Disclaimer: Ninguno de los personajes me pertenece, son propiedad de Suzanne Collins.
Una noche en el Majestic
Capítulo 10
Chicago, 1917
El día que Alma Coin cumplió sus dieciséis años su padre la llamó seriamente a su despacho. Allí, Charles Coin le comentó que había encontrado un excelente prometido para ella, un joven que estaba a la altura de ellos. Finnick Odair, el hijo mayor de August Odair. Alma, como buena niña, asintió y consideró pertinente la decisión de su padre. Ella jamás cuestionaría una orden de su padre.
Un mes más tarde de su onomástico, se organizó una cena donde ambos jóvenes fueron presentados formalmente. Finnick de veinte años parecía el príncipe azul de cualquier cuento, apuesto, gallardo y educado, Alma no pudo evitar regocijarse en su interior. Sería la maldita envidia de todas sus amigas. El joven también demostraba tener los mismos modales serios que ella cultivaba con afán. Hasta una noche fatal.
La Gala Benéfica de Chicago se celebraba anualmente cada veinte de diciembre para recaudar fondos para los más necesitados y hospitales de la zona. Alma estaba más que ansiosa por asistir, tenía un vestido y un tocado nuevo para estrenar y un prometido que mostrar. No podía esperar para ver las caras de sus amigas cuando la vieran del brazo de Finnick. Lamentablemente, aquella noche se vio retrasada por un desperfecto en el vehículo que debía llevarlos a ella y a sus padres. Cuando finalmente llegó al salón donde se celebraba la gala se encontró con el espectáculo más humillante que había visto en su corta vida. Finnick bailaba una rápida danza de vals con una señorita bastante mal reputada de su sector social. Luego coqueteaba con algunas de sus amigas. Del joven serio y frío que había conocido meses atrás poco quedaba. Cuando sus ojos verde mar se posaron en los suyos, azules y gélidos, él se ruborizó brevemente.
-Alma, querida. Pensé que ya no asistirías a la gala- masculló él.
-¿Esa es tu excusa para comportarte como un patán enfrente de toda la sociedad?- preguntó ella, tensando el cuello. Estaba sumamente disgustada.
-¿Cómo un patán? Creo que estas exagerando, Alma. Solo estaba bailando.- respondió Finnick, arrugando la nariz.
-Bailando con Fulvia Cardew- dijo Alma, apretando los dientes.- Esa… esa…
-¿Está todo bien, jóvenes?- preguntó August Odair, paseando sus ojos azules por la pareja.
-Sí, señor Odair- respondió rápidamente Alma, esbozando una débil sonrisa. Lo último que quería era disgustar a uno de los colegas de su padre.
-Mejor así. Finnick, ¿por qué no llevas a Alma a la pista? Son jóvenes y deben divertirse- dijo August, con un tono tan severo que lejos de ser una sugerencia, era una orden.
-Por supuesto.- respondió Finnick, ofreciéndole su mano derecha a Alma para conducirla a la pista.
Ambos tomaron posición como el baile lo requería, pero Finnick, lejos de acatar las normas que la sociedad exigía para tales bailes, la apretó un poco más contra sí.
-Finnick- susurró Alma, sonrojándose.
-¿Qué sucede, Alma?- preguntó el cobrizo- ¿Te incomoda tanta proximidad?
-Es que…
-¿Es que qué?- pidió él- ¿Acaso te pongo nerviosa?
-No- mintió, sintiendo que su labio inferior temblaba. La proximidad de Finnick la ponía tensa, sintiendo una calidez que no debía tener permitido sentir. Su corazón latía rápidamente y sus ojos escrudiñaban el rostro de Finnick, buscando algún indicio que dijera que él se sentía igual en su presencia.
-¿Entonces?- ronroneó más cerca suyo- ¿Te ha molestado que bailara con la señorita Cardew?
-Sí- mustió ella, le costaba pensar con lucidez mientras estaba embriagada con la presencia del cobrizo.
-¿Por qué?- ronroneó de nuevo- ¿Por qué tiene fama de zorra?- preguntó con crudeza.
Alma se sonrojó violentamente ante la palabra. Ella no manejaba ese vocabulario. Se limitó a asentir.
-Oh. Ya veo. –dijo él, alejándose un poco. Alma lo miró con extrañeza, pero se negaba rotundamente aceptar que extrañaba la cercanía que tenían momentos atrás.- Pero, resulta que, mi querida Alma- comenzó, acercándose nuevamente a ella.- Me encantan las zorras.- susurró en su oído. El suave roce de sus labios contra la parte sensible de su oreja envió un torrente de excitación que recorrió todo su cuerpo.
