¡Al fiiiiiin!, lo subí más rápido de lo que me esperaba, hahahaha. Como les dije antes, con esto comienzan muchas cosas, ahora sí la cosa se puso buena, la verdad es que me encanta ver a Hibari en ascuas (que mala soy *v*), y disfruté mucho escribiendo éste capítulo (sobre todo con ciertas partes *¬*) y confío en que quizás varios los disfruten igual. Debo recordarles que en éste fanfic hay unas cuantas parejas OC, pero será algo que se vea más adelante.
Ahora con el capítulo, ¡disfrútenlooooo!
Advertencias: No muchas en realidad, pero creo que es necesario que sepan algo. No recuerdo si lo dije antes, pero no soy muy "fan" de Sasagawa Kyoko, de hecho, es tan simple como que no me agrada, quizás sea porque es demasiado "princess", o qué se yo, así que no esperen que hable exactamente lindesas de ella. Sin más que decir, a por el capi.
- . . .Hibari Kyoya-san – comenzó a decir con un hilillo de voz.
- ¿Qué? – respondió secamente.
- ¿Tanto me odias como para obligarme a hacer esto precisamente ahora?
- ¿Realmente quieres saberlo?
Karako apretó la escoba y la pala con sus manos aún vendadas, conteniendo las ganas de gritar. Estaban en la azotea, donde todo había ocurrido, Hibari parado al lado suyo con los brazos cruzados y expresión indiferente. Sabía que el desgraciado la apreciaba tanto como al excremento de perro, pero llegar al punto de obligarla a limpiar el desastre que había y apenas saliendo de un estado donde pudo haber muerto ya era demasiado. El lugar estaba sucio hasta más no poder, el piso estaba destrozado en algunos lugares, pero la mayoría de las manchas eran sangre seca, el muy pendejo les había dicho a los de la policía que no se molestaran en ordenar, ya que de eso se encargaría ella. Y allí estaba, con apenas una escoba y pala en mano a punto de limpiar un desastre que, según el propio Hibari, era responsabilidad suya. De verdad, ¿qué tan malvado podía llegar a ser ese bastardo?
- Lo quiero limpio para antes del medio día. – ordenó el pelinegro saliendo del lugar – Y luego quiero que vayas y ordenes el salón de Recepción, está hecho un desastre porque no lo has limpiado.
- ¿¡Eres incapaz de hacerlo tú, verdad! – gritó ella poco más que escupiendo fuego por la boca mientras veía enfurecida como el otro se iba por las escaleras.
Miró de nueva cuenta ese lugar, tratando de armarse de paciencia al tiempo que soltaba un profundo suspiro. No sabía cómo le haría para limpiar ese sitio sólo con lo que tenía a mano, no estaba aún en condiciones para hacer mucho esfuerzo, se sentía un tanto débil todavía. Pero venga, que si no lo hacía estaría en problemas, así que ha trabajar se ha dicho.
Mientras estaba en ello, comenzó a repasar mentalmente todo lo que había pasado hasta el momento: Era miércoles en la mañana, Hibari la había dejado descansar dos días más, pero aún tenía heridas abiertas. Había pasado una semana y media ya desde su llegada a Namimori, entre clases a las cuales no les ponía mucha atención (toda la materia que estaban pasando se la sabía de memoria) y sucesos extraños que pensó dejaría atrás de una vez por todas, pero pareciera que algo se empeñaba en involucrarla con asuntos raros y que afectaban el desarrollo de la vida normal que tanto buscaba. Por si fuera poco, no había ido a casa desde hace varios días ya, y estaba muy preocupada por su madre, de seguro estaría furiosa y hambrienta, quería regresar lo más pronto posible.
Además de estas pequeñas preocupaciones, parecía que todo estaba regresando a la normalidad. Sólo esperaba que esa tranquilidad se mantuviera durante toda la semana.
Kusakabe golpeó la puerta tranquilamente con el puño, y luego de escuchar el clásico "Pasa", entró, cerrando la puerta tras de sí.
- Con su permiso, Líder – dijo el hombre acercándose al escritorio.
Hibari se encontraba enfrascado en una pila de hojas para firmar que había llegado ese mismo día, la mayoría respecto a las actividades extracurriculares de la escuela y que debía tener lista para esa semana. Levantó la vista con expresión fastidiada, y con sus solos ojos dio a entender un claro "¿Qué quieres"?
