—Shepard.

Sam se giró, mientras sostenía el pad de datos que ojeaba en ese momento.

—Si Capitán.

—¡Joder! Chica, no me acostumbro a verte con eso puesto.

—Lo siento Capitán, conforme me voy haciendo más mayor me voy aceptando como soy. Últimamente me gusta bastante mi aspecto con ellas puestas, me da cierto toque intelectual, y por que no decirlo, me veo guapa.

—¿Nunca ta has planteado operarte?

—Si fuera tan fácil como eso, mis padres lo hubieran hecho hace ya muchos años.

—Bueno en fin, vayamos al lio. ¿No hechas en falta algo?

Sam rodeó con la mirada su reducido camarote mientras se rascaba con incredulidad la cabeza.

—Pues no Capitán. ¡Ay! ¿Qué me he olvidado esta vez?

—Tu rifle, te lo dejaste en la bodega junto a la lanzadera. Si no fuera por lo competente que eres en tu trabajo, te amonestaría.

—¡Ops! Gracias Capitán, le prometo que no volverá a ocurrir.

—Ya claro. Como las otras veintinueve veces que te ha pasado.

—Espere. ¿Lleva una cuenta de mis despistes?

—Cuando llevas tanto de patrulla te tienes que entretener en algo.

Samantha lo miró con algo de incredulidad y no pudo evitar una leve risita, al imaginar a su capitán en tal tesitura.

… … … … … … … …

—Feliz cumpleaños Sam. Mamá te manda recuerdos e intentará llamarte cuanto antes.

—Gracias papá, por acordarte.

—Veo que has vuelto a perder las lentillas. Que desastre de hija que tengo.

—Pues mira, papá. Por una vez te equivocas. No las he perdido. Ya hace unos meses que me gusta mi aspecto con las gafas puestas. Desde hace ya tiempo, solo uso las lentillas cuando salgo de misión.

—Esa es mi pequeña, aceptándose como es. ¿Qué tal lo llevas?

—Pues bien, papá. Ahora estamos cerca de Arturo, haciendo patrullas rutinarias, alguna que otra escolta para políticos. En fin ya sabes, lo habitual. ¿Y tú?

—Pues yo estoy genial, pequeña. ¿Y que tal lo lleváis Gustav y tu? ¿Os veis a menudo? ¿Mantenéis el contacto?

Sam no pudo evitar mirar a su padre con el ceño algo triste, el cual se percató de ello de inmediato.

—Siento decepcionarte papá, pero creo que las cosas se han enfriado entre nosotros. Aún no lo he decidido, pero creo que nuestra ruptura es inminente. Sigo considerándolo importante en mi vida, pero creo que ahora lo veo más como amigo que como pareja.

—Siento mucho que tengas que pasar por eso pequeña. Pero siempre has de seguir a lo que te dictan tu conciencia y tu corazón.

… … … … … … … …

—¡Gustav! Que inesperado que me llames en este momento.

—Feliz cumpleaños tardíos Sam, siento no haber llamado antes, pero estaba en una misión importante. No puedo revelarte nada más.

—Muchas gracias Gus. No se si es el momento adecuado pues preferiría hacerlo en persona pero creo que deberíamos hablar.

—Ambos sabemos que dados nuestros destinos seria complicado coincidir. Y mucho me temo de que quieres que hablemos, pues yo también he estado pensando en ello. Quieres que cortemos nuestra relación, ¿verdad?

Sam miró el rostro de Gustav, se le veía claramente triste. Ella no pudo evitar mostrarse del mismo modo. Estaba claro que ambos se sentían de manera parecida.

—Bueno. En estos dos años apenas nos hemos podido ver. Y si no recuerdo mal, las dos últimas veces ni siquiera llegamos a acostarnos, ya fuera por cansancio o por quién sabe que razón. Creo que debemos darnos cierto espacio. Que conste que quiero que sigamos siendo amigos, no quiero perder a una persona que me ha llegado tan al fondo.

—Y a mi tampoco Sam. Si no te hubiera conocido, ni me imagino donde estaría ahora. Estoy totalmente de acuerdo en darnos espacio. Y te prometo, que si conozco a alguna chica nueva, para despejar cualquier duda te lo haré saber. Has sido la mejor amiga que he tenido nunca, y al menos espero que conservemos eso.

—Eso ni lo dudes. Siempre seremos amigos, si me necesitas para cualquier cosa, si estoy disponible te ayudaré.

—Lo mismo digo, Sam. Puedes contar conmigo siempre.

Ambos se miraron, ya con el rostro de nuevo alegre. Tanto Sam como Gustav, se desearon suerte hasta una próxima llamada.

… … … … … … … …

—Así que lo habéis dejado.

—Si mamá. Creo que es lo más justo para los dos. Aunque sigo sintiendo un gran apego por él, ya no lo veo como antes.

—Bueno, esas cosas suelen ser así. Lo hemos visto en muchos compañeros a lo largo de los años. Yo no tuve ese problema. Tu padre no fue el primero, pero afortunadamente conectamos de inmediato. Quizás fueran las circunstancias, pero nuestro amor nunca ha decaído. Lo importante es que lo habéis hablado y estáis de acuerdo los dos.

Nathan que estaba en la cocina preparando la cena, se sintió de inmediato aludido.

—Tu madre y yo creo que nos complementamos, y bueno, como ya descubriste servimos juntos en aquella unidad encubierta. Eso ayudó mucho a nuestra relación.

—Por cierto, mamá. ¿Que podéis contarme de esa unidad encubierta de la que no sabia nada?

Hannah miró a Nathan que aún estaba en la cocina y este le respondió con un ademan de la cabeza confirmándole que ya era hora. Su pequeña ya no era una niña, y ya estaba sirviendo en la Alianza.

