos aquí.
Les sonrió, simpático. Parecía ser el único que trataba de ser hospitalario en lugar de mirar a los extraños personajes que habían ingresado a la cabaña con miedo.
-A ellos les hemos puesto Guerrero y Macho -indicó el Ron de cabello negro, señalando a los dos Harry e indicando cuál era cuál.
-Bien, en ese caso… -el Ron pelirrojo se quedó pensativo-. Nosotros podemos ser Negro y Rojo.
-Demasiado simple, me parece -opinó el otro, pensativo-. Pero está bien, puede ser.
-Genial, ya estamos aprendiendo a relacionarnos con nuestros otros yo -dijo la Hermione mayor, con una sonrisa-. Ponernos de acuerdo es un buen primer paso para llevarnos bien. ¿Tú que dices, Hermione? -se dirigía a su versión más joven.
Esta se quedó pensativa, mirando a su versión mayor aun con miedo, todavía sin acostumbrarse a ello.
-Eso es tan extraño -Hermione lanzó una sonrisita nerviosa, al parecer incómoda de hablar con una versión mayor de sí misma-. Bien, podría ser, eh… -se pasó una mano por el cabello, nerviosa, indicando con la expresión de su rostro que no se le ocurría nada-. Quizás, eh… ¿Hermione tú, y Jean yo?
-¿Por qué Jean? -preguntó Sirius, sin comprender.
-Es su segundo nombre -le explicó el recientemente bautizado Rojo.
-Me gusta esa actitud de querer dejarme el primer nombre a mí -dijo la Hermione mayor, sonriéndole-. Compañerismo. También necesitaremos eso. Pero tú conserva el primer nombre. Tú serás Hermione, y yo Jean. La mayoría de las personas aquí me ven más a mí como a una extraña que a ti, y será más fácil para ellos identificarte con tu nombre de siempre.
-De acuerdo -dijo Hermione, aun dubitativa.
-Bien, entonces ya todos podemos identificarnos a nosotros mismos sin confusiones -dijo la rebautizada Jean, dirigiéndose a todos-. Guerrero, Macho, Rojo, Negro, Hermione, y yo, Jean.
-¿Y cómo dices que se llama aquella? -preguntó Rojo, señalando hacia la cama.
-Esa es Hermy Perry -explicó Macho-. Creo que es la más buena onda de todas las Hermione, pero igual me agradan ustedes.
-¿Y cómo dicen que pasó… todo esto? -preguntó entonces Sirius, nervioso.
-Bien, comencemos con la explicación -dijo entonces Jean, bebiendo un sorbo de té-. En realidad, es bastante simple de explicar.
-No sé por qué algo me dice que estás a punto de demostrarnos lo contrario -dijo Rojo, preocupado-. Y empezar con toda una explicación complicadísima sobre los distintos universos que nos dejará a todos sin entender absolutamente nada.
-Sí, es lo más probable -estuvo de acuerdo Hermione, tocándose el cabello, nerviosa, como si así pudiera alisarlo y lograr que le quede como a Jean.
-Bueno, déjenla hablar -dijo Sirius, también preocupado-. O jamás entenderemos nada.
-Bien, esto es lo que pasó -empezó Jean-. Se los iré contando, y ustedes pueden detenerme si no entienden algo.
-Esperen, ¿puedo ir al baño primero? -dijo Macho, poniéndose de pie-. Lo siento, bebí demasiada cerveza, no aguanto.
Los demás se miraron entre sí, y algunos se encogieron de hombros.
-Enseguida vengo -Macho dio un par de pasos y se quedó mirando la ampliada cabaña, confundido-. Estoy seguro de que esto no era tan grande antes.
-Puedo decir lo mismo de ti -acotó Rojo, mirando los enormes músculos y el nuevo tamaño del cuerpo que el Harry Macho tenía.
-Segunda puerta a la izquierda -le indicó Hagrid, señalando al pasillo.
-Gracias.
Macho se fue de allí, y los demás quedaron en silencio nuevamente.
-Bien… -Jean se rascó el oído distraídamente-. Mejor esperamos a que venga… Así todos estamos al corriente por igual.
-Sí, claro -dijo Hermione, bajando la mirada hacia su taza.
Todos quedaron en silencio, mirando hacia el techo, hacia sus tazas o al suelo.
Guerrero se quitó las espadas de su espalda y las apoyó sobre su regazo, acariciando la funda distraídamente. Negro, junto a él, se pasaba los dedos por los ojos, seguramente tratando de que se le pasara el efecto del alcohol de una vez por todas. Jean, a su lado, se rascaba la nariz, y frente a ellos Rojo y Hermione se cruzaron de brazos e hicieron muecas de incomodidad.
Sirius y Hagrid se acomodaron en sus asientos y se pusieron a beber sus tés.
El silencio los envolvió unos instantes más, con aquel extrañísimo grupo en torno a la mesa de Hagrid esperando por la explicación de qué demonios era lo que estaba pasando allí.
