Muchas, muchas y aún más gracias por todos los RW, alertas de favoritos y todo lo demás! Me han hecho muchísima ilusión y aquí os subo el siguiente capítulo. Os aviso que ya vamos por el ecuador de la historia y para mí, empieza lo más interesante. El desenlace de todo.

Espero que me hagáis saber vuestras opiniones y os vaya gustando. MILLONES DE BESOS Y ABRAZOS!

Donna*

Capítulo 10 – Te sigo sintiendo

Hermione Granger despertó con una sonrisa de tranquilidad en su rostro. Estaba en una cama ajena, nada más y nada menos que la cama de Draco Malfoy. Pero no, no había dormido con el rubio. Él le había ofrecido su cama aquella noche mientras él descansaba en uno de los sofás.

La joven bruja se negó a ello, explicándole que era su casa y que era ella la que debía de dormir en el sofá por todo lo agradecida que estaba hacia él. Al ser un Malfoy, convencerle fue una tarea en vano y ella durmió en la cama.

El mago le avisó que al día siguiente debía madrugar por lo que se encontraría en la casa sola, que no se preocupara.

Se levantó con tranquilidad. Iba a desayunar algo rápido y ducharse e iría hacia su casa, que seguro que estaba Ron esperándola. Entonces lo recordó: Ron.

Bufó.

Sentía pereza al pensar en la nueva pelea que iba a mantener con el pelirrojo acerca de temas que nunca jamás estarían de acuerdo. Pero debía de pedirle una explicación y exigirle disculpas por lo que le había dicho. Todavía estaba dolida por sus palabras, no se las imaginaba salir de la boca de Weasley. Pero le quería, y esperaba notarle arrepentido, y así perdonarle.

Desayunó unos cereales que vio encima de la mesa. A su lado estaba la varita de Draco. Lo supo; ya que hace unas semanas aquello era lo que más buscaba, pero ahora le daba igual aquél arma, era de Malfoy y ella no lo necesitaba, sabía que era inocente. Lo sentía.

Se dirigió con velocidad a la ducha. No supo bien que toalla coger, por lo que cogió una blanca que reposaba en una de las encimeras del lavabo. Cerró la puerta, se quitó la ropa y se metió dentro de la ducha. Su cuerpo reaccionó con sorpresa ante el tacto del agua fría sobre él, hasta que el agua caliente comenzó a salir. Se enjabonó con delicadeza su cuerpo y también su cabello, dándose un pequeño masaje en el cuero cabelludo, relajándose.

Salió de la ducha y se puso la toalla. Abrió del cuarto de baño para ir en busca de su ropa, cuando se topó de frente con Draco, que la miraba con sorpresa también.

-¿Qué haces aquí? – Dijo, todavía sorprendida por su presencia – Quiero decir, creía que no ibas a estar – explicó dándose cuenta que ésa era su casa y que él podía estar si quisiera.

Draco la miró, se encontraba algo nervioso. No sabía que se iba a encontrar con ella, y menos en esas condiciones. Llevaba el pelo mojado, sus rizos estaban húmedos mientras caían por la espalda, también bañada en agua. La toalla dejaba poco a la imaginación, llegando hasta algo menos de la mitad del muslo, dejando a relucir sus curvas y sus bonitas piernas. Observó que varias gotas caían de su pelo, muriendo en algún rincón de su piel.

Tosió. Se estaba mareando de tanto calor que hacía en aquél baño. Tenía la boca seca. ¡Ni que fuera un adolescente!

-Esto… - dijo torpe, nervioso – he salido antes de trabajar y venía a por algunos papeles y a coger mi varita –explicó.

La castaña miraba avergonzada el suelo, se encontraba prácticamente desnuda frente a él. Sus mejillas lo demostraron. Sentía mucho calor en el ambiente. Era insoportable.

-Lo siento, ya me iba – dijo mientras pasaba al lado de Draco, intentando divisar su ropa con la mirada lo más rápido posible.

Draco respiró cuando ella pasó por su lado. Había utilizado su champú. Sin embargo, no había conseguido quitar el olor que ella desprendía a fresas frescas. Era delicioso.

Cuando ella estuvo de espaldas a él, el rubio fue muy rápido y sujetó con delicadez la cintura de la castaña, para detener su paso. Ésta se detuvo y se quedó estática en el sitio, tensa, expectante a lo que Draco iba a hacer.

Un hormigueó recorrió toda su espina dorsal, haciéndola temblar. Malfoy lo notó.

