Hola a todos y todas! Bueno chicos, cada cosa tiene que llegar a un fin. Y este es el final de mi fic. Quiero agradecerles a todas esas maravillosas personas que decidieron leer mi historia, y se dejaron embriagar por tanta locura. Creo que he crecido a lo largo de este fic, en el cual cada capítulo demuestra una faceta distinta que viví durante estos meses. Y este fic es fiel muestra de ello, así que estoy muy feliz de haberlo escrito. No me arrepiento en lo absoluto de haber escrito un AU, ya que me trajo gratos resultados. Agradecimientos especiales a esas personas que agregaron a mi historia o a mi a sus favoritos/alerts, etc! Les dejo aquí la última y tan esperada batalla. Hay acción y mucho, muucho sentimiento. Espero les guste, y si lo desean me dicen, y alegran aún más el día, con sus comentarios. Sayonara y hasta la próxima!
-KOROSAZU NO RUROUNI-
"Battling Against the Past"
Part II
En su vida, Kenshin nunca antes había sentido tanta rabia como la que experimentaba en aquel entonces. Y es que el ver a Kaoru ser tratada como un simple rehén, como un objeto que se manipula fácilmente, le hacía hervir la sangre. La iba a liberar a toda costa. No le importaba ni en lo más mínimo el precio que debería que pagar por hacerlo. Iba a quitar esas repugnantes manos de Kamatari que apresaban la delicadez de aquella mujer. De eso estaba seguro.
Con su Sakabatou en mano y una velocidad casi inhumana, se dirigió contra Kamatari. Pero para su sorpresa, un segundo hombre se interpuso en su carrera hacia Kaoru. Era Soujiro, quien con su sonrisa tan peculiar aún en su rostro, desafió a Kenshin a luchar contra él. El Rurouni se detuvo de un momento para otro, y al ver que Soujiro asumía posición de batalla sin dar preámbulo alguno, él hizo lo mismo. Enfundó su katana, y posó mano sobre el mango de ésta. Kenshin iba a utilizar su Hiten Mitsurugi Ryu (1); técnica en la cual él era el experto. El viento comenzó a mover las altas copas de los árboles, dando así una señal para comenzar el enfrentamiento.
Nadie se atrevía a hablar palabra alguna, ya que tal acción sería totalmente irrespetuosa al momento que se estaba viviendo. Soujiro comenzó a dar pequeños saltos en el mismo lugar donde se encontraba, y de un segundo a otro, desapareció ante los ojos de todos. El enfrentamiento había comenzado, y nadie presente lograba diferenciar lo que estaba ocurriendo.
- ¡Sukuchi (2)!- se oyó decir a Soujiro, y un extraño fenómeno ocurrió ante los ojos de los espectadores. El suelo comenzó a abrirse, como si con los pasos de Soujiro éste se destruyera.
Todo indicaba que el hombre se dirigía a gran velocidad para arremeter contra el pelirrojo. Kenshin logró detener el golpe con su Sakabatou dificultosamente. Gracias la inercia del golpe, su cuerpo se vio empujado hacia atrás, pero no cayó. Frente a sus ojos pudo ver nuevamente el cuerpo de Soujiro aparecer como si nada. Interpusieron sus armas una contra la otra y se mantuvieron en ese estado por un tiempo. A pesar de encontrarse estáticos, se podía diferenciar de inmediato la fuerza que ejercían ambos contrincantes con sus katanas. Lo que más le sorprendía al pelirrojo, era que en ningún momento Soujiro abandonó su risa tan particular, esa expresión careciente de sentimientos. Pero ello cambio en el momento en que Soujiro se alejó del Rurouni, y cambió su expresión por una seria.
- No logrará vencer mi Sukuchi. Ríndase de una vez Battousai-san. El más fuerte vivirá, y el débil morirá. Usted es el débil en este momento.- sentenció él dándole la espalda.
- No me subestimes.- agregó él, mientras cabizbajo asumía posición de batalla nuevamente. Algo en su manera de actuar había cambiado. Ahora hablaba sereno y suave, pero demostrando una amenaza inexplicable en su voz.- Tu Sukuchi será bueno, pero no lograrás nada si continúas peleando así. Eres demasiado predecible.
Kaoru comenzó a temblar al escuchar la manera de hablar de Kenshin; hablaba como un asesino. Él no era el mismo Rurouni que vivió en su casa junto a ella. Ante sus ojos tenía un hombre el cual se había rendido a la furia e ira, y se había dejado dominar por ellas. Kaoru se sintió frustrada al no poder hacer nada al respecto, y un sentimiento de angustia pareció ahogarle por completo. Sabía que no podía intervenir y ayudar a Kenshin a volver en sí, ya que el más mínimo movimiento podía significar su propia muerte. El hecho de tener a un Kenshin tan diferente del que llegó a conocer, le partía el alma. Ella no quería verlo así, le aterrorizaba la idea de perder a aquel sereno y taciturno compañero. La joven kendoka vio como flexionaba sus piernas poco a poco. Iba a contraatacar en cualquier segundo, de eso estaba segura.
- ¡Hiten Mitsurugi!- aulló él a todo pulmón mientras se disponía a avanzar contra su contrincante.
- No podrá vencerme mientras siga dejando que sus sentimientos interfieran en la lucha Battousai-san.- advirtió Soujiro al introducir su arma a su Saya.
Se volteó para encarar a su enemigo, pero para su sorpresa no lo encontró por ningún lado. Kenshin pareció haber desaparecido ante sus ojos como si de una ilusión se tratase. La tierra se lo había tragado, dejando absolutamente ninguna evidencia de su existencia. ¿Era acaso parte del Hiten Mitsurugi Ryu de Kenshin, el desaparecer de la vista de los demás? Soujiro se impacientó más que nunca, al ver que no encontraba el paradero de su contrincante.
- ¡Kuso! ¡Soujiro, está arriba tuyo!- gritó Cho sorprendido al ver la silueta del Rurouni en lo más alto de los cielos.
