Una historia para antes de dormir.
Dedicada a Maki(:
Aclaraciones:
Los textos que estén entre guiones (-) son diálogos de los personajes.
Los diálogos que están en letra cursiva son pensamientos de los personajes.
Los diálogos que estén en MAYÚSCULA son gritos de los personajes.
El tiempo es en alguna dinastía china ficticia, pero el palacio de Pekín y la moneda (Yuan; equivalente a 1.4 MN) son reales.
Todos los personajes que aparecen en esta historia son propiedad de las CLAMP, los uso para el fanfiction sólo para entretenimiento de los lectores, y los derechos se quedan reservados para sus autores.
IMPORTANTE:
1. MUCHSA GRACIAS A TODOS LOS QUE ME HAN DEJADO REVIEEWWSS DIOOS SOLO POR USTEDES TEERMINO ESTA COOSA XD
2. UFFF QUE ESTA CARGADOO DE EMOCIOON ESTOOO EEE LEAN Y DISFRUUTEEEN QUE ESTA PAL PAROO XD (camiko no punishment hace signo de paz)
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Capítulo 10: Yo sin ti no puedo…
-¿En serio, te creíste eso?…-
¿Qué quiso decir Yukito con ello?
Mis pensamientos fueron interrumpidos por mi Padre, que llegó a mi terraza, sentándose alado de mí, y mirando los peces que saltaban en el estanque.
-Mi pequeña Sakura- me llamó
-¿Sucede algo padre?- dije con la mejor de mis sonrisas. Eso siempre le alejaba las preocupaciones de su mente.
Él me contestó la sonrisa, pero aún lucía preocupado.
-¿Padre, está bien?- Dije posando mi mano en su hombro. Esa preocupación que yo divisaba en sus ojos no era característica de él.
-Mi niña, ¿Te trata bien el joven Tsukishiro?-
No entendía a que iba la pregunta, pero igual respondí.
-Claro que sí Padre, me respeta y me quiere también, él me lo ha dicho.-
-¿Crees que hice bien en poner a éste joven en tu futuro?-
-Pudo haber sido otra persona, pero… me acordé que esa persona nunca me quiso de verdad. Me lo dijo-
-No se preocupe, hizo lo correcto-
Al parecer sus ojos se vaciaron un poco de aquella misteriosa preocupación, así que le resté importancia al interrogatorio.
-Adelantaré la boda, entre más pronto te vea protegida con un marido, más pronto estaré tranquilo. –
Un vértigo se apoderó de mí, pero me recuperé lo suficientemente rápido como para parecer normal por fuera.
-¿Qu-Qué tan pronto?- articulé a duras penas
-En 3 días- Mi padre buscó algún rastro de inconformidad en mis ojos, pero yo desvié la mirada.
-Está…bien, excelente, iré a darle la noticia a la dama Mitzuki.-
Corrí hacia el interior, cerrando la puerta corrediza, dándole a entender a mi Padre que no quería hablar más con él en ese momento.
-Mi querida Emperatriz…Por favor, dame una señal, para saber si estoy haciendo lo correcto con nuestra hija- dijo pensando en voz alta mi Padre.
Mientras tanto, yo corría hacia la cocina, tratando de encontrar a mi Dama Mitzuki.
Me asomé a la ajetreada cocina, y cuando me vieron los sirvientes automáticamente se postraron de rodillas ante mí, lo que yo calmé al instante. Lo que menos quería era que se me reconociera de aquella forma, cuando yo no había hecho nada especial con mi vida.
-Disculpen… ¿no ha visto alguno de ustedes a la Dama Mitzuki?- Intenté ocultar mi ansiedad.
-Excelencia, se encuentra en el kiosco, atendiendo al señor Tsukishiro- dijo uno.
-¡Muchas gracias!- salí corriendo de ahí, y salí de nuevo en la búsqueda de mi Dama.
Divisé el kiosco, como siempre, ahí estaba la chica que acompañaba siempre a Yukito, pero ésta ya no me miró con desdén como las otras veces, en cambio, sus ojos brillaban, sus mejillas estaban sonrojadas, y sostenía con cuidado una hermosa rosa.
¿¡Qué me había perdido?!
Llegué al kiosco.
