Como que ya tocaba actualizacion no? ya lo tenia casi listo solo me faltaba unas cositas y bueno aqui otro capi!

Disfruten!


Los pañuelos la esperaban. Mirando a la televisión en blanco, Bonnibel inhalo filosamente entre los dientes, e intento mantenerse lo más calmada posible. En su estado iracundo, no podía ni hablar. No podía contarle a Raini la cagada que había hecho. No solo engaño a Braco con una mujer a la que conocía muy poco, sino que también durmió con la mujer involucrada. Una mujer que era traficante de drogas, una criminal y su estúpida paciente de tuberculosis. Su paciente. A la mujer a la que estaba tratando.

Antes de llegar donde Raini, Bonnibel repaso en su mente lo que podía decir, y si debía decir algo después de todo. La confrontación de Keila había desencadenado algo. Fuera lo que fuera, la hacía sentir como mierda. Casi la hace estallar en lágrimas. ¿Qué había hecho? ¿Qué estaba pasando? ¿Sabía Marceline que su novia se le encaro? ¿Estaría Marceline consiente que Keila quería mantener su fragmentada relación?

¿Qué sabia Marceline? ¿Y cuánto le había contado a Bonnibel? Ella le dijo que su relación con Keila era complicada. ¿Qué carajos quería decir eso? Complicada, ¿Cómo en solo se usan para tener sexo? Complicada, ¿Cómo en una relación abierta? Complicada, ¿cómo si estuvieran considerando terminar lo que tenían? O complicada, ¿Cómo que se aman la una a la otra y encuentran difícil dejar a la otra, aun cuando habían establecido que la relación no daba para más?

Carajo. Mierda. Si Keila no hubiera sido tan buena, si Keila no le hubiera dado buenas razones para alejarse, entonces Bonnibel no estaría así de enojada. Tal vez Bonnibel no estaría así de decepcionada. Porque podría decir lo que se le pase en la cabeza acerca de Marceline. Podría maldecirla, hablar mal de ella, esparcir rumores acerca de ella, de lo perra que era Marceline Abadder, pero la verdad pesaba. A Bonnibel le gustaba.

Un montón.

Tanto, que le costaba dar un paso atrás. Encontraba difícil no buscar a Marceline, darle un puñetazo en su mandíbula y demandarle que carajos estaba pasando entre ellas. ¿Qué era para ella, Bonnibel? ¿Otra de solo una noche? ¿Otra estúpida, patética, chica hetero que quería saber cómo era tirar con otra mujer? ¿Solo un entretenimiento para Marceline? ¿Aunque sea a Marceline le gusta? Mierda. Oh, mierda. Bonnibel se apoyó contra el sofá. Oh, Dios.

Era desagradable que la única persona en la cual podía pensar era Marceline. Ni siquiera le dio una segunda oportunidad a Braco. Braco, el amor de su vida, que estaba intentando tan duramente para conseguir un trabajo donde la paga fuera decente. Para ofrecerle a Bonnibel un matrimonio feliz, seguro, con potencial a tener hijos, una casa, con un cerco blanco y jardín. Un sueño. Antes, eso era todo lo que quería Bonnibel. Lo que ella pensó que necesitaba. La constante perseverancia e ideas de su madre empezaban a desvanecerse. Tal vez una casa, jardín con un cerco blanco no era todo después de todo. Tal vez un esposo no era todo.

Tal vez Bonnibel estaba mejor sola.

Un día, Braco descubriría lo que paso. Los engaños siempre salen a la luz. Y aunque Bonnibel no vuelva a encontrarse con Marceline de nuevo, aun cuando se casara con Braco, él de todas maneras descubriría el engaño. Lo heriría, tremendamente. La miraría y pensaría, "Esta es la mujer que ame, que me traiciono. Qué me engaño." En la mente de Bonnibel, no había nada peor que ser la que ponía los cuernos en la relación. Especialmente en el matrimonio. No quería ser una tramposa, no quería ser indecisa – quería ser leal, perfecta. Todo lo imposible.

Bonnibel pasó la mayor parte de su vida complaciendo los deseos de su madre. Y, ahora, sus logros iban a ser desperdiciados.

