Capítulo 10: Shake The Disease
Waylon y Eddie se encuentran justo en el lugar en donde quieren estar, mientras que Miles, por su parte, se involucra en diversas actividades para entrar más en contacto con Chris y sus rutinas. ¿Las cosas seguirán estando tan bien el futuro?
He estado sufriendo un gran bloqueo con mis historias. Siento que en parte tiene que ver con mi improductiva, entre otras cosas. No crean que quedarán en el olvido, incluso tengo los finales ya forjados, pero a veces las ideas tardan un poco en salir de un momento a otro.
La canción de esta ocasión es de otra de mis bandas favoritas, aunque creo que se entiende ya a estas alturas (?).
Es Depeche Mode con "Shake The Disease".
La elaboración de la comida se había visto interrumpida abruptamente.
Había un desastre de recipientes vacíos en la cocina, manchas de salsa de tomate por todas partes y el rastro de los vegetales que habían sido cortados y considerados para formar una ensalada. Todo parecía irrelevante ahora, dejando de lado aquel marcado desastre para enfocarse en cosas más importantes.
En la sala, en medio de la mesa, yacía una caja de pizza a medio terminar, acompañada de dos envases de cerveza y algunas cuantas envolturas de papas fritas regadas. En el sofá se encontraba Waylon, acurrucado justo encima del pecho de su pareja, disfrutando la sensación cálida de tener los brazos de Eddie rodeando su espalda y parte de sus caderas. Sus ojos estaban fijos en las facciones relajadas de su novio, sin querer perder detalle alguno de las acciones realizadas por parte del mayor. Una sonrisa de asomaba por sus labios, encontrando satisfactorio el poder sentirse tan cómodo en una posición como esta.
Eddie siempre le hacía sentir cómodo con aquella cercanía entre ambos. Nunca había sentido algo que le indicara molestia por parte del mayor hacia su persona. Waylon pensaba que era una persona molesta por su personalidad y carácter. Hubo algunos incidentes en el pasado respecto a esto. Sin embargo, de Eddie únicamente sentía comodidad, calidez y cariño. A veces creía que la sensación de calor sobre su piel nunca desaparecería.
El mayor había insistido en que ambos se cambiaran la ropa. La camiseta de Eddie le quedaba grande, siendo una de las prendas más informales de su guardarropa. El pantalón de la pijama de Eddie le quedaba demasiado largo para la constitución de sus piernas, pero de igual forma cumplía la función principal de cubrir su cuerpo en la espera. Waylon no tenía problema alguno con su desnudez, más Eddie había insistido tanto en colocar las prendas de ropa sobre su cuerpo, suponiendo que sería lo ideal ante la sensación de frio en el ambiente.
El mayor había colocado la ropa de Waylon en la lavadora, junto a su camisa manchada y su pantalón salpicado. Por su parte, Eddie se encontraba vestido con una camiseta blanca y unos pantalones oscuros desgastados. Realmente no tenía ropa demasiado informal. Waylon no recordaba haberlo visto con unos pantalones que no fueran de vestir en realidad.
— Bien…por donde empiezo —comentaba con voz tranquila el menor, empezando a levantar ligeramente su cabeza, dejando que su rostro terminara por ocultarse parcialmente sobre el cuello ajeno, aspirando parte del aroma de la colonia contraria. Era fuerte, masculino. Waylon siempre se sentía muy atraído hacía las sensaciones que le evocaban. — ¿Estás completamente seguro de querer escuchar todo esto?
— Claro que sí, cariño. Estoy dispuesto a escuchar todo.
— ¿Cada detalle, incluso?
— Absolutamente.
— ¿Por más alarmante que este sea?
Los ojos de Eddie parecían agrandarse. Sus manos apretaron de manera inconsciente la espalda baja de su pareja. Waylon reprimió la risa que sentía brotar de su garganta, limitándose a sonreír antes de besar de forma suave el cuello y la barbilla contraria, suspirando.
— Cuando tenía 15 años yo conocí a este sujeto. En este momento no recuerdo su nombre en realidad. Era un músico retirado, según lo que me había contado. Siempre olía a cerveza, nunca nos vimos fuera de los conciertos a los que iba. Era muy extraño en realidad. Recuerdo que fuimos a su casa y empezamos a besarnos en su sofá destruido, una cosa llevó a la otra y pues…terminamos cogiendo. No tuvo nada de mágico mi primera vez en todo caso. —La voz de Waylon se apagó después de narrar su experiencia.
No mostraba burla alguna al hablar de ese tema, pero tampoco mostraba alguna especie de arrepentimiento alguno. Sus ojos nunca perdieron de vista las reacciones de Eddie en ningún momento. El mayor parecía tranquilo y bastante atento a las cosas que en rubio mencionaban, bajando su rostro incluso a la altura del rostro contrario para tener más cercanía al momento. Sus manos nunca abandonaron el cuerpo contrario.
— ¿Qué me dices de ti, Eddie?
— ¿Sobre mi primera vez?
— Me da mucha curiosidad en realidad. Quiero saber.
— No es una historia tan emocionante en realidad. —Eddie aclaró ligeramente la garganta, entrecerrando los ojos por un momento. Waylon no pudo evitar sonreír ante ese gesto. Casi podía adivinar el tipo de historia que sería, conociendo el antecedente previo a que fue durante la noche de su baile de graduación.
— Había conocido a esta chica en una de mis clases. No habíamos conversado mucho antes, pero un día en particular la invité a tomar algo saliendo de la escuela y ella aceptó casi al instante. Era muy linda en realidad en un sentido superficial. No había muchos temas de conversación o algo que en realidad nos vinculara, únicamente había una atracción física mutua —los ojos del mayor se cerraron por un momento antes de soltar una sonrisa. Una de sus manos alcanzó a levantar ligeramente la camisa contraria, alcanzando a acariciar parte de su espalda baja.
— Frank me decía un montón de cosas sobre ella, ya sabes, que debía aprovechar y realizar bien mis "jugadas". Quizás y siempre lo tuve contemplado. No esperaba una relación duradera, únicamente quería una cita asegurada para el baile. Cuando llegó el gran día me encontraba sumamente nervioso. Ella se miraba hermosa, pero me resultaba atractiva de una forma estética, no había una atracción más allá de su apariencia. Bailamos y no hablamos casi nada. Al terminar el baile, decidí llevarla a un pequeño cuarto de hotel que había rentado gracias a las ganancias de algunas comisiones que realicé. Quitarle el vestido y llevarla a la cama fue el acto más mecanizado que he hecho en mi vida.