-Mi linda Nadeshiko.- dijo Yukito al tiempo que me besaba la mano.
Miré casi con miedo a la criada de mi prometido, pero ésta ni se había inmutado.
¿Sería posible que…?
-Parece que andas muy feliz el día de hoy Tomoyo- le dije con una sonrisa.
Ella casi suelta la flor de la sorpresa, y nerviosamente me contestó.
-S-Si señorita- se rió, con las mejillas completamente enardecidas.
Yo sonreí abiertamente. Estaba muy feliz por ella, había encontrado un amor que no era necesario esconder.
-Me alegro mucho por ti- le dije.
Sus ojos brillaron más intensamente, y me agradeció asintiendo la cabeza.
-Bueno, basta de este secreteo entre chicas- dijo Yukito un poco divertido.
Me abrazó casi sin pensarlo, y yo le deposité un beso en la mejilla.
Yukito me sonrió satisfecho.
Pero luego me acordé a lo que había ido al kiosco.
-Dama Mitzuki, necesito que me ayude con el obi de un kimono, al parecer se me descoció a más de la mitad ¿Podría ayudarme con las agujas?-
-Claro que sí Princesa, vamos de una vez si usted desea.-
-Bueno, si mi señor me deja ir…- dije un poco sonrojada, haciendo obvio que Yukito no había soltado el abrazo.
-Claro que si- dijo soltándome sin un ápice de vergüenza en su cara.
Que raras eran las costumbres occidentales.
-Gracias Yukito- me tomó las manos y me las besó, y yo solo alcancé a sonrojarme. Salí a prisa con la Dama Mitzuki, y hasta que llegamos a mi cuarto, le solté las verdaderas intenciones de mi llamado.
Tomé un poco de aire, pues había estado corriendo todo el rato, y hasta que tuve suficiente para mantener una conversación, le dije:
-¡Dama Mitzuki!, ¿donde tienen encerrado al joven Xiao Lang?-
-P-Pero niña, usted no…-
-¡Ya sé que no debo verlo después de lo del otro día!-
-Pero Princesa…- la Dama Mitzuki me miraba como si le pidiera que cometiese un crimen en mi nombre, y eso irritaba bastante.
-¡Por favor!, ¡Tengo que verlo!- Mis ojos apunto de soltar lágrimas la hicieron ver que iba enserio, que necesitaba hablar con Syaoran, así que se rindió ante mi petición.
-Está en la última celda de las mazmorras- Bajó la mirada, totalmente inconforme con mi decisión de según ella seguir atormentándome con un amor que no podía ser.
Y a correr de nuevo.
El cielo se obscurecía, y las estrellas empezaban a aparecer, y que noche tan obscura era aquella.
El guardia de las celdas se sorprendió un poco al verme por esos lados del palacio, pero no chistó en dejarme pasar. Recorrí con la vista todas las celdas hasta que giré en una esquina, y vi…
-¡Eriol!- dije con sorpresa, sostenía una prenda de ropa que no supe reconocer hasta que me acerqué a la última celda junto a él.
Eriol no se había percatado de mi presencia hasta que volví a gritar su nombre, su intento de sonrisa y la celda vacía en la que él llevaba rato, me dijeron algo que no quería saber.
-Esto es…- dije a Eriol que recorría con su blanca mano la ya identificada camisa con bordados de oro y olor a hoja de naranja, mezclado con sangre y algo de tierra.
Al parecer… llegué tarde, supuse que… lo harían dejar palacio después de lo ocurrido en las aguas termales.
-Syaoran…¿Abandonó el Palacio?, ¡¿Sin decir una palabra?! ¡¿Sin despedirse?!-
Ahora había agarrado al pobre pelinegro de una de sus mangas, jalándolo para que me diera respuestas que seguro también ignoraba.
-¡Pero esta herido!, se ha ido solo y no tiene hacia dónde ir…-
-Estará bien alteza-
Miré a Eriol con desconcierto, y en sus ojos serenos del color de un profundo océano, divisé una profunda tristeza y preocupación.
-Sabe cuidarse solo, y es fuerte así que… basta ya, no llore más por él-Porque era lo que él menos quería-
-¡Eriol!- dije entre sollozos cuando me abracé a él, viendo una figura en la cual dejar caer mis máscaras, y simplemente soltar todo lo que tenía dentro.