- Traigo los papeles que me pidió – informó, tendiéndole al joven un sobre amarillento lleno de hojas.
Hibari dejó el lápiz de lado y tomó con ambas manos el sobre, examinándolo con la mirada. Luego, volvió a observar a Kusakabe.
- ¿Es todo lo que encontraste?
- Sí, increíblemente la seguridad lo tenía muy resguardado, por lo que no fue nada fácil el meterse en los archivos.
- ¿Lo leíste?
- No, no me dí el tiempo para hacerlo, creí que sería mejor que usted lo hiciera primero.
- Bien, retírate.
- Entendido – y con esto el pelinegro salió cerrando la puerta suavemente.
Kusakabe sintió sus piernas un tanto temblorosas, nada realmente perceptible a simple vista, pero debía admitir que aún sentía un escalofrío en la columna cada vez que recordaba lo del incidente. . .Se estremeció con la sola imagen en la mente, así que de inmediato trató de borrarla y siguió con su camino.
Mientras tanto, en la sala de Recepción, Hibari abría el sobre con el favor que el infante le había pedido. En verdad, no entendía qué tan difícil podía ser el conseguir la información que había pedido, después de todo, no era como si fuese la primera vez que lo hacían, lo habían hecho antes para chantajes y otros cuantos "trabajillos", y Kusakabe se demoraba apenas un día en conseguirlo, sin embargo ahora se había tardado tres días, lo cual ya era inusual. Sacó el montón de hojas cuidadosamente alineadas, y se extrañó al ver que en la portada tenía estampado, con enormes letras rojas, la palabra "CONFIDENCIAL", cosa muy rara para el tipo de documento que había mandado a pedir. Lo abrió y ojeó las primeras páginas, pero al llegar a un punto, sus ojos se abrieron sin creérselo y sintió el como, por unos instantes, su corazón se detenía de golpe.
Había terminado bien, justo a tiempo para la primera clase. Que Hibari Kyoya se jodiera, iría a clase primero y luego si quería limpiaría el salón de Recepción. Bajo con calma las escaleras camino a su clase luego de haber guardado los útiles de aseo, se las había arreglado para dejar el sitio mejor de lo que estaba anteriormente, y podía sentirse segura y orgullosa de su buen trabajo. Caminó hacia su salón, pero antes siquiera de llegar a tocar la puerta, ésta se abrió del otro lado, provocando que casi chocara con quien fuese que había abierto, y para su sorpresa, pudo comprobar que se trataba de Tsunayoshi.
- ¡Ah, Karako-chan! – saludó él un tanto sorprendido.
- Hola – dijo simplemente, aún no estaba del todo cómoda frente a él.
- Hola. . .¿¡pero qué te pasó! – exclamó el muchacho al analizarla bien.
Era normal ver a Karako con vendas, ¡pero la primera semana no llevaba tantas!, ahora tenía hasta el cuello con vendas, más parches en las mejillas y se podía ver que por debajo de la ropa poco más y llevaba un yeso. Karako se dio cuenta de esto, y trató de fingir una sonrisa, cosa que no logró mucho, hacía tiempo que no sonreía.
- S-Sólo fue. . .uhm - ¿qué excusa debía darle?
- Karako sólo se cayó de las escaleras el viernes, ¿verdad? – Reborn acababa de aparecer en la ventana detrás de ellos.
- ¡R-Reborn!
- Reborn-san
- ¿¡Eh!, Karako-chan, ¿lo conoces? – preguntó Tsuna mirándola sorprendido.
- Algo así.
- Ciaossu, ¿cómo te sientes, Karako? – preguntó el infante bajándose de la ventana y caminando hacia ellos.
Karako subió el brazo y movió la mano, casi con libertad de no ser por las vendas.
- Ya no me duele, estoy bien.
- Eso es bueno, supongo que el que Hibari te haga trabajar a primera hora de la mañana tiene su lado bueno.
"Joder, ¿tenía que decirlo frente a él?"
- ¿¡Que estás trabajando para Hibari-san! – fue el casi grito que pegó el pelicastaño.
Increíblemente, y quizás porque la mayoría estaba enfrascado en sus propios asuntos (o quizás solo fingieron estarlo y en verdad pararon oído), nadie volteó a verlos.