-¿Qué dices?- suspiró Alma, sin lograr comprender qué estaba pasando.
-Me gusta divertirme y pasarla bien. Me gusta vivir- explicó Finnick, alzando las cejas sugestivamente.- Y tú estás muy lejos de todo eso… eres tan fría y aburrida.
-¿Fría y aburrida?- preguntó ella, sonrojándose por la ira que ahora recorría su cuerpo.- La vida está llena de obligaciones y de cosas que deben ser bien hechas. No de diversiones. – gruñó.
-¿Lo ves?- preguntó él, sonriendo- Eres aburrida hasta la muerte. Por eso- se acercó nuevamente a ella- Haré lo imposible para no casarme contigo- susurró en su oído, pero esta vez depositó un pequeño beso allí, apenas una presión con los labios. La excitación la envolvió nuevamente y ni siquiera notó cuando la pieza había terminado y él la había dejado.
Cuando reaccionó, siguió a Finnick con la mirada, observando cómo sonreía amablemente a las mujeres más mayores y seductoramente a las más jóvenes. Él había expresado su deseo de no casarse con ella, pero ¿y ella? Ella no estaba segura de qué sentir, no toleraba su personalidad, pero despertaba sensaciones únicas en su cuerpo y aquello era suficiente para no dejarlo ir… nunca.
Chicago, 1920
Cuando el lunes llegó, Katniss arribó al teatro temblando como una hoja en un temporal de otoño. Sabía que tenía las horas contadas y que en cuanto Snow supiera lo que había sucedido el día anterior la mandaría a matar. Paso todo el día al vilo del ataque de nervios, soportando con una sonrisita histérica cada mohín de disgusto de Gale cuando se equivoca en sus pasos de baile.
-¿Qué sucede, Catnip?- preguntó Gale, cuando por cuarta vez le piso el pie derecho.- Te noto muy nerviosa.
-Oh, Gale.- gimió Katniss- Por favor llévame a mi camerino, no me encuentro bien.
El austriaco no dudo ni un instante en llevarla hasta el lugar con cuidado. Una vez allí, se encerraron y ella apresuradamente le contó todo lo que había sucedido la noche del domingo.
-Matare a ese cerdo- dijo Gale, apretando los puños. Katniss cerró los ojos con fuerza, negando con la cabeza.
-Snow me matará, Gale. Marvel... yo… no pude, Gale-dijo, entre sollozos. Su amigo se apresuró a rodearla en un abrazo.
-Tranquila, Kathy. Encontraremos una solución.- trató de reconfortarla- Sabes que varios del elenco no desean trabajar más con él… quizás si todos nos uniéramos…
-Tiene demasiados contactos, tarde o temprano terminaríamos todos flotando en el lago Michigan.- mustió Katniss.
Gale suspiró con resignación.
-A veces… con las mujeres… también me cuesta, ya sabes.- confesó el, sintiendo que las mejillas se le teñían de rubor.
-Pensé que para los hombres esto sería más sencillo…- dijo Katniss, sorprendida. Sintió pena por su amigo, él no tenía forma de escapar de aquellas situaciones-Entonces, ¿qué haces?
-Pienso en la mujer que amo.- respondió con simpleza, con las orejas ardidas.
-¡Oh!- exclamó sorprendida, no se esperaba aquello.- ¿Está en Austria?
-No, aquí.
-¿La conozco?
-Catnip…- murmuró Gale. Tragó saliva en seco y acercó lentamente su rostro al de la mujer que tenía enfrente, cuando se disponía hacer su siguiente movimiento, la puerta se abrió de sopetón.
Annie entró como una tromba, con el semblante preocupado.
-La chismosa de Glimmer me ha dicho que te encuentras mal, ¿qué sucede, gatita?- dijo la mujer, acercándose a su amiga.
-Cierra la puerta y te contaré…
Ni el lunes, ni el martes, ni siquiera el jueves, Snow la mando a llamar. Se paseaba complacido por el Majestic, admirándolo con el mismo orgullo que un padre, y nada parecía perturbarlo. Cuando llego la función del viernes, Katniss suspiró aliviada, quizás Marvel había razonado y le había quitado peso al asunto. Pero cuando lo vio en la mesa que ocupaba siempre, con una mueca llena de malicia, un escalofrío le recorrió la espalda.