Después de esa noche, no lo volví a recordar, mi corazón lo había olvidado.
O al menos eso pensaba, ¿Sería cierto?
(Narración desde el punto de vista de Syaoran Lee)
Ya había caminado algunas horas, lo suficiente para salir de la cuidad de Pekín. Traía puesta una camisa blanca, y el pantalón gris atado con una cinta roja en la cintura, completando mi nueva apariencia de pueblerino con un saco que llevaba a cuestas con ropa, mi última paga y un cuchillo por si las dudas…
Me había quitado el pendiente de oro para no llamar la atención, y no portaba más aquel uniforme con el cual pasé toda mi niñez y adolescencia.
Algunas chicas campesinas cuchicheaban a mis espaldas, otras me mostraban sus atributos sugiriéndome cosas obvias, pero yo simplemente pasaba de eso, no estaba de humor, sobre todo cuando algunas se parecían tanto a la que me había obligado a olvidar.
-¡Oye guapo!- me gritó una mujer bastante linda por enésima vez en esa noche.
Estaba cansado, había caminado todo el día y ver tanta gente de nuevo me sugirió que estaba cerca de un pueblo.
-Genial, comienzo a sentir algo de hambre- corrí un poco al divisar luces propias de una aldea, y mi estómago saltó de gusto cuando vi una posada con un letrero que decía "Habitaciones disponibles".
Entré, y vi un ajetreo impresionante de gente, algunos tomando, otros jugando con prostitutas, y todas esas cosas.
Me senté en un lugar apartado, y un señor se acercó a pedir mi orden.
-Onigiri con relleno de ciruela y agua por favor-
Me trajeron la orden, y cuando estaba a punto de probar un bocado…
-¡Hey tu mocoso!, ¡Ese es nuestro lugar, muévete antes de que te parta la cara!-
¡Era el colmo, hoy definitivamente no era mi día!
-Ah. Lo siento es que… bueno, no tiene nombre la mesa- Mi tono sínico hizo estallar a aquel hombre de cabellos negros y ojos cafés que tiró la jarra y el plato.
Y como yo ya había dicho, no estaba de humor.
-Mira imbécil no querrás meterte conmigo, lárgate y déjame en paz-
-¡Ha!, ¡El mocoso me está buscando pelea!-
Me harté de la situación, no pude evitar meterle un buen puñetazo.
-¡Pelea!¡Pelea!¡Pelea! -era el escenario que se había creado en aquella posada.
Ambos nos estábamos revolcando en el suelo, haciéndonos sangrar mutuamente, al final, aquel brabucón no pudo conmigo, pero yo ya estaba tan metido en la pelea que nos tuvieron que separar.
-¡Estás loco mocoso!¡Demente!- Gritaba mientras trataba de acercarse a mi nuevamente.
-¡Que!¡¿Quieres más!?- Yo intentaba zafarme de los que estaban agarrándome de los brazos, hasta que algo me dejó helado.
-¡Ese es el Guardia Real de la princesa!¡Mejor no te metas con el Touya!-
-¡No!¡Yo no…!- dije mientras todo el lugar se quedó callado.
-¡¿Así que te crees más que nosotros por vivir en Palacio?!-
-¡¿Crees que puedes hacer lo que quieras!?-
Hasta que no sentí los golpes de los campesinos enojados con el tipo de gobierno del Emperador Fujitaka no empecé a defenderme, sabía que mis palabras a mi defensa no serían escuchadas, así que preferí contenerme y sólo defenderme.
Naturalmente mis años de entrenamiento aún me acompañaban, así que acabé con más de 30 campesinos inexpertos sólo con algunos moretones y cortes superficiales.
Tomé mi saco y salí de ahí.
-Ah, genial, con éste alboroto será imposible encontrar otra posada en éste pueblo de rebeldes.- dije pensando en voz alta.
-No somos rebeldes, sólo gente inconforme con nuestras vidas-
Aquella voz me hizo voltear casi de inmediato; una chica vestida a la China me había escuchado hablar solo… tenía cabello largo negro recogido en cebollas, ojos cafés tirando a rojos, tez blanca y sus facciones eran finas.