- Eres muy ruidoso, dame-Tsuna – lo regañó Reborn.
- ¿¡De veras estás bien Karako-chan!, ¿no te ha lastimado? – el chico prácticamente lo ignoró. Estaba pálido, y se veía poco más que espantado.
- Pues. . .no, no me ha hecho nada – y no era mentira del todo, pero no era como si fuese a entrar en detalles con él.
- Ya deja de preocuparte, Tsuna, no es como si Karako hiciese algo que irritara a Hibari.
La joven miró al infante con cara de "¿Que no he hecho nada?, ¿entonces por qué me atacó antes?".
- Tsuna-kun, ¿está todo bien? – preguntó una suave voz femenina.
Por detrás del joven apareció una muchacha de cabello corto naranja, ojos cafés y una dulce expresión en el rostro. Karako no era ciega, y pudo notar como al instante el chico se sonrojaba levemente.
- ¡Ky-Kyoko-chan!, ¿estabas escuchando? – preguntó con voz temblorosa el muchacho.
- Perdón, Tsuna-kun, es que te iba a hablar y no me di cuenta que estabas con alguien.
- Nah, está bien, no te preocupes – agregó Tsunayoshi al tiempo que rascaba su nuca en forma avergonzada.
Karako volvió a mirar a Reborn, éste sonrió y de un salto se subió a su hombro, susurrándole al oído.
- La madonna de Tsuna.
- Ya – fue todo lo que soltó, ¿qué más debía decir? En el primer instante en que la chica le habló el pelicastaño había comenzado a actuar como idiota. Realmente, era increíble lo mucho que podía cambiar una persona de un día para el otro debido a cosas como el amor. . .si es que en verdad era eso.
- Karako-chan, ella es Sasagawa Kyoko, es una. . .amiga nuestra – dijo un tanto dudoso.
- Buenos días Yukusawa-san – dijo con su voz de miel la muchacha.
- Buenos días – no quería saludar en verdad, solo lo había hecho por hábito, por suerte para ella Tsuna parecía absolutamente ausente del resto del mundo con la chica cerca.
- ¿Ya te acostumbraste a la nueva escuela?
- Eh. . .sí, supongo – se sentía incómoda, hacía tiempo que una persona no le hablaba con tanta normalidad, y mucho menos una chica, las cuales eran las primeras en discriminarla cuando llegaba a una nueva escuela.
- Si necesitas cualquier cosa no du. . .
- Mocosa.
Una suave y conocida voz se dejó escuchar, causando que más de uno sintiera escalofríos en la columna, entre ellos Tsuna, quien palideció increíblemente al ver el como el Líder del comité disciplinario se acercaba a paso tranquilo por el pasillo hasta ellos. Varios alumnos entraron a sus salas con cara de pánico, mientras que otros cuantos, en su mayoría mujeres, se quedaban agazapadas en el pasillo, tratando de verse lo más normal posible.
Karako, para sorpresa de Tsuna y Kyoko, suspiró cansada.
- ¿Qué ocurre? – preguntó sin ánimos.
- El salón de Recepción.
- Estamos a punto de entrar a clases. . .
- Ahora
En cuanto llegó a su lado, Karako notó que su voz estaba extraña, como si estuviese eligiendo con cuidado las palabras que decía, y eso, por algún motivo, la hizo sentir más incómoda que teniendo a ese "panal de dulzura" llamado Kyoko hablándole. Lo examinó con la mirada, y éste no apartó la suya, creando un extraño ambiente en el lugar que no pasó desapercibido por los tres presentes. . .ni por uno que otro alumno en el pasillo. Finalmente Karako resopló por la nariz.
- Tendrás que darle la excusa a sensei por mí.
- Sólo hazlo, yo me haré cargo del resto – increíblemente el tema no pareció molestarle al pelinegro.
Tsuna abrió los ojos casi sin creerse lo que escuchaba y veía, ¿Hibari poniendo una excusa por alguien?
- Uhm, espera, Karako-chan, - comenzó a decir el chico haciendo que Karako y Hibari se detuvieran a verlo, éste último con cierto fastidio en la mirada que hizo que el corazón se le detuviera un momento, pero creyó que no era el momento para acobardarse - ¿en serio está bien que pierdas clases?
- Está bien, no es como si necesitase muchas clases realmente – y eso no era mentira.