Soujiro dirigió su mirada hacia arriba y ahí lo encontró. Fue un momento único: junto con la aparición del sol por las montañas y sus primeros rayos que iluminaban, el Rurouni comenzó a decender a gran velocidad. Con la Sakabatou de Kenshin apuntando hacia su cuerpo, Soujiro utilizó su Saya como escudo para recibir el inminente golpe. Kenshin no demoró en tocar con sus pies el suelo. Todos los presentes observaron impactados lo que había recién ocurrido; en el momento en que el Rurouni pisó el suelo, la Saya, junto a la katana de Soujiro, se partieron por la mitad. Aparte de ello, Soujiro recibió un corte en su pecho, cosa aún más impactante, ya que nunca antes había sido herido por alguien en una batalla.
Seta cayó al suelo, rendido y absorto en sus pensamientos. No creía que había sido vencido tan fácilmente. El silencio permaneció por unos segundos, ya que nadie encontraba palabras para mencionar después de la corta, mas aún emocionante lucha. Nadie creía cómo el guerrero más poderoso del Jupon Gatana había sido vencido por el Rurouni. Estaban atónitos, incapacitados de realizar cualquier movimiento o sonido. Tan solo se escuchaba el fuerte viento crear una melodía embriagadora junto a las hojas de los árboles.
- Si no quieres terminar como tu amigo, deja a Kaoru-dono libre.- dijo Kenshin dirigiéndose a Kamatari.
Ante la advertencia a Kamatari, Usui no le quedó más que intervenir.
- Tu próximo contrincante seré yo.- advirtió él desenvainando su katana.
- Hai.- se limitó a responder el pelirrojo mientras introducía su Sakabatou en su Saya.
Kenshin no dejaba de lado su manera de hablar y de expresarse. Continuaba dirigiendo palabras llenas de amenaza y sigilo. Sus ojos no eran los de siempre; tenía una mirada más astuta.
Ambos asumieron posición de batalla. Los espectadores se impacientaron, ya que estaban a punto de presenciar otra colosal batalla. El Shinganu Ryu de Usui se vería enfrentado al Hiten Mitsurugi Ryu de Kenshin. ¿Quién saldría victorioso esta vez? Una tensión indescriptible se sintió en el aire. El viento rugió con más poder, y la quietud del ambiente desapareció. En cualquier segundo comenzaría la segunda lucha.
En ese instante, antes de que ambos luchadores dieran su primer paso, un proyectil proveniente de entre los espesos árboles atacó contra Kamatari. A causa del imprevisto golpe, se vio obligado a dejar a Kaoru libre, ya que su mano había comenzado a sangrar a causa del roce. Empujó a Kaoru, y ella, quien todavía se encontraba bajo los últimos síntomas del cloroformo, perdió el equilibrio y cayó al suelo. Inmediatamente Kenshin corrió en su dirección, ya que vio cómo otros miembros del Jupon Gatana disponían a apresarla nuevamente.
- ¿Daijoubu desu ka, Kaoru-dono?- preguntó el mientras la resguardaba entre sus brazos.
Nuevamente algo había cambiado en él. Kaoru reparó en el instantáneo cambio en su manera de hablar y de actuar. Era Kenshin nuevamente, ese Rurouni que no mataba. Parecía que el hecho de luchar y enfrentarse a alguien, por un bien mayor, lograba en Kenshin el despertar de su lado oscuro. ¿O era solamente porque se encontraba Kaoru de por medio? No lo sabía, pero la idea de volver a ver al Battousai del Bakumatsu le estremecía por completo.
- Hai, daijoubu Kenshin-kun.- contestó ella con una sonrisa en su rostro. Estaba feliz de tener al Rurouni nuevamente a su lado, y no en el campo de batalla.
Kenshin se sintió hipnotizado por aquella hermosa sonrisa que se dibujaba en las finas facciones de Kaoru. Sus expresiones, sus ojos, su aroma; todo en ella le encantaba. Por un momento se dejó llevar por sus emociones, y quedó estático mirándola. Ella hizo lo mismo. Y es que el tener al Rurouni tan cercano a ella, el erizaba la piel. Sintieron como el tiempo se detuvo y todo lo ajeno al momento que compartían desapareció. Pero ello no duró por mucho tiempo.
- ¿¡Quien fue el que me lanzó una kunai?!- interrumpió Kamatari furioso al ver que su mano continuaba sangrando. Dirigió su mirada al arma agresora que yacía estocada en el suelo.
Todos en el lugar se pusieron alerta. Habían recibido el ataque sorpresivo de alguien resguardado entre la espesura de la naturaleza que les rodeaba. Decenas de ojos examinaban el alrededor, intentando encontrar el lugar para contraatacar. Un ambiente tenso volvió, y el silencio permaneció por varios minutos.
- ¡Oi, oi! Nunca pensé que una simple kunai fuera capaz de enojarte tanto Kamatari.- dijo una voz femenina ajena a todos los enemigos, mas aún una voz familiar para Kaoru y Kenshin.
Los Jupon Gatana se impacientaron al ver que todavía nadie hacía acto de presencia. Sorpresivo fue el que de la nada, Iwanbo cayera desmayado al suelo. Todos se voltearon para ver como su camarada yacía inconciente. No tardó mucho para que un segundo fuera a caer al suelo. Esta vez fue el estratega Saitsuchi quien de dolor se retorcía a causa de recibir una kunai envenenada. Con dos hombres incapacitados para luchar, otro sin arma, y el último con la mano herida, el Jupon Gatana vivenció una cruda realidad; estaban en gran desventaja ante un enemigo aparentemente invisible. .
- Ahora la pelea será más justa. ¿Qué se siente ser emboscados?- preguntó irónicamente Sanosuke, quien con los demás aparecieron repentinamente.
- ¡Yokatta Sanosuke!- se alegró Kaoru.