-¿Por qué me sigues?- dije algo cohibido.
-Vi el alboroto de aquella posada, y también tus heridas- Señaló las heridas que se distinguían en mis brazos al igual que los moretones que ya comenzaban a dolerme.
-¿Y que con eso?- mantenía mi tono frío y cortante.
-Supongo que necesitas un lugar donde pasar la noche, la posada de mi familia te puede acoger si tú lo quieres-
-No me tutees niña- dije algo molesto por la rebosante confianza que me mostraba.
-¿Quieres o no?- Volvió a preguntar sin rodeos.
Suspiré implorando paciencia a Buda.
-De acuerdo- Me hizo ademán de seguirla, y yo caminé en silencio.
Llegamos a la posada, bastante grande, por cierto, me asignó un cuarto y por fin se fue esa molesta criatura, para volver rato después con un buen de vendas y ungüentos para mis heridas.
-No te vayas a mover- dijo mientras comenzaba por poner ungüento en un corte de navaja del antebrazo.
-Ya…- Al parecer no había entendido lo del tuteo.
-Dime, ¿sólo hablas con ésas molestas monosílabas?-
-¿¡ Y a ti no te parece que hablas demasiado niña?!-
-¡Pero que poco tacto para tratar a una mujer!-
-¡Porque tú eres una niña molesta y gritona!-
-¡Es sólo que no reconoces a una mujer cuando la vez!-
-¡Ha!, quizás porque la que ocupa mi corazón me parece difícil de superar…-
Recordé a Sakura, lo cual me adentró en mis recuerdos con una cara de embobado melancólico que a esta chica no le hizo gracia.
-Quizás porque no sabes que hay mejores-
Iba a alegar, pero ella me selló la boca con un beso bastante subidito de tono.
-Ba-¡Basta! -Dije apenas me dejó respirar.
-Que… ¿No beso mejor que ella?-
Ni siquiera podía hablar, observé sus labios hinchados y entre abiertos, su cabello despeinado y su kimono demasiado abierto a mi vista.
Tragué saliva.
-Sal de aquí niña- retiré la vista, como haría un caballero que no avergüenza a una dama.
-¡Me llamo Mei-Lin no niña!- dio un portazo y la oí bajar las escaleras.
Estaba más que claro que no era una niña, pero preferí no pensar en ello, la excitación del recuerdo de ese sugerente beso y la vista que me dejó ver la muchacha…
-Maldición… quiero agua helada para el baño.-
Mientras me regañaba a mi mismo por ser un completo pervertido con una "niña" extraña, oí que algo se acercaba desde los arboles que rodeaban el manantial de agua fría en el que yo me había metido.
Algo cayó con una velocidad impresionante, y lo caché con mis manos.
-¿Un papel doblado?-
Oí un águila y volteé a ver ante aquel sonido tan familiar; divisé el águila color café claro.
-¡Kerberos!- Era el nombre del águila de Eriol, la habíamos entrenado juntos para que entregara y recibiera mensajes de suma importancia, pero ¿que era tan importante como para enviarme algo?…
Desdoblé rápidamente el papel que había dejado caer el águila.
¡Syaoran Lee! ¿Estás cumpliendo tu parte del trato?¿Por eso te fuiste?,
-Es obvio cuatro ojos, ¿Crees que dejaría a Sakura por mi cuenta? Sabes que no soy capaz de hacer eso-
Sakura fue a buscarte a la celda, lo supe porque yo estaba ahí, recogiendo el desorden que dejaste. Como ya es la costumbre, lloró como si se acabara el mundo.
-Cierto… me fui después de que el Emperador habló conmigo, dejé mi uniforme y empaqué mis cosas sin siquiera despedirme de ustedes, deben odiarme por eso…-
¿A dónde has ido? ¿Estás bien amigo?
-Ni te imaginas por lo que he pasado en menos de 12 horas Eriol-
Syao… tengo que decírtelo, es necesario que lo sepas, no te escribiría por otro motivo pues se que sabes cuidarte solo…
-Ja, gracias por tu sincera preocupación…-
Han adelantado la boda, Sakura se casa mañana y te lo vuelvo a preguntar; ¿Estas conforme con esto? ¡Con un demonio Syaoran Lee! ¡No te quedes a mitad de camino! ¡Que entre en esa cabezota tuya…
Suficiente con lo que había leído, arrugué el papel sin piedad, arrojándolo al agua dejando que la tinta corriera por el manantial.
