Capítulo 10
No sabía lo que me pasaba, lo que mi mente y mi cuerpo pretendía, me reusaba por completo a dejarme a merced aquellas emociones que no podría controlar si los desbordaba. Ellos no sabían lo que era mejor, y estaba a punto de volverme contra ellos, contra aquel acelerado movimiento de mi corazón, con la agitación de mi pecho, con el ritmo caótico de mi mente que no dejaba de repetir aquellas palabras dichas por Potter en plena noche del evento más importante de mi vida, haciendo que todo mundo lo escuchara y hablara sobre eso.
Ni siquiera una semana después podía dejar de pensarlo. Era un idiota, un estúpido, un inconsciente al declarar algo como eso enfrente de todos, en pleno acto público, como si no hubiera sido terriblemente raro que me invitara a bailar, cómo para sumarle las palabras de su supuesto amor y su declaración a conquistarme a como diera lugar. ¿Acaso no se daba cuenta que eso sería un chisme de aquí hasta que terminara el siglo? Que Harry Potter hablándole de amor a Pansy Parkinson, hija y amiga de mortífagos, la viuda de Anthony Goldstein no sería algo de lo que no dejaría hablar todo el mundo. Y para joderla más, enfrente de mis amigos y de mi propia hija, quien sólo me había mirado raro al volver con ella, como si no entendiera y luego empezó a reír mientras las mejillas se le ponían rosadas, se tapaba la boca y se movía de un lado a otro, y por más que le pregunté si estaba bien, y ella sólo había sonreído más grande.
—Fue bonito, mami —fue todo lo que dijo.
—¿Bonito qué, Lizzie? —pregunté con urgencia, colocándome a su altura para hablar con ella, pues mi hija era lo más importante para mí y todo lo que pasara a nuestro alrededor me preocupaba por si le afectaba negativamente.
—No lo sé, lo que dijo y su cara —contestó y luego salió corriendo a donde Scorpius le hablaba sentando en la mesa, sacando juguetes que Astoria había traído para él por si se aburría.
Evité a mis amigos cuando volví con ellos, diciéndoles apenas llegando a su lado que no estaba para hablar de eso y menos ahí. Astoria había detenido a Draco, Daphne no hizo nada pues Theo como siempre era el más comprensivo y Millicent le dio un para nada discreto codazo a Blaise para que no abriera la boca y mi amigo la había mirado con resentimiento, pero se quedó callado, algo que me sorprendió por la facilidad con la que accedió a eso. Narcissa sólo negó con la cabeza y dijo que eso era una completa sorpresa, pero que tal vez por eso el matrimonio más sonado de la historia no funcionó en su tiempo. Respetaba tanto a la madre de mi amigo y por eso no dije nada, sólo encogiéndome de hombros y ella sonrió, ofreciéndome una copa de vino, sin comentar más.
Al día siguiente del evento, temí ver en los diarios un barullo sobre lo que dijo Potter y no sobre la fiesta del museo, pero no, dieron excelentes opiniones del evento, alabando la organización, los cuadros, la comida, la decoración, la música, la puesta en escena y, por supuesto, fotos de todo ello, así como igual encontré fotos mías y más de Lizzie, donde decían que era una preciosidad de niña, con una personalidad relajada y divertida. Sonreí por ello y respiré tranquila, hasta que, al girar la página, había una nota de lo dicho por Potter, así como de una foto de cuando lo hizo, cuando aún sostenía mi mano y yo giraba a ver a todos lados y él sonreía después. Los comentarios del autor de aquella columna, diciendo que la declaración pública del héroe del mundo mágico era una sorpresa para todos, pero que haberlo hecho público no podía ser tomada de otro modo sino por sinceridad en su máximo esplendor, haciendo también especulaciones de lo que pensaría Ginevra Weasley ahora, pues su divorcio apenas había sucedido casi un año atrás.
¿Será que es por esto por lo que el matrimonio entre el Salvador del Mundo Mágico y la heroína de guerra no funcionó, por el amor de Harry Potter a la heredera de los Parkinson, viuda de Goldstein?
Era como terminaba el artículo y yo no pude evitar arrugar el diario entre mis manos, maldiciendo que ahora me embaucaran en el hecho de que aquel matrimonio no hubiera funcionado, como si fuera culpable de ello cuando era claro que yo ya tenía una vida hecha lejos de todo eso. Quise gritar llena de rabia, pero me contuve solo porque Lizzie estaba a mi lado tomando su desayuno y ya me miraba con curiosidad y timidez.
—¿Estás bien, mami? —preguntó en voz bajita.
Respiré fuertemente una vez más y traté de sonreírle.
—Sí, mi cielo, sólo estoy algo molesta por lo que pusieron aquí —expliqué con calma.
—¿Qué fue?
—Nada, una tontería —calmé y luego con un pase de varita arreglé el diario— Lo que si podemos hacer es recortar las fotos y el artículo y enviárselo a tus abuelos, ¿te parece?
—Sí, yo lo hago —exclamó con una gran sonrisa.
Bien podría enviarle el diario completo, pero era preferible que no vieran lo que decían de Potter y de mí. No quería tener problemas o roces con ellos ahora que todo lo de Anthony estaba muy reciente, pues la verdad nunca habíamos hablado sobre la posibilidad de que pudiera tener una nueva pareja. Negué con la cabeza. No, yo no pensaba en una nueva pareja y mucho menos con Potter, pero ellos podrían creer que sí y no quería eso. Lizzie era lo único que me preocupaba y el hecho de sacarla adelante y ayudarle con sus momentos de crisis al recuerdo de su padre. Nada más, sólo eso. Nada tenía que ver Potter ahora. Aun así, no sirvió de mucho querer ocultarlo para que ellos no se enteraran, pues aquel acto en el evento llegó hasta donde ellos estaban, El Profeta, como una nota en el periódico local en la sección de sociales, y ellos no titubearon para hablar conmigo.
