Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer adaptados a la primera historia de la saga de Susan Fox. "Se buscan novios vaqueros".
Este capitulo va dedicado a todas ustedes
As sejmet
Nicole98
Daniihale
Princeslynx
Conejoazul
Viivii alice
Oliverona cullen massen
Yuli09
Corazón indómito
Capitulo 10
A la hora de la cena, Bella ya había regresado de la ciudad y había terminado de llevar hasta la habitación en la que se guardaban los arreos hasta las últimas cajas que tenía guardadas en el armario.
La impresión de haber perdido a Charlie y tener también que dejar el único hogar que había conocido la sacudía emocionalmente cada vez que cesaba en su actividad. De modo que la hora de inactividad que tuvo que soportar antes de la cena contribuyó a aumentar los nervios y la desolación que la acompañaron al bajar al comedor.
Tanya y Nessie estaban ya allí, así que se quedó esperando en el pasillo. Edward llegó justo después que ella. Todavía tenía el pelo mojado como si, al igual que Bella, acabara de ducharse. Llevaba unos vaqueros y una camisa blanca con las mangas enrolladas, un atuendo que le daba un aspecto poderosamente atractivo. De hecho, a pesar de su tristeza, a Bella le resultaba difícil mantener los ojos apartados de él.
Afortunadamente, Leah los instó a pasar al comedor antes de que ninguno de los dos hubiera cruzado palabra. Bella entró y se sentó silenciosamente en su lugar habitual, cerca de la cabecera de la mesa. Tanya estaba sentada en uno de los extremos y Edward se sentó frente a ella. Nessi, que normalmente se sentaba al lado de Bella, quedó sentada al lado de Edward.
No era algo normal, pero Bella tuvo mucho cuidado de no dejar que nadie se diera cuenta de que lo había notado. Era perfectamente consciente de la tensión que había en el comedor, tensión que el vacío dejado por Charlie incrementaba.
Inmediatamente después de que Leah sirviera la cena, Tanya reanudó su campaña contra Bella.
— ¿Vamos a ir todos en tu coche al funeral, Ed?
Tanya le imprimió a la palabra «todos» el énfasis suficiente para que se dieran cuenta de que en ella no sólo no incluía a Bella, sino que la idea de que la joven pudiera ir en el mismo coche de la familia, le parecía inaceptable.
Edward, que estaba empezando a cortar la carne que tenía en el plato, se detuvo. Alzó sus ojos verdes y miró a Bella durante una décima de segundo, antes de fijar su mirada en Tanya.
—Tú y Nessie podéis ir solas en tu coche, Tanya. Sam lo revisó y lo lavó justo antes de que volvieras. Además, Isabella y yo tenemos algunas cosas de las que ocuparnos.
Tanya se quedó boquiabierta y tardó algunos segundos en recuperarse.
— ¿De qué tipo de cosas os vais a ocupar a estas horas? —preguntó en un tono ligeramente burlón—. Sinceramente, Edward, ahora que Charlie no está y ella se va a ir, ¿qué necesidad tienes de consultar nada con ella?
Aunque Tanya no reconoció las señales de advertencia que asomaban a los ojos de Edward, Bella las vio perfectamente. Sus facciones se habían endurecido y un ligero rubor teñía sus mejillas. Miró a Tanya con expresión de desaprobación.
—Teniendo en cuenta que nunca has estado enterada del funcionamiento de Swan, Tanya, te agradecería que no me dijeras ni cuándo ni con quién debo atender los asuntos relacionados con el rancho.
Tanya se sintió herida.
—Por supuesto, Ed —farfulló—. No pretendía decirte lo que tienes que hacer. No… lo único que estaba recordándote era que ya no hay ninguna razón para que tengas que cargar con Isabella.
Edward permaneció en silencio, pero no hizo falta que pronunciara una sola palabra. Tanya, incómoda al advertir la dureza de su mirada, inclinó la cabeza y decidió concentrarse en la comida.
A pesar de que Edward había sabido desviar el ataque de Tanya, la confianza de Bella había sufrido un duro golpe. No dudaba que había otra mucha gente que pensaba lo mismo que ella sobre su asistencia al funeral y al velatorio de Charlie.