Sakura se casaba justamente mañana, no me lo esperaba tan pronto, pero eso explicaba el porqué de que Fujitaka me hiciera abandonar el palacio.
Él no quería obstáculos.
Salí del agua vistiéndome y corriendo a la posada.
Quería olvidar todo, aunque fuera por un solo segundo quería olvidar quien era, que era lo que me ataba a este mundo…
Llegué a la posada y me senté en la barra donde pedí un trago de lo más cargado en licor que tuvieran.
Me lo tragué en un segundo.
-Jo-Joven, creo que la bebida ya es demasiado fuerte y…
-¡¿Le estoy pagando no?!,¡Lo quiero todavía más cargado con un demonio!-
¡Y luego estaba el imbécil de Eriol con sus sermones!
Me volví a tragar la bebida de una sola vez.
-¡Otro doble!-
¿¡Que quería, que le tirara el mundo que estaba a punto de formar sin mí?!
Me tragué la bebida de un solo sorbo…otra vez.
-¿Uno más?- preguntó el cantinero que al parecer ya había entendido la idea.
-Otrsho…-
Pero tampoco soportaba la idea de verla feliz al lado de alguien más; alguien que la observara dormir en las noches, alguien que le obsequiara flores sin razón alguna…
-¡Quieiro otrsho!- El cantinero ya sabía lo patético de mi situación así que se limitó a servirme más.
…alguien que la hiciera sonrojar, alguien que la besara de repente y sin razón aparente, alguien con el cual reír por trivialidades…
…Alguien que no sería yo.
Era como mi décimo trago y ya estaba tan pasado de copas que ni siquiera me fijé cuando llegué a la habitación, aún pidiéndole a la nada otro trago para seguir "olvidando" mis penas.
Oí la puerta abrirse, pero estaba tan mareado que ya no me importaba si alguien iba y venía. Giré mi cabeza para ver al intruso y cuál fue mi sorpresa al ver a Mei-Lin.
Miré su rostro sonrojado, que miraba hacía cualquier lado que no fuera yo, bajé la mirada y divisé su cuerpo apenas cubierto por una bata de seda blanca, sus senos se alzaban marcando deliciosas curvas entre la tela, al igual que sus caderas.
El alcohol no me dejaba pensar con claridad, así que la llamé parar que se acercara.
-Saku…- dije al tiempo que se acercaba a mi lado, jalándola hacia mí y dejándola caer encima.
Sentir sus pechos aplastándose contra mí hizo que se me parara el corazón por un momento, luego por el beso de tornillo que yo le correspondí .
-Ya te dije que me llamo Mei-Lin- me dijo cuando tomamos aire. Pero ya dije que yo no pensaba con claridad.
¿Qué pasaría en la noche de bodas de aquella preciosa flor de cerezo?
"Ella era suave, delicada al tacto como un finísimo cristal. "
Yo acariciaba las piernas de esta chica que estaba conmigo, mientras ella lanzaba pequeños gemidos mientras me mordía los lóbulos y exhalaba su aliento en mi cuello, erizándome la piel.
"Su olor, un suave perfume, ahora siendo aspirado por aquel lobo ávido de poseer tan bello cuerpo"
Ésta mujer también olía dulce, embriagándome como otra copa de licor, me puse encima de ella, abriéndole salvajemente la bata, besándole el cuello como animal en celo, sintiendo los jalones de pelo que ella me daba.
"Su inocencia, sus manos tímidas y aquel bonito color rojo de sus mejillas, obligándole a ir un poco más despacio para no incomodarla"
Con ésta era diferente, yo me pegaba a ella tanto como podía, restregándome contra su piel tibia, mientras no dejaba de comerme sus labios a besos cargados de pura pasión, ella gemía cada vez más fuerte, y la excitación en mi crecía también.
