10. ¿Buenas Intenciones?

Al día siguiente todos en el desayuno notaron las pequeñas heridas de Yozak y Beryes pero ambos contaron que fue una pelea de practica sin ahondar en mas detalles, el desayuno fuera de eso paso muy ameno, al terminar Cecile invito a Lady Alazor a la visita que hacia todos los domingos al monasterio de los Jesuitas; quienes tenían un pequeño orfanato al que siempre apoyaban sus hijos y ella. Alazor acepto y después de que todo lo que llevaban para los niños – entre fruta verdura fresca, ropa y algunos juguetes- estaban en tres carretas partieron ya que eran dos horas de camino. Yuuri y Shori que era la primera vez que iban , estaban algo nerviosos por la presencia de Alazor pero Cecile intuyéndolo los trataba como si fueran ya sus yernos, Lucián que amaba estar en los brazos de Yuuri sonreía feliz a los cariñitos que le hacia su papi.

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Los hombre por su parte aprovechaban para; saldar cuentas con los acreedores, subsanar querellas entres los siervos y los que estaban fuera de su tierras visitarlas para que marchara todo en orden, Yozak -que tuvo que aguantar sin decir nada los regaños de Shori por la practica con Beryes- acompañaba a Wólfram en sus quehaceres, Beryes había sido invitado por Conrad a Weller, Wólfram que no se creía el cuento de la practica amistosa le saco toda la verdad a su amigo.

—Vaya y eso que se veía que era el más decente de esa familia.

—Si pero todo quedo arreglado, gracias a su hermano.

—Mm viendo como van las cosas tendré que ser mas precavido con la seguridad de Yuuri, no quiero darle oportunidad a Saralegui de que intente algo.

— ¿Se atrevería? siendo que esta lejos de sus tierras y su gente.

—Supongo que el considera que los pocos hombres que trae como guardia serán suficientes y conociendo al enano es menos honorable que su tío o sea que no me hablara de frente como hizo Beryes contigo.

—Si, tiene razón joven amo, no es raro que se ofreciera a acompañar a las mujeres y los donceles al monasterio.

—Y que lo digas pero donde se atreva a hacer algo indebido, conocerá al filo de mi espada

Yozak de pronto se imagino fuego que envolvía a su joven amo, «afortunadamente es solo mi imaginación» concluyo el caballero

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En el monasterio los niños ya esperaba a las Lady con gritos de júbilo y saludos con la mano en alto, al llegar todos se acomidieron a bajar las cosas, Yuuri entregaba a Lucián a su papi para unirse al grupo que descargaba todo, donde su hermano y -para sorpresa de los demás- Saralegui; ya estaban. Julia llamo a los dos Shibuya para que repartieran los juguetes, mientras Cecile y ella con Alazor observando repartían la ropa, Yuuri disfrutaba enormemente ver las caritas sonrientes de los niños cuando les tocaba su turno; pero al levantar la vista vio una pequeña que no se acercaba aferrada a la sotana de uno de los Jesuitas, Yuuri dejo a Shori con los niño y fue hasta ahí.

—Hola —saludo el pelinegro

—Lo siento Mi Lord, ella no hablo con extraños - se disculpo el fraile.

— ¿Por que no vas para que te den un juguete? ¿Como te llamas?- insistía Yuuri.

—Greta-contesto en un susurro la niña

—Es la primera vez que habla con alguien que no conoce

—Es que ella sabe que soy de confianza ¿verdad Greta?—la niña asintió, el moreno le ofreció su mano para que lo siguiera.

—Ven conmigo, veamos que puso mi prometido en el saquito que me dio ¿vale?

La niña tomo la mano que Yuuri le ofrecía y caminaron hacia el carruaje, Wólfram esa mañana lo había alcanzado para darle un saco de terciopelo rojo y cuando el pregunto que era el rubio sonrió a diciéndole «por si encuentras a alguien que se te parezca», Yuuri le pidió a la niña que lo ayudara a desatar el nudo y ella lo hizo; cuando lo abrieron los ojos de ambos brillaron, estaba repleto de dulces traídos especialmente de la capital de Shin Makoku -por pedido de Wólfram-, Yuuri tomo un puñado y lo coloco en los brazos de la niña ella sonriendo le agradeció .

—No me des las gracias, por que a cambio quiero que me hagas un favor.

— ¿Un favor? – pregunto Greta.

—Si, quiero que cuando terminemos de comer repartas los demás entres todos los niños y niñas ¿si?

—Si- chillo la niña entusiasmada.

