Dislclaimer: Los personajes y el mundo de Harry Potter pertenecen a J.K. Rowling. La historia es mía.
9. WHAT GOES AROUND COMES AROUND
Hermione miró atentamente como Draco jugaba con una niña de unos 3 años de cabello color caramelo y rizos. La sonrisa de La niña era de admiración pura mientras que Draco solamente la veía como si ella fuese la cosa más importante del mundo entero para él. La ternura la invadió e intentó acercarse a ellos pero una fuerza extraña la detuvo. Podía moverse pero no acercarse a ellos, la castaña se tranquilizó cuando vio a Ginny entrar acompañada de Harry, ambos se veían felices y enamorados, Harry cargaba entre sus brazos a un bebé pelirrojo. Hermione trato de nueva cuenta acercarse a ellos, sin embargo fue imposible, la fuerza desconocida que no le permitía acercarse a sus amigos seguía ahí, deteniéndola silenciosamente mientras ella veía como sus amigos convivían entre sí con alegría.
Hermione comenzó a gritar desesperada, pero nadie la escuchó. Era como si ella fuese un fantasma y sus amigos no pudiesen comunicarse con ella. Comenzó a hiperventilar cuando sintió una mano e su hombro, era Luna. Le sonrió como solo ella sabe hacerlo, esas sonrisas que ella y las chicas nunca entendieron, llenas de esperanza y alegría, esas sonrisas que te dicen que todo estará bien aun cuando ti sabes que no es así.
-Tranquila, Hermione, todo estará bien. Ellos están bien.
-¿Ellos? -Luna le señaló de nuevo la entrada de la habitación y entró un muy devastado Theo. Luna sonrío al verlo, sin embargo no se movió nade su lado-. ¿Ellos están bien?
-Lo están dentro de lo que pueden estarlo.
-Luna -la aludida asintió sin dejar de ver a Theo con adoración-, ¿por qué no podemos acercarnos?
-Pensé que nunca lo preguntarías -respondió la chica sonriendo, tomó a la castaña de la mano y sonrío, Hermione se estremeció al sentir su piel helada-, ¿no es obvio?
-Estás helada.
-Eres muy amable al notarlo, tú también estás helada, Herms.
-Pero no es normal.
-Lo es si no haces nada por remediarlo.
-¿Qué estás insinuando, Luna?
La rubia se acercó a ella y la abrazó. Entonces Hermione pudo notar como el cabello rubio de luna estaba lleno de tierra y suciedad, lo tocó y un líquido viscoso mojó sus manos. Cuando Hermione lo miró se asustó alejándose abruptamente de Luna, entonces la miró y vio finalmente la piel enfermamente transparente y los ojos blanquecinos. Noto como el vestido blanco de Luna estaba manchado de un color carmesí seco y se asustó.
-Luna, estás sangrando.
-Oh, esto. No es nada, dejó de sangrar hace mucho -Hermione la miró aterrorizada pero Luna solo sonrió-. Tú también sangraste mucho, es lo que hace que estés aquí junto a mí.
Hermione miró a sus pies por primera vez y notó el charco de sangre que había alrededor de ellos. Aterrorizada, miró a Luna en busca de respuestas, pero la chica solamente sonrío y miró de nuevo hacia dónde sus amigos se encontraban. Lentamente Hermione pudo notar cambios en ellos, Ginny y Draco se veían decaídos, Harry miraba preocupado a la pelirroja y Theo...El castaño era el más devastado de todos.
-Luna, ¿estamos muertas?
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Ron miró el amanecer del río Támesis en silencio. Odiaba sentirse encerrado, son embargo por su propia seguridad estaba confinado en ese lugar. Aunque no podía quejarse el apartamento de Astoria era bastante lujoso y cómodo, le hubiese gustado escoger un mejor momento para irse a vivir con ella ahora que estaba esperando un hijo suyo pero sus planes no habían salido como deseaba. Él sabía que el ex-prometido de Astoria estaba detrás de la ruina del Baiser, si bien, Ron sabía desde hacía tiempo que los días del burdel estaban contados, nunca espero que su fin fuera tan desastroso como lo fue.
