Hola a todos, esto que ven aquí es mi aportación en el "Intercambio por el 3er aniversario" del foro I am sherlocked.
Ya todos ustedes lo saben pero por si acaso, nada de esto me pertenece, todo es propiedad de Sir Arthur Conan Doyle, Mark Gatiss, Steven Moffat, la BBC y no tengo idea de quien más. Aunque si el mundo fuera justo John sería mío y no lo compartiría con nadie...
Aclaro que la imagen que acompaña esta historia no es mía, tampoco y no sé de quien es, solo la encontré en internet, pero si alguien sabe a quien le pertenece para darle el crédito por su excelso trabajo.
Ya saben, si han leído alguna otra historia mía, que soy dada a tomarme "licencias creativas", o sea, adaptar las cosas para que concuerden con la historia, pero que en realidad no pasan como yo las explico, imaginen junto conmigo que el mundo es tal y como lo platico, usen su imaginación, o aténganse un poco a la mía.
Este fic es el regalo para Maye Malfter, cuyo prompt era el siguiente:
"Sirenlock/Sailor!John. Final feliz. John es un marinero que queda atrapado en una tormenta, su barco se hunde pero él sobrevive milagrosamente. Cuando despierta, recuerda haber sido salvado por una extraña y hermosa criatura marina, pero de seguro fue un sueño. ¿O no lo fue?"
El beteo de esta historia es obra de mi querida Violette Moore, gracias por todo.
El último y nos vamos...
Capítulo X
Mar Adentro
por
Adrel Black
Edición
Violette Moore
Greg apareció en la isla de improviso, había estado turnándose junto a Mycroft para cuidar de Sherlock, el moreno se había negado a comer prácticamente y la única amenaza que parecía tener efecto en él había sido la promesa de Mycroft de que haría arder el escapulario que llevaba al cuello. A pesar de ello Greg no creía que aquella amenaza siguiera surtiendo efecto durante mucho tiempo más, en algún momento las fuerzas de Sherlock fallarían por completo, se daría por vencido con o sin escapulario.
Aun así las noticias que traía podían ser maravillosas o devastadoras, no estaba muy seguro de como Mycroft las tomaría. Una balandra había atracado en la playa de la isla y por lo que Greg había alcanzado a divisar el único ocupante de aquel navío era un hombre, no podría asegurarlo pues nunca había visto al tal John, pero aun así quién más podría haber dado con aquella isla perdida en medio de la nada.
Mycroft le miró con el desespero que había plagado sus facciones durante aquellos meses, Sherlock, estaba lánguido, mirando la apertura en la piedra que siempre miraba, sin apartar siquiera la vista cuando Greg llegó.
Pasos se escuchaban entre las hierbas, Mycroft miró más allá de donde Greg acababa de aparecer.
—¿Escuchas eso? —preguntó el pelirrojo a su hombre de confianza.
—Creo que es él.
—Imposible.
—No, —respondió el guardia. —Sherlock, creo que es John, creo que John ha vuelto.
El tritón del cabello rizado apenas tuvo fuerza necesaria para levantar un poco la cabeza, sus ojos estaban hundidos y habían perdido el brillo.
Sin embargo la reacción más inesperada fue la de Mycroft. Tomó con fuerza el tridente que llevaba a todos lados, su postura era por supuesto beligerante.
El marino apareció de entre la vegetación y se detuvo en seco, sin duda no comprendía la escena que se levantaba frente a él, sus ojos recorrieron rápidamente a los tres tritones frente a él.
Mycroft enfadado, Greg acercándose al pelirrojo con cautela y Sherlock mirando al vacío prácticamente ajeno a lo que ocurría a su alrededor.
—Por Dios. —Murmuró John y se acercó a mirar a Sherlock, —Sherlock, Dios Sherlock que te ocurre.
—¿John? —la voz de Sherlock sonó queda.
—No te acerques a mi hermano.
—Mycroft, por favor. —Decía Greg intentando que Mycroft se tranquilizara.
—¿Eres tú, John?
—Sí, soy yo, soy yo.
—Aléjate de él. —Amenazó Mycroft, sobre ellos nubes negras de tormenta comenzaban a formarse, John nunca había visto algo igual, aun así había venido desde muy lejos, nada ni nadie por muy poderoso que fuera le haría flaquear.
—No, —un relámpago golpeo la punta del peñasco en el que la cueva estaba empotrada y la roca se cuarteó. —No sé quién eres y no me importa, no voy a dejarle.
—¿John? —Sherlock hacía esfuerzos por sentarse sobre la roca, por enfocar su vista. — ¿Volviste?