Todos con sus armas, se dispusieron enfrente de cada Jupon Gatana. Aoshi y Misao lucharían contra Usui y Cho. Sanosuke, por otra parte, se enfrentaría a Angi y Kamatari, y por último Yahiko contra Henya. Un ambiente de confianza por parte de los miembros del Dojo Kamiya se sentía latente. Sabían que no iban a perder. Lucharían con todas sus fuerzas para derrotar a las escorias que por tanto tiempo causaron problemas en sus vidas y en las de los habitantes de Tokio. Así comenzó su propia batalla la cual amenazaba con ser espectacular.
- Kenshin tú tienes una batalla que librar. No te preocupes de estas basuras, nosotros nos encargaremos, amigo.- dijo Sanosuke mientras se disponía a arremeter contra Angi.
Kenshin asintió con la cabeza y después de ver que Kaoru se encontraba en buenas condiciones, se encaminó en dirección de las escaleras. Antes de emprender su camino, dirigió su mirada arriba y dio un gran suspiro. En la cima de la montaña, junto al Templo de Buda, Saito le estaría esperado para rendir la batalla de su vida. Por fin había llegado el momento en que encararía a ese hombre, quien tanto mal le hizo durante estos dos años. Por otro lado, sabía muy bien lo que estaba perdiendo al ir a la lucha; a Kaoru. Esa muchacha que le fascinó desde el primer momento que la vio. Pero ese era un precio que estaba dispuesto a pagar, si eso significaba su bien.
- ¿Kenshin?- le llamó Kaoru con expresión de preocupación, evitando que el aludido diera otro paso más.- ¿De verdad irás a ese lugar?
- Hai.- Al ver que la joven bajaba su cabeza, el Rurouni se vio obligado a hablar. Tenía que confesarle todo, antes de ir a la batalla. Era su última oportunidad de ser sincero con ella, y no dejaría esta oportunidad escapar.- Kaoru-dono, antes de que Sessha se vaya, hay algo que debo decirle.
Los húmedos ojos de Kaoru reflejaron una angustia impresionante. Ella sabía a la perfección de qué era lo que el Rurouni quería hablarle. Sin premeditación alguna, su cuerpo entero comenzó a temblarle. El momento de la verdad había llegado. Y a pesar del caos que se estaba viviendo a su alrededor, a causa de las luchas, sintió como si fueran las únicas personas presentes.
- A estas alturas usted debe saber, que Sessha es Battousai.- comenzó con una expresión llena de culpa en su rostro.- Sé perfectamente qué es lo que eso significa para usted. Sessha es uno de los causantes de tanto sufrimiento en su vida Kaoru-dono, y eso es algo que no puedo soportar vivir.
- Kenshin, yo…- intentó interrumpirlo, pero no hubo caso, ya que el pelirrojo continuó hablando.
- Pero eso no es todo Kaoru-dono. Una vez, cuando íbamos caminando por la noche juntos, usted me habló de su pasado. De su niñez, y cómo el Choshu Ishin Shishi la habían destruído. Me contó cómo logró salvarse de nosotros, y ahí fue…- dio una pausa para recobrar sus fuerzas. Apretó sus puños y dando un gran respiro continuó:-… ahí fue cuando un recuerdo de mi pasado surgió en mi mente. Durante mis tantas emboscadas a palacios, tuve que presenciar uno… uno que fue diferente. Normalmente nuestra tarea era eliminar a todos los habitantes de los palacios, pero esa vez fue distinto. Una jovencita quedó viva, a pesar de que sus amigas hayan muerto en el acto. Mi deber era el asesinarla en ese instante, pero la expresión en su rostro no me lo permitió. Vi en ella deseos fervientes de vivir. Sus ojos daban muestra de tristeza, pero a la vez pude ver que no quería morir. Por eso la dejé escapar.
Kaoru conocía a la perfección aquella historia. Y el escucharla de la boca de Kenshin le produjo incomodidad. Pero en un punto, su relato tomó un rumbo totalmente inesperado para ella.
- Después de haberla dejado vivir, le seguí los pasos. Tenía que presenciar con mis propios ojos, cómo esa joven luchaba por seguir adelante. Cruzó la ciudad entera, hasta llegar a un riachuelo. En él, hermosas luciérnagas iluminaban el lugar. Algo en mi dijo que debía hacer más por ella. Por eso es que aparecí a su lado. Le dije que vaya a Tokio, que allí encontraría un hogar y resguardo de los enfrentamientos… Yo soy Shinta Kaoru-dono. Y no sabe lo que me atormenta la idea de ser su héroe, y a la vez la persona que destruyó su vida.
Los ojos de Kaoru ya no aguantaron más, y lágrimas sin consuelo cayeron a lo largo de su rostro. Sintió cómo la angustia le ahogaba el alma. Deseaba dejar de escuchar las palabras del pelirrojo. ¿Qué significaba esto? ¿Era acaso una broma de mal gusto? No se suponía que esto debía ocurrir. Kenshin era nada más que Battousai. No podía ser Shinta. Ahora todo había cambiado. Kaoru vivenció tanta confusión en su interior, que no sabía si era correcto sentir lo que sentía por el Rurouni.
- Por favor Kenshin…- dijo con una mano en la boca, intentando apaciguar sus sollozos.
- Después del Bakumatsu, Sessha se prometió en no entablar amistades con nadie. Mi deber era solo el ayudar. Pero después de que la conocí Kaoru-dono, usted cambió todas mis percepciones.- comenzó él cabizbajo. Kaoru tan solo lo observó, sin decir palabra alguna.- Con el tiempo, usted dio vuelta mi mundo. Y sin darse cuenta, Sessha se enamoró de usted.
Una fuerte ráfaga de viento azotó los cuerpos de ambos. Los gritos y aullidos de los que se encontraban luchando, no fueron causantes de interrupciones. Tras las palabras de Kenshin, el corazón de la joven se comprimió por completo. Una mezcla de sentimientos se apoderó de ella. Ya no sabía qué hacer. Kaoru tenía en frente de ella a un hombre quien con su enorme sinceridad, había logrado dejarla sin palabras.