No importaba cuanta culpa sintiera, cuanta vergüenza e ira – Marceline no salía de su cabeza. Marceline estaba generalmente, por no decir siempre, en su mente. Como paciente, como amiga o algo más. Esto no era solo un gusto, no era admiración o algo parecido. Era peor. Como se sentía Bonnibel respecto a Marceline era confuso.

Si Marceline estuviera aquí ahora, y le preguntara a Bonnibel para que estuvieran juntas, dejar a Braco y estar con ella – Bonnibel lo pensaría. Pero, escogería a Braco. Siempre escogería a Braco porque él le podía proveer de una vida segura. Bonnibel no podía involucrarse con una criminal. Y además escogería a Braco porque lo conocía mejor, se sentía segura junto a él. Marceline era demasiado. Con Marceline, todo no seguía un plan, era loco, no había ninguna certeza de lo que le esperaba a la vuelta de la esquina.

Además, ella técnicamente aún era su paciente. Bonnibel no podía estar con su paciente, y con una buena razón. Dios sabría qué pasaría con Marceline en un cercano futuro. Si continuaba fumando, tomando drogas, bebiendo alcohol, no sobreviviría. Ella estaba destruyendo su cuerpo ella misma, y eso era demasiado. Para Bonnibel, sería injusto y mucho que manejar. No quería a Marceline. No quería que Marceline estuviera a su costado constantemente, no quería que Marceline la sujetara, que la amará.

'-¿Estas lista para hablar?'

Bonnibel suspiro, dejando caer los hombros. 'No lo sé.'

Una pausa. Medito. Bonnibel desvió la mirada de la televisión, suavizo su expresión. Marceline la hacía sentir especial, la hacía sentir viva. Sí, todo era sin planes, pero era excitante también. Ella era excitante. Todo lo que hacía era excitante. Su sonrisa era excitante, divertida, el brillo de maldad en esos ojos verdosos, el cómo sus manos le apretaban su piel. Como sus labios marcaban su cuerpo, haciendo jadear y gemir a Bonnibel en tan solo segundos. Lo perfecto que se sentía su lengua dentro de ella, como su curvilínea y divina forma se sentía contra la suya. Bonnibel se enrojeció.

La simple memoria de Marceline besándola, sintiéndola, con sus manos sobre sus pechos, hombros, caderas, cintura, muslos – ahí. La memoria hacia sonrojar a Bonnibel, sentía como si toda su sangre se hubiera ido de su cabeza hacia su ingle. Solo pensando lo que Marceline le podía hacer, lo bien que se sentiría, hacia enrojecer y vibrar un poco a Bonnibel. Urgh. Mierda. A la mierda con Marceline. A la mierda con ella por ser tan increíble en la cama, y por ser una sabelotodo, ingeniosa, maravillosa mujer.

Mierda.

Bonnibel empezó a reír. Raini la miro con extrañeza.

'¿Estas borracha?'

'No,' Bonnibel respondió.

Cuando no le ofreció una explicación, Raini empezó a ponerse impaciente. Gruñendo, movió su cabeza contra el sofá. 'Okay, tuve que botar a mi novio para que pudiéramos hablar. Bonnibel, podría estar echándome un polvo ahora mismo—'

'¡Oh, Dios, Raini!'

'¿Qué paso, entonces?' Raini rio, complaciendo a su amiga finalmente el dio una respuesta satisfactoria. 'La última vez que tuvimos una de estar conversaciones fue cuando uno de tus exes te engaño. Así que…' La sonrisa de Raini se cayó. Abriendo enormemente los ojos. '¿Braco te engaño?'

Bonnibel trago. 'No.'

'Entonces—' Raini frunció el ceño. '¿Hizo algo?'

'…No.'

'Ya. Hm. ¿Tu hiciste algo?'

'Si.'

'¿Qué hiciste?'

Marceline. Lo hice con Marceline, soy una zorra. 'Demasiado.'

'Oh, mierda.'

'Yo—' Bonnibel inhalo. 'Cometí un terrible error.'

'Bonnie.' Raini ya no estaba sonriendo. Era serio. Era una cagada. Acercándose, mantuvo la mirada en Bonnibel, y la preocupación en sus ojos solo hicieron sentir peor a Bonnibel. 'Puedes decirme. Vamos. ¿Qué paso?'