—Bueno, Pansy, primero que nada, déjame decirte que el evento fue un éxito, he recibido cartas elogiando lo mucho que les gustó, así como las notas en el periódico del Profeta que nos llega y el del Francia al que estamos suscritos. Espero que ahora si estés segura de lo que eres capaz, como siempre lo estuvimos nosotros —dijo David con una sonrisa afable que me convenció al fin que todo había valido la pena.
—Gracias, David —dije con una sonrisa tensa, pues si el Profeta les llegaba hasta allá, significaba que, aunque yo le hubiera dicho a Lizzie de mandar solamente recortes, no había servido de nada porque ellos ya lo sabían todo.
—Pansy, querida —habló esta vez Aranza y supe lo que vendría. Luché para no enojarme o suspirar frustrada— Nosotros nunca hemos hablado sobre la posibilidad de que, en algún momento, decidas formalizar una relación. Lo de Anthony aún es muy reciente, pero eso no quita el hecho de que eres una mujer joven y muy hermosa, inteligente y segura, cualquier hombre se sentiría afortunado de estar contigo, como Anthony lo estuvo.
—Lo que queremos decir, a pesar de que no lo hemos hablado directamente contigo, es que no nos sentiríamos mal o nos pondríamos en contra si decidieras tener una relación —habló David, haciendo que el cuello y las mejillas me ardieran un poco de vergüenza.
¡Estúpido Potter!
Respiré profundamente y traté de hablar con la mayor calma que era capaz de sentir ahora que tenía la tentación de ir por Potter y hacer que se retractara en público, a maldiciones si era necesario.
—Aranza, David, sé porque están diciendo esto. Es por lo que Potter dijo en la noche del evento, pero debo decirles que no sé de qué habla, su declaración no tiene sentido para mí, y no pienso tener una relación con él o con cualquier otra persona, no al menos de manera inmediata.
—El señor Harry Potter, si el diario no miente, dejó muy en claro sus intenciones, Pansy, así como esa pequeña frase diciendo que no te dejaría ir otra vez. No queremos que sientas que nos estamos metiendo en tu vida o tus asuntos personales, eres la madre de nuestra nieta, pero eso no nos otorga derecho completo para opinar sobre tus relaciones amorosas, ni en tu pasado o futuro, pero es obvio, dejado en claro por él, que ya hubo algo entre ustedes —dijo David y yo desvié la mirada nuevamente azorada y más tentada a coger mi varita para ir por Potter y hacerle firmar una nueva declaración en público.
—No te estamos juzgando, Pansy —intervino Aranza de manera rápida, quizá al ver mi cara un poco molesta— Sólo queremos que no pienses o sientas que debes quedarte sola toda tu vida para complacernos o por Lizzie. Eres joven y aunque nos cueste y duela reconocerlo, pues Anthony nos duele aún demasiado, nuestra nieta igual necesitara una figura que represente esa seguridad que su padre le proveía, nosotros tres podemos hacerlo, pero es obvio que no es igual. Tal vez no de manera inmediata quieras tener una relación, será cuando tú quieras, sólo no queremos que te niegues a ello y a la posibilidad de ser feliz otra vez.
—Gracias —suspiré quedamente y luego los miré decididamente— Entre el señor Potter y yo hubo una relación durante un tiempo en el colegio, pero ambos terminamos con ello de mutuo acuerdo —si es que así puede llamársele a abandonarme del modo en que lo hizo— Sé que no es mi obligación contárselos, pero quiero hacerlo, después de todo, ustedes son la única familia que nos queda a Lizzie y a mí. Pero ahora no entiendo que es lo que pretende —les dije y me relajé por completo, pues al menos aquella oposición de su parte que yo creería que iba a existir, no estaba, ellos me apoyaban a su manera.
—Creo que lo que pretende ya lo dejó claro y de manera muy valiente, he de agregar —puntualizó David con una media sonrisa algo divertida— Sólo tomate tú tiempo si así gustas, y por nosotros no te preocupes, que lo único que nos preocupará a nosotros será el bienestar emocional y físico de ustedes dos —sonrió de manera paternal.
—Gracias.
—No tienes nada que agradecer, querida. Sólo permíteme un consejo —pidió Aranza y yo asentí— Ve a tu ritmo, Pansy, pues es la primera vez que te veo titubear por alguien y el señor Potter lo debe de entender también, no es fácil retomar algo cuando ya ha pasado tanto tiempo: él estuvo casado y tú acabas de perder a tu esposo, quedándote con la completa responsabilidad de una niña de seis años que depende totalmente de ti para todo —asentí a sus palabras y volví a suspirar, porque eso era lo que me preocupaba, Lizzie siempre sería mi prioridad— Y recuerda, no porque Lizzie este ahí, significa que tú no vas a darte una nueva oportunidad para enamorarte o amar, eres una madre y una profesionista, pero también una mujer, y una mujer necesita de cada ámbito para estar bien consigo misma, no estás ni tienes la obligación para dedicarle la vida entera a tu hija.
—Pero ella está tan chiquita y lo que vio en aquel estadio… lo que ha vivido sin su padre no es fácil, Aranza, no me puedes pedir que no esté ahí —protesté por aquellas palabras, sintiéndome en contra totalmente de dejar a mi hija por un hombre.
—Y no te estoy diciendo que no estés, Pansy, te llegaría a detestar si no estuvieras al lado de mi nieta como se debe. Lo que quiero decir, es que debes encontrar el equilibrio en todo, querida, no renunciar a algo que deseas simplemente por Lizzie o porque pienses que le afectara negativamente sin siquiera intentarlo, pues con los años te sentirás mal contigo misma y ella se dará cuenta y le afectara, y Lizzie en algún momento igual hará su vida lejos de ti, pues todos los hijos crecen, y no querrás quedarte sola para siempre, ¿verdad? No cuando tuviste una oportunidad para compartir tu vida con alguien otra vez. ¿Me entiendes?
—Creo que sí. Pero por el momento no habrá nada de ello, y menos con Harry Potter.