-Kathy, qué bella estas- la halagó cuando ella se acercó a la mesa. Esta vez Cinna le había confeccionado un hermoso vestido plateado y blanco.
-Gracias, señor O'Leary- respondió ella, con cierto temor.
-Te dije que me llamaras Marvel- exigió él, indicándole que tomara asiento a su lado- Ven, quiero discutir un asunto contigo.
Katniss acató la orden, y se sentó a su lado. Él se pegó a ella, casi rozando las narices.
-No me he olvidado de lo que me hiciste, pequeña zorra- dijo él, apretando la mandíbula.- Pero no le diré nada a tu jefecito.
Katniss largó el aire lentamente, sin decir una sola palabra. Sospechaba que si rompía el contacto visual, él la abofetearía, emanaba rabia.
-Mi silencio lo tendrás que pagar. No tendrás otros pretendientes ni una mierda. Solo saldrás conmigo. Tú eres mía.- dijo Marvel, y con mano derecha apretó su muslo sobre el vestido. Katniss sentía esos largos dedos clavarse en su carne y gimió con desesperación.- Mía. ¿Lo entiendes?
Ella se limitó a asentir, mientras luchaba contra las lágrimas que rebeldes intentaban salir.
-Ahora ve. Tienes un espectáculo por dar.- agregó él, sonriendo de costado y volteando hacia el escenario. Sus ojos verdes chocaron con los plateados y furibundos de Gale.- Dile a tu estúpido amigo que deje de mirarme así, porque el próximo lecho que visitará será el de su muerte.- ordenó.
Se levantó rápidamente del asiento y se dirigió hacia el escenario. Gale, al verla, se apresuro a ir a su lado, pero ella meneó la cabeza.
Completamente ajeno a lo que había sucedido, Peeta entró al Majestic y buscó con la mirada a la dueña de sus tormentos, sintió un poco de desilusión al no verla, pero sabría que al menos la escucharía cantar. En sus fantasías ella sólo cantaba para él. Tomó asiento en una mesa cerca al escenario y aguardó la llegada de Finnick.
Annie distinguió la cabellera rubia entre el público y se apresuró hacia ella.
-Buenas noches, Peeta- lo saludó.
-Annie, qué gusto verte- dijo él, sonriente. Ella le respondió con una encantadora sonrisa y se sentó a su lado.
-El gusto siempre es mío, Peeta Mellark- respondió, con voz juguetona.
-Si te escuchara Finnick me pondrás en grave aprieto- rezongó el rubio, riendo.
-Será nuestro secreto- dijo Annie, batiendo las pestañas.
-Eres imposible, Annie Cresta- rió él y ella acompañó su risa.- Ahora, dime… ¿le han gustado las flores? Muero por saberlo.
-No.- murmuró ella y se mordió el labio para contener la carcajada ante el rostro compungido de Peeta- Le han encantado. Estaba radiante de felicidad cuando las recibió.
-¡Malvada!-chilló Peeta.- Me has hecho pasar los peores segundos de mi vida.
-Tu expresión ha sido maravillosa- rió Annie.- ¿Has traído algo nuevo?
Peeta asintió y sacó del bolsillo de su largo abrigo una cajita alargada de color verde con un lazo blanco. Luego un pequeño sobre.
-¿Puedo saber qué es?- preguntó, haciendo un puchero como si fuera una niña pequeña.
-Son chocolates. – Respondió con timidez.- ¿Crees que le gustará? Es tan simple… cuando pienso en O' Leary llenándola de diamantes…
-Le van a encantar. Ya te lo dije, adora las cosas sencillas.- respondió Annie con una sonrisa, tomando con cuidado la caja y el sobre.- ¿Te cuento un secreto?
Peeta asintió. Annie se acercó a él para hacerle la confidencia, posó con cuidado sus labios cerca de su oído.
-Ella vende los diamantes que O'Leary le obsequia. Los detesta.- murmuró.
Él no pudo reprimir una pequeña risita, pensando en los dólares dilapidados.
-¿Pero qué demonios pasa aquí? Mi mejor amigo y mi chica, esto es absurdo- la voz ronca de Finnick los sobresaltó. Ambos voltearon a verlo y el semblante molesto del cobrizo confirmó sus peores sospechas. Annie se levantó como un resorte, la cercanía con Peeta era demasiado sospechosa.
