Capítulo 10
Notas de Lunita: Hola, cuánto tiempo. Lamento la espera, pero de verdad, he estado muy ocupada últimamente. Queía aprobechar para explicar una cosa: en el capítulo anterior, cuando le piden la contraseña a Kakashi, él dice "atardecer" quiero que sepáis, que la elegí porque akatsuki significa amanecer, con lo cual, ellos irían en contra. Sólo quería explicar eso, espero que os guste el capítulo. Saludos n.n
-xXx-
La noticia de la reunión de los Kages no tardó en extenderse por todo el país. Por todas partes, la gente comentaba que tras ella, los conflictos estarían resueltos. La gente estaba totalmente emocionada, lo que hacía que yo me sintiese cada vez peor. Ellos tienen esperanzas en que todo se solucione, de que se acaben las guerras, que ya no haya que volver a luchar como hasta ahora. Lo que no saben, es lo que nosotros tenemos planeado...
-Naruto, ¿dónde estás? -me preguntó Deidara a través de nuestro sistema de radio.
-Estoy en la tercera planta del edificio, en el ala norte.
-Yo estoy justo debajo de tí. Recuerda, pase lo que pase...
-Lo sé -dije cortándole- no se me ha olvidado.
El gran día había llegado. Infiltrarse en el edificio varios días antes había sido una gran idea, ya que la vigilancia era casi nula. Habíamos pasado ese tiempo ocultándonos de la gente que se encargaba de los preparativos. Pero al fin había llegado el momento y no se podía respirar más tensión en el ambiente. Yo estaba sobre la sala de reuniones, en la que se juntarían los Kages, esperando el momento oportuno para intervenir. Deidara estaría subiendo a mi mismo piso, pero él se quedaría en el centro, para que sirviese a la vez de distracción y de apoyo a Kakashi.
La sala sobre la que estaba era muy curiosa. Tenía forma pentagonal, con una puerta en cada pared; una por cada uno de los Kages. La reunión empezaría en breves instantes y yo sentía que me iba a dar un infarto. En mi vida había participado en una operación tan delicada y compleja; pese a la gran emoción que siento, no puedo evitar que se me mezcle con algo de desesperación. Si cualquier cosa llega a salir mal, seguramente acabaré en prisión o muerto. Me sequé el sudor de la frente con la manga de mi chaqueta. Tenía que tranquilizarme o los nervios lo echarían todo a perder.
De pronto escuché pasos. Se estaban acercando.
Me agaché un poco más, para poder mirar sin que me viesen a mí. Las cinco puertas se abrieron a la vez, dejando pasar a diez personas, dos por puerta. Cinco de ellos (los Kages) llevaban puestas unas túnicas blancas con un símbolo y color distinto en cada uno de los sombreros redondos y de estilo oriental. Eran los símbolos de la nación. Todos estaban allí, incluidos Gaara, el Kazekage, y Tsunade, la Hokage.
Hacía mucho tiempo que no les veía. Gaara llevaba el pelo de un rojo intenso, muy corto, que contrastaba con su pálida piel y sus ojos azulados. Se le veía muy serio, manteniendo la postura, pero a la vez no era tan siniestro como la primera vez que le vi. Era sin duda el más joven de la sala.
Tsunade por el contrario llevaba el pelo largo y rubio suelto, que conbinaba con sus ojos castaños y su piel clara, dándole una apariencia cálida. Sin embargo, a pesar de parecer joven, era una cincuentona, miembro de los legendarios Sannin.
Itachi estaba también en la sala, lo que me tranquilizó levemente. Iba vestido con el uniforme ANBU, al igual que los otros acompañantes. (Nota: ANBU son ninjas de élite, considerados los mejores después de los Kages) Había oído que Itachi había sido capitán de Anbu a los trece años, pero ahora podía comprobarlo, ya que llevaba el tatuaje correspondiente en el brazo izquierdo.
Miró de soslayo hacia donde estaba yo, y aunque fue tan sólo una décima de segundo, comprendí que se me veía, por lo que me eché disimuladamente un poco más hacia atrás.
Los Kages comenzaron con la reunión. Madara estaba sentado tranquilamente, conversando como los demás.