La sonrisa de Waylon no tardó en aparecer al imaginar tal escena. Un joven Eddie, totalmente inexperto en el área, realizando de manera casi protocolaria cada acto que seguramente fue planificado previamente. Sus manos no tardaron en acariciar el pecho del mayor al imaginar a la perfección la manera tan gentil con la que habría acariciado y atendido a su cita, intentando ser lo más gentil posible por temor a lastimarla, por la idea de querer hace todo perfecto. Quién lo diría, incluso estaba empezando a calentarse.
— ¿Entonces lo planificaste todo para perder la virginidad ese día?
— Eso parece, cariño. Debe sonar sumamente patético ahora que lo pienso.
— Para nada. Creo que todos los planificamos de cierta manera.
— ¿Qué quieres decir? Parece que lo del músico fue bastante espontáneo.
— Espontáneo, sí. Pero estuve preparado todo el tiempo. — Los ojos de Eddie parecían reflejar confusión. Waylon no pudo evitar darle un par de besos al notar aquella expresión tan adorable en su rostro. Para esas alturas, Eddie ya había colado una de sus manos por debajo de su la pantalón de la pijama de la forma más discreta posible, empezando a acariciar parte de su trasero en momentos bastante lentos. Waylon casi quería soltarse a reír ante la discreción de Eddie, como si estuviera haciendo el acto para tomarlo de forma desprevenida, haciéndolo ver como un acto casual y natural.
— Yo sabía que terminaría acostándome con ese músico. Creo que lo supe en cuanto lo vi y sentí su mirada desnudarme. Era cuestión de tiempo. Quería hacer que me deseara más y más. La noche que acepte ir a su casa, hubo un ligero brillo en su mirada y un cambio en su semblante. Supongo que estaba muy desesperado a esas alturas. Yo únicamente quería la atención. — Las palabras eran sinceras. Había un toque de determinación en el tono de la voz contraria.
Eddie nunca había perdido detalle en ningún momento. Sus manos exploraban más por un impulso que por un acto premeditado. Waylon conocía en todo caso la naturaleza de sus "manos inquietas", lo cual le causaba bastante gracia. No le extrañaba para nada que muchas de las actividades de Eddie fueran manuales en todo caso. Era demasiado hábil y demasiado inquieto, sabiendo expresar de forma más concisa sus emociones mediante el tacto. A Waylon le parecía fascinante todo lo que rodeaba este hecho. Las manos de Eddie siempre se sentían cálidas sobre su piel.
— ¿Te arrepientes de que tu primera experiencia sexual fuera así, cariño?
— No, en realidad no. Yo sabía que no sería algo del todo especial, yo quería que fuera algo simple, casi mecanizado.
— A mí me hubiera gustado que fuera especial. Tuve muchos detalles y planifiqué todo de manera meticulosa, pero nunca experimente ninguna sensación ni emoción. No fuera para nada especial.
Ambos se quedaron callados por un momento, como si asimilaran las cosas que acababan de hablar. Waylon nunca se hubiera imaginado que Eddie se sentía de aquella forma. Había imaginado que el acto fue hecho por amor, por alguna emoción, regido más por el sentimiento de querer tener intimidad con la persona con la que había estado saliendo en ese entonces, pero era bastante evidente como se habían dado las cosas. Eddie también fue un adolescente en ese momento, lleno de hormonas, de necesidades como el resto. Quizás la persona no había sido la indicada, pero era válido que en ese instante se rigiera más por necesidad que otra cosa, aun cuando se tratara de la persona tan estricta y organizada como Eddie.
Por alguna extraña razón, le parecía fácil imaginar que la primera vez de Eddie había sido con un hombre. Podía imaginar la situación a la perfección de alguna forma u otra, volviéndose una cita un tanto incómoda para un joven Eddie, completamente inexperto en el tema, intentando conseguir algún detalle que fuera apropiado para salir con otro hombre por igual. Se preguntaba en todo caso como habría sido su primera experiencia de sexo homosexual.
Se preguntaba cómo había sido la persona que atrajo su atención, si fue el mismo Eddie quien le busco en primera lugar o si había sido el otro sujeto quien había dado el primer paso. El mayor había dejado muy en claro que tenía costumbres muy extrañas durante el sexo.
¿Habrá sido más fácil para Eddie el dejarse llevar con otro hombre que con alguna mujer en realidad? Se había sentido lo suficientemente cómodo para mostrar esa faceta durante su primera noche después de todo. Waylon le había incitado a que no se contuviera. Las palabras obscenas durante el sexo eran un buen incentivo.
— ¿Te imaginas que hubiera pasado si nos hubiéramos conocido en la escuela? —la pregunta fue soltada en el aire. Eddie estrechaba ligeramente sus brazos un poco más apretados en torno al rubio al momento de mencionarla. Los ojos de Waylon mostraron un brillo particular, como si se acordara de algo muy gracioso, como si una broma realmente divertida fuera mencionada en el momento.
— No creo que tú y yo hubiéramos congeniado en ese momento. Somos muy diferentes en realidad, Eddie.
— Somos muy diferentes ahora mismo, Way, estamos juntos pese a ello. ¿Realmente crees que no nos hubiéramos hablado? —Waylon tuvo que quedarse un momento, reconsiderando su respuesta. Tenía que admitir que eso era verdad. Suponía que en algún punto podría haber conocido a Frank Manera o que alguna cosa hubiera llevado a la otra. Era extraño imaginar cómo podrían haber tenido su encuentro.
Las situaciones que empezó a imaginarse provocaron que sus labios se curvaran en una sonrisa, teniendo la idea de cómo sería conocer al Eddie de preparatoria, preguntándose si se vería casi tan mayor como lucía ahora. Situaciones como encontrarse durante la hora del almuerzo, ponerse de acuerdo para salir entre todos, ir a conciertos y hacer que Eddie actuara de forma irresponsable era bastante divertido de imaginar, sobre todo por el nerviosismo que ese tipo de actitudes tendrían en él. Casi se imaginaba la preocupación en su mirada mientras era persuadido para faltar a clases, estando completamente convencido de que el mayor no duraría en seguirle la corriente. Era demasiado fácil convencerlo de todas formas.
— Creo que hubiéramos terminado cogiendo en el cuarto del conserje. —Los ojos de Eddie se agrandaron ante aquella confesión. Quería replicar, pero la mano adentrándose y sujetando el cuerpo de su pareja no era para nada un factor a su favor.
Eddie no podía contenerse mucho cuando se trababa de Waylon. Casi podría jurar que sus manos tenían "vida propia", queriendo entrar en contacto con su piel al apenas verse. En muchas ocasiones se había sentido avergonzado por ello, como si fuera un completo pervertido, pero a estas alturas de su relación con el rubio, empezaba a creer que el sentimiento era algo mutuo. Había complicidad en sus actos y eso a Eddie le agradaba bastante.