-Finn, no es lo que parece- dijo Peeta, esbozando una sonrisa nerviosa, elevando las manos.- Annie me está ayudando…
Finnick dejó escapar un gruñido. Se sentó en la silla que había liberado Annie y rápidamente la tomó de la cintura para sentarla con cuidado en su regazo.
-Es mi chica, Mellark.- dijo Finnick. Atrapó los rojos labios de su novia y solo los liberó para volver a decir:- Mi chica.
Peeta rió ante la actitud posesiva de su amigo, pero no podía negar que el actuaría de la misma manera si se tratara de Katniss.
-Te extrañé mucho, Fin-Fin- dijo Annie, haciendo un mohín.
-Y yo ti, An-An- respondió él.
-Ay, por favor- masculló Peeta, cruzándose de brazos.
-¿Celos, Mellark?- preguntó con sorna el cobrizo.
El rubio no contestó, simplemente rodó los ojos.
Annie se levantó del regazo de Finnick, no sin antes darle otro beso corto.
-He de irme, el espectáculo pronto va a comenzar.- dijo ella.- Le llevaré esto a Kat, Peeta.- agregó, con una sonrisa.
La observaron marchar, viendo como el pequeño tocado de plumas negras rebotaba graciosamente al compás de su andar.
-La compra ha sido un éxito, Peet- soltó Finnick, esbozando una sonrisa.
-Me alegro por ti, Finn. Eso quiere decir…
-Que finalmente me libraré del viejo Odair- afirmó, orgulloso.
-Pronto serás un magnate hotelero. – sonrió Peeta, sintiendo verdadera felicidad por su amigo. Finnick había los últimos días hasta la costa oeste para hacer una gran inversión.
-Eso espero. Los Ángeles promete ser un gran lugar. Pero lo más importante es que por fin podré estar libremente con mi An.- suspiró, soñadoramente.
-Meloso.- rió Peeta.
-Mide tus palabras, Mellark.- lo apremió Finnick, dedicándole una sonrisa de costado.
Suspiró aliviada al ver que no había nadie en el camerino. A hurtadillas se acercó al lugar de Katniss, para dejar el pequeño obsequio de Peeta. Miro con cierta culpa la foto del difunto esposo de su amiga.
-Te prometo que es un buen muchacho- murmuró Annie, sonriendo.
-¿Quién es un buen muchacho?- una voz la sobresaltó. En el reflejo vio el semblante triste de Katniss.
-Kat, no sabía que estabas allí.- dijo Annie, evadiendo la pregunta.
-Acabo de entrar.- dijo Katniss- ¿Qué tienes ahí?
-Yo… eh…- titubeó. No le quedó más remedio que hacerse a un lado. Katniss posó su plateada mirada en la cajita verde y el sobre.
Katniss abrió con cuidado la caja y observó el contenido. Seis perfectos corazones de chocolate. No pudo reprimir una sonrisa. Tomó uno, lo mordió y dejó escapar un gemido de satisfacción al sentir el dulce. Le ofreció uno a su amiga, pero ella negó con una sonrisa. Luego abrió la carta. Un poema.
Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡Todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.
Volvió la mirada a las esmeraldas orbes de su joven amiga, que la miraba expectante.
-Annie.- la llamó-Tú sabes quién me envía esto, ¿verdad?
Annie se mordió el labio. Temía la reacción de su amiga. Sabía cuan cabeza dura podía ser. Sin embargo, suspiró y asintió con la cabeza.
-Peeta Mellark.- respondió, casi con un susurro.
-Peeta.- gimió, con desesperación.- ¿Por qué apañas sus sentimientos, An? Sabes que no puedo corresponderle.
-¡Si puedes!- chilló Annie, exasperada.- Es un excelente hombre, Kat. No puedo comprender porque te niegas a ser feliz…
-Porque no puedo.- respondió Katniss.- No puedo corresponderle, cuando Marvel O'Leary me tiene acorralada. Cuando Snow me pasea como su mejor yegua de carreras para conseguir nuevos inversores. Cuando la escuela de mi hermana depende de mí. No puedo darle la espalda al único ser que amo genuinamente. La he dejado sola mucho tiempo. No puedo negarle esto, An.
-¿Y qué hay de ti? – preguntó Annie, con dolor.
-Nada.- dijo secamente Katniss.- Dile a Peeta que no insista. Hiérele con las palabras si es necesario.