—Pues que oficialmente no existía. Hicimos algunas de las misiones más secretas disponibles en aquella corta pero intensa guerra. Con decirte que ni siquiera el gobierno turiano sabe de nuestra existencia.

—Vaya mamá, que misterioso. ¿No podéis contarme algo sobre alguna de esas misiones? ¿Papá?

Samantha miró a su padre mientras se acercaba con la suculenta comida preparada, con aquellos ojitos que sabia poner cuando era más pequeña, Nathan que no era de piedra, sucumbió ante aquella mirada azul cielo suplicante.

—Palaven. Una misión que oficialmente nunca ha existido. Fue cuando hirieron a Brown, y por poco no regresamos. Debíamos recabar toda la información posible sobre los turianos, así que nos infiltramos en una de sus bases. Apenas habíamos entrado cuando un mensaje por el canal de emergencia nos avisó de que la misión había sido abortada. Creo que de haber continuado, ahora serias huérfana.

Sam, se fijó en su padre. Nunca, en todos los años que lo había oído hablar sobre alguna de sus vivencias, lo había visto tan serio, ni tan afectado. No quiso profundizar más en el asunto. Con lo poco revelado, creyó tener suficiente.

—Vaya. Espero no tener que pasar por algo así. Ni me imagino si seria capaz de soportarlo.

—Creo que si serias capaz, princesita mía. Tienes lo mejor de tus dos padres.

Sam miró de nuevo a su padre. Volvía a sonreír y ser el mismo de siempre, risueño y alegre, con la suave y cálida sonrisa que tenia en todo momento.

… … … … … … … …

Sam ya había terminado de ponerse su pijama rosa, y estaba recostada en la cama de su habitación mirando al techo pensando en sus cosas. En el tiempo que llevaba de servicio, aún no había tenido oportunidad de ver algo tan trágico como lo que su padre, sin mucho detalle le dijo. En cierto sentido tenia algo de miedo, sin haberlo vivido en persona, es muy difícil asegurar como se comportaría uno mismo. Por propia experiencia, en ocasiones los más valientes de palabra, suelen ser los mas cobardes en el campo y a la inversa ocurre de igual forma.

'Toc, toc'

—Sam, soy mamá, ¿Estás despierta?

—Si. Puedes pasar.

Sam se fijó en el semblante de su madre, que también parecía preocupada. Ahora acababa de caer, que no dijo nada sobre lo ocurrido.

—¿Qué pasó en aquella misión?

—Tu padre lo ha resumido bastante bien pero lo que no te ha dicho es lo que tuvimos que soportar. Estuvimos en una trinchera improvisada durante dos días soportando el fuego. Cuando alcanzaron a Brown, lo dábamos por perdido. Pero tu padre, a pesar de la orden de Anderson que era nuestro oficial al mando de no actuar, arriesgó su propia vida para traerlo con nosotros.

Sam miró a su madre, unas ligeras lágrimas corrían por sus mejillas.

—Sé por qué lo hizo, porque nos enseñaron que no se abandona a un compañero. Pero cuando pienso en ello, lo cerca que estuvo de morir, de dejarnos a las dos solas.

Abrazó con dulzura a su afligida madre, que le correspondió con la misma delicadeza.

—Creo que papá fue muy valiente, arriesgar la vida por un amigo. Si hubiera ocurrido, yo estaría orgullosa de él. No pienses en lo que pudo ser. Está aquí junto a nosotras.

—Si, estoy junto a vosotras. Y os prometo que nunca os dejaré.

Sam levantó la mirada con sorpresa, mientras Nathan se acercaba y participaba en el abrazo familiar.

—Espero que algún día tengas la oportunidad de demostrar lo que realmente vales, Samantha. Aunque yo estoy seguro de que sabrás hacer lo correcto.

… … … … … … … …

—Hola Gus, ¿Que tal lo llevas?

—Hola Sam. Te llamaba para... esto... eh...

—¿Que pasa? ¿Necesitas ayuda?

—Bueno, no sé como decirlo. Ya sé que dijimos de darnos un tiempo y espacio... pero... yo...

Sam se levantó de inmediato de su silla, con el rostro contento y sonriente, intuyó de inmediato que intentaba decirle su amigo.

—¿Estás saliendo de nuevo con alguien?

—Ehmm, si. ¿Te acuerdas de la amiga de la que te hablé?

—¿La que tenia un gatito llamado Sammy?

—Si esa misma. Pues da la casualidad que hemos coincidido. También está en la Alianza, es la especialista en comunicaciones de la nave donde estoy destinado, y bueno una cosa ha llevado a la otra...

—Pero bueno, estoy super contenta. Me alegro muchísimo por ti.

—¿De verdad que no estás enfadada? ¿No te importa?

Sam miró fijamente a través del comunicador a su amigo.

—¿Por que habría de importarme? Nos dimos un tiempo. Era inevitable que algo así ocurriera. No te preocupes. A ver si coincidimos alguna vez, y me la presentas.

—Eso está hecho Sam.

… … … … … … … …

—¿Donde dices que te van a destinar?

—A la colonia de Akuze, tras el servicio en naves y de patrulla me mandan a tierra firme durante el próximo año. Si queréis celebrar mi vigésimo tercer cumpleaños conmigo, ya sabéis donde tenéis que ir.

—No lo dudes, mi pequeña princesa.

—Bueno te dejo que tengo que seguir empaquetando mis cosas, en un par de días llegaremos a la estación de Arturo y allí tomaré una lanzadera para Akuze.

—Muy bien, cuidate mucho Sam, te mando un gran abrazo y muchos besitos.

—Yo también papá, abrazos y besitos.