—Está bien —habló David, sonriendo de nuevo— Es cuestión de ir a tu ritmo, como dijo Aranza, y no te cierres a nada, Pansy, estamos seguros de que Anthony no querría eso.
Asentí y me despedí de ellos, pensando en sus últimas palabras, pues cuando Anthony y yo nos contentamos después de su infidelidad, hablamos sobre encontrar en otra persona lo que no hallamos en el otro. Yo le había dicho que no me molestaría que encontrara a alguien para amar y él tampoco se mostró en contra cuando me hizo saber que sabía de mis sentimientos por Potter en ese tiempo, así que sabía que muy probablemente estuviera de acuerdo con que iniciará una relación con otra persona.
Suspiré y me levanté para volver a la sala donde Lizzie jugaba, y me senté a su lado para acompañarla en su juego de té que hacía con sus osos de peluche, donde relucía un nuevo osito de pelaje blanco que los antiguos compañeros de su padre habían enviado para ella al día siguiente del evento y que ya tenía el nombre de Tommy en el pecho.
La miré reír y hablar tan rápido como siempre, ofreciéndome tés imaginarios y galletas inexistentes, mientras hablaba con los demás juguetes. Y por un largo rato me olvidé del asunto de Potter.
Cuando regresé al trabajo una semana después, para mi gran horror al aparecerme delante del edificio, había un grupo de reporteros que al verme empezaron a hacer preguntas a gritos, sin que entendiera en que orden iban, pero sí de que trataban, y sacaban fotos a diestra y siniestra. Tuve la tentación de aparecerme en otro lado, de correr muy lejos y maldecir a Potter o a ellos por atosigarme, pero en vez de eso levanté la barbilla y apreté más fuerte mi portafolio, así como mi varita, caminando hacia las escaleras, a donde en la mitad de esta, me esperaban dos guardias, quienes con mucha sutileza apartaron a aquellos reporteros que indagaban sobre lo que yo pensaba de la declaración de Potter en la noche del evento o si yo había tenido algo que ver con su separación con Ginevra Weasley. Eso último casi me hace girarme y gritar uno y mil improperios contra ellos, pero supe controlarme a tiempo.
Cuando por fin llegué a mi oficina, le pedí a Caroline que pidiera una orden de restricción a todos aquellos reporteros, con la firme declaración de no hacer declaraciones sobre nada que involucrara a Harry Potter. La chica lo hizo inmediatamente y dos horas después me dijo que la entrada del museo al fin estaba libre, aun así, preferí no salir y comí ahí mismo, con la compañía de una divertida y maliciosa Grace, que no se cortó ni un poco para preguntar.
—Entonces el señor Potter está enamorado de ti —dijo como si nada, dejando el tenedor sobre el plato y tomando de su vaso.
—¡¿Qué?! ¡Claro que no! —dije rápidamente.
—Bueno, su declaración fue más que… especifica —sonrió con diversión— Dejó muy en claro lo que siente y es un hombre divorciado.
—Y yo soy una mujer viuda —le recordé.
—Más a mi favor, no tendría nada de malo. Eres joven, guapa, de buena familia y libre, y él es un hombre divorciado, guapo, joven y poderoso, y por supuesto, asquerosamente rico. Un partido excelente, en mi opinión —declaró con una sonrisa de suficiencia.
—Oh, tienes una excelente opinión sobre Potter, porque no sales mejor tú con él —dije con sarcasmo, ya algo molesta.
—Bueno, querida, lo haría si él me buscara a mí —hice una pequeña mueca ante esa contestación, bajando la mirada a mi plato— pero es a ti a quien quiere, a quien ama, si es que son verdad sus palabras, además, me gustan más morenitos, tu amigo Zabini por ejemplo —me dio una mirada perversa.
—Creo que Zabini está interesado en alguien más —dije al recordar aquel intercambió entre él y Millicent, aún no había hablado con mi amiga, pero imaginaba que algo se estaría cociendo entre ellos.
—Sí, lo noté, tu amiga Millicent, creo, pero eso da igual ahorita. Lo que yo quiero saber, porque es obvio que Potter ya lo ha dejado más que claro por su parte, qué es lo que sientes tú por él, o si al menos estás interesada —cuestionó y dejó su plato a un lado.
—No siento nada y no estoy interesada…
—Él dijo que no te volvería a dejar ir, eso quiere decir que ya estuvieron juntos —interrumpió como si no me hubiera escuchado.
—¿Podrías ser más discreta? —pregunté con molestia.
—Sí, podría, pero no me gusta mucho serlo, es una pérdida de tiempo en realidad. Nada como ser directa. Además, todo el mundo lo escuchó y hay una horda de reporteros buscando información como buitres, aunque es claro que ya especulan o lo saben, para mí ya no tiene caso ser discreta, Pansy.
—Te crees muy lista, ¿no?
—Lo soy. Número uno desde el colegio y la facultad. Gracias por preguntar —dijo con orgullo.
—¿De verdad no eres pariente de los Malfoy? —pregunté con cansancio y dejando también de lado mi plato— Me agotas tanto como Draco en sus peores momentos.
—Tal vez. Mi abuela paterna era francesa, los Malfoy son de allá, ¿no? Pero no lo tengo claro, lo que si me queda claro es que no quieres hablar.
—Porque no hay nada de qué hablar —suspiré.
—Claro que si hay de qué hablar. Harry Potter, el mago más poderoso, Salvador del Mundo Mágico, Héroe de Guerra y todas esas tonterías que le adornan el nombre —movió la mano con ironía y yo reí un poco por ello, eso me agradaba de ella, nadie en este museo parecía idolatrarlo mucho, excepto quizá por las recepcionistas— Ha declarado en un evento lleno de la elite del mundo mágico y reporteros, que te ama y luchara por ti, como un antiguo caballero montando en corcel blanco.
—Sí, está loco.
—Ya lo dejó claro y dijo que era tu culpa.
—¿Mi culpa? —siseé enojada.
—Bueno, por ti —se burló.