-No lo haré. – refunfuño Annie, cruzándose de brazos.- No dejaré que eches por la borda a un hombre así. ¿Qué se supone que harás luego de que todo esto termine? ¿Lamerte las heridas con Gale Hawthorne?
-No metas a Gale en esto.- pidió Katniss, frunciendo el ceño.
-¡Bien! Pero no dejaré que sigas adelante con esta estupidez.- masculló Annie y, dado unas zanjadas salió del camerino.
Katniss se sentó en su silla se siempre y paseó los dedos por el borde de la caja, reprimiendo el rabioso deseo de llorar. Estropearía el maravilloso maquillaje de Portia si lo había. Releyó el poema de Peeta y se llevó el papel a la nariz, olía a él. Era el mismo aroma cálido que había sentido semanas atrás en la mansión Undersee. Miro el retrato de Thom. Casi podía sentir su voz ronca decir "Maldición, Katniss, sé feliz de una maldita vez". Suspiró de nuevo y con cuidado secó las lágrimas que escaparon de sus ojos.
-¡Por Dios santo, Catnip!- gritó Gale entrando al camerino, haciendo que ella libere un grito.
-¡Gale! ¿Acaso quieres matarme?- dijo molesta, poniéndose de pie.
-No seré yo quien te mate si no sales en este instante al escenario. El público desespera.- respondió Gale, ofreciéndole el brazo.
Katniss suspiró y tomó el brazo de su amigo. Conforme avanzaban por el pasillo y las luces iban iluminándolo todo, ella sentía más cuestionamientos atormentar su cabeza.
-¿Gale?- lo llamó con voz dubitativa.
-Sí, Catnip
-¿Eres feliz?
-¿A qué viene eso?- preguntó él, extrañado.
-No lo sé, deseo saberlo, eso es todo.
-La felicidad son momentos breves, Catnip, no un estado permanente. Cuando bromeo con mis hermanos, soy feliz. Cuando te oigo cantar, también lo soy. – Respondió el hombre.- La vida está llena de momentos amargos, así que hay que atesorar los buenos, ¿no te parece?
-Creo que tienes razón. Momentos buenos, oportunidades…
-Exacto.
-Gracias, Gale- dijo Katniss y poniéndose de puntitas, le besó la mejilla. Soltándose de él se posicionó para que Caesar la presentara. Ella esbozó una gran sonrisa y salió al escenario.
Cantó animosamente, mientras las bailarinas hacían lo suyo. Annie le dedicó un breve mohín de disgusto cuando sus miradas se cruzaron. "Luego hablaré con ella" pensó Katniss y volvió a pasear la mirada por el público. Allí lo vio, sentado a la derecha, con Finnick Odair. Momentos y oportunidades. Ese era el momento. Esa su oportunidad. Esa noche sólo se dedicaría a cantar para Peeta.
Hola! Actualización express porque tengo una semana muy muy cargada de cosas (a quién le importa). Bueno, las cosas se complican para Katniss, pero, para alegría de los lectores, ha decido hacerle caso a Peeta (yeeeeiiiii), ¿cuál será el costo de está decisión...? Mmmhh... no sé...
Muchas gracias por los follows y reviews que recibí, como así también a la gente que me lee desde el anonimato ^_^
Katri: Oh, sí! Entre Marvel y Snow no sabrás a quien odiar más! Ambos les van a poner las cosas un poco difíciles a estos tortolitos, pero, al final, quién sabe, quizás la suerte esté de su lado. Me alegro que te haya gustado y disfruto respondiendo los reviews, así que continua dejándome algunos, por favor! Muchas gracias por el review! :)
Everllarkglee4ever: No te preocupes, se lo haré saber! :)
Edy: jajajajaj la tenencia de Finnick está reñida, me parece! No te preocupes, seré justa con Annie! :)
Sinsajito: Me alegro que te guste como escribo y sí, tenía que darle un toque bien dramático con la muerte de Thom. Ya se encontrará con Peeta, no te procupes! :)
KoyukiBetts: Si, fue triste, pero tenía que eliminar a Thom, sino... no habría historia, ella se hubiera quedado en Inglaterra y Peeta solito y penando en EEUU. Como puedes ver en este capítulo, Snow de momento no sabe nada, pero Marvel les va a poner las cosas un poco difíciles. En cuanto a mi hermana, ella está casada, así que no vive conmigo, el comentario de las teselas motivo a un debate familiar bastante gracioso. :)
Saludos
Ekishka