Los nervios producidos por aquel pensamiento, unidos a su inmensa tristeza, acabaron con su apetito. Se obligó a sí misma a comer algo de carne, y después intentó, sin mucho éxito, dar cuenta del postre de chocolate que Leah les llevó. Cuando por fin pudo levantarse de la mesa, se sintió inmensamente aliviada.
La visita a la capilla en la que tuvo lugar el velatorio, fue tan exasperante como Bella se temía, pero lo peor de todo fue tener que ver a Charlie en el ataúd. La tristeza que tanto trabajo le había costado contener durante el día, se apoderó brutalmente de ella, dejándola completamente destrozada.
Tanya añadió su toque especial al sufrimiento de aquella noche, haciendo todo lo que pudo para asegurarse de que tanto ella como su hija estuvieran en todo momento agarradas a Edward. Bela tenía la sensación de que Edward y Tanya por fin habían limado sus diferencias. Desde luego, cualquiera que no los conociera habría pensado que Tanya, Nessie y Edward formaban una familia muy unida.
Bella se mantenía discretamente apartada del trío para no parecer pretenciosa y no tardó en perder la cuenta de la cantidad de gente que se acercó a preguntarle qué planes tenía después de la muerte de Charlie.
Ella hacía todo lo que podía para evitar ese tipo de preguntas, pero llegó un momento en el que tenía los nervios destrozados. Estaba a punto de marcharse cuando el carillón que había en el vestíbulo de la capilla marcó la hora.
Poco después, empezaron a marcharse muchos de los presentes, llevándose con ellos gran parte de la tensión de Bella. Para inmenso alivio de la joven, Tanya y Nessi salieron con el último grupo de gente, y al final se quedó sola con Edward, con el que al cabo de un rato se dirigió hacia su coche.
Edward le abrió la puerta y se la cerró antes de ir a sentarse a su lado.
El vestido que Bella llevaba aquella noche era menos formal que el que había pensado ponerse para el entierro. Menos formal y algo más corto, se dijo mientras intentaba estirarse la falda para ocultar sus piernas. Acababa de colocársela cuando Edward se sentó tras el volante y giró la llave de contacto. El motor ronroneó inmediatamente, pero Edward no lo puso en marcha.
Aquella noche se había puesto uno de sus mejores trajes, uno de color negro que enfatizaba su aspecto atlético. Comparada con él, Bella se sentía increíblemente femenina.
Sintiéndose culpable al sorprenderse pensando en aquellas cosas que nada tenían que ver con su pena, volvió la cabeza hacia la ventanilla. Cuando Edward le tocó la muñeca, estaba tan ensimismada en sus pensamientos que se sobresaltó.
— ¿Estás bien? —le preguntó Edward con calor.
Bella habría jurado que sentía su voz bajo la piel. Volvió lentamente la cabeza para fijar en él su mirada, antes de volver a desviarla ante el aspecto vigilante y sabedor de sus ojos.
Edward le presionó la mano y ella se obligó a mirarlo de nuevo. Le asustaba tanto como le asombraba que estuviera tocándola de aquella manera. La desolación que veía en sus ojos debía ser idéntica a la que sentía en los suyos y comprendió que aquel gesto de Edward no era sino un reconocimiento a su común tristeza.
— ¿Estás bien? —le preguntó Bella—. Creo que todavía no te he dicho que siento mucho que tu padre…
Estaba saliéndole tan bien que su repentina incapacidad para terminar la frase, la sorprendió. Edward le estrechó la mano con fuerza.
—Lo sé.
Y tras decir eso, le soltó la mano y la contempló en silencio durante unos segundos. La joven lo estaba observando también cuando su expresión se endureció, tornándose tan implacable como siempre. Quitó el freno de mano, y sacó el coche del aparcamiento.
El largo trayecto hasta la casa, lo hicieron en completo silencio.
Bella durmió muy mal aquella noche y se despertó con el corazón afligido. El desayuno que en circunstancias normales se servía a las cinco de la mañana se había retrasado hasta las siete, para que Tanya y Nessi pudieran reunirse con los demás y evitar a Leah la molestia de preparar dos comidas. Aun así, cuando bajó a desayunar, estaba destrozada.