— ¿A si? Y como sería ese encuentro — preguntó el mayor con una sonrisa, dejando que sus labios sugieran una línea imaginara por el cuello de Waylon, logrando conectar un paro de besos sobre su barbilla y otros más sobre su mejilla. El rubio que se quedó meditando por un minuto, como si estuviera elaborando una respuesta a una pregunta realmente compleja.
— Podría ser que te convencí de faltar a una de nuestras clases, para fumar en la parte de las canchas o simplemente para poder verte antes de la hora de la comida. No lo sé, cualquier pretexto sería bueno. —
La mirada de Waylon se enfocó por un momento sobre las expresiones de Eddie. No era un secreto a esas alturas lo mucho que amaba la forma en la cual el hombre se miraba al mostrar cierta informalidad. Su cabello se desordenaba y llegaba a la altura de sus azules ojos, dando un toque juvenil a su apariencia. La informalidad siempre le sentaría bien al mayor. — Entonces nos empezaríamos a besar e intentaría encontrar un sitio más…privado, sobre todo ante sus maneras tan propias de comportarte. —
El tono de Waylon parecía divertido a esas alturas. Eddie no perdía detalle alguno, logrando conectar sus labios en poco tiempo sobre la altura de su oreja, dando una ligera y suave mordida sobre el lóbulo. Había algo en la manera de contar las cosas de rubio, algo en aquel tono irónico, divertido y bastante sarcástico en ocasiones. La espontaneidad en su tono siempre le resultaría una de las cosas más curiosas y atractivas de escuchar.
— ¿Y entonces, que más pasaría? —
— El armario de los conserjes estaría más cerca —los ojos de Eddie dieron un ligero destello de curiosidad y lujuria. Waylon sabía a esas alturas que tenía su completa atención. Deslizó los brazos lentamente por sobre su cuello, acercando más su rostro hasta poder acercarse a su oreja en poco tiempo. — Nos meteríamos al armario y empezaríamos a besarnos. Las ropas empezarían a estorbarnos mientras mis piernas se apoyan a cada lado de tus caderas en ese momento, intentando restregarme contra tu entre pierna, supondría que tendrías que cubrir mi boca para evitar que los gemidos se escucharan por los pasillos y alrededores…—
La imagen mental de aquellas declaraciones apareció casi al instante en la mente de Eddie. Podría imaginarse a la perfección a él y a Waylon metidos en el armario, devorando sus labios al momento, sin importarles el resto de sus actividades de la escuela, sus clases o el resto de sus compañeros en realidad. Su mirada se dilató ligeramente, sin poder evitar el impulso casi primario de apretar ligeramente el trasero contrario en un acto reflejo. El sonido que salió de los labios de Waylon estaba en la delgada línea de la sorpresa y la diversión.
— Parece que alguien esta emocionado con esa visión —comentó de forma suave, aun sin separarse mucho del oído contrario. Podía sentir el aliento caliente sobre su oreja y su cuerpo entero vibraba ante la sensación de tener tan cerca a su pareja. Sus labios no tardaron en curvarse en una sonrisa, dejando que su mano desocupada levantara suavemente la camisa contraria, logrando colar su mano por la esbelta y delgada espalda.
— Es difícil contenerme, cariño, siempre haces hasta lo imposible para provocarme. —
— No tengo la culpa de que seas demasiado fácil de provocar, Edward, además de que eres un completo degenerado en toda la extensión de la palabra. —
Eddie se alejó lo suficiente para poder notar el aire de diversión en la mirada de su novio. La palabra seguía bailando sobre sus labios. Degenerado. Era bastante inusual escuchar una expresión como esa en palabras de Waylon, sobre todo por la naturaleza de sus actos, que distaban mucho de ser una persona "honrosa" en todo caso.
— Mira quien habla, cariño, hasta pareces decirlo ofendido…— los labios de Eddie no tardaron en conectarse con los labios contrarios. Pese a sentir una oleada de emociones y, porque no negarlo, de excitación, el movimiento de sus labios era suave y gentil. Waylon no pudo hacer otra cosa que corresponder con una sonrisa, logrando alzar sus brazos, abrazando en poco tiempo el cuello contrario. La sensación de calidez en el cuerpo contrario era bastante placentera para ambos, sin querer despejarse el uno del otro durante ese lapso.
Waylon empezó a imaginar en poco tiempo como hubiera sido su vida si hubiera asistido a la escuela. La idea de llevar una vida normal, como el resto de los jóvenes de su edad, parecía ser cada vez más lejana. Quien lo sabría.
Quizás Waylon en realidad habría sido un nerd en toda la extensión de la palabra, siendo un experto en informática y destacando entre sus compañeros al obtener las mejores calificaciones de la clase. Se imaginaba a Miles encajando en actividades extracurriculares tales como el periodismo o el anuario escolar, sobre todo ante sus actitudes tan entrometidas en ocasiones.
Ambos hubieran terminado la escuela juntos, habiendo logrado alcanzar en poco tiempo algún lugar en una universidad local, pudiendo compartir algunas vivencias, encontrando eventualmente a personas con quien salir y pudiendo realizar todas las actividades que realizan las personas a su edad. Las cosas convencionales, sin embargo, no era algo que realmente fuera del agrado de Waylon, estando consciente de su situación, sabiendo bien que parte de aquella decisión de dejar sus estudios se debía enteramente a su deseo de apoyar en todo sentido a su madre.
Nunca le reprocharía a su madre, sin embargo, ninguna de las decisiones que tomó durante su juventud. Ambos habían sido victimitas de las circunstancias durante buena parte de su vida, logrando salir adelante con el apoyo y la unión que ambos se tenían mutuamente. No había nada malo en admitir aquello.
Las personas solían mirar a Waylon como si fuera una clase de bicho raro en muchas ocasiones. Waylon detestaba la mirada de las personas cuando reflejaban lástima. Esa era una de las sensaciones más desagradables de experimentar, como si las personas realmente pudieran entender por todas las situaciones y vivencias a las que estuvieron expuestos y realmente sintieran empatía al escuchar sus problemas. Nunca había deseado ese sentimiento de nadie en realidad, mucho menos de personas que eran tan ajenas a su vida y que no estaban conscientes de todas las cosas que debía realizar para poder sobrellevar la semana.