Pasó una hora. Dos. Yo empezaba a ponerme nervioso, pero por fin, Deidara irrumpió en la habitación. Yo asomé la cabeza por el conducto de ventilación e Itachi conectó ambas mentes.
Los ANBUs se abalanzaron sobre Deidara, pero este logró zafarse y salir corriendo.
-¡Qué no escape! -gritó Tsunade, y los demás asintieron para indicarles que cumpliesen las órdenes.
Dos de los Kages salieron tras Deidara junto con ellos mientras que los que se quedaron presentes comenzaron a discutir, generando un enorme caos. Itachi aprovechó la confusión para sacar un kunai y clavárselo a Madara, directo sobre el corazón. Pero de su cuerpo no brotó sangre, no salió un grito ensordecedor. No. Su cuerpo se desvaneció tras una nube de humo. Era un bunshin.
Itachi se dio la vuelta y el verdadero Madara apareció, para intentar cortarle con una katana, golpe que esquivó a duras penas, haciéndole un leve corte en el torso. El Uchiha con una mano se agarró la herida y con un pequeño impulso se puso en pie, activando el Sharingan.
Madara intentó asestarle un par de golpes de nuevo, pero Itachi no tenía la intención de pelear. Arrojó al suelo con fuerza una bola de humo y desapareció.
-¡Me habéis traicionado! -exclamó Madara- ¡Habéis inmiscuido un ninja de Konoha para intentar matarme!
-¡¿Estás loco!? ¡¡Claro que no hemos hecho eso!!
-¡¡Eso es alta traición!! -seguía exclamando Madara. Varios ninjas se aproximaron para saber lo que había pasado.
No tenía tiempo que perder. Tenía que encontrar a Itachi y salir por él. Me deslicé por el conducto de ventilación. Ya no importaba si hacía ruido o no, ya que todo el mundo estaba gritando.
Estuve mucho tiempo deslizándome por los conductos del aire hasta que logré localizarle. Estaba en una habitación bacía, totalmente sólo. Di un pequeño salto y me acerqué a él.
-Itachi, ¿qué ha pasado? -le pregunté.
Itachi no me contestó. Me miró con el Sharingan activado, mostrando una expresión de ira y rabia.
-¿I...tachi? -volví a preguntar, un poco acomplejado por su forma de mirarme.
Se giró hacia mí, viéndome de forma extraña. Instintivamente di un par de pasos hacia atrás. Itachi se acercó a mí; yo me quedé paralizado, pero él siguió acercándose. De pronto, escuché un golpe a mis espaldas. Cuando me di cuenta, Deidara ya había irrumpido en la habitación y tiraba de mí hacia la puerta, para sacarme fuera.
Itachi empezó a perseguirnos, mientras él me guiaba a través de los pasillos.
-¿¡Qué ha pasado!? -exclamé.
-¡Ese no es Itachi! ¡Es Pain! -contestó, mientras seguíamos corriendo.
Comencé a correr por mi propio pie. El falso Itachi nos siguió por el pasillo. Giramos a la derecha, encontrándonos a Kakashi.
-¡Yo me encargo de él, vosotros huid! -gritó Deidara.
Yo seguí corriendo junto con Kakashi, mientras que Deidara se paró formando sellos. No pude ver que técnica utilizó, ya que Kakashi me hizo correr a fondo para no perderle de vista.
Abrimos la puerta que llevaba a las escaleras y bajamos a toda velocidad. Estuve a punto de tropezarme varias veces, pero seguí bajando sin poder parar.
Varias explosiones se escucharon a lo lejos, una bastante fuerte.
Kakashi bajó la mirada un instante y luego se dirigió a mí:
-Naruto, Deidara necesita mi ayuda; tú sal del edificio y no mires atrás. Pase lo que pase, huye.
Antes de que yo pudiese responderle, Kakashi ya había salido corriendo a ayudar a nuestro compañero, lo que me dejaba totalmente sólo y desprotegido.
Seguí bajando las escaleras durante algún tiempo, pero continuaba oyendo un montón de explosiones a mi espalda. Seguramente, los otros estarían heridos, o incluso muertos, pero recuerdo lo que me hizo jurar Itachi horas atrás...
-¡Naruto! -me llamó el Uchiha la noche anterior.
-Mm... ¿Qué?... -murmuré medio dormido.
-Tengo que hablar contigo.