Antes de llegar a la puerta del comedor, oyó la voz de Tanya.
—De acuerdo, Edward, quizá debería explicarte por qué desprecio a Isabella Dwyer.
Bella se detuvo bruscamente. La indecisión le hizo retroceder un paso antes de que las siguientes palabras de Tanya la dejaran completamente helada.
—En primer lugar, no creo que la relación que tenía con tu padre fuera en absoluto saludable. No quiero decir que Charlie, que en paz descanse, hiciera nunca nada deshonroso —añadió precipitadamente—, pero Dios sabe la imagen que ha dado esa joven revoloteando a su alrededor y adulándolo durante todos estos años. Me avergüenza tener que decir que alguna gente me ha hecho ya algunos comentarios sobre ello.
Edward le contestó algo a Tanya entonces, pero lo hizo en una voz tan baja que Bella no pudo entender lo que decía.
Un segundo después, Tanya estalló:
— ¡Dios mío! ¡Esa chica se interpuso entre Charlie y yo desde el principio! Me hizo sentirme como si yo no perteneciera aquí, como si fuera demasiado urbanita y frívola para acostumbrarme a esta vida. Y fue tan desagradable con la pobre Nessi… Oh, claro que nunca le ha dicho nada delante de ninguno de vosotros, es demasiado inteligente para hacer una cosa así, pero sí lo ha hecho cuando se han quedado a solas. Nessi ha venido llorando hasta mí en muchas ocasiones con el corazón roto por culpa de los celos de Bella. Si Charlie no hubiera tenido tanta compasión por ella, podríamos haber formado los cuatro una familia feliz… Charlie y yo habríamos disfrutado de un matrimonio muy distinto —se interrumpió un momento, para dar más dramatismo a sus palabras, y continuó—: Pero ya es demasiado tarde… por culpa de ella, ya es demasiado tarde. Y, por si perder a mi querido Charlie no fuera suficientemente terrible, esa chica estaba tan obsesionada con él que es capaz de montar una escena en el funeral. Dios mío, tendremos suerte si no se arroja al ataúd y empieza a gritar que la enterremos con él. Oh, Edward, ¿qué podemos hacer? Esa chica nos ha quitado tantas cosas…
Bella retrocedió, asaltada por las náuseas ante la monstruosidad de lo que acababa de oír. Estaba temblando de tal manera, que mientras se volvía para regresar a su dormitorio, temía que las piernas no fueran capaces de sostenerla.
Y, por si la impresión de aquellas palabras hubiera sido poca, se encontró frente a Nessi.
Durante un terrorífico instante, pensó que iba a desmayarse, pero, sin saber muy bien cómo, consiguió mantenerse erguida.
Nessi se quedó mirándola fijamente durante un segundo, para desviar a continuación la mirada. Por su expresión, Bella tuvo la impresión de que ella también había oído las ridículas palabras de su madre. A pesar de que ella sabía mejor que nadie que las palabras de Tanya eran una sarta de mentiras, era evidente que no pensaba intervenir.
La falta de amabilidad de Nessi hacia ella, le había parecido extraña a Bella cuando la primera había regresado de Dallas, pero hasta ese momento no fue plenamente consciente de que también Nessi se había vuelto contra ella. Bella no podía siquiera imaginarse el motivo por el que Nessi había decidido terminar con la amistad que durante tanto tiempo habían compartido.
Sin decir una sola palabra, Bella se dirigió a su habitación.
El ser una persona a la que nunca le habían gustado las exhibiciones sentimentales, la preocupación por controlar en todo momento la tristeza que la sobrecogía, añadió un nuevo tormento a los dolorosos acontecimientos del día. De todas las crueldades que había dicho Tanya aquella mañana, la única que realmente le rondaba la cabeza era la de que era capaz de arrojarse al ataúd.
A una hora del funeral, la mezcla de un corazón roto, unos nervios destrozados y el saber que estaba completamente sola en el mundo podían llegar a ser una mezcla explosiva. Ser consciente de que había una parte de sí misma, por pequeña que fuera, que casi desearía ser enterrada con Charlie magnificaba la repulsiva posibilidad que las palabras de Tanya habían conjurado.