Estaba nerviosa. Sentía mucho calor en el ambiente. Sus mejillas estaban coloradas y su corazón bombeada con rapidez. Notó el aliento a menta fresca de Draco en su cuello, le volvía loca. Tembló al notar la mano de él apartándole un mechón de pelo que estaba en el cuello. Instintivamente, la joven ladeó su cuello, dándole permiso a él. Pasaron interminables segundos, deseando que sus labios se acercaran a ella, sentirlo al fin. Hasta que al final notó un escalofrío en su ser cuando sus labios finos la tocaron. Fue como un relámpago. Una luz eléctrica de la que nacen miles de sensaciones. Ganas de más.

Sentía las manos firmes de Draco en su cintura. Se giró sobre ellas, quedando al frente de él.

Se miraron por largo tiempo, sin moverse ni separarse un milímetro el uno del otro. Se deseaban decir tantas cosas. Aquél momento nada tenía que ver con el beso totalmente falso dado en la discoteca aquella noche hace unas semanas, no. Era una situación de complicidad y deseo. Querían estar juntos. Sus cuerpos actuaban por sí solos, atrayéndose como un imán, como hacían dos años atrás, sin pudores.

Sus cuerpos se acercaron, sin parar de mirarse a los ojos mientras los nervios los presionaban. Su rostro se acercaba, a un ritmo tortuosamente lento. Querían saborearse, al fin, de verdad.

Draco se agachó levemente para quedar a la altura de ella, se miraron antes de hacerlo, sin creerse de verdad lo que iban a hacer en ese instante. Hasta que sus labios chocaron con calidez. Los dos cerraron los ojos al unisonó, sintiéndose de verdad. Fue un beso lento, lleno de deseo. Sin querer que el momento terminara. Movían sus labios con calma, amoldándose el uno al otro.

Malfoy acercó el cuerpo de ella al suyo, profundizando el beso. Sus lenguas se tocaban tímidas, como si nunca antes se hubieran reconocido. Jugando al escondite la una con la otra. El mago reconoció el sabor de ella, tan dulce como su persona. Era adictiva. No quería separarse de ella, quería hacer eterno el beso.

Pasaron unos instantes y se separaron. Se miraron a los ojos. Hermione bajó la mirada mientras en su boca se dibujaba una sonrisa, llena de timidez. Le volvió a mirar y Draco creó la sonrisa más bonita que pudo imaginar, creando dos hoyitos en cada mejilla.

Se acercaron nuevamente y se dieron un corto beso en los labios.

-No sé qué está pasando – dijo Hermione en un susurro, sin borrar la sonrisa de su rostro. No sabía por qué pero su corazón estaba acelerado, emocionado.

-Yo tampoco, pero no quiero que deje de pasar – le respondió él, en un susurró vibrante que hizo temblar a la chica.

Hermione contestó con una sonrisa más amplia, dejándose abrazar por los musculosos brazos de él.

Notó como Draco la llevaba con lentitud, sin separarse del abrazo hasta la cama y se sentaban en ella con cuidado. Él le tocaba su pelo, sentía como aspiraba su aroma. Recordó entonces que a él siempre le gustaba hacer eso.

Se echaron en la cama, uno frente al otro, observándose. Se les hacía extraño estar en esa situación como si no hubiera ocurrido nada entre ellos, como si el tiempo se hubiera detenido antes de la guerra en el mundo mágico.

Hermione le miraba, notaba su mirada sobre ella, analizando cada parte de su rostro y de su cuerpo. Sentía cierta timidez pero no le daba pudor como habría ocurrido con cualquier otro hombre. Mantenía su sonrisa ladeada mientras la escudriñaba, parándose de vez en cuando en sus ojos. Draco sorprendió a la castaña acercándose más a ella y llevando su dedo hasta sus labios, y pasó el dedo por encima. Cerró los ojos lentamente, como si estuviera recordando algún momento vivido con esos labios. Paso el dedo con una suavidad que producía escalofríos a la joven. Acarició todo su rostro, sin decir nada, solo sonriendo a momentos.

Pasó la mano por el contorno de su cuerpo, sobre aquella diminuta toalla. Por cada curva que nacía de él. Abrió los ojos y la miró de nuevo.

-Estás tal y como te recordaba – susurró, muy cerca del oído de ella.

Hermione rió – No puedo creer que ahora mismo estemos así.

Draco la miró con complicidad, pensando exactamente lo mismo.

-Hemos tardado más de lo que pensaba – reconoció él. Hermione le miró confusa.- ¿Tú no? – preguntó entonces el rubio.

-La verdad – dijo dubitativa – es que no creía que volveríamos a estar así.