Me incorporé para verle la cara. Él ya se estaba preparando para pelear.
-¿Qué ocurre?
-No ocurre nada, sólo quiero decirte algo.
-Te escucho -asentí y me senté, cruzándome las piernas, para mirarle con atención.
-En estos últimos días, todos te hemos insistido mucho en cuanto a que tengas cuidado, que pases lo más inadvertido posible y que recuerdes dominar tus emociones. Tú y yo nos parecemos mucho, Naruto, aunque a simple vista no se ve. En el pasado las emociones guiaron mi vida y tuve que tomar decisiones; de unas estoy orgulloso y de otras no tanto, pero tuve que decidir. Yo sé que para ti Sasuke es como un hermano, y también sé que sabes que intentará ir a por mí en la operación de mañana. Por eso quiero pedirte un favor.
-¿Qué favor? ¡Puedes contar conmigo para lo que necesites!
El Uchiha sonrió.
-Si algo se tuerce: huye; si te ven: huye; y, si ves a Sasuke: huye.
-¿Por qué? -dije, refiriéndome a lo último.
-Sasuke sabe conectar las mentes, pero no tiene control sobre ello. Si os vieseis de nuevo... podría ocurrir algo muy malo...
-Entiendo.
-Promételo. Promete que si ocurre algo fuera de lo previsto te irás -me miró totalmente, serio, rogando con la mirada que asintiese. Sabía que para él era más duro aún que para mí.
-Lo prometo -dije y me sonrió; tras eso, nos acostamos en sendas camas.
-xXx-
Al llegar a la salida, me quedé asombrado. Muchísima gente parecía haberse enterado de la supuesta "traición" al Raikage, y armaban un gran escándalo.
Salí corriendo del edificio, pero nadie pareció darse cuenta. Entre tantos gritos y empujones era casi imposible fijarse en una persona concreta.
De repente todo el mundo comenzó a huir. La razón la descubrí segundos más tarde. Salía humo del edificio. Probablemente una de las bombas de Deidara había impactado sobre algún material inflamable y este habría comenzado a arder. Seguramente se ha propagado con mucha rapidez. Debería huir tal como me han dicho, pero yo no estoy tan seguro; todos los demás aún están dentro, y puede que no salgan de allí con vida.
Me vino a la mente algo que se me había olvidado ¡Claro! ¡¿Cómo no lo había pensado antes!?
Coloqué un par de mis dedos sobre el lóbulo de mi oreja, apretando un pequeño botón que tenía mi intercomunicador, que servía para ponerme en contacto con Deidara.
-Deidara, ¿¡me oyes!?
-... -no se escuchaba nada.
-¿¡Qué ocurre!? -pregunté mucho más alto, esperando que contestase.
-.... -la respuesta que recibí fue el silencio de nuevo.
-¡¡Contesta!! -grité empezando a estar desesperado.
-¡... Na... r... to... corre! -me respondieron al fin.
-¿¡Qué pasa!?
-¡...Vete ya!... ¡Todos... han... caído...!
-¡¡NO!! -la comunicación se cortó y ya sabía que no iba a volver a hablar con ellos; no al menos en aquel momento.
No lo pensé dos veces y penetré en el edificio ¡Tenía que encontrarles! ¡Uzumaki Naruto jamás dejará atrás a sus compañeros! ¡¡Ése es mi camino del ninja!!
Entré de nuevo en el lugar, esperándome lo peor. Un montón de humo negro comenzó a invadir la planta baja. El fuego no suelta este humo tan negro. Tosí un par de veces y me tapé la boca. O bien me daba prisa o acabaría asfixiándome. Corrí unos metros, buscando las escaleras, que encontré segundos después. Subí a toda velocidad. No tenía ni idea de en qué piso podían estar, pero de lo que estaba seguro, es que aquel humo era consecuencia de sus ataques. Subí al primer piso y comencé a mirar dentro de las habitaciones. Escuchaba ruidos y muchos golpes, pero no sabía de donde provenían.
Miré sin éxito en todas las habitaciones. Ahora lo tenía claro. Tenían que estar en el segundo piso. Los sonidos se escuchaban demasiado altos como para ser en algún otro. Volví a las escaleras y corrí lo más deprisa que pude otra vez. Tenía que encontrarles. El humo cada vez era más denso a medida que ascendía. Tosí un par de veces más. Ya estaba empezando a afectarme demasiado.