'Yo—' Su voz se quebró, y Bonnibel se dio cuenta que si confesaba, lloraría. Así que paro. Se detuvo y espero a que Raini la presionara. Espero a que Raini la forzara a confesar, porque lo necesitaba. Tenía que. Bonnibel tenía que decir la verdad.

Raini la rodeo con sus brazos por sus hombros y la acerco a ella. 'Vamos, vamos. Estoy aquí. Cuéntamelo todo.'

Se apoyó en ella, Bonnibel suspiro de nuevo. Podía sentir el nudo formándose en su garganta y, ahora, pensar acerca de Braco y Marceline era doloroso. Pensar acerca de lo que le había hecho a Braco la ponía furiosa. Y solo de pensar acerca de Marceline, sabiendo lo que hicieron, sabiendo que estaba fuera de alcance, sabiendo que era mala para Bonnibel, la hacía querer llorar.

Todo lo que tenía que hacer era recordar esa sonrisa, la manera en que movía su nariz cuando se sentía incomoda.

'¡Tuve sexo!'

Raini brinco, y miro como Bonnibel estallaba en lágrimas. 'Uh… Jesús, Bonnibel.' Se estiro para coger la caja de pañuelos y saco uno, tocando ligeramente las mejillas de Bonnibel. '¿Desde cuándo eso te molesta? Al menos que me estuvieras mintiendo cuando me mandaste un texto diciéndome que perdiste tu virginidad, no veo porque deberías estar llorando si es que tuviste sexo ahora.'

'No.' Bonnibel inhalo, y la miro, con los ojos acuosos. 'Tuve sexo, Raini.'

'Uh…'

'¡Con una persona!'

'Con—' A Raini le dio un tic en el ojo izquierdo. 'Estás haciendo que me duela la cabeza.'

'¡Con una mujer!'

'Oh.'

'¡Con una paciente!'

'Oh.'

'Bueno, técnicamente, una ex paciente… pero no lo es. Ella podría ser mi paciente de nuevo porque se para olvidando de tomar sus medicamentos y dormí con ella, Raini. Dormí con alguien más, y su novia va a quemarme viva si tan solo la miro—'

'Whoa, Bonnie—'

'—Y no le he contado a Braco aún—' Bonnibel se quebró mientras sollozaba de nuevo, '—No puedo soportar herirlo, Raini. Estoy cagada. Dormí con alguien más. ¡Engañe a mi prometido! Y ella tenía dos cepillos de dientes,' Bonnibel no podía parar de llorar y ser melodramática, dejo salir sus lamentos. '¡Tenia dos cepillos de dientes y me dijo que estaba soltera!'

'Oh mi Dios.'

'Me voy a ir al infierno. Me voy a freír en el infierno, ¿verdad?' Bonnibel se limpió el rostro, inhalando sonoramente. '¡Me voy a ir al infierno y me hare mejor amiga de Hitler porque va a ser tan solitario ahí abajo!'

'¡¿Te podrías callar la boca?!'

Bonnibel la miro, y sollozo débilmente. Exhalo, Raini rodo los ojos, sujeto su mano para poder calmar a Bonnibel. Demasiado por decir, y no sabía por dónde empezar. Aunque estaba acostumbrada al drama que hacia Bonnibel, eso no significaba que no dejara de asombrarle lo tarada que podía ser su mejor amiga a veces.

Arrastrándola hacia ella, Raini le ofreció otro pañuelo. 'Así que, ¿engañaste a Braco con un paciente?'

'Si,' Bonnibel sonó su nariz.

'Okay. Y este paciente es una mujer.'

'Si.'

'¿Cuándo paso?'

'Anoche.'

'Wow. ¿En serio?'

'Se siente como si fuera hace tanto.'

Raini alzo las cejas. '¿Cómo se llama tu paciente?'

Lo último que quería Bonnibel era revelar el nombre de esa mujer, 'Marceline Abadder,' se ahogó en su llanto.

'¿Quieres decir—?' Bonnibel abrió grande los ojos. '¿Ella?'

'¡Si, ella!'

'¿Qué rayos, Bonnie? ¿De todas las mujeres con las que te puedes acostar, escogiste a Marceline Abadder? Ella es una tarada. Sarcástica, mujer mayor con tuberculosis.'

'No es tan mayor,' la peli rosada respondió, la cual había dejado de llorar temporalmente. 'Oh, y yo trate su tuberculosis.'