Bufé, desesperada, sabiendo que no me dejaría en paz hasta que le dijera todo. Tuve que resignarme, sinceramente si me recordaba demasiado a Malfoy, y al igual que a mi rubio amigo, tuve que contarle.
—Estuve con él en el colegio. Era un secreto, pero lo amaba mucho de verdad y creí que él lo hacía, hasta que un día llegó y me dijo que tenía que hacer lo correcto en su vida y eso no me incluía —confesé rápidamente. Ella sonrió al escucharme ceder, pero luego se puso sería— Terminó conmigo por no ser lo suficientemente buena, casándose con alguien que si lo era en su perfecto mundo correcto.
—Es un idiota, tiene la cara, pero no pensé que igual lo sería —dijo en medio de un bufido y se cruzó de brazos— Y ahora pretende conquistarte de nuevo.
—Así es. Pero yo no quiero.
—No deja de tener su lado romántico.
—Grace, por favor.
—Claro que lo tiene. La verdad es que nunca se vio muy feliz a lado de su esposa, esa pelirroja que se cree Morgana misma, ya sabes, inalcanzable y perfecta —se burló y yo negué con una sonrisa— Parecía tan frívola a su lado, pavoneándose en los eventos como si hubiera sido ella quien había salvado al mundo. Insoportable de verdad, nunca dejaba de mencionar que era la esposa del gran Harry Potter.
—¿En serio? ¿Cómo lo sabes?
—Bueno, mi familia es invitada a algunos eventos del ministerio, así como de vez en cuando recibimos invitaciones aquí por parte de ellos y tuve la desgracia de topármela —me contó y rodó los ojos— Pero nuevamente ese no es el punto, sino que su exmarido dice amarte.
—Y yo no creo que sea así.
—Y yo creo que sí. Se le veía en la cara, prácticamente estaba idiota bailando contigo —acotó con una sonrisa casi dulce— E hizo una declaración pública, casi una rueda de prensa gratis.
—Sí, es un idiota.
—Muy guapo y por lo visto, aun sientes algo por él —apuntó y rió.
—¡¿Qué?! ¡¿Qué te hace pensar eso?! —cuestioné nuevamente molesta.
—Tu cara al escucharme decir que yo si lo aceptaría y ahorita que hablamos de su exesposa —señaló con un dedo— Esa misma cara que pusiste hace un segundo. Celosa de aquí al cielo.
—Sabes, Grace, tengo que trabajar.
—Sí, despáchame de tu oficina si quieres, pero eso no quitara que es verdad lo que he dicho —aclaró, moviendo la varita para desaparecer ambos platos y luego se puso de pie— Sólo digo, Pansy, que no está mal si realmente lo intentaras con él o con cualquier otro, eres joven y tienes todo el derecho de amar y ser amada otra vez.
—Gracias, Grace —dije sonriendo un poco.
—De nada. Nos vemos luego —abrió la puerta y se fue.
No podía dejar de pensar en eso, y menos ahora con las palabras de Grace. No sabía qué hacer, sabía que aceptarlo o ceder no era una opción. Sabía lo que pretendía Potter, aunque intentara hacerme la loca como con Grace, pero no sabía si estaría dispuesta a creer en lo que Potter decía. Había pasado tanto tiempo, tantos años de ello. Internamente lo había esperado, muy en el fondo de mi corazón había esperado que apareciera y me propusiera intentarlo, pero no lo hizo, se casó, me casé y tengo una hija que es toda mi vida, pero ahora volvía para decirme que me amaba, que aún lo seguía haciendo después de todo lo que había pasado en la vida de ambos. Y no sabía si creerle o no.
No, no quería creerle. Lo que había dicho hace años me había dejado tan dolida. No sentirme correcta, no sentirme elegida y amada, me había destruido de algún modo. Que él dijera que tenía que hacer lo correcto en su vida y que terminar conmigo era parte de ello, había dolido, tanto en mi amor por él, como en mi orgullo de mujer. ¿Qué mujer querría escuchar eso del hombre que quería? No ser correcta, no ser digna y que su amor no era para tanto. ¿Y ahora qué había cambiado? Quise preguntarle y lo hice, y él solo decía que ya no le importaba perder todo lo demás si me quedaba a su lado.
Era demasiado tarde y absurdo. Era como querer contar todas las estrellas cuando el sol ya había salido. No era posible.
Negué con la cabeza y continué con mi trabajo, pues suficientes papeles había sobre mi escritorio como para dedicarle más tiempo a mis pensamientos sobre Potter. Acomodé todo lo que encontraba y firmaba los documentos de algunos envíos al museo de Australia, al igual que aceptaba los pedidos que hacía Edward para recibir algunas piezas aquí. Todo estaba bien, hasta que llegó Caroline con la noticia de que tenía que hacer un viaje a Paris para ver los asuntos del museo moderno. Sabía que en algún momento tenía que hacerlo, pero no creí que fuera tan pronto.
—Es urgente que lo haga, señora Parkinson —dijo, sosteniendo una pequeña libreta donde llevaba mi agenda.
—¿De verdad? —pregunté— No podría retrasarlo algunos días, apenas terminamos con el evento de Merlín y no sé quién podría cuidar de Lizzie, si la llevó no podré concentrarme en el trabajo ni en ella.
—Hay algunos inconvenientes con algunos compradores, y el señor Goldstein dejó en claro de que, al finalizar el evento, era necesario que se presentara allá, para que conociera al personal y a los artistas.
—Está bien. ¿Cuándo tengo que salir? —pregunté resignada.
—Mañana en la tarde, el jefe del museo preparó una junta para el miércoles en la mañana —anunció con un tono casi de disculpa, sonreí resignada y me encogí de hombros.
—Está bien, no te preocupes.
Después de que Caroline se retirara, me puse a pensar quien podría quedarse con Lizzie. Trataría no tardar, pero igual me preocupaba los días que pasaría lejos de ella. No confiaba en nadie, así que contratar una niñera quedaba descartado, nunca se sabía quién podría llegar con cara de inocencia a dañar a una niña por rencores de pasado. Enviarla a Grecia con sus abuelos podría ser, pero no quería recurrir siempre a ellos, ellos tenían fantasmas que enfrentar y un dolor que superar, no podía pedirles que dejaran de hacer eso sólo porque yo tenía que cumplir con mi trabajo.