Tampoco había estado en sus planes que Hermione terminara en el hospital con la vida prendiéndole de un hilo por culpa del maldito primer ministro. Si bien Dudley le había advertido que llevar al primer ministro al burdel podría ser el fin del Baiser, Ron no se pudo negar ni aunque hubiese querido. Negarle algo al primer ministro era como una sentencia de muerte, y Ron no estaba preparado para morir, no aún.
El pelirrojo suspiró y bebió de su taza humeante de café perdiéndose entre sus recuerdos. Vio la calle mojada, la librería y la chica de cabello rizado salir de ella. Recordó como alguna vez pensó que era la chica más hermosa que había visto en la vida, chocó con ella a propósito para poder preguntarle su nombre, el destino fue generoso con él ya que sus libros cayeron sobre un charco estropeando se y dándole la oportunidad perfecta para hablarle.
-Lo siento mucho, he estropeado tus libros. Soy un imbécil, permíteme comprarte unos nuevos.
-Yo... No... No se preocupe -dijo ella torpemente tratando de no mostrar cuánto le afectaba, sin embargo el pelirrojo sonrió y ella se quedó sin aliento.
-Insisto, he cometido el peor crimen del mundo y lo mínimo que puedo hacer es tratar de repararlo, por favor, no aceptaré un no por respuesta -Hermione lo miró encantada y asintió torpemente mientras el pelirrojo la conducía de nuevo a la librería-. Mi nombre es Ron, por cierto.
-Hermione.
Después de ese primer encuentro le siguieron más. Ron deseó sinceramente jamás haberse topado a Hermione aquella tarde lluviosa, deseo haberse pasado y nunca interactuar con ella, por primera vez en su vida se sentía mal por sus acciones. Sin embargo el pasado era simplemente eso... Pasado. Y ya no podía hacer nada para solucionarlo ni cambiarlo. Estaba plenamente consciente de que sus acciones lo habían llevado hasta ese momento, junto a Astoria y Luna, a las orillas de río Támesis, escondiéndose de la justicia.
Había "chantajeado", como ella lo llamaba, a Astoria para que les diera refugio a él y a Luna. Habían llegado esa madrugada después de que Ron sobornada a un taxista con una mamada por parte de Luna para que los llevara al apartamento de Astoria. Lo primero que habían hecho había sido tomar una ducha y después de que Astoria acomodara a Luna en la antigua habitación de Daphne, habían hecho el amor hasta que Astoria se quedó dormida y él salió a ver el amanecer.
Tenía las horas contadas antes de que Malfoy y su séquito de abogados y detectives lo encontraran, sin embargo, no tenía planeado caer, y si lo hacía, no lo haría solo.
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Ginny miró a Hermione dormir inquieta. Las enfermeras le habían administrado una buena dosis de tranquilizantes y aún no despertaba. La pelirroja se mordía las uñas inquieta miéntaselas veía como el pecho de la castaña subía y bajaba tranquilamente sin darse cuenta que estaba siendo observada. Había mandado a los chicos a dormir ya que se veían más demacrados que ella, sobre todo Theo, quien solamente visitaba a Hermione unos cuantos minutos.
-Ginny, ¿podemos hablar afuera un momento? -Ginny giró para encontrarse con la mata de cabellos azabache de Harry Potter entrando por la puerta, Ginny asintió levemente y salió de la habitación en silencio.
El fiscal que había contratado Draco para llevar el caso contra Ron no era tan viejo como ella había pensado, tampoco tan feo. Sus ojos verdes eran la parte que a Ginny le gustaba más de ese hombre, quien desde un principio la trató como una persona y no como una víctima, como lo llevaba haciendo Blaise desde hacía un tiempo. Harry le tendió un vaso con café humeante y Ginny se sorprendió al saber que era su favorito al probarlo, por lo que la pelirroja sólo atinó a sonreírle antes de indicarle que se sentara.
-¿Cómo te encuentras hoy, Ginny?
-Exhausta, pero no puedo dejar a Hermione, se lo debo.
-Theo me explicó que la señorita Granger no escapó nunca del burdel para protegerte. Es una deuda difícil de pagar.
-Ella es como madre -suspiró Ginny mirando de nuevo hacia la habitación, Harry sonrió sin que ella se diera cuenta-, no puedo dejarla ahora.
-¿Eso quiere decir que testificaras en contra de Ronald?
-Testificarlo, hundirlo... Tiene que pagar por lo que le hizo, por lo que nos hizo.
