-¿Hace cuánto que no vienes?- le preguntó Hiromu, mientras avanzaban lado a lado.

Ella arqueó una ceja, sin comprender la pregunta.

-¿De qué hablas?

-Del pueblo- aclaró él. -¿Hace cuánto que no estás aquí?

Yoko bajó la vista, mordiendo su labio avergonzada.

-Nunca he estado aquí- habló casi en un susurro.

-¿Tu hermana y tú siempre han estado el castillo?- la expresión de Hiromu delató su sorpresa.

-Algo así- suspiró, mientras en su mente recordaba su infancia en el palacio. -Quizá salí en alguna ocasión, pero no lo recuerdo. Eso habría sido durante...- lo miró y calló, dudando.

-13 años- completó él.

Ella lo miró, sorprendida por su tono tranquilo y casual. Él captó su reacción y le dedicó una sonrisa.

-Tranquila, estoy acostumbrado- habló con la mirada fija a algún punto frente a él. -Todos siempre reaccionan de esa forma cuando llegan a mencionar algo sobre ese día, pero he aprendido a tomarlo con normalidad- la miró. -Es una de esas cosas de las que no puedes huir.

Al ver su mirada Yoko sintió la necesidad de decir algo, quizá alguna palabra de consuelo o apoyo. Pero las palabras no salían, un denso nudo en su garganta se lo impedía.

-No eres la única- pensó, bajando la mirada y clavándola en sus pies. -Entiendo tu dolor. Más de lo que podrías imaginar.

-¡Hemos llegado!- su voz la hizo levantar la vista, realmente sorprendida por lo rápido que habían llegado al sitio donde se encontraba esa bella fuente, coronando el paisaje.

-¡Vaya!- exclamó mirando a su alrededor, sin poder disimular su expresión de fascinación.

Hiromu no pudo evitar reírse al ver su reacción, sorprendido y fascinado por su inocencia, por la manera en la que cosas tan sencillas la maravillaban. Ella lo fulminó con la mirada.

-¿Qué te es tan divertido?- dijo

-Eres demasiado inocente- eso la hizo torcer el gesto. -No me lo tomes a mal, es solo que conozco este lugar como la palma de mi mano. Ya nada me sorprende.

-La humildad no es lo tuyo, ¿cierto?- Yoko lo miró, torciendo el gesto.

-Rika siempre dice que no soy muy prudente con mis palabras.

-Pues tiene razón.

Intercambiaron miradas, retándose entre ellos. Sin embargo, después de unos segundos no pudieron evitar estallar en carcajadas. Cuando recuperaron la compostura, Hiromu fue el primero en hablar, pasando una mano por su negra cabellera.

-Oye...- en su tono se percibía un deje de nerviosismo. -Si gustas, puedo mostrarte el pueblo. Así ya no te perderías. ¿Qué dices?

-Ah, emm, yo...

Pero antes de que Yoko pudiese responder, un grito estruendoso la interrumpio.

-¡Oye, tú!

Ambos giraron en dirección de la voz, encontrándose con un muy molesto Masato Jin, quien se acercaba a ellos con grandes zancadas.

-Oh, no- murmuró Hiromu, torciendo el gesto.

Yoko le lanzó una mirada rápida a ambos.

-¡Ni creas que te has salvado de mi, muchacho!- Masato estaba cada vez más cerca.

-¡Corre!- sin pensarlo 2 veces, tomó de la mano a la chica y salió disparado, pasando al lado de Masato por centímetros.

-¡Hiromu!- aturdido por lo que acababa de suceder, el hombre tardó unos segundos en reaccionar y salir detrás de ellos.

Hiromu y Yoko reían con fuerza, como si se tratase de la más divertida de las travesuras, mientras corrían a través de las calles, esquivando a la gente con agilidad. Ella lo dejaba guiar, confiando en sus conocimientos y dejándose llevar por esa sensación de libertad tan refrescante que la embargaba.

No se detuvieron hasta estar protegidos por las sombras del bosque, ocultándose detrás de un árbol, con sus corazones acelerados por la adrenalina.

-Eso fue...- habló Yoko con la respiración entrecortada -, divertido...- dejo escapar unas risas, tosiendo ligeramente por la falta de aire.

-Es divertido hacerlo enojar...- Hiromu estaba en condiciones similares, sin embargo su condición le ayudaba.

Se miraron el uno al otro y comenzaron a reír a carcajadas nuevamente.

-La mento eso- dijo Hiromu, una vez que recupero el aliento. -Pero se que esta molesto conmigo y prefiero evitar su sermón por un rato.

-¿Qué hiciste esta vez?- dijo Yoko arqueando una ceja con diversión, comenzando a dar unos pasos para contemplar los alrededores.

-Más bien lo que no hice- respondió el, rascando su nuca. Dió un suspiro y comenzó a seguir a Yoko. -Se supone que debería haber ayudado a emboscar al capataz de los mineros esta mañana, pero elegí irme.

Yoko agradeció infinitamente que él viniera detrás de ella y así no pudiese notar la expresión que se había formado en su rostro. Por un momento había olvidado a lo que se dedicaba y sintió una pesadez en el estomago al pensar en ello.

-¡Hey!- al ver que no volteaba, Hiromu se apresuró a alcanzarla. La tomó por el brazo, haciéndola girar rápidamente por el sobresalto.

-¿Eh?- exclamó ella.

-¿Esta bien?

-Yo, eh... Si...- bajo la mirada, mordiendo el interior de sus mejillas.

-¿Segura?