Para su fortuna, Eddie nunca le había visto con esa expresión tan condescendiente. Desde el principio, los ojos del mayor reflejaban preocupación, pero también un sentimiento cálido, como si reflejara sinceridad en sus palabras y acciones. Esa calidez se había acrecentado con el paso de sus días compartidos.
— Sabes…no fui completamente sincero contigo, Eddie —había mencionado en tono cauteloso y bajo, intentando acomodar su cuerpo en una posición mucho más cómoda sobre el pecho contrario. Eddie estaba atento a esos movimientos y palabras, sintiendo genuina curiosidad al respecto. Waylon parecía vacilar por un momento, intentando sonreír para disipar la tensión experimentada.
— ¿Recuerdas aquella vez que me preguntaste si Miles y yo habíamos tenido algo? Bueno…podría decirse que si paso algo —comentaba con mucha cautela, como si estuviera revelando un verdadero secreto de Estado o algo que estuviera a punto de comprometer su vida misma. La expresión de Eddie era tranquila en realidad. Sus ojos no reflejaban nada más que curiosidad, alzando una mano para lograr deslizar uno de los mechones rebeldes de Waylon por debajo de su oreja. Waylon prosiguió luego un par de segundos que aparentaban ser minutos en realidad.
— Teníamos 14 años y estábamos ebrios. Se nos hizo bastante fácil empezar a besarnos e intentar hacer las cosas…un poco más subidas de tono. A mitad del camino ambos nos dimos cuenta de que no era muy lo nuestro. Me sentí tan jodidamente incomodo, ¡era como besar en la boca a alguien de mi familia! Decidimos no volver a repetirlo nunca. Nos sentimos muy estúpidos poco después, fue bastante incomodo tener que vernos a los ojos durante un par de semanas. Intentamos olvidar lo ocurrido esa noche. —
La voz de Waylon dio un ligero suspiro al terminar de narrar su aclaración. Eddie no pudo reprimir el sonido gutural de su risa a los pocos segundos, intentando imaginar el tipo de expresión que tendrían ambos después de ese suceso. La sola idea de imaginarlo lograba que su risa se volviera carcajadas en poco tiempo.
— ¿Qué es tan gracioso, Gluskin? Es una confesión seria —reprochaba Waylon en un tono de fingida molestia, más al poco tiempo terminó por reírse de igual manera, sobre todo ante la expresión del mayor, quien parecía estar demasiado divertido con aquella confesión.
— Lo siento mucho, cariño…pero la sola idea de imaginarme a Miles y a ti viéndose días después de aquello, usando lentes oscuros para no verse a los ojos...realmente me mata de risa — Eddie apenas y podía formular las palabras ante sus propias carcajadas. Pese a todo, Waylon no podía dejar de mirar su expresión suavemente ruborizada y la manera en la cual su voz resonaba con más fuerza ante su risa. Era un estúpido enamorado, pensó en ese mismo momento, encontrando atractivo aquel gesto par parte del mayor sin poder evitar perderse un poco en aquella expresión en su rostro.
— Eres un tonto…—contestó ante sus comentarios, logrando posicionar su barbilla sobre el pecho contrario al calmarse el mayor. Podía sentir la agitación en su pecho, considerando aquella sensación agradable.
Después de un lapso de intentar disipar la risa, Eddie logro calmarse parcialmente. Sus ojos continuaron entrecerrados y su voz parecía calmar su tono ante la expectación contraria. Waylon levantó una ceja, enfocando su vista en el rostro contrario. Casi podía adivinar la pregunta que Eddie formularía a continuación.
— ¿Por qué decidiste ocultarme este detalle, cariño?
Los ojos de Waylon bajaron por un breve momento. Lo cierto era que no tenía una respuesta concreta para ocultar un detalle como ese. Mil ideas pasaron por su mente, como la idea de evitar algún posible problema entre su mejor amigo y su pareja. Miles era muy importante en su día a día, no queriendo que algo pudiera generar un conflicto entre dos personas que eran sumamente importantes en su vida.
— No lo sé, Eddie, supongo que tenía miedo de que te molestara de alguna forma. Fue algo muy idiota a decir verdad, fue mucho más incómodo de lo que esperamos. —
— Siempre has mostrado mucha curiosidad en lo que respecta a tu sexualidad, ambos tienen una visión muy similar en cuanto a ello. Yo creo que incluso es algo normal, en algún punto, que experimentaran alguna curiosidad mutua al respecto. — La voz de Eddie, repentinamente, sonaba como si fuera 10 años mayor de lo que era.
Tenía esa forma tan paternalista de tener esos comentarios, pareciendo un señor sermoneando sobre la vida desenfrenada de la juventud de hoy en día. La expresión de Eddie era tranquila, pese a ello. Nunca parecía del todo muy enfadado, o al menos en lo que fuera referente a Waylon en todo caso. A veces se preguntaba si lograría en algún punto despertar alguna emoción negativa en el mayor, algo que diera a entender que realmente hizo algo que ofendiera a Eddie en algún lapso.
Por alguna extraña razón, Waylon pensó que sería cuestión de tiempo para que un momento así llegara. Quitando de lado su falsa modestia referente a lo sexual, Eddie había pasado por alto muchos de los comportamientos irresponsables de Waylon hasta el momento, recordando el único reproche dado sobre su constante vicio a los cigarros. Era demasiado fácil, en todo caso, desviar uno de los sermones de Eddie en otras cosas.
— ¿Qué me dices tú, Eddie? ¿Alguna vez te besaste con Frank? —toda aquella sensación de alegría y diversión en el semblante de Eddie se cambió bruscamente a una expresión alarmada y horrorizada.
Nunca, ni en sus más delirantes fantasías, podría considerar tener un contacto de tinte "romántico" con Frank Manera. El hombre en verdad era un caso y lo único que necesitaba Eddie en su vida era verse involucrado en algo sentimental con alguien como él, además del hecho de que la amistad se anteponía por sobre todas las cosas. El sentimiento y la sensación de ser como hermanos era algo difícil de ignorar para ambos.
— Digamos que…no es mi tipo
— ¡Vamos! Que tiene lo suyo, pese a la barba y el cabello desalineado y la manía de tener los lentes puestos en todo momento, ¿de qué color son sus ojos, en todo caso?
— Tenemos la teoría de que son castaños, pero no nos queda muy claro. Creo que tenemos años sin verle los ojos en realidad.