Reborn se bajó del hombro de la chica, y Hibari y ella se fueron caminando hacia el salón de recepción, y solo cuando desaparecieron escaleras arriba, Tsuna volvió a hablar.
- ¿Y eso? – preguntó a nadie en particular.
- ¿Yukusawa-san está trabajando con Hibari-san? – comentó la Sasagawa.
- Bueno, digamos que es algo así como un trato – contestó Reborn con una sonrisa.
- Oye, Reborn, ¿cómo es que conoces a Karako-chan? – Tsuna lo miró con extrañeza.
La sonrisa del infante se agrandó.
- Digamos que fue en un "encuentro espiritual".
Mientras Karako barría el polvo del piso (¿acaso en ese lugar eran incapaces de limpiar ellos mismos?) Hibari seguía trabajando en el papeleo de ese día, tratando de terminarlo lo antes posible. Levantó la vista por cuarta vez en todo ese rato, como ya parecía común cada vez que ella estaba cerca. La vigilaba en silencio, analizándola con los ojos, sin perder detalle de sus movimientos y expresiones, se le había hecho un hábito, uno muy extraño y que comenzaba a desagradarle, se estaba distrayendo demasiado, le costaba concentrarse. Además de eso, la información que Kusakabe le había dado no dejaba de rondarle la cabeza, haciendo su trabajo más difícil si cabía.
- Quiero preguntarte una cosa – comenzó a decir volviendo sus ojos a los papeles que tenía enfrente.
- ¿Qué? – dijo también sin mirarlo.
Hibari levantó la vista, mirando su rostro perfectamente visible aún y cuando le estuviese dando parte de la espalda.
- ¿Alguna vez has sufrido un accidente grave?
Y de pronto todo movimiento se detuvo. Durante unos segundos Karako se quedó tiesa, hasta que lo observó por el rabillo del ojo de manera intensa.
- ¿Por qué? – preguntó lentamente.
Se quedaron en silencio, mirándose el uno al otro con rostros serios. El aire entre ellos era muy tenso, como si el tema fuese uno tremendamente grave. Los ojos de Hibari se encontraron directamente con los azul rey de Karako, sintiéndose incapaz de apartarlos, casi siendo engullido por ellos. Eran hermosos, era algo que debía admitir y que había pensado desde que la vio por primera vez, eran algo que destacaban con naturalidad en su rostro. Bajó de nueva cuenta la vista con esfuerzo hacia las hojas de su mano, había comenzado a sentirse tremendamente débil con sus ojos clavados en los de la chica.
- Pareces del tipo que sufre accidentes a menudo – respondió tratando de sonar natural.
- Eso no es algo que te incumba realmente, ¿o sí? – continuó barriendo.
- Yo creo que sí.
- ¿Desde cuando?
- ¿Tienes alguna cicatriz en algún lugar de tu cuerpo?
Karako paró de nuevo su barrido, y se enderezó para mirarlo directamente, sintiéndose curiosamente molesta.
- ¿A qué viene todo esto?
- A nada en realidad – dijo con un tono que daba la impresión de ser ironía.
- ¿Entonces por qué me vienes a preguntar tan de pronto?
- . . . – Hibari siguió con su trabajo, sin siquiera dignarse a mirarla de nuevo.
Esto sólo encabronó más a Karako, quien simplemente soltó la escoba y atravesó el salón hasta llegar al escritorio, estampando ambas manos sobre la madera de éste, pero sin llegar a sobresaltar a Hibari, quien ni con eso la miró.
- Desde que llegué me has tratado poco más que como basura, mandaste a tus subordinados a perseguirme por casi toda la escuela sólo para golpearme, me has hecho limpiar desastres que haces a propósito, me hiciste limpiar la azotea aún y cuando acabo de salir de unas heridas graves que todavía no se cierran bien, fuiste a mi salón personalmente a recogerme para que viniera a limpiar el salón de Recepción haciéndome perder clases, y para colmo vienes y me preguntas cosas que obviamente no te interesan en lo más mínimo, ¿cuál mierda es tu problema conmigo? ¿tanto me odias que estás decidido a fastidiarme la existencia de todas las formas posibles?, por si no te has dado cuenta mi paciencia tiene un límite Hibari – soltó furiosa y con un tono siseante que la sorprendió hasta a ella misma.