"La besó tiernamente en los labios, susurrándole a la par palabras de amor, acariciando sus cabellos, descubriendo poco a poco el escote hasta dejar ver tan esplendorosa vista de montes blancos"
Mi mano fue a parar a uno de sus senos, estrujándolo sin piedad alguna mientras ella recorría con sus manos expertas mi espalda, dándome descargas eléctricas, lo cual me incitó a dejar a pura saliva mi marca en todo ese cuerpo.
"Ella gemía tímidamente, mientras el lobo sonreía maliciosamente, pronto llegaría el momento"
Entonces una visión:
Sakura, con una mirada chispeante, sus cabellos revueltos, jadeando y temblando un poco. Su mano entrelazada con aquella mano que no era la mía, esperando aquel momento con algo de miedo y ansiedad.
Oh no… ese imbécil no la iba a lastimar, no iba a permitir que nadie…
¡No iba a permitir que nadie que no fuera yo la poseyera, ella sería la madre de mis hijos, ella sería la mujer con la cual compartiría el resto de mi vida, amándola y respetándola aún después de la muerte!
-¡NO!- Me quité tan bruscamente de la chica que caí de la cama, pues aún no estaba en mis cinco sentidos.
-¿Es que no te gusta?- su voz tan "inocente" me dio escalofríos.
Me levanté del suelo, y me giré de espaldas hacía ella.
-No deberías hacer esto, no es bien visto en una señorita-
-¡Y tu urgencia de macho que!- dijo indignada. De acuerdo, le había correspondido un poco.
-Mis sinceras disculpas si le he hecho algo que no debía- Me giré hacia ella e hice una profunda reverencia, aún sin abrir los ojos.
-¡No te creas!¡Seguro hay mejores hombres que tú!- Me dio tal cachetada que me quitó el mareo que me quedaba… pero no hice ni dije nada.
Podía ser tan sínico cuando quería…
Ella gritó de frustración, y se fue, mientras yo dejé caer mi máscara de caballero para continuar acostado por la resaca.
Era cierto todo lo que me pasó por la mente; en efecto me volvería loco sin Sakura, después de todo yo no mandaba en mi corazón.
-¡Al diablo con todo y todos!¡Pelearé por la mujer que amo!-
¿Y porque no podía ser feliz?¿Que tenía todo esto de malo si ella me amaba tanto como yo a ella?
¡Váyanse al demonio!
Como pude me levanté de la cama y rasgué la manga de mi camisa blanca, arremangándola mientras buscaba algo con que escribir.
Para mi suerte encontré un frasco de tinta medio vacío, sería suficiente para escribir una carta.
Estoy en el primer pueblo cruzando la frontera norte de Pekín, vente en caballo o volando pero te necesito aquí ¡Ahora!.
Llamé al águila de Eriol con un silbido y para mi sorpresa el animal estaba en un árbol cercano a la ventana en donde yo me había asomado.
-¡Kerberos!¡Vuela lo más rápido que te permita el clima y entrégale esto a Eriol!- Le amarré con un hábil nudo la tira de tela al águila, rogando porque como fuera el águila me hubiera entendido.
El águila tomo vuelo, y yo decidí dejar en claro las cosas con la muchacha esa Mei-Lin para tener mi conciencia tranquila.
Me vi en un espejo que estaba colgado al lado de la puerta y en verdad me asustó lo que vi:
Un chico más flaco de lo que recordaba, serios raspones sin mencionar el vendaje que aún traía por la herida en la clavícula me cubrían todo el cuerpo, tenía las ojeras muy marcadas, y mi tez era casi tan pálida como la de Sakura…
Si esto me hacía estar sin ella un par de meses, ¿Qué demonios sería de mi el resto que me quedaba de vida?
Decidí cambiarme de ropa; una camisa negra de las que usaba para entrenar, un pantalón beige y las botas negras del uniforme, también decidí ponerme mis guantes negros por si a Eriol se le ocurría traerme un caballo al igual que una capa café tirando a verde para no ser reconocido fácilmente una vez entrara a Pekín de nuevo…
¿Pero por qué les describo lo que traigo puesto?
Mejor sigamos con la historia…
Salí del cuarto con mi bulto a cuestas, bajando las escaleras y topándome con el cantinero.
-¡Joven! ¿Tan rápido se le esfumó la resaca?-
-Ni siquiera me acuerdo de ella- Bromeé.