— Antes de conocerlo bien, Miles y yo pensamos que era una especie de músico ciego. Pensábamos en lo motivante que debía ser su historia, como de "¡mira, un cantante ciego! ¡Y qué además toca la guitarra con mucha maestría! Eso es realmente impresionante". Además de que Billy no hablaba nada, pensamos que quizás Chris se encargaba de ayudar a gente con discapacidad para cumplir sus sueños. Nos dimos de topes en la pared cuando nos dimos cuenta de que Frank únicamente era un idiota —
Eddie apenas y podía contener la risa ante aquellas declaraciones. No podía dejar de amar a este hombre, pensó, mientras cubría su rostro con una de sus manos, intentando evitar que las carcajadas resonaran con más fuerza de lo que deberían. Sus amigos eran una banda de excéntricos y extraños, todos ellos se habían reunido por azares del destino en su infancia. No podía culpar a ambos chicos por pensar aquello, ya que la excentricidad de Frank era algo reconocido a muchos niveles por sus conocidos. La idea de que era invidente era mucho más divertida de imaginar en el escenario.
— ¡Frank Manera, el cantante y guitarrista invidente! Y su banda conformada por Billy… ¡el tecladista sordomudo!
— ¡Ya deja de burlarte de mí, Gluskin! —comentó la voz de Waylon mientras intentaba cubrir con uno de los cojines cercanos el rostro contrario. Suficientes vergüenzas había tenido por una noche para sumarle el hecho de que todo lo que salía de sus labios parecía ser divertido ante Eddie.
Debía admitir que era algo divertido en realidad. Nunca esperó que Eddie fuera capaz de realizar bromas a costa suya. Quizás ya le había pegado algo más, además de su necesidad de meterse dentro de sus pantalones en todo momento. Waylon no ejercía mucha presión sobre el rostro ajeno, pero Eddie no perdía el tiempo el realizar una de sus "escenas dramáticas" acorde a la situación.
— ¡Oh no, mi novio me asfixia! ¿Quién diría que así sería el final de Edward Gluskin? —
— ¡Basta ya, Gluskin! —decía con diversión, notando como Eddie hacía movimientos exagerados con sus brazos y piernas.
Waylon siempre estaría asombrado de lo bien que se sentía poder pasar eses tardes relajadas al lado de Eddie. Nunca se esperó que una rutina tan calmada pudiera ser disfrutada de tal forma, pese a su impulsividad y energía. Bien podía acostumbrarse a quedarse tranquilo durante un largo tiempo más.
-.-
-Le conté a Eddie sobre nuestra breve historia de amor.-
Este mensaje fue una de las cosas que leyó Miles al llegar al refugio de animales. Su sonrisa se ensanchó al apenas analizar por un momento el texto, intentando imaginar de qué diablos estaba hablando Waylon al comentarle aquello. Después de un corto lapso, cayó en cuenta que en realidad se trataba de aquel breve momento en donde ambos se habían besado en la casa de Miles, más por influencia del alcohol que de un sentimiento o sensación mutua. Eran jóvenes, estúpidos y todo les parecía fácil en ese momento.
-¿Está enojado? ¿Acaso tengo que mudarme a otro Estado o algo por el estilo?-
Pese a que lo decía en tono bromista, había cierta preocupación en el semblante de Miles al redactar el mensaje. Eddie era un tipo grande, bastante intimidante a decir verdad. Sabía que no únicamente le superaba en edad, sino que también en fuerza y en condición física. No necesitaba ser lo suficientemente observador para notar que la contextura de Gluskin se basaba en musculo y buenos modales. Era incluso divertido pensar en lo contrastante que tenía su apariencia con su personalidad, ya que el hombre era le definición misma de lo que podría considerarse como un caballero.
La risa nerviosa de Miles salió de manera involuntaria.
-¡Para nada! Hasta le pareció gracioso. Estuvimos hablando de estas cosas durante un buen rato (: -
La sensación de tensión de Miles se disminuyó un poco al leer aquel mensaje. Lo menos que necesitaba en este momento era alguna especie de pelito con el novio de su mejor amigo. Waylon y él habían pasado muchos momentos juntos, habían pasado por muchos errores y se habían estado apoyando de diversas formas a lo largo de los años. La cercanía entre ambos se había vuelto un lazo casi familiar, por lo que realmente no había algo de qué preocuparse en todo caso. Estaba demasiado ocupado ahora, intentado sobrellevar su primera semana como voluntario en el refugio de animales. Había sido una buena idea en teoría, la parte más complicada era ponerla en la práctica.
Miles no tenía experiencia alguna con el trato de los animales antes. Le gustaban bastante y una de sus actividades favoritas era el asistir al zoológico de vez en cuando, pero su única interacción más cercana fueron los pequeños peces dorados que su madre tenía en una de las mesas de la sala, siendo incluso olvidado durante días por el propio Miles el cambiar el agua de la pecera con regularidad. Las cosas parecían más complicadas ahora, al tener contacto con perros y gatos abandonados en su mayoría.
Sabía que había llegado temprano, ya que la recepcionista no se encontraba aun en el escritorio, dándose cuenta de que el centro de refugio animal estaba bastante bien cuidado, pareciendo una clínica en todo caso, aun pese ser un centro confirmado por voluntarios, sin llegar a ser lucrativo.
Las paredes eran blancas y había algunos cuadros en las paredes en donde se miraban algunas fotografías de y certificados de los diferentes veterinarios que colaboraban en la actividad. El olor a desinfectante impregnaba el ambiente, siendo superado únicamente por el olor a medicamento que se impregnaba por estar cerca de más zonas de los consultorios. Era increíble que el centro tuviera tales instalaciones en todo caso, siendo una oportunidad para los estudiantes de veterinaria que tuvieran que practicar y aprender con profesionales sobre el área.
La recepcionista no tardó en llegar en poco tiempo, provocando que la mirada de Miles se levantara con sorpresa, como si hubiera sido descubierto haciendo algo indebido. La sonrisa de la joven no tardó en aventurarse, empezando a revisar los papeles que se encontraban en el escritorio, alcanzando una hoja de registro después de un lapso.
— Tú debes ser... ¿Miles? —
— Así es. Hablamos por teléfono la semana pasada. Soy el nuevo voluntario. —
— Sí, tengo aquí el registro de tu llamada. Dime, Miles, ¿Has tenido experiencia alguna vez en el cuidado animal? —
Miles de quedo dudando por un momento. Era sumamente fácil y común que alardeara de cosas que jamás había realizado, pero en esta ocasión debía ser completamente honesto a su criterio. El centro de rescate animal era una asociación bastante seria pese a ser de civiles y voluntarios, además de que una de sus motivaciones para estar en un lugar como este era para tener un poco más de cercanía con Chris. No era buena idea empezar este tipo de interacciones por sus intereses con el pie izquierdo, por lo que aclaro su garganta antes de responder.