Harry tomó la mano de Ginny y la apretó suavemente dándole a entender que el la apoyaba y la ayudaría en todo. No era el primer caso de trata de blancas que llevaba, tampoco desconocía el daño que podía ocasionar una persona como Ronald Weasley, en la universidad había salido con una chica que había sido víctima de un tipo como Weasley y la forma en como la habían dañado la había llevado a tomar la salida fácil. Harry agradeció que la fuerza de Ginny fuera superior a la de Emma y que estuviera dispuesta a hundir a su verdugo. Eso era algo que él admiraba de ella y le hacía odiar a Weasley con todas sus fuerzas.
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Theo miró la botella vacía de whisky sobre su escritorio y no pudo evitar sentirse igual de vacío y solo. Hacía un mes que no sabían nada de Luna. A pesar de que el caso se había vuelto viral y resonaba en todos los noticieros del Reino Unido y Europa, aún no tenían ninguna noticia de ella. Era como si se hubiese desvanecido de la faz de la tierra y el hecho de no saber si estaba bien le carcomía el alma por dentro lentamente. Sus días se habían vuelto fríos y vacíos, la desesperación por no saber dónde estaba Luna lo mantenía en vela por las noches y cuando conseguía conciliar el sueño, despertaba horrorizado por no saber dónde se encontraba. Se sentía impotente, desesperado.
Y el hecho de que la foto de Luna estuviera por todas partes no le ayudaba en lo absoluto. Hacía tres días habían aprendido a los guardaespaldas de Weasley y algunas chicas que viajaban con ellos, sin embargo, Luna no había estado entre ellos y todos habían confesado que dos días antes de ser aprendidos, Luna y Weasley habían desaparecido sin decirles absolutamente nada. Este hecho había hecho rabiar más a Theo, ya que habían estado tan cerca de encontrarla y a la vez no sabían absolutamente nada de ella.
A pesar de que Theo sabía que Potter hacía todo en su poder para encontrarla, para él no era suficiente. Ella no estaba, se les había escapado. Y la desesperación que él sentía lo carcomía lentamente.
Theo no sabía cuándo había quedado prendado de ella. Nunca la había tocado más allá de algún abrazo amistoso que ella le daba, cuando pagaba por ella en el Baiser se limitaban a platicar. Y no es que él no hubiese deseado nunca besarla o estrecharla entre sus brazos, solo que él no quería que ella manchara sus memorias de él siendo en el Baiser, el Rouge Baiser era un lugar que él quería que ella olvidara a toda costa.
No quería que Luna recordara su primer beso en el Baiser, o que su primera vez estando juntos estuviera manchada por el recuerdo de que pagó para estar a solas con ella. Quería que tuvieran un amor libre. Estaba plenamente consciente de la gran diferencia de edad entre Luna y él, otra razón por la cual solo se había limitado a hablar con ella. No quería que Luna se sintiera manipulada por el de ninguna forma, el solo quería ayudarla a salir del Baiser y a olvidar esa terrible época.
Estaba dispuesto a esperarla lo que fuera necesario. Solo necesitaba encontrarla.
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Draco miró fijamente a Theo, quien se mostraba distraído y cansado. Además de que estaba descuidándose, era evidente que había bajado de peso, también había dejado de rasurarse y en ocasiones parecía que no se bañaba ya que llegaba oliendo a whisky. Draco no lo culpaba ya que no podía imaginarse que estaba pasando su amigo con la desaparición de la pequeña rubia, de estar en su lugar se volvería loco al no saber el paradero de Hermione. Y aunque Theo no se los dijera, tanto él como Blaise sabían que el castaño se había enamorado perdidamente de la rubia.
Sin embargo se sentía impotente, como todos al no poder hacer nada. Los días pasaban y el caso se enfriaba cada vez más al no tener ninguna noticia o ningún rastro de Luna y la comadreja. La policía decía que lo más probable era que tanto Weasley como Luna habían salido del país en las primeras 24 horas y que sus cómplices solamente los habían encubierto al decir que desconocían su paradero. Draco no sabía que pensar, quería hundir a la comadreja tanto como Theo, sin embargo él tenía problemas de otro tipo.