Hibari, por primera vez en mucho rato, soltó los papeles y se paró bruscamente de su asiento, haciendo que Karako retrocediera un poco. Cuando la miraron, los ojos del joven demostraban cierto enojo, y la chica estaba casi segura que el bastardo se moría por golpearla. Por primera vez desde que lo conoció, Karako analizó a Hibari de pies a cabeza, casi inconcientemente; el chico tenía un suave cabello negro, brillante y cuidado, su piel era pálida y se veía muy suave, era alto, mucho más que ella, estaba claro que apenas y le llegaba al hombro, su contextura, delgada pero firme, era algo que cualquier chico de su edad envidiaría, sus ojos agudos, de un color gris oscuro, parecían escudriñar en su alma, y no podía evitar el sentirse un tanto nerviosa cada vez que se topaba con ellos.
Despertó de su ensoñación cuando escuchó un ruido, y vio que Hibari había dado la vuelta al escritorio y ahora estaba frente a ella. Casi inconcientemente retrocedió dos pasos, tratando de mantenerse alejada de él por si la atacaba. Al ver que ella retrocedía, él se detuvo, sin saber muy bien por qué lo había hecho.
- Dime la verdad.
- ¿Eh? – la pregunta la había tomado por sorpresa.
- ¿Qué fue lo que pasó esa noche con Nogisaka?, aún no me has explicado nada – dijo el joven cruzándose de brazos.
- . . . –Karako lo miró con cierto desprecio en los ojos, había vuelto a ignorar sus preguntas y a imponer sobre ella – no tengo por qué responderte eso – se encaminó a donde dejó la escoba.
Pero de un momento al otro, sintió el como la agarraban del brazo y la tiraban con violencia hacia el sofá, cayendo sentada de golpe y sintiendo el cómo por un momento las heridas le volvían a doler. Abrió los ojos al sentir un golpe cerca de su cabeza, y se encontró con que las manos de Hibari le bloqueaban el paso de salida por ambos lados, apoyadas a los dos lados de su cabeza y acorralándola contra el sofá. El rostro del pelinegro estaba serio, muy serio, y su expresión era tal que dejaba en claro que no estaba para bromas.
- No me vengas a hacerte la rebelde, mocosa, - dijo con un tono amenazador. De nuevo la había llamado mocosa, parecía que de ahora en adelante ése iba a ser su apodo permanente – no sé que fue lo que hiciste para defenderte de Nogisaka, pero es claro que ninguna estudiante normal de catorce años sería capaz de hacerle frente a un profesor que ya había asesinado a un adulto años atrás, no me des excusas tontas y dime qué fue lo que hiciste, o de lo contrario te lo sacaré a la fuerza.
Era claro que estaba molesto, ¿a qué venía todo eso tan de repente? De pronto la puerta se abrió, y al voltear ambos vieron el como Reborn entraba y cerraba la puerta tras de sí. El infante les sonrió.
- Hibari, Karako, háganme un favor y ya paren de coquetear ustedes dos.
Como si les hubiesen dado una descarga eléctrica, Hibari se incorporó y Karako se paró lo más rápido que podía, alejándose de él varios centímetros. Reborn no era idiota, y claro que había notado el leve sonrojo en los rostros de ambos, Hibari trataba de disimularlo lo mejor que podía, mientras que Karako ocultaba el rostro de la vista de Reborn, pero éste podía ver sus orejas ardiendo de la vergüenza.
- V-Vete a clases, terminarás esto a la salida – dijo Hibari tendiéndole un pase, bofeteándose mentalmente por haber tartamudeado.
Karako asintió frenéticamente con la cabeza tomando el pase, y sin mirar a Reborn caminó lo más rápido posible hacia la puerta, saliendo camino a su primera clase del día.
Una vez solos, Reborn miró hacia Hibari con una misteriosa sonrisa en los labios.
- ¿Puedo saber que fue eso?
- Sólo la interrogué – el joven caminó hacia su escritorio y volvió a sentarse, tratando de recobrar la compostura.
- ¿Así que ese es el método que tienes para interrogar a una belleza ojiazul de catorce años? – preguntó con clara burla.
Hibari hizo un esfuerzo descomunal por evitar un nuevo sonrojo de sus mejillas.
- Dime para qué viniste.
Reborn se encaminó hacia el sofá, sentándose en él y sacándose el sombrero un momento.