— Honestamente... No. Me interesa ayudar y aprender, quisiera poder contribuir con algo. Aprendo rápido en todo caso, claro... Si ustedes me presentan la oportunidad. — Las palabras de Miles eran sinceras y fueron acompañadas por una sonrisa nerviosa. La recepcionista le devolvió la sonrisa al escucharlo, indicándole que pusiera sus datos personales en el registro, empezando a acomodar una cámara digital en un pequeño tripies para la elaboración de su gafete de voluntario.
— Básicamente somos una asociación que buscamos la protección de los animales. Nuestra tarea es rescatar el mayor número posibles de animales en situación de calle para darles un hogar temporal, hemos tenido bastantes casos de éxito en adopciones tanto caninas como felinas. Nuestro equipo lo conforma médicos veterinarios que realizan sus prácticas y gente de la comunidad que se encarga básicamente de la alimentación, la limpieza y el cuidado temporal de los animales. ¿Eres alérgico a algo en particular, Miles? —
— No soy alérgico a nada —respondió casi de manera automática. Lo cierto es que había tenido poco contacto con cosas a las que podría ser alérgico, pero no creía que hubiera problema alguno con seguir los diferentes protocolos del lugar.
La recepcionista no tardó en hacerle una indicación para que se pusiera delante de la cámara, a lo que Miles no pudo hacer otra cosa que sonreír e intentar que su rostro saliera lo mejor posible para la fotografía. Su gafete estaría al día siguiente y las actividades que realizaría durante el día sería conocer el centro y a los diferentes voluntarios en sus actividades.
Al pasar, la emoción y el nerviosismo no tardaron en aparecer en poco tiempo. No estaba seguro si durante esa jornada podría estar cerca de Chris. Estaba muy consciente de lo obsesivo que estaba volviéndose respecto al tema, pero no podía evitar actuar de esa manera cuando se trataba del mayor. Sus ojos empezaron a fijarse en todas direcciones, intentando observar a los diferentes veterinarios practicantes y a las personas voluntarias. Había gente mayor, así como jóvenes de su misma edad, quedándose bastante impresionado de lo amplio que en realidad era el centro, observando un pasillo extendido donde se miraban diferentes jaulas bastante bien cuidadas en cuanto a limpieza se trataba.
La recepcionista no tardó en presentar a Miles ante el resto de las personas, los cuales recibieron le recibieron con bastante entusiasmo a su criterio. Podía notar como un hombre y una joven se encontraban bastante concentrados en bañar a un gran danés, resultando curiosa la forma en la cual el animal parecía quedarse bastante quieto y relajado, dejando a los voluntarios realizar su trabajo. No pudo evitar preguntarse cómo serían el resto de los animales, intentando recrear alguna escena graciosa en donde los perros se intentaran revelar en contra de los voluntarios. Una sonrisa amplia salió de forma involuntaria durante la escena mental.
Después de un momento de presentaciones, Miles se quedó al lado de una voluntaria llamada Amanda, quien empezó a explicarle en que consistían las actividades a realizar y las diferentes tareas que eran asignadas, en donde por día, a cada voluntario se le asignab perros para ser atendidos y paseados por los alrededores, estando estratégicamente colocado cerca de un parque para facilitar las tareas de los asistentes.
Miles parecía entender todas aquellas indicaciones, aun pese a estar distraído en su búsqueda por encontrar a Chris por los alrededores. No podía mentir, se sentía de desilusionado de no haberlo visto durante buena parte de su jornada, pero estaba seguro de que durante los siguientes días ambos se encontraría eventualmente. No podía tener esa mala suerte todo el tiempo, ¿o sí? Sus pensamientos fueron interrumpidos nuevamente cuando Amanda se acercó con una pequeña jaula para mascotas en sus manos, dejándola sobre la mesa frente a Miles.
— Como es tu primer día y apenas eres principiante en esto, tu primera y única tarea del día de hoy será encargarte del baño y del paseo del viejo Joey —comentaba con entusiasmo, empezando a abrir la caja para revelar ante los ojos de Miles a un chihuahua que parecía de edad bastante avanzada.
El viejo Joey, como lo había llamado cariñosamente la voluntaria, tenía algunas manchas color negras sobre su lomo y pelaje blanco. Sus ojos eran oscuros y había un pequeño paliacate rojo ajustado sobre su cuello, acompañado con un collar café y una pequeña placa de hueso sujeto. Su complexión era ligeramente más robusta que la de un chihuahua normal, siendo algo bastante común en los perros durante su vejez. Parecía contento de ver a Miles en realidad, moviendo de forma suave la cola mientras el castaño terminaba por extender las manos, sujetando con gentileza al perro mientras levantaba su vista en dirección a Amanda nuevamente.
— Joey tiene más de 9 años de edad. Como podrás notar, ya está en una etapa adulta, presentando algunos problemas en su audición. Es bastante tranquilo y lento. Le gusta pasear por el parque, aunque a veces suele quedarse sentado por un largo rato cuando se cansa mucho. Por lo pronto puedes empezar con bañarlo y tenerlo listo para su paseo dentro de una hora, siempre procuramos que el clima este bien para poder sacarlo sin complicaciones, ¿crees poder hacerte cargo de Joey durante este día? —el perro levantó ligeramente su rostro, mirando a Miles directamente.
El castaño únicamente pudo sonreír, notando como el chihuahua empezaba a lamer ligeramente su brazo de un momento a otro. Siempre había creído que los chihuahuas eran una especie problemática, histérica y nerviosa, sobre todo al notar algunos de sus comportamientos al ir al parque y al verlos interactuar con sus dueños. Sin embargo, la actitud tranquila de este perro en particular le parecía bastante agradable a decir verdad, asintiendo ante el cuestionamiento de la voluntaria.
— Claro que sí, te prometo que el viejo Joey será bien atendido durante este día. —
Miles nunca creyó que bañar y atender a un perro durante un día completo podría llegar a ser tan relajante. Se sentía útil, realmente útil en realidad. El viejo Joey parecía estar disfrutando su baño al mismo tiempo, estando bastante relajado al momento de que Miles empezara a colocar el jabón sobre su lomo y patas delanteras. Nunca imaginó que los perros fueran capaces de disfrutar un baño como tal. Había creído que eran inquietos, que les gustaba salirse de la tina o que empezaban a moverse de tal manera que salpicaban todo a su paso, ensuciándose al poco tiempo de ser sacado al patio. Si hubiera sido perro, Miles habría hecho eso únicamente para molestar.
