CARES FOR ME
Hogar
Dos días después del cierre oficial del caso, Greg pudo por fin ir a casa de sus padres a recoger a Thomas.
El día antes les había llamado, informándoles de que iría a por el niño, que prepararan sus cosas y que llegaría antes de la hora de comer, para pasar un rato con ellos comiendo y luego irse. Su madre había sonado algo extraña por teléfono, pero decidió achacarlo al hecho de que ella sabía que su nieto ya no estaría más con ellos.
El viaje, al contrario de lo que parecía suceder últimamente, fue extremadamente agradable. Saber que en una hora podría volver a ver a su sobrino y decirle que se iban a casa – su casa – le llenaba de júbilo.
El policía, en esa última semana de papeleo y el juicio rápido – como Martha había pedido -, se había dedicado a buscar casa, y la había encontrado. Había alquilado una casa de dos plantas y guardilla, con un pequeño jardín detrás, cerca del colegio de Thomas. No era especialmente bonita y tenía ya bastantes años, seguramente tendría que hacer reformas y comprar electrodomésticos nuevos, pero cuando Greg la vio se enamoró de ella. Olía a hogar, y también así se veía. Sólo esperaba que a Thomas también le gustara. Estaba deseando que la viera y que llenara su cuarto de todas sus cosas.
Cuando Greg aparcó delante del jardín de la casa de sus padres, vio como los tres ya lo esperaban en el porche. Nada más apearse les sonrió y les saludó con la mano. A Thomas se le iluminaron los ojos y corrió hacia su tío.
Greg abrió sus brazos, para recibirlo como se merecía.
…
- Bueno, ¿entramos? – preguntó su madre, después de ver como durante diez minutos ese par se abrazaban.
Greg y Thomas siguieron a los dos mayores – porqué recordémoslo, Greg, con sus padres, era un niño otra vez – hacia el interior de la casa. Henry fue directamente a la salita del té, mientras que su mujer fue a la cocina, seguramente a preparar el té y las pastas. Sobrino y tío se sentaron juntos en el sofá de tres plazas que ahí había mientras esperaban. Greg no era un gran fan del té – era de café, pese a que eso a veces parecía un crimen en Inglaterra -, pero es que aún entendía menos tomarlo a todas horas, aún menos antes de comer.
- Bueno Gregory, ¿nos comentaste que habías encontrado una casa? – comentó su padre. Era esa clase de hombre que no aguantaba demasiado bien los silencios. Greg había heredado eso de él.
- Sí. Está cerca del colegio de Thomas – contestó mientras revolvía el pelo de éste – y aunque hay que hacerle un par de arreglos tiene mucho potencial.
Antes de que su padre pudiera decir algo más Margaret entró en el comedor, con los tres tés a punto y chocolate caliente para Thomas. Greg miró extrañado a su madre. ¿En serio? ¿Antes de comer? Pero no dijo nada.
Un extraño silencio se hizo en la salita mientras cada uno bebía de su taza. Thomas fue el primer en terminar, dejando un rastro de chocolate por toda su cara.
- Thomas, cariño, ve un rato a jugar a tu cuarto – dijo su madre.
- Claro abuela – dijo éste levantándose y yéndose. Thomas no necesitaba nunca que lo convencieran mucho para irse a jugar.
Greg miró sospechosamente a sus padres a la que oyó como éste llegaba al piso de arriba y se encerraba en su cuarto.
- ¿Qué pasa aquí? – preguntó sin tapujos.
- Gregory, cielo, tenemos que hablar. – A Greg le hubiera encantado decirle "Ya lo veo", pero se guardó eso para si.
- ¿Sobre qué? – preguntó en cambio. Vio como su padre se removía incómodo en su butaca mientras su madre tomaba asiento en la de al lado de éste y le miraba con advertencia.
- Bueno, verás… Thomas nos contó algo que… Espera, no, así no era. El otro día, cuando… Mmm…
- ¡Oh, por favor, Henry! – interrumpió su madre a su padre exasperada. De pronto dirigió su mirada hacia Greg y éste tembló. Era su mirada de "has hecho algo malo y mereces ser castigado", aunque no recordaba haber hecho nada estos días. – Thomas nos ha contado lo de tu relación.