Terminé lo que tenía que hacer y tomé mis cosas para ir por Lizzie a casa de los Malfoy y explicarle. Tal vez ellos pudieran cuidarla por el fin de semana, confiaba totalmente en ellos y adoraban a mi hija, así como también Lizzie los adoraba a ellos. Sólo esperaba que para ellos no representara ningún problema y que Lizzie no se pusiera terca al respecto, espera que la compañía de Scorpius la persuadiera, porque estaba segura de que Draco y más Astoria, la consentirían demasiado estos días y le prometerían mil cosas para que aceptara.
Afuera de mi oficina le dije a mi secretaría que tuviera todo preparado para mi viaje, así como el hospedaje. Caroline dijo que lo haría inmediatamente, que sería en el hotel donde David y Aranza se hospedaban siempre y tendría mis reservaciones hechas para mañana. Le agradecí y caminé, encontrándome con Grace en las escaleras.
—Viajare a Paris —fue lo primero que le dije, algo desanimada.
—Sí, supuse que en algún momento tendrías que hacerlo. Es necesario, y no te molestes ni te desanimes, Paris es precioso —dijo como si nada y sonriendo.
—No iré a pasear, espero volver para el domingo, no quiero dejar a Lizzie tan sola —expliqué.
—¿La dejaras con los Malfoy? —preguntó.
—Sí, ¿o puedes cuidarla tú? —pregunté seriamente.
La vi ponerse nerviosa, mirarme con ligera angustia mientras se apretaba los dedos.
—Mira, Pansy, adoro a Lizzie, pero yo no sé tratar con niños pequeños y…
—Deja de mortificarte —reí y ella me miró al final con reproché— Sé que no podrías con ella, tiene una cara de ángel, pero no lo es mucho, además de que tienes razón —concordé y ella me miró confusa. Abrí la puerta y salimos al pasillo que daba al salón— Deberías tener un bebé, así sabrías que hacer con un niño pequeño.
Ella me miró con los ojos inmensamente abiertos y seguí sonriendo al verla molesta. Esta chica se podía pasar el día entero jugando con los demás, pero se molestaba cuando le hacían una broma a ella, así que era satisfactorio haberlo hecho. Seguimos caminando y ella guardó silencio aun algo mosqueada. Sabía de aquella decisión de no ser madre todavía, ella decía que era demasiado joven para hacerlo y que no le gustaría abandonar su trabajo por un bebé todavía, además de que no ha encontrado a nadie con quien formar una familia, a pesar de que su madre le presentaba a cualquier mago joven y soltero que existiera, y tenía una fila de pretendientes, pero al final no elegía a nadie.
Cuando llegamos al salón donde aún estaban los cuadros del Rey Arturo y la preciosa espada, me detuve por completo, sintiendo una extraña y fría cosquilla por todo mi cuerpo. Grace también se detuvo y rio en entre dientes. La miré y ella me miraba con burla y una mueca por demás maliciosa.
Volví mi mirada al sujeto que estaba ahí, caminando de un lado para otro con un ramo de flores en una de las manos y la mirada baja, mientras sus labios se movían, como si hablara consigo. Apreté los puños y elevé una ceja molesta. Suficiente había tenido de él la noche del evento, la publicación en el diario al día siguiente y hoy en la mañana con aquellos reporteros. Era demasiado que estuviera aquí como si no hubiera hecho ni dicho nada. Era en verdad un inconsciente.
Escuché a Grace carraspear con fuerza y Potter inmediatamente giró a vernos. Miré con rabia a Grace y ella sólo se encogió de hombros como si le diera igual que yo no estuviera preparada para este encuentro.
—De todos modos, no es como si pudieras desaparecerte aquí adentro o irte por otro lado —dijo con soltura y caminó— Buenas tardes, señor Potter, esas flores son preciosas.
—Buenas tardes, señorita…
—Recher.
—Gracias, señorita Recher —dijo Potter dando unos pasos hacia nosotras.
—Supongo que son para Pansy.
—Este… sí —sonrió Potter hacia mí.
Titubeé ante esa mirada demasiado intensa y esa sonrisa que me ponía temblar las piernas mucho a mi pesar, haciendo que un suave cosquilleo se centrara en mi vientre.
—Grace —dije con molestia y caminé hacia ella.
—Son preciosas, Pansy.
—Quizás quieras recibirlas tú —alenté con ironía y ella negó más divertida todavía.
—Me gustaría, pero son para ti, querida. Además, el señor Potter ha dejado en claro que está loco por ti —soltó con simpleza.
Bufé, exasperada, ante su sonrisa divertida y más al ver el ligero sonrojo en el cuello de Potter. Me crucé de brazos y miré hacia otro lado.
—Así que mejor me despido. Nos vemos luego, señor Potter, y espero que te vaya bien en Paris, Pansy —dijo en tono inocente Grace.
La miré de nuevo con sorpresa, no creyendo que dijera eso delante de Potter. Eso había sido completamente para darle información a Potter que claramente no necesitaba, él no tenía por qué conocer lo que hacía o a donde iría. Era preferible que no supiera nada de mí. La vi caminar hacia el siguiente pasillo que llevaba a la salida y luego giró a verme con diversión y una sonrisa que se me antojo macabra, mientras levantaba uno de sus pulgares como si me apoyara en algo.
—¡Merlín, hay días en que quisiera ahorcarla! —dije con rabia.
—¿Te vas? —escuché la voz de Potter y lo miré. Parecía algo desilusionado, haciendo que aquel brillo de sus ojos bajara y su sonrisa menguara. Por alguna razón me sentí bien viéndolo así, como si le doliera un poco imaginarme lejos otra vez. Mi ego lo agradecía.
Luché para deshacerme de esa emoción y me volví apretar más los brazos, mirándolo otra vez con enojo por todo lo que había acontecido por su declaración de amor tan fuera de lugar.