Una mano firme se plantó sobre su hombro en poco tiempo. Al levantar la vista, su sorpresa fue total al darse cuenta de que la mirada verdosa de Chris Walker estaba mirando justo en su dirección. Tenía las manos ocupadas, pero su mirada denotaba aquella emoción y entusiasmado que siempre demostraba al estar frente a Chris. Siempre se sentía nervioso, como si una sensación creciera en la boca de su estómago, sin poder controlar la ola de nerviosismo que se implementaba. El semblante del mayor siempre era tranquilo, amigable y sumamente gentil. A veces le costaba respirar al tenerlo cerca.
— ¿Cómo te va en tu primer día de voluntario, Miles? —comentaba en voz suave, empezando a acariciar la cabeza del viejo Joey que se levantó entusiasmado al apenas ver a Chris llevar, levantándose sobre sus patas traseras para lograr alcanzar su pecho. Casi parecía que Chris tenía fans en muchas partes, siendo uno de los voluntarios más queridos por los diferentes animales del centro.
— Bastante bien…intentó aprender de todos. Tengo mucho que aprender aquí. —
— Todos empezamos de cero, estoy seguro que dentro de poco podrás seguir el ritmo. Siempre has sido muy entusiasta en todo lo que haces, Miles. —
El corazón de Miles empezaba a sentirse cada vez más acelerado. Esperaba que Chris no fuera capaz de oírlo, aunque probablemente serían capaces de escucharlo hasta la recepción misma. Incluso podía sentir incluso como sus mejillas ardían ante la pena y el enrojecimiento. Mierda, ¿por qué siempre tenía que actuar como un completo idiota al estar frente a Chris? Era una suerte que el mayor fuera tan amable, ya que estaba seguro que nunca mencionaba nada sobre su comportamiento por amabilidad o gentileza.
— Parece que al viejo Joey le agradas bastante. —
— Debe ser por su edad, no ha detectado mi maldad aún. —La risa nerviosa que brotaba de sus labios era mucho más patética que otra cosa. Si sus manos no hubieran estado sumergidas en la pequeña bañera sobre la mesa, estaba seguro que estarían sudando. Tenía que aprender a controlarse al estar frente a Chris.
El mayor continuaba acariciando de forma distraída el lomo y cabeza del chihuahua. Parecía que su atención estaba completamente fija en esa acción hasta que escuchó nuevamente las palabras mencionadas por Miles. Sus ojos se dirigieron en su dirección nuevamente, provocando que el menor volviera a sentirse paralizado en su lugar, tragando saliva de manera mucho más estruendosa de lo necesario.
— Eres voluntario en un refugio no lucrativo para animales. Eres de todo, menos malvado —
Las palabras de Chris siempre tenían la capacidad de hacerlo sentir mejor. Estaba seguro que si dictaba una receta para preparar sopa de verduras en ese momento, Miles bien podría callarse y escuchar su entonación, logrando calmar parte de su pesar y su ansiedad al momento. Era increíble que una persona pudiera transmitir tales cosas con apenas unas cuantas expresiones, pero Chris siempre hacía posible aquello, pese a limitares únicamente a comportarse como lo haría en un día normal.
Habían sido pocas las veces en las cuales había visto a Chris enojado. Para su sorpresa, una de esas ocasiones fue en el incidente del bar, en donde el mayor lo había defendido y prácticamente rescatado de aquel sujeto en el estacionamiento. Miles nunca le había dado las gracias por aquello, sintiéndose bastante avergonzado de que el mayor tuviera que ser testigo de algo tan desagradable como aquello. Sus ojos se levantaron de su lugar una vez más. El ambiente se sentía distinto siempre que Chris lo miraba a los ojos. Waylon tenía razón, era casi comparable con el enamoramiento que experimentaban las colegiadas con su primer amor de secundaría.
— Nunca te di las gracias por aquella vez que me defendiste en el bar…—la voz de Miles, que siempre sonaba en todo momento clara y entonada, parecía ser una especie de susurro al pronunciar aquellas palabras. Chris tuvo que hacer un ligero recordatorio mental antes de caer en cuenta de lo que hablaba el menor. Miles continuó hablando, sin embargo. — Quisiera pedirte una disculpa también. No era mi intención que vieras aquello. Simplemente era un sujeto con el que salí un par de veces. Lo siento mucho por eso… —
Chris no tardó en negar con la cabeza. Su mano libre volvió a posarse sobre el hombro contrario, esta vez dando un ligero apretón mientras sonreía. La calidez de ese gesto repentinamente lo invadía todo una vez más.
— No tienes nada de que disculparte, solo tienes que prometerme que te cuidaras más, Miles. —No era la primera vez que Chris le decía aquellas palabras, a lo que Miles únicamente pudo atinar a asentir.
Honestamente, si era completamente sincero, esperaba que no fueran la última vez que escucharía aquellas palabras por parte de Chris Walker.
-.-
Los días pasaban mucho más lentos cuando no miraba a Eddie.
Era bastante patético tener que admitir eso, pero era la verdad. Entendía que su pareja tenía obligaciones que cumplir, además de que pasar tiempo en casa nunca resultaba del todo negativo. Su madre siempre preparaba comida como para alimentar a un ejército, dejando incluso algunos paquetes de galletas y papas fritas para que el menor pudiera ver alguna de sus series favoritas de televisión.
Waylon era aficionado a ver cosas realmente estúpidas, considerando que eso sería un buen incentivo para poder apagar su mente y dejar que sus pensamientos estuvieran aislados. Muchas de las cosas que hacía o, en todo caso, consumía, se debía al constante hecho de que no le gustaba pensar en muchas cosas. Estar en contacto con la mayoría de sus problemas solo le traía sensaciones de malestar y pesar, prefiriendo tener otra actitud en vez de deprimirse o sentirse vulnerable.
Eran pocas las ocasiones en donde podía disfrutar de la tranquilidad como en aquel día en particular. Había cosas realmente buenas que disfrutar. Su relación parecía consolidarse con mayor solidez cada vez más, su madre parecía obtener más ganancias de los diferentes negocios y locales en donde trabajaba y las últimas noticias de Miles y sus avances con Chris Walker lo mantenían en un constante buen humor durante sus días. Las cosas realmente estaban pintando bien.
Al encender la televisión, un viejo programa de concursos estaba volviendo a ser transmitido. Waylon no era del todo fan de esos programas, que tal parece que había pocas cosas que mirar durante esa tarde en particular. Intentó darle una oportunidad, pese a lo desagradable que le resultaba el conductor con aquel falso peluquín gris mal acomodado, pero el tono de voz le resultaba muy irritante para poder tolerarlo por más de unos minutos. Apagar la televisión y quedarse recostado por un momento no parecía una de las mejores ideas que pudiera realizar.
