DISCLAIMER:Todos los personajes pertenecen a Stephenie Meyer.


Summary: Una vida perfectamente planeada, un futuro trazado. Sí, lo tenía todo, ¿entonces qué hago con dos niños y un hombre? Edward es un padre soltero que busca iniciar una nueva vida en una ciudad diferente, Caroline y Seth -sus hijos- han detestado a todas y cada una de las mujeres que a lo largo de seis años se han insinuado a su padre, cuando conocen a Bella, su mundo se vuelve patas arriba debido a que ella transmite seguridad y fragilidad.

Vidas cruzadas.

Capítulo beteado por Zaida Gutiérrez Verdad

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Capítulo 9

...

...

Bella.

Estaba… Confundida.

No, sorprendida.

Jamás pensé que podrían existir días tan asquerosos, cuando creí que quizá todo mejoraría y no fue así… Todo se fue al caño.

Y es que me emocioné tanto al ver a Caroline y Seth en mi salón de clases, me fascinaba la idea de ser su maestra, pero su comportamiento fue… Extraño.

Cuando la clase terminó les pedí que se quedaran un instante, pero dijeron que su papá les esperaba y salieron del salón.

Fruncí el ceño y empecé a preparar el material para las siguientes horas de clase. Su comportamiento fue igual, o incluso peor, pero decidí que tenía que centrarme en la materia que estaba impartiendo, ya después hablaría con ellos. Éramos amigos, ¿verdad?

Mi móvil empezó a sonar y me disculpé con los niños, tomé el teléfono y vi que era un mensaje de Emmet.

Señorita maestra de piernas espectaculares, ¿me haría el honor de almorzar conmigo después del trabajo?

Emmet.

Sonreí cuando terminé de leer el mensaje y me senté en el escritorio para responder.

Señor músculos de infarto, sé que sería para ti un honor el que lleve mis espectaculares piernas a almorzar contigo, por lo que no te privaré de ese placer.

Bella.

La respuesta no tardo en llegar y la leí.

Me alegra que hayas tomado esa decisión, aunque, a decir verdad, no estaba dispuesto a sobrevivir sin mirar sus hermosas piernas por lo que, si me rechazaba, debía recurrir a la fuerza.
Pdta. ¿A las tres en el restaurante de siempre?

Emmet.

Emmet era como un hermano para mí, era divertido, atento, protector y, sobre todo, tenía un gran sentido del humor… Razón suficiente para que mi madre lo deteste. A decir verdad, ella detesta todo lo que tiene que ver conmigo y eso incluye a mis amigos.

¡Oh, la fuerza! ¿Serías capaz de herir a la dueña de tus piernas favoritas?, espero que no, o de lo contrario, tendré que verme obligada a poner en práctica mis dotes en la defensa personal, que aprendí hace cinco años.
Pdta. Perfecto, allí estaré.

Bella.

Emmet me respondía con rapidez, me pregunté si alguien en su trabajo no se daría cuenta, aunque si eso pasara, el grandote sabría cómo resolverlo.

Sabes que sería incapaz de poner un dedo en esas piernas Bellita, y en cuanto a tus 'dotes de defensa personal', yo me lo pensaría dos veces si fuera tú, debido a las siguientes razones:
1. Yo fui tu maestro.
2. Sólo asististe a dos clases.
3. La segunda y última clase terminaste con la nariz fracturada y el hombro dislocado.

Pdta. Tengo que dejarte Bellita, mi padre ya ha empezado a fastidiar mi mañana.

Emmet.

El padre de Emmet, George, es el hombre más tierno del mundo, pero si odia algo en esta vida, era que le contradigan, razón por la cual vive en constante pelea con su Emmet, ya que el grandote no decide en donde trabajar.

—Señorita Bella, ¿puede prestarme su borrador? No sé dónde he puesto el mío —dijo Leah.

—Claro que sí linda —respondí, saqué el borrador y se lo entregué a la niña.

—Gracias señorita Bella.

. . . . . . .

Las clases finalizaron por fin y guardé todas mis cosas en el maletín.