Aunque jamás sería capaz de hacer algo tan dramático como arrojarse al ataúd de Charlie, el temor a montar una escena de la que pudiera avergonzarse, o peor aún, de la que pudiera avergonzarse Charlie, la afectaba profundamente.
Más tarde, mientras se recogía el pelo en un moño, todavía continuaba temblando de tal manera que no conseguía atrapar todos sus mechones.
Cuando llamaron a la puerta, todavía no había conseguido domar su pelo y ni siquiera había empezado a ponerse el vestido. Se levantó y, sujetándose el moño con una mano, fue corriendo a abrir, pensando que serían Leah o Emily, que habían subido para recordarle la hora.
Pero al abrir se encontró frente a Edward, y volvió a empujar la puerta hasta que quedó abierta sólo una ranura. Con las mejillas sonrojadas al haber sido descubierta por Edward en ropa interior.
— ¿No estás lista todavía? —gruñó Edward con impaciencia.
Bella miró por encima del hombro el vestido que había dejado en la cama y el corazón le dio un vuelco. El saber que estaba tan afectada que ni siquiera había sido capaz de estar lista a tiempo, minó su confianza en ser capaz de enfrentarse al funeral. Oh Dios, se lamentó, no podía a ir a la iglesia para estallar en lágrimas en cuanto comenzara el servicio.
Había pasado toda su vida bajo el fiero escrutinio de una comunidad que esperaba de ella todo lo peor. Y no quería que nadie pudiera cuestionar la fe que Charlie tenía en ella. Sabía que tenía que comportarse ante esa gente de forma intachable, que no podía dar lugar a ningún comentario. Y en el caso de que no pudiera…
—Puedes irte ya, Edward —le dijo suavemente—. Yo iré más tarde.
— ¿Qué?
—Que puedo ir sola —respondió en un tono más confiado y suspiró. Pero de pronto, la puerta se abrió de par en par.
—Vamos a ir juntos —gruñó Edward.
—Pero es que todavía no estoy lista… mira mi pelo —repuso, sintiendo que el control que ejercía sobre sí misma era cada vez más precario.
Al advertir la mirada de Edward deslizándose lentamente por sus curvas contuvo la respiración. Nerviosa, dejó de sujetarse el moño, haciendo que la melena cayera libremente sobre sus hombros, y se volvió. Oyó entonces que la puerta se cerraba suavemente tras ella y, al volver la cabeza, descubrió que Edward no se había ido.
—Sólo tienes que cepillártelo —respondió Ed y señaló con la cabeza el vestido que había encima de la cama; se acercó hasta él y se lo tendió a Bella con gesto enérgico, azuzándola para que se diera prisa.
Era evidente que Edward no le daba ninguna importancia a su aspecto, que no estaba en absoluto preocupado por la conducta que pudiera mostrar Bella en la iglesia. De la misma manera que ella no le importaba nada en absoluto.
Bella se apartó de él y corrió hacia el espejo que tenía encima del tocador. Se cepilló rápidamente el pelo y se lo recogió en un moño. Con torpeza, metió unas horquillas para sujetarlo. Pero segundos después de haber terminado, el moño empezó a desmoronársele.
—Vete sin mí —estallo, tan frustrada que los ojos se le llenaron de lágrimas.
Edward se acercó bruscamente hasta ella y concentró la mirada en el reflejo de la joven. De pronto, caminó hasta ella y le quitó el cepillo.
En el momento en el que tomó su melena, la joven se tensó, esperando que empezara a cepillarla con fuerza, tal como ella había hecho segundos antes, pero, para su sorpresa, Edward comenzó a desenredar su pelo con movimientos delicados y lentos, hasta que deshizo todos los nudos y pudo cepillar libremente su melena.
Bella permanecía muy quieta, prácticamente paralizada por las oleadas de placer que la invadían mientras Edward peinaba su pelo. Tenía los ojos clavados en el espejo, estaba ensimismada en la dureza y el atractivo rostro que en él se reflejaba.
Todo parecía haberse detenido. Sólo el suave rumor del cepillo sobre su pelo marcaba el paso del tiempo. Al final, Edward alzó la mirada y se encontró con sus ojos en el espejo. Le pasó el cepillo por última vez, y le levantó la melena.