El Marqués y Lady Granger había aparecido en el hospital hacía dos semanas. El hombre se veía afligido por la situación de Hermione, su madre parecía una piedra; era como si Lady Granger hubiera preferido que Hermione hubiese muerto. Había veces que Draco tenía ganas de matarla, la tensión entre ella y su hija era palpable, y Hermione era otra persona estando Lady Granger en la habitación. Sin embargo eran sus padres, y por mucho que Draco deseara alejarlos de ella no podía, no era su decisión.
-¡Chicos! -gritó Blaise llamando la atención de ambos hombres, tanto Theo como Draco lo miraron con fastidio, el moreno les sonrió-. Parece que estamos en un funeral y no que les acabo de anunciar que la inversión en la industria hotelera nos ha dado una remuneración del quinientos por ciento en los primeros seis meses.
-Te escuchamos perfectamente, Blaise.
-¿Entonces por qué las caras largas? -Theo lo fulminó con la mirada y Draco se quedó boquiabierto. ¿Era en serio lo que estaba preguntando Blaise?
-¿Disculpa? -para suerte del moreno, el teléfono de Draco sonó interrumpiendo su respuesta posiblemente estúpida-. ¿Qué se te ofrece, Hannah?
-Señor Malfoy, lamentó interrumpirlo pero la señorita Greengrass está aquí, dice que desea hablar con usted.
-Pues yo no deseo hablar con ella, dile que se largue que estoy ocupado.
Antes de que Draco pudiera siquiera reaccionar, la puerta de su despacho se abrió abruptamente mostrando a una muy furiosa Astoria y a su asistente Hannah con rostro preocupado.
-Disculpe señor Malfoy, no pude detenerla.
-¡¿Por qué no contestas mis llamadas?! -explotó Astoria entrando hecha una fiera. Draco miró a su ex prometida y su avanzado estado de gestación.
-¿Qué te hace pensar que quiero hablar contigo? Creí que fui bastante claro la última vez que nos vimos.
-Este bebé es tuyo, no puedes dejarme botada sin hacerte cargo, Malfoy.
Draco masaje o sus sientes tratando se tranquilizarse. Su ex-prometida era, probablemente, la única mujer en el mundo que lo sacaba de quicio. Theo siguió sumido en sus pensamientos mientras que Blaise miraba la escena entretenido. Su asistente lo miraba petrificada en la puerta sin saber qué hacer.
-Está bien, Hannah, te puedes retirar -le dijo Draco a su asistente antes de volverse hacia Astoria hecho un basilisco-. En cuanto a ti, Greengrass, no creas que me tragaré ese cuento de que el hijo que esperas es mío, ¿aún recuerdas por qué terminamos? Ve y dile a tu amante que se haga cargo.
La rubia miraba horrorizada a Draco mientras que Blaise no cabía en su asombro. Si bien sabía que Astoria había engañado a Draco, no estaba al tanto de que la rubia estaba esperando un hijo. El moreno volteo a ver a Theo quien parecía ta ensimismado en su mente que no prestaba atención alguna. Draco se presionó las sienes de nuevo cansado, molesto y harto. Si bien era cierto que había querido a Astoria lo suficiente como para pedirle matrimonio, en esos momentos se cuestionaba si sus sentimientos hacia las rubia habían sido genuinos o habían sido manipulados por la presión de los padres de ambos para casarse.
-Vete -fe todo lo que dijo exhausto de pelear. Astoria lo miró con odio.
-Cuando te des cuenta de tu error no creas que me tentaré el corazón, Draco.
-¡LARGO! -gritó Draco perdiendo la paciencia finalmente. Astoria salió corriendo al darse cuenta de lo furioso que Draco estaba.
-Vaya lío en el que te metiste con Los Greengrass, Draco.
-Púdrete, Blaise.
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-Luna, despierta.
Luna desperezó sus ojos y trató de adaptarlos a la luz, miró a Ron confundida sin entender lo que pasaba. Ron vestía ropa vieja y roída y le tendía ropa igual junto con una bolsa de supermercado. La rubia tomó las cosas y lo miró confundida sin saber muy bien que era lo que el pelirrojo quería, volteo la bolsa en la cama y miró su contenido con curiosidad. Había dos tintes permanentes color negro, una lata de espuma de afeitar, y rastrillos, tijeras, toallas pequeñas y maquillaje.
-¿Qué hago con esto? -preguntó somnolienta mientras reprimía un bostezo. Ron le sonrió.
-Nos vas a crear una nueva identidad, Luna.