Si el policía pudiera haberse visto en ese justo momento seguramente se hubiera reído de si mismo. Sorprendido era poco. ¿Qué relación? Y odiaba hablar de esas cosas con sus padres, lo odiaba. Lo había pasado fatal al decir que tenía novia, al decir que se habían prometido y casi muere al contarles que se divorciaba. Desde entonces las conversaciones sobre su vida amorosa habían sido escasas y principalmente consistían en su madre preguntándole si tenía alguna "noviecita" (sí, decía eso, "noviecita", aunque tuviera 60 años Greg creía sinceramente que su madre seguiría llamando así a sus "mujeres") y él respondiendo con un escueto "no" o "el trabajo".
- No estoy con nadie, mamá – dijo cuando pudo juntar las palabras necesarias para hacerlo.
- No nos mientas, Gregory – le advirtió.
- No os miento. Sabes perfectamente que el trabajo me tiene muy ocupado y que ahora con Thomas… No tengo tiempo de salir con mujeres.
- ¿Quién ha dicho mujeres? – soltó su madre, mirándole acusatoriamente. Si no hubiera dedicado su vida a ser madre y esposa hubiera sido una policía excelente.
- ¡¿Qué?! – preguntó horrorizado al ver por donde iban los tiros. - ¡No soy gay!
- No grites – pidió su padre, que parecía totalmente mortificado por aquello. ¡Greg es el que se debería estar sintiendo así!
- Mira Gregory, a nosotros no nos parece del todo mal que… Ya sabes, pero ahora tienes responsabilidades con Thomas. No puedes ir por ahí con cualquiera y ha-
- ¡Yo no voy por ahí con nadie! – gritó. – Perdón – dijo inmediatamente por el tono de voz, bajándolo casi al susurro. – No estoy con nadie, y menos con un hombre.
Su madre calló por un momento. Greg podía ver perfectamente como ésta estaba maquinando – porqué sí, eso es lo que hacía, maquinar – su próximo movimiento. El policía no entendía nada. ¿De dónde sacaban eso? Greg, que él supiera, nunca había dado ningún tipo de señal "gay" – si es que eso tenía algún sentido – a sus padres. Además, por la única persona que había sentido interés últimamente había sido…
De pronto Greg cayó en la cuenta. Dios mío, Mycroft. Thomas les había visto y Greg ni siquiera había hablado sobre ello con él. Entre el caso y tener que dejarlo… No, no lo había hecho.
- Thomas nos lo ha contado – atacó su madre de nuevo, dejando en claro que la suposición de Greg había sido la correcta.
- No es lo que parece – dijo por fin éste, después de unos minutos en silencio, no sabiendo qué decir.
- ¿Y qué es, entonces? – preguntó ahora su padre.
- Yo… No es nada. No fue nada. Él… - ¡Dios mío! Que alguien le matara. Ahora. Justo ahora. – Es un amigo. Ese día estaba algo… Bueno, no pasaba un buen momento. Y simplemente pasó. Pero nada más. No es nada. Él está con alguien y yo… - Yo estoy solo, pensó por un momento, pero aquello ya no era cierto – Yo tengo a Thomas – dijo seriamente.
Tanto su madre como su padre callaron durante un buen rato. Iban pasando su mirada entre Gregory y ellos. Seguramente estaban manteniendo una de sus conversaciones mentales, hablando sobre su hijo y posiblemente Thomas y su capacidad de cuidarlo. Éste no sabía qué hacer sentado en aquel sofá que le era tan familiar. Se sentía atrapado, nervioso y ahogado.
Su madre, de pronto, soltó un suspiro. Al parecer esta vez había ganado su padre – pocas veces pasaba aquello. No sabía si eso sería bueno o malo.
- No estoy del todo convencida de esto, cielo.
- ¿No me crees? – preguntó a su madre. Ésta esperó un poco a responder, como pensando qué decir.
- Sí, sí que te creo, pero también creo que no nos lo cuentas todo. No quiero que de pronto Thomas se encuentre en una situación parecida otra vez. Podría afect-
- ¿Afectarle? ¿En qué sentido?
- Bueno, un niño necesita estabilidad, Gregory. Una familia que esté con él. – A Gregory, de pronto, esa conversación le empezaba a cabrear un poco.