- Kenshin… Tú… representas a todo el sufrimiento que viví en estos tiempos…- sentenció ella cabizbaja. Su voz estaba a punto de quebrar, y sus sentimientos reflotaban con cada lágrima derramada.
El rostro de Kenshin no demostró sorpresa, ni mucho menos frustración. Al contrario, reflejó entendimiento. Una hermosa sonrisa se dibujó en su rostro. Pero era de esas sonrisas que demostraban un dejo de tristeza oculta. Su ojos, más taciturnos que nunca, daban muestra a lo que el pelirrojo experimentaba en su interior. Él sabía perfectamente que esa sería la respuesta a sus confesiones. Pero no estaba enojado. De hecho, comprendía los actos de Kaoru a la perfección. Sin dejar pasar ni un segundo más, dio una pequeña reverencia como forma de despedida, y comenzó su camino hacia el templo, dejando a Kaoru sola.
- Tú representas mi sufrimiento… y aún así llegué a amarte…- terminó de decir ella entre sollozos, mientras sus piernas flaqueaban. Kaoru cayó al suelo y, en compañía de tan solo la soledad, continuó maldiciéndose el no haberle dicho lo que sentía a Kenshin. Lo había perdido. Y ahora no había nada para evitarlo.
La aparición de un majestuoso e imponente templo daba aviso que Kenshin ya había llegado al lugar acordado. Ante sus ojos presenciaba el Templo de Buda. Dio los últimos pasos, hasta llegar al final de las escaleras. Delante del tempo la silueta de un hombre advirtió al pelirrojo que no se encontraba solo. A pesar de vestir un uniforme policial, era un rostro muy familiar para Kenshin. Frente a él tenía a su eterno enemigo; Saito Hajime.
El viento pareció dar su último rugido, mientras el astro solar se posicionaba en lo bajo de los cielos, como único testigo del primer encuentro de los hombres. Sus ojos se encontraron, y en aquella interacción se transmitió todo tipo de desagrado. Esa era la primera reunión después de varios años pasados. Kenshin caminó en su dirección, aún así manteniendo una distancia prudente. El sonido producido por las sandalias del pelirrojo caminando sobre el suelo, hacía eco por todo el templo. Saito, a su vez, botó el cigarrillo que fumaba, y una sonrisa curvó sus labios. Este era el momento tan deseado por él.
- Tanto tiempo sin vernos Battousai. Debo admitir que eres la basura más difícil para seguirle el paso, que he conocido.- habó Saito.
- Debo suponer que has conocido a bastantes.- contestó él seriamente.- ¿Qué es lo que buscas de mi Hajime? ¿Qué planeas con involucrar a toda esa gente? ¿Hacerme enojar?
Esa era la pregunta que había atormentado a Kenshin durante dos largos años. Aquellos años de los que se aseguró nunca encontrarse ni con la sombra de Saito. Porque sabía a la perfección cómo terminaría el encuentro; en una batalla. Una lucha que le llevaría a viajar por el pasado, para así encontrar a su lado más oscuro. Aquel guerrero el cual había intentado mantener dormido en su interior. Ese asesino que le visitaba en sus pesadillas, y le recordaba las atrocidades que había cometido. A lo largo que avanzaban los minutos, los ojos del Rurouni cambiaron. Un resplandor de furia se dejaba ver en ellos, agudizándolos. Eran ahora, ojos fríos y calculadores. Hace muchos años que Kenshin no mostraba esa mirada tan amenazante.
- Tú y yo tenemos una batalla pendiente Battousai. Es la que definirá cuál de los dos es el más poderoso. Cuál de los dos debía haber obtenido la victoria de las centenares de veces que luchamos y fuimos interrumpidos. Despertaré ese asesino que corre suelto por tus venas Battousai.- admitió Saito con añoranza por su pasado.
- Iie. No hay batalla pendiente que yo recuerde. La última vez que nos vimos las caras por las oscuras calles de Kyoto, pensé que todo estaba saldado. Tú te encargabas de ir a proteger al Shogun, mientras yo iba a atacarlo. No hay ningún asunto pendiente entre tú y yo.- dijo Kenshin sin dejar su seriedad y su mirada desafiante de lado.- Además, yo ya no soy la misma persona que era en el Bakumatsu. He cambiado Hajime. Mis días de asesino quedaron en el olvido y ahora me dedico a proteger a la gente, sin necesidad de matar.
- ¿Un Rurouni que no mata? No me hagas reír Battousai. Dos años serán mucho, pero nunca tanto como para haber desprendido tu pasado completamente de tu presente.
De pronto, y sin previo aviso, Saito asumió posición de batalla. Con su Nihontou en mano izquierda y la derecha por sobre ésta, daba muestra a aquella técnica tan fantástica y casi invencible, a la cual Kenshin se enfrentó centenares de veces en el pasado. El Gatotsu (3) era el estilo tan característico de Hajime Saito. Prácticamente una persona era la que se había enfrentado a ella y vivía para contarlo. Esa persona era el Hitokiri Battousai del Bakumatsu. A su vez, Kenshin hizo lo mismo. Flexionó las piernas y en un segundo decisivo, se abalanzó con toda su rapidez en contra de Saito.
En su carrera hacia su enemigo, Kenshin desenvainó su Sakabatou en el último momento y el sonido de carne destajándose sonó en sus oídos. Aunque Saito haya puesto resistencia, el ataque de Kenshin había logrado llegar a su objetivo; el primer sablazo le había herido en el brazo izquierdo de Hajime. Así continuó la lucha, en donde los cuerpos arremetían uno contra el otro. Los sablazos y ataques eran alimentados por el éxtasis que provocaba la lucha. Esa sensación era la que provocaba en Kenshin el perder su norte. A cada golpe dado, Kenshin se introducía más y más en aquel destajador de los tiempos pasados. Corte tras corte, unos acertaban y otros no. Así finalmente los cuerpos se separaron a una distancia prudente.