Saralegui veía a cierta distancia el intercambio de palabras entre Yuuri y la niña pensando en que su idea de acompañarlos era la mejor que había tenido. En la tarde cuando estaba disfrutando del té, Yuuri pregunto por que Greta no hablaba con extraños y el mismo monje le confió que sus padres habían sido asesinados frente a su ojos por bandidos cuando tenia solo cuatro años , de eso hacia poco menos de un año, Yuuri sintió un nudo en la garganta, Cecile se acerco y le dijo que historias como esa había muchas por eso es que sus hijos y ella pedían a sus siervos si sabían de algún huérfano lo llevaran, pues ellos se hacían cargo de todos los gasto del orfanato. Y ahí ambos Shibuya comprendieron: habían sido ayudados como esos niños librándolos de un futuro incierto, Yuuri le suplico a Lady Cecile que le permitiera acompañarla siempre que fuera y ella sonriendo pícaramente le contesto que ese era un deber de todas la mujeres o donceles de esa familia; que no tenia que pedir lo que era su obligación, las mejillas de Yuuri se arrebolaron. Y el comentario de Alazor no ayudo.

—Por eso es que los nobles deben casarse siempre con alguien que este a su altura.

El menor de los morenos se encogió en su asiento pero unos brazos lo envolvieron con ternura; alzando los ojos obsidiana, se encontró con el rostro de su suegra que encaraba Lady Alazor.

—Pues yo prefiero que se casen con quien ellos amen, ese es el único requisito que exijo para que se unan a mis hijos: que los amen.

—Estoy de acuerdo con usted Lady Cecile- dijo el rubio- si no hay amor no hay lealtad, ¿verdad madre?

Lady Alazor no contesto nada sabiendo las intenciones de su hijo

La conversación fue interrumpido por el padre Prior que les invitaba a escuchar antes de irse una canción * que los niños ensayaron en su honor.

Ya casi entrada la noche abandonaron el monasterio con las caritas agradecidas pero algo tristes de los niños, la guardia que llevaban se situaron en ambos, lados de los carruajes poniendo toda su atención a sus alrededores ya que sus respectivos Lores, les habían confiado la posesión mas preciada de sus vidas: sus familias.

Edward que pertenecía a Spitzberg - llevaba al servicio de Lady Cecile muchos años lo avalaban para ser el jefe de la guardia que ahora llevaban-; no despegaba la vista del camino sabiendo que los laterales y la retaguardia permanecían custodiadas por los caballeros más fieles y fieros de los tres feudos. No intuía que en uno de los carruajes -que por una artimaña había acabado Yuuri a solas con los dos rubio de pequeño Simaron-, Saralegui no desaprovechaba ocasión para conversar amigablemente con el moreno que por la inocencia que lo caracterizaba, no veía malas intenciones en este acto.

Las dos horas de camino le beneficiaron a Saralegui ganándose totalmente la confianza de Yuuri quien le había prometido interceder para que Wólfram ya no lo viera con malos ojos.

El rubio aprovecho que Yuuri no sabia demasiado acerca de las conductas que debían llevar las esposas o esposos de los Lores; pues era muy mal visto, incluso atraía sospechas de toda clase que un conyugue abogara por un hombre ante su marido.

En el carruaje de adelante Lady Cecile calmaba a los otros asegurándoles que la prueba definitiva para su hijo estaba por venir y que ellos nada podían hacer.

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En von Bielefeld ya los hombres estaban impacientes por la tardanza de los viajeros, pero el vigía dio el aviso que la caravana ya se divisaba en el horizonte, todos igual de impulsivos salieron a caballo para recibir a su respectivos corazones, mas que escoltados los viajeros llegaron al castillo donde tomaron una ligera merienda -donde Gwendal fue el centro de atención pues no dejaban de hacerle mimos a su hijo y a su esposo-. Fueron a descansar; Yuuri aprovecho para hablar con su prometido y como era costumbre y sin que al rubio le importara un rábano lo que dijeran de ellos, fueron hasta el jardín y se sentaron en una de las banquitas que rodeaban el pequeño Kiosco que usaban algunas veces para tomar el te.

— ¿Qué pasa Yuuri? ¿Por qué la urgencia de hablar conmigo? digo, no es que me moleste pero…

—Sabes he hablado con Lord Saralegui… y antes de que te enojes el se ha disculpado y lo he perdonado además yo quería pedirte que… tu…

— ¿Qué yo que?

—Podrías darle otra oportunidad por favor

—No se trata de darle una oportunidad, la cuestión es que no confió en ese enano embaucador.

—Pero Wólfram yo… hazlo por mi ¿si?

—Cielos Yuuri eres un manipulador, de hecho… un adorable manipulador

El moreno abrazo mas a su prometido, pero una sonrisita de suficiencia se formo en los labios del rubio « ¿Qué si confiaría en Saralegui?... ¡Ni en mil años!, pero… eso no lo tenia que saber su morenito» pensó Wólfram.

Continuara…

*imagínense cualquier canción jejeje