- ¿Y yo no puedo ser eso para él?
- Claro que sí, cariño – respondió rápidamente su madre. – Pero si otro hombre estuviera… No estaría bien. – Vaya, ya está, por fin lo ha soltado, pensó el policía.
- ¿Dos hombres no podrían ser la familia para alguien? Mamá, te creía mejor que esto.
- Hijo – le advirtió su padre.
- No te sobrepases, Gregory – dijo a la vez Margaret. – Sabes perfectamente que no tengo ningún problema con esta… gente. Simplemente no creo que a Thomas le convenga. – Greg se mordió el labio, intentando contener todo aquello que quería decirle a su madre. Vale, él también tenía sus reticencias con ciertas cosas, pero podía ver que bajo esas palabras cuidadosamente elegidas por ella se escondía una verdad que ahora mismo le dolía.
- Mira… Es una tontería que discutamos esto – prefirió decir. – No estoy con nadie y no tengo intención de estarlo. – No quiso darle la satisfacción de volver a decir que no era gay. Tampoco le apetecía mentir para hacerla sentir mejor. - ¿Podemos cambiar de tema?
- No, aún no – Greg gruño. – Entiéndenos Gregory, esto no nos gusta.
- No te gusta – dijo Henry en un susurro bajo. Su madre no lo oyó, pero él sí.
- ¿Qué más quieres que te diga? ¿Qué quieres que haga? – preguntó exasperado. Su madre sonrió. Al parecer aquello era lo que esperaba.
- Quiero que lo traigas.
- ¿El qué? – preguntó descolocado.
- A él. Al hombre que se ve que besaste pero que no fue nada. Quiero que venga y nos lo cuente él.
- ¡¿Qué?! ¡No! – dijo horrorizado. ¿Estaba loca? ¡¿Cómo iba a traer a Mycroft Holmes a casa de sus padres para decirles que lo de ese día no había sido nada y que no tenía ninguna intención de salir con su hijo?!
- Margaret – dijo su padre.
- Calla Henry – le advirtió. Al parecer no, su padre no había ganado.
- Mamá, por favor, no hagas esto más difícil. No pienso pedirle a Mycroft que venga.
- ¿Mycroft? – preguntó su madre. – Un nombre curioso. Y sí, sí que lo harás, o habrá consecuencias.
- ¿Me estás amenazando? Te recuerdo que soy policía y que-
- ¿Vas a detenerme? – contratacó. Esa mujer no daba ni un respiro. – Lo harás.
Y puso esa cara. Esa mirada. Y Greg supo que lo haría. Pese a saber que su madre no podría hacer mucho contra él – y ni mucho menos empezaría cualquier querella para quitarle a Thomas (es lo peor que se le ocurría que pudiera suceder) – sabía que tenía el as de perder en todo aquello.
Suspiró derrotado.
-oOo-
Cuatro horas y pico más tarde Greg y Thomas entraban en su nueva casa. El más pequeño soltó un grito de emoción al verla y a Greg se le encogió el corazón. Al parecer había escogido bien.
Nada más abrir la puerta Thomas soltó la bolsa que llevaba (ridículamente pequeña, ridículamente adorable) y empezó a corretear por la casa, entrando en cada habitación que veía y soltando un gritito nuevo cada vez. Greg sabía que ahora mismo una sonrisa de lo más tonta se había instalado en su cara.
- Tío, tío – dijo Thomas, estando a su lado ahora, mirándole con emoción y cogiéndole de la camisa para llamar su atención. - ¿Cuál es mi habitación? ¿Cuál?
Greg se río como hacía años que no lo hacía. Cogió al crío en brazos poniéndole en la posición para hacer el avión y con un "¡Vamos allá!" se lo llevó escaleras arriba para enseñarle la habitación que sería, a partir de ahora, su cuarto.
Estuvieron en ésta durante horas, sacando las cosas del niño y poniéndolas en el armario, los cajones, las estanterías... Hasta que por fin se transformó realmente en la habitación de Thomas. A Greg le invadió algo de lo más tonto al ver a Thomas medio dormido en el suelo junto a su colección de muñecos de dinosaurios. Cogió en brazos otra vez a su sobrino pero esta vez con cuidado, lo llevó a su nueva cama y lo arropó. Aún no eran ni las siete, pero éste estaba agotado.