- Como lo imaginé Battousai. Cada vez que blandes tu espada, poco a poco vuelves a ser el asesino que alguna vez respondió por el nombre de Battousai.- dijo Saito tras analizar a Kenshin durante toda la pelea.
- Basta de habla Hajime.- respondió Kenshin sin reflejar siquiera asombro por la aseveración de su enemigo. Sus ojos continuaban astutamente entrecerrados, y un dejo del Battousai de antes lograba mostrarse en ellos.
- Es hora de luchar de verdad Battousai. El Gatotsu con el que combatí, no es ni la más mínima muestra de lo que es de verdad. ¡Prepárate!- anunció Saito posicionando su mano izquierda más arriba de lo normal. Ese era el verdadero Gatotsu. El mismo que utilizaba para matar en el pasado Bakumatsu.
Así Saito se dirigió contra Kenshin, quien había enfundado su Sakabatou para utilizar su Hiten Mitsurugi Ryu. En lo alto de las copas de los árboles, los pájaros huyeron volando, después de haber escuchado el rugido de ambos contrincantes al chocar sus espadas.
La pelea contra el Jupon Gatana estaba dando gratos resultados. Ahora había más hombres tendidos en el suelo. Tras cada golpe y ataque, se confirmaba una gran realidad: Shishio y sus hombres estaban siendo vencidos. Henya había sido vencido por Yahiko, quien con su bokken no dudó en destruirle sus alas, literalmente. Cho yacía inconciente al lado del ya antes caído, Iwanbo. Usui rendía una colosal batalla contra Aoshi, quien con sus kodachis le demostraba lo fuerte que podía llegar a ser. Angi luchaba puño a puño con Sanosuke. A pesar de su menuda figura, en comparación con Angi, Sano estaba dando una gran resistencia. Los golpes de Angi arremetían más fuertes que los de Sanosuke, pero aún así él no se rendiría. Tenía su orgullo que proteger.
Kamatari a su vez, a pesar de haber sido herido en la mano, no se daba por vencido. Él luchaba en honor a los planes de su querido Shishio-san, pero esas razones le eran inútiles al momento de enfrentarse contra Misao. En un momento de pausa que se dio entre ambos, para recobrar el aliento perdido, Misao notó que Kaoru se encontraba aún apoyada sobre el suelo. Con su mirada en las interminables escaleras, parecía estar perdida en el presente.
Con las intenciones de alejar para siempre a Kamatari de ella, Misao le lanzó una kunai que contenía veneno en ella. Con el más mínimo roce, lograría en el hombre la inconciencia inmediata. Y para su agrado, así fue. Al ver que Kamatari ya no le era un estorbo, se dirigió hacia Kaoru.
- ¿Qué haces aquí Kaoru?- le preguntó desafiante.
- ¿A qué te refieres Misao? Kenshin se fue, y no volverá.- contestó ella demostrando gran dolor en sus palabras.
Kaoru ya no lloraba, pero sus ojos se mantenían irritados. Y es que las últimas palabras que compartió con Kenshin le ocasionaron gran confusión. Él era esa persona a quien una vez llegó a odiar, a quien alcanzó a admirar y a quien descubrió poder amar. Ahora que Kenshin había ido a la batalla que definiría su destino, no había nada que ella pudiera hacer.
- ¿¡Qué estás diciendo Kaoru?!- le inquirió mirándole a los ojos.- ¿Es que acaso no te das cuenta que tú eres la única persona que puede traer de vuelta a Himura? Tú eres la única capaz de evitar que Himura sea absorbido por su pasado nuevamente. Él te necesita a su lado para rendir la batalla. ¿Acaso no quieres volver a tenerlo junto a nosotros?
Los ojos de Kaoru se abrieron de par en par. Tras meditar las palabras de su amiga reparó en que tenía la razón. Lo que más anhelaba en ese momento era el volver a ver a Kenshin. Deseaba con todo su ser el reír junto a él nuevamente, sin preocuparse del futuro y olvidando el pasado. Kaoru tenía miedo de perder a Kenshin, a causa de la batalla que estaba librando. Sabía que existía una posibilidad de que el Battousai que vivió en el pasado resurgiera, así como casi lo hizo en el enfrentamiento contra Kamatari. Y ella era talvez la única que podía evitar ese tan terrible desenlace.
Asintiendo con la cabeza en forma de despedida hacia Misao, se dirigió a las escaleras. Comenzó a correr a toda velocidad, en dirección del templo que presenciaba la lucha de Kenshin. Su corazón latía fuertemente, pero no era a causa del cansancio, sino de la desconocida situación a la que se iba a enfrentar. A la cercanía veía el fin de las escaleras, y como sonata en la naturaleza se escuchaba el sonido del metal contra metal. Cuando llegó al final, no pudo dar crédito a lo que sus ojos miraban. Su pecho se comprimió, e inmóvil de la impresión quedó.
El verdadero Gatotsu de Saito, le daba honor a la leyenda que creó con él. A cada golpe, Kenshin sentía como su cuerpo se iba debilitado, pero su energía nunca. A pesar de haber recibido varios cortes en el cuerpo, brazos, rostro y piernas, el éxtasis que producía la batalla le permitía seguir luchando. Ya estaba tan introducido a la lucha, que todo lo ajeno a ella pareció desvanecerse hasta desaparecer. No era capaz de dar cuenta de lo que ocurría en su alrededor. Lo único que importaba era el continuar con la batalla.
Tras un golpe, ambos contrincantes saltaron hacia atrás aumentando la distancia entre ellos. Rápidamente volvieron a asumir sus respectivas posiciones. Era como si estuvieran luchando en el Bakumatsu nuevamente.
- Esta técnica es mi favorita. He eliminado a cientos de enemigos con ella, Battousai. No lograrás vencerme. Tu lema de no continuar matando ha deteriorado tu estilo de batalla. ¡Eres un ser patético!- dijo él mientras se abalanzaba contra Kenshin.