-Cuando empezó la guerra yo estaba seguro que íbamos a seguir juntos, unidos como hasta entonces – comenzó a hablar Draco, mirándola con fijación – pero terminó la guerra y todo se complicó y todo cambió. Ninguno supimos nada del otro – Hermione desvió la mirada, le dolía pensar en aquella época tan dolorosa de su vida – Hasta la bendita cena del ministerio. Viniste con aquél vestido verde, tan preciosa, era una señal. – Dijo sonriente – pero ibas de la mano de la Comadreja. – Exclamó con un deje de enfado.

Hermione le miró dudosa. Temerosa de decir algo que rompiera aquél ambiente.

-Ron siempre ha sido mi mejor amigo – se explicó de manera torpe. Notó los ojos del rubio mirarle con recelo. Tampoco quería engañarlo. Aclararía las cosas con Ron, pero si algo tenía claro era que quería seguir al lado del hombre que tenía en frente.

-Ahora es más que tu amigo – le miró con decisión.

-Sí – admitió ella.

-Cuando os vi juntos aquella noche, y besándoos – dijo apretando la mandíbula – era superior a mí. Había escuchado rumores sobre los amoríos de los héroes de la guerra, pero nunca os había visto en escena – dijo en un tono absolutamente ácido.

-No fue como contaron las revistas Draco… - quiso excusarse diciendo su verdad.

Él la miró interrogante, pidiendo una mejor explicación.

-No empecé a salir con Ron nada más terminar la guerra – explico. Y era lo cierto. El recuerdo de Malfoy estaba muy presente en su vida, así como el dolor que ello suponía, como para hacer caso a los halagos de Weasley.

-¿Cuánto lleváis saliendo juntos? – preguntó de forma escueta.

-Algo más de un año. – susurró. Le era terriblemente difícil entablar con él esa conversación.

Hermione acercó su mano al rostro y le acarició su mejilla con suavidad.

-Tranquilo – susurró mientras depositaba un pequeño beso en su mejilla y se abrazaba a él.

-Hermione – empezó a hablar en tono serio – no quiero que él vuelva a tocarte. Ni él ni nadie – dijo a modo de orden. La castaña comprendió su postura al instante. Rió mentalmente al recordar la faceta posesiva del joven. Ella tampoco quería estar con nadie más que no fuera él. Asintió con firmeza relajando al rubio.

-Ni tú tampoco – bromeó ella pegándole suavemente en el brazo. Él puso cara de sorpresa y comenzó a reir.

-¿Recuerdas cuando nos pasábamos todas las noches en la Torre de Astronomía? – comenzó a hablar Draco, con una sonrisa de oreja a oreja mientras lo decía. – Siempre te ponías a hablar sobre cientos de cosas, a veces cambiabas tan rápido de tema que no sabía ni qué decías – dijo de manera burlona.

Hermione se hizo la ofendida.

-Tú siempre hablabas sobre tus partidos de Quidditch cuando sabías que no entiendo ese deporte – reprochó bromeando.

-Era para hacerte callar, mujer – dijo divertido. Hermione soltó una carcajada.

Se quedaron en silencio unos instantes, recordando viejos momentos, dibujando sonrisas en su cara.

-Siempre hablábamos de hacer viajes juntos ¿recuerdas? – preguntó ella.

-Claro – dijo él emocionado, todavía recordaba un viaje que planearon y que al final, no hicieron – queríamos ir a París, teníamos todo tan preparado – dijo con añoranza, recordando aquellos años.

-Hubiera sido precioso. Pasear por la ciudad, ver la Notre Dame, el Arco del Triunfo, el mágico barrio de los pintores… - dijo soñadora, pensando todo lo que podían haber disfrutado.

Draco la observó radiante imaginándose aquellas escenas por las calles parisinas.

-Qué tontos hemos sido – exclamó sin pensarlo. Hermione calló durante unos instantes, meditando si formular su pregunta o no.

-¿Por qué desapareciste? – le preguntó mirándolo, con voz seria, dejando la sonrisa.

Draco miró al suelo. Era una pregunta complicada.

-Estaba avergonzado. No merecía a alguien como tú a mi lado Hermione – explicó, algo nervioso.

-¿Por qué? – murmuró ella, sin lograr mirarlo a los ojos. Había pasado incontables noches llorando en su cama, tratando de averiguar por qué el hombre que amaba se había alejado de ella.

-Pertenecí al bando del Lord, ellos había hecho cosas brutales, no te merecía – explicó algo tenso.

Hermione asintió.