- Vine por mi "favor"
Hibari sacó el sobre del cajón y se lo tiró sin más. Reborn lo atajó al aire, y de un solo movimiento lo abrió.
- Según Kusakabe, fue muy difícil de conseguir, al parecer tenía un resguardo especial – informó dirigiendo su vista a su trabajo, estaba ansioso por terminarlo y esa mocosa sólo había logrado retrasarlo.
Reborn leyó rápidamente lo que tenía entre sus manos, dio vueltas las hojas mientras Hibari seguía con los suyo. . .hasta que llegó a una parte. La sonrisa se le borró del rostro, y si no fuera porque era algo muuuuy extraño, Hibari habría jurado que el bebé había palidecido, y mucho. Reborn subió la mirada, y la clavó en el joven con cierta molestia.
- ¿Acaso estás bromeando?, ésta no puede ser la información – su voz era grave.
- ¿Por? – siguió firmando papeles, estaba disfrutando del tono irritado del bebé.
- No me vengas con esa, Hibari, aquí dice que Yukusawa Karako está muerta desde hace más de 6 años atrás – dijo levantando las hojas en sus manos.
Hibari lo observó, serio esta vez. En un principio él también había reaccionado igual, no creyó que la información de Karako que Reborn le había mandado a pedir fuese a tener algo semejante, inclusive interrogó a Kusakabe para saber si no les estaba tomando el pelo o se había equivocado. Por desgracia, el hombre mismo le mostró que había sacado todo de los archivos del gobierno. De por sí, los documentos tenían los datos básicos, como los nombres de los padres y lugar de residencia, pero más allá de eso, todo estaba en blanco, y es que inclusive antes de llegar a los detalles, decía un claro e inequívoco "Fecha de Defunción: 19-07-XXXX", lo cual los dejaba en la estacada y con muy poca información sobre ella, lo único que dejaba en claro era que la Yukusawa Karako que aparecía en esas hojas había muerto cuando tenía seis años.
- No hay ni siquiera una fotografía, algo que nos indique qué ocurre con ella o alguna cosa parecida – Reborn rebuscó entre las hojas y en el sobre, pensando que quizás algo había pasado por alto.
- Hay un dato curioso al principio, los nombres de los padres – dijo el chico apoyándose en su mano izquierda.
Reborn repasó las hojas hasta llegar a donde esa parte aparecía, y esto fue lo que encontró:
"Nombre del padre: Hajime Yukusawa
Nombre de la madre: Isabelle Revelarius"
- Revelarius, así que su madre es extranjera, - dijo releyendo la información – eso explica el color de sus ojos, ¿pero en dónde he escuchado el apellido Revelarius antes?
- A mí no me preguntes, ahora vete, tengo mucho que hacer – por algún motivo estaba cabreado, y ni él mismo sabía por qué.
- De acuerdo, gracias Hibari – y con esto saltó del asiento, se guardó el sobre en el interior de la chaqueta y se encaminó hacia la puerta.
- Sólo recuerda que me debes una, bebé – dijo el joven pelinegro con una sonrisa maliciosa.
Reborn se detuvo y volteó a verlo.
- Claro, no lo olvidare, Hibari – y con esto salió cerrando la puerta tras de sí.
Ahora que tenía esa información, más preguntas se le formaban en la cabeza, y a la vez aumentaba su curiosidad por la chica. Además, debía repagarle a Hibari, y ya estaba formulando el cómo. Tenía mucho por hacer.
- - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - Fin del capítulo - - - - - - - - - - - - - - - - - - - - -
Bien, con esto finalizamos ésta parte. Quizás varios de ustedes hayan quedado con preguntas y la curiosidad les está matando, pero créanme que pronto tendré el próximo capítulo, y ahí sí que MUCHAS de sus dudas se verán resueltas, eso se los prometo. Amarré a mi musa inspiradora con candados (estuvo a punto de escaparse de nuevo), y ahora debo terminar la semana con unas pruebas, así que deséenme buena suerte, ya que dependiendo de cómo me vaya estará mi ánimo, y si mi ánimo es bueno entonces antes terminaré el próximo capi. Ahora con las preguntas.
¿Qué es lo que sucedió con Karako? ¿cuál será su pasado? ¿qué tendrá planeado Reborn? Esto y mucho más en los próximos capítulos, ¡no se lo pierdan! Hasta entonces, ¡Bye bieeeeee!