-Oh, está bien.
Luna tomo la ropa que Ron le tendía y se metió al baño a cambiarse cuando notó que el pelirrojo miraba distraído por la ventana. En en baño acomodó todos los artículos que el pelirrojo le había traído y le llamó cuando no supo qué más hacer. Ron, miró fijamente a Luna y comenzó a tocar su cabello doblándolo en diferentes largos.
-Por más que me encanta tu cabello largo y rubio, y todo el aire de inocencia que le da, necesitamos deshacernos de él, es tu mayor característica y probablemente estén interrogando a cualquier chica rubia que se encuentren por la calle y no podemos correr ese riesgo, Lunita -la chica tomo un mechón de su rubio cabello y lo miró triste. Sabía que una vez que Ron decidía algo, era básicamente una orden por más opiniones que le pidiera.
-Entonces, ¿tendré que cortarme mi cabello y teñirlo negro?
-Los dos teñiremos nuestro cabello, también tendrás que ayudarme a mí.
-Está bien -respondió Luna mientras veía su cabello rubio y largo por última vez.
Ron jalo desde su habitación la silla que había frente al tocador y se sentó en ella quedándole un poco grande para su complexión. Luna siguió viendo el cabello rojo de Ron, característico de él y de su hermana, con tristeza mientras que seguía debatiéndose entre qué hacer con el. En ese momento el cabello de Ron le llegaba más abajo de los hombros, Luna y Ginny solían imaginar a Ron con distintos peinados infantiles en sus ratos de ocio y en ese momento Luna se debatía en hacerle dos coletas o una trenza.
-Solo córtalo, ¿quieres? -dijo Ron con voz fastidiada, la rubia lo miró asustada mientras que él resoplaba-. A mí también me duele tener que deshacerme de mi cabello -Luna suprimió una risa y tomó las tijeras nerviosa.
-Nunca antes he cortado cabello, bueno solo esa vez que lo hice con mis muñecas cuando tenía ocho y no terminaron muy bien -la rubia sonrió recordando la cara de su madre al ver a sus muñecas sin cabello y sonrió.
-Bueno, confió en ti, solo no te ensañes mucho y no me vayas a cortar una oreja.
El primer corte fue difícil por lo nerviosa que se encontraba la rubia. Después la chica tomó confianza y comenzó a cortar. Se sorprendió de la suavidad del cabello del pelirrojo y pensó en el desperdicio que sería después de teñirlo. Cuando terminó de cortarle el cabello Ron lo examinó con ojo crítico, había quedado muy corto, una pulgada de largo a lo mucho; nerviosa, Luna le dijo con una vocecita que ya había terminado. Ron lo miró ceñudo, se parecía a su fallecido hermano Fred.
-¿Esta... Está todo bien?
-Sí, no me parezco a mí. Ahora tíñelo.
Luna preparó la mezcla como decía en las instrucciones, le temblaban un poco las manos pero se controló la mayor parte del tiempo. La chica recordaba cómo el cabello rojo de Ron había influido bastante en tu torpe enamoramiento hacia él cuando llegó al Baiser, siempre había pensado que era como un duende irlandés fuera de St. Patrick's Day. Cuando terminó con la tintura Ron se levantó y la miró.
-Ahora es tu turno, Luna.
-¿Es muy necesario cortarlo?
-Luna, Lunita... Eres muy detectable, ¿una chica linda con cabello largo y grandes ojos azules? ¿Por qué crees que estás en este lugar en primer lugar? Ya no aguanto estar otro día encerrado en este infierno y mientras piensen que eres mi hija nos va a ser más fácil escapar.
-Pero yo no quiero escapar, quiero ver a Ginny y a Hermione y a mi papá, ¿por qué no puedo ver a mi papá?
-Porque... Porque yo terminaría en prisión. Mira Luna -Ron se sentó frente a ella y le tomó las manos-, te prometo que cuando las cosas se enfríen un poco podrás volver con tu padre, pero por el momento no te puedo dejar ir, Luna. Así que por favor has lo que te pido -Luna hizo un puchero y cerró los ojos derrotada.