Raini se encogió de hombros. 'Cierto.' Luego miro al suelo, fijándose en el crimen que cometió Bonnibel. Oh. Oh, Cristo Jesus. 'Wow. Wow. Oh, wow. Wow.' Raini la miro, estaba a punto de decir algo, pero cerró la boca. Miro otra vez al suelo. 'Wow—'

'¿Qué hago? ¿Se lo cuento a Braco—?'

'¡No!'

'¿No?'

'No. No se lo cuentes a Braco. Uh…'

'Me voy a casar con él, Raini. No puedo no decirle. No puedo casarme con él y tener este estúpido pecado rondando por mi cabeza.'

'Intentemos y dejemos la religión fuera de esto, por favor. Es desagradable.' Raini se pasó una mano por su cabello y exhalo lentamente. 'Okay. Por ahora, no se lo cuentes a Braco. Fue solo cosa de una noche y a ti no te gusta Marceline de la manera en que te gusta Braco, ¿verdad?' Ni siquiera espero por la respuesta de Bonnibel. 'No hay razón de decepcionar al hombre que amas. Digo, ¿qué bien le harías contándole que dormiste con alguien a la que no veras de nuevo?'

Era razonablemente lógico, Bonnibel decidió.

'Pero, dime Bonnie. ¿Por qué tiraste con ella?'

Esa era un pregunta que Bonnibel había pasado todo el día contestárselo. ¿Por qué se acostó con Marceline? ¿Por qué la besaste? ¿Por qué Bonnibel fue hacia ella? ¿Por qué Marceline? 'Ahora no lo sé.' Bonnibel desvió la mirada, y se limpió una lágrima con la parte posterior de su mano. ¿Tal vez por qué Marceline la excito? Eso debía ser. O, ¿tal vez fue el alcohol? Estuvieron bebiendo esa noche.

'Si la llegas a ver—' Bonnibel hizo una mueca, 'ignórala. Ni siquiera la mires.'

'Okay.'

'Bonnie, si no quieres causar más problemas entre Braco y tú, entonces eso es lo que debes hacer. Debes elegir: Braco o Marceline.'

'Ella tiene novia.'

'Oh… Oh, sí, dos cepillos de dientes.' Raini no tenía ni idea de la situación de los cepillos, pero rápidamente lo asocio a su novia. 'Bien. Entonces la súper perra queda fuera.'

'¿Súper perra?'

Raini se encogió de hombros. 'Todo aquel que haga llorar a mi mejor amiga no merece ser llamado por su nombre. Bonnibel, si ella vuelve como tu paciente, entonces puedes transferirla a mis servicios. Tienes todo el derecho de hacerlo, y si el Doctor Peppermint o alguno de sus estúpidos asistentes te pregunta porque, solo diles que estamos cambiando pacientes para tener más variedad.'

Asintiendo, Bonnibel decidió que era lo mejor. Ignorar a Marceline. Pretender que no existía, ser devota a Braco, y solo Braco. Cometió un error. Podría decirse que, uno imperdonable, pero sería cruel el contárselo a Braco. ¿Verdad? Además, no podía ser suya de todas maneras. Tenía novia. Una bonita y exitosa novia quien era mejor que Bonnibel en muchos modos. No había competencia.

Si Bonnibel tuviera que escoger entre Bonnibel y Keila, ella escogería a Keila.

Raini jalo a Bonnibel en un abrazo. 'Solo para que lo sepas yo todavía te quiero.'

'Yo también te quiero.' Bonnibel la abrazo y apoyo su cabeza en su hombro. 'Soy una tarada, ¿no es así?'

'Si,' Raini dijo. 'Pero, a mí no me importa.'

Aun si había tomado una decisión, aun si había escogido a Braco – aun cuando había tomado la mejor decisión – Bonnibel aún se sentía inquieta. Marceline aún estaba ahí, en sus pensamientos, y eso la molestaba. La molestaba tanto que tenía ganas de vomitar. Marceline aun hacia acelerar sus latidos, aun la hacía sudar en sus manos, aun la hacía sentir diferentes cosas.