-Me hiciste tanta falta, Draco – susurró en voz audible para el joven. Malfoy gruñó al escuchar aquello. Era una de las cosas que más le atormentaban, ya que sabía que le había fallado.

La abrazó con más fuerza, aprisionándola contra su pecho, intentándola proteger de malos pensamientos que estaba seguro, que la seguían atormentando. – Lo siento – dijo en un susurro.

Permanecieron así varios largos minutos, sin decir ninguna palabra, con varios pensamientos aturullándose en sus mentes. Algunos buenos y otros no tan buenos. Pero sus corazones revoloteaban de emoción al sentir cómo estaban el uno con el otro, comprobando que la magia que les unió permanecía junto a ellos.

-Hermione – tosió. Lo hacía siempre que se ponía nervioso. Se alejo unos centímetros de ella, para mirarla a los ojos. Ésta lo miró sorprendida, sin entender qué ocurría – quiero volverlo a intentar. – La miró con decisión, seguro de sí mismo.

La joven le miró por unos instantes, buscando algún indicio de que aquello se tratara de una broma, o de algún hechizo alucinógeno.

-¿Estás seguro? – preguntó temerosa. Tenía claro, que le quería a él, mucho. Pero el dolor que sufrió le hacía estar insegura frente a la seguridad que le propinaba, el ya antiguo, Ron.

Draco la miró. Sabía que lo había pasado mal por su culpa, pero quería hacerle ver que todo eso formaba parte del pasado.

-Mira Hermione – dijo en voz baja, poniendo nerviosa a la joven que lo miraba con emoción – se que no lo he hecho todo bien. No supe manejar muchas situaciones y por eso los dos sufrimos en vano. Gracias a Merlín nos hemos vuelto a juntar, y creo que esta vez nadie podrá separarnos. Nunca te olvidé en todo este tiempo, y se que tú a mí tampoco – dijo con nervios, intentando bromear al final, para quitarle hierro al asunto. Miró a la joven y vio que tenía los ojos llorosos. -¿Qué ocurre? – preguntó preocuapdo de verla así.

Hermione creó una sonrisa, tranquilizando al joven. Se acercó a él con rapidez y depositó un beso en sus labios. Le amaba.

-Claro que quiero intentarlo contigo – dijo torpemente mientras depositaba a cada palabra un corto beso en sus finos labios – siempre he estado esperando este momento, aunque mi cabeza no lo aceptase. – Reconoció acompañado de una suave risa.

Se miraron con intensidad. Hermione le besó nuevamente, esta vez creando un beso más largo, húmedo. Sus lenguas se recorrieron con más rapidez que antes, dejando la timidez a un lado. Mientras las manos de Draco comenzaron a tocar con firmeza el cuerpo de Hermione que sólo estaba cubierto por aquella fina toalla.

La joven le regalaba caricias, que notaba que le encantaban al rubio. Acareció su cabello, adoraba despeinárselo en situaciones como esa.

Se separaron para respirar. Malfoy ladeó una sonrisa, feliz por haberlo aclarado todo ella.

-No se si voy a poder contenerme si sigues besándome así, y con esta toallita cubriéndote – dijo con la mirada llena de pasión, al igual que la joven. Ella rió, mordiéndose un labio. Aquél gesto derritió a Malfoy, le encantaba que hiciera eso, le provocaba. Y ella sabía que lo hacía.

-¿Qué toalla? – dijo torturando al rubio, haciéndose la tonta. - ¿Ésta? – dijo señalando la prenda que la cubría. Draco le miró ardiente. Esa joven sabía como torturarlo de placer, y disfrutaba haciéndolo.

El joven no esperó más y se acercó a ella con velocidad, la agarró por sus caderas y la acercó hacia él, con pasión. La colocó encima suyo y Hermione se puso a horcajadas sobre él para tener más movilidad. Estaba entregada a él. Notaba las caricias del rubio por encima de su toalla, eran deliciosas. Recordaba cuáles eran sus puntos débiles. Temblaba de placer de sus caricias.

La joven quito la camisa al rubio, y observó su torso. Estaba más musculado de lo que recordaba. Más fibroso. Se tuvo que contener por no devorarlo allí mismo.

Se acercó con celeridad y depositó pequeños besos acompañados de mordidas sobre su pecho. Notó como el vello de él se erizaba. Pasó varios instantes con el pezón izquierdo de Malfoy, era marrón en contraste con su blanca piel, estaban de punta por lo que tentaba a Hermione a darle pequeñas mordidas. Notó bajo su vientre que algo crecía con violencia. Se sintió poderosa en aquellos momentos. Su pequeña mano viajó hacia aquella zona y la tocó con suavidad, palpándolo.