Cambiaron lugares, ahora Ron cortaba el pelo de Luna. Cuando terminó, miró su corte a media espalda y suspiró, no se veía tan mal, aunque no recordaba nunca haber tenido el cabello tan corto en su vida. Sin embargo no quería discutir con Ron o que este perdiera los estribos y la golpeara. Se mantuvo en silencio mientras Ron le teñía el cabello negro. Cuando terminó, el ex-pelirrojo comenzó a afeitarse. "Seré una nueva persona", le había dicho, ella simplemente asintió en silencio sin decir absolutamente nada.
Eran las dos de la tarde y el sol brillaba en todo su apogeo en el cielo. Luna miró a los transeúntes desde su lugar en el restaurante italiano en el que se encontraba con Ron y la chica Astoria. La rubia había llegado unas horas después de que se hubiesen teñido el cabello hecha una furia despotricando en contra de su ex-prometido. Decía algo sobre que la había echado de su despacho y que no se quería hacer cargo de su bebé. Luna la había mirado curiosa ya que Astoria no parecía una mujer embarazada, o al menos no como las que ella había visto en la calle y en la televisión. Ron había intentado calmarla sin éxito alguno hasta que le sugirió llevarla de compras.
Así que la habían arrastrado con ellos y a su burbuja de felicidad porque, como descubrió Luna después, el bebé era de Ron. Ron sería padre. Luna se había quedado estupefacta al escuchar la noticia y había parecido un zombie la mayor parte del tiempo hasta que entraron al restaurante y Luna descubrió que estaba hambrienta. Había visualizado mil y una vías de escape, sin embargo Ron se comportaba como su sombra y no había podido llevar a cabo ninguna. Y gritar no era una opción ya que el pelirrojo la callaría de un golpe o algo peor.
Por lo que se había resignado ya. Lo más probable era que de todas formas si escapaba, Ron la encontraría en un abrir y cerrar de ojos. Luna suspiró derrotada y miró de nuevo el menú del restaurante italiano en el que estaban cenando. Astoria y Ron parecían una típica pareja feliz, ella estaba que no cabía en su asombro al ver esa faceta del pelirrojo que ella juró que nunca vería. Si bien con ella siempre fue lindo, la forma en como miraba a Astoria era de completa adoración y esa mirada solo la había visto antes dos veces, en su padre cuando miraba a su difunta madre y en Draco al ver a Hermione.
-¿Puedo ir al baño? –preguntó bajando el menú de su rostro. Ron la miró en silencio por un segundo y luego miró a la rubia.
-Tory, mi amor, ¿podrías llevar a Luna?
-Ella puede ir sola.
-Sí, pero no debemos perderla de vista.
-Ron, el baño está a unos pasos, y además no puede salir sin que la veamos pasar, tranquilo mi amor, Luna puede ir sola al baño –Ron se quedó en silencio ante el razonamiento de Astoria y suspiró.
-Está bien, no quiero sorpresas Luna.
Luna se levantó aun estupefacta y caminó aturdida al baño, estaba tan sorprendida por ir sola que no se percató de los teléfonos de monedas que se encontraban a un costado de los lavabos, y solo hasta que salió los notó y los enormes ojos azules se le iluminaron. Era su oportunidad, tal vez su única oportunidad de pedir ayuda y de informar que estaba bien, estaba segura de que no tendría una oportunidad como esta en mil años. Miró insegura el pasillo, ¿y si Ron mandaba a Astoria? O peor si era Ron al que se le ocurría ir a buscarle. Se llevó las manos a la boca y comenzó a morder sus uñas. ¿Qué más podría pasar? Tomó el auricular y marco el número insegura, depositó las monedas en la ranura y esperó.
-¿Hola?
¡Holaaaaaaaa!
¿Cómo han estado? Estuve de luto por la pérdida de la información, lamentablemente no la pude recuperar. Sin embargo estuve trabajando en el nuevo capítulo, espero y les guste aunque sea completamente diferente al que ya tenía. Por lo mismo en este capi no habrá adelanto.
Le quiero agradecer de todo corazón a todas las lindas chicas que se ofrecieron a ayudarme, de corazón mil gracias. También le quiero agradecer a todas las niñas que me dejaron un review en el capítulo anterior, créanme que por falta de tiempo no respondo sus reviews, pero espero pronto ponerme al corriente y agradecerles a todas por sus reviews y responder las dudas que pueda responder sin spoilearles demasiado la historia. ¡Mil gracias por la espera!
¡Déjenme sus respuestas en un lindísimo review! :D
Besos, Kat.