—Sí.
—Pero, no es por lo que dije, ¿verdad? —preguntó con premura.
Elevé una ceja sin entender, pero luego lo comprendí, él en verdad pensaba que me iría por aquella declaración, que me alejaría definitivamente de Inglaterra solo por que cometió una estupidez. Pues bien, podría jugar un rato con él, ver hasta donde sería capaz de llegar si pensaba eso. ¿Qué haría Potter si lo hiciera, si me alejara para siempre de su vida como hace tantos años? ¿me dejaría ir igual o me detendría o me buscaría?
Quise sonreír, pero preferí no hacerlo, era mejor un poquito de venganza por todo lo que hizo, hace tantos años como ahora.
Él extendió las flores y aquella sonrisa que había puesto al verme no aparecía todavía. Aflojé los brazos y los bajé, mirando aquel ramo, que era un conjunto de muchas flores, había rosas rojas, azucenas, tulipanes, margaritas y girasoles, era como si no se hubiera podido decidir por una sola flor.
—Son para ti —confirmó. Cerré los ojos por unos segundos, disfrutando del aroma y luego las tomé con cuidado.
—Gracias —musité.
Me sentí tan incomoda con las flores en las manos, no sabiendo si sería bueno apretarlas a mi pecho como quería hacerlo u olerlas un poco más, así que simplemente las sostuve con fuerzas con ambas manos. No quería que él se diera cuenta de lo bien que se sentía recibir flores. Hace tanto que no las recibía, el último en darme un ramo de flores fue Anthony en mi último cumpleaños con él, siempre me regalaba muchas rosas rojas.
—¿De verdad te vas? —preguntó de nuevo.
—Sí —acepté y lo miré a los ojos.
—¿Por qué?
Me encogí de hombros y pasé a su lado, empezando a caminar para ir a la salida. Él igual lo hizo, siguiéndome y lo sentí ponerse a mi lado.
—Pansy, por favor, dime porque, ¿acaso es por lo que dije la otra noche? —preguntó con urgencia.
—Sabias que hoy tuve que meter una orden de restricción a una horda de reporteros que querían saber lo que hay entre nosotros, cuando no hay nada claramente, pero tú hiciste creer lo contrario, y que algún idiota puso en el Profeta, después de la exclusiva del evento, qué si yo era acaso el motivo de tu separación con Ginevra Weasley, cuando yo apenas volví hace seis meses a Inglaterra después de tantos años —dije con rapidez, deteniéndome a mitad del pasillo, como si le estuviera dando los motivos del porque me iba.
—Lo sé, lo leí y fui a que hicieran una declaración, pero me dijeron que no se podía hacer nada, que sólo fue una especulación retórica, no dieron nada por hecho —se defendió y se pasó una mano por el cabello— No fue tú culpa, pero si de lo que siento por ti lo que me hizo separarme de Ginevra.
—¡Oh, gracias por no culparme! —dije con sarcasmo y volví a caminar.
—Te he amado desde siempre, no pude amarla a ella y eso destruyó todo entre nosotros —alegó con fuerzas.
—No es mi culpa —repliqué.
—Tal vez sí —sentí su mano envolver mi codo, haciéndome girar y colocarme muy cerca de su pecho.
Las flores se interponían entre nuestros cuerpos, pero era claro que podía sentir aquel calor que adoré en mi adolescencia, aquella magia que acariciaba la mía mientras jugábamos a tentarnos, mientras me abrazaba o me besaba, mientras me susurraba cosas o yo pasaba mi nariz por su cuello para ponerlo nervioso. Era embriagante la sensación, más intensa que antes quizá. Antes, hace años, era de verdad solo una actividad placentera, aquel juego adictivo de estar en pasillos oscuros y silenciosos, donde solo se escuchaban los pequeños ruidos se besos o respiraciones difíciles de controlar, de estar en salones vacíos con la adrenalina de ser descubiertos, de tocarnos por encima de la ropa, de posar los labios más allá de donde debíamos y nuestra resistencia permitía. Era un juego de niños nada más, que no sabían, pero temían mucho. Pero ahora podía sentirlo más, como si de un calor me comiera por dentro, como una caricia y una enorme tensión se acumulará en mi vientre.
Me sentí mal por ello. No debía sentirme así, no como si fuera a derretirme, como si quisiera hacerle miles de cosas y que él hiciera otras tantas conmigo.
—Jamás dejé de pensarte, de amarte, de quererte, de desearte —dijo bajando la voz y acercando su cara a mi rostro— Recordando a cada segundo lo hechizante que era tenerte cerca, hablarte, tocarte, olerte, pensando en lo idiota que me tenían tus ojos, en lo adictivo y delicioso que era tu piel y saboreándome el sabor de tu boca que nunca pude olvidar.
Pude sentir sus labios en mi mejilla, cerca de la comisura de mis labios. Cerré los ojos por inercia, pensando en cómo era besarlo, en esas ganas que antes tenía de no soltarlo, de poseer lo que claramente me pertenecía. Aguanté la respiración, sintiéndome de repente como aquella adolescente que estaba débil y embrujada por él, que se sentía poderosa por tenerlo, por descubrir aquella fase tan desbordante y apasionada del que todos declararon héroe, aquella parte que nadie tenía, que no mostraba, pero que tenía en mis manos, haciéndome dueña de todo. Pero al igual que me sentía así, rápidamente sentí lo mismo cuando dijo que tenía que hacer lo correcto en su vida. Cuando terminó conmigo.
Cuando lo sentí a punto de tocar mis labios, giré el rostro y abrí los ojos. Sentí otra vez aquel fuego doloroso al recordar su voz de hace años, recordar cómo me sentí, las lágrimas que derramé de camino a mi sala común, al verlo con Weasley paseándose con ella por todo el colegio después y luego cuando me buscó sólo para besarme otra vez, decirme que me amaba y aun así dejarme.
—¡Aléjate de mí! —grité y lo empujé con todo y flores, haciendo que las agarrara de nuevo.