Por el resto de la noche, Bonnibel vivío en un charco de vergüenza y arrepentimiento. Raini la dejo quedarse esa noche, porque sabía que Bonnibel no podía encarar a Braco aun. Mirarlo la haría llorar. Él le pregunto si estaba bien vía mensaje de texto, y Bonnibel mintió – todo estaba bien. No había nada malo. Ellos estaban bien, y estarían bien.

¿Qué había hecho?

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.

.

Ni Raini ni Bonnibel se sorprendieron cuando Braco fue a visitarlas al hospital a la mañana siguiente. Raini se retiró para darles algo de privacidad y Bonnibel no estaba segura si debía quedarse. Le tomó por sorpresa que Braco la tomara en sus brazos y la besará duro en la boca. Bonnibel forzó una pequeña sonrisa, pero dentro de ella sentía que se estaba partiendo en dos. No merecía ser besada.

Tampoco merecía la rosquilla que le estaba ofreciendo. Pero, rayos, se estaba muriendo de hambre y el cereal que le dio Raini estaba haciendo estragos en su estómago. Su turno iba a empezar pronto así que se apuró y termino la rosquilla, dejando las migajas caer en el suelo. Braco sonrió, 'Despacio ahí. Si comes muy rápido lo regresaras todo.'

'Debo—' Bonnibel decidió tragar antes de hablar. Una vez la comida había bajo, se voltio hacia Braco. 'Tengo que irme. Volveré a casa en la noche.'

'Baby,' Braco dijo, suavizando su expresión. '¿Es acaso porque no pase tiempo contigo en tu día libre?'

Hablaba en serio. Absolutamente en serio y eso le partía el corazón. 'No. No tiene que ver contigo.' Él alzo las cejas. 'Yo—' Bonnibel se aclaró la garganta. 'Mira, me tengo que ir. Pero hablaremos más tarde en la noche, ¿está bien? Mi turno acaba a las seis.'

'Okay.' Sonrió tranquilizadoramente. 'No trabajes tan duro.' Se besaron y Bonnibel no perdió el tiempo. Corrió dentro del hospital, manteniendo la cabeza gacha.

Los casilleros estaban llenos de doctores. Alguien la roso, chocando contra su hombro, y ella debería haberse fijado en él si no hubiera sido porque evitaba cualquier contacto visual. Raini alzo una ceja hacia ella preguntándole cuando había llegado, pero Bonnibel no dijo nada. Igual que a Braco, no podía ver a Raini a la cara ahora. Se sentía culpable. Estúpidamente culpable.

Con la bata puesta, su cabello atado y su estetoscopio enredado en su cuello, Bonnibel salió de los casilleros para recoger los historiales. Le echo una ojeada a cada una, sus manos temblaban, temerosa de ver ese nombre. Afortunadamente, no la encontró. Estaba a salvo. Por primera vez en esos dos días, sonrió un poco, una verdadera sonrisa. Sin esfuerzo alguno.

Era triste lo feliz que le hacía no ver el nombre de Marceline.

Antes de que pudiera llegar donde su primer paciente, su jefe, el Doctor Peppermint, la intercepto en el corredor. 'Bubblegum.' Salto por la sorpresa, y se volteo a verlo. '¿Estas bien?'

'¿Qué? Si. Sí, señor. ¿Por qué no lo estaría?' Bonnibel casi se cachetea a sí misma. Ser sutil no era lo suyo, y era obvio que algo no andaba bien. Él frunció el ceño, y, luego de un rato, decidió dejar el tema.

Peppermint le paso un folder. 'Esto necesita ir a psiquiatría. Es para el Doctor Prismo.'

No feliz de hacer de mensajera, Bonnibel tomo el folder de todas formas. 'Si, señor.'

'El parece insistir que una de sus pacientes – Maja Sky – debería estar medicada.' Rodo los ojos. 'Créeme, ella no debería ser medicada.'

Bonnibel asintió lentamente. 'Si, señor.'

'De todas maneras, ¿disfrutaste tu día libre? Imagino que tu novio hizo planes.'

Perfecto. De todas las cosas que podían hablar. Bonnibel forzó una sonrisa. 'Si. Fuimos a un hotel. Fue bueno.' Fue inexistente también. Nada paso entre Bonnibel y su novio. Mierda. Si Peppermint se enteraba que durmió con su paciente, la despediría tan rápido que aun su cabeza daría vueltas antes de que se diera cuenta que había pasado. 'Entregare esto, señor,' dijo, desesperada por acabar la conversación.