— ¿Por qué no puedes llevar el pelo suelto? —le preguntó.
Aquella pregunta ayudó a que Bella despertara del peculiar letargo que segundos antes la había atrapado. La respuesta fue acompañada de una nueva oleada de lágrimas.
—Porque quiero dar una imagen respetable y conservadora —consiguió decir.
Edward la miró con expresión de incredulidad.
— ¿Conservadora? ¿Y por qué demonios quieres dar una imagen conservadora?
Bella apenas podía ya emitir una sola palabra.
—Por Charlie —y añadió con sinceridad—: Y porque alguien podría desaprobar mi aspecto…
— ¿Si llevas el pelo suelo? —parecía cada vez más asombrado.
—No puedes comprenderlo —repuso la joven con voz queda, mientras desviaba la mirada del espejo. Se volvió hacia él para tomar el cepillo.
—Intenta explicármelo —repuso Edward en tono exigente. Como no le daba el cepillo, Bella alzó la mirada hacia él, pero la desvió inmediatamente.
—Por favor, Ed —susurró, pero cuando intentó tomar el cepillo, Edward lo agarró con más fuerza—. Ya sabes lo que la gente piensa de mí.
— ¿Qué es lo que piensa de ti la gente?
A Bela le dolió tanto aquella pregunta que tuvo que hacer un esfuerzo sobrehumano para hablar.
—No finjas que no lo sabes —se obligó a mirarlo mientras decía— Nadie es más crítico conmigo que tú… bueno, quizá lo sea Tanya.
El rostro de Edward se tensó. Bella intentó agarrar el cepillo otra vez, pero Edward miró rápidamente a su alrededor, vio su bolso encima del tocador y lo tomó. Metió en él el cepillo, vaciló un momento, agarró unos pañuelos de papel y los metió también en el bolso.
Mientras cerraba con gesto enfadado la cremallera del bolso, le ordenó con voz queda:
—Vístete.
Bella se quedó mirando fijamente su duro perfil, mientras la tristeza crecía en su corazón. Sin decir nada, caminó hacia la cama, tomó su vestido, se lo metió por la cabeza y dejó que cayera suavemente sobre ella.
Los remordimientos la asaltaban. El padre de Edward había muerto y ella estaba más preocupada por hacerse un peinado adecuado que por llegar a tiempo al funeral.
—Lo siento, Edward —susurró—. No pretendía causar problemas —se sacó la melena por el cuello del vestido y a continuación intentó subir la cremallera.
Para su sorpresa, Edward se acercó rápidamente a ella con intención de ayudarla. Bella apartó su pelo, para que no encontrara ningún obstáculo.
Lo próximo que supo fue que Edward estaba tan cerca de ella que podía sentir el calor que irradiaba su cuerpo. Cuando sintió las manos de Ed alrededor de su cintura, estrechándola contra él, contuvo la respiración. Su suave gemido de sorpresa y el intento de apartarse de él, hicieron que Edward la abrazara con más fuerza y acercara su rostro contra la mejilla de la joven.
El calor provocado por la cercanía de Edward dio lugar a una extraña debilidad. Bella casi podía sentir cada una de las líneas del masculino cuerpo de Edward, un sentimiento incontrolable se agitaba en su interior.
Apoyó vacilante las manos en los fuertes brazos que rodeaban su cintura. Edward le acarició la mejilla con la barbilla y la acercó todavía más a él.
Oh, Dios, suspiró Bella, era maravilloso estar así. Era maravilloso sentir sus brazos a su alrededor, sentir su cuerpo contra el suyo, sentir aquel derroche de consuelo que, lo supiera o no, quisiera o no, Edward le estaba brindando.
La inconfundible excitación que la invadió a continuación fue sorprendente. No pudo evitar el alzar la mano suavemente para acariciar su barbilla recién afeitada, que encontró más suave de lo que esperaba.
Pero de pronto se sintió intensamente avergonzada de sí misma, avergonzada de estar allí con Edward, prácticamente temblando de deseo. Iban a enterrar a Charlie ese mismo día. No tenía derecho a sentir otra cosa que tristeza.