Cerró por un momento los ojos, recordando la última vez que había visto a su pareja. Aquel día Waylon había mostrado una faceta completamente distinta ante el mayor. Sentía una necesidad de querer contarle todo de su vida, todos aquellos detalles que en algún momento había intentado resguardar y ocultar ante los atentos ojos de los demás. Había secretos, traiciones y diversos problemas que pocas veces se atrevía a decir en voz alta y, sin embargo, sentía la necesidad de poder revelarse como un libro abierto frente a Eddie.
Eddie, quien siempre mostraba una sonrisa para él. Quien disfrutaba de tomarle la mano al caminar por calle, que siempre abría la puerta del auto de manera anticuada y caballerosa, quien solía dejar que Waylon se acurrucara durante las películas sobre su pecho mientras acariciaba de manera suave y gentil su espalda. Eddie, quien siempre entonaba una canción al cocinar y quien parecía disfrutar bastante desempeñando diversas tareas hogareñas, que disfrutaba de coser y realizar diferentes trabajos manuales, y quien siempre estaba dispuesto a ser el amante más gentil y complaciente que jamás había tenido nunca…
Waylon siempre se preguntaba cómo había tenido tanta suerte de encontrar a alguien como él. Las cosas buenas no pueden durar para siempre se repetía constantemente, pese a querer callar ese lado constante de inseguridad que parecía no querer disiparse nunca sobre su relación.
Decirle te amo a Eddie había significado un paso gigantesco para él. Nunca antes lo había dicho a alguien que no fuera un familiar, siendo su madre la única persona que era testigo de aquellas palabras con tal magnitud. Waylon se había sentido vulnerable al decirlas en voz alta porque entendía que eso volvía real las cosas, dando a entender que su relación pasaba a convertirse en algo mucho más realista y profundo que una simple cita de vez en cuando.
Después de un momento, el rubio decidió levantarse, empezando a encaminarse a su habitación, intentando encontrar su celular desde el fondo del bolsillo de su pantalón, retirando en poco tiempo la pila de ropa que se encontraba en una vieja mesa al lado de la cama, removiendo una silla cerca del closet para acomodarse en poco tiempo.
Dejó su celular con música a un lado mientras sacaba de un cajón cercano una libreta algo desgatada de las orillas. Estaba decorada con diferentes dibujos y garabatos, estando la mayoría en tinta negra, roja y azul, proveniente de un par de marcados que había usado hasta desgastarlos completamente. Al abrirla, pudo ver un montón de bocetos a medio terminar entre las hojas. Había bocetos de manos, de ojos, algunos otros eran de jarrones o de diferentes cosas que conformaban la decoración de su casa, logrando diferenciarse entre su a medida que pasaba las hojas, sobre todo por los avances en el trazo y la manera en la cual las cosas estaban conformadas.
Los dibujos más complejos y elaborados eran siempre referentes a su madre. Había hecho bocetos de sus manos, de sus ojos y de su rostro, logrando únicamente completar a medias un retrato que había realizado unos meses atrás, por el simple hecho de querer darle alguna sorpresa futura al regalárselo. Sabía que tenía muchas coas que perfeccionar, sobre todo en lo que refería al sombreado y a los contornos, pero Waylon sentía que durante la práctica de este pasatiempo podría destacar ligeramente al poseer algo que podría considerarse como talento.
Nunca había intentado dibujar a alguien más que no fuera su madre, pero en este momento se sentía decidido a intentarlo, empezando a buscar en su celular la fotografía que había tomado exclusivamente para que fuera una referencia. El semblante de Eddie en la imagen era completamente relajado. Había algunos mechones de cabello desordenados y una ligera sonrisa se formaba en sus labios. Waylon había fingido el enviar algún mensaje de texto despistadamente, aprovechando la oportunidad para tomar una fotografía de su pareja en una postura natural y sin pretensiones.
La naturalidad de aquella expresión era el suficiente incentivo para empezar a trazar ligeramente sobre la hoja en blanco, siendo acompañado por el tenue sonido de la música que se escuchaba del dispositivo, la cual lograba relajarlo de una manera que nunca imaginó que estaría.
No sabía si era por su estado de ánimo, por sus ideas constantes o por la forma en la cual se habían dado las cosas de un momento a otro, pero Waylon repentinamente sentía el deseo de poder plasmar más emociones y sentimientos no únicamente sobre el papel, queriendo revelar cada vez más secretos ante la atenta y azul mirada de su novio, como este talento casi completamente desconocido y olvidado. Hacía mucho tiempo que no tenía deseos de dibujar.
Los ojos de Eddie eran la cosa más impresionante que había visto. Hubiera deseado que sus manos tuvieran la capacidad para poder proyectar lo hermosos que en realidad eran. Se sentía extraño, como si sus pensamientos e ideas se salieran fuera de su control, teniendo el único deseo de poder reflejar en los trazos la manera en la cual se sentía, en la cual experimentaba aquellas emociones cada vez más intensas, sin poder controlar el sentimiento constante de querer demostrar por todos los medios la forma tan particular en la cual experimentaba todo.
When I'm misunderstood
Try as hard as you can
I've tried as hard as I could
to make you see
How important it is for me…
— Here is a plea from my heart to you, nobody knows me as well as you do. You know how hard it is for me to shake the disease…—la voz de Waylon salió de forma baja y suave. Únicamente se atrevía a cantar cuando estaba solo en casa, como en aquella ocasión en donde realmente sentía la necesidad de hacerlo. La música era a un ritmo muy lento al ser en vivo, cerrando por un momento sus ojos mientras imaginaba el momento preciso en la cocina.
¿Cuándo se había transformado en una persona tan romántica? Quizás nunca lo sabría. Sus trazos continuaron dibujándose sobre el papel hasta que en poco tiempo tenía un boceto de la mitad del rostro de Eddie en su libreta. Había sido bastante cauteloso en la zona de los ojos. Incluso en esta ocasión quería atreverse a colorear, aunque resultaba algo muy difícil en ocasiones. Waylon tendría que agradecerle de alguna manera todas las atenciones recibidas en los últimos meses, no teniendo otros medios más que plasmar parte de esas emociones de aquella forma, siendo aprendido por su madre de pequeño.
Las expresiones artísticas habían sido una constante en Alma Park, siendo bastante lógico que ese talento fuera casi heredado por su hijo. Había pocas cosas en Waylon que realmente le hicieran sentir libre, que realmente pudieran deshacer esa opresión que experimentaba constantemente en la garganta, durante situaciones como estas.
Aunque me cueste trabajo, siempre quedo muy feliz con el resultado. Este es my safe place (?)