Todavía jadeando, vi cómo una de las paredes se caía, causando un gran estruendo. Respiré hondo un par de veces por la carrera, pero eso hizo que empezase a tragar parte del aire que había a mi alrededor a causa del derrumbe del muro. Tosí muy fuerte y durante bastante tiempo, casi un minuto. No sabía lo que estaba ocurriendo y lo peor era que empezaba a sentirme mareado.
Torpemente, comencé a caminar y entré en una habitación, entrando por el hueco de la pared derrumbada que tenía a mi derecha. El humo aparentemente procedía de allí, pero no podía ver nada. Algo que no pude diferenciar, se dirigió de lleno hacia mi cabeza hasta golpearla e impactar sobre ella con muchísima fuerza. Caí hacia atrás, estando tan conmocionado, lo que hizo que me llevase otro golpe más.
Distinguí otra sombra que se abalanzaba de frente hacia mí, pero otra la apartó golpeándola por un lateral.
Tosí de nuevo con mucha fuerza. Estaba tragando demasiada suciedad. Notaba como mis mareos se volvían más y más intensos.
Di un pequeño bote hacia atrás. Alguien me acababa de colocar un pañuelo sobre mi boca y me tiraba hacia sí. Con una enorme fuerza, me arrastró fuera de aquella habitación, llevándome a la que estaba al final del pasillo, paralela a la que estaba. Tras meterme dentro, cerró la puerta con rapidez y escuché cómo abría una de las ventanas.
Me giré para ver a mi captor, pero sentí un gran alivio al ver que no era otro que Kakashi.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué hay este humo? ¿ Por qué me has traído aquí...? -pregunté.
Mi sensei se acercó y se limitó a darme un puñetazo.
-¿¡Por qué has hecho eso!? -exclamé furioso.
-¡¡Insensato!! -gritó, pero se dobló hacia delante, agarrándose el hombro.
-¡Kakashi-sensei! -me acerqué preocupado para verle.
-Te dijimos que huyeses... -murmuró entrecortadamente. Estaba sufriendo con aquella herida que aparentemente era muy profunda.
-No podía dejaros aquí. Ahora mismo, sois mis compañeros. Pensé que lo entenderías -le respondí, tratando de sonar sincero.
-Deidara ha perdido un brazo -me dijo- e Itachi está luchando fuera. En el piso superior los Kages discuten y están a punto de entrar en guerra por nuestra culpa. Admitámoslo: la hemos cagado.
Me quedé en silencio sin saber qué decirle.
-Vete ahora que estás a tiempo.
-¡No puedo hacer eso!
-¡¡No hagas que te lo repita!! -gritó con tono severo- Escucha, yo era uno de los guardaespaldas; Itachi y Deidara son criminales de rango S. El único que puede salvarse de esto eres tú.
-¿Qué ocurrirá con vosotros?
-Si nos capturan, nos condenarán a muerte. Es más que obvio. Hemos ocasionado un conflicto internacional que tendrá graves consecuencias. Vamos, vete ya. Los demás no tenemos salida, pero tú sí. Vuelve a Konoha y di que te secuestraron; la Hokage te creerá y podrás volver a vivir como antes.
Seguí sin decir nada. Noté cómo las palabras se me atragantaban. No sentía el valor para decirle lo que pensaba.
-Lo peor aún está por llegar. Si entramos en guerra... todo será destruido. Huye, Naruto, e intenta vivir hasta que te maten. Aquellos que buscan la muerte, sufren la más horrible de las torturas. Aférrate a la vida y huye.
No fui capaz de decir nada más, pero salí corriendo tal y como me había dicho. Me subí al alfeizar de la ventana y descendí por la pared caminando, concentrando chakra en la planta de mis pies.
Nada más tocar el suelo, una explosión impactó justo frente a mí. Salí corriendo lo más deprisa que pude, llegando hasta una enorme explanada, similar a un patio, pero sin vegetación y vi a dos figuras peleando. Me detuve un instante, pero aunque sólo fue uno y aunque intenté evitarlo, miré a Uchiha Sasuke a los ojos.
Ésa fue la segunda vez que no pude cumplir con mi palabra.
Continuará...