Sobrecogida por un inmenso dolor, apartó la mano de su rostro y se volvió bruscamente para romper el abrazo de Edward. Buscó entonces el bolso que este último había dejado en la cama, revolvió nerviosa en su bolso para agarrar el cepillo y se lo pasó enérgicamente por el pelo por última vez.
Cuando terminó, la habitación estaba totalmente en silencio. No necesitaba ver ni oír a Edward para saber que estaba allí, observándola en silencio, porque estaba sintiendo su lento escrutinio como si estuviera acariciándola.
—Estás preciosa —susurró Edward en un tono tan duro que parecía casi una acusación, pero a continuación lo suavizó—: Si a alguien se le ocurre criticar tu aspecto, que se vaya al infierno.
Fueron unas palabras dichas con tanto fervor que Bella se emocionó, y no pudo impedir que un par de lágrimas se deslizaran por su rostro. Se las secó con el dorso de la mano, esforzándose por dar a su gesto un aspecto tan natural como fuera posible.
—Gracias —contestó con voz atragantada. Metió el cepillo en el bolso y lo cenó—. Ya estoy lista.
Pero era completamente falso. Jamás estaría preparada para darle el último adiós a Charlie. A medida que se dirigía hacia la puerta, sentía que sus piernas le pesaban cada vez más.
Abandonaron juntos la habitación y bajaron al piso de abajo sin decir una sola palabra. Después de una breve indicación de Edward, Bella se quedó esperando en el vestíbulo mientras él entraba en el cuarto de estar para decirles a Tanya y a Nessi que ya estaban listos para marcharse.
Oyó que Tanya comenzaba a decir algo, pero se interrumpía bruscamente. Bella fingió no darse cuenta de que Tanya estaba ruborizada por el enfado. Edward abrió la puerta, y cedió el paso a la madre y a la hija antes de tenderle la mano a Bella.
Pensando que estaba pidiéndole que se diera prisa, Bella pasó por delante de él y siguió a las otras dos mujeres. Pero entonces Edward la agarró, salió a su lado y cerró la puerta tras ellas. Agarrados de la mano, caminaron hacia la limusina que los estaba esperando. Nadie se sorprendió más que Bella cuando Edward se sentó a su lado y le pasó el brazo por los hombros con un gesto tan posesivo como protector.
Dios chicas cada vez que vuelvo a leer los capítulos para cambiar los personajes siento las mismas emociones que cuando lo leí por primera vez.
Se que este Edward es bastante despreciable y que por momentos te dan ganas de sacudirlo por tratar de esa forma a Bella, pero entiendan que Ed es un hombre bastante independiente y autosuficiente que nunca se detuvo en los rumores o chusmerios. No le interesan porque no le aportan en nada a su trabajo. Además, Bella una chica demasiado sufrida y sumado a la perdida de Charlie hace que sus miedos mas profundos la ahoguen. Bella quiere demostrar con su trabajo, su actitud, su apariencia que ella es una buena diferente a la que los rumores dicen. Pero creo que ella esta tan atrapada en esos rumores que marcaron con fuego su niñez que no permite ver mas allá de esos.
Adelantos…
—Con el calor que hace, ya se me ha quitado el apetito —respondió Jacob mientras le quitaba el plato y lo dejaba junto al suyo en el escalón de abajo. Se volvió después hacia ella y la observó con atención mientras le comentaba—: El director de mi rancho se está construyendo uno para él, así que estoy buscando a alguien con experiencia para dirigir un rancho como Black—esbozó una seductora sonrisa—. He pensado que debía comentárselo por si tiene idea de enfrentarse a nuevos desafíos.
Mientras hablaba deslizó una mano en el bolsillo de su traje, sacó una tarjeta y se la tendió.
—Si no me localiza en ese número, mi personal tiene instrucciones de comunicarme inmediatamente su llamada. Yo se la devolveré rápidamente —se encogió de hombros—. O, si prefiere tomarse algún tiempo antes de decidirse, estaré encantado de invitarla a cenar y mostrarle todo lo que estamos preparando para el de San Antón —le dirigió una calurosa sonrisa y la joven ya no tuvo ninguna duda de que estaba mostrando en ella un interés más que profesional.
Chan chan chan! Apareció Jake! Y con una oferta de trabajo….aceptara Bella?