El rubio se estremeció ante ese acto y soltó un gemido. Se recompuso y dio la vuelta a la joven quedando él encima suyo. Vio como ella protestaba pero la ignoró, le tocaba a ella sentir. Dirigió su mano hacia la molesta toalla, y se la quitó con habilidad. Hermione se enrojeció al notar su absoluta desnudez frente a él, pero estaba demasiado excitada para taparse.

Draco abrió los ojos sorprendido. Su cuerpo había evolucionado con los años, y madre mía cómo había cambiado – pensó.

Su boca hambrienta se dirigió a sus pechos, que habían crecido de forma abundante en aquellos dos años. Eran exquisitos, de tamaño perfecto. Sintió que aquello excitó de sobremanera a la joven que comenzó a moverse con celeridad.

Observó el resto de su cuerpo, tenía una cintura diminuta y unas caderas que hacían que las curvas de la joven fueran espectaculares.

Acarició su cuerpo, notando cada pequeña curva, cada parte de piel, saboreándola.

Hermione se acercó a él y exijió con su mirada que acercara su boca a ella, necesitaba besarlo, sentirlo en su cavidad. Él le recibió gustoso, creando un suave vaivén con sus cuerpos.

Escucharon una puerta abrirse. Unas llaves. Se separaron nerviosos.

-¡Draco! – chilló una voz femenina. Era Pansy. Hermione le miró nerviosa, iba a entrar a la habitación y la encontraría así. Se tapó como pudo y espero a que Parkinson entrara, tal y como ocurrió. -¿¡QUÉ!? – chilló al verlos, por la sorpresa.

Malfoy fue el que mejor reaccionó.

-Gracias por interrumpirnos, Pansy – dijo en un tono molesto, colocándose la prenda que le faltaba, la camisa.

La morena le miró entre avergonzada y divertida por la escena.

-¿Cómo iba a imaginarme que estaríais así los dos? – dijo riendo – Hermione me parece fatal que no me lo hayas contado – dijo algo indignada.

Hermione bajó la mirada, causando una carcajada a la morena, que al parecer se divertía mucho con aquella escena.

-Te iba a llamar por no haber venido a trabajar, imaginé que estarías enferma. Pero ya veo que no – dijo siguiendo con la broma. La castaña miró a Draco que también la miraba divertido por la situación.

La castaña creó una media sonrisa, y bufó por la manera de ser de aquellos dos.

Se levantó y comenzó a buscar su ropa con la mirada. Las divisó en el suelo, amontonadas, cerca de la cama. Se metió al baño con ellas sin mirar a ninguno de los dos y se vistió. Escuchó unas risas mientras se vestía, seguramente por la reacción que había tenido. Salió y los encontró tal cual los había dejado hacía unos minutos.

Miró hacia Draco, que tenía una sonrisa en su rostro, acompañada a la que también tenía Pansy.

-Vamos, no te enfades – dijo él acercándose a ella. Pansy miró la escena con ternura.

La joven se dejó hacer en los brazos de Draco, que la habían atrapado para hacerla sonreir, consiguiéndolo.

-Han llegado dos nuevos casos, te he puesto todos los documentos que hacen falta en tu escritorio – informó Pansy, recordando lo que le tenía que informar a la castaña por haber faltado al trabajo. Hermione la miró y asintió conforme. – Ah – dijo Pansy borrando su sonrisa. La pareja la miró esperando a ver qué decía – Weasley ha venido unas cuatro o cinco veces a la oficina buscándote – Hermione se tensó al escuchar aquello y se alejó del abrazo del rubio. Se había olvidado completamente de él. Malfoy notó su reacción y la miró con curiosidad.

-¿Qué quería? – preguntó con naturalidad, con un deje nervioso en la voz.

-No me ha dicho, ya sabes que no le caigo demasiado bien – dijo la morena, sabiendo que estaba tratando un tema delicado para la pareja que tenía enfrente – pero se le veía nervioso, bastante acelerado. – Declaró.

La castaña asintió ante sus palabras.

-Debo hablar con él – dijo cogiendo su bolso, y el resto de sus cosas dispuesta a marcharse. Sin embargo, notó que aquello no le había agradado al rubio. Se giró y depositó un pequeño beso sobre sus labios. – Serán diez minutos escasos – susurró para tranquilizarle, conociendo sus celos. Se despidió de Pansy con una sonrisa y se desapareció del lugar. Dejando a un rubio feliz y una compañera de piso todavía más divertida con la noticia que acababa de saber.