Hoy habíamos trabajado con recortes, por lo que el aula quedó hecha un desastre, coloqué todas las mesas en su lugar y tomé las tijeras y gomas para colocarlas en sus respectivos sitios.

—No sabía que aparte de maestra también era conserje —dijeron a mis espaldas. Me giré sorprendida, lo cual provocó que el frasco en donde estaban las tijeras terminaran en el suelo—. ¿Siempre que nos veamos terminará usted en el suelo? —preguntó agachándose a recoger las tijeras.

—Gracias, pero yo… —No terminé de hablar debido a que su mano rozó la mía y un chispazo me recorrió de los pies a la cabeza, sentí mi rostro arder y me levanté rápidamente.

—Lo lamento —dijo el señor Cullen.

—No es su culpa que yo sea tan torpe —respondí avergonzada.

—Bueno, siempre se le puede culpar a algún bache en el suelo. —Bromeo.

Sonreí un poco más aliviada y me atreví a mirarlo.

Edward.

—Señorita Isabella ¿cree que pueda conversar conmigo un par de minutos? —Le pedí.

—Es lo que estamos haciendo, ¿no? —dijo con esa sonrisa que sólo ella tenía.

—Si, bueno… Es sobre mis hijos. —Le dije tomando de sus manos el frasco de las tijeras y colocándolas en el estante.

Mis manos aún tenían esa sensación tan rara, pero a la vez tan…. acogedora, que fue rozar su mano con la mía.

—¿Están bien? ¿Les pasó algo? —preguntó, su rostro estaba pálido y se notaba la preocupación en él.

—No, no es…

—¿No están bien? —Cuestionó alterada.

—No dije eso, ellos están bien, en realidad quería hablarle, o preguntarle, si había sucedido algo hoy. —Le comenté.

—No pasó nada, señor Cullen...

—Llámeme Edward, por favor. —Le pedí.

—Oh, claro. Entonces Llámame Bella y tutéeme, por favor. —Asentí sonriendo y ella continuó—. En realidad fue una sorpresa para mí encontrármelos en el salón de clase, pero ellos estaban distintos, como enojados o malhumorados, intenté hablarles, pero dijeron que estabas esperándolos, así que no tuve oportunidad para hablar, en realidad yo también iba a preguntarte si había sucedido algo el fin de semana, si tuvieron algún problema o algo…

—No, nada de eso, vaya… —dije pasando mis dedos por mi desordenado cabello—. Estoy más confundido ahora, agradezco que te hayas tomado este tiempo para hablar conmigo, tendré una charla con ellos cuando lleguemos al hotel.

—¿Podrías decirme lo que ellos te cuenten? No quiero ser entrometida ni nada, sólo me preocupa que el problema pueda ser yo y…

—Sí, yo te aviso.

Nos despedimos cortésmente y ella salió del salón, dirigiéndose la oficina de la señora Victoria.

Cuando terminé de limpiar salí para irme con mis hijos, los encontré donde los había dejado hace un rato.

—Niños, es hora de irnos. —Les avisé.

—¡Por fin! —exclamaron emocionados, tomaron sus mochilas, cerré con llave las puertas de los salones y nos dirigimos a la salida.

Ahí estaba ella, de nuevo.

Pero no iba sola, estaba con un muchacho fornido, más o menos de su edad, alto, de cabello negro y se notaba que era de buena posición económica... Como ella.

La vi correr hacia él como si fuera una niña, él extendió sus brazos y ella se lanzó hacia él, dándole un fuerte abrazo.

Él enterró su rostro en los cabellos de Isabella y la soltó, le abrió la puerta del copiloto y ella subió al auto, ahí fue cuando nos vio.

Ese sonrojo tan característico de ella apareció nuevamente en su rostro, sacó un poco el rostro y su brazo por la ventana y con un movimiento de mano, que ninguno de los tres respondimos, se despidió.

—Ya quiero irme —dijo Seth, sentí como su pequeña mano apretaba la mía con fuerza, no era suficiente para lastimarme, pero nunca lo había viso así de enfadado.


Me tarde horrores, no tengo perdón, pero era porque estaba -y estoy- en exámenes finales, pero en cuanto empiecen mis vacaciones trataré de no tardarme tanto.