John no entendía nada, esperaba encontrar a Sherlock enfadado porque había vuelto a su isla, esperaba que Sherlock terminara de romperle el corazón, esperaba que intentara echarle de nueva cuenta, definitivamente el que Sherlock pareciera tan enfermo no era parte de las posibilidades que había imaginado.
John se acercó y tomó entre las manos el rostro del hombre de cabello rizado, sus ojos parecían menos brillantes pero también parecían cobrar vida a cada momento. Sus mejillas estaban mucho más angulosas de lo que las recordaba y su cuerpo se sentía muy delgado y desmejorado.
—¿Abandonaste a tu esposa? —preguntó Sherlock y en su voz había dolor. John parpadeó sin comprender. —¿También tienes hijos?
—¿Esposa? —Sherlock tomó de un lado de la roca un portarretratos que John de inmediato reconoció como propio, sonrió a la fotografía con cariño y luego se acercó aún más a Sherlock. —Ella es Harry, Harriet, no es mi esposa, es mi hermana.
Sherlock parpadeó como si las palabras estuvieran en otro idioma, como si no pudiera comprenderlas. John abrazó el cuerpo extraño en aquella decadencia, pero tan conocido, tan amado, el moreno de inmediato, sin embargo, buscó sus labios.
—Creo que deberíamos irnos. —Susurró Greg al oído de Mycroft y tomándolo de la mano lo haló hacia el mar.
.o.O.o.
Mycroft parecía estar en algún estado de catatonia, no hablaba, sólo se quedaba mirando la nada y pasándose las manos por el rostro una y otra vez.
—Mycroft, por favor.
Nada. Ninguna palabra, ninguna respuesta.
Greg le tomó de la mano y Mycroft se dejó hacer, ya una vez había intentado dar consuelo a uno de aquellos hermanos abstrusos allí, sentado junto al abismo, no había funcionado demasiado bien en aquella ocasión, y no creía que funcionara en esta, pero si no lo intentaba probablemente se desvanecería también, quizás perdería la razón tal y como Mycroft parecía estar haciendo.
Se sentó al borde y dejó su aleta flotar, Mycroft hizo lo mismo con los ojos perdidos en la inmensidad.
—Me gusta venir a este lugar. —murmuro el hombre del pelo cano. —Intento decirme que a pesar de estar en el borde aun no me he perdido por completo.
—Pero yo ya lo hice. —Respondió Mycroft. —Perdí a uno de mis hermanos porque no pude guiarlo antes y ahora estuve a punto de perder al otro, de hecho aún no estoy seguro de que no le he perdido. El marino volvió pero eso no prueba nada, quizás de cualquier manera el amor entre ellos muera y acaben matándose como lo hicieron Sherrinford y aquella mujer antes.
—¿Por qué no puedes sólo admitir que tu hermano se equivocó, que tu hermano tomó una mala decisión y dejas de una vez por todas de condenarnos a todos los demás?
Mycroft parpadeó por un momento volviendo en sí, sus ojos más lúcidos de lo que habían estado en mucho tiempo. Sonrió sin gracia, con los labios apretados.
—¿Yo te estoy condenado? —y miró a Greg con enfado. —Puedes dejar la guardia cuando quieras, los otros se fueron. Intento mantener los océanos funcionales, a pesar de que nadie lo vea, mantengo el equilibrio, ¿crees que no nos habríamos extinto desde hace mucho tiempo, crees que los hombre no se habrían adueñado por completo de los mares sino fuera por mí?
—No dije eso.
—¿Qué harás? —Greg iba a responder, pero el otro no le dio tiempo —saldrás corriendo igual que mi hermano tras el primer marino que pase.
—Si quisiera abandonarte Mycroft, lo hubiera hecho hace mucho tiempo, deja de estar cuestionándome, he pasado milenios a tu lado, esto es todo lo que mi lealtad a comprado.
Greg dio un coletazo, de pronto el abismo pareció mucho más atrayente, perderse de una vez y olvidarse del dolor, pero algo lo retuvo en su lugar. Los ojos azules de Mycroft, estaban rojizos, tal y como hacía meses lo habían estado los de Sherlock, nunca había considerado a los hermanos parecidos. Obviamente eran iguales de obtusos, pero ahí, en el borde eran muy parecidos, eran dos niños perdidos.
Los recordó como si hubiera sido apenas unos días antes, él ya había sido entregado por sus padres para ser guardia, Sherrinford y Mycroft eran un poco mayores que él, un par de adolescentes, Sherlock por su parte era mucho más pequeño, apenas un niño.
Todos ellos entregados al palacio para servir a Derceto. A pesar de todo él había tenido amigos, otros niños en la guardia iguales a él, pero los hermanos siempre habían estado apartados, demasiado inteligentes para ser comprendidos por nadie más.