El siguiente ataque ocurrió en tan solo segundos: Con su Hiten Mitsurugi, Kenshin desapareció de la vista de Saito, para así aparecer arriba de él. Saito sabía perfectamente cómo iba el ataque de Kenshin, por lo que no le sorprendió en lo más mínimo. Para tomarlo desprevenido apuntó su Gatotsu hacia el Rurouni, quien gracias a la fuerza de gravedad tendría que caer en algún momento. Así fue como la Nihontou de Saito se estacó en el hombro de Battousai, hiriéndole a gravemente. Ése golpe fue presenciado por Kaoru, quien acababa de llegar al destino. Con ambas manos cubriéndole la boca y una expresión de terror en su rostro, quedó inmóvil.
Gran cantidad de sangre salió del cuerpo del pelirrojo al desprenderse de la arma de Saito. Dando un salto para obtener una distancia segura de su contrincante, Kenshin se llevó la mano a su herida. Su rostro miraba al suelo, mientras observaba como gotas de sangre marcaban prudentemente el suelo. Su respiración comenzó a ser cada vez más pesada. A pesar de su cansancio, no le dio mayor importancia a su herida. Levantó la mirada hacia Saito, con un rostro inexpresivo.
- Ken… Kenshin…- balbuceó Kaoru cuando reparó en la expresión del aludido.
Su corazón se heló por completo al ver lo que sus ojos presenciaban. Al frente suyo tenía a un Kenshin completamente diferente. Sus expresiones carecían de sentimiento alguno. No se veía dolor, miedo, ni furia en él. Sus ojos… daban un destello ámbar amenazante. Era la misma persona a quien observó por detrás de un armario dos años atrás. Kenshin había vuelto a tener esa mirada de asesino. Ahora tenía frente a ella, al mismo Hitokiri Battousai que se hizo leyenda en el Bakumatsu.
- ¡Esa es la mirada del Battousai que conocí! Por más que quieras evitarlo, el asesino del Bakumatsu sigue viviendo latente en tu interior.- rió Saito satisfecho por lo que había logrado. ¡Tus deseos de continuar con la batalla, sobrepasan tu fuerza de voluntad!
- Ikuso.- se limitó a decir Kenshin con un tono de voz sosegado. Dio vuelta su Sakabatou para así utilizar el lado con filo. Ahora la batalla iba enserio.
Al ver la acción cometida por Kenshin, Saito no pudo evitar sonreír. Era una sonrisa sádica, que erizó la piel de Kaoru. Ella, en cambio, cuando reparó en lo que haría el Rurouni, sintió una angustia desbordante fluir por sus venas. Kaoru no quería ver a Kenshin convirtiéndose en el demonio que tanto había intentado dejar de lado. Pero sabía que los hombres ignoraban por completo su presencia. Era como si estuvieran luchando en otro espacio, en otro tiempo. Estaban rindiendo una batalla en el pasado. Pero aún así sintió que debía hacer algo para detener a Kenshin. ¿Cómo lo haría si se sentía incapaz de mencionar palabra alguna?
Así arremetieron nuevamente para encontrar sus katanas. Pero esta vez fue distinto. El estilo de combate de Kenshin había cambiado. En el instante en que su Sakabatou se encontró con la Nihontou de Saito, Kenshin dejó ver su nueva técnica. El Amakakeru Ryu no Hirameki (4), una técnica hecha para proteger a las personas, pero si era utilizada en una situación de furia y sed de venganza, podía llegar a ser letal. Al no esperarse tal ataque Saito se vio sorprendido, e incapaz de detener el inminente golpe.
Todo ocurrió en cuestión de segundos. La Sakabatou de Kenshin estaba a punto de tocar el cuerpo desprotegido de Saito. Aquel instante fue crucial: en el momento en que Kenshin levantara el cuerpo de Saito por los aires, utilizando la parte de filo de su Sakabatou, era un hecho que le heriría a muerte. Pero se encontraba cegado reviviendo los momentos de su pasado, en una batalla del Bakumatsu. Y en esas condiciones no podía divisar realmente lo que estaba a punto de cometer.
- ¡KENSHIN! ¡Detente de una vez!- gritó Kaoru a todo pulmón, al ver que la espada con filo se acercaba a la zona abdominal de Saito.
Aquel grito fue como un resplandor de luz en la oscuridad en que Kenshin se encontraba. Gracias a la voz de Kaoru rogándole que se detenga, alcanzó a invertir el filo de su Sakabatou a último momento. A causa de ello, en el instante en que levantó el cuerpo de Saito por los aires con su katana, fue con el filo invertido. El cuerpo de Saito cayó inconciente al suelo. Y es que a pesar de haber utilizado su Sakabatou correctamente, el golpe iba dirigido con gran fuerza. Kenshin se quedó estático por unos segundos. Dándole la espalda a Kaoru, respiraba con dolor a causa de sus múltiples heridas. Al frente suyo tenía el cuerpo de Saito inconciente. Kenshin había resultado victorioso, pero a pesar de ello la situación parecía todo, menos victoriosa. Se limpió la sangre que tenía en sus labios y se dio media vuelta.
Kaoru vio como Kenshin le dedicaba una mirada la cual nunca se esperó. Había vuelto a ser el mismo despistado pelirrojo que le había cautivado su corazón. Sus ojos eran violetas y su expresión era una sonrisa de agrado. A pesar de tenerlo a una gran distancia de ella, lo sintió más cerca que nunca. Kaoru se iba a disponer a acercársele, pero él la interrumpió.
- Arigato Kaoru-dono. Hontou ni Arigato (5).- le dijo dedicándole una cálida expresión.
Kaoru no supo porqué, pero esas palabras sonaron como una despedida. Y estaba en lo correcto. Después de las palabras dichas, el pelirrojo dio media vuelta y comenzó a caminar en dirección opuesta a la de Kaoru. Sus sandalias pisando el suelo despavimentado, hacían única compañía a una Kaoru atónita. No entendió la razón por la que no dijo palabra alguna. No fue capaz de detenerlo en su marcha. Y así fue como vio al hombre de sus preocupaciones, desaparecer entre la espesura del bosque. A ella nada más le quedó intentar encontrar una explicación razonable de los actos del Rurouni. Pero por más que buscara, no halló ninguna.