Me di la vuelta y caminé a la salida.
—Pansy, por favor, amor, espera —pidió y las pocas personas que estaban ahí giraron a vernos.
Algunos eran clientes y otros trabajadores del lugar. Me sentí tan avergonzada y me detuve de nuevo, girando para enfrentarlo y haciendo que casi chocara conmigo. Me hice un paso atrás y lo apunté con un dedo, sintiendo la rabia subirme hasta la cabeza.
—Primero, no soy tu amor y no lo seré nunca. Y segundo, he pedido que me dejes en paz —dije en voz baja, pretendiendo que nadie más escuchara, porque de verdad que siendo la directora del museo no era bueno que diera esta clase de espectáculos. Me giré de nuevo para irme de una vez.
—Vale, todavía no eres mi amor —habló en voz alta a propósito, pues no era necesario gritar para que yo lo escuchara. Al girarme de nuevo para verlo, él seguía en el mismo sitio, mirándome con casi dulzura— Y aunque suene contradictorio, si lo eres en parte, porque te amo y no, no te dejare en paz, me he propuesto a conquistarte de nuevo y lo lograre.
Todos nos veían y murmuraban. Pude sentir mi cuello arder y mis manos apretarse. Sentía hasta dolor en el cuello por la tensión que Harry Potter me estaba provocando con sus actos y palabras. Evidenciándome de alguna manera, de lo que hubo en mi pasado y nadie tenía porque saber, hablando como si todo el mundo supiera desde siempre que estuvimos juntos y ahora solo pensábamos retomarlo.
Era un completo idiota.
Me acerqué dos pasos a él y lo miré con el mayor resentimiento que tenía.
—¿Por qué siempre tienes que gritarlo? Me pones en vergüenza y más siendo este mi lugar de trabajo —pregunté con rabia.
—Porque quiero que todos se enteren, que no vuelvas a creer que quiero mantenerlo en secreto, porque no es así. Pídemelo y lo gritare a los cuatro vientos —aseguró y negué con la cabeza, pues eso sería totalmente ridículo y no es algo que deseara— Estoy declarando públicamente mis intenciones, lo que siento por ti y sepan que no podrán hacerme cambiar de opinión o desafiarme, que pueden tomarme por un loco o lo que quieran, pero que no te dejare jamás. Y también para que quede claro que nadie más puede cortejarte, que eres mía —confesó y, como no, en voz alta como siempre para que todos lo supieren.
—¿Así? ¿Tuya? ¿Y cuando he dado, según tú, ese permiso? —pregunté cruzándome de brazos.
—Cuando mi corazón te empezó a amar, y será oficial cuando el tuyo lo haga de nuevo —afirmó con confianza, pareciéndome terriblemente cursi, algo que hizo sentir a mi estómago como en caída libre. Estaba segura de que eran nauseas, ¿qué más podría ser?
—Vete al diablo, Potter. Me importa poco si quieres que todo el mundo lo sepa o no, eso no quiere decir que te creeré.
—Pansy, mi amor, por supuesto que me creerás cuando veas que nadie sería capaz de amarte como yo, que nadie va a adorarte como lo hago yo. Lo verás, lo creerás y aceptaras —otra vez ese movimiento de mi estómago. Quizá iba a enfermar con solo escucharlo.
—Te olvidas de que me voy —recordé y él guardó silencio.
Me di la vuelta cuando vi su rostro desaparecer la sonrisa. Sonreí con libertad y caminé una vez más a la salida, quería dejar de hacer un espectáculo dentro del museo. Era una mentira piadosa mis palabras, pero eran necesarias para desanimarlo un poco.
Escuché sus pasos apresurarse y alcanzarme a mitad de las escaleras.
—Te seguiré, siempre lo hare, no importa donde vayas, iré detrás de ti.
—Claro, Potter, ahora déjame marchar, tengo que ir por Lizzie —dije sin interés.
—No me crees, pero lo hare —aseguró.
Negué con la cabeza y bajé más rápido, cuando llegué al final, no pude con la tentación de voltear de nuevo, viéndolo tres escalones más arriba. Tenía en una sola mano aquellas flores, que miraban hacia abajo. Era seguro que quedaría muy mal si se las pedía de nuevo, además de que qué explicación daría en la mansión Malfoy al verme llegar con ellas.
Harry Potter estaba mirándome sin sonrisas, pero con una mirada que me desconcertaba más que todo, porque guardaba algo en aquellas esmeraldas que no conocía o no quería conocer, o qué si conocía, pero me negaba a aceptar, temiendo que fuera una mentira o una efusividad, aquello que vi en los tiempos en que nos decíamos amar sin decirlo en voz alta. Estaba temerosa de ello, de aquello que mostraba.
Había superado a Potter una vez, no sabía si podría hacerlo en una segunda ocasión si cedía a lo que pedía.
Tomé mi varita con fuerzas y la moví, apareciéndome en la puerta principal de la mansión Malfoy. Respiré profundamente antes de tocarla y esta se abrió inmediatamente para mí. Intenté relajarme por completo para llegar al salón, donde siempre me esperaban Astoria y Draco con los niños jugando.
—Hola —saludé y Lizzie se levantó para correr a mis brazos.
La levanté y la abracé mientras le acariciaba el cabello.
—Mami, te extrañé —dijo separándose de mi cuello y viéndome a la cara.
—Yo también, bebé, demasiado en realidad —alegué besándole repetidamente las mejillas para luego ponerla en el suelo— Hola, Scorpius —saludé al pequeño rubio cuando se acercó a mí.
—Hola, tía Pansy.
—¿Se han divertido hoy? —pregunté a ambos y ellos asintieron con ganas.
—Sí, tía, hicimos muchas cosas, dibujamos y perseguimos a los pavos reales, y luego mami nos llevó a ver a Tyr —contó el rubio y yo pasé una mano por su cabello, sonriéndole.
—Y luego escuchamos a abuelita Cissy tocando el piano y comimos pastel de durazno —siguió Lizzie.
