Sus sueños están repletos de recuerdos tanto valiosos, como dolorosos. Duerme porque quiere regresar a ese pasado que tanto ama, pero del que se arrepiente. Y es que, si existiera algún método para arreglar lo que se hizo mal anteriormente, Kotarou sería el hombre más feliz del mundo.
Iku y Yui son sus tesoros, sus diamantes perdidos. Pasó con ellos la época más lúcida de su vida. De hecho, gracias a ellos, se hizo lúcida.
Nunca le gustó ponerse en medio de ellos, por eso siempre se quedaba a su izquierda. ¿Cómo arruinar esa hermandad tan indiscriminadamente?
Los amaba, amaba el que fueran mellizos y amaba sus sonrisas.
Los amó al crecer:
Amó las canciones de Iku.
Amó la alegría de Yui
Y si había algo que no amaba de ellos, era sólo una cosa: el corazón tan débil que poseía Yui.
Odiaba las ambulancias que la trasladaban al hospital constantemente.
Odiaba los medicamentos que la hacían sentir bien tan poco tiempo.
Odiaba a la medicina tan inútil de aquellos tiempos.
Por eso, se hizo médico.
No logró nada, no le fue posible salvar a su pequeña. Murió.
Moriría igual, ya se lo habían anticipado desde el día en el que su hermana se la presentó. No obstante, Yui se fue en circunstancias de las que él la hubiera podido salvar, pero no lo hizo… Por cobarde.
Kotarou duerme en una cama de la enfermería de la Academia en la que también es director. Duerme porque no quiere estar en el presente, porque ya no vale la pena vivir, no con ese remordimiento.
El amor fraternal se quiso convertir de pronto en otra cosa. Sentimientos de una chica que afloraban de su enfermo corazón hacia un hombre que no supo manejar la situación.
El amor fraternal, tan inocente y puro, fue obligado a quedarse así; inocente y puro. Huyó y la dejó con sus cavilaciones románticas; huyó de ella y también de sus últimos días de vida.
Se despierta agitado y con lágrimas en los ojos, un dolor en el pecho.
Se da cuenta de que Tsukiko acomoda los documentos de su escritorio tratando de no hacer ruido para no sobresaltarlo.
Se levanta porque no tiene otra opción; hay que seguir con el trabajo. Ve que el sol se oculta y que la primera estrella de la noche aparece en el brillante cielo. Mira a su izquierda como por reflejo y no encuentra nada, tal y como espera después de acordarse de que se trata de la vida real.
Necesita un poco del horrible té de su asistente.