Una semana había transcurrido desde la última vez que los miembros del Dojo habían visto a Kenshin. Fue una semana en la que habían buscado por prácticamente todos los rincones de Tokio para encontrar la presencia, o la sombra siquiera, de la persona a quien una vez llamaron amigo. Con la partida del Rurouni, el Dojo había dejado de ser el mismo. A pesar de que las risas continuaban, siempre había un momento de silencio en donde todos extrañaban a la despistada presencia del pelirrojo. Hace una semana atrás que su vida había cambiado, y aún así todos se sentían que algo habían perdido. Pues había cambiado para peor.
- ¡Oi! Pero que aburrimiento.- dijo Sanosuke sentado en el entablado del pasillo que daba al patio del Dojo. Estaba junto a todos sus amigos presentes.
- ¡Hai! La vida es más aburrida al no tener al asesino de todos los tiempos viviendo bajo nuestro techo.- bromeó Yahiko, por lo que recibió un gran golpe por parte de Sano en la cabeza.
- Tal vez si ayudaran con los quehaceres de la casa, no estarían tan aburridos.- les recriminó Megumi, quien mientras escuchaba la conversación dejaba la ropa perteneciente Sanosuke tendida bajo el sol.
El sol estaba poniéndose poco a poco por el horizonte. Lo pájaros con sus cantos hacían aquella imagen aún más confortable. Así habían sido los días desde que vieron a Kaoru bajar por las escaleras del Templo de Buda completamente sola. Por las mañanas, hasta antes de que el sol se escondiera, muchos salían a las calles en busca de Kenshin. Lo que era de Kaoru, se había vuelto en una persona más callada. Se debía a que la despedida del Rurouni causó en ella estragos inimaginables. Pero nadie le reprochaba por la falta de ánimo, ya que todos se encontraban actuando de la misma manera.
- ¡Kuso! Maldito de Kenshin, ¿¡cómo se le ocurre hacernos esto?!- inquirió el luchador al aire.
- Quizás la búsqueda sería más fácil si supiéramos más sobre él. Me refiero a algún indicio de lugar favorito en la ciudad, o uno que le brinde paz.- agregó Misao con tono de frustración.
Todos miraron al suelo, pensando. La respuesta le llegó solo a una persona. Kaoru creyó saber cual podía ser ese lugar que le entregaba paz al Rurouni. Rápidamente y sin pensarlo dos veces, se levantó y salió del Dojo sin mencionar palabra alguna. Corrió por las calles de Tokio, hasta que llegó a un sendero bastante familiar. El sol ya se había ocultado, dejando que la oscuridad se apodere de las calles. Aún así la joven kendoka no temió. El sendero que tenía en frente le era bastante familiar. Detuvo su carrera y tranquilamente comenzó a caminar.
Pudo escuchar el fluir de un riachuelo a su lado, mientras continuaba caminando. Su respiración apresurada daba cuenta de lo mucho que había corrido. Los pasos ligeros, pero continuos nunca se detuvieron hasta que llegó a su destino. En frente suyo tenía uno de los más maravillosos espectáculos de la naturaleza. Bellas luciérnagas iluminaban con verdosas luces tenues el oleaje tranquilo del riachuelo. Era una imagen de ensueño, la cual ya había tenido la oportunidad de presenciar en el pasado.
Sus ojos examinadores no se dejaron embriagar por las luces, y con ellos comenzó a buscar a ese alguien. Una corazonada, la cual le era imposible de explicar, le decía que Kenshin podía encontrarse en ese lugar. Y no se equivocó. Sentado junto a un árbol, con su Sakabatou entre sus brazos, el Rurouni no despegaba la mirada de las luces. Una sensación de calidez rodeó el cuerpo de Kaoru y felicidad desbordante se vio reflejada en su rostro.
- ¿Kenshin?- dijo suavemente ella, para no disturbar la quietud del lugar.
Ante el dulce llamado, el aludido se volteó, para así encontrarse con Kaoru. Era a alguien que deseaba ver con todas sus ganas, y ello no pasó desapercibido por Kaoru. Como respuesta él sonrió al compás de los árboles que se movían a causa del viento. Lo único que se lograba escuchar en el lugar era el viento acompañado por el fluir del río. Era un ambiente adornado por bellas luces, que les rodeaban sus cuerpos.
- Kaoru-dono… ¿Qué hace usted aquí?
- Pensamos… pensé que te habías ido de Tokio Kenshin.- agregó ella acercándosele.
- Iie. Sessha planeaba quedarse un tiempo más. Quería ver a las luciérnagas por última vez. Es que me dan una sensación de paz inexplicable.- admitió Kenshin sonriente.
Tenía una expresión en su rostro, la cual estremeció a Kaoru por completo. Era una sonrisa, y ojos también, que demostraban grande tristeza. Y la ojiazul temía que todo aquello fuera por su culpa. Sabía que tenía que hablar. Ya no soportaba acallar esos sentimientos que reflotaban con la más mínima ojeada del pelirrojo. Con su silencio hacía daño a ella, y por supuesto que al pelirrojo por igual.
- Kenshin hay algo que tengo que decirte. Yo…- dio un gran respiro, para después continuar.- Yo sabía que tú eras Battousai. Lo supe desde el primer momento en que te vi hace semanas en este mismo lugar. Y es que tu cicatriz y cabello, son tan característicos de ti… que me fue imposible el no reconocerte. Desde nuestro primer encuentro dos años atrás, me convencí en que tú eras la mayor causa de mis desgracias. Crecí y me crié con la idea de que tú eras a quien yo debía responsabilizar por mis penas y miedos.
Ante la confesión de la joven kendoka, Kenshin tan solo escuchó sin mencionar palabra alguna. Se sorprendió al ver tanta sinceridad en las palabras de Kaoru, pero hermético solo le escuchó.