El sentir su mirada fija en ella la hacía sentir como si sus sistemas se desconectaron. Sus mejillas comenzaron a enrojecerse y, en un intento desesperado por ocultarlo, le dió la espalda nuevamente.

-¿Acaso te asusto?- la forma en la que Hiromu hizo esa pregunta, con un deje de tristeza e inseguridad, provocó que ella levantara la mirada de inmediato.

-No- respondió de inmediato. -Nada de eso.

-¿Entonces por qué me evitas?

Se quedaron mirándose por un instante, hasta que Yoko ya no pudo más y bajo la mirada, mordiéndose el labio.

-Perdóname- respondió, hablando con total sinceridad. -No estoy acostumbrada a todo esto, las cosas están pasando demasiado rápido para mi comprensión- él se limitó a mirarla en silencio. -Tan solo hace un días todo era tan tranquilo y rutinario, y ahora...- sintió como su voz comenzaba a temblar y el nudo en su garganta amenazaba con traicionarla. Estuvo a punto de girarse de nuevo para poder limpiar sus lágrimas, pero Hiromu se le adelantó, sujetando su mano con firmeza e impidiéndole cualquier movimiento.

-Dejalo fluir- dijo con amabilidad. -Creeme, se mejor que nadie el daño que puede hacer guardarse todo.

Ella lo miró fijamente, sorprendida por su empatía. Un par de lágrimas rodaron por sus mejillas, pero a pesar de ello se sentía repentinamente mejor ante sus palabras. Él le dedicó una sonrisa, dejando ir su mano con un movimiento suave. De repente, girando su cabeza hacia un costado, soltó un potente silbido que hizo eco en la inmensidad del bosque.

Yoko estaba apunto de preguntarle que era lo que estaba haciendo cuando de entre los árboles apareció un fuerte corcel de pelaje castaño-rojizo. Era un fino animal de raza pura, como aquellos que solo monta la nobleza y que la joven solo le había visto a su padre. El caballo camino de forma dócil hasta detenerse junto a Hiromu y frotó su hocico contra el brazo del chico.

-Fue un regalo de mi padre- comentó él de repente, acariciando su nariz. -Es de lo poco que pude rescatar de lo que solía ser mi hogar.

-Es muy bonito- comentó Yoko, aproximándose para acariciarlo.

Apenas vio la mano de la chica, el caballo se apresuró a acortar distancia, relinchando con alegría. Ni Hiromu ni Yoko pudieron evitar sonreír ante eso.

-Le agradas- comentó él, acariciándolo también.

-Eso parece- ella sonrió aún más. -¿Cómo se llama?

-Cheeda Nick- respondió algo apenado. Ella le lanzó una mirada de incomprensión, a lo que él reaccionó rascando su nuca. -Era un niño cuando lo elegí.

-Es peculiar.

-No quise cambiarlo. Sonará un poco cursi, pero siento que me hace tener siempre presente lo que alguna vez fue.

Yoko sonrió. Era exactamente la misma razón por la que el libro de Robin Hood era el mejor recuerdo que tenía de su madre. Pero al recordar que lo había perdido por huir de sus propios sentimientos, la alegría se esfumó de pronto. Sintió una pesadez en el pecho y se recriminaba internamente por sus acciones, y él tener a Hiromu tan cerca empeoraba la situación.

-Me tengo que ir- dijo de repente, dándose media vuelta para alejarse. Ya no quería pensar en esa situación tan triste.

-¡Espera!- la voz de Hiromu la detuvo. -¿Puedo acompañarte?

-No lo tomes a mal, pero preferiría que no. Gracias por todo.

Ya había dado unos pasos cuando él se colocó frente a ella, interponiéndose en su camino.

-Me parece que esto es tuyo- dijo, entregándole la bolsa que había rescatado de los arbustos ese día al tratar de alcanzarla.

La sonrisa de Yoko y las lágrimas en sus ojos delataban la inmensa alegría que ese gesto había provocado en ella.

-Nos e que decir...- dijo, tomando la bolsa como si se tratara del objeto más delicado del mundo. -¡Gracias! No sabes lo mucho que significa para mi...

-Me pareció algo inusual en un principio, pero imaginé que tendrías tus razones, sujetando las riendas de Nick y comenzando a caminar junto a ella de regreso al pueblo.

-Fue un regalo de mi madre- respondió Yoko, abrazando el libro al sacarlo de la bolsa para inspeccionarlo. -Es lo único que me queda de ella.

-¿Por qué "Robin Hood"?- pregunto de la anda, mirándola atentamente. Le gustaba ese lado que estaba conociendo de ella. -No es algo que cualquier chica lee.

-No soy lo que parece- contestó ella. -Contrario a lo que esperaban de mí, cuando era pequeña soñaba con ser el héroe de la historia, no la dama desvalida.

-¿Entonces no esperas un príncipe azul?

-No- lo miro de reojo, luchando por disimular su reacción y tratando de observar la suya. -Yo espero un amor de verdad.

Hiromu la miró y sonrió, asintiendo como si secundará la idea.

Caminaron juntos hasta el centro del pueblo y justo cuando el atardecer golpeó el agua de la fuente, se separaron. El efecto provocado por la luz rojiza contra el agua era un reflejo de lo que ambos jóvenes sentían: esperanza, fe en que algo mejor les esperaba.

Pero para Reika, quien los había visto escondida en las sombras de un callejón, solo había envidia y furia. Apretó sus puños y se fue rumbo a la guarida, echando pestes contra esa chica que habían encontrado en el bosque.