Pese a que lo que más le apetecía a Greg en ese momento era tumbarse a su lado y dormir con él, sintiendo su calor, lo que hizo fue marcharse. Encender la luz de noche, mirarlo por última vez ese día e irse de la habitación, para dejar que éste descansara.
-oOo-
Greg tardó cuatro días en llamar al mayor de los Holmes. En realidad su intención era evitar ese momento un mes como mínimo, pero su madre había llamado y le había amenazado (otra vez) en llamar ella misma al hombre si él no lo hacía. El policía sabía que difícilmente su madre podría llamar a Mycroft, principalmente porqué su número de teléfono no era precisamente fácil de encontrar y seguramente la arrestarían mientras ésta estuviera intentando conseguirlo, pero su madre tenía la capacidad de sonar como si pudiera hacer cualquier cosa que se propusiera. Y estaba claro que se había propuesto matar a su hijo de vergüenza esta vez.
Así pues, haciendo tripas corazón y aprovechando aquella tarde en que Thomas había ido, otra vez, a casa de James, Greg cogió su móvil y dio al botón de llamada al contacto de "El Gobierno".
Nervioso definía muy mal su estado en ese preciso momento. Histérico se acercaba un poco más. ¿Cómo iba ha empezar aquella conversación? ¿Cómo iba a pedirle algo así al hombre? Mierda, pensó, tal vez debería haberse preparado un guión antes...
Cuando estaba a punto de colgar alguien, al otro lado del teléfono, le habló.
- Mycroft Holmes – fue lo que oyó decir a una voz femenina.
- Em... Sí, hola. Gregory Lestrade. Me gustar-
- Un momento por favor, ahora le paso con el señor Holmes – le interrumpió ésta. Greg miró por un momento estúpidamente el móvil.
- ¿Detective? ¿A qué debo el placer de su llamada? - dijo, ahora sí, la voz de Mycroft Holmes, un poco distorsionada por el teléfono (y seguramente la mierda de cobertura).
- Hola Mycroft – respondió sin pensar éste. Había olvidado por completo que actualmente no estaban en buenos términos, pese a que era complicado creérselo ya que se pasaba demasiadas horas de su día pensando en ese hombre.
- Dime Gregory – dijo la voz, de forma calmada y animándole a seguir ya que éste se había quedado callado.
Un escalofrío recorrió el cuerpo de Greg y el hombre se sintió traicionado por su cuerpo, y por sus estúpidos e infructuosos sentimientos. No era posible que le gustara tanto... No. No podía notar ahora lo mucho que había echado de menos esa voz. ¿Por qué era tan estúpido?
Pero esa vez no dejó que su odio hacia si mismo – y hacia lo que nunca tendría, pese a ese pequeño momento con el político – le cegara. Tenía un objetivo y ese era calmar a su madre para que le dejara en paz y pudiera seguir con su plan de "poner las cosas en su sitio". Pensó en Thomas, y en lo que sería mejor para éste. Y con ese pensamiento en mente la conversación fluyó fácilmente.
Así pues, unos cinco minutos más tarde, tal vez un poco menos, Greg se vio a si mismo colgando el teléfono y perdiéndose en sus pensamientos. Mycroft Holmes había aceptado ayudarlo para aclarar el malentendido con sus padres. El próximo domingo irían a verlos. Juntos. Era lo único que podía recordar de esa corta conversación.
Fin del capítulo 10.
Mamá Lestrade es un poco cavernícola. Entendedla, está chapada a la antigua. Papá Lestrade no tanto, es un moderno.
El próximo capítulo es el último, o eso quiero.
En realidad una cosa que pasa en el siguiente iba a pasar en éste, pero luego éste quedaba muy largo y el otro con poca cosa… Así que he cambiado un poco el planing y así ha quedado.
¿Qué os ha parecido el capítulo? Espero que os haya gustado un poquito :S
Me ha gustado escribirlo, pese a que ODIO escribir conversaciones (se me da fatal).
Si me dejáis vuestra opinión me haréis muy feliz :D
¡Besos y gracias por leer!
Riku Lupin