—Que bien, sigan jugando, pronto nos iremos Lizzie —le dije y ellos asintieron antes de regresar a sentarse en la alfombra, donde en la mesita del centro había muchos papeles y lápices de colores.
—¿Cómo te fue en el trabajo? —preguntó Astoria cuando tomé asiento en el sofá más cercano a ellos.
—Bien, muy bien —suspiré y me dejé caer agotada en el respaldo, cerrando los ojos. No, no había ido precisamente bien el día de hoy.
—¿Qué pasó? —escuché la voz preocupada de Draco.
Abrí los ojos y los miré, sonriendo un poquito.
—Cuando llegué había muchos reporteros a la entrada del museo, preguntando lo que pasaba entre Harry Potter y yo. Tuve que poner una orden de restricción, no dispuesta a hacer ninguna declaración.
—Maldito Potter —dijo Draco y Astoria lo golpeó con la mano, señalando a los niños que no habían prestado atención— Está mal que maldiga delante de ellos, señora Malfoy, pero tú si puedes golpearme, ¿no? —dijo con sarcasmo.
—Sí, así es, mi amor —contestó con simpleza y luego volvió a mirarme mientras Draco refunfuñaba— Supongo que eso te puso de malas.
—Terriblemente de mal humor. Pero todo bien, lo qué si me tiene un poco preocupada, es que tengo que viajar a Paris a ver los asuntos del museo moderno —dije y luego me volví a poner recta en el sofá— No tengo con quien dejar a Lizzie y salgo mañana, llevarla no puedo, no podré cuidarla…
—No digas nada más, Lizzie se quedará con nosotros —habló Draco sonriéndome.
—¿De verdad? No quiero causar inconvenientes o que ella lo haga.
—Por favor, Pansy, si Narcissa te escucha se molestará mucho contigo, Lizzie no causa problemas para nada, es un completo amor —continuó Astoria sonriendo dulcemente.
—No entiendo cómo es que la siguen viendo como si fuera un angelito. Tal vez cuando era un bebé lo era, pero les aseguro que es un torbellino ahora —dije riéndome.
—Porque lo es, la princesa es un ángel por completo —me regañó Draco— ¿Verdad, princesa, que tú eres un ángel? —habló en voz alta y Lizzie sonrió enorme, levantándose para correr a sus brazos. Scorpius la siguió y se sentó en medio de su madre y padre, riendo.
—Claro que lo soy, tío Draco —aseguró con una sonrisa.
—¿Quieres quedarte con nosotros, Lizzie? —preguntó Astoria.
—¿Hoy? ¿a dormir? —preguntó.
—No, mi amor, a partir de mañana en la tarde. Tengo que ir a Paris a ver el otro museo y no puedo llevarte —le dije y ella se cruzó de brazos.
—Pero yo quiero conocerlo —dijo con voz terca.
—Lo sé, mi amor, y te llevaré, lo prometo, pero me dijeron que hay algunos problemas y tengo que resolverlos, si te llevo te tendré encerrada todo el día en la oficina —expliqué con calma.
—Pero alguien puede cuidarme —argumentó.
—Pero no confió todavía en nadie de allá, en Caroline porque tu abuelo dijo que ella podía hacerlo. Pero te prometo que luego te llevare, cuando todo esté resuelto y podamos pasear las dos. Tal vez Scorpius pueda acompañarnos e igual tus tíos —dije intentando persuadirla.
—Además, Lizzie, no nos vamos a aburrir, podemos hornear galletas y pastel, y podremos pintar en el patio y volar en Tyron, o ya sé, podemos ir a la plaza y comprarle algo a Cissy, pronto será su cumpleaños, ¿lo olvidas? —preguntó Astoria con una sonrisa para que ella aceptara.
—Sí, está bien. Pero, mami, promete que me llevaras —pidió resignadamente.
—Lo prometo, cielo. Intentare regresar para el domingo en la tarde, ¿sí? O antes —les dije y ella asintió.
—Claro, no hay problemas, haremos todas las noches pijamadas juntos —les habló a Astoria a ambos niños, haciendo que ambos rieran encantados, pues esas pijamadas incluían dormirse un poco más tarde y comer galletas de más, claro, no de chocolate para no ponerlos hiperactivos.
—¡Sí! Jugaremos a los piratas, ¿podemos, papi? —preguntó con entusiasmo Scorpius.
—Claro, gran idea, y Lizzie será a la princesa que rescataremos en un barco —arguyó Draco con una sonrisa.
—¿Qué? Yo no quiero quedarme sin hacer nada, igual quiero rescatar a alguien.
—Está bien, yo seré la princesa —calmó Astoria.
—Bien, todo está listo, es hora de irnos, Lizzie —dije y ella asintió.
Besó la mejilla de Draco, luego el de Astoria y movió su mano en dirección de Scorpius que ya se había acurrucado en los brazos de su madre y luego Draco igual lo abrazó.
Eso quedaba resuelto, aunque aun así no quería dejarla y esperaba terminar pronto allá para poder regresar en menos días. Cuando llegamos a casa le dije que todos los días le hablaría por la chimenea y si me necesitaba volvería inmediatamente y ella asintió conformé, hablándome de que me extrañaría, pero igual haría muchas cosas con sus tíos y Scorpius, pero aun así pidiéndome que la llevara a conocer ese museo luego.
Se lo prometí una vez más y la llevé para darle un baño y luego bajara a cenar. Y por otro día más, pude sacarme a Potter de la mente y de lo que había dicho al hacerle creer que me iría para siempre.
Hola de nuevo, ¿les gustó?
¿Cómo están? ¿Tan atareados como yo por la escuela? La verdad es que ya estoy agobiada por todo: tareas, proyectos, presentaciones, más tareas, más proyectos, leer y escribir (esto lo hago por gusto, pero aun así no puedo dejarlo).
Voy a enloquecer, por eso vine a publicar, distraerme y distraerlos es lo mejor que se me ocurre hacer.
Nos leemos luego.
By. Cascabelita