'Te veo luego, Bubblegum.'

Aliviada de ser dejada libre, Bonnibel se volteo, dejo sus historiales y se dirigió hacia el ascensor. Psiquiatría estaba en el último piso, y solo había ido ahí una vez. Había muchas historias de cómo era psiquiatría y no sonaban nada placenteras. Bonnibel no tenía ni idea de quien era Maja Sky, así que no podía concordar con el Doctor Peppermint si necesitaba ser medicada o no.

El ascensor llego al piso deseado, y salió de él, yendo hacia uno de los escritorios a la derecha. Un doctor estaba ocupado llenando papeles y no se dio cuenta de ella, hasta que le hablo, 'Hola, ¿está el Doctor Prismo aquí?'

Se encogió de hombros. '¿Quién sabe?'

Brillante. Era un doctor con un ego más grande del que podía manejar. Bonnibel sonrió sarcásticamente, 'Gracias por tu ayuda.' Impaciente y enojada, la peli rosa fue en búsqueda de otro personal. Entro a un corredor y estaba a punto de caminar por él, cuando vio un doctor sujetando la mano de paciente inquieto.

Era media rechonchita, pequeña y de cabello castaño. Bonnibel los miro a ambos.

'¡No estoy loca! ¡Soy la elegida! ¡He sido enviada para acabar con la bondad!' La paciente noto a Bonnibel a lo lejos, frunció la ceja, y le dio una mirada divertida. Bonnibel la miro raro y el doctor la arrastro hasta su habitación.

'¿Puedo ayudarte?'

Bonnibel salto de la sorpresa y volteo atrás. Un alto, y guapo hombre la estaba mirando con la ceja levantada. 'Si. Estoy buscando al Doctor Prismo.'

'Esta en su descanso. ¿Eso es para él?'

Le entrego el folder y Bonnibel asintió. 'Respecto a una paciente llamada Maja Sky.'

'Ah. Acabas de conocerla. Encantadora, ¿no lo es?'

'Te refieres… ¿a la bruja que estaba en el corredor?' Bonnibel pregunto, señalando la dirección donde estaba Maja.

El doctor sonrió. 'Si, aparentemente quiere acabar con toda la bondad del mundo o el amor o lo que sea. Creo que tendrá un día ocupado.'

Bonnibel se preguntaba si se estaba burlando de ella. Tal vez debía ir a la iglesia a confesarse eso la haría sentir mejor. Mirar a Maja Sky la hizo recapacitar. Definitivamente esa chica no necesitaba estar medicada, tenía que admitirlo.

Regresando hacia el ascensor, Bonnibel regreso a su piso. Y, Dios, era más brillante y feliz que allá arriba. Paso por Raini la cual no le pregunto nada, pero se miraron, y Bonnibel tuvo un presentimiento que su amiga la atraparía en su descanso. A pesar de su larga conversación de la noche anterior, aun había mucho por discutir.

Francamente, Bonnibel no sentía que había zanjado nada todavía.

Cuando pudo finalmente concentrarse en sus pacientes. Bonnibel se sentía un poco mejor. Sus pacientes siempre fueron grandes distracciones para ella, especialmente ese niño que estaba sufriendo de un cráneo fracturado. Muchas pastillas y morfina fueron requeridas para calmarlo y que dejara de gritar. Había también otro paciente que estaba desde la pasada quincena, esperando por un trasplante de corazón.

Era bueno, dulce. Le preguntaba cómo le iba, a lo cual ella le mentía y le decía que todo iba bien. Él le decía que tenía suerte, reía entre dientes, y admitía que el también deseaba estar bien. Bonnibel solo le sonría comprensivamente. Sonaba enfermo, pero prefería esperar por un donante de corazón que seguir viviendo con esa horrible culpa que la destruía lentamente. Hacia pedazos su corazón. Odiaba su vida en esos momentos.

Si pudiera regresar el tiempo, lo haría. No besaría a Marceline cuando perdió a sus dos pacientes. No aceptaría seguir a Marceline al club nocturno. No besaría a Marceline de nuevo, la seguiría a su hotel, y dejaría que Marceline la follara. No permitirá que esas cosas pasaran. Debía seguir siendo la respetable, buena doctora y casi esposa. Lo que debía ser.