Realmente no podía culpar a Mycroft por siempre estar asustado de quedarse solo. Se acercó y dijo:
—Yo nunca voy a irme, me he quedado junto a ti, desde siempre y voy a estar junto a ti, hasta que este mundo termine, Mycroft. —El otro le miraba con los ojos tristes. Greg se acercó y rozó los labios del que había sido su favorito desde siempre, el único por el que había continuado, el único por el que se arriesgaría a que le echara de su lado. Quizás éste sería el único beso, pero con el mar entero por testigo que luego de tanto tiempo valía la pena.
—Siempre estabas junto a mí. —Susurró Mycroft con los ojos aun cerrados, cuando el otro hombre se retiró un poco. —Cuando salíamos de palacio siempre te quedabas conmigo.
—Si, —Greg aprovechó para acariciar la mejilla del otro con lentitud, si era la única vez, quería grabársela en la memoria.
—Creí que si Derceto se enteraba me echaría del palacio, creí que si ella se daba cuenta que me había enamorado de ti no me permitiría continuar.
Greg se quedó pasmado, retiró la mano como si de pronto el tacto le hubiera quemado. Mycroft abrió los ojos, aun confundido, sin entender que había hecho mal.
—¿Tú acabas de decir que te habías enamorado de mí?
—Claro.
—¿Por qué nunca lo dijiste?
—Cuando fuimos humanos porque tenía miedo de perder mi lugar en palacio, luego tenía miedo que te fueras si te enterabas y después de lo de Sherrinford. —Mycroft negó con la cabeza.
—Si yo no te amaba creíste que me iría, pero si lo hacía, creíste que terminaríamos muertos, como Derceto y su amante, como tu hermano y aquella mujer.
Greg se acercó y tomó de nuevo los labios del otro, sus manos se deslizaron hacia su nuca y tirándole un poco del cabello, con sutileza, le atrajo a que flotara con él, las aletas se enredaron una con la otra como si fueran serpientes y la corriente les arrastró sin rumbo, pero ellos se dejaron hacer.
—Acabo de darme cuenta de algo, Mycroft. —Susurró Greg luego, cuando juntos flotaban en la superficie, ambos mirando las estrellas, Mycroft murmuró algo sin sentido. —Tu maravillosa teoría de la maldición tiene un enorme hueco.
—¿De qué hablas?
—Si el problema del amor con nuestra especie es cuando el amor es mutuo ¿cómo explicas que yo te haya amado desde siempre y que tú me hayas amado a mi desde siempre sin que el sentimiento haya muerto?
Mycroft se quedó en silencio, no tenía una respuesta.
.o.O.o.
La isla reverdeció con el paso de los meses, John decía que Mycroft había hecho magia, Sherlock decía que eran los dones que Derceto les había entregado, fuera como fuese la isla renacía y ellos también.
Físicamente habían mejorado enormemente, Sherlock pasaba prácticamente todo su tiempo en la isla al lado de John, de vez en vez, Mycroft y Greg venían juntos.
Las primeras ocasiones en que los hermanos se vieron después de todo aquel problema fueron sumamente incómodas para los cuatro, a pesar de ello, Greg y John que se había entendido pudieron mediar hasta que los dos hermanos limaron un poco las asperezas.
La vida pues, era buena, tenía sus altibajos, como todo, sobre todo cuando piensas demasiado y era eso precisamente lo que Sherlock hacía. No podía dejar de pensar en que John le dejaría en algún momento, que John moriría y le dejaría tan devastado como le había dejado hacía un año.
En lo que Sherlock no pensaba, era que no era el único al que aquel inconveniente le preocupaba.
—Quizás debes preguntárselo antes. —dijo Greg a Mycroft cuando el hombre se sinceró y le contó su plan.
—¿Y arriesgarme a que se niegue?
—No puedes sólo hacerlo, el hombre tiene derecho a elegir.
—Puedo sólo hacerlo y luego fingir que es imposible revertirlo, —luego terminó con un deje de practicidad. —Se acostumbrará.
—No lo hagas.
—Creí que te agradaría la idea.
—Me agrada Mycroft, —el pelirrojo sonrió, pero la sonrisa se le resbaló del rostro cuando el otro aclaró. —Pero aun así debes preguntárselo.
—Lo haré y después de ver como resulta decidiré.
—Mycroft, —Greg se dio por vencido aquel hombre siempre sería un caso perdido.
.o.O.o.