- Me prometí, que si llegaba a volver a verte… me encargaría de hacerte vivir en un infierno. Y así fue como sin previo aviso me encontré contigo de nuevo. Nunca pensé que el destino me llevaría a vivir bajo el mismo techo con la persona que tanto detestaba. Pero con el paso de los días comencé a conocerte. Sentía una enorme curiosidad por la persona a quien prometí odiar hasta el final de mis días. Con tu llegada… me cambiaste. Con tus sonrisas y acciones llenas de calidez e ingenuidad, destruiste todas mis expectativas que tenía hacia ti. Y cambiaste esa imagen que de un asesino despiadado que nunca existió en realidad.- admitió Kaoru mientras sus ojos se llenaban de lágrimas y corrían por sus rojizas mejillas.
Poco a poco, y sin que Kaoru no notase, Kenshin se fue acercando a la joven, acortando la distancia que los mantenía separados. Tenía frente a él a una muchacha tan frágil y susceptible; con sus hermosos ojos bañados en lágrimas, y sus encendidas mejillas representaba a la mujer más bella que en su vida había visto. Parecía que el más mínimo suspiro podría derribarla.
Los ojos de Kaoru no pudieron seguir presenciando al Rurouni que enfrente de ella se paraba. Por ello, para así ser capaz de seguir hablando, bajó su rostro y cabizbaja tomó el valor que le hacía falta. Ya era muy tarde para detenerse. Sentía que debía confesar todo lo que sentía, ya que el solo hecho de guardar sus sentimientos para ella, le causaban un profundo dolor.
- Así fue… como me di cuenta que era mucho más fácil odiar a alguien cuando no lo conoces ni en lo más mínimo, Kenshin. Porque te conocí y cambiaste algo en mí. Con el paso de los días yo… me enamoré de ti. Y por más que intentara pensar lo contrario, me fue imposible. ¡Pero fui tan testaruda! Me enamoré de tu sinceridad e ingenuidad. Necesitaba el continuar viendo esa sonrisa que escalofríos causaba en mi cuerpo. Me dí cuenta de que tu ya no eras el mismo de antes, y sin evitarlo… ¡Comencé a amar a la persona que debía odiar!- confesó entre sollozos al cubrirse su rostro con ambas manos.
El corazón del Rurouni se estremeció al escuchar las últimas palabras dichas por Kaoru. Con una sonrisa comprensiva no hizo nada más que observar con determinación a la joven.
- Y ahora estoy aquí, parada en frente tuyo, pidiéndote que no te vayas…- terminó Kaoru, quien seguía cabizbaja llorando sin consuelo.
Lo había confesado todo; sus sentimientos, temores y deseos. Ahora no le quedaba nada más que esperar a una respuesta. El corazón le daba grandes saltos, mientras un silencio abordó la situación.
- Kaoru-dono, no llore más… Onegai.
De improviso el Rurouni levantó el rostro de Kaoru delicadamente por su mentón, para después reposar sus labios sobre los de la joven kendoka. Necesitaba probar esa dulce y cálida boca, que como imán a gritos le llamaba. Kaoru, sorprendida del acto cometido por el Rurouni, tardó en asimilar el sutil beso que le habían dado. No tardó en corresponderle, para luego entrelazar sus brazos en el cuello del pelirrojo.
Iluminados por bellas luces resplandecientes, que sin rumbo alguno volaban junto a ellos, sellaron un beso el cual confirmó aquel amor que tanto habían intentado apaciguar, pero que sin resultado lograron. Decidieron vivir del presente, y olvidar a todo y a todos. Ya que ni el pasado, ni el futuro importaban en aquel momento. Después de un tiempo, los cuerpos de aquellos amantes se separaron, pero se mantuvieron a tan solo centímetros de distancia.
- No necesitas escapar más. Tú ya no eres la misma persona que llegaste a ser en el pasado. Kenshin tú eres un Rurouni que no mata… Quédate con nosotros… conmigo- le pidió Kaoru mientras hundía su rostro en el pecho del Rurouni.
- Hai. Ahora Sessha tiene un hogar a donde ir Kaoru-dono.- le contestó el entrelazando sus fuertes brazos para atrapar el cuerpo de Kaoru junto al de él.
Y en silencio quedaron abrazados, mientras centenares de luciérnagas los acompañaban al ascender al cielo, mezclándose con las estrellas que desde la oscuridad de la noche iluminaban. Los tibios susurros del viento envolvían a los dos cuerpos que aquella noche hicieron una promesa. La majestuosa luna llena fue única y fiel testigo del acontecimiento. Esa promesa que se hizo en el mismo lugar donde todo comenzó. Pero ahora las cosas eran diferentes. Kaoru no temía a aquel pelirrojo, tampoco lo odiaba. Ahora amaba a ese hombre que le cambió la vida. Porque Kenshin no era una persona siniestra, ni mucho menos malvada. Él era un Rurouni que no mataba.
-FIN-
Glosario:
1-Hiten Mitsurugi Ryu: Este estilo se basa principalmente en anticipar los movimientos del oponente para luego atacar con gran rapidez utilizando la llamada "velocidad de Dios" lo que permite acabar al oponente con un solo y mortal golpe.
2-Sukuchi: (super velocidad divina). El Sukuchi es una técnica con la que se avanza a una ultra velocidad golpeando el piso con la punta de los pies, creando un ruido que le da la sensación al oponente de que es más veloz de lo normal, para después dar el último golpe. (es una técnica del Tenken de Soujiro)
3-Gatotsu: es un ataque frontal y directo al oponente, se mide la punta de la espada con la mano tratando de clavarla en el oponente.
4-Amakakeru Ryu no Hirameki: principio secreto del Hiten Mitsurugi Ryu. En donde con el golpe dado, se levanta al oponente para derrotarlo con ese golpe final.
5-Hontou ni Arigato: muchísimas/ de verdad que gracias.