Me despedí de él con un gesto de la mano y cuando salí de la posada:
-¡Señorita Mei-Lin!- dije aliviado por no tener que buscarla
-¡¿Por qué serás tan descarado!?-
Oh por Buda el orgullo de las mujeres es tan…
-Siento mucho lo que ocurrió hace algunos minutos, la buscaba para despedirme, me regreso por donde vine así que no le causaré más molestias.-
-¿¡Te vas?!- Y dale con el tuteo…
-Si… escucha yo… si en verdad pensaste que yo podría- fui interrumpido
-No te preocupes, acepto que me confundió que correspondieras, pero luego entendí que sólo había sido para desahogarte…-
-¡No!, ¡No por favor!¡No digas eso! Verás yo hice lo que hice porque en verdad eres una mujer muy hermosa y bueno…- Mi voz fue descendiendo hasta casi un susurro y bajé la mirada apenado y avergonzado…
No tenía excusa…
-¿Cómo me llamaste?- dijo buscando mi mirada, pero yo no podía verla a los ojos…
-Hey…¿Cómo me llamaste?- Mi mente trabajó un poco y pude procesar la información que me pedía.
-Pues que eres una mujer…¡¡??- ¡¿Mujer?!
Cuando se dio cuenta de que admití que no sólo era una niña su sonrisa se agrandó tanto como sus labios se lo permitieron.
-Así que… no soy una niña- Mi cara se puso tan roja como una manzana o tal vez peor.
Ella se rió hasta que le dolió el estómago y yo me sentí un idiota hasta el…
-¡Nos vemos chica!- me fui todavía un poco cohibido malhumorado y avergonzado, pero antes de dar vuelta en la esquina…
-¡Oye!¿Y cómo te llamas chico de las monosílabas?- Me gritó desde la puerta de la posada.
-Xiao… no… ¡Syaoran Lee!- le grité, ella agitó la mano con una sonrisa en su rostro, y yo se la correspondí con mano incluida.
(Narración desde el punto de vista de Sakura Kinomoto)
Me traían como chica de la vida alegre; de arriba abajo todo el día con los preparativos de la boda y con eso que sería a lo occidental…
Que si el vestido blanco con el velo enorme, que si el Padre, la música, comida, invitados, decoración, madrinas, padrinos, anillos ¡Todo me volvía loca!
Me escapé un rato a la terraza cuando oí que la Dama Mitzuki me buscaba así que sólo se me ocurrió un lugar en donde pro fin podría relajarme; aquel árbol de sakura viejo y solitario donde me pasaba el día con Syaoran.
Y comencé a divagar en mis pensamientos…
Así que… en menos de 24 horas estaría casada, con un chico lindo, apuesto, amable, caballero y todo lo que una mujer puede pedir en un marido.
Dicen que cuando amas a una persona la vez como lo más especial y hermoso del mundo, ¿Entonces por qué no podía pasar de una pobre descripción sobre su físico y manera de ser?
Yo sólo rogaba por ser feliz con él, trataría de esforzarme.
El sonido de galopes de caballos me sobresaltó de repente, me asomé hacia donde provenía el ruido, dándome cuenta de que Eriol iba saliendo de palacio a toda velocidad con un caballo negro salvaje que sólo él y otra persona podían controlar…
¿A dónde iba cuando ya estaba anocheciendo?
Seguro algún encargo para los preparativos de la boda…
-Princesa Nadeshiko…- otro que me sacaba de mis pensamientos…
-Yukito- dije dedicándole una sonrisa.
-¿Te molesta si me siento?- Me corrí hacia un lado, haciéndole espacio para que se sentara al lado de mi.
-No sabes que feliz estoy, es como si flotara todo el día, escuchando la palabra boda por todos lados…-
-Sólo un día más- dije fingiendo un ánimo tremendo. Ahora no estaba para nada de humor como para hablar de esto con él.
De repente sólo sentí la marca de sus labios en mi cachete, lo cual me dejó un poco atontada. Lo miré y divisé el sonrojo en sus mejillas.
-¿Te molesta que haga eso?- me dijo con la mirada desviada, haciendo competencia a los tomates en color.
-Para nada- Ésta vez fui sincera, era ciertamente algo que apreciaba de él. Era todo un caballero, y era muy amable conmigo.