Fue en un atardecer especialmente hermoso cuando todo pasó, Sherlock y John nadaban en la laguna, John tenía que pasar grandes cantidades de tiempo en el agua para compensar aquellas en las que Sherlock pasaba en tierra, fue entonces cuando ocurrió. El agua comenzó a burbujear de manera extraña, como si de pronto la laguna entera estuviera hirviendo.
—¿Sherlock? —preguntó John, asustado. —¿Sherlock que sucede?
—Sal del agua, John. —gritó Sherlock. —¡No lo hagas Mycroft!
—¿Sherlock?
Una luz extraña venía desde el centro del agua, lanzó a Sherlock hacia una de las orillas y atrapó a John, el marino no podía ver nada, intentó llegar hacia la orilla, junto al tritón, pero el agua remolineaba a su alrededor y la isla se había convertido en solo un borrón de colores.
Sus piernas dolían, no podía moverlas, sentía que estaban partiendo su cuerpo en dos partes, desde su cintura, en algún momento de aquel proceso se dio cuenta que estaba gritando de dolor, escuchaba vagamente a Sherlock que gritaba también "no lo hagas, Mycroft"
Luego de la misma manera en que todo había comenzado terminó, el agua de la laguna volvió a la calma y John, extenuado luchaba por no desmayarse. Sherlock se le acercaba con prisa, sus ojos se veían asustados.
—¿John estás bien? —John no respondió, estaba aturdido. —No te preocupes iremos con Mycroft, haremos que revierta esto.
John trataba de enfocar, acercase a Sherlock, intentó nadar, pero sus piernas no respondían, en vez de eso, un sonoro coletazo llegó hasta sus oídos, el marino abrió también los ojos de par en par, metió una de sus manos bajo el agua y tanteó su propio cuerpo, allí donde antes habían estado sus piernas ahora había una larga aleta de pez.
Se quedó mirando la parte inferior de su cuerpo, destellaba en tonos dorados y cafés, no tenía la belleza exótica que tenía la aleta de Sherlock, sino que había algo tranquilizante en ella. Los tonos tierra que la componían le recordaban a John la madera de la que alguna vez el "Fusilero", había estado construido.
Sherlock tiraba de la mano de John intentado arrastrarle hacia abajo murmurando cosas que sonaban a "mataré a Mycroft" y "no te preocupes, lo arreglaremos".
—Sherlock. —Más susurros "no puede obligarte, no se lo permitiré" —Sherlock, —el moreno se paró en seco. —Ahora soy como tú.
—Lo lamento.
—Ahora ya no tenemos que quedarnos en la isla, podemos ir a donde queramos por siempre.
—No tiene que ser así. —Respondió Sherlock —Mycroft puede remediarlo, tú no tienes que cambiar.
—Pero esto es lo mejor que me ha pasado.
—¿Lo es?
—He amado el mar desde siempre, soy un marino, ¿recuerdas? —Sherlock le miraba con intensidad como escrutando sus palabras. —Ahora ya no vamos a separarnos, ahora ya no tienes que preocuparte por que yo muera, ahora estamos juntos, juntos de verdad.
—John, —Sherlock estaba muy serio, —estás seguro de querer esto.
El otro no respondió, envolvió la aleta alrededor de la del moreno y le besó, un beso más real que cualquier otro que hubieran compartido, un beso entre iguales.
Sherlock tiró de sí mismo y de John hacia abajo, bajo el agua, por un segundo sintió el pánico en el recién convertido tritón, pero este desapareció de inmediato cuando se dio cuenta que no necesitaba oxígeno.
—¿A dónde vamos? —preguntó mientras miraba alrededor, un mundo completamente nuevo, pero un mundo al que realmente pertenecía.
—Hay muchas cosas que quiero que veas. —Respondió Sherlock —iremos mar adentro.
Mientras se alejaban dos tritones les miraban desde lejos sonriendo, uno de cabello pelirrojo, el otro de cabello plata.
FIN
Terminamos, ¿qué les pareció?, ¿algo que decir, algún tomatazo que lanzar?, en el botoncito d review por favor.
Solo unas cosas más.
Dedicada, obviamente a:
Maye Malfter ojalá te guste, me divertí muchísimo escribiéndola, espero que tu también leyéndola. ¡Feliz aniversario!
Violette Moore ¿Cómo no dedicártela si fuiste tu quien ayudó a mis tritones a salir de las profundidades de mi cabeza? Amiga, gracias por tu ayuda, por tu trabajo y sobre todo por tu compañía, gracias por todo.
Mactans Que dice que esta historia hace sus días felices, me da mucho gusto y porque está por cumplir años "Un cumpleaños feliz, lalalala" que cumplas muchos mas.
Abrazos y Besos para todos.
Adrel Black