Si pudiera, Bonnibel iniciaría de nuevo.

De nuevo al inicio.

Alguien la estaba esperando en la sala de las enfermeras.

Bonnibel la miro. Su corazón se detuvo. Se puso pálida y dejo de respirar. Marceline la noto, y empezó a moverse, pero antes de que pudiera decir una palabra, antes que pudiera llamar a Bonnibel, la doctora se giró en sus talones. Y camino. Casi corrió. Y no miro atrás. Oh, Dios. Oh, Dios. Marceline estaba ahí, y estaba ahí por ella.

No.

No.

No, esto estaba mal. Estaba mal. Estaba mal.

La doctora corrió hacia un cuarto vacío. La oscuridad era implacable, la hacía temblar, y recordó como respirar. Exhalo y se sujetó cerrando los ojos cuando la puerta se abrió y se cerró. Marceline estaba detrás de ella, podía sentir su presencia, su calidez, su horrible y maravilloso ser. Bonnibel espero, espero a lo peor.

'Necesito hablar contigo.'

Bonnibel rechino los dientes, abrió los ojos, pero aún se negó a mirarla.

'Lo que paso—si significo algo.'

No…

'Y me gustaría intentarlo, Bonnie. Si tú quieres.'

No…

'¿Lo quieres?'

Ayuda. Ayúdenme. Por favor. Oh, Dios. Marceline, ¿Cómo podías? Temblando, de dolor, luchando, Bonnibel finalmente la encaro. No podía ver a Marceline bien por la poca luz, pero podía ver la silueta de su cuerpo, el brillo de sus ojos, y su insegura sonrisa la cual Bonnibel quería arrancar. Miro a Marceline y estaba a punto de llorar. Esto estaba mal. Se le había ido de las manos.

'No me puedo enamorar de una paciente.'

Su sonrisa cayó. Sus esperanzas aplastadas. Marceline sabía lo que venía, pero se quedó tontamente. Dejo que Bonnibel destrozara lo que quedaba.

'Keila vino a verme ayer.'

'¿Qué?'

'Dijo que ustedes - ustedes aun podían funcionar y sonaba tan convincente. Que no pude…' Bonnibel trago. 'No puedo hacer esto, Marceline. Estoy comprometida, y tu estas con alguien que te ama, y debería ser suficiente. Porque yo no sé qué somos. No sé lo que siento por ti. Y tú tampoco sabes lo que sientes por mí, pero Keila está segura y –'

Si quería, podía parar ahí, porque ya había ido al punto.

'—y no puedo ser responsable por arruinar lo que ustedes podrían tener. Lo que tienen.' Exhalo, y cerró su puño. 'Estoy con Braco. Amo a Braco. Elijo a Braco.'

Bonnibel espero. Espero a que Marceline gritara, le regañará, que la hiciera sentir pequeña, patética y egoísta. Espero. Pero, nada paso. No pasó nada. Marceline la miraba en la oscuridad, aún, sin moverse. Ni siquiera debería estar respirando. Estaba inmóvil, y Bonnibel no podía ver su expresión. No tenía ni idea de lo que Marceline estaba pensando.

Luego, escucho a Marceline suspirar. Fue un suspiro cansado.

'Claro que lo eliges.' Un murmuro. No era una acusación, no era cruel, no era nada. Solo un murmuro.

Un par de pasos. Marceline abrió la puerta y la luz ilumino el cuarto. Ahí fue cuando la vislumbro. Vio la expresión vacía, carente de sorpresa, el cansancio. Marceline no la miro. Ella solo camino fuera y silenciosamente cerró la puerta.

Bonnibel exhalo. Inhalo.

Lagrimas se asomaron por sus ojos, pero no las dejo salir. Espero hasta estar segura que Marceline estuviera lo más lejos del corredor, fuera del hospital, en su carro y se haya ido. Espero hasta estar segura que Marceline se hubiera ido.

Destrozada, derrotada, Bonnibel abrió la puerta de la habitación. Espero. Antes de salir en dirección hacia la vida y la muerte.

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No se olviden de comentar con un review, demandarme que publique mas seguido, se aceptan tambien las amenazas xD

Entre mas reviews mas rapido actualizare! (felizmente ahora no m demore un mes como en el anterior u.u)

Nos leemos! :D