Los personajes de Saint Seiya no me pertenecen, son propiedad de Masami Kurumada.

Con el paso del tiempo Seika había aprendido una lección muy grande, fue difícil, por supuesto, pero después de tanto tiempo, entendió que Seiya nunca iba a cambiar, o al menos no en un largo tiempo, así que decidió, muy en el fondo para su pesar, que era momento de dejar de preocuparse por Seiya. A lo largo de su vida dentro del orfanato pasó demasiado tiempo preocupándose por todas las acciones que su hermano realizaba para divertirse; cosas como subirse a los arboles o peleas en el lodo provocaban que Seika pasara grandes horas de miedo y preocupación.

Con todo eso, aún seguía negando que ella e Ikki fueran iguales, había un gran abismo entre ambos que convencía a Seika de que todavía no estaba en los limites de lo absurdo, como calificaba el comportamiento de Ikki hacia su hermano menor. Esta diferencia radicaba, principalmente, en la forma en la que Ikki insistía en acompañar a su hermano en los juegos con sus amigos o definitivamente prohibirle realizar ciertas actividades que los demás hacían; contrario a esto Seika dejaba a Seiya divertirse sin problema, aunque esto significara para ella pasar varios minutos de angustia, y aunque al final del día ella no le tomaba tanta importancia, después de todo lo importante era que su hermano viviera su niñez como cualquier otro niño.

Debido a eso es que cuando se enteró que Ikki había dejado de ser tan sobreprotector con su hermano la sorprendió; parecía que Ikki estaba arreglándolas para probar que la única persona que se preocupaba de sobremanera con su menor era ella.

Ese descubrimiento sirvió para que Seika meditara sobre su actuar con Seiya. Si Ikki podía cambiar nada le decía a ella que no podía. A pesar de que al inicio se mostraba un poco renuente a hacerlo, ya que pensaba que no era necesario, después de un breve periodo de tiempo pensó que tal vez era momento de cambiar de opinión respecto al tema tan controversial para ella.

Eso pensaba Seika hasta que un par de gritos la sacaron de sus reflexiones.

- ¡Seika! - gritaron Nachi e Ichi acercándose a ella.

- ¡Seiya va a pelearse con Jabu! - Ichi comenzó a jalar a la joven hacia el lugar de la pelea.

- Pero... ¿por qué? - Seika se detuvo, provocando que ambos jóvenes la miraran desconcertados.

- Jabu dijo algo a sobre que Ikki ya no quería a Shun como hermano y Seiya se molestó - Nachi miró a la joven.

- Bien - Seika se llevó la mano al mentón pensando en si valía la pena ir a detener la pelea - ¿y que hay de Shiryu, Hyoga o Shun? ¿qué han hecho ellos?

- Tratan de detener la pelea pero ya sabes cómo es el cabeza dura de Seiya - Nachi miró a la joven esperando que esta avanzara.

- Bueno, si los demás están ahí no creo que existan problemas - Seika se dio la vuelta y regresó a su trabajo de plantar flores en el jardín del orfanato y a su meditación.

- Pero... - ambos jovenes miraron a la chica.

- ¿Necesitan algo más? - dijo ella, mientras cavaba un pequeño hoyo en el suelo para poner unas semillas.

- ... No... Creo... - balbucearon ambos jóvenes.

- Bien.

Al ver que la chica no pensaba moverse de ahí, ambos se fueron corriendo esperando no haberse perdido del espectáculo que podía ofrecerles esa pelea, ya que parecía que no sería detenida.

Una vez más sola, Seika sintió cómo sus manos temblaban, no podía olvidar tantos años de preocupaciones es un instante, ni mucho menos fingir que su hermano no estaba peleándose con un chico que probablemente se había buscado esa pelea. Tal vez lo que más le preocupaba era que al notar su ausencia, Seiya pensaría que tenía el camino libre para hacer lo que quisiera o hacer lo incorrecto, después de todo en ocasiones al joven moreno aún le costaba trabajo identificar que estaba bien y que estaba mal.

Suspiró, era difícil tomar una decisión y aún más difícil alejarse de su hermano en la forma en la que lo había planeado.

Dejó la pala en el suelo con cuidado pensando en ir a asegurarse de que no se le pasara la mano a alguno de los chicos, o ver en dónde se encontraba Tōma, que permita que eso pasara.

Al llegar al lugar se sintió aliviada de ver que aún no pasara algo grave. Olvidando sus pensamientos de las semanas anteriores, Seika activó el modo "hermana mayor" y se preparó para darle a su pequeño hermano uno de los discursos más largos en su corta vida.

Podía dejar a Seiya ser un niño normal, podía dejar de preocuparse, pero definitivamente no iba a poder dejar de enseñarle a Seiya a ser una mejor persona, y eso incluía el dejar de pelear de esa forma con sus amigos o no tan amigos, como en el caso de Jabu.

COMENTARIOS:

Originalmente este sería el capítulo final, pero mientras escribía el capítulo de Sigmund me di cuenta que no había incluido a Freya y Hilda.

Fue un momento un poco vergonzoso para mi debido a que pensé que ya los había cubierto a todos, además de que había escrito de Hilda en la serie anterior pero aún así lo olvidé; incluiré los respectivos capítulos de ellas en la próxima entrega.

¡¡Gracias por leer!!