¿Y quién no se acostumbra a eso?
-Tengo que irme Princesa, nos veremos mañana en nuestra ceremonia- Me tomó de las manos y me las besó con cariño, a lo cual yo me sonrojé.
-Descansa ¿De acuerdo? – El se me quedó viendo como si hubiera hablado en un idioma extraño.
-¿Qué pasa?- Dije completamente desconcertada al ver un brillo nuevo en sus ojos.
-Que estás comenzando a ser más afectiva conmigo, me alegra mucho eso-
-¿Por despedirme?- seguía sin entender.
-Porque antes me rehuías la mirada y sólo asentías a mis despedidas, ahora me pides que pase un buen sueño sin quitar tus hermosos ojos de los míos-
Sonreí, una verdadera sonrisa salió de mi interior, estaría bien, el me apreciaba.
¿Pero y yo?
(Narración desde el punto de vista de Syaoran Lee)
Creo que la gente pensaría que era un espantapájaros humano si no me movía de la entrada del pueblo alguna vez…
Llevaba esperando ¡Horas! por Eriol, ¡Me daban unas ganas enormes de hacer en adobo al maldito Kerberos de mierda!
Obvio, nunca confíes en un pájaro que tiene el cerebro igual a la cabeza de un alfiler…
Estaba comenzando a querer correr hasta Pekín, cuando unos inconfundibles cabellos negros azulados moviéndose violentamente por la velocidad de aquel fornido caballo negro me hicieron querer venerar al ave por ser tan inteligente.
-¡Syao-Xiao!- Su sonrisa era enorme, como si no nos hubiéramos visto en años, por supuesto que la mía también, chocamos la mano pero él no me la soltó y con la fuerza de un solo brazo me subió al caballo.
-Gracias por venir a recogerme amigo-
-¡Y qué más querías! ¡No te imaginas lo feliz que estoy por que por fin te funcionara el cerebro!-
-Oye… Ahora entiendo lo de "No te quedes a mitad de camino"- dije ignorando olímpicamente su sarcástico comentario con una voz melancólica.
¿Cómo no me di cuenta antes?
-¿Al fin lo entendiste?- Eriol me miraba de reojo, sonriéndome serenamente y feliz porque yo hubiera descifrado su acertijo.
Echó a correr al caballo, mientras yo me sostenía como podía para no terminar partiéndome el cuello en el suelo.
-Pues… me gustaría oír tu definición de mi acertijo- dijo cortando la frase para no perder el control del caballo.
-Que tenía que haber luchado por el amor que siento por esa persona, porque esa persona también me quiere- Lo miré justo cuando se estaba aguantando de la risa inflando los cachetes, lo cual me puso más rojo que la cinta que traía puesta el día anterior. ¡Sí que me hacía decir tonterías!
-¡Ni yo lo hubiera dicho mejor!- Soltó una sonora carcajada, mientras yo intentaba hallar la manera de golpearlo muy duro sin caerme de la bestia esta que corría hecho un demonio.
Cabalgamos la madrugada y parte de la mañana, pero era tanta la adrenalina que ninguno de los dos sentía los efectos del sueño.
Debía llegar antes del medio día, o tendría que asesinar a Yukito para hacer viuda a Sakura y casarme con ella después.
Ja, como si me molestara la idea de hacer trizas a ese tipejo.
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POR FIIN LAS COOSAAAS SE ARREGLAAAANN VAMOOS SYAOO-KUUN VE A POR SAKUURAAA
UPPS PERO... NOS OLVIDAMOS DE ALGO.... YUKITO, EL EMPERADOOR, Y DE QUE SYAORAN YA NO ES BIENVENIDO EN EL PALACIOO ¿Y ALGER? ¿Y TOMOYO? ¡¿DE QUIEN SE HABRÁ ENAMORADO ?! ¿PORQUE PARAS EN SECO EL CABALLO SYAO? ¿UN ANGEL? ¿SYAORAN LLEGARÁ A TIEMPO? ¿ Y SAKURA QUE HARÁ CUANDO LLEGUÉ EL MOMENTO DE LA VERDAD?
NOO SE LO PIERDAANN EN EL PROXIIMOO CAPPPIITULOOOOOOO (atto: camiiko no punishment)
